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jueves, 13 de marzo de 2008

EL AMOR (L'Amore de Roberto Rossellini, 1948)

Hace unos pocos días (el 7 de marzo) se cumplían cien años del nacimiento de una de las más grandes actrices que ha dado el cine italiano –si no la más grande-, me refiero a Anna Magnani. Para recordarla nada mejor que comentar una película que era precisamente eso, un homenaje a la propia estrella. Vamos a hablar de El Amor, de Roberto Rossellini, un largometraje compuesto por dos cortos, con sendas historias independientes, ambos interpretados por la Magnani.




El primero se titula Una voz humana y está basado en la obra de teatro de Jean Cocteau. Es un monólogo a cargo de la actriz, donde demuestra lo que era capaz de hacer ante la cámara. Aquí Rossellini se deja llevar por el amor que sentía sobre Anna Magnani y nos regala sucesivos primeros planos de un rostro potente, de rasgos mediterráneos, de perfil griego inconfundible. La interpretación parece improvisada y da la impresión de que el operador ha recibido la orden de seguir a la actriz, que se mueve a su antojo por el decorado.

El riesgo de caer en la monotonía, que provoca el diálogo a cargo de un solo personaje hablando por teléfono con su ex-pareja, y el hecho de contar con un solo interior: su propia habitación, lo soluciona Rossellini estructurando el corto en tres fases. Cada una corresponde a una llamada telefónica: la primera sirve de introducción; la segunda desarrolla la historia y es reveladora en cuanto a su contenido; y la última resuelve el drama. También el decorado se aleja de la redundancia al alternar secuencias con la actriz en la cama - agarrada al auricular y al hilo telefónico, como si su vida dependiera de la continuidad del cable- con otras transitando por la habitación. La falta de personajes también se ve solventada cuando el genial director, en un momento determinado, hace que Anna Magnani se desdoble, gracias a la utilización estratégica de espejos en el decorado.

La segunda parte, titulada El Milagro, tiene un claro parentesco con el cine religioso y anticipa el estilo que vendrá de la mano de Pasolini. Aquí, la actriz encarna a Nanni (un guiño a la propia Magnani, ya que el nombre por el que se le conocía cariñosamente era el de Nannarella) una indigente que se queda embarazada y culpa de ello a lo que cree ha sido un milagro de San José –interpretado por el propio guionista: Federico Fellini-. Las referencias al Nuevo y Viejo Testamento son continúas. El Pecado Original, La Anunciación, El Nacimiento, El Domingo de Pascua o La Pasión de Cristo son algunas de las simbologías que pueden apreciarse de forma directa; sin apenas disimulo. Esto provocó un debate acalorado en Estados Unidos, donde tacharon a la película de blasfema. La polémica se resolvió con un dictamen de la Corte Suprema a favor de la cinta y de la libertad de expresión; fue una decisión histórica ya que a partir de El Amor, en Estados Unidos, las películas son amparadas por la Primera Enmienda, igual que los libros o la prensa.


Si el amor del personaje de la primera historia es evidente –y de ahí el título genérico del filme- el enamoramiento al que se refiere la segunda parte puede verse en un doble sentido: en el ya comentado espiritual y religioso; o en el sentimiento a cargo del propio director por su amante en esa época. De hecho hay un subtítulo en los créditos que dice algo así:”En homenaje al arte de Anna Magnani”. La relación apasionada entre el cineasta y la actriz sólo finalizó por causa mayor: por la aparición de Ingrid Bergman en la vida de Rossellini. Anna Magnani nunca se repuso del desengaño y hasta se sacó de la manga un largometraje (Vulcano de William Dieterle, 1950), celosa por la interpretación de su rival en Stromboli (Stromboli, Terra di Dio de Roberto Rossellini, 1949). Y eso que ganó el cine: hoy tenemos dos películas con los famosos volcanes como telón de fondo –la de Rossellini es sensiblemente mejor-; todo gracias a un despecho amoroso.

Así era el carácter de una actriz que marcaba a los personajes que interpretaba; que les entregaba tanta fuerza que traspasaba la pantalla. Una estrella que se mantendrá cien años más en el recuerdo de las generaciones futuras. Nannarella: no te olvidamos.

Ver Ficha de El Amor


Antes de finalizar me gustaría aprovechar las referencias a la Semana Santa de L'Amore para despedirme momentáneamente por motivos vacacionales, y para desearos que paséis unos merecidos días de descanso. Un abrazo y hasta la vuelta.

lunes, 18 de febrero de 2008

TE QUERRÉ SIEMPRE (Viaggio in Italia de Roberto Rossellini, 1954)

Viaggio in Italia, aquí traducida como Te querré siempre, se trata, sin duda alguna, de la mejor de las películas que hizo Rossellini con su mujer, Ingrid Bergman, en uno de los periodos más importantes de su carrera como cineasta. La cinta narra el viaje de un matrimonio inglés a Nápoles, la crisis que ambos experimentan y su resolución final.



Aquí, Rossellini se aleja del Neorrealismo de sus primeras cintas y continúa experimentando, tras Stromboli o Europa 51, con filmes donde los personajes se funden con el entorno, en una original mezcla de ficción y documental. Y es que lo que le interesa al director, es expresar lo que sienten los protagonistas, más que con los diálogos, con las situaciones en las que se ven envueltos.

El viaje que nos propone el realizador, lejos de ser turístico, se convierte en una verdadera marcha hacia el interior. Nadie duda hoy en día que el tema de la incursión de la Bergman en Italia para casarse con su admirado Rossellini se encuentra presente en toda esta etapa. Ella siempre aparece desplazada por el país, por las personas y por el idioma. Así, en Stromboli, se perdía en un paisaje desierto y amenazante de lava y desolación porque su propia vida no ofrecía esperanza, sólo desasosiego.


En la película que nos atañe, el matrimonio encarnado por la propia Bergman y George Sanders se da cuenta de lo vacía que es su vida y de que se han convertido en unos extraños, de la misma forma que es extraña esta tierra para ellos. Las secuencias de la visita al museo clásico son impactantes. Gracias al excelente uso del montaje y a los primeros planos de las esculturas, Rossellini consigue describir el alma sin vida de la protagonista. En el mismo sentido, el paseo por Pompeya del matrimonio, solos entre las ruinas, simboliza a la perfección su estado de ánimo.

Se ha dicho -y yo lo creo- que Viaggio in Italia es la primera película moderna, la que influyó decisivamente en Antonioni o la que abrió el camino a los jóvenes de la Nouvelle Vague. Para mí el mérito de está obra maestra reside en que sigue siendo una referencia para los jóvenes cineastas. Pensemos, por ejemplo, en Sofía Coppola y su aclamada Lost in traslation: no cabe duda de que bebe directamente de las fuentes rossellinianas.

En definitiva Te querré siempre es una película imprescindible para conocer como ha evolucionado el cine y para descubrir al Rossellini más innovador; al Rossellini inmortal cuya obra seguiremos admirando.
Ver Ficha de Te Querré Siempre

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