Entre el noise y el punq gorrino hecho por borrachos del siglo XIX reptando y cantando en un callejón lleno de ratas mezclado con algo de minimalismo ruidista. Con estos ingredientes el resultado es algo realmente inquietante y oscuro, muy húngaro aunque lo canten en un aséptico inglés (supongo que hacer todo esto en magiar habría sido demasiado) e incluso insufrible a ratos, pero claro, es ahí donde está su encanto.