Digamos que le falta mucho para ser Bécquer, incluso para ser Espronceda,
pero no está mal.
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Digamos que le falta mucho para ser Bécquer, incluso para ser Espronceda,
pero no está mal.
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publicado en el número 1 de Punta Europa (enero 1956), Christopher Dawson incidía en el complejo de inferioridad de los españoles en cuanto a su historia y su cultura, partiendo de una realidad: lo poco que los extranjeros se ocupan de España.
...mientras la política española ha despertado siempre profundo interés
y controversia, la historia de España ha sido extrañamente abandonada por la
mayoría de los que han escrito sobre cultura europea [...] [Estos], salvo alguna rara excepción, como Ranke en
el pasado o Curtius actualmente, han mostrado una extraordinaria falta de
interés y, con frecuencia, una sorprendente ignorancia sobre cuál haya sido la
contribución de España a la herencia común de la cultura occidental o sobre la
luz que la evolución de España pueda arrojar sobre el proceso de la evolución
europea.
Tenga esto o no que ver, lo cierto es que los españoles
pasaron mucho tiempo (quizá hasta hoy mismo) cuestionando su europeidad, cuando
no, añado por mi cuenta, problematizándose a sí mismos por esa razón.
No hay nación que haya prestado mayor atención a sus relaciones con
Europa, al problema de cómo conciliar su propia y característica tradición
nacional con la línea general de la cultura europea. Esto ha ocurrido
particularmente en los últimos 50 o 60 años, desde 1898, en cuando que la
generación del 98 fue profunda y casi morbosamente consciente de la divergencia
entre España y Europa, y de la necesidad de una nueva síntesis que asegurase
las características esenciales de la cultura española, poniendo fin a la vez al
aislamiento en que se había hallado España durante el siglo XVIII y buena parte
del XIX.
Si es que ese aislamiento fue real, como vienen dudando, y
ya es hora, muchos revisionistas de nuestro siglo. Lo curioso es que
En el Norte, la idea de Europa se asocia a la idea de tradición y
especialmente a la idea de Cristiandad como unidad supranacional. En España,
por el contrario, el concepto de Europa ha adquirido un carácter
antitradicional. Se asocia con innovación e introducción de nuevas formas de
vida y de ideas revolucionarias y subversivas.
“El Señor no nos pide no tener enemigos, sino amarlos”, dice el cardenal Sarah. San Josemaría, sin embargo, nos exhortaba a tener sólo amigos, “de la izquierda y de la derecha”; se refería, claro, a no tener enemigos personales. En ese sentido, amar a los enemigos es lo mismo que no tenerlos. Sarah se refiere a los que son enemigos nuestros por serlo de la Iglesia: esos no podemos ignorarlos, pero
la fortaleza cristiana tiene que infundir en nosotros el coraje para
enfrentarnos sin miedo a las sonrisas desdeñosas de los biempensantes, de los
medios y de las supuestas élites. Debemos recuperar la audacia de hacer frente
a la inquisición secularista que expide certificados de buena conducta y
estigmatiza desde lo alto de la autoridad que se ha conferido a sí misma.
(En Se hace tarde y anochece,
capítulo 17)
Con motivo de la entrevista que Francisco concedió a Antonio Spadaro a los seis meses de su elección, el nuevo Papa pidió a Benedicto su
parecer sobre lo que allí se decía. A propósito del modo en que los católicos
debían hablar sobre cuestiones como el aborto o la homosexualidad, Benedicto muestra su acuerdo en
términos diplomatiquísimos (y respetuosísimos, por supuesto). Sin embargo,
Me gustaría añadir un aspecto complementario. Por haber vivido 23 años
junto al Beato Juan Pablo II, fui testigo del modo apasionado con el que llevó
adelante su lucha por la vida. Comprendí que el beato Papa veía en la lucha pro-vida, junto con la lucha por los derechos
humanos, un núcleo esencial de su misión. Y comprendí también que para Juan
Pablo II esto no era un moralismo, sino la lucha pro la presencia de Dios en la
vida humana. Juan Pablo II, así lo aprendí, había comprendido que el aborto y
las formas de procreación artificial, de manipulación y de destrucción de vidas
humanas eran sustancialmente un “no” al Creador. El hombre por sí solo se crea
y se destruye. En este sentido, la gran lucha pro-vida fue la lucha por el Creador. Es verdad que en varias ramas del
movimiento pro-vida no estaba
suficientemente presente esta gran perspectiva y no faltaba el unilateralismo.
Por consiguiente, es necesario un reequilibrio, pero la lucha pública contra
esta negación concreta y práctica del Dios vivo sigue siendo ciertamente una
necesidad.
Con respecto a la homosexualidad y cuestiones conexas:
La filosofía del gender que aquí
está en juego nos enseña que es la misma persona particular la que se hace
hombre o mujer. El ser hombre o mujer ya no es una realidad de la naturaleza
que nos precede. El hombre es un producto de sí mismo. La filosofía de Sartre
se concretó de una manera que en aquel momento todavía no era previsible. Se trata
de una negación radical del creador y de una manipulación del ser en la que
solo el hombre es dueño de sí mismo. En esta propaganda no nos interesa para
nada el bien de las personas homosexuales, sino una voluntad de manipulación
del ser y una negación radical del Creador. Sé que muchas personas homosexuales
no están de acuerdo con estas manipulaciones y sienten que el problema de su
vida se convierte en un pretexto para una guerra ideológica; por consiguiente,
es necesaria una resistencia fuerte y pública contra esta presión. Debemos lleva
a cabo esta resistencia sin perder el equilibrio entre el amor del pastor y la
verdad de fe en la vida pastoral.
Dejo constancia también de un par de perplejidades de Benedicto XVI, que comparto.
Con respecto a Amoris laetitia,
...continuaba sin comprender el motivo por el que se había dejado
flotar en el documento una cierta ambigüedad, que permitía interpretaciones no
unívocas.
Y, sobre los Dubia
presentados por cuatro cardenales acerca del mismo documento,
Benedicto se quedó solo humanamente sorprendido por la ausencia de
cualquier señal de réplica por parte del Pontífice, a pesar de que Francisco
normalmente se mostraba disponible a reunirse y a hablar con cualquiera.
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...odiaba con todo el
odio de que era capaz la generación naciente, esos patanes aterradores a
quienes parece resultarles necesario hablar y reírse a todo pulmón en los
restaurantes y cafés...
En Joris Karl Huysmans,
A contrapelo (1884)
Tal como apunté en el comentario a Humanismo y santidad, recojo una selección de párrafos que ilustran el contenido del libro.
Moeller aborda “los
problemas filosóficos desde la literatura” porque afirma que “la literatura es
un campo privilegiado, en el que se pueden sorprender diversas actitudes ante
la vida. Y es tanto más cuanto más perfecta es la obra literaria, cuanto más
constituye algo artísticamente acabado (...) tanto más ofrece la literatura un
testimonio insustituible de la condición humana”
[del prólogo de Bolívar
Andrés Batallas Vega; la cita es de un artículo de Moeller]
...
[Cita de Peguy] “Como todos los cristianos verdaderamente
grandes, Pascal se abstenía de despreciar la Antigüedad; esta posee una secreta
gracia, una gracia anterior. De un alma pagana surge la mejor alma cristiana.
Esos modernos carecen de alma, pero son los primeros que carecen de ella. El
mundo antiguo no carecía, en modo alguno, de alma.”
...
Tan solo la concepción
cristiana respeta íntegramente la sabiduría grecorromana, la deja intacta, en
lo que ella es en realidad: una alborada del cristianismo y una admirable
realización humana. Antes bien, los que la mutilan son los que la oponen al
cristianismo.
...
[Los antiguos paganos] Esos
pobres hombres acechados por la muerte, pero esforzándose en ser buenos los
unos con los otros, a veces incluso entre enemigos –recordad la entrevista
entre Aquiles y Príamo–, ¿no esbozan a su manera los primeros trazos de la
caridad cristiana? También en esto, una vez más, ¡qué diferencia de los “héroes
modernos”!
...
...porque Cristo no
había venido aún. Los antiguos no quisieron buscar falsas rutas para llegar a
lo absoluto: tuvieron el valor de ver cara a cara toda la miseria humana y
aceptar el hecho de que no había remedio definitivo para ella.
...
El conocimiento de la
Antigüedad resulta útil para comprender mejor el cristianismo como doctrina de
salud, primero porque, con Orígenes y Agustín, el cristianismo contrajo una
alianza eterna con el helenismo –Clemente de Alejandría se sirvió de Homero
para llevar a la fe cristiana–, y segundo porque, habiendo escogido a Cristo,
ese Cristo que representa el término deseado, inconscientemente esperado por el
héroe, el cristiano se encuentra con que el conocimiento de esa Antigüedad le
pone constantemente en un estado de gracia precristiana, en una disposición
expectante respetuosa, ante lo que nos falta.
...
...el contacto con la
cultura grecorromana entraña menos peligro para el cristiano que la excesiva
familiaridad con la cultura posterior a Cristo...
...
[El Quijote] ...uno de
los libros más ricos de pensamiento de la literatura universal...
...
La cuestión que
constituye el eje de este libro [el Quijote] es precisamente la aparente imposibilidad de conciliar el heroísmo con
la sabia sensatez...
...
[Don Quijote, en sus últimas aventuras] es demasiado orgulloso para confesar a Sancho que no es un caballero
andante, que ya no hay caballeros andantes, pero, en el fondo, él lo sabe y se
somete a los castigos que le infligen los hombres...
...
Las últimas páginas de
Don Quijote evocan invenciblemente el recuerdo de Cristo doliente, humilde y
dulce, escarnecido, pero, al propio tiempo, humano, grande y divino...
...
[Goethe] tildaba al
romanticismo de literatura de enfermo y se asombraba ingenuamente del carácter
desesperado de los libros de Novalis, Tieck, etc... No comprendía que esa
enfermedad podía ser el envés de una tristeza profunda: la de no encontrar a
Dios.
...
[Rousseau] se halla en
el arranque de una curva que nos lleva, en su postrer recodo, al surrealismo,
pasando por el simbolismo y el freudismo.
...
El humanismo clásico
comienza a partir del momento en que se corrige y enmienda la Naturaleza
espontánea. En cambio, para Rousseau y los románticos de todos los tiempos, se
trata de volver a la Naturaleza espontánea, al impulso primitivo.
...
...ese descenso del
hombre a su infierno y su paraíso interior que constituye uno de los
distintivos más profundos del arte moderno...
...
El romanticismo es el
desquite de la vida. Cuando el orden es resultado de una dura conquista del
desorden, es vivo, fecundo. Cuando se convierte en una receta, cuando se
endurece, se momifica y cede a la rutina –destino inevitable de las cosas
humanas–, reclama, en compensación, una nueva afluencia de valores vitales,
dinámicos y revolucionarios.
...
[Romanticismo] De la
locura considerada como una de las bellas artes, o De las bellas artes
consideradas como una locura.
...
Tanto en el clasicismo
como en el romanticismo hay, pues, valores humanos y valores cristianos:
equilibrio humano, por un lado, aspiración hacia lo absoluto heroico o místico,
por otro; sentido cristiano de los valores terrenos, por una parte, sentimiento
de la necesidad de lo infinito, por otra.
...
La aspiración
romántica es la estela dejada por Cristo en una humanidad que no quiere saber
más de Él o le ha olvidado.
...
...si el cristianismo
nos enseña a abandonar este mundo para buscar lo absoluto, este nos enseña,
asimismo, a retornar a este mundo y a hacerlo con el mismo Cristo encarnado,
que, además de la piedra clave del mundo invisible, es también, por su carne
transfigurada, el centro y destino de este mundo visible.
...
Ser humanista, esto
es, en nuestra opinión, vivir profundamente la cultura humana, aprender a
conocer al hombre en su inmortal y hermoso rostro.
...
El humanismo terreno
requiere el humanismo escatológico como complemento necesario.
...
Santa Teresa de Ávila,
que alcanzó la cúspide del desposorio espiritual con Dios, se mostró habilísima
en el gobierno de sus funciones monásticas.
...
[El humanismo terreno] exige
la santidad como medio principal de consumar los valores humanos...
...
[El humanismo terreno desempeña
el papel de] una causalidad material
respecto a la actividad transfigurante de la gracia divina.
El libro está formado por seis conferencias que ha reunido
la editorial Encuentro, como hizo con el Libertad para qué de Bernanos. Dedicaré
alguna otra entrada a ilustrar el pensamiento del autor con unas cuantas citas.
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Y, ya que empleo este localismo, hay que decir que son los
localismos, quizá, lo que hace más atractiva la novela, y en eso salen
perdiendo los peruanos, para quienes no es novedad.
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Jaime Ferreiro Alemparte reúne las cartas que escribió Rilke desde Toledo y Ronda, alguna desde Sevilla y alguna desde Madrid. Toledo fue, según nos explica el editor, como una revelación largamente buscada y sentida, y un punto de partida para su obra posterior. La ciudad malagueña, cuyo pintoresco emplazamiento no deja de suscitar tampoco en el poeta praguense profundas consideraciones de orden metafísico, viene a completar de modo satisfactorio la experiencia toledana. Sevilla, en cambio, como no deja de hacer notar, fue una gran decepción.
Dejo algunas de las impresiones que Toledo produce en Rilke. Ni que decir tiene que a todos
nos gustaría poder reproducirlas en nuestras visitas a la ciudad imperial.
Si usted se imagina
una cosa visible al mismo tiempo a los vivos, a los muertos y a los ángeles, es
esta. Créame.
…
...una ciudad que es
para mí de una importancia sencillamente indescriptible, algo así como si todo
mi interior la hubiera presentido y esperado hace muchos años. La tierra se me
ha hecho más grandiosa en muchos sentidos desde que sé que existe tal ciudad.
…
Es maravilloso pensar
que una ciudad tan incomparable como Toledo me resulta tan afín, porque en modo
alguno se resuelve en lo humano, sino que, situada a la manera de un astro […], se alza a través de todas las dimensiones
de lo visible como una aparición que va desde la mirada del animal hasta la
contemplación del ángel.
…
…no, no es posible
salir de esta ciudad, a no ser derechamente al cielo en una huracanada Asunción.
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De la literatura de otros apenas hablan, y eso es de lo más
frustrante que tiene este libro. Surgen otros temas: Sender trata en varias ocasiones de hacer que ella se declare
políticamente, y ella no deja de insistir en que política, cero. Él aprecia la
fe religiosa de su corresponsal y él, como con cierto complejo, se dice
“religioso a su manera” (esta contradicción no debía de estar entonces tan
vulgarizada, de otro modo dudo que un tipo como él la hubiera utilizado). La
añoranza de España, por otro lado, se hacía en él cada vez más apremiante, y en
contraste no dejan de resultar molestas las apreciaciones negativas de ella
hacia su propio país. En fin, “y si habla mal de España…”
__
…las personas de esa organización [el Opus Dei] que traté son las más dignas de estimación y respeto que he conocido en mi vida. Liberales, tolerantes, generosos, sabios, discretos. Yo discutí con ellos sobre religión y me escucharon con interés, aunque yo debía parecerles obviamente un endemoniado. No me cabe la menor duda de que, al margen de partidos y tendencias, y de rótulos y banderas, son la mejor gente de España.
Ramón J. Sender,
carta a Carmen Laforet, 9 de
diciembre de 1975 (recogida en Puedo
contar contigo)
Era la primera visita de Sender a España desde 1939. La observación es doblemente interesante porque en una carta
muy anterior había emitido otra opinión sobre el Opus Dei, obviamente lastrada por el prejuicio. No hay como tomar contacto con la
realidad.
Me gustaría que la
cocinera aprendiera a preparar el curry o que tuviera el buen tino de no intentarlo.
…
La señora Momeby
apretó contra sí al Erik genuino, como si temiera que su terrible vecina, por
resentimiento, pudiera transformarlo en un acuario de peces dorados.
…
Lo que más se asemejaba
a su ideal de un sedante nervioso era un music-hall atestado donde una ruidosa
orquesta brindara una interpretación exuberante de 1812 [después de asistir
a una serie de sucesos alucinantes en una granja].
…
…en cierta ocasión se había
comido cuatro manzanas verdes en el jardín botánico, de modo que se le atribuía
en general un ingenio bastante áspero. Las malas lenguas murmuraban que dormía
en una hamaca y que entendía los poemas de Yeats, pero su familia negaba ambas
acusaciones.
Y así. La lectura resulta deliciosa, aunque algunos finales
te dejen de un aire, hasta que los pillas. Pasa a veces con los chistes.
__
Un dato que me llama la atención (ya no recordaba, si alguna
vez me interesó, el juego de alianzas en la vida parlamentaria de aquellos
años) es que UCD, capitaneada por Suárez,
se negara en redondo a pactar con Alianza Popular, siempre con el objetivo de captar
votos en la izquierda y con la desdichada idea aquella de que “ustedes (la
izquierda) tienen la legitimidad”. Me recuerda, claro, los asquitos del PP
hacia Vox. Si me hicieran la manida pregunta vargasllosiana, ¿en qué momento se
jostidió España?, probablemente contestara que en el momento en que a Suárez se le ocurrió aquella enormidad.
__
pero de un tipo especial. Porque Willi Münzenberg fue el primer gran maestro de dos clases bastante novedosas de espionaje, de importancia decisiva en este siglo y muy útiles para los soviéticos: la operación secreta de propaganda y el simpatizante secretamente manipulado. Su objetivo era crear en el Occidente bienpensante y no comunista el prejuicio político predominante en la época: la creencia de que cualquier opinión que pudiera servir a la política exterior de la Unión Soviética provenía de los elementos más esenciales de la decencia humana. Quería esparcir la sensación, como una ley de la naturaleza, de que criticar en serio o desafiar la política soviética era prueba inequívoca de ser una mala persona, intolerante y posiblemente inculto, mientras que apoyarla era prueba infalible de poseer un espíritu progresista, comprometido con todo lo que era mejor para la humanidad, sin duda marcado por una sensibilidad refinada y profunda.
El fin de la inocencia,
capítulo 1 (“Mintiendo por la verdad”). Subrayado mío.
Cuestión teológica debatida donde las haya. D. Stephen Long cita a Gerhard Lohfink:
El plan de Dios no era que Jesús muriera. ¿cómo podía Dios querer la
muerte de Jesús? Lo que Dios quiere es la nueva sociedad, el Israel
escatológico. Pero, porque Jesús permanece fiel a ese plan divino, morirá,
porque los hombres no quieren lo que Dios quiere. La muerte de Jesús en la cruz
era inevitable.
En Así empezó, José Ignacio Escobar transcribe algunos párrafos de la Carta colectiva de los obispos españoles con motivo de la guerra civil, que me parecen del mayor interés.
La crueldad máxima se
ha ejercido con los Ministros de Dios. Se les cazó con perros; fueron buscados
con afán en todo escondrijo. Se les mató sin juicio, las más de las veces sobre
la marcha, sin más razón que su oficio social.
La revolución fue
inhumana. No se ha respetado el pudor de la mujer, ni aun la consagrada a Dios
por sus votos. Se han profanado las tumbas y cementerios. Se han abierto centenares
de sepulcros para despojar a los cadáveres de sus dientes o de sus sortijas.
La revolución fue bárbara
en cuanto intentó aniquilar la obra de civilización de siglos. Destruyó millares
de obras de arte, muchas de ellas de fama universal. Saqueó e incendió los archivos.
Quedan centenares de telas pictóricas acuchilladas, de esculturas mutiladas, de
maravillas arquitectónicas para siempre deshechas. Un caudal de arte, sobre
todo religioso, ha sido estúpidamente destrozado. Ninguna guerra, ninguna
invasión bárbara, ninguna conmoción social en ningún siglo ha causado en España
ruinas semejantes, juntándose para ello factores de que no se dispuso en ningún
tiempo: una organización puesta al servicio de un terrible propósito de
aniquilamiento, y los modernos medios de destrucción, al alcance de toda mano
criminal.
Conculcó la revolución
los más elementales principios del derecho de gentes. En forma inhumana,
centenares de presos fueron asesinados, atados e irrigados con el chorro de
balas de las ametralladoras.
Contamos los mártires
por millares; su testimonio es una esperanza para nuestra pobre Patria; pero
casi no hallaríamos en el Martirologio romano una forma de martirio no usada
por el marxismo sin exceptuar la crucifixión; y, en cambio, hay formas nuevas
de tormento que han consentido las técnicas y máquinas modernas.
Goldmundo es el personaje que lleva casi todo el paso de la
obra: desde que sale del monasterio de Mariabronn, donde le internó su padre y
donde conoce a Narciso, asistimos a una especie de novela picaresca despojada
de humor negro e impregnada de naturalismo romántico: el joven Goldmundo
recorre los bosques y aldeas en un afán de desvelar el misterio de la vida y
expresarlo como artista, guiado por la evocación de una madre que no conoció y
que identifica con la madre del universo. Perfecciona su arte con un buen
maestro; conoce el placer venéreo (y en este aspecto, todo hay que decirlo, es
donde más chirría la novela: las aldeanas se le entregan como lo harían sus
propias bestias a los machos; cosa a todas luces inverosímil en el contexto en
que se sitúa la obra y por más que se vista de ternura y delicadeza); conoce la
intemperie, el frío, el hambre, la cárcel, mata en defensa propia. Pero todo
eso, insisto, es, para él y para el cronista de su peripecia, no males morales
o males físicos sino la misma vida que hay que experimentar para ser en
plenitud, y con esta convicción acaba muriendo Goldmundo a pesar de algún
arrepentimiento que más es pena por quien tuvo que matar, y de una confesión
general que más es abrir el corazón al amigo del alma. Una avanzadilla, como vemos,
de muchas cosas que han venido después a asentarse en amplias zonas de nuestra
agonizante civilización.
Sin la agresión comunista las cosas se hubieran planteado de muy distinta manera. Pero la agresión comunista era un hecho. La voluntad de resistirla no era debida a un espíritu intolerante, sino a un natural deseo de seguir viviendo. […] También es falso que el aumento de la tensión entre los dos bandos españoles tuviera por causa un miedo reciproco. Dos de los puntos del programa comunista, el exterminio de los llamados enemigos de clase –por el solo hecho del nacimiento o de la cultura adquirida—y la implantación de un régimen general de terror, incluso sobre los propios adeptos, no dejaba de ser razonable que provocara un cierto temor en las presuntas víctimas. Pero no había nada semejante en ningún programa anticomunista. Ni siquiera la palabra “anticomunismo” gozaba de general aceptación, a diferencia de lo que sucedía con la de “antifascismo” convertida en consigna suprema, no ya del comunismo en general, sino de sus compañeros de viaje, para arrojarla indistintamente sobre todos los adversarios, incluidos lo comunistas de cualquier otra cepa. Encontrar un justo término medio, en estas circunstancias, entre las dos conductas aparecía tan difícil como encontrarlo entre un orden jurídico y el delito, o entre la justicia y la parcialidad. El que mata en legítima defensa no es un extremista, ni se defiende sólo a sí mismo, sino al Derecho y a la sociedad contra los que atenta el agresor. Los consejos de no detener con demasiada brusquedad el brazo asesino se parecen demasiado a un propósito de complicidad. Fue el efecto que nos hicieron siempre, a los que nos empeñábamos en no meter la cabeza debajo del ala, los diferentes sectores republicanos “moderados y centristas”, desde los de Alcalá Zamora y Miguel Maura, con sus promesas iniciales de “república bajo la advocación de San Vicente Ferrer, con mucha compostura y mucha Guardia Civil”, hasta el de Gil Robles con su tópico tenazmente repetido “de que la república era el régimen que el pueblo se había dado”, por lo que “había que retorcerse el corazón” y defenderla.
(Juan Ignacio Escobar,
Así empezó…, pp. 292-293)
Y no te digo nada si hubieran conocido la palabra polarización…
D. Stephen Long es un teólogo metodista y por tanto no vamos a encontrar aquí un desarrollo de la Doctrina social de la Iglesia, entendiendo por Iglesia la católica romana, sino el personal punto de vista del autor, eso sí, ampliamente contrastado con otras muchas visiones del asunto, tanto católicas como de otras confesiones. Dije “entendiendo por Iglesia” y es que aquí el autor se refiere continuamente a la Iglesia tal como nosotros los católicos estamos acostumbrados a oírlo, pero cuidado, porque, sin duda, su idea de Iglesia es otra, ya sea el conjunto de las confesiones cristianas o la Iglesia escatológica, la de los elegidos cuyo número solo Dios conoce. Por el contexto, cabe optar por lo primero. Deduzco que entre los metodistas es normal hablar así, frente a los protestantes que se refieren a “las Iglesias”, identificadas con cada comunidad local. O puede que hable de la Iglesia como unidad de convivencia, como quien dice la nación o el municipio, cosa que también apoya el contexto. En cuestiones ecuménicas ando un poco en la inopia.
El asunto es “Teología, Iglesia y orden social”, tal como
reza el subtítulo. Pero se parte de la idea del bien y del mal, de cómo
seguimos “atrapados” en el bien, de cómo el bien nos sigue “fascinando” a pesar
del “más allá” al que quiso llegar Nietzsche
y a pesar del relativismo imperante. La primera parte del libro (la menos
atractiva, creo) se dedica a criticar la idea kantiana de que el bien es un
ente de razón que subsistiría más allá de la religión. Establecido que no hay
más bien que la bondad de Dios, la segunda parte se dedica a pensar las
relaciones entre la Iglesia y las comunidades naturales que él denomina en
griego abriendo cada capítulo: oikos,
ágora, polis: familia, patria chica, patria extensa. Long parece entender la Iglesia como una comunidad realmente
actuante en la sociedad, a la que se debe prestar oído, cosa que parece normal
en un país (los Estados Unidos) en que una gran parte de la población se sigue
identificando con su confesión cristiana, pero lejos de la laicidad (aun sana) de que nos preciamos en Europa. De
hecho, el argumentar con la ley natural,
como solemos hacer por aquí los cristianos, le parece a Long contraproducente, puro kantismo, si lo he entendido bien, y
puro colaboracionismo con el sistema capitalista, producto de aquel error de
partida y del cual no deja el autor de dejar clara su desaprobación.
Lo que no dice el autor (o se me ha pasado) es cómo se haría
realidad esa eclesiocracia respetando
la libertad individual en un mundo donde convive todo tipo de creencias y no
creencias: ah, pero es que este concepto, el de libertad, es también mirado con
recelo por el autor como kantianamente aspirante a sustituir a Dios. Sin
embargo, las enseñanzas de los últimos pontífices nos han enseñado a ver como
compatibles el cristianismo y las libertades cívicas. Por eso, me quedo con la sana laicidad, al menos hasta ver un
Occidente de plena cristiandad, hoy por hoy utópico. Pero me alegro de conocer
otros puntos de vista sobre la cuestión, alejados también del tradicionalismo
al uso, a pesar de lo abstruso (para mí y otros gañanes como yo) del ensayo de Long.
__
…la fe en Dios me parece, en el pleno sentido de la palabra, el hecho más realista que puede existir: es la aceptación de la realidad y el abandono de las ilusiones. Por eso pide humildad; por eso la iglesia [sic] pone tanto énfasis en la humildad: no hay nada más difícil que renunciar a las fantasías. (Diario, p. 148)
…
…el consejo que lord Chesterfield le dio a su hijo: oirás muchos discursos bellos en la Cámara de
los Comunes, algunos te harán cambiar de opinión, pero que ninguno cambie tu
voto. (Diario, p. 153)
[Por supuesto, quien dice “oirás muchos discursos bellos en
la Cámara… dice “leerás muchas informaciones bien contrastadas en los
periódicos”]
…
Monseñor Hélder Câmara, arzobispo de la ciudad de Recife (también llamada Pernambuco), el cura
“rojo”.
Se le aplica Mateo 24,
23-24:
“Entonces, si alguno
os dice: ‘Mira, el Mesías está aquí o allí’, no lo creáis. Porque surgirán
falsos mesías y falsos profetas y harán grandes señales y prodigios con el
propósito de engañar, si fuera posible, aun a los mismos elegidos”.
Creo que este alto
prelado con la flor roja en el ojal es culpable de ese pecado de cuya
existencia estoy plenamente convencido: el pecado de la estupidez. (Diario, p. 566)
Se organizó un gran alboroto. En medio de él Millán Astray lanzó un ¡muera la intelectualidad!, y a continuación uno de sus conocidos ¡viva la muerte! El alboroto se convirtió en conato de tumulto. Unamuno estuvo a punto de ser agredido. El propio Millán Astray, para protegerle, tuvo que indicarle que saliera del local dándole el brazo a la señora de Franco.
Diez días después, el
22 de octubre, se disponía el cese del Rector de la Universidad de Salamanca. Pero
conforme a una regla que había de convertirse en costumbre a lo largo del
régimen de Franco, de no inclinarse nunca, en caso de cualquier discordia, en
favor de ninguna de las partes, se cesó también al general Millán Astray [como
director de la oficina de prensa y propaganda].
En Así empezó…, de
José Ignacio Escobar, capítulo X.
sentenciaba Vintila Horia a propósito de la deriva comunista del surrealismo francés. Esa deriva fue obra, según Stephen Koch, de Louis Aragon,
supervisado en todo momento por su esposa Elsa Triolet, quien, al igual que Koudachova y Moura Budberg,
era otra “dama del Kremlin”.
El tiempo que abarca es desde el final de la primera guerra
mundial hasta mediados de los años 30, cuando Münzenberg aparece muerto en un bosque suizo, probablemente
asesinado en el contexto de las grandes purgas estalinianas. Asistimos a la
creación de las organizaciones antifascistas, de los Frentes populares y de los
congresos de escritores “por la libertad”, así como a la contumacia de unos
seres que fueron capaces de orillar su “antifascismo” cuando la URSS y Alemania
firman el tratado de no agresión o de confesar cualquier cosa cuando fueron
llevados ante los “tribunales” del régimen. Y asistimos, sobre todo, a la
inmensa capacidad de propaganda del aparato comunista, que consiguió que el
caso Sacco y Vanzetti pareciera el summum de la injusticia universal mientras
que en la propia URSS morían veinticinco mil presos políticos, estimación a la
baja, en la construcción de un canal. Piensen en el caso Floyd o en lo de Minneapolis y luego en China, Irán y Venezuela y
díganme si hemos cambiado tanto.
__
Releo parcialmente el Diario de la felicidad. Anoto unas cuantas cositas.
Miles de demonios me
corroen cuando veo que se confunde el cristianismo con la estupidez, con una
especie de beatería boba y cobarde, una bondieuserie (es la expresión de tante
Alice), como si la finalidad del cristianismo consistiera en que las fuerzas del
mal se burlen del mundo y hagan posible la injusticia, puesto que, por definición,
el cristianismo estaría condenado a la ceguera y a la paraplejia.
…
Después de haber conocido
a Cristo te es difícil pecar, te da una vergüenza terrible.
[Aquí cabría matizar que conocer a Cristo no es simplemente tener nociones de religión cristiana sino
estar acostumbrado al trato con Jesucristo).
…
De la frase de Arthur
Miller [“Ninguna píldora puede volvernos inocentes”] se deduce también que la felicidad y la tranquilidad no las podemos crear nosotros solos, por vía material --y que
nos vienen dadas desde arriba--.
Una prueba más de la
existencia de Dios.
Vaya usted poniendo cruces:
…hay algunos
parámetros que pueden ayudar a distinguir a una persona con posibles rasgos de inmadurez:
suele tomar las decisiones en función de su estado de ánimo, le cuesta ir a
contracorriente, su humor es voluble, es muy susceptible, suele ser esclavo… de
la opinión de los demás, tolera mal las frustraciones y tiende a culpar a los
otros de sus fracasos, tiene reacciones caprichosas que no se corresponden con
su edad, es impaciente, no sabe fijarse metas ni aplazar la recompensa, le
cuesta renunciar a sus deseos inmediatos, tiende a ser el centro de atención,
etcétera.
J. Mª Contreras,
en Amor humano y vida cristiana,
libro electrónico.
…que, si bien había respondido a las exigencias de la sociedad medieval, no respondía ya a las de la sociedad actual y se revelaba ineficaz. De ahí que la sociedad moderna tuviera que crear el tipo de hombre que necesitaba fuera del cristianismo.
(En El rostro del Resucitado, de Marie-Joseph Le Guillou, capítulo décimo segundo [sic])
De acuerdo con el hecho, pero no con las causas. Dice que
esto fue así porque los siglos XVI y XVII se apartaron de la senda de Santo
Tomás y volvieron a un agustinismo decadente. ¿Fueron “agustinistas decadentes”
Melchor Cano, Domingo de Soto, Francisco
Suárez y demás?
Interesante esta precisión de Ángel Sánchez Rivero:
Cuando se llama
antivital a una moral como la cristiana –lo mismo se podría decir del budismo o
del estoicismo—es que se habla de una vitalidad puramente animal o de animales.
No es extraño que Nietzsche hablase con delectación de la famosa bestia rubia. Pero
esta vitalidad no es la humana. La vitalidad humana es la posibilidad de un
estado de ánimo afirmativo, positivo, en el seno de una conciencia penetrante del
destino humano […]. Lo humano es la expectativa, la anticipación. El hombre es
movido no sólo por el instinto puro, sino también por su imaginación racional,
puesta en ejercicio por el instinto. Es imposible volver al puro instinto.
(Citado por Gonzalo Sobejano, Nietzsche en España)
José Ignacio Escobar, marqués de Valdeiglesias, formaba en el grupo de Acción española, que nunca aceptó la república como forma de gobierno y se mostró partidario de cualquier acto de fuerza para derribarla. En ese sentido, se oponía a la CEDA y a su posibilismo, y no deja de manifestarlo así el autor, que en su libro repudia siempre como colaboracionistas a Gil-Robles y los suyos. Era un sector monárquico tradicionalista que solo se diferenciaba del carlismo en la cuestión dinástica, pues eran partidarios de Alfonso XIII y don Juan. Como tales, apoyaron el Alzamiento en la esperanza de que restauraría la monarquía, como así fue, aunque luego ésta se orientara por otros derroteros. Don José Ignacio permaneció como procurador en Cortes hasta la reforma política, a la que votó negativamente, y su fidelidad a Franco, al contrario que Sáinz Rodríguez y algún otro de su grupo, no conoció fisuras.
El Así empezó de
su libro es engañoso, puesto que nos cuenta no solo en comienzo de la guerra,
sino todo su transcurso, siempre, por supuesto, desde su intervención en ella.
Realizó gestiones en Berlín para conseguir armamento para Mola, fue capitán de requetés y se ocupó de la propaganda con
escritos como el que nos cuela casi entero el su libro y recabando la colaboración
de figuras intelectuales del momento simpatizantes con la causa. Dedica un amplio
capítulo a la unificación de Falange y requetés en FET y de las JONS, de la que
se muestra partidario, aunque le decepcionara la postergación que, según él,
sufrió su propio grupo dentro del movimiento: hay que decir que, ahí, todos se
sintieron postergados, pero era el predio a pagar por no echar a perder el
movimiento a base de luchas partidistas. Llama la atención también el espacio
que dedica a las andanzas de Agapito García Atadell, el socialista que asesinó y rapiñó en su propio beneficio
hasta que, en trance de ejecución, manifestó un ejemplar arrepentimiento: “Muero
como católico”, escribió a Indalecio Prieto. Los martirios empezaban a dar frutos…
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Aunque dedica más espacio a la primera parte del título
(Iglesia, esto es, jerarquía eclesiástica) que a la segunda (el poder), el
libro se ciñe a lo anunciado, de un modo no diré superficial (pues al fin y al
cabo es un escrito más bien divulgativo), pero sí objetivo (cosa bastante
difícil en esta materia) y sin estridencias ni sensacionalismos. Quizá sepa a
poco a quienes hemos vivido justamente en ese período (“del Vaticano II a
nuestros días”), sobre todo a medida que se acerca al 2000, que es el límite
que se marca el autor. Para jóvenes interesados en el tema (pocos, pero los
hay) es un título recomendable.
Algunas cositas que me han llamado la atención:
Querer lo que se debe,
hacer lo que se puede. [Era la “divisa política de Alejandro Pidal y Mon, ministro de Fomento con Alfonso XII]
…
…reclama unas
exigencias de perfección que estarían más justificadas si fueran acompañadas de
una actitud igualmente exigente de perfección propia. [Rector de la Pontificia,
refiriéndose a los alumnos en 1969, tiempo de rebeldías estudiantiles]
…
Suele ocurrir que, en
la historia de la Iglesia en España, cuando hay un suceso no aclarado, se le
atribuya la responsabilidad al Opus Dei.
…
Lo que no puedo
admitir es que quienes antes se quejaban de las relaciones entre la Iglesia y
el régimen del generalísimo, se pasen ahora la vida en reuniones ocultas de
obispos, vicarios, protovicarios, teólogos y moralistas, con ministros,
subsecretarios, directores generales y expertos de la política para lograr también
consensos y pactos, a espaldas de otros obispos de los sacerdotes y del pueblo
católico. [D. Marcelo González
al nuncio Dadaglio]
…
Seleccionar mejor a
los futuros obispos. Es muy necesario, Santo Padre. Más fieles en la doctrina,
en la disciplina, en las exigencias de la vida sobrenatural. ¿Por qué ha de
haber una oposición sistemática a que sea nombrado obispo algún sacerdote del
Opus Dei, cuando en el orden religioso están haciendo una labor espléndida? No
pertenezco a esta Asociación, pero les conozco y les estimo. [De nuevo D. Marcelo, a Juan Pablo II]
…
Dedicado también
[monseñor Omella] a acompañar a personas con heridas por su
experiencia de Iglesia, en particular a la defensa de los exmiembros [sic] del Opus
Dei…
…
…compleja digestión
del Concilio. [Expresión afortunada del autor, referida a la “época de la
confusión"].
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