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| O Ferreiro / El Herrero |
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Como puede verse aún quedan sucesores de Tubal Caín, padre de la metalurgia y descendiente directo de Caín, primogénito de Adán y Eva; pero las razones que me han impulsado a publicar esta entrada no tienen tanto que ver con el noble oficio de herrero como con el gran debate al que varios de ustedes aluden en los comentarios de mi entrada anterior.
No seré yo quien niegue la evidencia. El cambio climático existe y las pruebas irrefutables del mismo son innumerables, como también lo es que, entre sus causas, la actividad humana es posiblemente una de las principales o, al menos, la única sobre la que podemos actuar.
Sentado este principio, lo que sí afirmo es que para afrontar el problema no es necesario abrir nuevos ni grandes debates. En la sociedad del espectáculo en que vivimos corremos el riesgo de que los debates se conviertan en un fin en sí mismos, en un teatrillo donde pavonearse de lo buenos, lo solidarios y lo ecologistas que somos. Resumiendo, en pura hipocresía.
Ha llegado el momento de actuar y, en esta materia, el cómo y sobre qué hemos de hacerlo le corresponde a los científicos. El aplicar las medidas a los gobiernos. Y nosotros, ciudadanos de a pie, la gran decisión que hemos de tomar es si vamos a poner el mayor problema que nos afecta en manos de actorcillos de cine, falsos progres de salón, cantantes de tonadas repetitivas, niñitas sin estudios ni conocimientos que repiten como loros la cantinela aprendida de quienes han hecho de esto un negocio o si, por el contrario, con nuestros votos y la fuerza de la razón, vamos a impulsar los gobiernos que, lejos de palabrería vacía, pongan en marcha con decisión y cueste lo que cueste las acciones que nos permitan seguir viviendo en el único planeta en que podemos hacerlo.
Todo lo demás «han ser contos», incluso éste. Se lo digo yo que por edad no creo que alcance a vivir la catástrofe pero usted, que es más joven, avive el seso y despierte. La solución, desde luego, no está en la media docena de bolsas de tela que han hecho unas lindas abuelitas en un pueblo para que sus nietecitos salgan en la televisión; es más, ni siquiera está en la televisión. El espectáculo entretiene, sólo entretiene.
Para ver la entrada precedente siga este enlace: O Ferreiro / El Herrero.
La Cabalgata de las Valkirias - Richard Wagner.
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