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miércoles, 1 de febrero de 2017

Rivette escribe #22



Es curioso. Jacques Rivette, el cineasta de los metrajes imposibles. Rivette, el creador de intrincados laberintos, juegos inescrutables que terminan por hacer claudicar al espectador, que necesitade su rendición previa a la inmersión en su universo personal, donde caben los artífices de la representación y los prestidigitadores de la realidad. Es curioso que para despedirse Rivette nos regalara una preciosa y humilde miniatura, una peliculita rebosante de vitalidad y que contagia un irresistible y jovial optimismo. Y todo en apenas 80 minutos... Una historia acerca de un pequeño circo que se resiste a la desaparición tras la muerte de su propietario y las reticencias de su hija para dirigirlo tras 15 años de ausencia del mismo, y cuyas razones compartirá con un recién llegado, un italiano que se siente fascinado por un modo de vida alejado del suyo. Así se podría describir 36 VUES DU PIC SAINT-LOUP, una especie de explicación póstuma, o una despedida en baja intensidad, desplegándose como un suave susurro que alguien nos hace confidencial con una sonrisa. Así conversan Sergio Castellitto y Jane Birkin, y así terminó de trazarnos la senda del tesoro un director único, irrepetible y a menudo simplemente indescifrable, pero cuyas pistas encontramos diseminadas en obras ajenas, como si siempre hubiese estado ahí. Y la función recomienza...
Saludos.

miércoles, 25 de enero de 2017

Rivette escribe #21



Es una lástima que los pedantes citen a Balzac, que lo citen sin saber el significado de su prosa. Balzac está completamente fuera de la antigüedad o la modernidad, es un cronista lúcido e independiente, una máquina de guerra, un fabricante de daguerrotipos o un estampado indeleble. Mostrar a Balzac en cine, en lo que tragamos como cine moderno, es imposible, de ahí que arriesgarse a ensayar a Balzac en fondo y forma esté más cerca del suicidio artístico que de otra cosa. Pero Jacques Rivette tenía 79 años cuando decidió adaptar "La duquesa de Langeais" con el elocuente título de NE TOUCHEZ PAS LA HACHE, y luego ha resultado ser su penúltimo largometraje. Tengo pocas cosas que decir acerca de esta película, excepto que se trata de una experiencia reconfortante, que reconcilia a los amantes del arte, de las historias contadas con honestidad y de las travesías que guardan la recompensa al final, sin desvelarla. En mi opinión, la gran obra maestra de Rivette, lo cual es mucho y obliga a descubrir su grandeza de miras en virginidad y devoción absolutas. Me niego a desvelar nada más, excepto invitarles a que disfruten de una de las actuaciones más memorables que el cine ha ofrecido jamás y que las circunstancias han elevado a la categoría de regalo. Las cotas de expresión e intensidad alcanzadas por Guillaume Depardieu nos sorprenderían de no conocer su talento, capaz de hacer estremecer una secuencia en un parpadeo ¡Qué gran, inmenso actor nos perdimos sólo un año después!...
Saludos.

miércoles, 18 de enero de 2017

Rivette escribe #20



VA SAVOIR, de 2001, fue la antepenúltima película que rodó Rivette, una comedia muy al "estilo Lubitsch", con una excelente dirección de actores y en la que dio rienda suelta a muchas de sus obsesiones como director, crítico y cinéfilo. Aunque lo más resaltable, creo yo, fue la inesperada reconciliación obtenida por parte de la crítica más refractaria a su cine, y que encontró, quizá, algo más de aire fresco, fundamentalmente el aportado por la pareja protagonista, unos sobresalientes Jeanne Balibar y Sergio Castellitto, que interpretan a una pareja de actores (en las tablas y en la vida real) que trasladan su representación más famosa de Pirandello desde Roma hasta París, lo que va a suponer una prueba de fuego para ella, francesa, que abandonó su país para borrar una tumultuosa vida pasada. Rivette se explaya en dos horas y media que son puro goce creativo, mezclando las divertidas representaciones a tiempo real con los múltiples enredos provenientes de un turbio intercambio de parejas supuestamente involuntario, pero que dejará al descubierto las debilidades y miserias de unos personajes más preocupados de las apariencias que de la plenitud.
Es éste un Rivette aposentado, tranquilo y conocedor del oficio, que siéndose fiel a sí mismo (aquí encontraremos multitud de rastros de todo su cine) es capaz de seguir alimentando un universo propio, al tiempo que teoriza sobre cierto estado del cine de principios de este siglo, pero lejos de ejercer de santón cascarrabias, ayudando a expandir surcos narrativos para las generaciones venideras, lo que supone un acto de generosidad impagable. Además, he leído que a Boyero hasta le gustó...
Saludos.

miércoles, 11 de enero de 2017

Rivette escribe #19



Suele pasar, que los autores totales, los que apenas varían su discurso a lo largo de una obra extensa, son poco o nada entendidos cuando deciden que llegó la hora de diversificar su propuesta, alentar las múltiples caras que laten bajo el artista que ha basado la práctica totalidad de su obra en imperceptibles variaciones que no son más que caras de una misma figura. Rivette no iba a ser menos, por lo que se puede considerar SECRET DÉFENSE su película (perdónenme quienes tengan que hacerlo) menos rivettiana; una especie de extensísimo thriller picado de las viruelas de las grandes intrigas familiares y traspasado por la circunspección que despiden las interpretaciones de Sandrine Bonnaire y Jerzy Radziwilowicz, que distan mucho de rozar la intensidad de, por ejemplo, LOS SOBORNADOS, con la que pretende tender puentes. El argumento gira en torno a una investigadora de laboratorio que recibe la noticia de la muerte de su padre, dueño de una gran empresa de seguridad y con el que se llevaba regular; al poco, su hermano (el siempre agradecible Grégoire Colin) le dice que va a matar al actual director de la empresa, que heredó el puesto y al que acusa directamente de asesinato. Sin embargo, la historia dará un giro radical cuando ella se adelante a su hermano, temiendo lo peor, y descubra la terrible verdad por sí misma.
A muy duras penas podríamos concebir las casi tres horas del metraje empleado por Rivette, para algo que sabemos que Lang despacharía en menos de la mitad, y que además reserva pocas sorpresas formales. Oscura y austera, puede afirmarse que, ya en 1998, su director se la podría haber ahorrado y no se habría notado.
Saludos.

miércoles, 4 de enero de 2017

Rivette escribe #18



Rivette accesible, juguetón. Rivette dispuesto, con menos máscaras y una visión más optimista del ser humano. HAUT, BAS, FRAGILE es otro envoltorio demoníaco, cierto, compuesto de una trama principal que se trifurca y expande hacia otros territorios, para hacer de su argumento un juguete jaspeado de emociones y que va desde el musical "diegético" hasta la intriga detectivesca o flirtear (y esto es raro) con esencias desentrañadas directamente de las heroicidades de la Nouvelle Vague; porque pocas veces se vio a Rivette tan embriagado por una época de la que luego renegó todo el tiempo, hasta el punto de rescatar a una Anna Karina francamente deliciosa. Se trata de una película para disfrutar con los cinco sentidos, dejarse llevar por las situaciones absurdas y los trampantojos que, efectivamente y a conciencia, no llevan a ninguna parte, o al menos a ningún lugar común, sino a un lugar secreto del que sólo el propio Rivette poseía la llave. El problema es que pocas veces ha estado tan dispuesto a abrir y dejarnos pasar, y merece la pena echar un vistazo a sus imágenes, a sus canciones, sus mujeres y sus fragmentos de felicidad moderada...
Maravillosa.
Saludos.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Rivette escribe #17



JEANNE LA PUCELLE - LES PRISONS cerraba gloriosamente el monumental díptico que Jacques Rivette dedicó a la figura de una trastornada, una santa o una alienígena que, de ser cierto que así vivió y así murió, habría sido, en mi opinión, el artífice de una revolución aún mayor que la que suponemos realizó Jesucristo. El personaje es estrafalario hasta lo indecible, pero el cine se ha servido de la fe y sus misterios precisamente para poner la cámara donde no se puede, porque habría que pactar de antemano que esa fe no puede verse, sino sentirse. En tres horas de absoluto dominio dramático, Rivette conduce (literalmente) al personaje interpretado con fiereza y convicción por Sandrine Bonnaire desde la elevación del éxtasis místico a los estratos más bajos de degradación... aunque lo único que le pedían era que se dejase el pelo largo, se vistiese como una mujer y se dedicase a las labores domésticas... ¡Exacto, lo contrario de lo que le pedían los romanos a Jesucristo!... En fin, bromas ateas aparte, el final de esta Juana de Arco es menos expresionista que el de Dreyer, más terrenal que el de Besson y más patetista que el de Preminger; un final seco, adusto, que se precipita en brevedad y apenas se explaya en el sufrimiento y sí en la injusticia de mandar a una chica de 19 años a la hoguera... Encima que les devolvió Francia...
Saludos.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Rivette escribe #16



De no haber sido Jacques Rivette el cineasta radical, insobornable y hermético que siempre fue, no tengo ninguna duda de que el monumental díptico que rodó en 1994 estaría considerado como el definitivo acerca de la figura histórica más controvertida de la Historia de Francia. Juana de Arco ha sido abordada desde el pictoricismo, la enjundia teológica, la mitificación hagiográfica y hasta algún exceso pseudopop, pero no recuerdo ningún otro film que transite tan exhaustivamente la mística y la leyenda de la Dama de Orléans con una rigurosidad tan firme, sorteando con acierto la teatralidad y mostrando verazmente qué extrañas razones son las que sustentan el mito de esa insignificante doncella analfabeta que, guiada por la palabra de dios, levantó al pueblo francés contra la ocupación británica durante la Guerra de los cien años. Y la primera parte que rodó Rivette se titulaba JEANE LA PUCELLE - LES BATAILLES, donde se narra de manera concisa y nada espectacular la transformación de una simple muchacha en una especie de estratega militar improvisado, llamando a las puertas de los nobles para recaudar dinero, armas y hombres para la lucha a la que pretende encaminar a la totalidad del país, y, extrañamente, consiguiéndolo con una facilidad asombrosa, como si realmente su palabra fuera la palabra "divina". Rivette flaquea en la parte final, precisamente cuando no le queda más remedio que filmar escenas de batalla, que de todas formas el cine hollywoodense nos ha malcriado con su querencia al espectáculo, pero definitivamente no se le nota cómodo abandonando los diálogos y mostrando unas batallas en exceso estáticas. Y sobrevolando el extenso metraje, apoderándose con la misma convicción de la dificultad de su personaje, se eleva Sandrine Bonnaire, una actriz que nunca me ha convencido completamente, pero que es un excepcional acierto, pese a ser más de una década mayor que la adolescente a la que interpreta con la dosis justa de vulnerabilidad y osadía.
Una magnífica oportunidad para quienes quieran adentrarse un poco más en este personaje, y que hemos dividido en dos partes, respetando la voluntad del propio Rivette al concebir la obra como díptico.
Saludos.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Rivette escribe #15



Tomando prestado el nombre del famoso caso de los disidentes chinos, Rivette filmó uno de sus trabajos más reverenciados por quienes aún le descubrían a destiempo, como uno de esos viejos profesores de dramaturgia que a él tanto le gustaba colocar en el centro de sus complicados juegos metacinematográficos. LA BANDE DES QUATRE es una nueva variación respecto a los referentes que encuentra la vida real cuando se imbrica en la secuencialidad de un escenario; en este caso, las dificultades de cuatro estudiantes de un exclusivo centro de enseñanza, cuya maestra apenas trabaja con tres o cuatro personas, de los que extrae toda su esencia interpretativa para que sean actores a tiempo completo y respiren teatro las 24 horas del día. Esto es especialmente relevante en las conversaciones de las cuatro alumnas cuando coinciden en el apartamento que comparten; ahí se produce el dispositivo ideado por Rivette, amalgamando, confundiendo y entrelazando la "actuación" o "ensayo" con lo que repensaríamos como "vida real", comprobando que apenas podríamos discernir diferencias, y mucho menos al introducir un elemento externo y misterioso, un personaje masculino que unas tienen como amenaza y otras como una posibilidad de seducción. Es, no lo niego, otro complejo reto rivettiano, puede que más juguetón que otros, pero igualmente exigente con el espectador que no se conforme con propuestas simples.
Saludos.


miércoles, 7 de diciembre de 2016

Rivette escribe #14



Rivette alterna en HURLEVENT, libérrima adaptación de "Cumbres borrascosas", algunos de los momentos más hermosos de todo su cine, junto a los más aburridos y prescindibles. No importa tanto la ubicación de este inmortal texto unos años más adelante, en los años 30 del Siglo XX, ni el previsible ejercicio de vaciado dramático al que es sometido el guion de Bonitzer y Schifman; en cambio, es en exceso abrupto el paso de unos exteriores magnánimos, perfectos y en sintonía con el elegíaco tono de Brontë, y unas escenas interiores leves, singularmente estranguladas e involuntariamente cómicas, con un elenco de actores y actrices demasiado descompensado. Es el problema de las obras consideradas como universales, que dejan un buen margen de maniobra desde el que afrontar nuevas y apasionantes variaciones, pero que exigen, al mismo tiempo, un pulso tenaz, que no haga decaer la atención del espectador, sobre todo si el texto le es familiar. Film irregular, es cierto, pero que (desconozco si intencionalmente) adelanta algo del cine/videoclip que vendría después; para algunos, por ejemplo, supuso el descubrimiento de esa maravilla llamada "El misterio de las voces búlgaras"...
Saludos.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Rivette escribe #13



En L'AMOUR PAR TERRE, de 1984, Rivette abundaba en el tema de las representaciones cruzadas y enfrentadas a una realidad siempre puesta en duda. Para ello se sirvió de dos figuras femeninas notables, Geraldine Chaplin y Jane Birkin, y el habitual de resnais André Dussollier. Se trata de un ingenioso (e ingenuo) dispositivo que desarma al espectador menos paciente, al exigirle un atento análisis cada vez que los personajes semejan estar viviendo sus propias vidas o interpretando una obra. Y todo comienza con la representación de una obrita en un apartamento y la presencia entre el público del autor, que seguidamente invita a las protagonistas a que interpreten la obra que se encuentra escribiendo en ese momento en su mansión, pudiendo alojarse durante una semana en la misma para ensayarla. Rivette compone una película densa, compleja, que sin embargo contiene un mensaje simple, que no es otro que la ilusión de la vida real, que no es más que un cúmulo incesante e interminable de representaciones, unas individuales y otras colectivas. Pero lejos de invocar al demiurgo total, prefiere compadecerse de estos actores y dramaturgos, constantemente luchando contra la esquizofrenia de ser ellos mismos o el personaje que escriben e interpretan. Un film completamente rivettiano, aconsejable para iniciarse en las claves de su cine y comprender la ruptura que seguidamente llevó a cabo con la depuración de su rol como cineasta ya fuera de los parámetros de la Nouvelle Vague.
Saludos.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Rivette escribe #12



A día de hoy, LE PONT DU NORD es una película muy diferente a como la concibió en su momento, aquel prolífico 1981, Jacques Rivette. Una película que era (como casi toda la obra de su autor) un juego inocente, infantil, jugado con elementos adultos; o una fantasía detectivesca, un thriller en toda regla, pero ahormado a unos elementos formales tan básicos, que más podría parecer un boceto haciéndose pasar por cuadro. Pero lo que cambia su visionado radicalmente es la terrible certeza de una mala pasada del destino, ya que LE PONT DU NORD fue el film que unió en la pantalla a Bulle Ogier y su hija Pascale, prematuramente fallecida sólo tres años después. Es por ello que, más allá de casuísticas o heteronimias autorales, que convierten a Rivette en demiurgo más que en director, la búsqueda infructuosa de estas dos mujeres, con París convertida en un tablero de "La Oca", importa menos por su estructura de fantastique embelesado y sí por unos cuantos instantes arrebatados al celuloide y que trascienden y ejercen casi de despedida metafísica u oprtunidad fijada en la eternidad. Además, Rivette vuelve a demostrar que valen más mil palabras elocuentes que una imagen vacía...
Saludos.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Rivette escribe #11



Pese a contar con un magnífico guion firmado por Suzanne Schiffman, Eduardo de Gregorio y el propio Jacques Rivette, MERRY-GO-ROUND se enrevesa tanto que cuesta una barbaridad adherirse a sus fascinantes planteamientos iniciales. En un arranque comedido y bien temperado, Rivette hace confluir a dos personas (unos más que solventes Joe Dallessandro y Maria Schneider) desde un anonimato que no es tal, ya que no saben que han sido llamados por la misma persona, Elisabeth, que es la hermana de ella y amiga íntima de él. La dificultad del film consiste en armar una trama no ya compleja, sino directamente atomizada cada vez que un personaje nuevo aparece y la ausencia de Elisabeth empieza a constituir un misterio, cuando no una amenaza. Rivette es un experto en los armazones plurales y los argumentos superarticulados, pero es preciso no perder ni un detalle de cada encuentro y cada diálogo, aunque curiosamente no es que sea este un film de inacabables parlamentos, sino más bien un dinámico desfonde del cine de detectives, con unos posmodernos Hércules Poirot y Miss Marple zigzagueando por la campiña del gélido Valle del Oise, mientras son perseguidos por perros cazadores, francotiradores y hasta un caballero medieval... Imaginen.
Saludos.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Rivette escribe #10



1981 fue un año particularmente prolífico para Rivette, tras un periodo dedicado mayormente a la dramaturgia, y en el que de alguna manera intentó volver a armar un puzzle dialéctico, haciendo dialogar entre sí trabajos alternativos. El primero fue un experimento que, siendo francos, le salió regular, porque PARIS S'EN VA es apenas un extracto diagramático sobre la película que vendría un par de meses después y que Rivette se encontraba rodando al tiempo que una tercera. De nuevo aparece aquí el manejo del lenguaje sobre la imagen, para asociarlo a un enigmático juego que las dos protagonistas van describiendo mientras establecen una huida imaginaria por las calles de Paris. Parece un extraño anuncio publicitario, y de hecho vemos a Bulle Ogier viendo postales y caminando por puentes y avenidas, pero es complicado establecer una conexión válida con lo que se nos cuenta.
Sólo para incondicionales, aunque apenas dura 30 minutos.
Saludos.

miércoles, 26 de octubre de 2016

Rivette escribe #9



DUELLE, de 1976 (ingeniosa "feminización" del masculino "duelo"), abundaba aún más en la obsesión de Rivette por la dualidad de la mujer, entendida como luz y oscuridad, y de cómo esto dejaba a las figuras masculinas en un anodino gris secundario. Para ello mezcló el folletín de Feuillade con la novela negra clásica y la ciencia ficción que el realizador galo introducía como un elemento puramente narrativo y nunca formal. El duelo al que alude el título es el que enfrenta a dos hechiceras que transitan por toda la eternidad y para las cuales el destino de la humanidad tiene un sentido bien distinto, mientras Leni posee la luz y cree en la necesaria bondad de los hombres, Viva habita la oscuridad y aspira a destruir toda esperanza a su temible paso. Ambas confluyen en un momento particularmente importante, ya que han descubierto que un grupo de mortales poseen el anillo que llevan mil años buscando y que sólo a una otorgará el poder de reinar sobre la Tierra para toda la eternidad. Como siempre advierto a los incautos, no esperéis encontrar aquí el típico producto hollywoodense repleto de efectos especiales, y prepárense a disfrutar de un guion diabólico y que adopta múltiples formas y motivos, llevando al espectador por medio del poder de la palabra a esos mundos que, efectivamente, siempre estuvieron en éste...
Saludos.

miércoles, 19 de octubre de 2016

Rivette escribe #8



En 1974, Rivette imagina la posibilidad de un film puramente coral, no sólo por estar escrito por muchos de los integrantes del mismo, sino también por la necesidad que siempre tuvo de borrar las fatigosas líneas entre los roles principales y secundarios. Pero más allá de socialismos, lo que de verdad importa en CÉLINE ET JULIE VONT EN BATEAU es la gozosa demostración de que se puede realizar, filmar, una película de corte fantástico partiendo de parámetros absolutamente contrapuestos a los dictados por la industria y valiéndose de la tradición literaria, donde es la imaginación del lector la que debe trabajar para construir el mundo al que es invitado. El problema es que no estamos acostumbrados, y esta película puede ser una experiencia farragosa, pero probablemente lo sea por la explicitud a la que ha ido derivando el cine, envenenando la imagen con explicaciones y sobreentendidos inútiles, y creando a un espectador-tipo infantilizado e incapaz de colaborar con la intención del creador, que no ha hecho más que poner en sus manos herramientas de construcción. Y efectivamente, la trama del film no puede ser más sencilla, y apenas habla de dos mujeres adultas que ensayan lo que parece una inmersión en la imaginación infantil, repensando la realidad que les rodea, sin abandonarla a nuestros ojos, pero actuando como si ésta fuera distinta ¿Qué es, si no, una representación, sino someternos al dulce engaño, renegar de la mediocridad que nos inunda y marcharnos a otra parte que sólo nosotros conocemos?...
Saludos.

miércoles, 12 de octubre de 2016

Rivette escribe #7



OUT 1: SPECTRE es, ni más ni menos, la versión "acortada" (casi cuatro horas) de la película que comentábamos la semana pasada, por lo que poco más se puede añadir, excepto, para los curiosos, que Rivette montó esta versión centrándose mucho más en la historia de Colin y su extravagante búsqueda de "Los trece" por todo París, mientras que los montajes teatrales quedan relegados a un plano testimonial, por lo que el film cobra mayor vigor narrativo, aunque pierda algo del encanto que hacía de la otra una especie de insólito culebrón con las formas de la nouvelle vague. Yo recomiendo ver primero ésta, más concisa, y luego lanzarse sin prejuicios (y con algo más de tiempo) a NOLI ME TANGERE. Hace ya algunos años que el canal Arte lanzó los dos títulos en una mastodóntica edición en DVD, remasterizada y con multitud de subtítulos, por si no les gusta la "pirata" que circula por Internet y que ha sido ripeada de la mítica emisión de la cadena italiana RaiTre.
Que ustedes lo disfruten...
Saludos.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Rivette escribe #6



El reciente parón me ha servido, entre otras cosas, para ver OUT 1, NOLI ME TANGERE, una barbaridad de casi 800 minutos que muchos entendidos no dudan en señalar como verdadera quintaesencia del cine de Jacques Rivette, como un código fuente a partir del que se verbaliza mejor su a menudo compleja obra. La recomendación, de todos modos, es verla de la misma forma en que nos enfrentamos actualmente a series autoconclusivas de ocho o diez episodios, por lo que la experiencia resulta menos traumática y agotadora. Partiendo de la cita bíblica, Rivette erige un canto a la libertad frente a los poderes de la burguesía y el adoctrinamiento, y para ello parte de los interminables ensayos de un grupo de teatro alternativo que preparan dos obras de Esquilo, con la convicción de que el subtexto del dramaturgo griego representa a la perfección el ansia de libertad proveniente de Mayo del 68 y el constante choque con la inacción del pueblo, refractario a cualquier conflicto de intereses. Pero lejos de resultar una película pesada y de impostada gravedad, Rivette inserta a dos personajes clave y muy diferentes entre sí, gracias a los cuales la narración se ramifica insospechadamente y una a todos los protagonistas en una especie de fin común tan azaroso como excitante. Colin (un desatado Jean-Pierre Léaud) es un estrafalario pedigüeño que se hace pasar por sordomudo y revienta la tranquilidad de las terrazas parisinas soplando (tocar sería mucho decir) una armónica insistentemente hasta que le sueltan algo de dinero. Mientras, Emilie (Bulle Ogier) regenta una tienda en la que se vende de todo (la famosa "esquina del azar") y que sirve de punto de reunión a los actores y, más tarde, al propio Colin, que se ofrece a ayudar a encontrar al marido de Emilie, que lleva varios meses desaparecido. La teoría de Colin es que, según varios textos de Balzac, existe un grupo secreto llamado "Los Trece", y que quien logre descifrar el mensaje oculto en las páginas del escritor francés desenmascarará a quienes, según él, mantienen a varias personas en cautiverio. Así, lo que parece primigeniamente un plúmbeo ensayo experimental, se torna un divertido laberinto de estrategias, pasiones y encadenados a lo largo y ancho de un París determinado por sus calles y terrazas, pero indagado en los subsuelos donde los jóvenes, a principios de los años setenta, soñaban con vivir libres, o unos tejados que finalmente (en un guiño magistral a Franju) se esclarecen como campo de batalla.
Si quieren mi opinión, les merece la pena echarle un vistazo por episodios.
Saludos.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Rivette escribe #5



La serie "Cinéastes de notre temps" conforma uno de esos frescos imprescindibles para cualquier buen cinéfilo que se precie de serlo sin pedantería, una especie de "tratado", a veces riguroso, a veces informal, con el que poder comprender la deriva del Séptimo Arte a lo largo del Siglo XX. Quisquillosos o no, uno de los documentos más sinceros y desgarrados que nos dejó fue la conversación que Jacques Rivette filmó en 1966 entre Jean Renoir y el gran Michel Simon, y que por su complejo trasfondo sintáctico y sus niveles de lectura daría para escribir un sesudo análisis entre la siempre complicada relación entre actor y director. A lo largo de infinitos cafés, copas de guindas flotantes, muchos vinos y algún que otro cigarro, el encuadre se niega a hacer participar a los escuchantes, el propio Rivette y los productores, Labarthe y Janine Bazin, esposa del mítico André; y sin embargo, gracias, creo yo, al excelso montaje de Jean Eustache, se centra indirectamente en las torrenciales menciones honoríficas a las colaboraciones entre ambos, ebrios, nostálgicos, evocadores y agradecidos artistas, más que nada TIRE-AU-FLANC, LA CHIENNE y, sobre todo, BOUDU... Pero la conversación transcurre, el parlamento pertenece durante largo tiempo a Simon (como no podría ser de otra manera, claro) y de alguna manera obliga a Rivette (y luego a Eustache) a "asesinar" la figura de Renoir, olvidarla del tema principal, que ya no es el buenrrollismo entre dos amiguetes, sino la resignada amargura con la que el actor desgrana el injusto trato dispensado por el cine francés a su persona, hasta arrinconarlo miserablemente. Esclarecedora es su defensa a ultranza de Sacha Guitry, el único que verdaderamente creía en Simon como un actor "serio", o el paralelismo entre el París de entreguerras y el cinismo con el que se manejaron algunos (muchos) cineastas para preservar un estatus sin necesidad de señalarse política o ideológicamente. Y no son pocos los que dan en llamar al propio Renoir como "El patrón"... Y no en vano, como el propio Rivette advierte al principio de este excepcional documento, "Se trata del retrato de Michel Simon por Jean Renoir... o quizá sea al revés"...
Saludos.

miércoles, 22 de junio de 2016

Rivette escribe #4



Hay quien no duda en señalar L'AMOUR FOU como la gran obra cumbre de toda la filmografía de Jacques Rivette. No dudo de las razones, pero discrepo con reservas, aunque puede que sólo sea que no consigo identificar el fondo de la propuesta con su forma, aun compartiendo la percepción de que se trata de un film simplemente tremendo, por lo ambicioso de su concepción y el descomunal trabajo de los actores, que parecen "vivir" dentro de la mente de quien les dirige. Y no puede ser más simplona, casi de telenovela barata, su premisa argumental, que gira en torno a un director teatral que intenta poner en pie una revolucionaria versión de "Andrómaca", de Jean Racine, prescindiendo de todo ornamento ni expresividad vana. Lo admirable de Rivette es la facilidad con la que nos lleva de un sitio a otro, de la profundidad trágica de esta legendaria obra a los entresijos de la misma, cómo se desambigüan representación y "realidad", y cómo el director, que se reserva el personaje de Pirro, se desenmascara y se nos presenta fuera de la mitología como un mujeriego compulsivo, incapaz de serle fiel a su esposa, primera actriz, que deserta del proyecto tras conocer la vida de su marido. Así, Rivette destensa el melodrama clásico y lo inyecta en nuestra cotidianidad, presenta a sus personajes como humanos superados en todos sus términos y posibilidades, incapaces de representar sus propias vidas en un plano mínimo de coherencia y abocados a elegir siempre la peor opción, generalmente la más fácil. Esto es explicitado en la parte final del film (recordemos que de un total de más de cuatro horas), donde la pareja ensaya una estrafalaria redención en la que la destrucción de todos y cada uno de sus hábitos burgueses les debería ingresar en una supuesta catarsis emocional, aunque la lección que ambos extraen es que, a ciertas alturas, sólo los niños pueden jugar a ser inocentes.
La vida sigue, el teatro sigue, el cine sigue... así que acabemos con todo de una vez...
Saludos.

miércoles, 15 de junio de 2016

Rivette escribe #3



En 1966, Jacques Rivette adaptó la controvertida novela de Denis Diderot que vino a derribar muchos de los muros que en el Siglo XVIII la iglesia aún mantenía como verdaderos baluartes, en concreto sirviéndose de la triste e injustísima vivencia de una joven que fue entregada a un convento al no disponer sus padres de dote, y que al carecer de toda vocación religiosa fue vejada hasta límites intolerables, hasta desembocar en un terrible final. SUZANNE SIMONIN, LA RELIGIEUSE DE DIDEROT no se centra tan solo en la figura de la desdichada, sino también en la auténtica conjura que se reveló en su contra, desde sus egoístas primogénitos, que le confiesan la urgencia de su ingreso no por no poder mantenerla, sino porque ello les acarrearía una vida privada de lujos. O la primera madre superiora, que viene a decirle poco más o menos que lo suyo va a ser nada menos que una reclusión de por vida; aunque peor fue la que sucedió a aquélla a su muerte, empleando métodos que incluían la tortura, el ayuno prolongado, el aislamiento y hasta un esperpéntico exorcismo. De ahí, la joven Suzanne, armada con una determinación irreductible, se enfrenta a todos y cada uno de los estamentos de la iglesia y da a parar a un convento más "relajado", cuya rectora pretende literalmente seducirla. Rivette filma esta intensa y descarnada denuncia de manera fría y precisa, apuntando el foco al hueso y sin detenerse en detalles nimios; desde luego, si la religión católica quiere escandalizarse con una obra cinematográfica, esta es inmejorable. Yo la ponía en Semana Santa, desde luego, aunque sólo sea por disfrutar a la bellísima Anna Karina, musa y esposa godardiana, y que realiza aquí un desarmante trabajo que transmite tanta tristeza como rabia interior. Lo único que le reprocho es el tramo final, con la innecesaria aparición de Paco Rabal como un fraile en exceso matizado en sus, por otra parte, comprensibles calenturas... No hubiese sido para menos.
No ha perdido ni un gramo de vigencia tras 50 años, que es más de lo que pueden decir muchos "modernos" contemporáneos.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!