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viernes, 1 de septiembre de 2017
Ettore Scola. Un italiano en Italia #y 31
Abarcar a Fellini, sobre todo si se hace desde la hagiografía, crea desmesura, emborrona las zonas de comprensión y nos escupe una figura que es la que casi todo el mundo se hace del genio de Rimini, pero que nos impide entender su motor creativo. Fellini y Scola fueron grandes amigos, complementarios por las grandes diferencias artísticas que siempre tuvieron, y que ambos dejaban como una divertida anécdota, mientras, paseaban, charlaban, se reían y hacían esas cosas que hacen los amigos de toda la vida. CHE STRANO CHIAMARSI FEDERICO ha quedado como la obra póstuma de Ettore Scola, su testamento fílmico, pero seríamos muy injustos si no nos olvidáramos de esta anécdota (¡a cualquiera le puede pasar!) y disfrutáramos de lo que verdaderamente significa ¿De qué forma puede un director de cine despedirse de otro director de cine si no es reviviéndolo en fotogramas? El cierre de esta emotiva y especial película es casi un gag, un Fellini redivivo que se escapa de su féretro justo cuando miles de personas le lloran y velan y se va corriendo por una desértica Cinecittá, mientras los dos guardias que le custodiaban intentan darle caza. Antes, Fellini en su Mercedes blanco, recogiendo artistas callejeros, putas, mendigos. Oyéndoles, extrayendo la única información que importa, la verdadera, sólo para inspirarse. Y antes, Fellini haciendo chistes malos en la redacción de la revista satírica Marc'Aurelio, indiscutible germen de toda su ética y estética cinematográfica. Y antes, un pequeño Scola leyéndole los chistes de la revista a su abuelo ciego...
La película se abre con la silueta del director recortada, de espaldas, y frente a él un mar que no cesa en su oleaje; una especie de escenario final, de concordia para quien fue una contradicción en sí mismo. Fellini contado por Scola... ¿y por quién si no?...
Saludos.
viernes, 25 de agosto de 2017
Ettore Scola. Un italiano en Italia #30
GENTE DI ROMA, la penúltima película que rodó Ettore Scola, muestra ya a un director completamente alejado de cualquier resorte narrativo, más preocupado por una difícil búsqueda, la de la verdad a través de la imagen filmada, la de la humanidad que aún nos quede. Y por extraño que parezca, circunscribirse a un entorno reducido (la ciudad eterna, en este caso) le sirve para acercarse, más que nunca, a los temas universales: la paz y la guerra, la concordia y la discordia, la honestidad y la hipocresía, el amor y el odio. La vida y la muerte, más que otra cosa, bien definidas ambas en el último y magistral plano, que muestra a un vagabundo echado en un banco y a un elegante hombre de semblante aristocrático que baja de un carruaje para sentarse junto a quien parece su amigo de toda la vida, ya que se saludan como sólo dos viejos amigos lo harían. GENTE DI ROMA parece un documental, pero no lo es; parece un film coral, pero no hay personajes, sólo personas; podría ser una película de sketches, pero hay un fino hilo invisible que recorre su metraje y la alía directamente con el Boccaccio que, cómo no, también denunciaba, y celebraba y narraba, a través, simplemente, de la crónica de unos cuantos seres humanos.
No es, por su aspecto un tanto descuidado, la mejor pieza de su creador, pero constata que Scola luchó incansablemente contra la tentación de envejecer junto a su cine.
Saludos.
viernes, 18 de agosto de 2017
Ettore Scola. Un italiano en Italia #29
Desgraciadamente, una vez más hay que empezar diciendo esa frase hija de puta que es "Hay que seguir". Pero así es, no hay que detenerse, porque la vida es movimiento y nosotros siempre, invariablemente, estaremos en el lado de la vida...
Pero es curioso que precisamente hoy la hoja de ruta de este monógrafico, que ya se acerca a su fin, haya coincidido con un título tan significativo como lo es CONCORRENZA SLEALE, en la que Ettore Scola narraba el enfrentamiento, rozando lo atávico, de dos vecinos comerciales; uno, un prestigioso sastre, el otro, un modesto comerciante judío. Sus familias se conocen de toda la vida, incluso sus hijos mayores están enamorados entre sí, pero el primero entiende que la competencia que le realiza el segundo, a base de precios más económicos, no es leal. Y hay que entender el contexto histórico, porque son los momentos previos al establecimiento definitivo del fascismo en Italia, que entre otros horrores inventó una ley antisemita, que privaba a todos los judíos de sus derechos. Y es justo en este recrudecimiento donde estos dos hombres se encuentran, se entienden, comprenden que todas sus disputas han sido una imbecilidad proveniente de su propia cabezonería, y lo entienden precisamente cuando la libertad es cercenada, cuando el terror llama a su puerta y les obliga a ver que la realidad siempre puede ser muchísimo peor de lo que ocurre en la puerta de nuestra casa.
Hoy más que nunca, y aunque sólo sea una coincidencia, es un momento más que pertinente para traer de regreso esta obra, que algunos no acogieron bien en su momento, pero que parece hecha para explicar, sin aspavientos, qué diablos está ocurriendo en el mundo durante estas últimas dos décadas.
Saludos, por decir algo.
viernes, 14 de julio de 2017
Ettore Scola. Un italiano en Italia #28
LA CENA, de 1998, más que un film de Ettore Scola, parece una compilación de sus mejores momentos, un autohomenaje que quizás podía haberse ahorrado y que, más allá de constatar cómo domina un maestro su oficio, aporta poco al avance de una filmografía que ya en aquellos años atisbaba su final cercano. Ahí están, para el ojo observador, LA FAMILIA, UNA JORNADA PARTICULAR, la composición coral en un espacio único de LA TERRAZA, y, cómo no, aquel episodio para LOS NUEVOS MONSTRUOS. Scola intenta montar un imponente fresco que refleje las bondades y maldades de una sociedad italiana atrapada en una corrupción política y moral que destruía gran parte de los ideales con que el director impregnó gran parte de su obra; personas que fingen ser otras para ser aceptadas, que no escuchan a quienes sev muestran tal como son y que venden su dignidad por un plato de lentejas. Todo ello cabe en el interior del restaurante que regenta Fiora (Fanny Ardant), que trata a todos sus clientes con la misma amabilidad, y que actúa con la misma protección maternal que ejemplifica a esa madre patria, Italia, que observa a sus hijos, sus comensales, discutir sin ponerse de acuerdo, ensayar el entendimiento mutuo o desdeñar a quien intente salirse de las coordenadas preestablecidas.
Podría haber sido una gran película, y así se intuye por el reparto y el apartado técnico, pero queda como un trabajo más rutinario de lo que cabría esperar de un director de la talla de Ettore Scola.
Saludos.
viernes, 7 de julio de 2017
Ettore Scola. Un italiano en Italia #27
Hace veinte años, en 1997, Ettore Scola realizó un pequeño pero magistral cortometraje titulado, escueta y elocuentemente, 1943-1997. En él pueden rastrearse todas las esencias del director, tanto sus influencias como sus obsesiones; y, casi sin pretenderlo, construye un hermoso homenaje al cine y a los cineastas. Por allí deambulan De Sica, Fellini, Visconti... Amalgamados en una pantalla que no cesa, que es una ventana a la vida para el niño que mira asombrado las imágenes como testigo de un paso del tiempo inexorable, pero también repleto de sabiduría. El cine, al que el chaval (acaso el propio Scola) llega huyendo de los soldados nazis, y donde encuentra una razón de ser, la de la resistencia de la cultura contra la barbarie. Todo eso cabe en diez minutos de goce visual...
Saludos.
viernes, 30 de junio de 2017
Ettore Scola. Un italiano en Italia #26
ROMANZO DI UN GIOVANE POVERO es la adaptación que Ettore Scola hizo, en 1995, de una historia que ha conocido diversas versiones, tanto en cine como en televisión, y que narraba la sórdida historia de este "joven pobre", Vincenzo Persico, un tipo agobiado, aplastado por su propia incapacidad para desenvolverse en el mundo. Entrado ya en la treintena, vive con su madre viuda, que lo fustiga constantemente con las "grandezas" de su difunto padre, y le recrimina el no tener un trabajo "como es debido", por lo que su nivel de vida ha decaído notoriamente y cada vez es más complicado mantener las apariencias. La solución a los problemas de Vincenzo se encarnan en su vecino, un anciano que vive anclado en el pasado y que le narra cómo conoció a su mujer, una bella cabaretera de un impreciso país del Este, que con los años se ha convertido en un peso muerto que se dedica a sestear y comer helado. El vecino urde un tétrico plan para que Vincenzo acabe con la vida de su esposa, así él obtendrá la mitad del caudal que la misma guarda en una caja de sombreros y el otro quedará libre para flirtear con la joven que regenta un puesto frente a su casa.
Scola filma una comedia negra, brillantemente costumbrista, que plasma con agudeza las muchas caras que puede contener una comunidad vecinal aparentemente anodina; como inane es el personaje principal, un tipo que estudió, o que hizo como que estudiaba, para terminar aplastado en trabajitos sin futuro ni remuneración. El tránsito de éste, hasta convertirse en un ser despiadado y amoral es el sustento de este chabroliano relato, en el que Alberto Sordi hizo su última y magistral interpretación y que merece la pena rescatar del olvido para constatar el gran narrador que fue Ettore Scola, cualquiera que fuese el género que tocara.
Saludos.
viernes, 23 de junio de 2017
Ettore Scola. Un italiano en Italia #25
MARIO, MARIA E MARIO puede, debe ser considerada como una película de transición, menor si se quiere, en una filmografía vasta y repleta de momentos fulgurantes. De nuevo escrita junto a su hija Silvia, pretende amasar dos líneas narrativas difíciles de conciliar. Por un lado, la primera hora abarca prácticamente por entero la crisis del PCI, concentrada en mogollónicos mítines asamblearios que harían las delicias de Pablo Iglesias. Por otro, otra crisis, más íntima, la del matrimonio formado por Mario y Maria, que han sido felices hasta que la monotonía se les instaló en el comedor, justo frente a la tele. Otro Mario, amigo en común, comunista amistoso, intenta solazar a la pareja endosándoles un discurso pseudopoliticista que ahí le hubiese venido bien a Santiago Carrillo, pero cuyo efecto no es el esperado, ya que Maria cambia a un Mario por el otro... Y no le va bien a Scola tanto descosido y remendado, y menos prescindiendo de sus impagables golpes de humor socarrón y firmando un tibio panfletito que a lo mejor no era más que una carta despedida a aquel partido, quién sabe...
Saludos.
viernes, 16 de junio de 2017
Ettore Scola. Un italiano en Italia #24
En 1990, y aún embarcado en las coproducciones con Francia, Ettore Scola rueda una nueva versión de la celebérrima novela de Théophile Gautier "El capitán Fracassa", de la que existe una película muda de 1929, dirigida por Alberto Cavalcanti y con un joven Charles Boyer, y otra mucho más prescindible de 1961, protagonizada por Jean Marais. IL VIAGGIO DI CAPITAN FRACASSA aporta poco al texto original y se limita a seguir las andanzas del Barón de Sigognac, un joven noble que vive en la miseria más absoluta en un castillo en ruinas y con la única compañía de un viejo sirviente, que prometió a su difunto padre que no lo abandonaría. Allí llegará una compañía de teatro, en unas condiciones no menos precarias, y con la que el Barón se marchará a recorrer un mundo del que desconoce hasta lo más simple de la existencia humana. La infortunada muerte del actor principal está a punto de arruinar una lucrativa función en la casa de un noble, pero Sigognac da un paso al frente y, sin apenas saber el texto, improvisa una actuación delirante, de la que tomará el equívoco sobrenombre de Capitán Fracassa.
Participante en el festival de Berlín, no obtuvo demasiada repercusión mediática, y aún hoy sigue siendo de los títulos menos conocidos de Scola, que tuvo aquí la última colaboración como actor del genial Massimo Troisi, que se erige en auténtico protagonista en su papel del comediante Polichinela. Una curiosidad, enteramente rodada en estudio y que merece la pena revisar a quien le gusten las comedias de época.
Saludos.
viernes, 9 de junio de 2017
Ettore Scola. Un italiano en Italia #23
En 1989, Ettore Scola dirigió dos películas. SPLENDOR, dirigida a las salas y de la que hablamos la semana pasada, y CHE ORA É, una modesta producción televisiva con la que Scola mantenía el tándem Mastroianni/Troisi, y que sorprendentemente es uno de los trabajos más redondos de toda su filmografía. Casi filmada en tiempo real, su argumento, sencillísimo, comienza con el encuentro entre padre e hijo; el primero es abogado en Roma, mientras el segundo está a punto de acabar el servicio militar y, licenciado en letras, sueña con dedicarse a escribir. Si alguien me preguntara sobre las mejores adaptaciones literarias en pantalla, esta película estaría en un puesto de honor, aunque curiosamente se trate de un guion original del propio Scola y su hija, Silvia, con lo que ello conlleva de ejercicio catártico. Estos dos hombres mantienen conversaciones banales mientras pasean, comen, beben; palabras de las que el espectador extrae toda una historia, le de dos generaciones que están condenadas a no entenderse cuanto más lo intenten, pero la mano maestra de Scola y sus dos extraordinarios intérpretes es capaz de construir la historia de esta "familia" en completo fuera de campo, y como si de un maravilloso y revelador anticipo de aquel Richard Linklater que hizo pasear tantas veces a Ethan Hawke y Julie Delpy, esta "novela filmada", evitando innecesarios y burdos psicologismos, logra que seamos nosotros mismos quienes descifremos cada intención tras lo que un padre y un hijo no son capaces de decirse sin caer en el eufemismo.
Una delicia, injustamente olvidada y que es un magisterio de economía de recursos para erigir una pequeña obra maestra.
Saludos.
viernes, 2 de junio de 2017
Ettore Scola. Un italiano en Italia #22
Hay un momento en SPLENDOR muy amargo y muy dulce, que sabe a victoria moral, y por lo tanto a derrota. El personaje interpretado por Marcello Mastroianni, dueño del cine que da título al film, ha sucumbido ante las deudas y lo ha vendido a un usurero (un notario), pero sólo le ha puesto una condición, previa rebaja de diez mil liras: que le deje darle un puñetazo en público. La cámara sigue a Mastroianni, Massimo Troisi y Marina Vlady, que ya no son dueños del cine, pero han avergonzado al notario; sin embargo, Scola retrocede la cámara y vuelve al lugar de la agresión, y uno esperaría una injuria, un exabrupto. Nada de eso, los nuevos dueños celebran con champán no sólo la adquisición, sino que son diez mil liras más ricos... Y eso es, en esencia, SPLENDOR, la constatación, ya en 1989, del desmantelamiento del cine, de los cines, tal y como los llegamos a conocer algunos, y como otros no llegarán a conocerlos jamás. SPLENDOR coincidió en tiempo y espacio con la de Tornatore, que fue la que se llevó todos los parabienes; pero ese mismo tiempo ha puesto a cada una en su lugar, y es justo reconocer que hay muy poco de esa sensiblería teledirigida en el film de Scola, y sí mucho de carta de amor y rebeldía. Desde el improbable y tierno triángulo amoroso hasta el microcosmos de esa ciudad de provincias, donde hace mucho tiempo alguien colocó una sábana extendida en la que se proyectaba el mundo y que servía para tapar las soflamas a Mussolini. Momentos cruciales, nostálgicos pero también combativos, porque Scola entiende, por ejemplo, que el cine fue el sustituto de la iglesia, compartiendo incluso sus mismas liturgias, o que el exceso de ocio ha terminado por invocar a la abulia, determinando que ir al cine es inútil cuando el mismo día la televisión programa decenas de películas... aunque no haya tiempo de verlas todas.
SPLENDOR es eso, un pequeño y encantador relato, capaz de tomarse licencias tan grandes como programar un striptease en el intermedio de EL ÁRBOL DE LOS ZUECOS (!!!) o rematar la faena a lo Frank Capra, con el pueblo sentándose por la fuerza en las butacas para detener el desahucio mientras alguien toca la armónica y empieza a caer una nevada de esas que sólo caen en las películas...
Yo les diría que vayan al cine, pero es clamar en el desierto.
Saludos.
viernes, 19 de mayo de 2017
Ettore Scola. Un italiano en Italia #21
LA FAMIGLIA estuvo nominada al oscar, en un año en el que estaba Louis Malle, pero ganó Gabriel Axel, y por donde también anduvo Garci... Estuvo también a punto de ganar en Cannes, pero Pialat era mucho Pialat en terreno francés. Donde sí ganó fue en Italia, donde Scola siempre ha sido profeta, y donde esta monumental película sigue siendo, treinta años después, el emblema de ese país contradictorio, pasional, ingobernable y entrañable. Sí, como esa familia que no puede vivir junta ni puede separarse, esa familia que posa a principios del Siglo XX para tomarse una foto en el bautizo del pequeño Carlo, que será el narrador de los avatares de esta familia, la suya, tan nuestra, mientras va creciendo y hasta que ya anciano, el último superviviente de aquella foto, cierre el relato para que reflexionemos si no es en realidad esto y nada más que esto la vida, posar un par de veces, una sin haber vivido nada y otra cuando no te queda ya nada por vivir. Entre medias, los pasillos de esa casa familiar asisten impávidos a esas vidas, esos deseos frustrados, un tiempo suspendido en motas de polvo y que recogen las sonrisas, las lágrimas. Unas escenas que se repiten casi idénticas, que el cine subraya y acentúa , y que dan a cada personaje su tiempo y su importancia.
LA FAMIGLIA es una película, un fresco más bien, entre cuatro paredes, que se erige como manual de guion y dirección de actores, que es evocadora sin resultar empalagosa, y que borra de un plumazo la ñoñería que llevamos sufriendo en este país con imbecilidades como "Cuéntame" o "Amar en tiempos revueltos", que se eternizan en el tiempo para no contar ni la mitad de lo que Scola es capaz de exponer en apenas dos horas.
Obra maestra indiscutible, poco más se puede añadir excepto que su visionado es indispensable.
Saludos.
viernes, 12 de mayo de 2017
Ettore Scola. Un italiano en Italia #20
Resulta casi imposible destrozar una película protagonizada por Jack Lemmon y Marcello Mastroianni. Si además, el director de la contienda es nada menos que Ettore Scola, puede que alguien venga y nos tome de un brazo, convenciéndonos de que algo no anda bien por ahí arrriba. Pero cuidado, MACCHERONI es una película facilona y autocomplaciente, que parece abandonarse al regocijo de tener a esos dos monstruos dándose réplica a lo largo de una historia poco original, pero muy costumbrista. El argumento gira en torno a estos dos viejos amigos, uno americano y otro italiano, que se conocieron cuando el primero llegó a Europa para combatir en la Segunda Guerra Mundial. Entre malentendidos, añoranzas, algún amor de juventud y el placer de recuperar tiempos pretéritos, ambos se encuentran "por casualidad" otra vez en Nápoles, y se disponen a pasar una jornada aparentemente placentera. La premisa principal del guion consiste en dosificar la información, para darnos cuenta de que no todo son risas y recuerdos, sino que hay algo amargo en el fondo; y eso es muy de Scola, es cierto, pero la película no termina de funcionar del todo, o quizá sea que el idealismo de ambos intérpretes principales se vuelve en contra de la narración, tornándola en un vacuo ejercicio de nostalgia lacrimógena. No digo, de ninguna manera, que sea un mal film, pero volviendo al principio de la reseña, parecía complicado que no fuese una obra maestra, así que...
Saludos.
viernes, 5 de mayo de 2017
Ettore Scola. Un italiano en Italia #19
La muerte del líder comunista, Enrico Berlinguer, desató una euforia sin precedentes en Italia a mediados de los años ochenta, donde unos se reconocían como afectos, otros buscaban una izquierda más verdadera y algunos aprovechaban para debilitar a los circunspectos democristianos. Berlinguer, que durante toda su vida luchó por descentralizar el comunismo de la Unión Soviética, mirar fraternalmente a China y abrir sus postulados a las grandes empresas, fue un político tan impredecible como apasionado, y siempre defendió la integración en lugar del conflicto, lo que le granjeó más enemigos dentro de su propio partido que fuera. Su repentina muerte hizo que cientos de miles de personas se congregaran ante su ataud, en un catártico funeral que asimismo sirvió para que el Partido Comunista Italiano conquistara las elecciones europeas, su mayor logro hasta nuestras fechas. Ettore Scola, Bernardo Bertolucci, Roberto Benigni y una miríada de personalidades más del mundo del cine decidieron registrar aquel momento que pudo ser único, y desgraciadamente tan sólo se quedó en eso. L'ADDIO A ENRICO BERLINGUER es un documental valiosísimo, a lo mejor por constatar la deriva de una ideología mucho antes de que sucediera, y en directo recoge las intervenciones de intelectuales, políticos y gente de la calle, incapaces de ponerse de acuerdo ni siquiera ante un féretro.
Saludos.
viernes, 28 de abril de 2017
Ettore Scola. Un italiano en Italia #18
En 1983, Ettore Scola se embarca en una inclasificable coproducción internacional, LE BAL, con la que llegó a representar a Argelia en los oscar de aquel año. Y hablamos de un film tan arriesgado, tan inesperado y audaz, que cualquier calificativo se queda corto tras su visionado, obligatorio para entender por qué Scola ha sido uno de los directores más dotados a la hora de poner en imágenes un insólito "vanguardismo clásico". Se trata de una película sin diálogos, con un espacio único (la sala de baile del título) y un reparto coral de actores/bailarines, de cuya mano asistimos no sólo a su peripecia personal, sino a la Historia misma del Siglo XX. Nada más y nada menos, porque LE BAL comienza antológicamente, con las mujeres llegando, una a una, a la sala, donde esperan pacientemente la llegada de los hombres, que quizá las inviten a bailar. Y esa sala también existió a principios de siglo, y fue refugio de aquella Francia ocupada, y en los 50 se atrevió a cambiar el vino por Coca-Cola y el baile de salón por el Rock'n'Roll. Y en los 60 se bailaban las canciones de unos chicos de Liverpool, y en los setenta colgaron una bola gigante de espejos... Quizá les sepa a poco, a lo mejor lo único que ven es una coreografía que habría firmado el propio Jacques Tati, pero no exagero si digo que esta película es hermosa y emocionante, que es más vanguardista que muchos trabajos así catalogados por la oficialidad, y que Scola, una vez más, demuestra que la medida del hombre moderno cabe toda en una sala de baile, y que se expresa en la soledad de un rechazo o el anhelo de una invitación...
Extraordinaria, maravillosa película. Véanla si pueden.
Saludos.
viernes, 21 de abril de 2017
Ettore Scola. Un italiano en Italia #17
Hay una película en la filmografía de Ettore Scola que elevó su figura a la de los grandes nombres de la cinematografía italiana, que le permitió un reconocimiento mayor en su propio país y le abrió la posibilidad de elegir él mismo qué guiones le eran mejores para dirigir. Y no es una afirmación vana, IL MONDO NUOVO (que aquí se conoció como el libro original, LA NOCHE DE VARENNES) es un monumental fresco que ilustraba los entresijos de los últimos días de Luis XVI, su huida de incógnito y posterior apresamiento y ejecución. Tras recrearse en la anarquía instaurada en París tras la deserción, el film se centra en el viaje en sí, donde el monarca y su consorte comparten un carruaje junto a Restif de la Bretonne, Thomas Paine, la condesa de la Borde y un señor que pasaba por allí, un tal Giacomo Casanova, y que parece ser el único que es capaz de asimilar los acontecimientos con lucidez y una evidente pesadumbre. Más que un film histórico, lo que Scola propone, a partir de la excepcional novela de Catherine Rihoit, es una reflexión sobre el significado de la revolución misma, no ya si fue tan gloriosa como podríamos suponer, sino en qué ha influido en un mundo actual que tan poco ha cambiado en sus aspectos más esenciales, lo que queda perfectamente reflejado en el crudo y chocante final. Una película que contó con un elenco irrepetible, Mastroianni, Keitel, Barrault, Brialy, Schygulla, Piccoli; una esplendorosa fotografía a cargo de Armando Nannuzzi; una partitura memorable de Trovajoli y una mención especial para Sergio Amidei, coguionista junto al propio Scola y que falleció durante el rodaje. Una de esas películas que yo considero imprescindibles para poder hablar con propiedad de otra transición, la de aquel "viejo" cine que tanto esfuerzo costaba llevar adelante y el modelo de producción independiente, del que Scola, por grande que fuera el presupuesto que manejara, jamás se desentendió.
Saludos.
viernes, 14 de abril de 2017
Ettore Scola. Un italiano en Italia #16
En 1981, Scola volvió a lograr una nominación en Cannes por PASSIONE D'AMORE, la adaptación de la novela "Fosca", cumbre de la scapigliatura del XIX y escrita por Iginio Ugo Tarchetti, un maldito más que reivindicable por la insobornable modernidad de sus (escasos [murió con apenas treinta años]) textos.
Se nos cuenta la historia del Capitán de caballería Giorgio Bacchetti, que desdeña a las mujeres por el amor de una sola, a la que sin embargo no puede amar libremente por ser casada. Destinado a una pequeña población apartada, se ve arrastrado por los convencionalismos castrenses hasta la casa de su Coronel, donde es poco menos que obligado a hacer de acompañante de Fosca, prima del mismo, una mujer que vive apartada de la sociedad por su aspecto poco agraciado y un carácter más que complicado, que oscila entre una fúnebre melancolía y repentinos ataques de histeria. Giorgio pide insistentemente el retorno al Piamonte, con tal de librarse de Fosca y volver junto a su amada, sin embargo, de manera casi sobrenatural, un lento e implacable cambio parece operarse en su interior, viéndose arrastrado al decadente mundo interior de esa mujer, que parece la muerte misma.
Scola filma aquí una película "viscontiana", de apabullantes localizaciones puntuadas por la fotografía de Claudio Ragona y con ese gusto por los parlamentos largos y las escenas elaboradas, para acercar esta tremenda obra, muy desconocida fuera de Italia y que contaba con un trío protagonista más que estimulante: la sugerente Laura Antonelli, el actor francés Bernard Giraudeau y Valeria D'Obici, actriz de físico anguloso que interpreta magistralmente a la Fosca del título, con la que Scola logra, literalmente, poner rostro a la enfermedad y el abandono. Una de las películas más oscuras de su autor, pero también una de las que mejor ha soportado el paso del tiempo.
Saludos.
viernes, 7 de abril de 2017
Ettore scola. Un italiano en Italia #15
Es notorio el salto evolutivo que experimenta el cine de Ettore Scola a partir de LA TERRAZZA, de 1980, enloquecido y mordaz retablo de los usos y costumbres más característicos de la sociedad italiana, capaz de lo más noble y, a la vez, lo más bajo. La crítica, en este caso, se encuentra en las incapacidades de un grupo de amigos que se encuentra regularmente en la terraza del título, donde se celebran inacabables fiestas y donde convergen para fomentar unas relaciones que en realidad tienen más de artificio que de otra cosa. Scola divide la película a partir de la observación minuciosa de cada uno de ellos y cómo rara vez la cara social se corresponde con la íntima. Con un reparto difícilmente repetible (Trintignant, Gassman, Tognazzi, Mastroianni, Sandrelli, una Carla Gravina inmensa y que ganó el premio en Cannes...), el absurdo entronca con la piedad que el director siempre despliega por sus personajes. Un guionista incapaz de escribir una sola línea desde hace años, aunque tiene el apoyo incondicional de su mujer; el productor, decadente y adinerado, que pacientemente espera ese guion genial, pero que asimismo no es más que un fantasma para su propia esposa; un tipo, bastante irritante, que presume de estar a la izquierda de la izquierda, aunque su vida sea tan convencional y pequeñoburguesa que le avergüence hablar de la misma; y, por último, el retrato más complejo y conmovedor, el de un viejo político del Partido Comunista que se enamora de una joven que se atreve a llevarle la contraria, desestabilizando su longevo matrimonio y abriendo un interesante debate al espectador sobre la conveniencia del corazón alterado frente a la razón inalterable.
LA TERRAZZA no tuvo precisamente una buena acogida en Italia, donde la mirada equidistante de Scola resultaba muy conservadora para la izquierda y demasiado atrevida para los conservadores, motivo más que suficiente para atender al cine como un arte que trasciende la cortedad de los políticos, y que es capaz de diseccionar toda una sociedad en dos horas y media, que a algunos les parecerá mucho tiempo para observar algo, y sin salir de una terraza...
Maravillosa película.
Saludos.
viernes, 24 de marzo de 2017
Ettore Scola. Un italiano en Italia #14
La historia de I NUOVI MOSTRI, de 1977, arranca, 14 años antes, con I MOSTRI, film de episodios ideado y dirigido por Dino Risi, que aquí se unió a Monicelli y Scola para volver a dar un soberano repaso a los usos, costumbres, disfrutes y falacias de la sociedad italiana en catorce cortes de desigual intención y resultado. Algunos son apenas insertos, casi anuncios publicitarios; otros, como el protagonizado por Vittorio Gassman y Ugo Tognazzi destrozando literalmente la cocina de un restaurante, no me gustan demasiado, al igual que el segmento en el que Ornella Muti es recogida haciendo autostop. Sin embargo, hay dos capítulos que merecen consideración aparte y que por sí solos justificarían una nominación a los oscar de aquel año que hoy día nos parecería inconcebible. El primero presenta al propio Gassman interpretando a un cardenal cuyo coche oficial se queda estropeado junto a un barrio de chabolas, y que busca cobijo en la iglesia local, que ha sido literalmente tomada por los vecinos y una especie de líder comunista, que les ha prometido buscar la solución a su precariedad, pero, como no puede ser de otra forma, el cardenal acabará con todo el mundo orando a dios tras una devota y emocionante charla... aunque todos sigan exactamente igual de pobres que antes. El otro capítulo es una maravilla, y no es difícil encontrar resonancias del mismo en obras tan celebradas como LA GRAN BELLEZA, ya que su protagonista, el inclasificable Joan Maria Catalan Belmonte, representa al dedillo a ese esnobismo trasnochado que pulula por las calles a altas horas de la madrugada disertando sobre absolutamente todo y citando a su querida mamá como si ella estuviera delante. Alberto Sordi compone un personaje inolvidable, que seguro sirvió a Toni Servillo, y que se encuentra con el dilema de socorrer a un hombre herido en mitad de la calle, al que sube a su flamante Rolls e inicia un inacabable periplo de hospital en hospital, donde cada uno tiene una excusa para no atenderlo, aunque servirá para que sepamos las andanzas de este señorito al que esperan en alguna parte para dar una conferencia sobre alguna cosa... Alguien con talento debería haber hecho un largo con este capítulo.
Saludos.
viernes, 17 de marzo de 2017
Ettore Scola. Un italiano en Italia #13
En BRUTTI, SPORCHI E CATTIVI, Ettore Scola retuerce aún más su concepto de la comedia italiana y factura una película que hubiese hecho las delicias de Valle-Inclán, Artaud, Bukowski o Pasolini. Un viaje a los arrabales, a los márgenes más marginales de las ciudades, donde las personas sobreviven como animales, ajenos a las leyes ni a la moral. Una película que me ha recordado en cierta manera el cine quinqui patrio, solo que con una visión aún más pesimista, y con la que Scola empezó a cimentar su buena relación con el festival de Cannes, donde se alzó con el premio a mejor director. Un Nino Manfredi memorable, da vida a Giacinto, estrafalario patriarca de una interminable y endogámica familia, cuyo único propósito en la vida (aparte de emborracharse copiosamente) es esconder el millón de liras que una aseguradora le dio como compensación por perder un ojo, aunque fuese incomprensiblemente provocado. Así, el film es un descarnado y agrio paseo por esos lugares donde hombres y ratas conviven sin problema, y Scola puntúa cada gag con su reverso, para que no olvidemos que lo grotesco, aún sirviéndonos como elemento cómico, proviene de esa gente invisible y que sería capaz de matar por un fajo de billetes a su propio padre... literalmente.
Saludos.
viernes, 10 de marzo de 2017
Ettore Scola. Un italiano en Italia #12
En la amplia línea de películas por episodios que poblaron la cinematografía europea en los sesenta y setenta, SIGNORE E SIGNORI, BUONANOTTE es una estimulante rara avis, un film anárquico y libérrimo que pretende abarcar todas las alcantarillas de la soiciedad italiana, sin importar la época ni la circunstancia. Desde los buitres de la política, el anacronismo de los militares, la hipocresía de la iglesia o incluso la ingenuidad de los progresistas e intelectuales, metidos en su burbuja. Los concursos televisivos que explotan la miseria de la gente, el machismo en las relaciones laborales o la censura mediática, asuntos que nos suenan demasiado actualmente, y que indican que las cosas apenas han cambiado. Scola, junto a los maestros Monicelli y Comencini, mas Nanni Loy y Luigi Magni, una pléyade de guionistas (entre los que sobresale Ruggero Maccari) y varios músicos como el gran Lucio Dalla, todos realizan una película que yo califico ahora mismo de imprescindible y que tiene una frescura sorprendente, puede que por no pretender ser más que una comedia, satírica, pero muy entretenida, y que además contiene actuaciones memorables, como la de Ugo Tognazzi homenajeando a Chaplin, Vittorio Gassman como un asesino a sueldo que da clases de inglés ¿?, Nino Manfredi como un hipocondríaco aspirante a Papa y Marcello Mastroianni, que hace las veces de magistral maestro de ceremonias como un presentador de telediarios al que literalmente se la suda todo.
De lo mejorcito que he visto últimamente. Véanla si pueden.
Saludos.
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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...
¡Cuidao con mis primos!