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lunes, 7 de julio de 2025

Unha vez tiven un cravo

                Unha vez tiven un cravo
          cravado no corazón,
i eu non me acordo xa si era aquel cravo
          de ouro, de ferro ou de amor.
Soio sei que me fixo un mal tan fondo,
          que tanto me atormentóu,
que eu día e noite sin cesar choraba
cal choróu Madalena na Pasión.
          “Señor, que todo o podedes
          —pedínlle unha vez a Dios—
       
daime valor para arrincar dun golpe
          cravo de tal condición”.
       
          E doumo Dios, e arrinquéino;
          mais… ¿quén pensara…? Despóis
          xa non sentín máis tormentos
          nin soupen qué era delor;
soupen só que non sei qué me faltaba
          en donde o cravo faltóu,
e seica, seica tiven soidades
          daquela pena… ¡Bon Dios!
Este barro mortal que envolve o esprito
          ¡quén o entenderá, Señor…!
       

Rosalía de Castro: Follas Novas (1880)

Versións:

Emilio Cao: O cravo; Amiga alba e delgada; 1985; Cara A, Corte 5




Maite Dono: O cravo; Corazón de Brief; 1998; Pista 4




Aid: Unha vez tiven un cravo; Rapoemas; 2012; Pista 8

viernes, 17 de mayo de 2019

¿Quién menoscaba mis bienes?

¿Quién menoscaba mis bienes?
                          Desdenes.
¿Y quién aumenta mis duelos?
                          Los celos.
¿Y quién prueba mi paciencia?
                          Ausencia.
De este modo, en mi dolencia
ningún remedio me alcanza,
pues me matan la esperanza,
desdenes, celos y ausencia.

¿Quién me causa este dolor?
                          Amor.
Y ¿quién mi gloria repugna?
                          Fortuna.
Y ¿quién consiente en mi duelo?
                          El cielo.
De ese modo, yo recelo
morir de este mal extraño,
pues se aúnan en mi daño
amor, fortuna y el cielo.

¿Quién mejorará mi suerte?
                          La muerte.
Y el bien de amor, ¿quién le alcanza?
                          Mudanza.
Y sus males, ¿quién los cura?
                          Locura.
De ese modo, no es cordura
querer curar la pasión,
cuando los remedios son
muerte, mudanza y locura.

Miguel de Cervantes: Don Quijote de la Mancha (I, 27) (1605)

Versións:
Espliego, Amancio Prada e Maite Dono: ¿Quién menoscaba mis bienes?; Nunca fuera caballero; 2005; Pista 6


Ángel Corpa: ¿Quién menoscaba mis bienes?; Amor tiene por nombre; 2005; Pista 11

jueves, 11 de enero de 2018

¡Oh, tú, que estás en tu lecho ...!

—¡Oh, tú, que estás en tu lecho
entre sábanas de holanda,
durmiendo a pierna tendida
de la noche a la mañana.
Caballero el más valiente
que ha producido la Mancha,
más honesto y más bendito
que el oro fino de Arabia!
Oye a una triste doncella,
bien crecida y mal lograda,
que en la luz de tus dos soles
se siente abrasar el alma.
Tú buscas tus aventuras,
y ajenas desdichas hallas;
das las feridas, y niegas
el remedio de sanarlas.
Dime valeroso joven,
que Dios prospere tus ansias,
si te criaste en la Libia,
o en las montañas de Jaca;
si sierpes te dieron leche;
si a dicha fueron tus amas
la aspereza de las selvas
y el horror de las montañas.
Muy bien puede Dulcinea,
doncella rolliza y sana,
preciarse de que ha rendido
a un tigre y fiera brava.
Por esto será famosa
desde Henares a Jarama,
desde el Tajo a Manzanares,
desde Pisuerga hasta Arlanza.
Trocárame yo por ella,
y diera encima una saya
de las más gayadas mías,
que de oro le adornan franjas.
¡Oh, quién se viera en tus brazos,
o si no, junto a tu cama,
rascándote la cabeza
y matándote la caspa!
Mucho pido, y no soy digna
de merced tan señalada:
los pies quisiera traerte,
que a una humilde esto le basta.
¡Oh, qué de cofias te diera,
qué de escarpines de plata,
qué de calzas de damasco,
qué de herreruelos de holanda!
¡Qué de finísimas perlas,
cada cual como una agalla,
que a no tener compañeras,
Las solas fueran llamadas!
No mires de tu Tarpeya
este incendio que me abrasa,
Nerón manchego del mundo,
ni le avives con tu saña.
Niña soy, pulcela tierna;
mi edad de quince no pasa:
catorce tengo y tres meses,
te juro en Dios y en mi ánima.
No soy renca, ni soy coja,
ni tengo nada de manca;
los cabellos, como lirios,
que, en pie, por el suelo arrastran.
Y aunque es mi boca aguileña
y la nariz algo chata,
ser mis dientes de topacios
mi belleza al cielo ensalza.
Mi voz, ya ves, si me escuchas,
que a la que es más dulce iguala,
y soy de disposición
algo menos que mediana.
Estas y otras gracias mías,
son despojos de tu aljaba;
desta casa soy doncella,
y Altisidora me llaman.

Miguel de Cervantes: Don Quijote de la Mancha (II, 44) (1615)

Versións:
Espliego e Maite Dono: Oh tú, que estás en tu lecho; Nunca fuera caballero; 2005; Pista 13