“Nada ni nadie desaparece”

Silvana Turner

“Nada ni nadie desaparece”

Silvana Turner integra el Equipo Argentino de Antropología Forense que ha identificado restos de personas desaparecidas durante la última dictadura cívico militar argentina. Coordina la excavación en el Ex Centro Clandestino de Detención La Perla, en Córdoba, donde ya fueron restituidas las identidades de veintinueve personas.

Texto: Romina Lema

Silvana Turner trabajando en la excavación en el Ex Centro Clandestino de Detención La Perla. / Foto: EAAF

20/05/2026

El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) surgió en 1984, impulsado por las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, en el contexto del retorno de la democracia. Desde fines de los años 80 comenzó a ser convocado internacionalmente por su destacada labor como institución científica, no gubernamental y sin fines de lucro. Trabajó en casos de víctimas del apartheid en Sudáfrica, migrantes desparecidas en el Mediterráneo y en el  corredor norte de Centroamérica hacia Estados Unidos, los 43 estudiantes de Ayotzinapa, los femicidios en Ciudad Juárez, los soldados caídos en Malvinas, las masacres en Kurdistán y en el conflicto de los Balcanes, en articulación con tribunales internacionales para la ex Yugoslavia.

También intervino en la identificación del Che Guevara y en peritajes sobre la muerte de Pablo Neruda. En Argentina, su trabajo permitió que una masacre contra los pueblos Qom y Mocoví en 1924 fuera reconocida judicialmente como crimen de lesa humanidad en el marco de un genocidio indígena ejecutado por el Estado.

Tras incorporar la biogenética, a comienzos de los años 2000, creó un banco y un laboratorio propio de genética forense para cotejos de ADN. A 50 años del golpe en Argentina continúa la convocatoria de quienes tengan información sobre posibles sitios de entierro y a familiares de personas desaparecidas a aportar muestras de sangre -voluntaria y gratuita- para identificar restos aún sin nombre. 

El equipo ha trabajado desde un enfoque interdisciplinario en más de 60 países. Su labor desafía Estados, ejércitos y versiones oficiales, siempre en estrecha vinculación con familiares y sobrevivientes. En casi todos los contextos de desaparición forzada son las mujeres quienes sostienen las búsquedas. Esto también caracteriza al equipo conformado por más de 60 personas, con alta representación de mujeres, que articula la ciencia con los derechos humanos para restituir el derecho a la identidad, la memoria y la justicia. 

Silvana Turner encarna esa trama: una vida dedicada a la antropología forense con un sentido plenamente humano. Su voz, al otro lado del teléfono, transmite tranquilidad y, sobre todo, presencia. Ingresó al EAAF siendo estudiante y con apenas 20 años, y cuatro décadas después conserva ese impulso intacto. Coordina en la provincia de Córdoba la excavación en el Ex Centro Clandestino de Detención La Perla, donde fueron restituidas veintinueve personas desaparecidas.  

¿Qué resultados están obteniendo el Ex Centro Clandestino La Perla?

Estamos en esta coyuntura de los resultados del trabajo, donde pudimos dar con lo que buscábamos. En este predio del ejército de 14.000 hectáreas había denuncias de fosas comunes, las búsquedas comenzaron en 2004 y en 2012 se habían podido identificar a cuatro estudiantes. Yo estoy a cargo de este proyecto desde 2024, pero el EAAF como equipo empezó a trabajar en estas búsquedas hace 20 años. Estar en el momento de los resultados es muy alentador. Corroboramos que hubo entierros clandestinos en ese lugar. Y luego, una intención de doblemente ocultar los cuerpos, porque recuperamos restos óseos fragmentados. Realizaron una operación de excavación de esas fosas con maquinaria vial para remover los cuerpos y trasladarlos a algún otro sitio, debido a la visita a la Argentina de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en el año 1979. 

¿Qué rol cumplen organizaciones de familiares y derechos humanos como las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo en el trabajo de EAAF?

El contexto inicial no es muy diferente al actual en muchos aspectos. Después de los primeros juicios [a los militares] hubo una serie de leyes de impunidad. Nuestro trabajo se sostuvo igualmente y muy fortalecido por el apoyo de los organismos de derechos humanos que impulsaron esto desde el comienzo, que nos acompañaron y nos acompañan. El objetivo central del trabajo que hacemos es la posibilidad de restituir una identidad, recuperar restos y completar una historia para ese familiar que tiene, en relación a esa pérdida, un proceso aún inconcluso. Y son los familiares y organismos quienes aportan, y aportaron desde un comienzo, la información necesaria. Hay todo un trabajo de entrevistas con los familiares para conocer sobre cada persona, sobre sus seres queridos. No solamente la cuestión histórica, militancia [activista] o circunstancias de la desaparición, sino también los datos físicos. Muchas veces no hay historias clínicas o material documentado que dé cuenta de cómo era físicamente esa persona o si había sufrido una fractura. Para nosotros la generación de un vínculo de confianza con los familiares es imprescindible para poder avanzar con la investigación.

«En la investigación toda muerte violenta de una mujer debe ser investigada como si fuera femicidio»

¿Qué rol cumplió el EAAF en el caso de la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto? 

Es uno de los primeros casos trabajados en Argentina en el año 1984 en el contexto de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) y de los primeros juicios a las juntas militares. Ante las denuncias de lugares de entierros, muchas veces en cementerios catalogados como NN [nombre desconocido] la justicia realizó esas primeras exhumaciones pero sin técnicas arqueológicas ni herramientas adecuadas. Como no dieron con los resultados que se esperaba, los organismos de derechos humanos convocan a la Asociación Americana para el Avance de las Ciencias (AAAS). Esto es la génesis del Banco de Datos Genéticos de las Abuelas, porque viene la genetista Mary-Claire King quien empieza el trabajo vinculado a la posibilidad de relacionar genéticamente abuelas y nietos. Ahora se llama Índice de Abuelidad. Y viene también el antropólogo forense norteamericano Clyde Snow, que es quien sembró la antropología forense en Argentina y en la región. Él convoca a antropólogos y arqueólogos, y el EAAF se constituye a partir de quienes se acercaron a esa convocatoria que, en realidad, eran estudiantes. En esa etapa es que se trabaja el caso de Carlotto, y Snow le dice a Estela que era abuela. 

Excavación en el Ex Centro Clandestino de Detención La Perla. / Foto: EAAF

Excavación en el Ex Centro Clandestino de Detención La Perla. / Foto: EAAF

A escala mundial, las investigadoras científicas son un tercio del total, pero dentro del EAAF hay alta representación de mujeres. ¿A qué se debe?

La antropología forense, cuando empezó el equipo, no era un campo profesional constituido, era una tarea más subalterna. No sé si eso explica que haya habido menor interés por parte de los varones en un ámbito de trabajo que no tenía una proyección ambiciosa. Eso fue cambiando, ahora hay más representación masculina sobre todo en aquellos países donde los ámbitos de trabajo son institucionales con una visión más de carrera profesional. En nuestro caso somos una organización no gubernamental, pero en otros países la práctica de la antropología forense se desarrolla desde el Instituto de Medicina Forense, o sea, dentro de instituciones estatales.

Ustedes desarrollan investigación con perspectiva de género ¿Qué características tiene esa labor?

En la investigación toda muerte violenta de una mujer debe ser investigada como si fuera femicidio hasta que se demuestre lo contrario. El contexto médico legal es muy masculino, y es importante fortalecer esta visión de género, para que tanto en la escena del crimen como al analizar en el contexto los cuerpos de las mujeres sean abordados en búsqueda también de rastros de una violencia que es diferencial. Y sobre todo que si las encuentra las documente de esa manera. Los antropólogos trabajamos más con restos óseos, donde tal vez esos rasgos diferenciales no son tan observables porque ya no tenés tejido blando que es donde más se visualizan estas situaciones. Pero, por ejemplo, cuando un criminalista va a un ambiente donde se encuentra el cuerpo de una mujer, tiene que registrar si ve objetos rotos, si ve gestos de que hubo una violencia simbólica también contra esa persona, no solamente ver el cuerpo. Hay protocolos de buenas prácticas que necesitan profundizarse e incluso difundirse, para que esta mirada de género esté presente en el investigador, en el médico, en el criminalista. Eso es una tarea todavía necesaria porque al margen que existan documentos o protocolos, es importante su implementación.

«Entre las buscadoras o en contextos de conflictos armados, uno ve una mayor participación femenina»

En casi todos los contextos, son las mujeres de las familias quienes sostienen las búsquedas. ¿Qué particularidades encontrás en esos procesos?

Por supuesto, hay lugares donde participan hombres como mujeres, pero principalmente está la presencia femenina buscando y el relato de yo era una ama de casa y de repente tuve que salir a golpear puertas para buscar a mi hijo y tenía el tiempo para hacerlo.” Quizás los varones a cargo de la economía familiar, el trabajo, como proveedores no tenían esta misma disponibilidad.  Entre las buscadoras, como se las llama en México, Chile, o en contextos de conflictos armados en Centroamérica como El Salvador donde he trabajado mucho, uno ve una mayor participación femenina. También a nivel de población campesina, hay mucha más participación de las mujeres en los procesos. Incluso intergeneracionalmente, la abuela, la madre y la nieta que están acompañando las tareas, y con un rol de cuidado incluso hacia nosotros. Y eso es muy de género, me parece muy de las mujeres.

¿Cuáles son las experiencias que más te marcaron a lo largo de estos años?

Hay sentido en la práctica que hacemos, y ese sentido lo encontré desde el principio y no lo he perdido. En el contacto con los familiares hay un hilo conductor en todos los casos, que es justamente el poder dar una respuesta que alivie el sufrimiento. Por eso también he podido comprometerme durante tantos años. Ha habido hitos. Estuve trabajando en contextos de violencia masiva en Centroamérica y fue fuerte porque era un cambio de escala. En Argentina una familia tenía uno o dos desaparecidos; en Centroamérica una persona tenía toda la familia desaparecida, muerta. Los Balcanes también, toda la violencia de la guerra. No sé si uno deja de sorprenderse de las terribles implicancias que tienen para la población.

Su labor desafía el concepto mismo de «desaparecidos». Ante las puertas cerradas de los Estados, ustedes afirman que siempre hay algo por encontrar y respuestas posibles. 

Sí, convengamos que nada ni nadie desaparece, o sea, es un eufemismo. Es para ocultar la intencionalidad de un hecho de violencia que tiene que ver en este caso con el secuestro, la tortura, la detención, la ejecución muchas veces, y la posterior desaparición del cuerpo. Insistimos con que siempre queda una evidencia, siempre queda un rastro, y que trabajando con las herramientas adecuadas que nos dan las disciplinas en materia de conocimiento científico o de tecnología, es posible llegar a los lugares donde ocurrieron estos enterramientos. Y sí, es posible.

 

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