Chéri narra el curioso y poco convencional romance entre Léa, una cortesana cercana ya a la cincuentena y Chéri, un joven de veinte años. La novela arranca con la lógica ruptura amistosa de esta relación por el inminente matrimonio del muchacho.
Lo primero que me ha sorprendido de esta obra es la audacia de Colette al colocar en su época como protagonista absoluta a una mujer madura de vida licenciosa. Léa, además, es la que elige a sus jóvenes amantes (lo de jóvenes es una condición indispensable) y les paga y educa en muchos aspectos de la vida. Pero no caigamos en el error: ambas partes obtienen provecho, porque Léa disfruta de la hermosura y la juventud que le reportan sus amantes.
Con esta premisa uno podría pensar que Léa es un ser odioso, una especie de víbora asaltacunas que el lector puede llegar a odiar, pero no es el caso. Léa es un personaje soberbiamente creado, de la que uno se enamora en el primer diálogo. Léa es descrita por Colette como una mujer hermosa, inteligente, rica. Sabe perfectamente cuáles son sus límites y los acata. Me gusta mucho cómo puede llegar a ser irónica consigo misma y cómo trata de evitarse sufrimientos emocionales.
Precisamente por todo esto conmueve profundamente cómo, tras romper la relación por el matrimonio de Chéri, descubre su gran amor por él (aunque aún sigo preguntándome qué demonios le ve). Acostumbrada a que los jóvenes vuelen por sí solos, es la primera vez que le sucede y la situación se le antoja dura y dolorosa. Este descubrimiento va unido a otro aún peor: la toma conciencia de estar envejeciendo.
"Una mujer vieja y jadeante repitió, en el espejo ovalado, su gesto, y Léa se preguntó qué podía ella tener en común con aquella loca."
Mientras la sociedad ve en ella a una hermosa dama, Léa sabe que su edad es una barrera insalvable para su amor o incluso para encontrar otro en un futuro. A partir de entonces, su vida se convierte en una lucha para superar el dolor por la ausencia del ser amado y la determinación de comenzar una nueva vida lejos del amor.
Ya dice el refrán que las buenas esencias vienen en frasco pequeño. Chéri, con su exquisita escritura y sus inteligentes y divertidos diálogos, no me extraña que sea ya un clásico del siglo XX.
Hace poco Stephen Frears adaptó Chéri a la gran pantalla. Pasó sin pena ni gloria por la Berlinale y muchos expertos dicen que es una obra menor del director. De todas maneras, tengo que verla. No sólo porque me gusta el cine de Frears. Es que Michelle Pfeiffer es la actriz idónea para personalizar a Léa. Y, además, una sola mirada suya en un papel como éste, con tantos matices, seguro que es capaz de sostener toda una película.