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29.4.26

Hoy no cumplís 90 años



Quiero abrazarte salvajemente. 
Besarte hasta que te alejes de mi miedo 
como se aleja un pájaro del borde filoso de la noche.




***

Fragmento: Diarios (Lumen).

29.4.21

85 escritoras se unen para celebrar el 85 aniversario de Alejandra Pizarnik

85 escritoras se unen para celebrar el 85 aniversario de Alejandra Pizarnik

Diario El Popular

EFEEFELIBÉLULA | 28 ABR 2021

85 voces amigas, de 15 países -España, Argentina, Chile, Cuba, Uruguay, Perú, México, Polonia, Bulgaria, Australia, Marruecos, Francia, Rumanía, Italia e Israel, se han unido en un libro para celebrar el aniversario de la escritora.


Exploradora del silencio y de las sombras y hacedora de un lenguaje bello y herido, pero que no pudo salvarla, Alejandra Pizarnik, la gran poeta argentina que se suicidó a los 36 años, en 1972, hubiera cumplido mañana 85 años.


Con este motivo, 85 voces amigas, escritoras de 15 países -España, Argentina, Chile, Cuba, Uruguay, Perú, México, Polonia, Bulgaria, Australia, Marruecos, Francia, Rumanía, Italia e Israel, se han unido en un libro para celebrar el aniversario de la escritora que dijo: "Yo he firmado un pacto con la tragedia y un acuerdo con la desmesura".


Publicado por Huso en la colección Homenaje y titulado Alejandra y sus múltiples voces, este libro contiene diferentes miradas sobre Flora Pizarnik Bromiquier, como así se llamó al nacer, luego Alejandra, nacida el 29 de abril de 1936 en Buenos Aires.


La selección de los textos y su edición


Mayda Bustamante dice en el prólogo que a Pizarnik “el suicidio le jugó una mala pasada. No contó nunca con que su muerte la convertiría en inmortal”.


“Gracias, Alejandra -añade-, por permitirme, como diría mi amiga Marifé Santiago Bolaños, ‘entrar en el bosque para encontrar los claros que todo bosque guarda’”.


Y es que la escritora y filósofa española Marifé Santiago ha tenido también mucho que ver en la costura de este volumen, ya que ha sido quien ha reunido a muchas de las autoras que participan, y ha llevado a sus páginas los textos de Sandra Riaboy y Miriam Pizarnik, sobrina y hermana, respectivamente, de Alejandra.


La sobrina y hermana de la poeta aportan, además, documentos gráficos, imágenes familiares. Miriam Pizarnik, solo un año mayor que la poeta, incluye para esta ocasión una ponencia leída en la Universidad Hebrea de Jerusalén en representación de la familia de Alejandra Pizarnik, para inaugurar el Coloquio Internacional Pizarnik en Jerusalén.


“Pero el silencio es cierto.Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola. Hay alguien aquí que tiembla”, susurró Pizarnik, una de las voces más importantes de la segunda mitad del siglo XX, cuya vida siempre estuvo rodeada de un cierto malditismo, y a ello contribuyó sin duda el que se quitara tan joven la vida con una sobredosis de barbitúricos.


Transgresora en la vida y en la poesía

Que para el caso era lo mismo, Pizarnik era hija de inmigrantes judíos de origen ruso-polaco que trabajaban en la joyería. Delicada y sensible, en 1954 comenzó a estudiar Filosofía en la Universidad, con el deseo y el sueño de conocer la cultura francesa, y estudió periodismo y literatura.


Empezó a escribir desde muy joven y a escondidas, y publicó un primer libro, La tierra más ajena, con la ayuda de su padre, como relata su propia hermana. A los 18 años ya estaba metida en el mundo de las letras, trabando amistad con Oliverio Girondo, Nora Langué, Manuel Mújica Laínez, Victoria Ocampo, Bioy Casares, Silvina Ocampo y, muy especialmente, con Olga Orozco.


Escribió y publicó mucho. Consiguió la beca Guggenheim en 1968 y en 1971 le otorgaron la Fulbright. A los 24 cumplió su sueño de viajar a Francia, donde vivió cuatro años. Antes ya había publicado Las aventuras perdidas, en 1958.


En París estudió y tradujo a Artaud, Michaux o Bonnefoy, y conoció a alguien fundamental, Julio Cortázar, con quien entabló una amistad muy estrecha.


Después regresó a Buenos Aires, pero siguió con sus vaivenes de angustia, entradas y salidas del hospital e intentos de suicidio.


Entretanto produjo títulos imprescindibles, entre ellos, Los trabajos y las noches (1965), Extracción de la piedra de la locura (1968) o El infierno musical (1971).


En Alejandra y sus múltiples voces, autoras como Chantal Maillard, Cristina Peri Rossi o Fanny Rubio, entre otras muchas, componen con sus poesías y ensayos a una Pizarnik completa, haciendo de este libro una obra de referencia.

***


Fuente: tomado de El Popular, México.

Comprar el libro en línea: Alejandra Pizarnik y sus múltiples voces: 85 voces se abrazan al privilegio de celebrar tu 85 aniversario

25.9.17

Fotografía (poco conocida) para rememorarla un año más tras su partida


En orden de aparición de izquierda a derecha: Silvina Ocampo, Enrique Pezzoni, Alejandra Pizarnik, Edgardo Cozarinski y Manuel Mujica Láinez.



***
Imagen: fotografía tomada del grupo de Facebook Queremos tanto a Alejandra Pizarnik que nos duele.
Agradecimiento: damos las gracias a Cristina Piña por facilitarnos los nombres de los otros retratados.

14.1.16

Mi visita a la tumba de Alejandra Pizarnik, enero 2016


Y que de mí no quede más que la alegría de quien pidió entrar 
y le fue concedido.




Vista panorámica de la tumba de Alejandra Pizarnik, cementerio israelita La Tablada, Buenos Aires, Argentina.



Plano orientador del cementerio La Tablada, con ubicación exacta de la tumba de Flora Pizarnik.



Vista de la manzana 21, que alberga la tumba de Pizarnik.



Tumba de Alejandra y su padre, Elías Pizarnik.



Detalle de la tumba de Pizarnik.



Detalle de la tumba de Pizarnik y ofrendas.



Mi ofrenda...



Vista lateral de la tumba de Alejandra Pizarnik.



Vista alejada de la tumba de Elías y Alejandra Pizarnik (su tumba se encuentra justo en frente a la banca de piedra).


***


Nota: por favor, citar la fuente de las imágenes (alejandrapizarnik.blogspot.com) en caso de utilizarlas.

3.7.15

Recuerdo de Alejandra por León Ostrov



Hace veinticinco años —fue a mediados del 57— una mujer me llamó por teléfono para pedirme una entrevista. Mi primera impresión, cuando la vi, fue la de estar frente a una adolescente entre angélica y estrafalaria. Me impresionaron sus grandes ojos, transparentes y aterrados, y su voz, grave y lenta, en la que temblaban todos los miedos. (Me acordé de esa criatura perdida en el mar de un cuento de Supervielle). El diálogo que entonces iniciamos, y que duró poco más de un año, continuó después, ya instalada en París, en cartas que no hacían más que corroborar lo que desde los primeros momentos supe: que con Alejandra Pizarnik, romántica y surrealista, pero por encima de todo, ella, Alejandra, inclasificable y única, algo importante se incorporaba a nuestras letras.

Alejandra me traía, habitualmente, un poema, páginas de su diario, un dibujo (había comenzado a asistir al taller de Batlle Planas). Y ahora lo puedo decir: no podía sustraerme al goce estético que su lectura, su visión suscitaban en mí, y quedaba, en ocasiones, si no olvidada, postergada mi específica tarea profesional, como si yo hubiera entrado en el mundo mágico de Alejandra no para exorcizar sus fantasmas sino para compartirlos y sufrir y deleitarme con ellos, con ella. No estoy seguro de haberla siempre psicoanalizado; sé que siempre Alejandra me poetizaba a mí.

La entrega de Alejandra a la poesía era total, absoluta. Fue lo que le permitió resistir —hasta que decidió abandonar la lucha— los embates del viento feroz. La irrenunciable y heroica tarea de acercarse al caos para entrever su ley secreta, de atisbar en las tinieblas para iluminarlas con el relámpago de la palabra precisa y bella fue la tarea que eligió como definición de su destino. (Necesito hacer bellas mis fantasías, mis visiones. De lo contrario, no podré vivir. Tengo que transformar, tengo que hacer visiones iluminadas de mis miserias y de mis imposibilidades… Hoy me apliqué varias horas a Góngora… él "sabía", se daba cuenta de las palabras, de todas y de cada una).

Siempre confié en Alejandra. Más allá de sus desfallecimientos, de susabandonos, de sus renuncias, de sus angustias, de sus muertes —de su muerte— sabía yo que estaba salvada, irremediablemente, porque la poesía estaba en ella como una fuerza inconmovible. Y si los poderes oscuros,algunas veces, parecían ganar terreno, no era más que el trámite inevitable para que, después, lo terrible entrevisto se convirtiera en condición decrecimiento y de mayor lucidez. Hasta que Alejandra —hace diez años— decidió interrumpir su búsqueda. ¿Porque había ya encontrado? ¿Porque sintió que nunca encontraría? (Simplemente, no soy de este mundo… Yo habito con frenesí la luna… No tengo miedo de morir; tengo miedo de esta tierra ajena, agresiva… No puedo pensar en las cosas concretas; no me interesan… Yo no sé hablar como todos. Mis palabras suenan extrañas y vienen de lejos, de donde no es, de los encuentros con nadie…¿qué haré cuando me sumerja en mis mundos fantásticos y no pueda ascender? Porque alguna vez va a tener que suceder. Me iré y no sabré volver. Es más, no sabré siquiera que hay un "saber volver". Ni lo querré acaso).

En una carta le contaba que en mis últimos días de París, allá por el 55, había resuelto llevarme algo de la ciudad —el inexcusable souvenir— y morosamente le narraba mi aventura. Alejandra, a su vez, me confió que detener que llevarse algo, como recuerdo de su estancia en París, se llevaría la fachada de una casa medio derruida que había visto en un pueblito — Fontenay-aux-Roses— cuya estación de ferrocarril está llena de rosas. Las ventanas de esa casa eran de color lila, pero de un lila tan mágico, tan como los sueños hermosos, que imaginaba que entraba en ella, y una voz la recibía: Hace tanto que te esperaba… Y allí se quedaba —para siempre — porque ya no tendría que buscar más.



***
Texto: palabras del psicoanalista León Ostrov, tomadas del libro Alejandra Pizarnik |León Ostrov. Cartas (Euvim).
Imagen: fotografía "Cosido a mi corazón" de Anna O.

26.6.14

Veo a una psicoanalista...


1961

... Veo a una psicoanalista: M. S., que trata de enseñarme (con escaso provecho) a relajarme. Esto último me ha llevado a pensar en mi psicoanálisis, en la posibilidad, o imposibilidad,de que un ser ayuda a otro. Yo creo que hay algo muy complejo y difícil y terrible en la gente como yo: los que quieren curarse y demandan ayuda: Ayúdame pues no quiero que me ayuden*. Actualmente todo me es difícil e inextricable. Siento que me transportaron de la selva a la ciudad. De los dioses implacables (pero dioses al fin pues yo los hacía) a los hombres, los prójimos, los de aquí. Resultado: ni sueño ni realidad.


* Esta frase se reencuentra textualmente en el poema "Figuras y silencios", de Extracción de la piedra de locura:

             Manos crispadas me confinan al exilio.
             Ayúdame a no pedir ayuda.
             Me quieren anochecer, me van a morir.
             Ayúdame a no pedir ayuda.


...
Texto: tomado de una carta escrita en París y fechada en 1961. Libro: Alejandra Pizarnik correspondencia de Ivonne Bordelois (Seix Barral).
Imagen: "Mujer saliendo del psicoanalista" de Remedios Varo.

2.11.12

Los Pizarnik y Hitler


Habla Myriam Pizarnik de Nesis, hermana de Alejandra:

"Mi mamá fue la que cerró las puertas de su casa, ahí en Rovne. Fue la última en venir. Primero, pasaron por Francia. Mi padre tenía dos hermanos en parís. Y luego vinieron hacia la Argentina. Mi madre fue una persona más bien triste, porque recordaba su infancia, su adolescencia, su juventud. Qué bueno, que tenía amigos, que andaban en bicicleta; también iban a bailar. Cuando se congelaban los lagos, se patinaba. En el hospital Fiorito, de Avellaneda, tanto yo como Alejandra nacimos ahí. La vida de mis padres fue una lucha: sin idioma, sin trabajo. Cuando comenzó Alejandra, a los cuatro años, el colegio ídish, era ya una escuela llamada progresista.

Fue muy triste, porque si yo tenía cinco años y me enteraba de que Hitler estaba invadiendo así diversos países. Yo hasta tenía tal temor que pensaba que podía venir acá y me tapaba la cabeza por el temor de que eso siguiera avanzando. Y era una criatura de cinco años. Había ratos que uno se distraía. Se jugaba a las estatuas con prendas; después a la rayuela. Lo peor del día era cuando mi padre recibía todas las tardes el periódico enterándose de lo que sucedía en Europa. Cada vez recibíamos menos cartas de la familia. Fueron unos años muy duros, muy difíciles. A mi abuelo lo habían llevado a hacer caminos, construir caminos, y a mi abuela y a mis tías, ellas estuvieron en campos de concentración. […] Mis tíos de Francia sí pudieron salvarse, escondiéndose en las campiñas". 





***
Texto: transcripción del documental “Memoria iluminada” de Virna Molina y Ernesto Ardito.
Imágenes: tomadas del documental "Memoria Iluminada" y del blog Hablo de mí.
En las fotografías, Alejandra es la niña de cabello oscuro y su hermana Myriam, la rubia.

23.10.12

Los malditos: Alejandra Pizarnik (fragmento Bordelois)


[...] Las primeras semanas [en París] las pasó en casa de sus tíos, pero aguantó muy poco y alquiló una pequeña habitación frente a la iglesia de St. Sulpice. En ese barrio, en un pequeño restaurant, conoció a Ivonne Bordelois, que cuenta:

—Nos presentó mi tía. Alejandra se vino con todo, camionera, puteando. Se imaginaba que iba a encontrar a una niñita acartonada porque yo era de una familia francesa. Y a mí me causaba gracia porque había en ella un esfuerzo demasiado intenso, algo infantil, en tratar de chocarme. Pero cuando empezamos a hablar de literatura, entendí que ella sabía. Era menor que yo y sabía más que yo. Me di cuenta de que no debía dejarla pasar.

Ivonne empezó a alternar sus clases en La Sorbone con visitas al departamento de la rue de St. Sulpice.

—Alejandra destruyó su departamentito desde todo punto de vista, nunca limpió nada, era un caos de papeles, hacía frío. Era maravisollo escucharla hablar de poesía esas tardes y esas noches: decía cosas que yo no había escuchado antes, que ciertamente jamás había escuchado en la academia. Era agudísima en sus juicios. Tenía un humor increíble, negro, judío, delirante. Tampoco había conocido a nadie capaz de hacer lo que ella hacía con el castellano: la sonoridad que le encontró a la lengua es única. Yo creo que Alejandra es la Rimbaud del español: llevó el lenguaje a lugares donde nadie más llegó. Con una diferencia: fue más valiente que Rimbaud. Él abandonó la poesía, mientras que Alejandra luchó con el lenguaje hasta el final, puso el cuerpo. Era fascinante. Todos los que la conocían quedaban fascinados.

[...] Sus amigos recuerdan mucho más su humor que su desdicha.

—Yo lamento que haya trascendido con el halo trágico. Suicidarse se suicida mucha gente: ella era distinta, era una visionaria. Su humor tenía cantidad de matices y hacía cosas preciosas cuando conversaba —dice Ivonne Bordelois.

[...]

***
Texto: tomado del libro Los malditos de la editora Leila Guerriero, Ediciones Universidad Diego Portales. La biografía sobre Alejandra Pizarnik pertenece a Mariana Enríquez.
Imagen: tomada del documental Memoria iluminada del canal Encuentro e ilustrada con una frase de Ivonne Bordelois.

19.9.12

Antonio Requeni habla de Alejandra Pizarnik



"Conocí a Alejandra Pizarnik cuando era una adolescente. Menuda de cuerpo, linda de cara, el pelo rubio y corto, y unos ojos claros llenos de deslumbramiento, en los que brillaba a menudo una chispa traviesa. Vivía entonces con sus padres en Avellaneda (es una calle de Buenos Aires) donde yo la visitaba en su cuarto atiborrado de libros (Nerval, Baudelaire, Rimbaud, Lautremont), papeles manuscritos con letra pequeña e infantil, reproducciones de motivos abstractos, afiches y collages, que ella misma componía haciendo gala de un humor tierno y corrosivo a la vez, en el que ya apuntaban signos de su futura personalidad». Continúa Requeni: «A pesar de algunas aproximaciones a grupos poéticos de vanguardia, Alejandra Pizarnik era una isla solitaria en nuestro ambiente literario, una personalidad aparentemente desprendida de su contorno social, sólo atenta a los propios ecos de su subconsciente, marcada con el sello (o el estigma) de una tremenda lucidez y desde el punto de vista literario, dueña de un notable rigor estilístico".




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Texto: tomado de Centro Virtual Cervantes.
Imágenes: tomadas del documental Memoria iluminada del canal Encuentro.

30.8.12

Ana María Barrenechea habla de Alejandra Pizarnik


 
“En ese momento, aun cuando a veces tuviera dolores, sufrimiento, era capaz de olvidarlos y de sentir una especie de plenitud, de juego, de diálogo con los demás, de estar constantemente en el caso de la relación […], de estar constantemente trabajando sobre la palabra y la capacidad inventiva de la palabra. En ese sentido, yo no [había] tenido nunca una experiencia de relación de amistad profunda con alumnas mías que tuvieran una posibilidad creativa tan grande [como Alejandra] y que esa posibilidad creativa les diera, les abriera, caminos increíbles que les ofreciera el mismo lenguaje”, Ana María Barrenechea en Vértigos o la contemplación de algo que cae de Vanessa Ragone.

Primera parte de Vértigos o la contemplación de algo que cae:


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25.8.12

Alejandra Pizarnik por Sara Facio


"[Alejandra Pizarnik] Llegó a mi estudio para conocerme. Quería que le tomara fotos, pero antes tenía que saber cómo era... bastante insólito, pero ya me habían advertido que era una persona diferente. Hablaba con un acento ruso (?), modulando las palabras muy lentamente.

A los pocos minutos de estar conversando sonó el timbre y entró Silvina Ocampo. No hubo necesidad de presentarla. Al verla, Alejandra se transformó; perdió el personaje que había compuesto hasta ese momento y sucumbió al encanto de Silvina. Después me contó que lo que más deseaba en el mundo era conocerla....

Obviamente esa tarde las fotos no se hicieron.

Pasamos la sesión a la semana siguiente en la casa de sus padres, en un barrio muy modesto, donde vivía provisionalmente".  Sara Facio.



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Texto e imagen: Sara Facio. Tomados de Sara Facio, homenaje a la gran fotógrafa argentina.

5.6.12

Alejandra Pizarnik... marcador verde o rojo


De la antología de tangos de Idea Vilariño subraya, con marcador verde, algunas líneas de Malena, de Homero Manzi: “Y en cada verso pone su corazón/ su voz perfumada/ tal vez, allá en la infancia, su voz de alondra/ tomó ese tono oscuro de callejón/ tus ojos son oscuros como el olvido/ tus tangos son criaturas abandonadas”. Pizarnik usaba marcador verde si entendía la letra con un ánimo vital y rojo si era lo contrario. Escribía sus poemas a mano y luego los pasaba a máquina.


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Texto: tomado de "Una muestra sobre Pizarnik: (casi) simplemente sangre" de Ezequiel Alemian.
Imagen: cadáver exquisito de Alejandra Pizarnik, tomado de Alejandra Pizarnik de Cristina Piña.

1.6.12

El deseo y la palabra. Homenaje a Alejandra Pizarnik. Museo Enrique Larreta



Este video muestra, en un breve recorrido, algunos de los objetos queridos de Alejandra Pizarnik, sus fotos, libros, dibujos y cuadernos de anotaciones. Asimismo, incluye una explicación del ilustrador Santiago Caruso sobre su trabajo y una lectura de Fernando Noy, amigo de Alejandra. La exposición "El deseo y la palabra. Homenaje a Alejandra Pizarnik" se encuentra en el museo Enrique Larreta, Buenos Aires, Argentina. Para mayores detalles, puede visitar la página del museo Enrique Larreta y la página de Santiago Caruso.

31.5.12

Alejandra se iba de tiendas con las amigas...


En cuanto a su vestimenta, cuando iba a una fiesta, usaba un traje gris de franela y un vestido negro. Ella, al contrario de lo que se ha dicho, se preocupaba por la apariencia. Se iba de tiendas con las amigas a buscar ofertas [...] Alejandra no se maquillaba, pero se ponía aceite de ricino en las pestañas y en los labios un rosa casi blanco.


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Texto y foto: tomados de Alejandra Pizarnik. Una iconografía de Patricia Venti, investigadora especialista en Alejandra Pizarnik.

23.9.10

La familia literaria de Alejandra Pizarnik

Creo no exagerar si considero a Bajarlía [Juan Jacobo] una especie de Virgilio para la Alajandra de dieciocho años que, por primera vez, se aventuraba en lo que luego sería 'su' medio por derecho propio, pues además de revelarle algunos de los nombres fundamentales para la configuración de su "familia literaria" y su línea de filiación poética, fue la primera mirada 'autorizada' a quien le mostró sus poemas —en largas conversaciones y lecturas por los cafés donde circulaban los escritores de la época—, quien la ayudó a corregir todos los textos que después formarían parte de su primer libro, La tierra más ajena —pagado por su padre—, quien le presentó a su primer editor, Arturo Cuadrado, y quien la introdujo entre los primeros artistas con los que entró en contacto —Juan Batle Planas, Oliverio Girondo, Aldo Pellegrini—, es decir, algunas de las figuras centrales del grupo surrealista e invencionista argentino.


Nota (imagen): 'Beatriz intercede por Dante ante Virgilio" por Gutavo Doré.
Nota (texto): Alejandra Pizarnik por Cristina Piña.

4.12.06

Entrevista a Alejandra Pizarnik (Lagunas)

Entrevista de Alberto Lagunas

DOS PALABRAS PARA UN REPORTAJE
Alberto Lagunas
Entrevisté a Alejandra Pizarnik inmediatamente después de que ella ganara el primer premio en el concurso a la producción literaria de 1965 por "Los trabajos y las noches", organizado por la Municipalidad de Buenos Aires.
Este reportaje fue publicado en 1966 en un diario de Rosario de escaso tiraje, ya desaparecido.
Tanto las preguntas como las respuestas fueron hechas por escrito, de manera que la palabra de la poeta se presenta sin ninguna alteración.

EL REPORTAJE
A.L: ¿Sabe realmente cuándo comienza a escribir un poema, en otras palabras, cree en la inspiración?
A.P.: No puedo creer en la "inspiración". Pero no se trata de una creencia sino de asistir a una evidencia.
A.L.: ¿Cómo "trabaja’ o "siente" la poesía que hace?
A.P..: Casi siempre trabajo mis poemas a larga distancia. Me importa mucho el rol de la noción de distancia en la compleja relación autor-poema. Pero distancia, en lengua argentina, suele equivaler a frialdad. Ignoro el sentido de este término y agrego que necesito más inspiración (o como quiera llamarse) para trabajar un poema que para alumbrarlo (verbo más adecuado a la segunda etapa, la del trabajo, que no conviene llamar trabajo por su connotación utilitaria). No sé qué otro término podría emplearse pero yo hablaría de intento de curación o de reparación del poema, lo cual no tiene relación alguna con el acto aplicado y escolar de corregir cuartillas con fines de perfección externa de eso que llaman forma.
A.L.: ¿Qué significan para Usted los premios?
A.P..: Una cierta suma de dinero. En cuanto a los premios honoríficos, o sea sin billetes, les quito todo derecho de autodenominarse premios.
A.L.: ¿Cómo ve el panorama literario argentino?
A.P..: No logro verlo. En cambio, vislumbro el panorama literario latinoamericano: Vale la pena frecuentarlo.
A.L.: ¿Qué nombres marcarían el siglo XX literario?
A.P..: Kafka, Breton, Joyce Sigma
A.L.: ¿Se atrevería a definir la poesía?
A.P..: No. No me atrevería.
A.L.: ¿Habría diferencia entre "lo poético" y "lo literario"?
A.P..: Hay inmensas diferencias. El sol es poético y no es literario. Cualquier objeto y cualquier sujeto puede ser poético sin ser literario.
Por otra parte, hay que distinguir entre lo poético y el poema, como así también entre lo literario y la literatura. O sea, lo poético y lo literario son atributos inmanentes de sujetos y objetos variados. La alquimia poética o la alquimia literaria puede hacerlos "visibles" como diría Paul Klee, y es esta una de las razones por las que la poesía y la literatura son apasionantes.
A.L.: ¿Qué le preocupa más cuando da a conocer un libro de poesías?
A.P..: Cuando doy a conocer un libro de poesías nada me preocupa porque me alegra demasiado la perspectiva de quitarme de encima el peso de mis poemas, tan livianos cuando dejan de ser míos o inéditos y cuando algún lector privilegiado los asume y, así, me ayuda a compartir el terrible peso de la palabra solitaria, que deja de serlo gracias a esta operación maravillosa como es el encuentro entre un lector y un poema.
A.L.: ¿En qué está trabajando actualmente?
A.P..: Estoy esperando que sea octubre para ver publicado por Sudamericana mi sexto libro de poemas: “Fragmentos para dominar el silencio” (1). Entretanto, trabajo en poemas nuevos (creo que nuevos en todos los sentidos de esta palabra ambigua) que constituirán un séptimo libro de poemas. Aún no tiene título pero yo lo llamo “J.B.” por Jerónimo Bosch (algunos poemas se relacionan con dos cuadros de él). En fin, ignoro si se trata de un libro o de una prueba en el sentido trágico y antiguo, cuando el destino probaba a una criatura humana infligiéndole alegrías y desdichas peculiares. Pero prefiero no seguir hablando de lo que aún no es.
Notas:
(1) "Fragmentos para dominar el silencio” volumen que luego llevó por título "Extracción de la piedra de locura" (Sudamericana, 1968).
(2) "J.B." es posible que sea "El infierno musical" (Fondo de Cultura Económica, México, 1971-72). Ambos títulos aluden a obras del pintor flamenco.

Nota: Encontrado en:
http://sololiteratura.com/php/docinterno.php?cat=miscelanea&doc=356