iNtra_tReloS
Mientras se adentra en la noche, caminé al encuentro de esa chica en un café. A medida que comparten palabras y risas, mi corazón se desborda con la visión de la belleza y la tristeza oculta tras sus ojos. El susurro de la camarera, exhausta y anhelante por el final de su turno, desata el amargo eco del tiempo que se desvanece. Mientras el viento frío arremete contra sus cuerpos en la calle desierta, el deseo ardiente y la cruel realidad regresan. De vuelta en su refugio solitario, la pluma se desliza sobre el papel en una danza de confesiones atormentadas, atrapado entre la agonía de dejarla ir y el anhelo insaciable de aferrarse a la ilusión de un amor posible. En cada palabra yace el eco de una lucha interna, un torrente de emociones que se entretejen en el tejido de la noche, donde la soledad se confunde con el susurro de los sueños rotos.