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Tu nombre me sabe a viña.
Un paseo por los pagos de viñas de Jerez (I).




La quietud del campo -ese tiempo lento en el que se suceden las estaciones en nuestra campiña- se ha visto interrumpida durante unas semanas con la vendimia, sus preparativos y sus faenas. En septiembre las viñas recuperan de nuevo nuestra atención, y aunque sólo sea por un mes al año, de pronto se recuerda que Jerez, la ciudad del vino y las bodegas, es también tierra de viñedos.

En los últimos años las máquinas han sustituido a los vendimiadores en buena parte del Marco y de un tiempo a esta parte, cada vez participan menos personas en la recogida de la uva. Con todo, no están lejos los días en los que buena parte de la población conocía los nombres de las viñas y de los principales pagos de viñedos. Ya quedaron atrás los tiempos en los que estos paisajes formaban parte del “imaginario colectivo”, del “ADN” -como gusta decir ahora- de una ciudad que cada vez da más la espalda al campo y a su entorno cercano. Precisamente por esto, y para traer de nuevo a la memoria los nombres de tantos rincones que durante siglos dieron con sus frutos fama a Jerez, vamos a dirigir hoy la mirada hacia los pagos de viñas, vamos a pasear por tierras de viñedos.

Los pagos de viñas.



En su ya célebre Diccionario del vino de Jerez, Julián Pemartín se refiere a nuestros pagos como “cada uno de los grupos de viñas, con tierras homogéneas y, en general, delimitados por accidentes topográficos, en que tradicionalmente se ha venido considerando dividida la zona vitícola jerezana”. (1)

A la ya tradicional división de nuestros viñedos en función del tipo de suelo sobre el que se asientan (albarizas, arenas y barros), Pemartín sugiere una división territorial de los mismos y añade que “los pagos del término de Jerez pueden considerarse, en amplio esquema, distribuidos en tres series. Una, hacia el lado este de la ciudad, rodeándola por todo ese flanco, cuyas tierras son en su mayoría de arenas o barros. El más importante de estos pagos es el de Montealegre. No pocos se han destinado a otros cultivos y algunos fueron absorbidos por la expansión urbana. La segunda serie, la constituyen otros pagos también próximos a Jerez, pero extendidos hacia el suroeste, ya con mejores tierras, pues en ellas abundan las albarizas y los bujeos. En esta serie descuella el agregado que forma el pago de Torrox con otros dos de semejantes características: Gibalcón y Anaferas. Y por último, la tercera y más importante serie en extensión y calidad, integrada por los pagos llamados de “afuera”, se extiende, casi sin solución de continuidad, desde el noreste al suroeste –siempre al poniente- y a través de cuatro conjuntos presididos por los mejores pagos de la zona: Carrascal, Macharnudo, Añina y Balbaina… Esta tercera serie constituye gran parte de la zona del Jerez Superior”. (2)



Para facilitar el recorrido por los pagos más notables y su localización espacial en la campiña jerezana, tomaremos como referencia los más conocidos que se extienden junto a las distintas carreteras que parten de Jerez (en sentido contrario a las agujas del reloj), así como los ubicados en sus proximidades y en otros territorios más alejados de aquellas.

Carretera de Sevilla.



Las tierras llanas del pago de Las Abiertas de Caulina acogieron buen número de viñas en tiempos pasados, pero en la actualidad apenas quedan algunas pequeñas fincas que lo recuerdan, al igual que sucede en el de Bogas, absorbido por el crecimiento urbano y sobre cuyos viñedos se trazaron el polígono Santa Cruz y el Parque Empresarial.

El pago de Lima está también ocupado en buena parte por los desarrollos de Guadalcacín y el más antiguo de Lárgalo, inmediato a la ciudad, perdió también sus viñedos al instalarse a comienzos del siglo XX el parque González Hontoria y al ir ocupándose progresivamente las viñas que se extendían a ambos lados de la calzada del Hato de la Carne, actual avenida de Europa.

En el pago de Ducha, dedicado hoy día mayoritariamente a cultivos de secano, hubo sin embargo muchos viñedos, siendo uno de los primeros que sufrieron la plaga de filoxera en 1894. En las tierras de Ducha, frente al aeropuerto, hubo ya una alquería árabe, Duŷŷa, como ha documentado el arabista M.A. Borrego Soto (3).



Como testigos mudos de que el de Ducha fue un renombrado pago de viñedos, están los restos de sus antiguas casas de viña: La Francesa, La Paz, Santa Matilde, Viña de Dios, La Montañesa… Una superviviente de aquellos tiempos es la Viña del Diablo (también conocida como san Patricio).



Algo más adelante, en dirección a la localidad de El Cuervo, el pago de Montegil conserva todavía una buena porción de viñas, en las laderas del alto del mismo nombre como la de Carreño, Montegil, Montegilillo, Portugalejo…



Carretera de Morabita.

El antiguo Camino de Lebrija, conocido también como “carretera de Morabita”, deja a ambos lados tradicionales pagos de viñas, especialmente en su margen izquierda.

El de Capirete, fue famoso por viñas como la de El Telégrafo, así llamada porque a principios del siglo XIX se instaló aquí una torrede la línea del telégrafo óptico que unía Cádiz con Madrid. San Cayetano, La





/>Recovera, La Mina o El Corregidor, son otras tantas viñas de este pago. La de San Cayetano fue una de las primeras que se abrió a la hostelería, hace ya más de treinta años, siendo uno de los “mostos” antiguos del Marco.

Colindante con el de Capirete se encuentra el de Los Manzanillos, con viñas como La Pescadera, La Carpintera, o La Carrandana, a las que se accede también desde la carretera de Trebujena.



Junto a los anteriores, uno de los pagos de mayores resonancias en este sector de la campiña es el de Carrascal, uno de los máximos exponentes de las tierras de albariza de la zona del Jerez Superior.



Se enclavan aquí famosas viñas, como La Canariera, o la más antigua de Viña Romano que, desde la entrada, nos deja ver su singular pozo junto al carril de acceso. Ambas viñas pertenecen a la marca vinatera González Byass que construyo la casa de La Canariera en 1846



-según reza en la lápida que puede verse en la puerta- como cabecera de sus explotaciones agrarias cumpliendo también, desde hace muchos años, la función de centro de actividades sociales de la empresa (4). El Corregidor es también una de las viñas de más solera de este sector, donde también se encuentran la Viña dos Mercedes, la de La Pavona, las de Clavería o la de La Panesa, desde donde obtenemos magníficas vistas a las marismas de Asta.



En esta ruta, y tras cruzar el Arroyo de Zarpa, encontramos también otro pago muy conocido, el de Espartinas, que se cuenta entre los más antiguos de Jerez y que extiende sus viñedos sobe una amplia loma que se alza entre la carretera y las antiguas marismas de Las Mesas. Destacan aquí viña Berango, cuyo caserío se asienta en la parte más elevada de esta loma y que hoy día, se dedica también a los cultivos de secano y a la ganadería equina. En la actualidad la finca alberga una prestigiosa ganadería de caballos hispano-árabes, una de las continuadoras del ya centenario hierro del marqués de Casa Domecq (5). Algo más adelante, también a la izquierda de la carretera, una cancela nos señala el acceso a la Viña La Alamedilla y al caserío del Cortijo de Espartinas, que no vemos desde la carretera por estar situado al otro lado de la loma, frente a Mesas de Asta.



Estas tierras de Espartinas fueron ya colonizadas en la época romana y su topónimo puede derivar, posiblemente, del nombre de un antiguo propietario: Spartus o Spartarius (6). Conviene recordar que en tierras del cortijo de Espartinas se encontró una estela funeraria de Baebius Hilarus, a quien Cesar Pemán identifica con un rico labrador al que hace referencia Marcial en sus Epigramas (7) y que bien pudo cultivar las primeras viñas de este antiguo pago.

Carretera de Trebujena.

Colindante con la zona norte de la ciudad, se emplaza junto a la carretera de Trebujena el pago de Raboatún (o Rabatún), hoy absorbido casi en su totalidad por el desarrollo urbano (Los Villares, Hospital, bodegas…). Más adelante, a unos 5 km, quedan a la derecha de la ruta algunas viñas de Los Manzanillos (La Carrandana, La Ramona) y las del célebre pago de



Almocadén (Matamoros, Cuerno de Oro…) uno de los de más nombradía, ubicado frente a Macharnudo. El de Almocadén guarda también en su topónimo resonancias árabes y alude al nombre con el que eran conocidos los guardas de los campos (8).



A la izquierda de la carretera encontramos el afamado pago de Macharnudo (Alto y Bajo), citado ya en las fuentes medievales. Su nombre alude a un caserío o cortijo ubicado en un lugar “pelado” o “desnudo”, carente de vegetación, aunque hoy día cubran sus laderas extensos viñedos (9). Entre todos ellos destaca El Majuelo, ubicado en lo más alto del cerro, presidido por su extenso caserío en el que sobresale el “castillo”, una torre



edificada sobre una antigua atalaya medieval, desde donde se domina un amplio sector de la campiña.

La Carreña, Picón, Santa Isabel, La Escribana, La Compañía,… son algunas de las muchas viñas de este pago de Macharnudo Alto. El de Macharnudo Bajo, limitado por la Cañada del amarguillo alberga también numerosos viñedos como Viña Belén, Los Arcos, San Francisco, La Panameña…

Cercano a los anteriores, el de Valcargado (Tabajete) linda ya con las marismas que se extienden a los pies de Mesas de Asta y, aunque ha perdido muchos de sus antiguas viñas, todavía conserva algunas muy conocidas como las de Santo Domingo, El Carmen, La Racha, San Leopoldo…



Ya en otros parajes más alejados, el pago de Burujena, situado al noroeste del término de Jerez y próximo a Trebujena, tiene buena parte de sus viñas orientadas hacia las marismas del Guadalquivir, como el de Martín Miguel, que adivinamos frente a nosotros en las cercanas tierras de Sanlúcar.

La 'mar de viñas': viñedos en torno a Jerez


Ver "La mar de viñas": Viñedos en torno a Jerez en un mapa más grande

(Continuará...)

Para saber más:
(1) Pemartín, J.: Diccionario del vino de Jerez. Ed. Gustavo Gili. Barcelona, 1965.
(2) García de Luján, A.: La viticultura del Jerez. Mundi-Prensa Libros, S.A. Madrid, 1997, pp. 40-41.
(3) Borrego Soto, M.A.: (2008) “Poetas del Jerez Islámico”, AAM 15: 4-78
(4) VV.AA.: Cortijos, haciendas y lagares. Arquitectura de las grandes explotaciones agrarias en Andalucía. Provincia de Cádiz. Junta de Andalucía. Consejería de Obras Públicas y transportes, 2002, p. 243-244
(5) Ibidem, p. 258
(6) Martín Gutiérrez, E.: La identidad rural de Jerez de la Frontera. Territorio y poblamiento durante la Baja Edad Media. S. de Publicaciones de la Universidad d Cádiz., 2003, Pg. 96
(7) González Rodríguez, R. y Ruiz Mata, D.: “Prehistoria e Historia Antigua de Jerez”, en D. Caro Cancela (coord.), Historia de Jerez de la Frontera I. De los orígenes a la época medieval, Cádiz, 1999, pg. 169.
(8) González Gordon, M.M.: Jerez-Xerez-Sherish. Ed. Gráficas del Exportador. Jerez. Edición de 1970, p. 212.
(9) Martín Gutiérrez, E.:Análisis de la toponimia y aplicación al estudio del poblamiento: el alfoz de Jerez de la Frontera durante la Baja Edad Media”, HID, 30 (2003), 257-300, pp. 263-264


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar:
Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 11/09/2016

Tras las huellas de Roma por la campiña.
Topónimos latinos en torno a Jerez




Escribe J. M. Albaiges en el prólogo de la obra “Enciclopedia de los topónimos españoles” (Planeta, 1998): “Hay algo más duradero que la piedra, que un cuadro, que un libro, incluso que la memoria humana misma. Es el nombre de una cosa… El nombre, que saltando de generación en generación vive en sus hablantes, preservando del olvido ese mágico instante en que la cosa obtuvo verdadero ser. Y dentro de la palabra ocupa un lugar especial el topónimo,


que inicialmente emanado del común para ser aplicado a un lugar concreto, va siendo trabajado a su >modo por cada generación, que lo transformará, pulirá y construirá su propia versión para uso de la siguiente. Pueblos que pasan a habitar los mismos lugares recogen el nombre de éstos, y con el paso de los siglos, extinguido su significado primigenio, transmiten fascinantes mensajes desde generaciones traspapeladas de la memoria actual, en lenguas ya incluso desaparecidas, permaneciendo a menudo como un orgulloso misterio que hay que saber descifrar
".



No es fácil, sin embargo, descubrir ese “misterio” que muchas veces se esconde detrás de algunos topónimos, ese mensaje histórico y cultural que atesoran. Ello requiere, como señala acertadamente el profesor J. Martínez Ruiz, “el trabajo en equipo de historiadores, arqueólogos,



lingüistas, etnólogos…” Apoyándonos en algunas de estas investigaciones, les proponemos aventurarnos por los paisajes de nuestro entorno rastreando las huellas de la presencia romana a través de algunos de estos topónimos de raíces latinas que han llegado hasta nuestros días.

Desde hace décadas, los trabajos arqueológicos que se vienen realizando en distintos rincones de la campiña en torno a Jerez, confirman la existencia de enclaves de carácter rural, villae o vici, en época romana, en muchos de los cuales se asientan en la actualidad cortijos y viñas que conservan en su nombre actual el recuerdo de su remoto origen. Como señalan los profesores e investigadores E. Vega Geán y F.A. García Romero en su interesante trabajo “Ceret revisitado”, el nombre de muchas de estas antiguas villae deriva de los gentilicios o cognomina de sus propietarios. Junto a estos autores, otros como M. A. Borrego Soto, J. Martínez Ruiz, J. M. Pabón, A. Padilla Monge, J. Abellán Pérez o E. Martín Gutiérrez, apuntan también el posible origen de algunos de estos topónimos latinos.

Por las tierras de Balbaina, con Lucio Cornelio Balbo.

Una zona de la campiña en la que abundan estos curiosos nombres es la correspondiente a los actuales pagos de viñas. Así, Balbaina, debería su denominación a Balbus, el conocido militar y político gaditano romano Lucio Cornelio Balbo el Menor. La variante Barbaina, muy frecuente también en las fuentes medievales y modernas, hace apuntar a algunos autores su posible derivación de algún romano de nombre Barbatus.

El pago de Grañina, cercano al anterior, entre la Laguna del Gallo y la carretera de Sanlúcar, está relacionado con Granius, nombre presente en la epigrafía gaditana.

Con este mismo topónimo se designaba también una aldea medieval, hoy desaparecida, a los pies de la Sierra de Gibalbín, que ha sido estudiada por el profesor E. Martín. Junto a la barriada rural de las Tablas y Polila, y bautizando desde hace siglos a un rincón de la campiña donde tradicionalmente se han cultivado viñas, permanece vivo el topónimo de Añina, donde tal vez pudieron ubicarse ser las tierras de un romano llamado Annius (o Anius), nombre que consta en la epigrafía gaditana.

Este territorio entre el antiguo Portus Gaditanus (El Puerto de Santa María), Asta Regia (Mesas de Asta) y Gibalbín, fue una zona de la campiña intensamente romanizada. Entre estos dos últimos enclaves y en conexión con la antigua vía romana que unía Asta con Ugía (actual Torres de Alocaz), hallamos la loma y el cortijo de Espartinas, en la carretera de Morabita, cuyo nombre derivaría posiblemente de un antiguo propietario: Spartus o Spartarius. En tierras del cortijo de Espartinas se encontró una estela funeraria de Baebius Hilarus, al que Cesar Pemán identifica con un rico labrador al que hace referencia Marcial en sus Epigramas. En este sector, más cercano a la Sierra de Gibalbín, junto al antiguo camino de Sevilla, encontramos hoy el cortijo de Romanina (Alta y Baja), cuyo nombre derivaría de Romanus, antropónimo presente en la epigrafía latina de la provincia. En Romamina la Baja, apareció una estatuilla del dios Baco que se expone en el Museo Arqueológico de Jerez.

Más cerca de la ciudad, los actuales Llanos de Caulina nos hablan de un posible propietario de nombre Caulius o tal vez de Catullus (como apunta J.M. Pabón). Más discutidos son los topónimos de Abadín (donde estuvo la aldea medieval de Xabadin o Labadín y que pudiera derivar de Sabinus) o de Martelilla, en cuyas tierras, en el camino de Medina, han aparecido restos romanos. Algunos autores hacen derivar este nombre del antropónimo Marcelus o Martialis, mientras otros ven un origen castellano como diminutivo femenino de Martel.



Otro topónimo de posible origen romano es el de Calcena (en el actual cortijo de Casinas, en la Junta de los Ríos), que en las fuentes medievales árabes y cristianas figura como Calsena y que
a juicio de J.M. Pabón podría derivar de un propietario de tierras de nombre Calcius, Caltius o Calicius. Crespellina, antiguo cortijo próximo a Trebujena, junto a los de Bonanza y Los Algarves, hace alusión a otro nomen possessoris, tal vez Crispillus, Crispulus o Crispus que pudo ser un terrateniente afincado en estos parajes. Próximas también a Trebujena, junto a La Ventosilla, se encuentran las tierras de Burujena, colindantes con el antiguo estuario del Guadalquivir, y próximas a un enclave de gran importancia histórica, Ebora, con presencia turdetana y romana. Este topónimo podría tener su origen en el cognomen Burilius o Burulius.



De gran interés es también el nombre de Sarana, derivado del cognomen Serus o Serius, que autores como J. Abellán asocian al actual enclave del Barrio Jarana, cerca de Puerto Real, donde se encontraron restos de una importante villa romana. Otros autores lo vinculan con el cortijo



de Arana
(más conocido hoy como cortijo de Capita), en el antiguo Camino de Lebrija, donde pudo ubicarse la alquería musulmana de Šarāna. Hübner y Tovar lo relacionan con el fundus Sacranenesis de algunas inscripciones latinas.

Tras las huellas de Roma por la campiña.

Junto a los topónimos de origen latino que pudieran derivar de los nombres de antiguos propietarios de tierras, ya comentados, nos ocuparemos de otros más discutidos, que pudieran estar también relacionados con la presencia de Roma en nuestra zona.

Así, Alventus (Alventos o Alventu), cortijo de Trebujena que dio nombre a un embarcadero en el Guadalquivir, podría derivar de Adventus, -lugar de llegada-, como propone el profesor E. Martín, en relación con un posible puerto fluvial del que se tiene constancia desde hace siglos. Capita (cabezas en latín) es el nombre de un cerro y un cortijo (del que ya hemos mencionado



su antiguo nombre de Arana) en el camino de Lebrija, próximo a las marismas de Casablanca y en el que algunos han querido ver también resonancias latinas, como en Torrox. Este topónimo (existente también en otras provincias de Andalucía) que bautiza el pago de viñas localizado entre la ciudad y la Sierra de San Cristóbal, así como el paraje donde tradicionalmente se formaba una gran laguna, apunta a la posible existencia de una antigua torre o enclave rural fortificado. Más “transparente” es el topónimo Vicos, que da nombre a un arroyo, una cañada, un cortijo, un pago, un encinar… Deriva del sustantivo latino vicus, con el significado de aldea o enclave rural y resulta creíble suponer que en este lugar, donde hoy se asienta la Yeguada Militar, y en el que hubo una aldea medieval, pudiera existir también una asentamiento romano.

Otros nombres de lugares requerirán detenidos estudios para aclarar su verdadera significación, aunque apunten a un posible origen latino. Es el caso de Bonaina, antiguo pago de viñas en el quse asentó una alquería medieval, junto a la Sierra de San Cristóbal y Sidueña, así como elde  Frontino (posible antropónimo y hoy nombre de un puerto y un arroyo entre Alcalá de los Gazules y Jerez), o los ya desaparecidos de Cambilax, Fontanina, Poblanina, Baina (cortijo de Vaina) en El Puerto de santa María), Illena (Arcos) o Barja, Frías, y tal vez, Montana, en Jerez…. Traemos también aquí el llamativo y conocido nombre de Fuenteimbro (o Fuente Ymbro), cortijo que alberga una afamada ganadería de bravo al pie de la sierra de Dos Hermanas. Por este lugar atravesaba el acueducto romano de Tempul del que aún se conservan aquí algunas galerías. Su nombre pudiera estar relacionado con fontes imbrus/imbricus, “la fuente de la tormenta o de agua de tormenta”, aludiendo tal vez a un manantial que brotaría después de intensas lluvias. Casualmente, en las laderas de Dos Hermanas se encuentra el Arroyo del Infierno y los manantiales del mismo nombre que afloran por diversos puntos cuando se satura el acuífero de la Sierra de Las Cabras cuya fuente más conocida es la de Tempul.

Para terminar este recorrido por la toponimia latina, dejaremos también constancia de otros nombres de lugares que aunque de origen castellano, guardan estrecha relación con la presencia de Roma en estas tierras. En relación con Montegil, el profesor Pascual Barea, sugiere la posible relación de este orónimo con “montecellu”, (vocablo del latín tardío) que derivaría de “monte (mons, montis) y el sufijo -cellu, del que procede el sufijo castellano -cillo. “Montegil equivale por tanto al castellano ‘montecillo “. De origen medieval, el nombre de El Portal, que fue el puerto fluvial de Jerez y que actualmente bautiza a una barriada rural, pudiera estar relacionado con Ad Portum (posible estación aduanera próxima a Portus Gaditanus), o con Portus.

Otros muchos topónimos, de origen más reciente (medieval o moderno), contribuyen a conservar viva en el paisaje aquella presencia de siglos que los romanos mantuvieron en la campiña. Algunos de los más explícitos como el “Camino de los romanos”, bautiza a una antigua cañada (y vía romana) que, partiendo de la zona de El Puerto de Santa María se dirigía a Asta Regia. Este camino, con este mismo nombre, se conserva todavía en las proximidades de las lagunas de El Puerto. Los ya señalados de Romanina (alta y baja) bautizan hoy en día a cortijos, cañadas, arroyos…. En la zona de la carretera de Morabita, se mantienen otros curiosos topónimos que no deben confundirnos, al estar relacionados con el apellido de sus antiguos propietarios, la familia Romano, o con nombres actuales que no guardan vinculación con la presencia romana en la zona. Son los de Viña Romano (que fuera propiedad en el s. XIX de Francisco Romano de Mendoza) El Denario, La Gente Romana (junto a Espartinas y Berango), Los Romanos (también en las proximidades de la Loma de Espartinas)… En las cercanías de Mesas de Asta está el cortijo de Romanito y junto a la Dehesa de Angulo, en las proximidades del actual núcleo de Guadalcacín, existió también el Hato de Romanito, como se refleja en los mapas de hace un siglo y que deben su nombre al apelativo con el que era conocido Antonio Abad romano de Mendoza, hijo del mencionado Francisco Romano, quien fuera su propietario. Junto a La Barca, las tierras que encierra un amplio meandro del Guadalete se conocen como Vega Romana (en alusión, en este caso al citado apellido) y con el nombre de Pozo Romano se denomina también otro paraje de la campiña…

La Bética romana presente aún, gracias a la toponimia, en tantos lugares en nuestra tierra.


Para saber más:
- Caro Cancela, D. Coord.: Historia de Jerez de la Frontera. De los orígenes a la época medieval. Tomo 1.Diputación de Cádiz, 1999.
- García Romero F.A. y Vega Geán E.J.: “Ceret revisitado”. Puede consultarse el texto en:
http://www.cehj.org/articulos/historia.htm
- Martín Gutiérrez, E.: Análisis de la toponimia y aplicación al estudio del doblamiento. El Alfoz de Jerez de la Frontera durante la Baja Edad Media. En Historia Instituciones y Documentos, nº 30. Universidad de Sevilla, 2003.
- Martín Gutiérrez, E.: Aproximación al repartimiento rural en Jerez de la Frontera: la aldea de Grañina. En la España medieval, 1999, nº 22.
- Martínez Ruiz, J.: “Toponimia gaditana del siglo XIII”, en Cádiz en el siglo XIII, Actas de las Jornadas conmemorativas del VII centenario de la muerte de Alfonso X el Sabio, Cádiz, 1983, pg. 107 y 119.
- Pabón, J. M.: Sobre los nombres de la villa romana en Andalucía. En Estudios dedicados a Menéndez Pidal. Madrid: [S. Aguirre], 1950-53, t. IV, pp. 87-165
-Padilla Monge, A.: “La transferencia de poder de Gades a Asido. Su estudio a través de la perspectiva social”, en Habis, 21 (1990). 241-258

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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, 2/11/2013

 
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