Polarización, palabra del año 2023 para FundéuRAE. Fue antes un término internacional: Reporteros Sin Fronteras (RSF) publicó su Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa en 2022 bajo el título «La nueva era de la polarización».
Como en otros países, en el nuestro teníamos ya muchos ejemplos de ello, desde hacía décadas y centurias. Uno de los más llamativos, por ser de actualidad, es el ejemplo del diario que acaba de cumplir 50 años. Sobre él, El País, recordaba estos días Fernando Jauregui:
… hay decenas de periódicos centenarios pero, no se las han dado tanto como el «selecto Club de la Pureza Oficial». Claro, el club está en el correcto lado de la historia (una ironía, por supuesto).
Se define la Polarización como la orientación de opiniones o sociedades en dos direcciones contrapuestas o extremas. Recordarán justo antes de las elecciones del 2008 la frase del expresidente Zapatero: «Nos conviene que haya tensión».
La tensión o polarización era, y es, una buena inversión política. A ese extremo socialista se colocó interesadamente El País, no solo la dirección sino sus periodistas, poco a poco y siempre con excepciones. ¿Fue antes la deriva servil de El País o la polarización ultra de Zapatero? Confluyeron.
Política, medios de comunicación, sociedades y sectores, todos se fueron conectando; a un lado y al contrario, casi siempre por motivos económicos, para su bolsillo, no el de los demás (insisto en las honrosas excepciones).
Después de los recientes festejos propagandísticos de El País (1-4 mayo) me llama la atención la absoluta falta de autocrítica en todas las celebraciones. Como si la empresa PRISA no tuviera ninguna debilidad, quizás ni siquiera DAFO, aunque los números indiquen lo contrario y su presidente Oughourlian, todo un financiero, hoy mismo destaque en portada:
«EL PAÍS nunca ha sido tan fuerte». Leyendo entre líneas, uno puede pensar que ocurre justo lo contrario que, que los festejos no han sido suficientes, sino contraproducentes. ¿Y por qué? Les cuento.
Tanta hueca propaganda de los 50 ha propiciado numerosos artículos críticos, por parte de otros periódicos y, especialmente, de los «recortados» de El País (recortados de la foto actual). Cada uno con su historia periodística, y todas ellas con muchos años trabajando en este periódico que acabó apestándoles, como recompensa: Savater, Félix de Azúa, Álvaro Nieto, Alandete, Antonio Elorza, Luis Prados, Antonio Caño, Maite Rico, o Miguel Ángel Aguilar.
Lista interminable, disculpen los que no nombro. La purga ha sido efectiva a lo largo de los años y en todas las empresas hermanas, incluida La Ser, como nos contó en El Planeta de los Libros Carlos Carnicero en 2012 (enlace al audio).
Qué bien se explicó -como hacía en esa Radio antes de que le echaron- sobre aquellos años en los que Rubalcaba daba ya la dirección de un diario privado, curiosamente llamado Público, a quien mejor le sirviese políticamente. Y como no, también habló de RTVE: ese engendro del gobierno socialista ya entonces.
«Todo bien atado» fue la frase que Zapatero aprendió de Franco y, como él, la llevó felizmente a la práctica. Cebrián confirmaba esta semana en The Objective la razón de su despido de El País: «Zapatero pidió que me echaran»
Igual le pasó al ministro de Cultura a quien Zapatero echó sin intermediarios. Cebrián estaba avisado desde hacía años, César Antonio Molina no se lo esperaba o no se dio cuenta de la deriva autoritaria. Unos sí, otros no. Personalmente no voy a pecar de falsa humildad: recuerdo y recordaré la ley general audiovisual de Zapatero de 2010. Solo protestada por las Radios Comunitarias (nos lo contaron en la radio antes de su aprobación por el Congreso). Ahí estuvo el gran aviso para todos, a mi entender. Con la connivencia del PP o de los medios situados en su entorno, que no vieron la jugada política que se les venía encima.
Una ley hecha para la concentración de poder mediático, que tanto bien hizo al socialismo y que no lograron ver los liberales. En todo caso la ley acabó uniendo medios privados (como ese engendro que empezó como una pequeña editorial, ahora llamado Grupo Planeta con muchos sellos, y más de una televisión, radios y periódicos). Y rápidamente la ley unió los medios privados con los públicos (RTVE). Así surgió el Gran Hermano socialista que nos gobierna.
El exministro citado publicaba este 6 de mayo: «La política ya no es la más alta representación de la Cultura, como le gustaba decir a Azaña, sino de la mediocridad. Y la política es la representación misma de la sociedad.» Querido ministro, y anteriormente periodista, de nuevo el aviso le llegó tarde. En los años ochenta los periodistas ya veíamos que trabajar en política era lo más denigrante (salvo para los políticos con gran estómago que se hacían multimillonarios). No lo digo por los más de 40 años desde entonces, sino por los que todavía mantienen la fe, la fe política.
Éramos tan idealistas los españoles al abrirse la puerta a la democracia, que todavía nos dura. En general, nos recuerdo muy inocentes. Los países alrededor hacían con nosotros lo que querían y nos daban las lecciones que querían. El actual presidente del Gobierno, Sánchez, lo aprendió muy bien porque se dedica a limpiar fuera lo que no puede limpiar en casa. El «politicwashing» exterior funciona mucho mejor que el interior.
No tengo fe en que los tiempos cambien, ahí está la nueva Ley General de Comunicación Audiovisual 2022, ampliamente criticada . Sí un ápice de esperanza, que no sé si se perderá en la masa poderosa, y convenientemente amaestrada por décadas o centurias. Ese ápice, de momento, es lo que Vozpópuli publica respecto a Oughourlian, que habrá que ver si es verdadero o falso:
El presidente de Prisa ahora está decidido a fiscalizar al Gobierno y tratará de abrir las tertulias de la principal radio del grupo para evitar que se imponga un único discurso, como subrayan las fuentes consultadas.
“Tuvimos un intento de asalto del Gobierno a nuestro periódico a inicios de año”, advirtió el inversor francés a los periodistas de El País durante el tradicional discurso de Navidad en diciembre del año pasado.
¿Intentarán desde las alturas hacer que la polarización no sea tan visible, que solo podamos verla si leemos entre líneas? ¿O simplemente están viendo el posible cambio político en España y empiezan a adaptarse?
¿La trepadora polarización acabará explotando y nosotros con ella? Las explosiones ocurren en los momentos menos esperados. Lo cual me recuerda una anécdota hace 20 años.
Celebrábamos entonces en la radio el aniversario de Borges (enlace al audio). A Juan Carlos Suñén, a pesar de patrocinar nuestro II Concurso de Microcuentos (2006) con su Escuela de Letras y saber de antemano el monográfico que preparábamos, no le gustó la celebración. Como comenté en LinkedIn cuando recomendé la nueva edición de los cuentos de Borges en Alfaguara por el 40 aniversario de su muerte, hacia el minuto 36.15 de aquel programa, Suñén nos montó la primera y única bronca que tuvimos en directo en la radio.
Revisando aquel programa, descubrí a un desconocido Juan Soto Ivars, finalista aquella misma semana del concurso. Su relato lo leyó una colaboradora (min 41.46) y era muy bueno.
Volviendo a la Polarización y las celebraciones de El País. El Rey actual clamaba en su primera página el pasado día 5: «el periodismo es crucial para la libertad y la democracia». Se referirá a ese periodismo que malvive en los márgenes de esta sociedad, supuse yo. Luego está el periodismo polarizado a ambos lados: incluso contra el poder gubernamental, gracias a las ayudas de la oposición política, interior, de Venezuela u otros países.
La portada de El País de este cinco de mayo será estudiada si se sigue estudiando periodismo como un ejemplo de propaganda, incluyendo en ella a los reyes siempre preparados para publicitar que tenemos lo que ellos creen que es lo mejor, lo que suele ser lo peor para el resto de los ciudadanos.
Toda la portada es pura propaganda, solo salvaría a la bielorrusa Svetlana Alexiévich, premio Nobel de Literatura; a saber quien la engañó para aceptar uno de estos autopremios.
El mundo retrocede y, para ello, los Reyes se han sacado de la manga a Patty Smith, que sigue cantando aquello de: la gente somos el poder. Ni 40 años, ni 40 siglos, hacen cambiar las creencias profundas, la fe de parte del pueblo que la corea ajena a la historia.
Y, de nuevo, en la fotografía ese día 5, mayoría de hombres: cipotudismo. Solo añadieron a dos ministras para que no fuera tan descarado. Y la reina claro, que quizás piense aparentar por todas, o al menos en todas partes. Lumbreras que pretenden ser gobernantes.
El cipotudismo, que ya denunciaba aquí abiertamente hace más de ocho años (un término inventado por un periodista, que prefirió mantenerse en el anonimato y finalmente fue silenciado por el mal feminismo. Además de perder la gloria terminológica, que se la llevó otro periodista publicando un libro posterior), me hace pensar que puede tener una parte positiva. Muchas mujeres ya no se prestan a estar de florero. Mientras los hombres floreros siguen en aumento.
Este 5 de mayo de 2026 en las portadas de otros periódicos explota la corrupción española por todos lados: cinco organismos internacionales ya avisan de la insostenible situación: más ladrones menos dinero para lo público.
Por si fuera poco ese día recibo la información de que viene Maitena de Argentina a seguir contándonos, ya van tres décadas, cómo somos las mujeres. Llega con la irrisoria Feria del Libro de Madrid, este año dedicada al humor, a partir del día 29. Con el humor se ha solucionado siempre todo en este país, y no vamos a plantearnos ser personas serias a estas alturas.
Menos mal que, ese día 5, también recibo el boletín de Laboratorio de Periodismo, de la Fundación Juan Tena (pueden suscribirse), donde habla del disminuido valor del periodismo que confronta el poder, a través de este interesante estudio «La captura de los medios erosiona la confianza pública al debilitar el periodismo que fiscaliza al poder»
Este artículo, junto con otros sobre plataformas, IA y el temible algoritmo, son los asuntos que el poder tiene en la mesa para mantenernos cada vez más desinformados.
Lógico que RSF, en su reciente clasificación mundial de libertad de expresión, baje a nuestro país del puesto 23 al 29 (información también en el boletín), en tan solo un año, y explicando muy bien el retroceso.
Solo habían pasado dos jornadas del Día Mundial de la Libertad de Prensa 2026, el 3 de mayo. Que por aquí se celebra poco.
Información e investigación frente a propaganda. Un rotundo NO a la polarización.
Un rotundo SÍ a la democracia.
Los escritores no son ajenos a la polarización como saben. Aquí les comento solo «un caso». Tendría que escribir un libro para desarrollar bien y con todos los actores el tema de La Polarización y El País, pero creo prioritario escribir artículos (recuerden «Los demasiados libros», a casi 55 años de su publicación, y cada vez que me insistan en ello).
El caso: «El periódico de la democracia», el libro del novelista Javier Cercas, que ya desde el título identifica a este medio como único en democracia, como si no hubiera habido otros periódicos, y periodistas, trabajando por ella. Un error intelectual que ha confirmado el apelativo de paniaguado de PRISA que ya muchos daban al escritor.
Para más información, lean en el periódico El Independiente a J.F. Lamata, una historia de El País con demasiadas omisiones. Este autor en el mismo periódico escribe también un retrato riguroso de Soledad Gallego-Díaz.
Muchos están detrás de la polarización, a uno u otro lado, pero la mayoría, creo, estamos hasta las narices de esta forma de manipulación tan burda.
Me voy ya esperando que el próximo artículo no tenga que hablar del hantavirus, que esta madrugada llegó a Canarias y, cuando esto se publique ya estará en Madrid.
Como ha apuntado Félix de Azúa la historia actual recuerda al buque fantasma de «El Holandés Errante». La ficción anticipa la realidad, en la literatura, o el arte en general: «Pandora y el holandés errante», 1951, restaurada por su 65 cumpleaños, bien vale un visionado. Y la ópera, por supuesto, nada menos que en el Teatro Real. Ambas son accesibles en Internet.
Penoso que Canarias sea obligada a aceptar este buque, con la poca información que tenemos y la «organización» (y contradicciones) del Gobierno de España. En Madrid ya estamos acostumbrados; aquí nos echan lo que nadie quiere.
«Esto no es otro covid», dice el director general de la OMS. Decirlo no cuesta dinero. Ni vidas. Como nos pasó con el COVID-19.
Seguiré leyendo.