Ha sido un año difícil y extraño, y por eso no ha habido ninguna publicación, pero no quiero dejar pasar la noche de Navidad sin saludar a los que todavía se pasan por aquí a pesar del silencio.
La Navidad nos ha sido robada, y una de las cosas que nos han robado es el Belén. El belén sigue existiendo, pero está en retirada como tantas cosas con una simbología claramente cristiana. Sin embargo hoy voy a hablar de belenes, a fin de cuentas es una tradición que se lleva haciendo 801 años.
Algunos años he podido comenzar el año en un lugar diferente de mi casa, hubo años que estuve en Roma y pude ver los preciosos belenes de las iglesias. Este año que acabará en una semana, en su inicio estaba lejos de mi casa, en Sevilla, y vi unos interesantes belenes. Belenes monumentales que dejaban pequeño el belén más grande que pudiera montar en mi infancia.
En los últimos años he visto dos tipos de belenes: el que en un escenario de tipo mediterráneo por su paisaje y arquitectura sucede el misterio de la Natividad y se ven las escenas y personajes principales del evangelio entre escenas populares, y el suntuoso belén napolitano con sus grandes figuras de vestir, sus escenas populares del siglo XVIII, y el nacimiento ocurre en las ruinas de un templo clásico.

Belén napolitano del Museo del Greco (Toledo) imagen propia
No estoy en contacto con asociaciones y artesanos belenistas y no sé cual es la tendencia o la moda ahora, porque lo que vi en Sevilla en dos belenes y he visto en Toledo este año, me sorprende y no me sorprende a la vez. El ambiente donde ocurre la Natividad no es Belén, un Belén imaginario que no sabemos como fue en realidad, sino el barrio de la Macarena en Sevilla, donde se reconoce, el arco, la muralla y la iglesia gótica. Este belén estaba expuesto en el Palacio de la Algaba.

Belén Palacio de Algaba (Sevilla) imagen propia
El otro belén era el belén monumental de Alcalá del Río, no sólo con edificios reconocibles, sino que las figuras, a excepción de la Sagrada Familia, tienen los retratos de los cofrades, algunos de ellos, además, desarrollando su propio oficio.

Belen Alcalá del Rio (Sevilla) imagen propia
Hace pocos días, vi el Belén de la Capilla de la Estrella, en Toledo, donde en el paisaje destacan dos edificios: el Palacio de Galiana, y sobre todo la estación de ferrocarril neomudéjar con su reloj y todo, en el que se supone que es el Belén de Judea del año 1. Está estación, probablemente la más bonita de España, se inauguró en 1919. Quien me habló en Sevilla del belén de Alcalá del Río, dijo que los retratos de los cofrades de la Vera Cruz hacían un contraste «extraño» en el conjunto del belén, pero no me comentó nada del paisaje sevillano.

Belén Capilla de la Estrella (Toledo) imagen propia
Lo que hacen los belenes del Palacio de la Algaba, de Alcalá del Río y de la Capilla de la Estrella quizá pueda parecer muy original hoy, incluso a sus creadores, pero no lo es en absoluto, es algo que el arte cristiano occidental lleva haciendo más de medio milenio. Algo que comenzó a finales de la Edad Media en las tierras de Flandes, donde en la pintura los personajes sagrados y las escenas se representaban en el entorno cotidiano y doméstico de la época, e incluso, no la Virgen María ni Jesucristo, pero sí santos y otros personajes tenían los rasgos reconocibles de personas individuales. Con esto el arte nos está diciendo que la redención está sucediendo aquí y ahora, en nuestro propio tiempo, en nuestro lugar de vida.
Como tampoco, como erróneamente dice la información del belén napolitano del Museo del Greco en Toledo, el que la escena de la Natividad, el portal de Belén, esté en las ruinas de un templo clásico, tiene que ver con los descubrimientos de Pompeya y Herculano. Muy poco después que los pintores flamencos colocaran la Anunciación en una casa burguesa y a Santa Barbara leyendo junto a la chimenea, los pintores italianos del Quattrocento colocaban la Natividad o la Epifanía en las ruinas de un templo clásico porque el cristianismo venía para superar al paganismo.

Belen napolitano Museo Thyssen-bornemisza (Madrid) imagen propia
Quiero volver al belén de Alcalá del Río. Uno de los elementos que destaca en el paisaje es la presa sobre el Guadalquivir, que se empezó a construir en 1928, y que regula el cauce, proporciona riego y suministro eléctrico desde entonces, hace ya casi un siglo. Y no puedo dejar de pensar en ella colocada en un belén que recrea la Judea del siglo I bajo el control romano, desde el 29 de octubre en que una riada de agua, barro y maleza arrasó muchos pueblos de Valencia, zonas de Albacete y también unos días después Mallorca y Malága.

Presa de Alcalá del Río (Wikimedia Commons)
Las presas, los puentes, los acueductos, los canales de riego son maravillosas estructuras creadas por la mente y la mano humana. Con la tecnología del siglo I ¿qué han hecho por nosotros los romanos? ya debió haber en toda la Bética, en la vieja Ilipa Magna, en la Judea en la que nació Jesús, estructuras de ese tipo. Sexto Julio Frontino, militar e ingeniero de los emperadores Flavios y de Trajano, decía que las obras de canalización de agua eran mucho más importantes que las pirámides de Egipto o los más hermosos templos griegos, pues hacían que la vida de todos fuera mucho mejor que sin ellas. Durante siglos, e incluso hasta ahora hemos usado las obras de ingeniería hidráulica romana y hemos construido otras, no eran nada malo…, hasta ahora.

Belén de Alcalá del Rio, presa, Imagen propia
Ahora, esa deidad llamada Planeta, que tiene miles de adoradores analfabetos, marionetas de poderes malvados, una deidad que exige sacrificios humanos, se ha cobrado con creces el tributo de demoler esas estructuras y no mantener limpios los cauces. Esa presa de hormigón casi centenaria, que probablemente esté amenazada de destrucción también, hace su humilde y valioso trabajo y merece estar integrada en el paisaje de la redención.
Siento que estoy torturando al que ha llegado hasta aquí con esta entrada que se supone que es para felicitar la Navidad. Quería escribir sobre los belenes esos escenarios ingenuos que nos indican que es verdaderamente la Navidad, y que integran el entorno en que vivimos, ya sea una estación de tren, una muralla medieval o una presa como el lugar en que nació Jesús. Y quiero un recuerdo para aquellos que sufrieron la furia de la naturaleza aumentada por la maldad, la incompetencia y el fanatismo ecológico-climático. Todos necesitamos esperanza y salir de esta oscuridad totalitaria, encontrar una luz, la que hubo en aquel nacimiento de hace 2024 años en Belén, así que le voy a robar su verso a Guillaume Apollinaire: es hora de volver a encender las estrellas.
Feliz Navidad
Bien vengades, pastores, ¡he!
que bien vengades.
Pastores del ganado,
dezidnos buen mandado.
Que bien vengades.
Pastores do andubistes,
dezidnos lo que vistes.
Que bien vengades.
Vimos quen Betlem, señores,
nasció la flor de las flores.
Que bien vengades.
Esta flor que oy es nasçida
nos dará fructo de vida.
Que bien vengades.
Es un niño y rey del çielo,
que oy ha nasçido’n el suelo.
Que bien vengades.
Está entre dos animales,
embuelto en pobres pañales.
Que bien vengades.
Virgen y limpia quedó,
la madre que lo parió.
Que bien vengades.
Al hijo y madre roguemos
les plaga que nos salvemos.
Que bien vengades.