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martes, 20 de enero de 2015

Las vaquitas marinas

Desde hace varios meses, la Ligia me mandó una liga sobre lo terrible de la situación de las vaquitas marinas y firmé algo en change. org

En esta nota reciente dice:

En conferencia de prensa, el titular de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), Luis Fueyo Mac Donald, reconoció que en efecto la población de esta especie se encuentra en una situación crítica, ya que de los 250 ejemplares que se tenían registrados, en los últimos dos años se perdieron casi 145.


Hace unos 8 ó 9 años (ay por dios, la vejez), escribí un cuento sobre una vaquita marina. Un ser un poco más mágico. No, no quiero que mis cuentos se hagan realidad.

Aquí les dejo a Eusebia.

Eusebia y su verdestino

Eusebia era una vaquita marina. Cuando le dijeron que tenía un verdestino, no entendió mucho. Su abuelita, que era una vaquita celeste con algunos pigmentos verdes, le explicó:
-Has nacido con más pigmentos verdes, eso significa que un día llegarás a tierra.

Eusebia no entendió mucho (otra vez). Pero eso del verde no le gustaba para nada. El mar es mar y, para rematar, los verdes son escasos entre las vaquitas marinas (que son normalmente azules y moradas). ¿Cómo llegar a tierra? y ¿Por qué llegar a tierra? Esas preguntas le entraban y salían, una y otra vez, en su cabeza vacuna.

Dos años después al día de la revelación de su implacable sino, Eusebia se negaba a buscar la tierra. Había oído por comunicación satelital oceánica que habían descubierto la existencia de algunas vaquitas fotofóbicas en tierra. Eusebia dilucidó que se podría tratar de ese verdestino. ¿De qué sirve estar en tierra si no se puede ver la luz?, se preguntaba mientras empezaba a notar que los pigmentos verdes de su celeste eran cada vez más intensos. Rápidamente dispuso un plan. Después de leer mucho, se enteró que todos los que luchan contra el destino mueren o sufren. Inició, en sabia prevención, un taller práctico en tres etapas:

1. Tener un amor imposible
Eusebia decidió enamorarse de un caracol. Caracoles y vaquitas no van, y no van, le decían. Eusebia dijo que debía entrenarse para su necedad; y para ser justos, Lario le parecía bastante simpático. El idilio no acabó muy bien, la vaquita terminó con cierto dolor estomacal (en los cuatro estómagos), pues Lario se echó a dormir una siesta de dos años, sin avisarle.

2. Tener una causa perdida
Eusebia decidió que velaría para que a las vaquitas con pigmentos amarillos no se les acusara de robarle la clorofila a los manglares. Pancartas y manifestaciones. Eusebia ya era toda una necia.

Iban ya dos partes, hacía falta una tercera antes de pararse implacable ante su verdestino...

3. No creer en la gran Vaca Sagrada
Eusebia se convirtió al Cristianismo y se fue a predicar. Al parecer algunos moluscos habían oído de un tal Nazareno, pero nadie de María. Consiguió un par de adeptos y empezó a practicar las ceremonias de comunión con algas. Tres meses después, Eusebia fue excomulgada, por supuesto.

Dispuesta y con la necedad en niveles óptimos, Eusebia se enfrentaría a su verdestino.

-¡Si la tierra me quiere me va encontrar!
El grito de batalla.


Mientras Lario dormía con sus lentillas para leer puestas, Eusebia fue en busca de su verdestino, se dio cuenta que la fotofobia no era tan mala. Luego, comprendió que, sin querer, en su necedad, había llegado a la tierra.

["Menguantes y otras creaturas" DPI, 2008]

jueves, 24 de abril de 2014

El mundo es un pañuelo... de narrativas

I

Se murió Gabo.

Y no, no me corté las venas. Tampoco me corté las venas porque la gente se cortaba las venas. Pero me sirvió para un ejercicio de nostalgia de mis primeras lecturas. Todos empezamos con Gabo y es un gran inicio.

Yo empecé con "Crónica de una muerte anunciada". Venía de leer literatura infantil. De leer "Mujercitas" y quizás había sido mejor entrenamiento "Tom Sawyer" y un par de la colección Barco de Papel que tenían sus "twist" que me admiraban.

Pero llegué a Crónica. Y se me movió el piso. ¿Cómo así que me está contando desde ya el final de manera tan bonita que quiero seguir leyendo? Creo que eso me marcó. Leer a Gabo era desafiar las reglas de lo que ya había leído.

Pensando en escribir este post pensé llegar a la imagen en mi cabeza del libro que leí y cuando lo leí. Yo estoy segura que tiene que haber sido por ahí de mis 12 años. Pienso ¿fue antes o después de El túnel? Entonces quizás fue a los 11. Luego acuerdo haberlo leído en el baño de mi casa (sí pues, todos lo hemos hecho). Pero el baño de mi casa en mi recuerdo es el baño de la casa nueva que fue construida hasta 2002. Y eso es imposible. Recuerdo haberlo sacado de la pequeña bodeguita. Es un recuerdo claro. Pero también me acuerdo de la profesora Elena de tercer ciclo y algo con respecto a ese libro.

Entonces me paré. Dije, ya no escribiré el post. No tengo claridad. No tiene sentido.

II

Se me arruinó la tablet. Mi ritmo de lectura bajó mucho. Picándole al teléfono bajé una aplicación para leer libros. Para probarla llegue a mi carpeta de libros "prestados" en dropbox. Y el primero que apareció fue "Formas de volver a casa" de Zambra. Funcionó.  Se leía bien. Leí un párrafo. Lo anote para lectura urgente.

Lo olvidé, porque siempre ando en carreras últimamente.

Alberto me prestó su tablet la semana pasada,en lo que se ve si la mía tiene reparación.

Me urgió volver a Zambra.

Soy una niña de la guerra. Soy más Claudia que el protagonista.

Me da escalofríos leer. Pero ahí voy.

Siento que me puedo encontrar con algo. Algo en mí.

III

El estúpido bus de ETN llega tarde para mi regreso de Guadalajara. Es más estúpido porque no tiene conexiones. Ni pantallas individuales. COMO ANIMALES, hay que viajar a la vieja usanza. Saqué la tablet prestada.  Revisé las películas guardadas. Películas que no eran mías. Volví a ver los primeros 30 minutos de Vals con Bashir.

Estuve a punto de llorar con las primeras secuencias.  Esa donde es tan fácil pensar que recordamos algo que no existió. (ya había hablado de eso acá).

Es terrible, dudo de mis recuerdos, de nuevo. De todo.

IV

Cuando era pequeña, yo era también Teresita. La hija de la vecina. Me inventé una identidad. Me conté una historia que estaba basada en Jem and the holograms. Me iba al patio, me tocaba un arito y me convertía en Teresita.  Me era tan fácil creer en la magia. De alguna manera era normal pensar que la gente era más de una. Porque sabía que muchos tenían dos nombres (el real y "el que querían que le llamaran").

Quizás por eso el realismo mágico me cae tan bien. Porque crecí pensando que tenían sentido ciertos sinsentidos. Pero también me recuerda que uno puede ir al patio y dejar el mundo. Yo siempre quise/quiero dejar el mundo, a veces. No es escape porque siempre vuelvo. Es dar la vuelta. Teresita me servía para cenar donde la niña Menche que me daba leche con café, pero yo nunca hubiera dejado mi cuarto para dormir allá.

Y entonces me fundo entre Teresita y mi pasado. Y quizás hoy de adulta, esa fusión me da miedo. Cuando podría haber sido mágicamente natural.

V

Me pienso a mi misma (ególatra o muy buscadores insights). Y pienso en la efervescencia de la vida. A veces me gusta. A veces no. Ya no tengo la manía por querer marcar todo lo que pasa, pero a veces le tengo temor a que nunca sé que haya pasado. Nunca. Por ahí, entre tanta frase del Gabo que veía en mi FB decían que la vida es como uno se la cuenta, o algo así.

Últimamente, quizás siento que estoy apunto de deslumbrar qué tengo algo qué contarme. No sé muy bien qué es. Pero por el momento parece que hilvano cosas como las muertes de escritores, con mis lecturas y mis casuales revisiones de películas. Como que me busco un hilo conductor para decirme algo. Veo esas conexiones porque estoy en búsqueda. Pienso que es casual, mágico: el mundo es un pañuelo y ese pañuelo me quiere decir algo. Pero quizás sólo son narrativas propias. Quizás no terminen en nada más que en una crisis en medio del fin de mi vida de estudiante.

Quizás por eso volví al post.  Como ese ejercicio viejo de contar, de contarles.

viernes, 31 de enero de 2014

Voces

Me sucede cuando leo a un autor que "suena" como algo. Quizás eso explique mi fascinación por leer más a hombres que a mujeres (perdón, sé que debería ser menos sesgada y apoyar la causa de las mujeres escritoras, pero me derrito por los hombres). Me encantan los narradores fuertes. Omniscientes o metacientes (me acabo de inventar la palabra, esos que saben que ellos cumplen la función de narradores, ayúdenme con mi ignorancia)

Quizás por eso me enamoré de Vonnegut. Nunca lo había leído. Pero llegó una tablet a mis manos (¡Gracias, Alberto!). Y con ella un kindle. Y en cuestión de instantes ya tenía a Vonnegut ahí cerquita. Con su expresión sarcástica y sus dibujos en Cuna de Gato y Desayuno de Campeones. "Es que me hace reír" dicen las enamoradas, algo así.

[Luego aprendí cómo usar los epub y hoy hay una fila de libros electrónicos que se le suman a la fila de libros físicos que tengo por leer]. [ANA, HACÉ LA TESIS]

Pero ante este narrador tan simpático, tan impresionante (que impresiona e imprime) ¿cómo podía seguir leyendo a otro? ¿Cómo se hace en esa transición? Esa donde los autores revuelan la cabeza y ya hasta las instrucciones del champú me parecen dictadas por esa voz muda conocida, en mi caso la de Vonnegut.

Tuve que dejar pasar un tiempo. ¿Sólo a mi me pasa eso? ¿Cada vez mis neurosis están peor? No lo sé. Pero me cuesta hacer la transición cuando las maneras de narrar son tan "así" (véase cómo me adhiero a definiciones concretas). Intenté empezar con Perec (y no, no logré despegarme de Vonnegut). Sí, soy esa lectora indisciplinada, que además cree en la suerte de que los libros deben llegar cuando deben llegar y no cuando uno quiere.

Pensé que era una cuestión de géneros. Que debía leer cuentos para despedirme de la novela. Los cuentos son cortos, muchos más manejables. O pues quizás leer poesía. Buscando ahí en ese laberinto de epubs que construí en bibliotecas virtuales, llegue a Kawabata. Tan elegante y pulcro. Menos atiborrado. Como si fuera un gran señor con sombrero, sacando palabras e imágenes de él. Hay hoy una parte de mí que lee todo con voz ronca muda (sin timbre, a pesar que me da la impresión de ser ronca, no me imagino un timbre en específico). Leo como con tiempos espaciados. Como que esa lectura serenara por ratos, para luego caer en todo lo que no se dijo. No, no me vuelve como quinceañera loca (oh, Vonnegut, soy tu fangirl arrebatada). Pero es el elegante enigma lo que me enamora. Es el misterio o morbo elegante.


Soy fácil. Ya terminé un libro y voy por otro. Temo que me enamoro muy rápido.


miércoles, 29 de mayo de 2013

El juego de escribir

El martes mientras estaba en la premiére de "El Gran Gastby", pensaba en el personaje Nick Carraway. [No, como en el libro, sino como en la película] y me evocaba mucho a la primera parte de Pastoral Americana de Phillip Roth, pues la estoy leyendo. Uno que quiere ver hilos en las cosas que vive, y pues siempre los encuentra.

Entre la película que veía y la novela en curso, noté que me llamaba la atención la recreación del escritor. El testigo. El que todo lo ve. Pero que está ahí, al margen. "Que está y no está", repite dos veces Tobey Maguire en personaje,  en la película.

Me quedé pensando mucho en esto. ¿Cómo contar algo ajeno te hace vivir o no? Nick Carraway olvida su propio cumpleaños, fecha en que todos celebramos que existimos, mientras es testigo del nudo de una historia dramática. ¿Somos capaces de perdernos en las historias de los otros? ¿Qué tanto dicen de nosotros nuestras maneras de contar?

Hace mucho tiempo, alguien pidió un pdf de Sigmund Freud. Yo que no le hago al muchacho, pero sí le hago a las buenas búsquedas en internet, no encontré lo que la persona andaba buscando, pero algo que quizás sí andaba buscando yo, sin saberlo. «Der Dichter und das Phantasieren», traducido como "el creador literario y el fantaseo". 

[Nota hermosa como gran paréntesis: spiel en alemán se parece a jugar pero también puede ser actuar. Chequen esta cita:
Y el lenguaje ha recogido este parentesco entre juego infantil y creación poética llamando «juegos» {«Spiel»} a las escenificaciones del poeta que necesitan apuntalarse en objetos palpables y son susceptibles de figuración, a saber: «Lustspiel» {«comedia»; literalmente, «juego de placer»}, «Trauerspiel» {«tragedia»; «juego de duelo»}, y designando «Schauspieler» {«actor dramático»; «el que juega al espectáculo»} a quien las figura.
Nota para mi misma: retomar el alemán porque aumenta la concepción del mundo]

Por lo que entiendo (ya dije, no es lo mío, lo mío mío es ser curiosa y andar leyendo cosas que no me competen) es que al ya no poder jugar y fantasear como niños, buscamos otras maneras de jugar y fantasear y que mucho del quehacer literario viene por ahí.  Y que claro todo viene de la necesidad y la satisfacción de deseos (es Freud, mara). Nos dice "Es lícito decir que el dichoso nunca fantasea; sólo lo hace el insatisfecho". Vuelvo hacia los narradores, los personajes narradores: es mucho más creíble que Carraway nos cuente la historia del Gatsby mismo porque Carraway aparece carente de todo. La fantasía del testigo es un juego quizás más elucubrado que el juego de querer hacer ver los sentimientos.

Cambiemos tantito de género literario. La poesía es una fantasía. Ahí me detengo y me veo encontrada entre las posiciones novelísticas de Fitzgerald y de Roth. Porque aunque tengo mucho tiempo de no escribir un poema, sé que es ese juego que dice Freud. Pero ese juego me lo encuentro más cuando escribo un cuento (me divierte escribir cuentos, la poesía, me duele). Freud explica que el poeta cambia sus fantasías para crearnos un placer que viene de la estética al público (un poco como decir "yo te entendí, poeta", cuando leemos). 

¿Qué hacemos los que contamos cuentos? No sé. Estamos entre el juego de decir y no decir del poeta  y la de ser testigo. Me pondré de ejemplo. Mis personajes nunca son reales (cuando parecen ser reales, son un juego de ser real, como la primera persona que parezco yo, pero no lo soy). O bien, mis personajes pueden morderse las uñas como alguien que vi a alguien en el bus. Así de sencillo. Son humanos porque los crea alguien que vive en el mundo. Nuevamente, la testigo. ¿Qué tanto puedo olvidar mi existencia en mi propias creaciones? ¿Qué tanto hay de mí? ¿Qué tanto pienso que estoy jugando con el público y qué tanto me estoy escondiendo? Quizás estos insights me lleven a dejar un rato de escribir. La consciencia es despiadada.

Y sigo pregutándome ¿Quienes son mis Gatsby y mi Sueco Levov? Personajes principales, que son contados. Lo interesante es que hay una creación de personaje de "escritor" o narrador en Roth y en Fitzgerald, de antemano es un doble juego: juego a que cuento que cuento desde otro. ¿Qué personaje nos creamos al escribir? ¿Cuántos juegos nos ponemos para hacer crear a los demás y cuánto para nosotros? ¿Queremos comunicar?

Muchas preguntas. Ojalá alguien más letrado me las contestara. Por eso la publico. ¿Alguien que escribe ha pensado en esto? ¿Alguien que juega lo ha hecho? ¿Alguien?


sábado, 6 de abril de 2013

Wenceslao


Wenceslao es mi hijo no nacido. O lo era. Con el avance de la defensa de la vida, uno puede nombrar a sus hijos no nacidos y asentarlos en el registro civil. Un Wenceslao Escoto está esperando nomás el soplo de la vida. Para hacerlo más tangible, hice una figurita de barro. Por aquello que quiero que esté contacto con sus raíces. Pero también quiero que tenga un poco de agencia. Porque creo un poquito en las teorías de alcance medio de la Sociología. Entonces, espero y espero que llegue su soplo de vida y con él, que cumpla mis sueños.

Ayer nos reunimos las Madres Ideales (MI). Es un grupo de mujeres que amamos a nuestros hijos no nacidos y exigimos que se les reconozca como tales, con ganancias en el registro civil, aún nos falta que nos los acepten en las matrículas escolares. Pero la discusión se centró en que casi ningún hijo ideal tiene padre y eso nos preocupa. Verán, los padres son importantes, sobre todo en mi caso. Es niño. Y como niño, Wenceslao debe tener un modelo afectivo de varón. Alguien que le enseñe a ser un hombre, y eso solo lo puede hacer otro hombre. Discutiendo esto, le expliqué a mis co-tertulianas que pensáramos cómo hacer para que los padres de los hijos no nacidos se hicieran cargo. Porque los preparativos para las vidas que aún no existen son agotadores y necesitamos ese apoyo emocional.

“Necesitamos un decreto”, dijo Josefina, madre de la no nacida Teresa. “Necesitamos un reforma agraria, además”, explicó. Yo no entendí mucho. Pero ella dijo, que así como yo tenía mi muñequito de barro, cada quien debía tener su parcelita para tener sus muñequitos y su maíz. Por aquello de esperar los milagros. Yo asentí. Mientras tanto, Aurelia, próxima madre de Joselito, explicaba que lo que necesitábamos era tener miembros hombres en el grupo.

Aurelia increpaba en este tema, pero todas reíamos. Porque los hombres no tienen mucho que ver en la producción de la vida. Quizás un momento efímero, pero hasta ahí. En eso vimos que Wenceslao empezó a moverse. Nos dijo que él también soñaba con tener hijos. Hijos no hechos de barro. Que ser de barro le molestaba un poco. Pero que seguro vivir en cuerpo humano no estaba mucho mejor. Así que le parecía una opción viable. Que de dónde venía había un comité especial de hijos futuros. Y que no se solucionaban las cosas, que justo yo, no era la mejor madre, pero que qué se le iba a hacer.

Un poco triste, porque me gusta ser la mejor en todo, le dije que estaba bien. Que decidiera quién fuera su madre. Total, aún no ha nacido. Wenceslao me dijo que el asunto es que quería dos padres. Me sentí contenta, porque por lo menos tendría varones a quién admirar. Y sería doblemente hombre. Aurelia se llevó a Wenceslao, pues le dijo que tenía muchos amigos dispuestos a ser alguno de sus padres.

Josefina, por su parte, definió que mañana nos reunimos a discutir la reforma agraria de las ciudades que queremos tener. Esa locura. Seguro no vendré. 

viernes, 15 de febrero de 2013

Acumuladora

En un cajón debajo de la cama. Luego en un compartimiento especial del armario. Después, la mitad del clóset. Hasta que todo el clóset. ¿Querés alguna camiseta nueva?  No, decía Mariana. ¿Algún libro? ¿Algo, cualquier cosa? No permitía que nada entrara a su cuarto, ni la gente luego y menos sus padres. Porque ellas estaban en todos lados. Y cada vez eran más.  Mariana sólo salía sigilosa de la habitación por más. Se marchaba casi de puntillas para no despertarlas y cerraba la puerta rápidamente para que ninguna se le fuera a escapar. Regresaba con muchas más. Siempre. Y seguían creciendo. Eran suavecitas, me dijo. “Así como algodones de azúcar, nomás que no se comen”. Yo asentí. Y me robó una sonrisa esponjosita que puso en un rincón, apretada entre tantas.




*A Nere que lo inspiró con este tuit

viernes, 2 de noviembre de 2012


XIII


Ya no hay árboles
las montañas botaron sus cabellos
y hacen faltan tumbas

hay flores en mi cabeza
como no las hay en los cementerios



[De "ese" poemario inédito del 2006]

miércoles, 13 de junio de 2012

Yeats o el poeta demográfico

Pues hoy cumple años el señor William Butler Yeats, del que había hablado hace un par de años (¡!). Debo decir que no he leído nunca un libro de él. Pues todo lo que me he devorado está en internet. Y ha sido un consumo errático, entre días, años y momentos. Suele pasar con la poesía, que me la voy comiendo de poquito, de entremés.

Entonces en medio de esos entremeses característicos de desvelos, síndromes de página en blanco, crisis existenciales y  luego de cuatro años de toparme con este mundo demográfico (lleno de los tentempiés antes mencionados), me di cuenta que el señor Yeats tenía una gran veta demográfica en sus temas poéticos. 

El más claro es éste que podría ser un epígrafe para cuando se estudia la relación de hombres/mujer con el índice de masculinidad:

Statistics 
'Those Platonists are a curse,' he said,
'God's fire upon the wane,
A diagram hung there instead,
More women born than men.'


[Para mí bien podría ser "Demographics"]

Pero además en una de sus "Supernatural Songs", podemos ver una clara referencia al curso de vida.

IX. The Four Ages of Man

He with body waged a fight,
But body won; it walks upright.

Then he struggled with the heart;
Innocence and peace depart.

Then he struggled with the mind;
His proud heart he left behind.

Now his wars on God begin;
At stroke of midnight God shall win.

Pero además tiene una obsesión por hacer esta comparación entre juventud y vejez y además llamar a las diferentes generaciones. Por ejemplo en "Are you content?", es un ejercicio generacional. Yo nunca llamaría a mis tíos a juzgarme, vemos como la parentela ampliada es entonces tema poético, y el efecto de la composición del hogar en la satisfacción de la vida.

Are You Content? [fragment]
I call on those that call me son,
Grandson, or great-grandson,
On uncles, aunts, great-uncles or great-aunts,
To judge what I have done.
Have I, that put it into words,
Spoilt what old loins have sent?
Eyes spiritualised by death can judge,
I cannot, but I am not content.


Por otro lado, también hace clara referencia al calendario de las uniones, aconsejando un período más corto de duración. Un precursor:

O Do Not Love Too Long
Sweetheart, do not love too long:
I loved long and long,
And grew to be out of fashion
Like an old song.

All through the years of our youth
Neither could have known
Their own thought from the other's,
We were so much at one.

But O, in a minute she changed -
O do not love too long,
Or you will grow out of fashion
Like an old song.

Y ya dejo de trollear al señor, que me gusta mucho y quizá no he leído suficiente y nomás sé que lo he disfrutado. Dejo uno, que no es demográfico, nomás mamón y divertido:

To A Poet, Who Would Have Me Praise Certain Bad Poets, Imitators Of His And Mine 

You say, as I have often given tongue
In praise of what another's said or sung,
'Twere politic to do the like by these;
But was there ever dog that praised his fleas?


jueves, 26 de abril de 2012

Júntate con tus iguales

"Júntate con tus iguales", me decía en repetidas ocasiones Rafa cuando yo llegaba a contarle algún lío de ¿pantalones?. Me decía que todos mis problemas se resolvían si me dejara de llevar con los pendejos que me llevaba. Que yo básicamente, escogía muy mal.

Hoy justo me estaba acordando de eso y de esta otra "Pinches hormigas, son todas iguales". Que me dijo en alusión a la hormiga 2 (Sandra Aguilar), porque decía que las dos padecíamos de esos males.

Yo tenía ¿23 años? cuando sacaba todo ese drama del vivir de juventud. Rafa, me imagino que se reía en sus adentros, porque mis problemas eran pues... poco graves. Pero él nunca los menospreció. Igual yo podía hablar de cosas más profundas o no hablarlas.

¿Por qué te molesta verbalizar? Me interrogó más de alguna vez cuando sabía que me ponía yo incómoda de hablar de mi poemario "terminado". Y me dijo que yo seguro tenía más cosas que decir. Seguro, pero aún me aterra. Más hoy que estoy "sola".

Muchas veces he pensado en los fantasmas que terminó cargando Rafa. Con tanta gente en el taller. Con tantos sentimientos que afloraban en nosotros, jóvenes con historias que contar. Aunque esas historias se contaran solo a nosotros mismos. A veces se me imagina que tanto dolor que le pasamos lo terminó enfermando. Es un pensamiento tonto, pero a veces lo tengo.

Él entró en sintonía en mi proceso. Y me acompañó. Sabía que lo que escribía para mí representaba cosas que yo estaba descubriendo que sentía. Tenía por un lado que aceptar mis sentimientos y por otro darles nombre. Darles formas. Darles precisión. El poemario que escribí entonces quizás es el más importante escrito de mi vida. No creo que otra cosa me vaya a doler más que ésa. Y él lo sabía. 

Todo lo demás, es pura ganancia. Si algún día me llego a "profesionalizar" en esto de escribir, es pura ganancia. Yo pude descubrir qué sentía diciendo cosas, cosas que transmiten esos sentimientos sin nombre.

Por eso, creo que nadie va entender que más que al escritor, Rafael Menjívar Ochoa, yo extraño al compañero que no le tiene miedo a tu camino, por más jodido que esté. Por más largo que sea. Porque nunca tuvimos prisa.

De haber sabido que le diría adiós tan pronto, hubiera caminado mucho más rápido para que anduviéramos más.

Pero los hubieras, esos sí los podemos escribir.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Indeleblemente, Ligia

Pues para antojarlos, yo ya leí el nuevo libro de Ligia María Orellana. "Indeleble" se titula la obra que está dividida en dos partes. Una primera parte es una cosa exquisita, sobre todo para los que ya hemos leído a Ligia, pues se trata de sus conocidos "Tripin". La segunda parte son cuentos, donde aquí la autora se conecta con su primera obra "Combustiones espontáneas" (2004).

La primera parte "Tripin" presenta una serie de crónicas con personajes muy propios de la autora y que los lectores de su blog (quejoder.wordpress.com) ya conocemos. Verlos en un libro es como reconocer la calidad de las historias que nacieron de eventos muy particulares y conyunturales. Por un momento pensé que, dado que las crónicas evocaban un hecho muy salvadoreño y de un momento específico, tendría que tener la fecha o algo, algo así "como una explicación". Leer los "Tripin" en conjunto, me hizo repensarlos de otra manera. El "Tripin" recrea una situación pero no es la situación, es un universo "paralelo" y en esto es donde Ligia es maestra, en crear de lo cotidiano personajes únicos, con ayuda de la escritura y unos dibujos sencillos pero que tienen todo lo que se necesita. Leído así, como unidad, me di cuenta que pueden ser universales y no importa porqué o dónde nacieron, el "Tripin" funciona sin su detonante. Y es delicioso.

La segunda parte Ligia nos presenta una serie de cuentos. Los cuentos tienen como denominador común personajes fuera de serie. Es sin duda, otro tipo de universo paralelo: lleno de cupidos, de muertes que acechan, donde hay un Scott Fitzgerald Malasuerte, espacios llamados Sentral Parc y donde vender riñones para comprar zapatos es posible. Entonces Ligia nos hace jugar con las palabras. Así como al dibujar es sencilla y concisa, en sus textos también lo es, pues este tipo de personajes que pueden ser inverosímiles se conectan con el lector en su cotidianidad. La serie de cuentos cortos parece también haber sido escritos con la misma tinta indeleble que nos dibuja a sendos personajes de la primera parte. El texto que sin duda conecta con su manera de dibujar es "Cinco microcapítulos (sobre cosas innombrables)", donde Ligia nos deja los puntos para que nosotros terminemos el trazo, pero nos deja los puntitos ella sonriendo, con ironía, y nosotros diciendo "claro, es así".

Este libro se presenta el 19 de Diciembre en el Centro Cultural de España. Adjunto la invitación.


sábado, 10 de septiembre de 2011

De los problemas de enamorarse de hombres que no existen


Explicaba, por quinceava vez, que iría a la fiesta sola. No. No, gracias. No, no tengo con nadie con quién ir. Es triste darse cuenta de la poca existencia que tiene tu pareja en esos momentos de bodas, bautizos y quince años, donde las parejas son necesarias. Primero, para que todas las mujeres de tu familia le planten un beso en rojo y, segundo,  para que evitar al tío borracho que siempre quiere bailar.

Suspiraba y pensaba en el vestido más idóneo, pensando en qué tan sencillo sería llevar a Filiberto, si existiese. La primera vez que me di cuenta que Filiberto no existía fue cuando lo invité a comer helado. Lo cité en una heladería bastante populosa, quería compartir una banana split con choco krispies y sin crema batida. Se negó. Dijo que las muchedumbres lo ponían nervioso. Pero rápidamente volví a creer en su existencia, porque a las niñas de ocho años les es fácil  saber de existencias e inexistencias, sobre todo intermitentes.

A los diez años quise que fuéramos juntos a la pizza, una pizza con hongos, jamón y doble queso, con un té helado de limón. A los doce, le pedí que fuera a mi primera fiesta. A los trece mientras fumábamos mi primer cigarro, le dije que por favor me llevara por una cerveza o una copa de vino, que qué más daba. Y llegaron los terribles quince, con fiestas rosas y con mi pasión por un Filiberto de chambelán bailando conmigo y haciendo una “L” con los pies.

Entonces Filiberto quiso atenuar las cosas. Me dio explicaciones. Que era poco vistoso. Que era bastante feo. Entonces me dijo  una mentira para apaciguar mis interrogatorios: que era totalmente invisible. Durante mucho tiempo creí fielmente en su invisibilidad. Tenía un novio invisible al que me dedicaría en cuerpo y alma. Un novio que además sólo era mío.

Poco a poco me iba convenciendo que la invisibilidad no era de este mundo, este mundo donde yo tenía un novio invisible pero que yo no era invisible. Mis mundos se habían puesto locos. Por lo menos ese tipo de mundos visibles e invisibles. Si la gente invisible no podía ver a la gente visible y viceversa, las cosas hubiesen sido más fáciles. O si por lo menos los visibles escucharan a los invisibles y los invisibles no escucharan a los visibles. Porque podía creer en ese tipo de justicia de ojo por oído y oído por ojo. Me miré en el espejo. Me miré detenidamente. Y entonces decidí  renunciar a mi visibilidad como el acto más puro de amor. Esperando quizás perder alguna otra cualidad física (yo esperaba perder sobre todo peso).

Filiberto entonces admitió su inexistencia y no su invisibilidad, a veces pienso que lo hizo para nomás para dejarme vivir en este mundo visible. Me dijo que él vivía en mi mente, nada más. Le dije que eso no importaba, que lo quería fuese como fuese. Pero que no podía irme a mi vivir a mi propia mente, porque era bastante imposible y un poco endógeno. Él coincidió conmigo. Me dio un beso en la frente. Yo le juré amor eterno.

Y ha funcionado muy bien. Salvo esas necesidades que aparecen de querer decirle al mundo que tengo novio, pero no poder hacerlo porque mi novio no existe. 

lunes, 8 de agosto de 2011

La Casa "revisited"

Una de las cosas que trajo la agradable compañía salvadoreña que tuve los últimos 10 días, fueron los ejemplares de "Memorias de La Casa", antología de La Casa del Escritor como ya dije por acá.

En la primera hoja: "A la memoria de Rafael Menjívar Ochoa" y el corazón se me hizo chiquito. Leí el prólogo y realmente oía a Mario Zetino hablando. Es más lo podía ver hasta en sus gestos. Y además sus palabras solo me hacían asentir. "Solo se aprende a escribir de una manera: escribiendo", recuerda Eliot y dice lo que somos "un grupo de amigos con una manera común de entender la literatura".

Luego los poemas de todos. Cada quién puesto según el orden que llegó a la Casa (yo estoy casi al final, pues). Tuve chance de conocer los poemas de Erick Chávez, a quien nomás conocí virtualmente el día de la presentación del libro en el CCESV. Pero esa sensación de estar con tu mara y tu mara que admirás no tiene precio. El libro es una de mis más preciadas joyas (permítanme el lugar común poco certero, porque realmente ni me gustan las joyas, pero se entiende)

Dejo además un poema mío, el favorito de Rafa, de paso, además de que es lunes y parece algo adecuado. Es el doceavo poema de un poemario demasiado íntimo de apenas 21 poemas no muy largos.



Se me ha olvidado mi orfandad un lunes por la noche
y en el pecho no hay golpes sino latidos

Es lunes y pienso en mis piernas tan fuertes
en mis brazos algo flácidos
en mi abdomen lleno de ira

Es lunes y soy capaz de empujar alguna piedra
alguna hoja
algún soplido de viento

Y pienso en mi cabeza tan pesada
en mi corazón tan corazón y tan poco músculo
y quizás ya no es lunes
y los sueños sólo nos recuerdan que el dolor es parte de las piernas

Se me han olvidado mis hijas y es martes por la mañana
pero vuelven convertidas en doce,
luego en quince
luego en sal

Nadie nunca ha visto lo que una lágrima borra de los ojos
Por más veces que he nacido
por más veces que me he hecho renacer
sigo pensando que el camino no es mi camino
porque no hay frío suficiente que elimine el vacío que dejan las hojas cuando caen
ni escarcha sobre la que las lágrimas al fin parezcan tontas

Quizás ya es miércoles
quizás no hace frío
quizás no importa

Las cosas no se olvidan para siempre
solo se olvidan.




domingo, 1 de mayo de 2011

Se me acaban los brazos


Se me acaban los brazos
y no puedo caminar sin ellos.

Se me acaban
y no puedo llorar

no es cosa sencilla el llanto:
se necesita equilibrio
postura
y extremidades largas
como raíces.

Se me acaban los brazos
como ríos
viejos.


Me faltan brazos.
Faltan.

martes, 22 de febrero de 2011

Twitteratura #NOT

¿Pueden existir los libros sin editores? ¿Cuál sería la diferencia entre la twitteratura y la auto-publicación y los poetas que venden sus poemas en Coyoacán?

A lo mejor soy muy purista. Demasiado. Me divierto en tuiter (tengo más de 15,000 tuits que a ninguno calificaría de twitteratura). Me parece un gran fenómeno social, cultural, ingenioso. Hay tuiteros muy muy ingeniosos. Me entretienen. Otros me informan. A lo mejor alguien puede tomar el escribir cortos de 140 caracteres como un ejercicio de escritura, como Sabines hablaba de su escritura de sombra, esa que hacía diariamente para ejercitarse. Puede ser. Puede ser que funcione. La microficción puede ser interesante. Como un primer inicio, como parte de un proceso. Si tuviera más garantía.

Me preocupa la ausencia del proceso editorial. Y sí, podemos criticar los procesos editoriales actuales, no son perfectos, quizá. A lo mejor. Pero en twitter, como en casi toda herramienta de auto-publicación como este blog -este justo que está leyendo- no tiene más control de calidad que su propio autor. ¿Quién corrige? ¿Quién publica? Esta falsa democracia literaria con la única regla de 140 caracteres me parecería más cercana a una anarquía. ¿Y si usted, estimado twitterato, se equivoca de preposición quién lo corrige? ¿No querría alguien tener algo más que su propio criterio sobre la calidad de sus escritos, algo más que dar clic en el botón "tweet"?.

De la red han salido cosas lindas como Justin Bieber, a puro clamor del pueblo, la democracia de las ventas. ¿Validará una estrellita del pueblo puesta a un tuit que lo llamemos literatura? A mi me quedan muchas dudas.

Yo seguiré buscando a literatura donde siempre la he encontrado: en los libros. A lo mejor luego me trague mis palabras, pero ahí está la labor de los twitteratos, convencer como lo han hecho siempre los escritores: con calidad.

sábado, 12 de febrero de 2011

De Tokio Blues

Siempre me han dado mala espina los best-sellers de autores que están vivos. Un poco de desconfianza. El pequeño pepegrillo-hipster que llevamos dentro dice algo cuando uno está en la librería y uno ve demasiado de un mismo autor que no sea un ya clásico.

Pues es inevitable. Y es que en el mundo de lo popular que enaltece a Shakira que está loca por su tigre, confiar en los gustos populares es bien difícil.

Pero Tokio Blues llegó a mis manos. Me lo leí en medio de buses y de filas y de calles en México DF.  Un gran compañero. Un narrador que cae bien. Un mundo ajeno en mis manos, en una ciudad ya no tan ajena. Así viví Tokio Blues.

Alguien me dijo que sólo hay tres grandes temas: la locura, la muerte y el amor. Tokio Blues los tiene todos. El suicidio es el eje principal, pero sobre todo otra visión de la muerte. Una muerte que está ahí. Que existe. Se nombra, con nombre y apellido. La gente se muere y además la gente se mata. Pero la gente es sexual y está en relación con los otros.

El protagonista Toru Watanabe es alguien que desde su adultez narra su juventud en los años 60's en Japón. Se pueden ver todas sus transiciones -no puedo evitar siempre observar estas cosas, ustedes disculparán: dejar su  casa, empezar la universidad, trabajar, iniciar su vida sexual, vivir solo y, como extraño contexto, la muerte de su mejor amigo.

Toru entonces es el gran oyente de las historias. Los diálogos son lossegundos narradores de las historias del resto de personajes. Un Watanabe que se limita a decir un "Entiendo", "Continúa". Entonces los personajes, sobre todo femeninos, le quitan la batuta. Hablan mucho, se describen, dicen cómo son y qué cosas les gustan abiertamente. Cuando Watanabe tiene la batuta, cuando es un narrador, entonces es el detalle el que acompaña la historia. El detalle es sobre todo gastronómico (qué comen y cómo comen), musical (qué escuchan) y literario (qué libro está leyendo).

El libro me gustó mucho. Me parece que está bien armado. No pretende ser "la" novela ni buscar giros extraños ni totalmente sorprendentes. Es una historia bien armada y contada. Hay una película. La quiero ver, porque realmente quiero oir el soundtrack.

Por lo pronto, el jueves salió a la venta en México el 1q84, cuyo ejemplar ya está en mi escritorio, esperando su turno.

martes, 7 de diciembre de 2010

Dos ejemplos de grandes versos de amor #NOT

Pues que la gente a veces dice que algo "se oye" bonito y no reflexiona lo que dice. Pienso a veces que uno se deja de llevar por si en el título de la página web que hizo la búsqueda dice "Poemas de amor" y pues no.

He aquí un par, como ejemplo.

"Me gusta cuando callas porque estás como ausente"
O sea, me gusta que no hablés  y además me gusta que estés como ausente, porque presente, no se te da.  Si alguien se siente bien porque le digan esas palabras... por ahí debe empezar el feminismo a hacer conciencia. Mujeres del mundo uníos. Y el poema sigue más o menos en el mismo tono.

"Te doy, Claudia, estos versos, porque tú eres su dueña.
Los he escrito sencillos para que tú los entiendas".
Sencillito, porque si no, no entendés, tarada - le falto decir.


Y esos son mis pensamientos que divagan mientras uno debería estar leyendo cosas sobre la fuerza de trabajo.

martes, 16 de noviembre de 2010

Escultura y jesuitas

La oveja negra
Augusto Monterroso

En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra. Fue fusilada.
Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.

Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.


- - -

No queremos más ejercicios de escultura.

- - -



Hoy se cumplen 21 años de la muerte de los jesuitas y de Elba y Celina Ramos. La muerte y la injusticia tienen edad para beber en todo el mundo.

Salut por tanta "estupidez".

sábado, 16 de octubre de 2010

Estoy cansado

Estar cansado tiene plumas,
tiene plumas graciosas como un loro,
plumas que desde luego nunca vuelan,
mas balbucean igual que loro.

Estoy cansado de las casas,
prontamente en ruinas sin un gesto;
estoy cansado de las cosas,
con un latir de seda vueltas luego de espaldas.

Estoy cansado de estar vivo,
aunque más cansado sería el estar muerto;
estoy cansado del estar cansado
entre plumas ligeras sagazmente,
plumas del loro aquel tan familiar o triste,
el loro aquel del siempre estar cansado.


Luis Cernuda

jueves, 7 de octubre de 2010

Literatura es literatura

Con el boom del Nobel de Varga Llosa han pasado muchas cosas. Por un lado están los que odian que haya ganado porque es una persona de ultraderecha, y digamos pues, que él y su hermanito, pues son grandes exponentes del pensamiento neoliberal, y el odio a su posición política hace que algunos desmerezcan su premio. Por otro lado están los que se vanaglorian -como incluso hace el presidente Santos de Colombia- porque es un hombre que defiende las libertades y es un demócrata. También estamos los que pensamos que se merecía el Nobel desde hace muchos años por la Guerra del Fin del Mundo y la Ciudad y los Perros. Y que uno disfruta leer algo bien escrito y ya.

El asunto, para mí, es sencillo: Literatura es Literatura. Sin apellidos y quizás pero así con mayúsculas, lo que menos nos debería importar de la literatura es quien la escribe. Las novelas, los cuentos y poemas son la literatura. Quizás uno tenga cierta obsesión por hacer un "E! True Hollywood Story" de cada artista y pensar que necesitamos de "su contexto", de "su historia", de "su biografía", para disfrutar de uno de los placeres más grandes que ha inventado el ser humano: leer.

Esto es algo que hemos discutido mucho con mis amigos salvadoreños, sobre todos los que pertenecimos al taller de La Casa del Escritor. Primero porque desde la izquierda, se exige al arte estar en función de algo "liberador" de la sociedad. Lo cual no está mal si el artista se le da la gana hacerlo, pues cada quien tiene derecho de hacer de su escritura un florero, siempre y cuando lo haga bien. Pero juzgar un poema por "moraleja" y darle valor por "lo que quiso decir" y no por "lo que dice", "por así decirlo", pues ahí no estoy de acuerdo.

O por el contrario, no se nos exigía, sino que se nos etiquetaba que uno por estar en proyecto "nacional", gubernamental, servía a ciertos intereses nomás porque uno no escribe sobre el niño hambriento (aunque pues , a mí sí se me da contar a los jóvenes precarios salvadoreños, pero desde un campo que se me hace bastante más idóneo que el literario). Interpretar silencios en los temas a veces puede ser demasiado alcanzativo acerca del autor. Hay pues una cuestión que pienso que se debe tomar en cuenta, y es que podría caerse en graves errores si se juzga a la persona por ser autor de una obra, y a una obra por la vida personal de su autor.

Por otro lado, decir que quien escriba desde su posición política es un error también es caer en una abstracción de la creación humana. Como ya expresé, al final el arte es un producto humano y no se puede abstraer. Pero como todo proceso de producción -al final de cuentas soy economista- lo que llega y se realiza como mercancía de consumo (cultural, en este caso), es ya el producto final. Y ahí uno evalúa: es bueno, es malo. En base a qué, esa es otra discusión bien complicada, porque los cánones, como todo en la vida, no son neutrales y yo pues, no he estudiado tanto arte.

¿Puedo leer a alguien que no piensa igual que yo y disfrutarlo? Eso es otra cosa. Ahí depende de cada quien. Yo qué les puedo decir, a mí si me pasa en la Economía, eso de leer me a Friedman con la misma intensidad que a Marx, y uno puede disfrutar la exposición de pensamientos estructurados.

Pero claro, esa soy yo. Ud. haga lo que quiera. Yo lo que hice un día como hoy, donde en tuiter, facebook y demás cada quien despotricaba contra todos y contra Llosa, es venirme aquí a escribir. Al final, pienso que el Nobel está declarando lo evidente, algo como "el cielo es azul", con respecto a Llosa.

P.D. Por cierto, de las cosas más "random" que he visto, es decir que como hoy se ganó el Nobel debemos recordar y reciclar notas de cuando Llosa le dio un puñetazo a Gabriel García Márquez, hace muchos años.

martes, 28 de septiembre de 2010

Kafkiando

Que el César, mi adorado roomie, me regaló los cuentos completos de Kafka. Se compró un libro exactamente igual para él, es el mejor regalo que me han dado, un regalo que también alguien se hace a sí mismo. ¿Qué decir? Que me suena familiar, hermoso, excelente y que hay cuentos tan cortos que me sirve para cualquier trayecto en el pesero.

Les dejo un cuentito, pero que leí en algún metro de los tantos que me subí ahora.

LA NEGATIVA,
de Franz Kafka.


Si me encuentro a una muchachita bonita y le pido: "Sé buena, ven conmigo", y pasa de largo sin decir una palabra, su actitud significa:

"Tú no eres un duque con apellido rimbombante; ningún americano atlético con la estatura de un indio, con ojos horizontales y contemplativos, con una piel acariciada por el aire de las praderas y de los ríos que fluyen por ellas. No has viajado a los Grandes Lagos, ni los has surcado, aunque no sé ni dónde se encuentran. Así que dime, por qué yo, una muchacha bonita, tendría que ir contigo".

"Olvidas que no te llevan en automóvil por la calle, balanceándote con sus sacudidas; no veo ir detrás de ti a los señores pertenecientes a tu séquito, embutidos en sus trajes y murmurándote piropos. Tus pechos quedan bien comprimidos por el corsé, pero tus muslos y caderas se resarcen por esa sobriedad. Llevas un vestido de tafetán con pliegues, como el que nos alegró tanto a todos el pasado otoño y, sin embargo, con ese peligro mortal en el cuerpo, sólo te ríes de vez en cuando".

"Sí, los dos tenemos razón y, para no ser conscientes de ello de un modo irrefutable, preferimos irnos solos a casa, ¿verdad?".
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