LAS RATAS
Las Ratas, tres décadas de de rock combativo desde Canarias
Son una de las bandas más longevas de este país en activo. Nacidos en 1993 en La Laguna (Tenerife), pasan ya de las tres décadas, tiempo durante el cual han editado seis discos, han tenido distintas formaciones por las que han pasado más de una veintena de músicos, han tocado en todo tipo de festivales, han compartido escenarios con todo tipo de artistas y se han movido por España, Europa y el Norte de África. En su sonido explosivo, conviven la furia del punk, el groove del funk, la agresividad del metal y el flow del rap, todo ello con letras que combinan crítica social, ironía y actitud rebelde.
Con Cris y Nasser en la terna de voces junto a Txowie, más Jony a las guitarras, Vírtol al bajo, Miguelón a la batería y las secuencias de Pablo Díaz, No olvido presenta a Las Ratas con un sonido actualizado y rutilante, que suena mejor que nunca e intenta hacer justicia al explosivo espectáculo que la banda ofrece en sus conciertos. Hablamos con Txowie.
Ha aparecido recientemente No olvido, un disco doble con 16 canciones fundamentales de la trayectoria de Las Ratas. Se dice que sirve para conmemorar el trigésimo aniversario de la banda. Sin embargo el grupo empezó en 1993, ¿no? Supongo que ha sido más bien por la posibilidad de grabar y arreglar de nuevo esas canciones.
– Sí, la disculpa fue que llevábamos más de 30 años con el grupo, pero en realidad eran las ganas de grabar esos temas con el sonido que se merecían. Date cuenta de que en el primer disco, No hay provocación, yo era el batería. Probablemente esté entre los diez primeros baterías más malos del rock. Si la batería no suena, el disco no suena tampoco, y es una pena porque los temas son muy buenos. Que tampoco es que sea un truño, el disco está potable, pero no es el sonido que queríamos.
Ya nos has hablado de No hay provocación (1996). ¿Cómo se ven ahora los otros cuatro discos, La máquina (1999), Historias del barrio (2002), Sáhara 1975 (2010) y Spanish bukkake (2016)?
– El siguiente, La máquina, lo grabamos con Kaki Arkarazo. Suena mucho mejor pero pudo haber sido incluso mejor si le hubiéramos hecho caso a Kaki. Como éramos unos niñatos, no se lo hicimos, y la cagamos. Teníamos una portada maravillosa diseñada por Tahiche, un artista de verdad, y, con la soberbia que nos caracterizaba, lo sacamos con una portada de vergüenza ajena. Después vinieron Historias del barrio y Spanish bukkake. Ahí ya hicimos caso a los productores y empezamos a trabajar la imagen con Rayo 52, con lo que son discos que se acercan a las expectativas. Por eso No olvido se nutre de los dos primeros discos.
En este álbum la mayor novedad es la incorporación de Cristina Ruiz a un disco del grupo, aunque ya lleva siete años con la formación. ¿Cómo encajó en la banda? ¿Le costó?
– Cristina es un acierto total: sustituir a Boris no es nada fácil, y lo ha hecho espectacular. Además es más golfa que el resto de la banda, cosa que pensaba que era algo imposible, pero resulta que no…
¿Qué ganó el grupo con su incorporación y que quedó atrás?
– Ganó frescura y una manera de rapear más moderna. Además, en el escenario no para. Atrás quedó Boris, pieza clave del grupo, arreglista de las voces y el componente más tranquilo de toda la banda.
A día de hoy están en la banda tres de los componentes de la primera formación. ¿Se mantiene el espíritu original? ¿Cómo están las relaciones con aquellos que han ido dejando el grupo durante estos años?
– El grupo está genial: cada vez que nos reunimos nos lo pasamos teta. Creo que eso se refleja en los directos. No paramos de reír. Las relaciones con los antiguos componentes son buenas en general, somos del mismo grupo de amigos. Los enfados y los malos rollos no son para siempre.
¿Hay algún nexo común entre las canciones seleccionadas, algún concepto, incluso aunque se haya descubierto después y no fuese intencionado o consciente en un principio?
– No. El impulso fue sonar como debía ser, como suena la banda en directo. Buscamos esa energía y creo que lo hemos conseguido. Y fue muy fácil porque Ayoze como técnico es un crack, un tipo que sabe de rock muchísimo y que ha nacido entre cables y regletas. Súmale a los instrumentistas, Miguel, Víctor y Yoni, que son espectaculares.
¿Cuál es el concepto detrás de la portada y los objetos que en ella aparecen?
– Rayo 52 está integrado por tres personas que están muy vinculadas a Las Ratas ya que Pablo Bonet, antiguo guitarrista, ha compuesto muchos de los temas grabados, y Kike Alemán y Rebe Ramos han estado desde el principio próximos al grupo de una u otra manera. La portada es idea de ellos. Las imágenes están vinculadas a diferentes temas, pero también tienen coñas personales que ni yo mismo descubro. Me parece una portada fantástica.
El grupo ha acompañado a artistas como Sex Pistols, Prodigy, Manu Chao, Fermín Muguruza, Siniestro Total, Def Con Dos, Asian Dub Foundation… ¿Algún recuerdo especial? ¿Algún artista con el que haya habido más afinidad?
– Afinidad musical tenemos con todos. Fermín Muguruza es una de las causas de que el grupo haga lo que hace, lo mismo le ocurre a los hermanos canarios de Enac Ska. Recuerdos tengo muchos, pero yo no soy persona de conocer a los músicos que escucho porque tengo el temor de descubrir que son gilipollas y no volver a escucharlos. Con el único que fui de juerga fue con Javier Ruibal y puedo seguir escuchándolo.
¿Cómo ha sido la participación en festivales como Espárrago Rock o en escenarios internacionales de Marruecos, Alemania o Francia? ¿Algún momento destacado en este u otro festival?
– Los festivales son muy divertidos y te dan la ocasión de darte a conocer. El AR de EMI, al vernos en el Espárrago Rock, nos dio la tarjeta para que lo llamáramos, nos hicimos un turulo con ella y todavía hoy me pregunto qué habría pasado si no hubiéramos sido tan imbéciles.
¿Qué es lo que mantiene al grupo en activo después de más de tres décadas? ¿Hay más rabia, más hambre de escenario?
– Para nosotros es terapia, es ese momento de desconexión que necesitamos para seguir con los curros, con los problemas.
¿Cómo ha cambiado el mundo de la música desde los inicios de Las Ratas?
– Entonces había más posibilidad de tocar en las fiestas de los pueblos. Con eso sacabas para grabar y hacer giras. Por ejemplo, ahora hemos tardado siete años en reunir lo necesario para sacar este disco.
Me imagino que tiempos tan turbulentos como los que estamos viviendo darán motivos suficientes para componer. ¿Está el grupo escribiendo nuevas canciones?
– Tenemos ya nueve temas casi terminados. Esperamos que los abogados cristianos los oigan y pasar el resto de nuestras vidas con tres comidas calientes y bajo techo.
En las letras siempre ha habido sarcasmo, ironía. ¿Se puede seguir componiendo así tal y como están las cosas o lo están poniendo muy difícil?
– Nosotros sí. No tenemos otra forma. Querríamos cambiar de temas pero no nos dejan. Tal vez eso sería lo que más nos cuesta, el seguir hablando de política. De esos nueve temas nuevos solo dos hablan de otras cosas, como ¨La sonrisa de Kim Deal¨.
¿Resulta más fácil la experiencia de componer con el tiempo? ¿O lo ya aprendido y explorado se siente más como un obstáculo que hay que evitar y salvar?
– A nosotros nos cuesta componer porque hoy en día las prioridades son otras. El grupo es un escape a la rutina, no tenemos prisa en sacar las cosas porque no tenemos esa urgencia. Pero poco a poco salen.
¿Llegan vuestras canciones a las nuevas generaciones? ¿Hay público joven en los conciertos?
– Sí, hay gente joven que aparece y nos sigue. Pero la media de edad es de gente que necesita Distensán para ir en avión.
¿Cómo se ve desde dentro la evolución del grupo en todo este tiempo?
– Pues se ve con un toque de nostalgia. Cuando empecé a ensayar, iba con la claqueta para grabar. Sergio y Nasser se dejaban los ojos con el primer sampler que compramos, tuvimos que pedir un crédito para adquirirlo. Era escuchar música e imitarla, arreglar temas pensando en Led Zeppelin o Beastie Boys. Muchos años, muchos errores, pero muchísimas experiencias divertidas.
¿Qué grupo, que movimiento o qué momento es el que más ha influido al grupo durante estos años?
– Fue la conjunción de oír a Rage Against the Machine, el Blood Sugar Sex Magik de Red Hot Chilli Peppers y ver el directo de Negu Gorriak en el Ruta 66. Dijimos: esta es la dirección.
Tengo claro que mover Las Ratas desde Canarias es muy complicado. ¿Cómo vive el grupo esa insularidad?
– Con la sensación de que es más fácil que suene un grupo de Guinea Conakry en Radio 3 que uno de las islas.
¿Hay prevista gira por la Península para este año?
– Tocaremos en Euskadi en mayo, el día 10 y el 11. En Alemania estaremos en marzo, en Essen y Berlín, el día 6 y 7. En Gran Canaria el 21 de febrero con los Enac Ska.
¿Hubo o ha habido en algún momento dudas sobre la continuidad de la banda?
– Sí, muchas veces. De hecho creo que sacaremos el siguiente disco, lo giraremos y a tomar viento… O no.
Por último, ¿cuál ha sido la mejor anécdota que ha vivido el grupo en estos años?
– En estos últimos años, la anécdota sería la última vez que me quedé en pelotas en el escenario. Fue en 2018. Ya estaba trabajando de profesor y oigo a un alumno que me grita en el pasillo: ¨cuca chica¨. Se formó una gran polémica en redes sociales e incluso en periódicos. Pero en general la gente me apoyaba.