DeGlozel Número 0, Abril, revista en formato papel y pdf

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1er CONCURSO LITERIARIO DE RELATOS Diciembre 2010 (DeGlozel)

Amigos de DeGlozel, para finalizar el 2010 de una forma creativa y divertida, os proponemos participar en el 1er Concurso Literario de la revista. 

El tema de la propuesta sería desarrollar un relato sobre las típicas cenas de empresa que, por lo general, suelen organizarse antes de las fiestas navideñas.
¿A quién no le han propuesto asistir a una de esas cenas? Y en el caso de no ser así seguro que, muchos de vosotros/as, conocéis alguna que otra historia relacionada con el tema propuesto que es digna de mención. 

DeGlozel os anima a que compartáis dichas historias, ya sea con relatos reales, propios, ajenos, conocidos, inventados o una mezcla de todos ellos. Ciertamente es un concurso y eso siempre entraña una competencia, pero...
¿No es cierto que, competitividad a parte, también pueden surgir buenas historias en las que dejar plasmadas opiniones, ideas, anécdotas, momentos estelares... y porque no, resarcirse un poquito (de alguna que otra experiencia surrealista, excéntrica y demás) escribiendo sobre ello?
Aquí os dejamos las Bases del Concurso

Tema del concurso:                                    
“Las típicas cenas de empresa, antes de Navidad”.
Requisitos para presentar los relatos:
Cada autor/a presentará:
-Un texto o relato original (ya sea real o ficticio) con un máximo de dos páginas.
-El texto o relato estará escrito a 14 puntos, con interlineado normal y letra Time New Roman.
-Los concursantes, si lo desean, pueden acompañar sus relatos con ilustraciones y música.
-Los relatos que se presenten exentos de ilustraciones y música serán igualmente válidos, se consideraran en igual condiciones que el resto (éstas opciones no se consideran puntuables y, por lo tanto, no se tendrán en cuenta en el momento de evaluar los textos o relatos, para determinar quién es el ganador/a del concurso).
Muy importante, solo podrán participar en el concurso los seguidores del blog, anímate y hazte seguidor para poder participar.

Puntuaciones
Todos los relatos se puntuaran mediante el sistema de casillas. Al final de cada relato aparecerán las siguientes opciones: “pasable”, “bueno”, “brillante” y “genial”.
Todos los amigos, visitantes, lectores, autores, colaboradores, miembros de DeGlozel, etcétera, pueden marcar en las casillas para calificar cada relato según su punto de vista. Esta opción servirá para que, al final del período del concurso, DeGlozel haga un recuento con todos los “geniales” marcados en cada relato y determinar así el ganador/a del 1er Concurso Literario de Relatos de DeGolzel 2010.

Fechas para presentar los relatos:
El tiempo para presentar los relatos comprenderá las fechas siguientes, ambas incluidas: el concurso comienza el día 1 de diciembre del presente año 2010 y finalizará el dia 7 de enero de 2011.
Los relatos que se presenten antes o después de las fechas indicadas, no se consideraran como participantes, por lo que no entraran en el concurso.
El fallo, donde se emitirá el nombre del ganador/a será el día 15 de enero de 2011.
Una vez finalizado el período del concurso, DeGlozel publicará el nombre del ganador/a y se pondrá en contacto con el mismo/a via mail.
......recibirá un lote de libros (anagrama) más diploma acreditativo.......

ENVIA TUS TEXTOS A DEGLOZEL@GMAIL.COM ESPECIFICANDO "CONCURSO  
RELATOS" 
Texto de AlasAuras
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Publicacion del libro "Nosotros los escritores noveles, Relatos"

Grupo del Facebook, "Nosotros los escritores noveles" Libro escrito conjuntamente con sus integrantes.


Descargalo de aquí:
http://issuu.com/degozel/docs/edicionesdegozel?viewMode=magazine

Como recién nacido (poema participante en el concurso literario)

Mierda de poemas que desaparecen con cualquier distracción
como que no se encienda el ordenador
o no tengas un boli a mano
para cazarlos al vuelo

cuando la pantalla se iluminó entré
sin saber qué hacer
había olvidado

pasa a menudo
casi siempre perdidx
no estoy en cuerpo y alma
reproduzco gestos instintivos
donde dejo de ser individux
escribo y comienzo a ser persona
porque así estoy configuradx genéticamente

en caso contrario volaría maullaría o tendría trompa y colmillos
olería fragancias alimenticias, fragores sexuales y excrementos
en vez de estar dotadx de grandes razones para sobrevivir

si no fuera por eso...

pero en vez de antenas uso letras
que quieren decir
que este cuerpo se vacía
no tiene sentido
mas que como expectativa
como especulación
de un desubicado
que es sin saberlo

vivir así y acabar muriendo
como ser vivo
mamífero
recién nacido

que noventa años en el mejor de los casos
para el universo pasan en nada.

Brillante y reflexivo poema escrito por Domingo Vital. Gracias por colaborar de nuevo con nosotros y depositar tu confianza en la revista. Por cierto, poema participante en el concurso literario De Gozel. Más relatos, poemas y artículos en su blog: http://jugandoconlaperspectiva.blogspot.com/

Fotografías con arte (2)







Segunda entrega de la compilación de fotografías y momentos retratados en la cámara de Raúl-flakillo, que a través de su objetivo nos hace viajar a parajes insólitos y momentos únicos. Gran aporte una vez más. Más fotografías y arte en su completo blog: http://raul-flakillo.blogspot.com/








Mi primera vez

Estoy en la más completa soledad, se acaban de apagar las luces y, se supone, hay que dormirse, pero no puedo, un montón de recuerdos me vienen a la mente.
Las paredes de esta habitación del módulo tres, la tres trece, tiene guasa el nombre, me parecen cada vez mas oblicuas, aunque vistas desde el camastro, le dan una profundidad que en los casi doce meses que llevo aquí, nunca había percibido.
Me viene a la mente ahora, vaya usted a saber porqué,
mi primera vez.
Hace ya..¿Serán veinte años?
Recuerdo que me puse una sudadera a la última, con la lengua de los Rollings impresa en relieve, estaba impecable y la había “cogido” en Galerías, ahora El Corte Inglés, y era de lo más molona. Los pantalones pitillo y unas zapatillas New Balance, negras, de baloncesto, como las de la NBA, recién llegadas de Nueva York….vamos que iba hecho un pincel, que diría un castizo de los de Carabanchel, allí los módulos están ya cerrados, era un establecimiento que imprimía carácter, aquí hay algunos que presumen de varios años allí, era una escuela de todo.
Iba yo por la calle mirando los escaparates, los coches, los autobuses y hasta me fijaba en la gente con la que me cruzaba, aunque procuraba ocultar mi rostro, como en las pelis de espías, como si la cosa no fuese conmigo.
Recuerdo hasta que iba canturreando una de los Chichos, cómo molaban éstos.
Por fin llegué a la sucursal, había varios esperando en una fila para hacer sus ingresos, las ventas del día anterior, suponía.
Una señora me toca de pronto en el hombro y me pregunta que si aquello era “la cola”, ¡no te fastidia!, le dije señora, que eso es el hombro, la cola está más abajo y por el otro lado…vamos, con los nervios que tenía, lo primero que se me ocurrió, ya sé que no es original, pero es lo primero que se me vino a la boca.
En estas ocasiones, ahora ya lo he aprendido, con los años todo se aprende, que no hay que llamar la atención, como nos decían en la mili.
Ya estaba en la raya donde dice, aunque casi estaba ya borrado,
” espere aquí su turno”, y allí esperando que contaran todos los billetes y monedas de las ventas del Supermercado de la esquina del día anterior. Mejor para mí, me decía para mis adentros, conté casi trescientas mil pesetas; venga ya, estoy que me salgo….¡me toca ya!....me acerco y le digo a la titi cajera :
¡ Dame to el dinero que tienes en el cajón, que esto es un atraco y puede correr mucha sangre!
Se lo dije con carácter, con firmeza, con la voz hueca, lo había ensayado una y mil veces en el espejo del baño.
La titi se puso descompuesta, le dio por a dar voces, la tía loca .....y yo, voy a sacar la pipa y me doy cuenta que no la llevo, me la había olvidado…… con los nervios de la primera vez, estaba cantado que algo fallaría.
Me dieron una manta de palos entre el interventor y el securata, que los moratones me duraron hasta el juicio.
La Jueza tuvo en cuenta los atenuantes de primerizo y otros que esgrimió mi defensor.
Me cayeron, tres años.


Soberbio relato escrito por Angel, donde narra en primera persona y de forma privilegiada las aventuras y desventuras de un mediocre atracador, todo ello aderezado con toques de ironía y humor. Resultado: la mezcla perfecta, un gran relato corto. Más relatos, poemas y reseñas en su selecto blog: http://angel-lectorimpertinente.blogspot.com/

Caso perdido

Debería levantarme mañana
y sin despedirme de nadie
olvidarme de toda esta farsa
y subir al primer tren
bajarme cuando estuviera harto
y dedicarme a pelear por los bares
hasta que me dieran una buena paliza
y una vez en el hospital
sería el peor de los enfermos
ya saben a que me refiero
rollo correas y sedantes fuertes
un horrible fracaso del sistema
sería un caso perdido
y me criticarían por la espalda
haciendo que no con la cabeza
como hipócritas samaritanos
mientras toman café de máquina
y fuman a escondidas del director
nadie podría ayudarme
ni los asistente sociales
ni los religiosos
ni los voluntarios aburridos
y cuando hablaran de encerrarme
sería el momento de escapar
con el dinero de los enfermos
y el del personal sanitario
y gastarmelo todo en bebida y en putas
para volver a subir al primer tren
cuando me quedara sin dinero
y dedicarme a pelear por los bares.

Extraordinario poema escrito por Toro salvaje, magistral. Sin duda alguna, uno de los poemas con más fuerza y carácter propio que hemos publicado en De Gozel. Sencillamente genial. Más poemas en su blog (totalmente recomendable): http://torosalvaje.blogspot.com/

La perra libertad

La perra libertad

Los molinetes a las puertas de la estación de Belgrano están protegidos de la oscuridad de la noche por dos tubos de luz blanca, bajo un techo y dos paredes de chapa. Los miedosos, los pibes que vuelven de la facultad, eligen la luz cálida cercana a la boletería, con el guardia de seguridad y el colorido puesto de diarios. Yo prefiero leer en la isla iluminada de los molinetes. Abro un libro sobre el bicho plateado que se chupa los boletos, los mastica y los escupe. Ese proceso te lleva dentro.
Pero cuando vuelvo a mi casa de la facultad, ya nadie paga por entrar a la estación. La noche cercana a mi isla, está habitada por lingeras fantasmas y cartoneros que se sientan en el piso, toman vino, comen pan y se ríen a carcajadas, esperando subir al furgón mugriento de haber llevado y traído basura durante todo el día. Ahí estoy yo, en mi isla. Nadie se me acerca, todos me esquivan y miran de costado al loco atrincherado con su libro, tratando de escaparse de la rutina.
Ese día había meado el libro. Bajé del subte y yendo hacia la estación paré en la puerta de un colegio a mear y cuando me estaba subiendo la bragueta se me cayó el libro que sostenía bajo el sobaco. Cayó de lleno sobre el charco de meo que empezaba a escaparse por los surcos de las baldosas hasta la calle. “!Mierda!” grité y empecé a frotar el libro contra la pared. Arranqué algunas hojas secas de un árbol y resolví el problema. Ya no volví a ponerme un libro en el sobaco. La tapa se puso algo pegajosa y cuando llegué a casa la lavé con la esponja de la cocina y algo de detergente.
Un nene se me acercó en la estación ese día. Me miraba asombrado. Me preguntó que leía y que ya sabía que era un libro, pero quería saber que era ese libro. Le expliqué que era una historia. Se quedó quieto mirándome un rato largo mientras yo leía y forzando un tono de hombre mayor me contó que Buenos Aires estaba vacía, que no había una sola moneda. Después se subió a una de las máquinas de los molinetes. Nos quedamos así un rato, él en silencio y yo leyendo hasta que llegó el tren, con las filas de ventanas amarillas con gente adentro.
Para esa época ya había empezado a tenerle un poco de miedo a la lluvia. Dejó de gustarme cuando empezaron las goteras en la pieza de mi nueva casa. Ya no era romántica; ahora era desesperante. Primero fue una mancha de humedad en un rincón del techo, que se sumó a la que ya había en el zócalo del piso, junto a la caja de cartón que hacia de canasto de la ropa, hasta que un fin de semana largo de tormenta se filtraron algunas gotas y se deslizaron pegadas al techo, hasta caer al pie de la cama formando un pequeño charco al lado de una de las patas a la que mi perra le mostraba los dientes.
Qué nostalgia de la casa de mis viejos. La ventana de mi pieza por la que veía la lluvia y el viento que pasaba por las hojas de los fresnos mellizos plantados por mi papá. Los mediodías tormentosos que llegaba del colegio. Mi vieja esperándome con una toalla seca y la leche caliente. Los rayos bajando hasta tocar los árboles del hipódromo.
Eugenia lloró agarrándose las rodillas y gritando que quería ver a su mamá.
Podía imaginar el agua acumulándose debajo del piso flotante de madera. En cualquier momento llegaba al nivel del piso y nos íbamos a inundar. Tenía que relajarme. La noche que se me cayó el libro sobre el meo, cayeron algunas gotas ni bien llegué a casa. No intenté dormir. Esperé a que Euge empezara a roncar y me fui en calzones a calentar agua para el mate. ¿Qué iba a hacer el día en que no tenga sus pelos enloquecidos enredados en mi barba?. Mi perra me miraba con la cabeza inclinada y los ojos tristes y curiosos. Me asomé a la puerta y corrí la sábana con manchas de óxido que hacía de cortina. Del otro lado de la tormenta, al grupo de pibes que alquilaban el departamento de enfrente se les veía las caras iluminadas por el reflejo de las computadoras. Apenas si los podía ver al otro lado de la lluvia.
La impermeabilidad es importante. Lo que solía gustarme de la lluvia era el aislamiento que provoca, la excusa perfecta para encerrarme en mi cuarto y aislarme todavía más adentro de un libro. Podía acompañar la lluvia con música. Era otra buena combinación.
Aprendí a escuchar música por influencias. La música se mete por todos lados, busca su espacio, incontenible como el agua. Los discos de mis viejos en el comedor, con los sillones azules que se deshilachaban. Los cassetes de mi hermano, seis años más grande. La rebeldía. La superioridad de ir al colegio y cantar canciones que nadie sabía y que sonaban salvajes.
La influencia más importante fue, sin que él lo supiera, la del hermano mayor de Sergio. No recuerdo haber hablado nunca con el hermano de Sergio. En realidad le tenía tanto miedo que me hacía doler el estómago. Manejaba un auto rojo a toda velocidad por las calles de adentro del barrio. Un día chocó manejando un jeep contra el árbol de la puerta de la casa de mi vecina. Recuerdo a Sergio riéndose, mientras su hermano borracho intentaba llevar el árbol al baldío de la esquina junto con sus amigos y a mi vecina gritando delante de todo el barrio.
Entrábamos a su pieza cuando ya se había ido a hacer el servicio militar y escuchábamos sus discos y mirábamos sus revistas pornográficas. No duró mucho tiempo en el servicio militar. Sergio dijo que se había agarrado a piñas con un milico y todos le creímos. Al poco tiempo desapareció y no volvimos a verlo más, pero seguimos haciendo trabajo de arqueólogos entre sus cd´s, guardados en cajas debajo de la cama.
Ya no importaba que de los otros departamentos me vieran en calzones. Durante la primera tormenta en casa nos dimos cuenta de cómo se arremolinaba el viento cuando terminamos de garchar. Entraba por el pasillo, chocaba contra los departamentos del frente, se juntaba en el patio interno y subía hasta nuestra casa. Mientras estuvimos en la cama no nos habíamos dado cuenta del quilombo. Me levanté en pelotas a ver que pasaba y cuando levanté la persiana vi la sombra de la cara de una vecina asomándose por una ventanita. Supuse que en la oscuridad y con la lluvia no me iba a ver, hasta el primer relámpago. Vi su mano abierta yendo hacia la boca, expresión inconfundible de sorpresa y escándalo.
Todavía no habíamos traído a la perra. Para esa época nos habíamos tomado unos días de franco los dos y al despertarnos, antes de empezar a dejar cada vez más habitable nuestra nueva casa, hacíamos el amor.
Ya no me importaba que me vieran desnudo. Estaba feliz, pero en paz. Me acordé de una frase de Miller: “ser feliz, es ser un loco en un mundo de fantasmas tristes”. La felicidad es difícil de compartir. Es como ir solo por la calle y que una idea, una frase o un sentimiento suba desde adentro, como si fuera un ventrículo que le salen alas después de incubarse durante años, y va directo a tu boca para que lo mastiques y lo saborees, sabiendo que es tan verdadero como cualquiera de tus órganos, tratando de que no se te escape hasta que puedas escupirlo hecho palabras. De repente estar bañándome y que suceda: escribir o sentir que estallo. Me seco como puedo y escribo con un jabón sobre el espejo del baño.
Un mediodía lluvioso, cuando volvía del trabajo, el tren empezó a detenerse más tiempo en cada estación de lo que marca la ortografía perfecta que escribe la rutina los días. Finalmente se detuvo y el guarda bajó a explicar que la demora se debía a un suicidio, que alguien se había tirado bajo el tren que venía delante del nuestro.
El cronómetro siguió corriendo y se nos iba el tiempo. Fin de año y el día ameritaba pararse frente a un tren. “Qué ganas de venir a cagarme el día, porque no va y se suicida solo y no jode a nadie” se escuchaba como un murmullo entre la lluvia. El guarda explicaba que no se podía tocar nada hasta que no llegaran los fiscales y que después tenían que limpiar las vías. “Si los pedazos son muy chicos no levantan nada, lo dejan ahí”, aseguraba un vendedor ambulante.
¿Qué pasó con el de Carupá del martes?, preguntó el vendedor y el guarda le respondió que si hablaba de la mujer que se tiró a la entrada de la estación había sido un suicidio no más, pero el vendedor le aclaró que no, que hablaba de un viejito que se había parado a dos cuadras de virreyes, pero el guarda no sabía nada del viejito.
Cuando la vida te acorrala, y te pone contra las cuerdas no hay a quien pedir que tire la toalla y entonces uno se quiere bajar del cuadrilátero porque después de una envestida viene la otra y después la otra, cada vez más fuerte. Para muchos la única opción es correr llevando su tristeza a los kilómetros de vías y espera que se vaya con las toneladas de metal que los golpea. Es una piña de nocaut que te apaga la luz y te arrastra unos metros. Si los pedazos son muy chicos los dejan ahí. “Quedan pedazos quemándose en los bujes y todo eso, imaginate”, explica el vendedor, “Al conductor le dan vacaciones después de un suicidio. Quedan locos. ¿Sabés como se siente el golpe? es como un martillazo. Pum. Listo. El conductor le ve la cara un segundo y chau, se lo comió”.
Pero a mi modo, yo era feliz y no tenía intenciones de compartirlo con nadie más que con mi perra. Euge dormía. Estaba lloviendo. Sí. El agua podía estar acumulándose bajo el piso. Pero la felicidad viene y no hay nada que hacer. Se hirvió el agua de la pava. La vida de a dos bajo un mismo techo va de la paz a la claustrofobia y de vuelta a la paz y del odio a la euforia y de nuevo al odio o al hartazgo. Eché un chorro de agua fría a la pava de agua hirviendo.
Sentí ganas de salir a caminar, de vagabundear, como la otra noche que soplaba un viento delicado que apenas si movía la ropa húmeda que colgaba de los cables que recorren el balcón y Eugenia cortaba unas verduras y yo sentado en los primeros escalones de la escalera acariciando a mi perra miraba los techos y las luces de la avenida como si fuera un sueño, cuando en uno de los departamentos de enfrente comía una pareja y él, en cueros, levantaba el pulgar y me guiñaba un ojo, iluminado por la luz de una televisión en la que un galán de una telenovela contaba lo importante que había sido para él participar de una cena para incentivar la donación de sangre y así aportar su granito de arena y yo pensaba que quizás de tantos granos es que vivimos en un desierto. Todo eso sucedía mientras yo quería bajar a la calle, a espiar por las ventanas y sentir el olor de las cenas en las mesas al otro lado de las cortinas. Sueños peregrinos.
Salgo a caminar con la noche. La perra tira de la correa para oler todo, quiere meterse el mundo de una sola vez por el hocico. Adora caminar y salta y mueve la cola y está llena de una alegría eléctrica. La calle está vacía como un cementerio resguardado por perros libres y guardias cerca de su garita con una sola y minúscula ventana que en verano no encuentran como hacer para matar el tiempo o matarse a ellos mismos. Las cortinas de las casas parpadean con luces de colores que viajan por cables hasta las televisiones. Sopla un viento suave de primavera que apenas mueve algunas hojas. En un kiosco de la avenida se amontonan algunos borrachos que insultan una pantalla en la que se juega un partido futbol.
Los perros de la calle son libres. Mientras camino y el viento empuja las hojas que me acompañan, me acuerdo de los perros de la playa en Mar Azul, corriendo a mojarse las patas y salir de vuelta a correr por la arena, a perseguir las gaviotas, a comer lo que haya abandonado algún veraneante. O la jauría de perros que vagaba por las calles de puerto Iguazú. Decenas de perros callejeros corriendo bajo la lluvia por el medio de las calles desiertas, rompiendo las bolsas de basura, saltando dentro de los charcos, ladrando y abriéndole la boca a la lluvia. Ese día no había excursión. Hacía pocos meses que había conseguido mi primer trabajo y las primeras vacaciones las tuve en el mes de noviembre. Decidido a no quedarme solo en Buenos Aires me metí en uno de esos viajes a mitad de precio que organizan los clubes de jubilados. El viaje estaba completamente regulado, éramos los perfectos turistas.
Pero ese día llovía y tuvimos que cancelar la excursión. Harto del encierro del hotel y de los viejos jugando a la canasta, me fui a caminar solo. Busqué un micro en la terminal que me llevara hasta Brasil, pero llovía demasiado, suficiente para suspender todos los viajes. Un tipo de la terminal me señaló el lugar donde comían los choferes. Como ya estaba empapado decidí que lo mejor era no volver al hotel. Caminé algunas horas pegado a las paredes para mojarme lo menos posible. Mientras los turistas transpiraban dentro de los hoteles la humedad del litoral argentino, afuera la lluvia era de una violencia a la que nadie se le animaba, amiga del viento que la hacía pegar de costado, de frente y meterse por todos lados.
Entonces dobló la esquina, a mi espalda, una jauría de perros corriendo enloquecidos por el medio de la calle. Veinte, treinta perros dueños de la calle. Me sentí uno de ellos y me morí de envidia a la vez. Los seguí mientras pude hasta que se fueron alejando ocupando toda la calle, formando una V como hacen los pájaros.
Me sebo otro mate, miró a mi perra, ella me sonríe y creo que entiende, que ella también querría correr de la playa a la arena y de vuelta a la playa.

Magnífico relato escrito por Sebastián Pujol (Buenos Aires, Argentina), donde nos sumerge en la trama y nos mantiene en vilo durante toda la narración. Más publicaciones y escritos en la revista Como loca mala: http://www.comolocamala.com.ar/

Profundas reflexiones

Me encontraba sentado
en la taza del retrete,
intentando hacer lo mío.


Leía el periódico,
mientras intentaba concentrarme.


Pero apenas me enteraba
de lo que estaba leyendo.


La tenía a ella metida en la cabeza
y eso me impedía
concentrarme en nada mas.


Me la imaginaba
mirándome con sus grandes ojos,
y con esa boca enorme.


No me dejaba tranquilo,
ni a la hora de hacer mis necesidades,
dejé el periódico y me rasqué la cabeza.


Pensé en masturbarme
aprovechando que la tenía
de nuevo en mente.


Luego descarté la idea.


No me pareció limpio
cascármela mientras jiñaba,
y pensar en ella.


Quizá si hubiera sido otra...

Sobresaliente poema escrito por Jesse Custer, atesora gran calidad. El poema no deja indiferente a nadie, es directo, agudo y soberbio. Todo ello aderezado y condensado con una esencia "Chinaski". Más relatos y poemas en su blog (ciertamente aconsejable): http://lapalabradejessecuster.blogspot.com/

Un poco de arte...

Excelente dibujo titulado "Linyera" realizado por Mariano Antonelli a modo de colaboración para nuestra/vuestra revista. Para el que no lo conozca, decir que es un dibujante-ilustrador argentino con un gusto y arte exquisitos; para muestra un botón. Gran aporte.

Más dibujos, ilustraciones e historietas en su original y artístico blog: http://antonellidibujos.blogspot.com/

Víctimas de serie B

En el tren una chica enrojecida por una sesión de playa, curtida por una huída incesante de la fragilidad, me dedica una mirada fija y penetrante como un estilete de hielo, me reta con dureza, espera que abandone, que aparte mis ojos, pero me sorprendo haciéndome jugar a ser su espejo. Depositan sobre mí la frustración y el deseo que acompañan el aura del desdén, sonrío como un canalla sin corregir mis labios, ella rinde sus ojos al exterior del vagón, hago como que sigo leyendo, aguardo el momento de contraatacar y humillarla como forma de seducción, recuerdo cuando la Mala R. vaciló a mi colega Iele, que no se la tiró por no entregarse a su ser más abyecto y mantener la dignidad de reconocerse en su fragilidad, y me viene a la cabeza el polvo salvaje de mi vida, con aquella actriz de excepcional belleza distraída que había sido violada en varias ficciones cinematográficas, la que me exigió darle por culo, golpearla e insultarla en el primer encuentro, que tuvo lugar en el sofá de una casa extraña para ambos, donde la rabia eyaculó en su colon y sin sacarla me desplomé sobre su espalda, atrapando su cuello entre mis mandíbulas hasta cortarle la respiración a causa del breve desgarro que causaron mis incisivos... Vuelvo a la chica del tren, que primero hace como que no sabe que yo sé que ella se sabe observada, después sigue despreciándome, se mantiene firme y pierde el interés por completo en cuanto intuye que, ahora sí, quiero metérsela hasta el fondo en el lavabo del vagón repleto de esclavos como yo. Al llegar a la primera estación del trayecto, en cuanto queda libre el asiento que tiene enfrente, me da la espalda, cortando definitivamente la vía de comunicación visual. La nostalgia inyecta con parsimonia una dosis de calma y disuelve los efectos de la testosterona. Hoy volveré a ver una de esas películas de serie B en las que aparece encasillada en su papel de víctima aquella actriz de la que hablaba. En el segundo encuentro con ésta, ella hizo de espejo con el ser que tenía enfrente en aquel momento, me regaló una noche de admiración, confianza, orgasmos y una despedida sellada en la parada del colectivo con un beso en los labios. Tenía yo 13 años.

Sublime y brillante microrrelato escrito por Ernesto Artesa (Domingo Vital), donde narra magistralmente una historia impactante con un final sorprendente. Es de ese tipo de lecturas que nos gustan en nuestra revista. Más relatos, poemas y artículos en su blog: http://jugandoconlaperspectiva.blogspot.com/

El cigarro más importante de mi vida

Suena el timbre. Abro la puerta.
- Hola, Cristina. Te presento a Eugênia -dice Jorge.
¿No se le caerá la cara de vergüenza?
Hemos invitado a Jorge a cenar. Que yo sepa, iba a venir solo, pero está claro que trae compañía. Y qué compañía. Menudo cuerpazo tiene la niña. Será cabrón. Míralo ahí plantado, como si no hubiera roto un plato en su vida. ¡Eugênia! ¿Y eso cómo se pronuncia?
-Encantada, Eu-gênia, estás en tu casa -digo. Algo hay que decir, ¿no?
-Obrigada -contesta.
Vamos por el pasillo. Qué cabrón. Desde luego, no se puede decir que tenga mal gusto. Qué culo, por dios, casi me gusta a mí.
Entramos en la cocina. Carlos lleva puesto el delantal de cuadros blancos y amarillos que le regalaron los del curro. Cuando hay invitados, él prepara la cena. Así puede presumir de ser un hombre interesante.
- Hola, chicos. ¿Cómo estás, Eugênia? -dice Carlos. ¡No, si aún se conocerán y todo!- No, no, no hace falta que contestes, ya te veo: estás para mojar pan. -Le da un repaso de arriba abajo y luego me mira y me guiña un ojo, como si a mí también tuviera que hacerme gracia. Pongo una sonrisa lo bastante falsa como para que le quede claro que detesto esos comentarios apestosos. No sirve de nada, nunca va a dejar de hacerlos.
Nos sentamos a la mesa. Carlos sirve el rissotto. Está bueno, se le da bastante bien. El vino está mejor todavía. Lo ha traído Jorge. Tiene buen gusto, el cabrón. Para el vino, para vestir y para las tías, por lo que se ve. ¿No quieres tópico? Toma una brasileña.
Me gusta la camisa de Carlos. Es azul, pero de un azul que no está nada visto, medio gris, y sin una sola arruga. Al muy guarro, con esa percha, todo le sienta bien. Ella lleva una blusa roja que le marca los pezones, y el escote es como para detenerla. Cuando se dan el pico, me pongo enferma. Qué cabrón.
Carlos se levanta, se lleva los platos sucios y va a por el segundo. No consiente que los demás se levanten. Yo me encargo de todo, dice siempre. Lo que tú quieras, pienso yo.
- Tú debes ser brasileña -le digo a Eugênia.
- De Rio de Janeiro. ¿Se nota? -Se agarra por debajo las tetas. Impresiona ver cómo tiemblan. Se ríe y al reírse me enseña la dentadura. Parece que haya estado sacándole brillo.
¿De qué coño se ríe?
- ¿Y a qué te dedicas, Eu-gênia? -pregunto amablemente.
- Soy bailarina. Trabajo en la noche, jajaja. Bares, discos... A veces en el teatro, pero esto está muito difícil. - Y vuelve a enseñarme los dientes.
La verdad es que es simpática. Cortita, pero simpática.
- ¿Y hace mucho que os conocéis?
- Dos semanas -dice Jorge.
Dos semanas no es mucho tiempo para presentarse a cenar con alguien en casa de tu mejor amigo, me parece a mí. Yo no lo haría, desde luego. Y menos, dadas las circunstancias. Alucino.
Carlos trae la carne. Ha hecho carrilleras de cerdo. Al oporto. Mientras las pone en los platos, se mancha el delantal y también la camisa. Ha servido cuatro trozos. Cuatro: ni tres ni cinco. ¿Se puede saber por qué no me ha avisado de que Jorge no venía solo?
No sé muy bien cómo, pero la noche va pasando. De vez en cuando nos miramos los cuatro y sonreímos. Los temas estrella son las favelas, lo que nos llevaríamos a una isla desierta, Kaká y las habilidades gastronómicas de mi señor esposo. Él y la brasileña son los que más hablan. Hago como que les presto atención. Jorge evita mirarme, tanto como puede.
Eugênia anuncia que va al lavabo y desaparece taconeando. Carlos recoge los restos del segundo plato.
Nos hemos quedado solos.
Estoy como un flan. Me cruzo de brazos y le interrogo apoyándome en ese clásico movimiento de la barbilla:
-¿Tú qué?
- Yo qué... de qué -contesta con todo su morro.
No lo llevamos bien.
Me levanto y pongo los brazos en jarra.
- Así que ahora tienes novia. ¡Cómo puedes ser tan cabrón!
- Cris, por favor, que nos van a oír -me dice con cara de asombro, el muy cínico.
- ¿Por favor? ¿No te da vergüenza? ¡Ahora resulta que tiene miedo de que le oigan! -Mientras hablo, irritada, me doy cuenta de que lo hago en voz baja y eso me irrita más aún. Sigo hablando, porque no puedo dejar de decir lo que tengo que decir, pero aun así no consigo subir el volumen-. Que nos van a oír, dice. ¡Ja! Qué gracia me haces. ¿Quién se ha presentado aquí con esa... muñeca hinchable? ¿Miedo? Qué imbécil que soy. Lo que tendrías que tener es vergüenza. No lo entiendo, te lo juro, no entiendo cómo se puede ser tan capullo. ¿Se puede saber dónde narices tienes la... decencia?
Está muy serio. Me desafía. Me desafía con su silencio y con la cara de asco que pone. ¡Encima!
Suponiendo que tenga alguna intención de contestar, no tengo ocasión de comprobarlo.
- Me gustan los... los..., cómo se dice, ...cuadros que tienes en el baño -dice Eugênia al llegar- . Son lindos. ¿Dónde los has comprado?
Los compré en un chino de mierda, pienso.
- Los compré aquí al lado, en un chino -digo.
¡Joder!
Tomamos el postre, un poco de cava y café. La tarta de siempre hoy no está acertada. Demasiado tiempo en el horno. Y se le ha ido la mano con el borracho.
Nos despedimos.
- Cariño, ¿friegas tú hoy los platos? -me dice Carlos bostezando cuando ya se han marchado.
Va a fregar tu prima.
Voy yo al lavabo.
Hago pipí y me aguanto con las manos la cabeza.
Antes de esta asquerosa noche pensaba que estaba a punto de tomar una decisión. La decisión más importante de mi vida. ¿No habíamos quedado en eso? Pero resulta que no había nada que decidir. Resulta que no había nada de nada.
Qué bien.
Cuando llego a la habitación, mi marido me dice muy serio:
- Menuda jaca se ha buscado el cabrón de Jorge.
Estoy muy cansada.
- Tienes razón, menudo cabrón.
- ¿Y ahora por qué dices eso?
No le debe de gustar cómo utilizo yo la palabra.
- ¿Por qué no me avisaste de que iba a venir la tal Eugênia?
- Porque no lo sabía. -Se encoge de hombros. Dice la verdad, no sabe ni mentir.- Cariño, ¿por qué le has llamado cabrón?
- ¿¿Cómo sabías su nombre??
- Pues porque me ha hablado de ella un montón de veces, Cris, qué importa eso. Si hace meses que se la tira. ¿Has visto cómo está la chavala?
Ella, no lo sé. Yo, sí sé cómo estoy.
- ¿¿¿Por qué has hecho cuatro trozos de carne??? -Me doy cuenta de que estoy gritando.
- Cristina, haz el favor, ¿se puede saber qué te he hecho? A mí no me hables así, ¿me oyes? Pensé que igual la traía. Se me ocurrió, hostia, déjame en paz, ¡¡¡yo qué sé!!!
Me pongo de espaldas a él en mi lado de la cama, lo más lejos que puedo. Pasa algún tiempo. El colchón chirría. Noto sus manos en mis pechos.
- Carlos, por favor, estáte quieto -Hablo en voz muy baja, pero él me oye perfectamente y vuelve a su sitio.
Al cabo de unos minutos, le oigo roncar en la habitación. Yo estoy en el sofá del comedor y acabo de encender un cigarrillo. El humo entra en mis pulmones. Respiro hondo. No toso. Y eso que hace ocho años que no fumo.

Sobresaliente e ingenioso relato escrito por Vicente Aparicio (miembro del blog La Karcoma), donde nos mantiene expectantes durante toda la historia y nos induce a ser un comensal más en la mesa. Más relatos de alto nivel en el blog La Karcoma (grupo de autores, totalmente recomendable): http://lakarcoma.blogspot.com/

Ceremonia

Seámos sólo deseo y placer.
Carne.

Me observas.
Observas tu "obra de arte".

Mira cómo me tienes:
Entregada y dispuesta a todo por tí.

Esperando tu carne en mi carne,
las embestidas en mi sexo
hambriento de tí.

Oh, no puedo más, mírame,
toma mis agujeros,
todas las entradas a mi cuerpo te esperan.

No escatimes.
Usalas todas.

Soy el altar para tu ceremonia de placer.
Profáname.
Húndete en mí.

Hazme gemir, gritar, desear aún más.

En este momento eres mi dios
y yo el sacrificio de carne,

disfrútalo.

Desgarrador poema escrito por Srta. Marta, brutal a la vez que genial. Más poemas, citas y fotografías en su blog: http://utopicataraxia.blogspot.com/

Fotografías con arte












































Excelente compilación de fotografías creadas por Raúl-Flakillo, que a través de su objetivo nos hace viajar a parajes insólitos y momentos únicos. Gran aporte. Más fotografías y arte en su completo blog: http://raul-flakillo.blogspot.com/




Juego de niños y juegos de niño

Saqué la pistola que jamás conseguí del bolsillo de mi cazadora de cuero inexistente y disparé contra los enemigos que nunca tuve. Uno a uno, se desplomaron sobre el asfalto de la calle que no pisé en la vida, tiñéndolo de rojo ficticio y componiendo la fantasmagórica escena del crimen que nunca cometí. Por fin los espectros del falso pasado que no viví, y que no me habían perseguido, habían sido eliminados. Mi conciencia descargada respiró tranquila, y se encharcó los vírgenes pulmones recién estrenados del ilusorio aroma del ambiente, enrarecido por el suceso que no había acontecido.

Emancipado de la culpa y huérfano de envites, me sentí libre y realizado. Un cartero, una ejecutiva y un anciano fueron declarados culpables en el fugaz juicio irreal celebrado mentalmente. La condena dictaminada, Pena de Muerte, sin posibilidad de recurso alguno, se aplicó al instante. Juez, jurado y verdugo, la trinidad compactada en mi persona, a la que no le tembló el pulso a la hora de administrar la justicia fingida.

-Jaimito, deja de señalar con el dedo a los señores, que es de mala educación. Te lo he dicho mil veces. ¡Y no te chupes el dedo!

Con quimérico ademán de redención, enarbolé la callada por insignia, ya cansada del polvo viejo de astillero cementerio de estandartes destilado en alquitara de impetuoso heraldo retirado.

Soplé el humeante cañón de mi pistola imaginaria, Tizona de mi justicia implacable, y la enfundé de nuevo con gesto de complacencia.

Y sin soltarle la otra mano a mi madre, le pedí un helado.

Primoroso relato corto escrito por Jaime Ulises, donde nos lleva de la mano del niño durante toda la narración y sólo nos desvela la trama en su fase final. Nos mantiene en vilo... Más relatos y actualidad en su blog: http://soyunparanoico.blogspot.com/

Con Clark Kent en La Colmena

De Victor Munguia


7 pm. en La Colmena : Clark Kent estaba esperando que llegara Luisa, era la misma pared en la que antes habia visto recostado a Camilo Sesto, notable, seguramente, porque alli habia vuelto muchas veces. Nadie me miraba a estas horas, todos estaban atraidos por la fantástica figura del hombre de acero.

Venía del Bar Munich, me despedi de los compañeros de oficina y estaba decidido a no detenerme , como todos los curiosos, para saludar a Clark Kent y preguntarle que tal era el trabajo en el Planeta.

Pero, Clark estaba tan ocupado en ser famoso que quizá ni se dió cuenta que yo pasaba por alli…Yo, que tenía unas copas demás y lo único que queria era encontrar a Olga, acariciarla, llevarla al cinco y medio, en taxi, morder su boca y desquitarme por esta larga semana aguardando nuestro encuentro de los Viernes…

Me detuve en ese mismo lugar y no dije nada, ni como estás Clark, tampoco le di un apretón de manos como se hace con los personajes célebres. Yo seguia pensando en Olga.

No sé si este Clark Kent tiene una pizca de idea de lo que significa estar aqui, mezclarse con los humanos y desear muy fuerte que ella no vaya a faltar a la cita, como hacen muchos en esta esquina del viejo Hotel Crillón, aunque en su rostro incomodo se podia adivinar su impaciencia.

Pero ya no era posible escucharlo cambiar de tema y que me diga lo mal que jugó la U, que nos contemos la historia de nuestro hinchaje, y del campeonato perdido porque en esos momentos apareció mi Olga, con su ropa ajustada, provocando que los morbosos volteen a mirarla y se exalten con la visión de su cuerpo fenomenal, su blusa roja, su pantalón negro, su rostro de cantante chicha.

Y no oi más a Clark Kent, ni a sus superamigos que le hacían compañia para que no sintiera la demora de su amada que estaria tratando de tomar una combi desde su oficina hasta el centro de Lima.

Ante el cuadro renacentista de Olga y yo abrazados, Clark hizo una mueca de hombre de acero derrotado, como si la kriptonita escondida en alguna parte le estaria haciendo efecto. Lo compadecí.

Ya estaba pensando en que hotel, yo y Olga, iriamos a parar cuando el imbécil de Clark se acercó y totalmente inoportuno exclamó fuerte no me presentas a tu amiga ?..Lo miré con desprecio pero el superidiota no lo notaba o se la daba de vivo, le extendió la mano y ella emocionada le pidió que le firmara un autografo para sus hermanitos..me reí.

Nunca me dijiste que creias en estas historietas absurdas de superheroes y pamplinas que hacen para los minusválidos cerebrales…pero Olga ya no me escuchaba.

Estaba embelesada con Clark, y seguian hablando como si yo no existiera. Caminé hacia un vendedor ambulante y compré un cigarrillo, los dos simulaban no darse cuenta que yo no estaba y platicando se alejaban de mi.

Di unos pasos, senti tambalearme, encendí el cigarrillo y le pedi a Santa Bárbara que me sacara de alli, era un recurso que me enseñó la abuela. Y dió resultados. En dos minutos un taxi se paró a mi lado y subí sin decir nada, llévame a la Nene, le pedí.

Y allí en la Nene, quise olvidar a Olga y su traición. Me perdí con Ivonne, en esos cuartos sucios y viejos, me quité la corbata y ella me preguntó cómo se llama? Quién le pregunté y respondió esa que te ha hecho sufrir..Cómo sabes eso? Porque estoy acostumbrada a escuchar estas historias..y tú tienes una, no ?

Si, pero no voy a hablar de ella, ni de Clark Kent, Camilo Sesto o los superamigos, sólo que hoy he dejado de creer en los superhéroes, las mujeres y los cuentos de final feliz. Soy puta mi amor, puedes hablar con confianza, dijo mientras se desnudaba..La tomé de los hombros, la besé en la boca y le susurré al oido no, tú no eres puta..ella es más puta que tú…Y abandoné para siempre esa noche al niño que yo era.

Magnífico relato corto de Victor Munguia. Con Clark Kent en La Colmena es un conjunto de relatos cortos entrelazados unos a otros que tiene como escenario La Colmena y New Jersey.
Muchas gracias Victor por tu colaboración para la revista, y desde aquí seguimos ese excepcional surtido de relatos cortos entrelazados.
Más relatos y escritos en su blog: http://primaverarojayotrosrelatos.blogspot.com/

Arte en estado puro

















Soberbia compilación de fotografías creadas y elaboradas por Jose Andreu Benavent, un ARTISTA- INNOVADOR con letras mayúsculas. "Porque una imagen vale más que mil palabras". Gracias por el aporte.
A continuación os dejo su original fotoblog: http://cita.mifotoblog.com/index.php