El gran público los conoció -y hasta ahí llegó- con Cayetano, corte entre la radiografía sociológica y el cántico hooligan, pero los que estamos al loro ya teníamos ubicado su debú en corto, «Necromántico». Un puñado de viñetas nocturnas de estética lo-fi repletas de angustia y épica juvenil (Acaso caras de una misma moneda) que sabían a tortuosa recogida por Malasaña a horas intempestivas.
Alérgicos al ejercicio de estilo y la retromanía y especialmente dotados para la estampa evocadora, Carolina Durante ofrecían en su primer largo una versión corregida y aumentada de lo que podía encontrarse en aquel EP: Moviéndose en unas coordenadas punk con ramalazo siniestro y dentelladas de humor negro, la propuesta de los capitalinos se podría equiparar a lo que habría hecho Eduardo Benavente de haber vivido la generación Instagram («Te mandaré un millón de emojis explicándote cómo ha ocurrido», dicen en KLK) aliñado con un hartazgo existencial muy millenial («No tengo 30 años, y ya estoy casi roto», declaran en Joder, no sé)
El universo de Carolina Durante está surcado de relaciones tormentosas, miedo y ansiedad; Pueden ser adustos, pero también gamberros e incluso por momentos naif, basculando entre Parálisis Permanente y Los Nikis, dos de las pocas influencias que pueden rastrearse en su ADN sónico.
Consagrados a la concisión (Diez canciones en poco más de treinta minutos) este disparo homónimo abundaba en estructuras rápidas y esa rabia juvenil que solo suena sincera cuando se tienen veintipocos años. Lo mismo abrían con el que quizás sea su single definitivo (Las Canciones de Juanita) que nos invitaban a bailar en un camposanto (Cementerio, el último parque) que echaban el cierre con una opresiva esquirla llena de sumisión y lorquiano título (El perro de tu señorío)
Tiene una cualidad Carolina Durante, banda y disco, de foto fija de su tiempo, de reflejo fiel de una generación marcada por la precariedad y la desazón existencial. Posee igualmente, y eso es lo que importa en último término, un puñado de canciones memorables entre la melancolía y la furia.

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