“Los Tres Justicieros de Marte”, de Louis G. Milk

Los Tres Justicieros de Marte; por Louis G. Milk [Luis García Lecha]. Barcelona: Toray, 1970. Colección: Toray Ciencia Ficción [2ª época]; nº 73.

Género | materias: ciencia ficción | megalómanos – avances tecnológicos – Marte

Los Tres Justicieros de Marte son un trío de detectives marcianos que actúan tanto en su planeta de origen como en la Tierra. Son ricos, bonachones y trabajan sin cobrar; disponen de un ordenador que selecciona para ellos los casos importantes que pueden reportarles alguna experiencia de interés.

Como es norma en las novelas de Luis García Lecha, la presente hace gala de un potencial muy atractivo a priori que, como es norma también, después esboza por medio de un desarrollo convencional y previsible. En este caso, también, muestra un tono livianamente infantil que hace perder aún mayor rendimiento a todo.

Un elemento interesante supone el hecho de referir que marcianos y terrestres tienen un origen común, que podría haber dado lugar a una base muy sugerente. Sin embargo, al final, casi parece una excusa con el objetivo de plantear una unión entre un marciano y una terrestre sin trasfondo incómodo. Pese a que a lo largo de la historia se ponga sobre el tapete el tema de la xenofobia, al final el protagonista dice: «Terrestres o marcianos, tanto da; todos tenemos un origen común», lo cual, en cierto sentido, dinamita la idea de que se ha de respetar a los otros aun cuando posean unas raíces (culturales, sociales, geográficas, genéticas) distintas a las propias.

La trama gira en torno a un político (terrestre) sin escrúpulos y ambicioso, que incluso llega al crimen con el fin de lograr sus objetivos. Se trata de un individuo corrupto, populista y manipulador, que dice estar al lado del pueblo para, en realidad, aprovecharse de este. Es decir, muy parecido a muchos políticos actuales. Sin embargo, la forma de desarrollar el personaje resulta tan trivial que carece de cualquier componente crítico a analizar.

El modo en que García Lecha esboza la trama es también la característica, es decir, en un armazón de novela policial, donde el hecho de desarrollarse en el futuro facilita la existencia de ingenios que sirven para hacer avanzar la acción con mayor facilidad, como esas gafas hipnóticas que parecen suponer un «soluciona-todo». Y, también, plantea el clásico esquema de chico encuentra chica y todo lo que conlleva. Queda una novelita simpática, que se lee sin esfuerzo, pero que se queda muy por debajo de lo que su planteamiento podría haber deparado.

Carlos Díaz Maroto

CALIFICACIÓN: **

• bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

“¿Tiene vd. fuego, mademoiselle?”, de Keith Luger

¿Tiene vd. fuego, mademoiselle?; por Keith Luger [Miguel Oliveros Tovar]. Barcelona: Bruguera, 1965. Colección: Archivo Secreto; nº 66.

  • Reedición: Barcelona: Bruguera, 1975. Colección: Punto Rojo; nº 710.

Miguel Oliveros Tovar (nombre bajo el cual se oculta el famoso seudónimo de Keith Luger) nació en 1924 y era abogado criminalista. Empezó a ejercer como tal en 1949, pero solo dos años después publicó sus primeras obras literarias (autoeditadas, como Ediciones Batería). A lo largo de su corta vida (murió en 1971[1], con solo 47 años) vio impresas centenares de obras suyas, y uno no sabe a dónde hubiera llegado si no hubiese devenido tan luctuoso suceso. Su estilo se caracteriza por un humor fresco y socarrón, y alcanzó fama sobre todo con el wéstern y el policial. En este último caso, tal vez a causa de sus precedentes profesionales, construía tramas hábiles e ingeniosas.

En ¿Tiene vd. fuego, mademoiselle? hay cierto problema, vinculado a la estructura base de los bolsilibros: dado que en todas las obras ha de haber una historia de amor, desde el inicio se adivina determinado detalle (que no especificaré, para no fastidiar la diversión a futuros lectores).

El protagonista es un guionista de series de televisión, que se dirige a París con el fin de documentarse para desarrollar una trama centrada en las amantes de Napoleón. Un amigo suyo le encarga llevar un regalo a un amigo: un mechero de oro. Y, en agradecimiento, le pasa otro igual para él, con la única diferencia entre ambos de las iniciales grabadas. Por supuesto, eso solo será el inicio de una intriga internacional de espionaje en la que se verá implicado.

El arranque es ligerito, muy en el tono al que Luger nos tiene acostumbrados. Pero paulatinamente, casi sin darnos cuenta, la acción se va mutando en una maquinación tensa, donde los personajes no son lo que aparentan, para bien o para mal, según sea el caso. Es una novela atractiva, simpática, que se lee con interés, y que recuerda un tanto en tono a una obra maestra de Alfred Hitchcock, Con la muerte en los talones (North by Northwest, 1959). Una novela de un buen nivel medio dentro del mundo del bolsilibro. Lo cual no está nada mal.

Carlos Díaz Maroto

CALIFICACIÓN: ***

• bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra


[1] Aunque en la Wikipedia y otros medios figura 1985.

“El hombre que nunca nació”, de Clark Carrados

El hombre que nunca nació; por Clark Carrados [Luis García Lecha]; ilustración de la cubierta, Rafael Cortiella. Barcelona: Toray, 1969. Colección: Toray Ciencia Ficción (2ª época); nº 32.

  • Género | materias: ciencia ficción | humanos mutados – megalómanos

Esta novela arranca bastante bien, ubicándose en una época futura en la cual la Tierra es orbitada por una base espacial habitada por miles de personas, y donde se describe de forma minuciosa el funcionamiento de la misma. En ese entorno, de pronto, aparece un hombre muerto, sin traje espacial, flotando fuera de la estación. Después salta al protagonista, llamado Harry Wildare, y todo cambia: se convierte en una obra característica de Clark Carrados. Al poco, aparece la chica y se establece la dinámica habitual en este tipo de historias.

Durante todo el bolsilibro se narran dos historias paralelas, la de la referida base espacial, y la de Harry, que investiga la desaparición del padre de la chica, un científico experto en genética. Por supuesto, hasta el lector más bisoño sabe que ambas narraciones están conectadas, y de hecho la trama se va desarrollando por cauces previsibles, sin que nada sorprenda. Pero el caso es que capta la atención, es entretenida y dinámica, y se lee sin apenas esfuerzo, con notorio placer, en suma. Y, de hecho, algo que no suele apuntarse es que, desde el punto de vista de composición dramática, aún con el escaso riesgo en el cual suele incurrir la narrativa de García Lecha, el caso es que el escritor mostraba una sintaxis más depurada que muchos otros autores más valorados.

Solo cabe apuntar un detalle más, una tremenda casualidad. Mi novela Solo contra el Sistema (Almería: Yeray Ediciones, 2024), nº 3 de la colección «Bolsilibros Yeray», ofrece al menos tres elementos bastante similares a otros tantos que se dan en la presente, pese a que hasta el momento la presente publicación no había caído en mis manos. Como diría un buen amigo, esa nube de donde todos tomamos ideas…

Carlos Díaz Maroto

CALIFICACIÓN: **½

• bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

“Una mamá para Ana”, de Corín Tellado

Una mamá para Ana; por Corín Tellado [María del Socorro Tellado López]. Barcelona: Bruguera, 1953. Colección: Madreperla; nº 240.

Reediciones:

  • Barcelona: Bruguera, 1960. Colección: Coral; nº 6.
  • Barcelona: Bruguera, 1969. Colección: Corintio; nº 132.
  • Barcelona: Bruguera, 1972. Colección: Minilibros Bruguera. Serie Rosa; nº 625.
  • Barcelona: Bruguera, 1976. Colección: Novelas Femeninas; nº 5.
  • [s.l.]: Ediciones Corín Tellado, 2017. Colección: Volumen Independiente; nº 2.

Hace un tiempo me leí una novela de Corín Tellado, Timidez y amor (Bruguera, 1956; Rosaura 332) y, aunque no me dejó mal sabor de boca, no repetí. Ahora que he vuelto a esta popular escritora, después de terminar su lectura he recuperado la reseña que escribí antaño de aquélla, para refrescar la memoria y evitar caer en repetir datos ya dados en aquélla.

Aquí tenemos a una niña bien de dieciocho años, estudiante, que un día de lluvia, en el tranvía, se topa con un pazguato despistado del que se burla. Un tiempo después empieza en la universidad y descubre que su profesor de matemáticas es el referido individuo. Entre ambos se iniciará una relación que supone un constante enfrentamiento, hasta que ella decide abandonar los estudios por no seguir viéndole todos los días. Pasado un tiempo, se lo encuentra en un parque y él le pide matrimonio, dado que tiene una niña pequeña (la Ana del título) y necesita una madre. A partir de ahí, la relación entre ambos vivirá un sinfín de tiras y aflojas…

Lo curioso del caso es que gran parte de lo que comentaba respecto a Timidez y amor se puede repetir con respecto a Una mamá para Ana. Olvidada la previa, me ha vuelto a sorprender su correcta escritura y su trama entretenida e interesante, aunque los diálogos resultan algo forzados. También coincide con la anterior en la descripción física del chico de la historia, lo que me hace sospechar que ese debía ser el modelo de hombre que le gustaba a la escritora: alto, desgarbado, algo tímido. Y también hay un momento en el cual se produce un duelo entre los dos personajes protagonistas que se hace un poco repetitivo y machacón. No sé si todo ello es debido a la casualidad, o si me leo cinco novelas más de Corín Tellado todas ellas, inevitablemente, seguirán mostrando igual estructura. Prometo insistir.

Parece ser que Tellado tuvo problemas en sus inicios con la censura, y a base de golpes aprendió a eludir las prohibiciones, sabiendo de antemano qué eliminar, qué insinuar, qué matizar. Aquí a la protagonista la presenta joven, inconsciente y bastante altiva. Después, a base de golpes (vivirá una tragedia terrible, que no especificaré) parece templarse un poco y, a lo largo de la novela, irá madurando y perdiendo esa altivez y soberbia. Se la presenta como una chica con intenciones de estudiar, aunque parece más con el objetivo de salir y ver a sus amistades que por forjarse internamente. Su madre quiere casarla con un primo, pero ella anhela que su matrimonio sea por amor.

Todos sabemos que una novela romántica ha de terminar bien, es algo inevitable. Pero el caso es que, al final, la tesis de la mujer que solo es feliz cuando logra un matrimonio donde el marido suponga su seguro y salvaguarda aletea peligrosamente sobre la moraleja de la novela. Supongo que es algo inevitable, dada la fecha en que fue escrita.

Carlos Díaz Maroto

CALIFICACIÓN: ***

• bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

“El fantasma del Álamo”, de Donald Curtis

El fantasma del Álamo; por Donald Curtis [Juan Gallardo Muñoz]. Barcelona: Bruguera, febrero 1982. Colección: Búfalo. Serie roja; nº 1478.

  • Reedición: Barcelona: Ediciones B, 2000. Colección: Salvaje Oeste; nº 2.

Pese al título, no es esta una de las habituales entregas de weird west más o menos habituales en la novelística de Donald Curtis. Aquí, el apelativo de «fantasma» es de carácter metafórico. La obra ofrece muchos elementos de índole histórica, arrancando con los preparativos para lo que será el enfrentamiento en El Álamo, con el general Santa Anna, un traidor de por medio y un mensajero asesinado. De hecho, ciertos elementos recuerdan a una deliciosa película de serie B, El desertor de El Álamo (The Man from the Alamo, 1953), de Budd Boetticher, con Glenn Ford y Julie Adams. Pasan veinte años y el hijo del asesinado regresa para vengarse.

Y ya está. Con un sólido soporte histórico de fondo y una historia sencilla y funcional, Gallardo construye una novela bien desarrollada, donde prima, sobre todo, la psicología de los personajes, las relaciones entre ellos y sus motivaciones, que articulan todos los sucesos que irán aconteciendo. Hay varios «malos», de distintas «gradaciones», hay dos chicas guapas, y tendremos dudas de con cuál de ellas acabará el protagonista, y aunque se basa en un arquetipo temático del género como es el de la venganza, Curtis lo ofrece frescura y evita los escollos más peligrosos y resbaladizos de esa vertiente.

Es una lástima que, llegado cierto punto, la verosimilitud se precipite y gran parte de lo construido hasta ese momento se derrumbe. Hay un instante, en efecto, que las casualidades se amontonan, que lo gratuito y un poco absurdo se atesoran, y ello es después de una escena tan magnífica y atmosférica como es la de las serpientes. En el clímax final El fantasma del Álamo se recupera un tanto, pero ese episodio referido hace que la satisfacción se derrumbe un tanto.

Carlos Díaz Maroto

CALIFICACIÓN: **⅟₂

• bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

“Alguien acecha en la sombra”, de Vic Logan

Alguien acecha en la sombra; por Vic Logan [María Victoria Rodoreda Sayol]; ilustración de la cubierta, Jorge Núñez. Barcelona: Bruguera, marzo 1973. Colección: Punto Rojo; nº 567.

  • Género | materias: suspense | psicópatas

María Victoria Rodoreda Sayol utilizó el seudónimo de Marcus Sidereo para escribir ciencia ficción, género en el cual aportó, dentro de lo que he leído, obras bastante torpes e infantiles. Amén de una cantidad ingente de seudónimos (algunos de los cuales compartía con su marido, Juan Almirall Erliso), el más famoso de todos —amén del referido— es Vic Logan, con el cual escribió wéstern, terror y policial. En este último género (un poco ecléctico en su denominación) se inscribe Alguien acecha en la sombra, atractivo título que ofrece una historia sobre un psicópata asesino, que, por supuesto, muestra a la policía como elemento investigador, pero que la autora desarrolla con un tono cercano al suspense, que podría recordar, por ejemplo, a la película Chantaje contra una mujer (Experiment in Terror, 1962), de Blake Edwards.

En una localidad —«Sakeswan, a 20 kms de St. Louis, estado de Missouri» reza la primera frase de la novela— un maníaco se dedica a atacar mujeres. La acción se centra principalmente en torno a una familia, los Curtenay, formada por un matrimonio maduro y una hija que trabaja como profesora. También está el prometido de la hija, un amigo de este, y un supuesto tío de ella, al que no conocían, que llega de visita desde Canadá. Y hay algunos personajes secundarios más —como un mirón reprimido, cuya madre es negra, pero el salió blanco, así sin más— amén de la policía, desde luego.

Con estos elementos, Vic Logan construye una historia efectiva. El texto está algo descuidado en el aspecto formal, y contiene cierta incongruencia, como que algunos testigos no logran identificar al sospechoso, cuando tiene un rasgo físico de lo más llamativo. Aunque busca lanzar sospechas sobre varios personajes, la identidad del criminal es fácilmente adivinable. De todas maneras, como se ha dicho, el resultado es sólido, los personajes tienen interés, y la policía no es tan tonta como suele suceder en este tipo de historias, y los fallos que cometen son comprensibles.

La colección «Punto Rojo» de Bruguera fue un cajón de sastre donde introdujo historias de carácter criminal de cierta amplitud, lejos de las limitaciones que tenía la otra de la casa, «Servicio Secreto», donde habían de intervenir organizaciones gubernamentales, y más aún por parte de «FBI» de Rollán, donde quedaba obvia la intervención de esta agencia. Aquí, sin embargo, tenemos narraciones de muy variado orden, y Alguien acecha en la sombra, pese a intervenir en la convención de la investigación policial, a la que presta bastante atención, también desarrolla una trama con el suspense de por medio. Inclusive el clímax final, hilando un poco fino, se podría considerar casi de terror.

Carlos Díaz Maroto

CALIFICACIÓN: ***

• bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

“Antitierra”, de Louis G. Milk

Antitierra; por Louis G. Milk [Luis García Lecha]. Barcelona: Toray, 1964. Colección: Espacio – El Mundo Futuro; nº 324.

Género | materias: ciencia ficción | viajes temporales – extraterrestres – catástrofes mundiales.

Una de las mejores muestras de ciencia ficción por parte de Luis García Lecha, en especial los primeros capítulos, cuando se va desvelando muy poco a poco lo que acontece, además en un entorno algo inhabitual como es en la jungla amazónica.

Por otro lado, al principio parece que la ambientación acontece a la época actual a la escritura de la novela, aunque después comienza a haber alusiones a algún avance tecnológico, hasta que, al fin, un tanto avanzada la trama, descubrimos que se está a mediados del siglo XXI, si bien con una evolución un tanto mermada. En medio de ese meollo, pues, acontece una trama de viajes en el tiempo bastante sugerente, y donde García Lecha hace uso de esa temática que tanto disfrutó, y utiliza el término de «cronomóvil», que también empleó en muchas de sus novelas, así como «cronovisor» y «cronoclismo».

En esta historia ofrece un protagonismo más coral —y habrá tres parejas conformadas a lo largo de la misma—, con un grupo de expedición en el Amazonas, con el fin de descubrir las posibilidades que ofrece ese entorno natural para cubrir las necesidades ambientales del planeta, cuando la contaminación ha hecho merma en nuestro mundo. No contaba Lecha con la deforestación deleznable a la que se está sometiendo en la actualidad a ese ecosistema fundamental. También emplea el tema de la catástrofe planetaria, con el calentamiento global de por medio, aunque Lecha no lo defina así, si bien la descripción es muy similar, precisamente, a lo que ahora estamos sufriendo. Solo que en esta novela los personajes son más inteligentes que nuestros dirigentes mundiales actuales, y ponen cartas en el asunto para evitarlo.

Como puede comprobarse, no soy muy explícito con la trama, pues es mejor que el lector que no conozca la novela la vaya comprobando sobre la marcha. Solo referir que el tono ligero del que suele dotar Lecha a sus narraciones aquí está casi ausente del todo. El final es feliz, como cabe esperar de un bolsilibro, pero de un modo contundente y seco, lo cual acrecienta aún más el buen gusto que deja esta novelita de ciencia ficción.

Carlos Díaz Maroto

CALIFICACIÓN: ***½

• bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

“El jugador de su vida”, de Arnaldo Visconti

El jugador de su vida, por Arnaldo Visconti [Pedro Víctor Debrigode]; ilustración de la cubierta, Jaume Provensal. Barcelona: Bruguera, 1948. Colección: El Halcón; nº 1.

Tras una arranque titubeante durante el cual Bruguera experimentó con diversas fórmulas, en la segunda mitad de los años cuarenta la editorial se plantó sólidamente en el mercado de la novela popular de quiosco, en ese momento dominada por Ediciones Clíper, con su colección más exitosa en ese campo: «El Pirata Negro» (1946). Su autor, Pedro Víctor Debrigode, venía dedicándose a la literatura desde 1943 —entre 1938 y 1945 permaneció preso acusado de espionaje, deserción y malversación de fondos— y había cultivado diversos géneros, desde la novela rosa a la policial, obteniendo con las aventuras de capa y espada sus textos de mejor acogida.

Aunque «El Pirata Negro» se publicaba con una periodicidad quincenal, la dirección de Bruguera debió pensar que podía exprimir algo más a una de sus firmas más rentables y, en 1948, lanzó a la calle una nueva colección titulada «El Halcón», como su protagonista. La acción de la primera novela, El jugador de la vida, arranca en los Estados Confederados en los días previos al estallido de la Guerra de Secesión con el ataque a Fort Sumter, en Charleston. Antes de introducirnos en las operaciones y conspiraciones del conflicto bélico, donde los personajes de estas narraciones se verán implicados, se nos presenta una primera escena donde presenciamos la emboscada que un par de pistoleros tienden a Michael Ryan, un romántico caballero del Sur que acude donde la justicia fracasa para corregirla bajo la identidad de «El Halcón», héroe cuyo rasgo más distintivo es un antifaz en forma de pico para cubrir la nariz y dos alas extendidas para los ojos. Un extranjero, Rock Gambler, presencia el ataque y, pese a su intervención, Ryan agoniza a causa de los disparos recibidos. Conmovido por las cartas íntimas que encuentra entre las ropas del muerto, Gambler, al que le gusta acorazarse con una actitud cínica para reprimir su faceta idealista, decide adoptar el legado de «El Halcón» como si este no hubiera muerto.

Amante de la buena vida, aficionado al juego, de dedos hábiles y tramposos, buen tirador, letal con el látigo y boxeador sobresaliente —el boxeo, deporte que entusiasmaba a Debrigode, se encuentra entre las actividades de otros de sus personajes, como «El Capitán Pantera» (1948)—, Rock Gambler es un canalla encantador e irritante a partes iguales, como sin duda lo fue el propio Debrigode por cuanto sabemos de su biografía. Solo hay que comparar los cargos por los que terminó en la cárcel el futuro escritor con las actividades de Gambler. Porque el héroe principal de esta serie nada tiene de impoluto. Se trata del comisionista establecido en el sur confederado por un traficante de armas inglés que se enriquece con la guerra americana, al tiempo que actúa como espía del gobierno británico, si bien el propio protagonista insinúa que sus nombre es fingido y su nacionalidad nada tiene de anglosajona, tendiendo un velo de misterio sobre su pasado.

Desde ese puesto como suministrador de armamento, Gambler obtiene información privilegiada de todo los que se cuece entre las esferas de decisión y, a pesar de jugar él mismo a varias bandas, escogerá como objetivo para la primera misión justiciera del nuevo Halcón al coronel Frank Lloyd, secretario del Ministerio de la Guerra en el gobierno de Lincoln que, no obstante, utiliza su cargo para desviar compras de armas hacia los estados rebeldes en busca de un beneficio personal. El enmascarado empezará con la destrucción del arsenal que el propio Gambler ha ayudado a vender. Pero el asunto se complica por esas casualidades propias de la ficción: Lloyd está cortejando a Rosalie Ryan, la rica hermana del primer Halcón difunto… En las pocas páginas de esta novela corta se tienden hilos argumentales de acción, intriga, romance, política y hasta gótico sureño. El problema para el lector casual consiste en que ninguno acaba por cerrarse, dotando a la obra de un carácter de serial que se prolonga en siguientes entregas.

Dado que el escenario geográfico y temporal es el mismo, no me cabe ninguna duda de que la inspiración para esta serie nació ante el éxito internacional de la superproducción hollywoodiense Lo que el viento se llevó. Aunque en España no se estrenó hasta la tardía fecha del 17 de noviembre de 1950 —en Estados Unidos tuvo lugar el 15 de diciembre de 1939, recién terminada nuestra Guerra Civil—, la novela original de Margaret Mitchell había tenido una primera edición en español en julio de 1943, de la mano de Ediciones Aymà, con traducción de Julio Gómez de la Serna y Juan G. de Luaces, representando un gran éxito de ventas. Rock Gambler se nos revela como un personaje cortado por el mismo patrón que el Rhett Butler interpretado por Clark Gable para esa cinta. Además de las similitudes fonéticas —«Rock/Rhett», «Gambler/Gable»—, su aspecto de elegante vestimenta, con bigote bien recortado y sonrisa irónica, se refleja en las cubiertas de Jaume Provensal y se irá acentuando en estas a medida que se desarrolla la colección.

Otras de las influencias, no cabe duda, serían las series de aventuras que venían publicándose con entusiasmo entre los lectores sobre justicieros enmascarados, como fueron «El Encapuchado» (1946) de Hipkiss o, el más evidente, «El Coyote» (1944) de José Mallorquí. En «El Halcón» tenemos de nuevo a un héroe que esconde faz e identidad, llevando una doble vida y ejerciendo como mano correctora o vengadora contra maleantes que actuaron impunes hasta su llegada. Si «El Coyote» se vendía como pan caliente, con tiradas que llegaron a alcanzar los 60 000 ejemplares, es lógico que Debrigode y Bruguera intentaran acogerse a la fórmula.

Pese a tratarse de un escritor veloz y a compaginar la redacción de esta serie con la ya veterana «El Pirata Negro», todo un prodigio de productividad e imaginación —se cuenta la anécdota de que en una ocasión llegó a dictar directamente al linotipista una de sus novelas, para lograr aparecer en fecha—, Debrigode hace un trabajo de documentación histórica bastante notable y emplea una prosa elaborada y colorida, con descripciones minuciosas de paisajes y personajes, y diálogos vivos llenos de frases ingeniosas. Leerle suele ser una delicia y esta serie, aunque no la clasificaríamos entre las más notables, no es excepción. Solo en décadas posteriores la narrativa popular de quiosco fue acogiéndose progresivamente a una mayor economía estilística, en busca del mínimo común denominador para el nivel cultural de sus consumidores.

Bruguera publicitaba la serie en sus contraportadas con una lista de quince novelas, pero la editorial decidió cancelarla después de publicar solo diez. Debrigode no desechó este personaje y cuando en 1952 se hizo cargo de la Colección Iris, como hizo también con el Pirata Negro recuperó a El Halcón en cuatro nuevas novelas que, sin embargo, no coinciden en título con ninguna de las programadas que no llegaron a aparecer en su día. No podemos saber si sus argumentos serían los mismos que Debrigode había pensado originalmente.

Armando Boix

La temática de los viajes en el tiempo en la colección «La conquista del espacio»

La temática de los viajes en el tiempo es un importante recurso en la colección «La conquista del espacio», ya que inyecta una dimensión más fascinante y compleja a las tramas de sus novelas, por encima de las típicas y habituales aventuras interplanetarias. Si bien el núcleo de la colección se centra en esa aludida exploración espacial, la guerra estelares y los contactos con civilizaciones alienígenas, las novelas que abordan el tema temporal permiten a autores como Clark Carrados/Glenn Parrish, Curtis Garland, A. Thorkent, Ralph Barby, Burton Hare, Adam Surray… expandir sus límites narrativos más allá de los simples viajes a través del espacio.

Como es obvio, los relatos sobre viajes en el tiempo en los bolsilibros de «La Conquista del Espacio» no se detienen en complejas teorías de la física, sino que se enfocan en la acción y las consecuencias dramáticas para los personajes. Los valientes viajeros protagonistas suelen usar máquinas o naves capaces de doblar el tiempo, a menudo con fines de investigación (explorar el pasado terrestre, como la época de los dinosaurios) o, más a menudo, por accidente o por una misión particular que resulta catastrófica. Esto sitúa a los protagonistas en edades remotas, obligándolos a sobrevivir en comprometidos entornos prehistóricos o en muy lejanos futuros; o a rivalizar con las paradojas del propio viaje en el tiempo.

Aquí, en este tipo de novelas, el pasado y el futuro son siempre territorios extraños, inquietantes y peligrosos. Muchos argumentos se construyen sobre la tensión de no alterar la historia o —peor todavía— sobre las temibles consecuencias de un cambio accidental, lo que proporciona acontecimientos vertiginosas y de un riesgo constante para los exploradores.

Y aunque el objetivo principal de los autores es el entretenimiento, estas novelas tocan en muchas ocasiones, y quizás sin pretenderlo, asuntos filosóficos sobre la propia esencia del tiempo y del destino; y también sobre la problemática de los choques culturales, con ciertos ecos de crítica social y hasta política. Sin ninguna duda: este tipo de peripecias llevan al lector a una singladura de ida y vuelta por los terrenos de la imaginación.

Y a la hora de mencionar solo cuatro novelas representativas de los dos autores que más incidieron en el tema, Juan Gallardo Muñoz y Luis García Lecha —este bajo dos seudónimos—, para proponer una mínima lista que sirva de ejemplo al aficionado, se podrían citar, en mi opinión, las siguientes:

  • Alquimia 3000, de Curtis Garland: angustiosa y febril.
  • Detective en el tiempo, de Curtis Garland: inquietante y misteriosa.
  • Cronoclismo, de Glenn Parrish: fresca y divertida.
  • Peregrinos del tiempo, de Clark Carrados: intrincada y crepuscular.

Espero que disfrutéis con ellas.

Luis Ángel Lobato