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viernes, 18 de octubre de 2019
Quince años no son nada
Vamos con una serie, que aunque parezca mentira también las veo de vez en cuando. Me he ido tragando las cuatro temporadas de BANSHEE a lo largo de unos tres años, muy poco a poco, y la serie emblema de la productora Cinemax constata varias cosas. Primero, que David Schickler (y su legión de guionistas) sabe cómo sorprender desde el minuto uno, subvirtiendo las coordenadas de una historia mil veces contada para que parezca otra cosa. Lo siguiente es que se agradece que los personajes estén suficientemente desarrollados y puestos en manos de un elenco bastante superior al que suelen tener este tipo de propuestas. Y luego estaría la lógica narrativa, que aquí es literalmente obviada y enterrada por la acción sangrienta, el sexo salvaje y los golpes de efecto, por gratuitos que estos sean. Es decir: JOHN WICK, pero con más gente. El argumento es delirante, pero engancha precisamente porque quieres saber cómo demonios van a resolver la peripecia de un tipo que ha pasado 15 años en la cárcel, un experto en robos ultracomplejos y ex militar, cuyos verdaderos problemas empiezan precisamente al salir en libertad, ya que le pisa los talones un mortífero mafioso ruso para el que trabajaba, y al que traicionó junto a su propia hija, que lleva todos esos años viviendo bajo otra identidad en el pueblecito de Banshee, Pennsylvania, al que llega este hombre (nunca sabremos su nombre real), guiado por Job, su antiguo socio, probablemente el mejor hacker de la historia... y drag queen en sus ratos libres. Allí parece que el tiempo se ha detenido en suma tranquilidad, y la numerosa colonia de amish da idea del tipo de pueblo que es, pero todo se dispara por dos circunstancias de lo más extrañas: el nuevo sheriff, Lucas Hood, es asesinado justo antes de presentarse en sociedad, y el ex convicto no se lo piensa y asume su identidad como coartada perfecta a su huida. Mientras, conocerá a Kai Proctor, un amish repudiado por su comunidad, y que en realidad es un sanguinario mafioso sin escrúpulos. Si con estos mimbres no pica la curiosidad por verla, es mejor no hacerlo, porque BANSHEE ofrece exactamente lo que da, y durante las tres primeras temporadas lo logra con solvencia. Destacando la tercera, donde hay un homenaje explícito a John Carpenter y una de las secuencias de lucha más salvajes que logro recordar en una pantalla; sin embargo, la cuarta es un despropósito, donde los guionistas pierden el norte e introducen y resuelven nada menos que cuatro líneas argumentales en sólo ocho episodios. Con todo, y siempre si disponen de tiempo, merece la pena echarle un vistazo. No es el colmo de la inteligencia, pero es muy entretenida...
Saludos.
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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...
¡Cuidao con mis primos!