«Todos nos oponemos a ti por dar a luz a esa insensata muchacha maldita, a la que solo importan siempre las obras inicuas. En tanto que todos los demás dioses que hay en el Olimpo te acatan y estamos sumisos a ti sin excepción, a ésta no la zahieres ni de palabra ni de obra, y la tienes consentida porque tú solo alumbraste a esa hija»
(Ilíada, Canto V, Editorial Gredos)
Así relata Homero en la Ilíada la queja de Ares ante Zeus. La «insensata muchacha maldita» era Glaukopis (γλαυκώπις), el epíteto homérico más utilizado para designar a Atenea (Ἀθήνη). Suele traducirse como ‘de ojos brillantes’ y es una combinación de γλαύκος (glaukos, que puede ser traducido como ‘brillante’, ‘plateado’, y posteriormente como ‘verde azulado’ o ‘gris’) y ώψ (ôps, ‘ojo’, o a veces ‘cara’).
Atenea, según Platón, derivaba de A-θεο-νόα (A-theo-noa) o H-θεο-νόα (E-theo-noa), que significa ‘la mente de Dios’ (Crátilo 407b). Entre los diversos mitos sobre su nacimiento, el más extendido es que Atenea nació, ya adulta y armada, de la cabeza de Zeus. El padre de los dioses del Olimpo se tragó a su primera mujer, Tetis, ya embarazada, pues le habían vaticinado que de Tetis tendría hijos más poderosos que él. Pero el embarazo estaba avanzado y Zeus tenía horribles dolores de cabeza, ya que Tetis martilleaba fabricando un casco para su hija. No pudiendo aguantar más, Zeus pidió a Hefestos que le ayudara y éste asestó a su padre un hachazo en la cabeza; Atenea salió, con casco y lanza, emitiendo su grito de guerra (Alala). Para Robert Graves, en su obra Los mitos griegos (imprescindible para dar sentido a los relatos de la mitología griega) señala que este episodio «no es una fantasía irreprimible, sino un ingenioso dogma teológico».
Atenea está presente en multitud de mitos de la mitología griega. Es conveniente tener en cuenta que, bajo su apariencia de cuento o relato fantástico, los mitos tenían un correlato real, un significado. Por ejemplo, Robert Graves, ante el episodio de la disputa de Poseidón y Atenea por el patronazgo de Atenas (Poseidón ofreció agua -pero salada- y Atenea el olivo) opina que «los intentos de Poseidón por tomar posesión de ciertas ciudades son mitos políticos».
En la mitología griega, Atenea es la diosa de la sabiduría, las artes, la estrategia y la guerra justa (epíteto Atenea Promacos, ´que lucha delante´). Atenas la tenía como diosa protectora de la ciudad (Atenea Polias, ´de la ciudad´) y de la Acrópolis; el Partenón fue edificado en su honor, donde era adorada con el epíteto Atenea Partenos (‘doncella, virgen’). Para el Partenón, bajo la dirección de Fidias, se realizó una estatua crisoelefantina (de oro y marfil) de Atenea. De ella solo quedan descripciones y copias más o menos fieles. La diosa portaría un casco coronado con caballos y, en la mano, una Niké (diosa de la Victoria); en la otra mano, escudo y lanza. Sobre el chitón (túnica corta sobre el vestido o peplo) aparecería la coraza o égida de piel de cabra, con la cabeza de Gorgona.
Se le atribuían innumerables invenciones, iniciativas e intervenciones beneficiosas en todos los aspectos relacionados con el desarrollado de la civilización: agricultura, oficios artesanales, ciencia, industria, arte, justicia…
En la mitología romana equivaldría a Minerva.
Se la relacionaba estrechamente con el búho (también lechuza, mochuelo, pájaros de la noche); en representaciones arcaicas aparece con un búho posado en su cabeza. Es interesante advertir que glaux, ‘búho’, tiene la misma raíz que Glaukopis, presumiblemente por sus llamativos y penetrantes ojos. En tiempos antiguos, Atenea bien pudo haber sido una diosa pájaro. En las monedas atenienses solía aparecer una lechuza. La imagen adjunta es de un tetradracma de plata ateniense. En el anverso aparece la imagen de Atenea; en el reverso se puede observar, además de la lechuza, una ramita de olivo con su fruto, la Luna reina de la noche y el apócope (ΑΘΕ, ATHE) de la polis emisora, Atenas.
Fue protectora de muchos héroes. Ayudó a Hércules en varios de sus trabajos, a Perseo en la decapitación de Medusa, a Prometeo a robar una brasa olímpica para que los hombres pudieran tener fuego… En la guerra de Troya ayudó a los héroes griegos, y a Ulises en su regreso a Ítaca.
«…implacable diste muerte a varones sin cuento en terrible pelea hasta ser conquistada Ilión, la ciudad de anchas calles, por tu ardid: ¿cómo ahora, que has vuelto a tu casa y tus fincas, te hace duelo tener que imponerte a estos fatuos galanes? Ponte a mi lado, ¡oh amigo! y observa mi esfuerzo […] Ella entonces de un salto posóse en la viga maestra del oscuro salón transformada en vulgar golondrina.»
Odisea, Canto XXII, Editorial Gredos
Para ampliar:
. Graves, R.: Los mitos griegos. Alianza Editorial. Esencial para la comprensión de los mitos griegos.
. Graves, Robert: Dioses y héroes de la antigua Grecia. Tusquets Editores. Una manera divertida de acercarse a la familia olímpica y sus aventuras.