Triángulo de Amor Bizarro – Mi Catedral

Tendría que mirarlo, pero no creo que haya muchos grupos que me gusten tanto como Triángulo de Amor Bizarro. Es más, diría que son de los pocos que pueden presumir de una discografía casi perfecta. Y el “casi” lo pongo por ese ‘Sed’ que estaba bastante bien, pero que no llegaba al nivel de sus anteriores trabajos. Quizá, por eso, me ha sorprendido tanto que su continuación sea tan buena. Y es que, el trío gallego ha vuelto a darle una vuelta de tuerca a su sonido para crear una colección de canciones que, sí, suenan a ellos mismos, pero lo hacen de una forma diferente. Además, de los más variada, porque aquí hay de todo un poco.

Mi Catedral’ es un disco con una temática muy variada en la que Triángulo de Amor Bizarro se ponen combativos y políticos. Ahí y tenemos esa barbaridad llamada “Matar a un Rey”, la cual está marcada por estribillo que no deja lugar a dudas –“Matar a un CEO, colgar a un Rey”-. Además de por una segunda parte kraut que es una pasada. O “BBBMV a.r.m.a.s.”, otra canción increíble en la que siguen las enseñanzas de Kevin Shields de la forma más melódica posible. Y entre medias cuelan una frase como “En Palestina Dios muere todos los días”. Algo que sorprende, porque nunca han sido tan directos en sus letras. De hecho, si nos vamos “SMT en el Palacio Real”, vemos que no es fácil descubrir que están hablando de lo malo que es algoritmo y lo que provoca internet en las personas. Y sí, es otra barbaridad de canción.

Si tengo que elegir una faceta de Triángulo de Amor Bizarro, me suelo quedar con ese lado más pop donde aparece un poco de electrónica y unas guitarras que suenan a New Order -la versión de “Bizarre Love Triangle” que se marcaron el año pasado es tremenda-. Pero en este disco empiezo a tener mis dudas. Y eso es gracias a un tema como “En la corte de E”, donde se meten en un shoegaze oscuro y vibrante que les sienta de maravilla. Porque, además, tiene un tramo final lleno de teclados que es alucinante. Pero también a “Este contra Oeste”, una canción que empieza como una apisonadora sonora, pero que, poco a poco, se va convirtiendo en algo más pop. Además, tiene un frenético ritmo de batería que me vuelve loco. Y qué se puede decir de “Pat a trenca”, esa canción que empieza como el “Something in the Way” de Nirvana y termina con todo un derroche de épica orquestal.

Evidentemente, ese lado más pop que mencionaba más arriba, también está bien representado por aquí. Ahí tenemos el noise tan melódico de “Diosas adolescentes”. O esa “Odio a mi generación” en la que le dan cera a esa generación que les ha tocado vivir. Y lo hacen con otro ritmo frenético y unas guitarras llenas de potencia. Además de un sintetizador muy post-punk que aparece por ahí de vez en cuando. Aunque nada como el tema principal, donde sí que meten más electrónica para dar con uno de esos temas emocionantes llenos de cambios de ritmo en los que Isa pone el toque melódico con su voz. Algo que también ocurre con “Sacrificio”, que cierra el álbum con guiños a los The Cure más pop y dejándote con ganas de mucho más. El cierre perfecto para un disco que, fácilmente, podría ser el mejor de su carrera.

8.8

Kevin Morby – Little Wide Open

Nunca he prestado mucha atención a la propuesta de Kevin Morby. El artista norteamericano me ha cautivado con algunos singles, y sí reconozco que le di algo de cancha a su segundo trabajo, pero la verdad es que nunca ha sido mi rollo. Por eso me ha sorprendido lo mucho que he escuchado su último trabajo en los últimos días. Algo que, en parte, se debe a que “Javelin”, el adelanto que publicó hace unos meses, me gustó mucho. Pero la verdad es que, tras escucharlo tantas veces -ha sido mi compañero en viaje reciente que he hecho-me ha terminado calando el disco entero.

Según tengo entendido, ‘Little Wide Open’ es el cierre de una trilogía en la que Kevin Morby disecciona ese Medio Oeste que lo vio crecer. Una zona de Estados Unidos que, como todos sabréis, está marcada por su rollo conservador y patriota. Pero, aunque Morby vive oficialmente allí, también pasa largas temporadas en Los Ángeles. Una dualidad existencial que se aprecia a lo largo de todo el disco. Así, nos encontramos con canciones que se pueden ver perfectamente como una crítica a ese país tan chungo en el que ha crecido. Pero también hay otras que hablan de lo acogedora que es su tierra. Quizá, porque, al fin y al cabo, lo que importa son las personas de las que te rodeas. Y ahí te puedes encontrar de todo.

Musicalmente, estamos ante un álbum que, salvo contadas excepciones, tira bastante del sonido más americano. Pero lo cierto es que lo hace desde una perspectiva bastante asequible. En parte, porque está Aaron Dessner de The National a la producción. Y es algo que se nota bastante en algunos temas. Ahí tenemos “Die Young”, en la que le pone un poco más de emoción al asunto. O esa “All Sinners” donde, de repente, aparece una guitarra algo tímida, pero un tanto estridente. Además de una sección rítmica más viva. Y si nos vamos al tema titular, nos encontramos con un baladón de ocho minutos donde tenemos todos los elementos de una canción de americana. Ahí está su banjo, que toca el propio Dessner, su ritmo monótono y pausado, y su melancolía. Pero está todo tan bien unido, que te atrapa con suma facilidad.

Morby es muy listo, y sabe que no puede hacer funcionar bien un disco de casi una hora tirando solo de ese sonido más americano. Así que nos va dejando algunos caramelitos para aquellos que no disfrutamos de estos sonidos. El primero llega al principio con “Badlands” -sí, como la película de Terrence Malick y la canción de Springsteen-, y es un corte de lo más emocionante donde aparece una instrumentación llena de épica. Además de un Morby que se atreve a salir de su zona de confort a la hora de cantar. Luego tenemos la ya mencionada “Javelin”, que es una pequeña joya en la que apuesta por algo más animado y un sonido muy pop. Y es una delicia. Al igual que el rollo más árido y psicodélico que aparece en “100,000”, donde cuenta con la ayuda de Meg Duffy, aka Hand Habits.

Sí es cierto que la secuencia del disco puede perjudicar un poco en el resultado final. Y es que, para su segunda parte, ha dejado esos temas más delicados que están desprovistos de golpes de efecto. Algo que, por ejemplo, sí hace en “Natural Disaster”, donde se anima con un final más eléctrico. Pero lo cierto es que, para entrar en este segundo tramo, hay que tener ganas de guitarras acústicas y banjos. Y yo entiendo que esto no es para todo el mundo. Aunque la verdad es que una canción como “Cowtown” es de lo más acogedora. Y si nos vamos a “I Ride Passenger”, nos encontramos con un tema juguetón marcado por el banjo. Además, en “Junebug” apuesta por algo más etéreo e incluso psicodélico. Y para cerrar apuesta por la emoción en la preciosa “Field Guide For The Butterflies”. Así que todo es ponerse.

Rural France – Sloths

Hace unos años, cuando puse por aquí el segundo disco de Rural France, comentaba que me bastaba que vinieran de un sello como Meritorio y que hicieran mención a grupos como Beach Boys o Guided By Voices como algunas de sus influencias. Y en esas sigo con su cuarto trabajo -el tercero me lo salté porque su sonido tan lo-fi no me terminó de convencer-. Sobre todo, ahora que he visto que su filosofía musical es hacer algo parecido a cómo sonarían Pavement tocando canciones de Teenage Fanclub. Porque, al fin y al cabo, el grupo escocés es su gran influencia. Y más en este trabajo, que suena más pulido que nunca. Aunque eso sí, igual de fresco que siempre.

Al igual que en sus anteriores trabajos, Tom Brown y Rob Fawkes han grabado las canciones de este ‘Sloths’ en el estudio casero que tienen en la localidad de Wiltshire. Pero aquí hay una diferencia importante, y es que, por primera vez, han utilizado a un profesional para que haga la mezcla. Se trata de Rob Slater (Westside Cowboy, Yard Act, Thank), que ha limpiado su sonido sin que pierda un ápice de fuerza. A lo que hay que añadir la batería de Jeff Hamm, compañero de banda de Brown en Teenage Tom Petties. Y es que, según los dos miembros del dúo, querían hacer algo un poco más lento y melancólico. Todo para dar con un disco más maduro en el que dejan entrever algunas de esas dudas que asoman cuando se acercan los cuarenta.

Lo primero que escuchamos en este disco es un órgano. Algo que ya nos da una idea de por donde van los tiros. “Slab” es un tema de apertura en el que nos encontramos con uno de esos ritmos algo perezosos -al más puro estilo Pavement– que, sin embargo, adornan con unas armonías vocales más propias de Brian Wilson. Un sonido un poco más americano que también se deja ver en “Someone You Forgot”, donde sí es cierto que se animan un poco más. O en la deliciosa “Soulseeker”, la cual adornan con un mellotrón de lo más juguetón. Además, en las tres se puede apreciar la importancia que ha recibido la batería en la mezcla, ya que tiene más protagonismo que nunca. Ahí tenemos “Electrical Tape”, donde marca el ritmo acompañado de unas guitarras más tensas y una trompeta épica.

Lo que más me gusta de la propuesta de Rural France es lo fácil que dan con una canción de pop perfecta con muy poco. Algo que aquí logran casi sin despeinarse. Además, como todo suena más limpio y con nuevos detalles, su rollo se ha llenado de frescura. Solo hay que escuchar esa preciosidad llamada “How You Gonna Get Even”, donde el órgano planea a lo largo de toda la canción. Algo que también ocurre con la melancólica “Casio”. O ese estupendo single llamado “Lonely Heart Pyramid Scheme”, en la que no solo se sacan de la manga unos coros estupendos, también apuestan de nuevo por una trompeta en su tramo final. Aunque lo cierto es que no les hacen falta todos esos detalles para dar con una buena canción. Solo hay que escuchar las estupendas “Thirty Seven Forever” y “Jukebox Weepie” para darse cuenta.

100 Canciones de los 80 (2ª parte)

Hace ya once años que puse por aquí una recopilación con 100 de mis canciones favoritas de los ochenta. Una playlist que me costó una barbaridad hacer, ya que tuve que dejar fuera un porrón de canciones. Por eso siempre he coqueteado con la idea de hacer una segunda parte. Y más desde hace unos meses, que la entrada de 2015 se ha convertido en la más vista del blog de lo que llevamos de 2026. Así que me he puesto con ello y me ha vuelto a pasar lo mismo: en el último momento he tenido que quitar más de veinte canciones.

En este nuevo repaso a esa década hay menos temas clásicos de esos años, porque la idea es no repetir ningún artista. Aunque sí que hay tótems de aquella década, como Prince, al que no pude meter en su día porque su música no estaba en Spotify. También estaba vivo, pero eso es otra historia. O Peter Gabriel, que en su día se me pasó. En cualquier caso, creo que ha quedado bastante curiosa, porque hay de lo más indie a lo más comercial. De hecho, se podría decir que hay unos cuantos “guilty pleasure”, ese termino que ya no se puede mencionar. Pero es que sería imposible repasar esa carrera sin estos temas.

Espero que os guste.

Cola – Cost of Living Adjustment

No puedo estar más a favor de los grupos de post-punk que deciden dejar de lado la aspereza de su propuesta para entrar en terrenos más melódicos. O que por lo menos lo intentan, como en el caso de los canadienses Cola. Desde que este grupo surgió de las cenizas de Ought, han ido entregando discos que, poco a poco, convertían su propuesta en algo más accesible. Y lo mejor es que lo han hecho sin necesidad de cambiar su sonido. Es decir, que las guitarras que rugen y los ritmos un tanto monótonos están a la orden del día. Pero el tono es mucho más pop. En parte, porque esos ritmos son menos agresivos y un algo más acelerados. A lo que hay que añadir la voz de Tim Darcy, que busca la melodía todo el rato.

Cost of Living Adjustment’, es decir, Cola, no es otra cosa que el aumento salarial que se supone que los trabajadores reciben para hacer frente a la inflación o la crisis económica -si pensabais que la cosa iba por el refresco, estabais muy equivocados-. Así que, de algún modo, se podría decir que estamos ante un disco homónimo. Algo que, cuando ocurre con un tercer álbum, como es este caso, suele implicar un cambio de sonido o una nueva vida de la banda. O quizá es que, tras dos álbumes, por fin han llegado al sonido que querían. Porque, lo cierto, es que tampoco han cambiado tanto.

El disco se abre con “Forced Position”, un tema más cercano al indie-rock que a otra cosa. Además de la prueba definitiva de que todas estas bandas de post-punk adoran a Sonic Youth, porque hay momentos en los que parece que Darcy se va a marcar una versión de “Teen Age Riot”. Algo a lo que vuelven en “Conflagration Mindset”. Y lo cierto es que es un sonido que les sienta de maravilla. Porque, en el fondo, a Cola los podemos meter fácilmente en el mundo de art-rock y en esa Nueva York efervescente de finales de los 70. Solo hay que escuchar “Haveluck Country”, que apuesta por un ritmo atípico y unas guitarras que bien podrían salir de un disco de Television. O la estupenda “Much of a Muchness”, donde se podría decir que se acercan, a su manera, a los primeros Talking Heads.

Lo que más me gusta de este álbum de Cola es lo directas y asequibles que suenan algunas de sus canciones. Es el caso de “Hedgesitting”, donde se sacan de la manga un vibrante sonido de batería que va llevando la canción hacia mundos de lo más melódicos. O esa “Favoured Over The Ride” en la que no tienen ningún problema en meter un teclado que convierte la canción en algo puramente pop. Incluso cuando se van a lo básico del post-punk, entregan cosas muy directas. Ahí tenemos la estupenda “Satre-torial” y su sonido entrecortado. O “Skywritter’s Sigh”, que cierra el disco apostando por su faceta más urgente. Y ni siquiera aquí pierden su punto melódico.

The Haunted Youth – Boys Cry Too

Hace un par de semanas estuve viendo en directo a The Haunted Youth y la verdad es que me sorprendieron para bien. Porque, aunque su primer trabajo me gustó bastante, sí es cierto que lo tenía un tanto olvidado. Así que me planté en la sala Mon de Madrid pensado que me iba a encontrar con uno de esos grupos que adoran las texturas dream-pop, pero no, la banda belga ha cambiado su propuesta para su segundo trabajo. De hecho, Joachim Liebens, su líder, asegura que escribió las canciones de su debut cuando era un chaval y que ahora le suenan frágiles e infantiles. Y la solución para esto ha sido llenar sus nuevas composiciones de guitarras potentes y agresivas. Aunque eso sí, sin dejar de lado su faceta ensoñadora.

Boys Cry Too’ es un trabajo en el que Liebens ha conectado con su masculinidad. Pero no os asustéis, no está estamos ante algo toxico. Todo lo contrario, en estas canciones quiere mostrar vulnerabilidad y que, efectivamente, los hombres también pueden llorar. Aunque eso es más en su segunda parte, ya que en sus primeros temas vemos a un chico con el corazón roto y cabreado. Solo hay que escuchar los ocho minutos de “In My Head”, que empiezan delicadamente y de la forma más ensoñadora posible, pero que acaban con Liebens metiendo unos buenos berridos. O la contundente “Castlevania”, que el propio artista ha descrito como el triángulo perfecto entre Nirvana, Alice In Chains y ‘Loveless’ de My Bloody Valentine.

No es que yo sea muy fan de las guitarras rudas y potentes. Eso es algo que me gustaba en los noventa, pero cada vez lo soporto menos. Y si lo hago es en casos como este. Porque, aunque The Haunted Youth quieren mostrar agresividad en estas canciones, siempre termina saliendo a flote un punto muy melódico. Ahí tenemos “Deathwish”, que fusiona unas guitarras punzantes con un teclado que saca un sonido precioso y ensoñador. O “Murder Me”, donde apuestan por una distorsión muy potente, pero también muy llevable.  Y cuando deciden que es el momento de acelerar su propuesta, entregan un tema como “Forget Me”, que es una las canciones más pop de su carrera. De hecho, en su concierto de Madrid fue recibida como si de un hit se tratara.

Otra cosa que me gustó de su directo, es el protagonismo que le dan a los teclados. Es más, su teclista está en mitad del escenario como si de una directora de orquesta se tratara. Y tiene su lógica, porque es fácil ver la importancia que tiene los teclados en canciones de este álbum como “Emo Song” o “Falling to Pieces”.  Además, lo mezclan muy bien con diferentes tipos de sonido, ya que en la primera apuestan más por el dream-pop y en la segunda por el shoegaze. Y es que, en el fondo, estamos ante un disco que es un tanto variado. Solo hay que escuchar “Wake Up”, un single extraño, y un tanto escurridizo, en el que tiran de guitarras acústicas. Algo a lo que vuelven en “Ghost Girl”, el delicado tema que sirve de cierre.

7.9

The Lemon Twigs – Look For Your Mind!

Es increíble cómo The Lemon Twigs siguen siendo capaces de sacar grandes canciones con lo prolíficos que son. Los hermanos D’Addario han editado tres discos en poco menos de cuatro años. Además, Brian debutó en solitario el año pasado y los dos se han involucrado por completo en el último disco de Ronnie D’Addario, su padre. Y, por si esto fuera poco, también han colaborado en lo nuevo de Thundercat y no han parado de hacer giras. Las cuales, afortunadamente, siempre pasan por España -en octubre están de nuevo por aquí-. Así que es toda una proeza que hayan sacado tiempo para meterse en su estudio de Brooklyn y grabar las canciones que forman su sexto álbum.

Look For Your Mind!’ es el trabajo más colaborativo que han editado The Lemon Twigs. Aquí, ellos siguen siendo los que producen y los que mandan, pero, por primera vez en su carrera, no tocan todos los instrumentos que aparecen en el disco. Para esta ocasión han relegado un poco en Danny Ayala y Reza Matin, los dos músicos que los acompañan en directo. De hecho, algunas de las canciones del disco se han arreglado expresamente para capturar el sonido de sus conciertos. Además, también ha colaborado Eva Chambers, la bajista de Tchotchke. Una banda con la que, por cierto, sacaron un villancico el año pasado. Y lo cierto es que es algo que se nota en varias canciones en las que apuestan por un sonido más crudo y cercano al power-pop y la psicodelia de los setenta.

Ese pequeño cambio se aprecia nada más empezar con el tema titular. Aquí se hacen con un ritmo un tanto psicodélico y un poco “Tomorrow Never Knows”, que adornan con unas guitarras un tanto más áridas de lo normal. Pero claro, no pueden evitar que su corazoncito pop termine saliendo. Y lo hace con un estribillo digno de los mejores The Byrds y sus típicos coros llenos de armonías. Algo que también ocurre con “Nothin’ But You”. Sobre todo, en su tramo final, que es una pequeña maravilla. O con “You’re Still My Girl”, que cuenta con unos coros ascendentes que me tienen loquito. Y ojo con “Fire and Gold” y “Yeah I Do”, que se acercan de una forma estupenda a los Big Star más sosegados. Aunque la mayor sorpresa es ese surf-rock que se marcan en “Bring You Down”, donde meten en el mismo carro a Eddie Cochran y a los Beach Boys.

Evidentemente, por aquí también aparecen los The Lemon Twigs más sesenteros y pop. Y yo que me alegro, porque son capaces de dar con verdaderas maravillas en esta faceta. Ahí tenemos “2 or 3”, una pasada de canción en la que meten una flauta de lo más juguetona. O esa delicadeza con la que atacan “I Hurt You”, que es una auténtica preciosidad. Aunque para delicada esa bonita balada tan Brian Wilson llamada “Mean to Me”. Y ojo, porque los hits pop están muy bien representados por “I Just Can’t Get Over Losing You” y “My Heart Is In Your Hands Tonight”. Aunque eso sí, para cerrar entregan “Your True Enemy”, donde se rallan un poco procesando las voces y reproduciendo las cintas al revés para dar ese toque final a sus guitarras. Una prueba más de que en este álbum están muy juguetones.

Lykke Li – The Afterparty

No es fácil ser seguidor de Lykke Li. La artista sueca lleva su carrera musical como si fuera algo secundario en su vida y le cuesta bastante editar nuevas canciones. Además de que hace poquísimos conciertos. Algo que, la verdad, me parece estupendo, ya que antepone la vida familiar a su carrera. Además, ella se lo puede permitir. Pero si se mira desde el punto de vista del fan, es un tanto frustrante. Sobre todo, cuando ves que su nuevo disco tiene nueve canciones y no llega a los 25 minutos. Y ojo, que ha declarado que puede que sea su último trabajo porque le ha costado una barbaridad componer estos nueve temas. Así que tendremos que aplicarnos ese “póntelo dos veces” que le espetó recientemente a un fan. Yo llevo como diez desde el viernes pasado.

The Afterparty’ es un disco en el que, según la propia Lykke Li, trata de explorar su yo inferior. Es decir, que explora la sed de venganza, la desesperación y la vergüenza que hay en toda persona. Además, me encanta la razón que da para esto, ya que dice que está harta de que todo el mundo enseñe lo maravillosa que es su vida. A lo que hay que añadir el contexto cultural en el que vivimos, con Trump de nuevo en La Casablanca -Li reside en Los Ángeles-, y la presencia de la IA en todas partes. Así que, para evadirse de esto, encontró una salida en ese momento de la noche en el que está a punto de amanecer y lo bueno se acaba. Tanto si te encuentras de fiesta, como si estas remoloneando en la cama.

Tengo que reconocer que me quedé un poco a cuadros cuando me puse el álbum por primera vez y vi que se terminaba en un suspiro. Y no solo eso, de sus nueve canciones, tenemos “Future Fear” que prácticamente es un interludio lleno de balbuceos de su hijo pequeño. Pero, al igual que con su anterior trabajo, que en un principio me dejó un poco del revés por su minimalismo lo-fi, me di cuenta de que es un disco que está bien como está. Y sí, puede que en su parte intermedia esté un poco perdida y canciones como “Famous Last Words” y “So Happy I Could Die” se queden por debajo del resto del álbum, pero es que los seis temas restantes son de diez. Incluso esa “Euphoria” final, que es una preciosa balada de lo más minimalista.

Se podría decir que para este ‘The AfterpartyLikke Li ha vuelto un poco al sonido del fantástico ‘I Never Learn’. Es decir, que la épica y la tristeza está a la orden del día. No obstante, ha contado con una orquesta de 17 músicos. Lo bueno es que aquí hay varios momentos en el que le da un toque más animado a esto. En parte, por esos bongos que planean a lo largo de casi todo el disco. Ahí tenemos la estupenda “Not Gon Cry”, que abre el disco de la mejor forma posible. O esa “Happy Now” alucinante en la que la fusiona northern soul y electrónica. Además del pedazo de hit lleno de cuerdas que es “Lucky Again”. Donde, por cierto, mete un sampler de una adaptación de ‘Las Cuatro Estaciones’ que hizo Max Richter. Aunque eso sí, en el tramo final del disco es donde vuelve de pleno a ese disco de 2014. “Sick of Love” y “Knife In The Heart” son dos temas llenos de coros intensos y momentos épicos en los que Likke Li lo da todo. Y yo se lo agradezco, porque no me pueden gustar más.

8.1

Broken Social Scene – Remember The Humans

Siempre me han dado un poco de miedo los regresos de grupos tipo Broken Social Scene. El combo canadiense fue una pieza clave de aquel indie-rock de los primeros 2000 que no solo se ceñía a las guitarras, en su propuesta había electrónica, instrumentos de cuerda y viento, y un protagonismo de los miembros de la banda que nada tenía que ver con el individualismo de los noventa. Pero también es verdad que es un sonido que se ha quedado muy marcado en aquella época y que puede ser que no encaje con lo que escuchamos en la actualidad. Afortunadamente, el colectivo de Toronto tiene talento de sobra para crear un nuevo álbum que cuadra perfectamente con los tiempos con los que vivimos. Incluso líricamente, porque sus letras animan a recuperar ese contacto humano que hemos perdido con las nuevas tecnologías.

Remember The Humans’ es el primer álbum de Broken Social Scene en casi diez años. Aunque sí es cierto que en 2019 editaron dos EPs y en 2022 un disco de rarezas y caras-b. Lo que sí que es destacable es que estamos es ante la vuelta de David Newfeld. El que fuera productor de ‘You Forgot It in People’ (2002) y ‘Broken Social Scene’ (2005), los dos álbumes clave de la banda, se ha puesto a los mandos de nuevo. Porque, tras una ruptura profesional abrupta en 2005, Newfeld y Kevin Drew han vuelto a conectar de nuevo en lo musical y en lo personal. En parte, porque, mientras grababan en este disco, ambos perdieron a sus madres. Ahora, no se puede decir que esté a la altura de esos dos discos. Aunque sí que, tanto para lo bueno, como para lo malo, es un trabajo 100% Broken Social Scene.

La gran baza de Broken Social Scene siempre ha sido la variedad de sus discos. Algo normal, ya que prácticamente todos sus músicos tienen sus propias carreras aparte de la banda. Y esta variedad está a la orden del día en ‘Remember The Humans’. Por lo menos en su primera parte, la cual se abre “Not Around Anymore”, que es el típico tema en el que combo canadiense aprovecha las voces de sus miembros para crear un sonido acogedor. Algo a lo que ayuda su electrónica sedosa, y los instrumentos de viento que aparecen de vez en cuando. Pero, inmediatamente después, entregan “Only The Good I Keep”, donde se van a un indie-rock más pausado y convencional. Aunque sí que aparece una trompeta por ahí. Y tras ellas, llega el momento en el que su música se llena de fuerza y entregan un himno de puro rock como es “Mission Accomplished (Kingfisher)”.

Siempre me han gustado bastante los grupos de rock que no le tienen miedo a la electrónica. Algo que Broken Social Scene manejan estupendamente. Solo hay que escuchar la inmensa “The Call”, donde se van turnando con la voz acompañados de un ritmo electrónico y unos instrumentos viento que rebosan épica. O “Relief”, que es magnífica y apuesta por un sonido más directo y pop. Además, aquí lleva la voz cantante Lisa Lobsinger, lo que le da un toque más delicioso a la canción. La pena es que no apuesten más por esto. En parte, porque tiran demasiado de las baladas. Lo que hace que lo más destacable de la segunda parte del disco sean los temas de indie-rock épico. Ahí está “Hey Amanda”, que funciona bien, aunque no entusiasma. O esa “Paying For Your Love” en la que sí sacan su lado más vibrante y directo. Eso sí, cuando Feist se pone a los mandos y entrega la ensoñadora “What Happens Now”, el disco se convierte en algo mágico.

Carla Dal Forno – Confession

Una mudanza siempre puede ser una buena influencia a una artista. Algo que pudimos ver en ‘Come Down’, el anterior disco de la australiana Carla Dal Forno. En él, daba buena cuenta de su traslado a un pequeño pueblo remoto de Australia con tan solo 8000 habitantes. Lo que no suele ser muy habitual es que siga una especie de orden cronológico en su nuevo álbum, y que ahora nos cuente cómo se adaptado a ese pueblo. Un cambio que, en realidad, es bastante significativo en la vida de una artista como para que sus canciones se nutran de él. Y vaya si lo hacen, porque lo nuevo de Dal Forno nos adentra en un sonido confortable y sin estridencias. Aunque no podemos decir lo mismo de las letras, que reflejan una tristeza que nada tiene que ver con ese envoltorio tan acogedor.

Siempre que se habla de la música de Carla Dal Forno sale a colación la etiqueta post-punk. Algo que yo no termino de ver del todo. Por lo menos en este ‘Confession’. Sí es cierto que hay algún bajo y alguna guitarra que recuerdan al lado más primigenio de esta corriente. Además, nada más empezar, porque “Going Out” tira por ese camino, pero lo hace alejándose de la oscuridad característica de este género. Algo que también se podría decir de “Nighttime”, que sí es un poco más lúgubre, pero ese ritmo cálido y casi reggae que guía a la canción, delata que no quiere tirar por ese camino.

Sinceramente, creo que donde mejor encaja la propuesta de Carla Dal Forno es en ese pop retro y algo casero que practican artistas como Lael Neale. El uso de las cajas de ritmos que hace la australiana la emparenta directamente con esta corriente. A lo que hay que añadir algunos momentos en los que, efectivamente, echa la mirada atrás. Ahí tenemos la dulzura juguetona y pop que se deja ver en el tema principal. O ese envoltorio sintético y sedoso que envuelve una preciosa balada como es “Under The Covers”. Incluso en los pasajes instrumentales del álbum, que son unos cuantos, apuesta por un pop lleno de nostalgia. Ahí tenemos “Drip Drop”, donde prácticamente se va un synth-pop de lo más primitivo. O esa “Off the Beaten Track” en la que, sin salirse de lo retro, se mete en mundo más experimental.

Otro de los puntos fuertes de Carla Dal Forno es que sabe cuando es el momento de dar rienda suelta a los hits. Aunque sí es cierto que, aquí, tardan en llegar, porque hay que esperar hasta el séptimo tema para saborear uno de ellos. Ahí es donde está ubicada “Blue Skies”, una pequeña maravilla en clave synth-pop que casi nos invita a la pista de baile. Y en esas sigue en “Alone With You”, donde apuesta por algo más oscuro sin olvidarse de un buen estribillo y una buena melodía. Quizá, debería haber terminado el disco aquí, porque los dos temas que vienen a continuación, y que cierran el álbum, no terminan de cuajar. De hecho, la segunda, no deja de ser un pasaje instrumental y experimental que dice muy poco.