Hoy, Pagano ve a un líder incombustible: «Estamos viendo a un Papa muy fuerte y con muchos deseos de anunciar el Evangelio sin cansancio». Subraya que, fiel a su espíritu agustino, «el Papa ha entendido muy bien que el mundo padece el pecado del individualismo» y asegura que «nunca se cansará de denunciar a quienes solo piensan en sí mismos y no se percatan de los que sufren a diario».
Por su parte, el padre Olandia destaca de su pontificado «su valentía para declarar el Evangelio en este contexto concreto» y «su claridad y prudencia». Confía plenamente en el impacto que León XIV tendrá en las nuevas generaciones durante su viaje: «Creo que el Papa León está llegando a la juventud con su mensaje. Les aconseja como hace un buen padre con sus hijos; les descubre la realidad presente y los anima a fundamentar el futuro de sus vidas sobre los valores de la paz, la justicia, la verdad y el amor». Es más, Olandia no tiene dudas sobre la trascendencia de los días que están por venir: «España necesita esta visita, nuestra sociedad debe volver a los valores cristianos que nos han fundado para que recuperemos la identidad que mejor declara lo que somos».
“Alzaré la copa de la salvación” (Sal 115,3). Brindar por los salvados para descubrir la obra de Dios en su realización plena llenó de contenido el momento contemplativo al que dediqué mi oración. La alegría que brota, cuando descubrimos el proyecto de Dios para el hombre, inundó mi tiempo orante. Vivir rodeados de limitaciones, nos hace olvidar que todo se pasa y quedamos abiertos al proyecto de Dios. Tener esto presente conlleva alzar la copa de la salvación, con la certeza de que podemos contar siempre con un final abierto a la salvación que Dios ha preparado para todos los hombres.
¡Querido/a amigo/a!, al llegar a este convento-desierto de Carmelitas Descalzos es fácil que puedas preguntarte qué haces o puedes hacer aquí. Además de tus posibles fines, te queremos ofrecer unas orientaciones para que tu estancia entre nosotros enriquezca tu vida con unas experiencias que te puedan ayudar cuando dejes de estar entre nosotros.
Queremos ser breves y sencillos, comenzaremos por un objetivo general y, a partir de éste, indicarte los valores que te puedan ayudar a alcanzarlo.
Objetivo general de este modo de vida contemplativo:
Buscar la “Fuente” de la que brota la vida verdadera, la que supera el vivir sensible, exteriorizado al que nos vemos sometidos en nuestra sociedad, y así descubrir la unidad que nos hace sentir en comunión con el Misterio divino, con todos los seres humanos y con toda la Creación. A este modo de acoger la realidad se ha llamado vida contemplativa. Nuestras orientaciones quieren ser rayos de luz que te permitan acercarte a la Fuente del agua viva, la Fuente eterna, que está escondida. Esto requiere vivir unos valores que son los que a continuación te indicamos:
POBREZA
Para caminar hacia la Fuente he de aprender a sentirme feliz teniendo lo necesario y prescindiendo de lo superfluo. He de aprender a no exigir nada a los demás tratando de valerme por mí mismo con lo que yo puedo hacer. Acogiendo con agrado cuanto recibo sin rechazarlo o devorarlo y sabiendo pedir, desde la actitud del pobre, lo que necesito y no alcanzo por mí mismo.
Mantener limpio el espacio que habito. Sentirme agradecido de cuanto me ofrecen y puedo disfrutar, tanto dentro como fuera del edificio, sobre todo contemplando la naturaleza que me rodea.
SERVICIO
Proyectarme en cuanto hago como siervo sin provecho (sin intereses egoístas); he hecho lo que tenía que hacer; sin juzgar ni exigir a los demás. Busco que mi servicio sea una verdadera bendición para el otro, que ha de recibir mi servicio desde mi aprecio y entrega gratuita por lo que su persona me merece.
Acudir a los actos comunes en la capilla puntualmente y permanecer hasta el final tanto en la Eucaristía, como en el rezo litúrgico. Igualmente, si uno decide participar en la oración silenciosa, evitando los ruidos que ocasiona el salirse a destiempo del lugar donde estamos reunidos.
-Mantener el silencio en el comedor y durante el trabajo-. Hablar con voz suave siempre que haya necesidad de ello.
Acoger a quienes comparten la estancia y a los moradores de la casa sin prejuzgar nada de ellos, como un regalo tan valioso que me desborda y no puedo llegar a conocer con mis pobres cálculos.
Ser muy austero en recibir cualquier clase de información por los medios de comunicación social. Sólo desde esa austeridad informativa podemos dejar de ser o devoradores voraces de cuanto acontece sin saber asimilarlo, o rechazando el mundo de cuanto pasa a nuestro alrededor. Desde esta austeridad informativa podremos llegar a acoger la realidad tal como es para poder transformarla con nuestra acogida y entrega.
Encontraré un “planning” para ofrecer mis servicios en el comedor o en el “office” en la mesa que hay junto al comedor.
Estaré atento para los servicios que me puedan pedir en la limpieza de la casa, si llegara el caso, lo mismo que las ocasiones que pueda haber en algún servicio comunitario.
SOLEDAD
Vivir el tiempo sin agobio por tener que estar en determinado sitio o en hacer determinada cosa porque sólo llena mi tiempo la presencia de Dios que es eternidad y sólo Él basta para llenar mi tiempo. Él, como Fuente de vida, plenifica y fecunda mi existencia.
Orientaciones prácticas
Vivir con la conciencia de los dos momentos que abren y cierran mi día, mi existencia en este lugar y que son muy fáciles de recordar, siete de la mañana y siete de la tarde. Ellos son la puerta que se abre a la luz, y la que encierra la luz en el misterio de la noche y el descanso.
AMOR
Es el agua que brota de la Fuente y que fecunda mi vida haciéndola fluir en lo que es esencial. Llegar a compartir lo esencial siendo esa corriente de amor que transforma el mundo haciendo posible la comunión plena con el Misterio divino, con toda la humanidad y con toda la creación.
Esperamos que estas orientaciones te ayuden a encontrar lo que podemos ofrecerte en este lugar y que tú, sin duda, vienes buscando. Nuestro deseo es ayudarte a llegar a la Fuente y que tu estancia aquí te haya servido para resucitar y transformar tu vida.
¡Querido/a amigo/a!, al llegar a este convento-desierto de Carmelitas Descalzos es fácil que puedas preguntarte qué haces o puedes hacer aquí. Además de tus posibles fines, te queremos ofrecer unas orientaciones para que tu estancia entre nosotros enriquezca tu vida con unas experiencias que te puedan ayudar en la vida.
Objetivo general de este modo de vida contemplativo:
Buscar la “Fuente” de la que brota la vida verdadera, la que supera el vivir sensible, exteriorizado al que nos vemos sometidos en nuestra sociedad, y así descubrir la unidad que nos hace sentir en comunión con el Misterio divino, con todos los seres humanos y con toda la Creación. A este modo de acoger la realidad se ha llamado vida contemplativa. Nuestras orientaciones quieren ser rayos de luz que te permitan acercarte a la Fuente del agua viva, la Fuente eterna, que está escondida.
SILENCIO
La Fuente de agua viva que buscamos está escondida en el silencio donde el agua corre limpia, sin los turbios lodos de nuestros recuerdos egoístas, muchas veces ególatras, y fantasiosos que tanto nos limitan. A encontrar este silencio nos ayuda el silencio externo que envuelve este valle libre de ruidos contaminadores, y nuestra actitud silenciosa que acoge al otro en el corazón sin otra palabra que esa misma acogida en el gesto y el respeto a su silencio. Nuestra actitud silenciosa nos hace acoger y encontrarnos sin ser con nuestros juicios, bien ofensivos (porque no me agrada), o bien defensivos (porque le considero imaginariamente ofensor). A ese silencio ayuda la postura que acoge a toda persona que deja de ser mi enemiga o competidora en la vida. Igualmente acallamos nuestro interior purificándolo de tantos recuerdos buenos o malos, de tantos deseos o temores, que no proyectan nuestra vida más allá de nuestros pobres horizontes, para dejar que se abra ante nosotros ese vasto desierto de horizontes abiertos donde se recorren caminos de libertad.
SOLEDAD
Vivir el tiempo sin agobio por tener que estar en determinado sitio o en hacer determinada cosa porque sólo llena mi tiempo la presencia de Dios que es eternidad y sólo Él basta para llenar mi tiempo. Él, como Fuente de vida, plenifica y fecunda mi existencia.
“El sacrificio agradable a Dios es un espíritu quebrantado” (Sal 50,19). Al preguntarme por el sentido de este verso, busqué descubrir qué significa tener un espíritu quebrantado. Frente a una visión soberbia de la vida el hombre que es capaz de sentir su pobreza puede llegar a entender lo que es agradar a Dios con un espíritu quebrantado. Es descubrir la verdad de lo que somos porque conocemos la verdadera humildad. Vivir la experiencia de un espíritu quebrantado es llegar a vivir nuestra limitación, no como una desgracia, sino como un camino para acercarnos a Dios, haciendo de nuestra vida un sacrificio agradable a Dios, porque aceptamos que entre en nuestra vida desde la humildad y la pobreza. Llegar a hacer esto es venir a ofrecer a Dios un sacrificio agradable porque nuestro espíritu es un espíritu quebrantado.
Terminación de los ofichos y adoración ante la Reserva desde las 20:00 horas.
Cada uno en el horario que desee.
20:15 Cena
VIERNES SANTO
07:00 Laudes-Oración
13:00 Comida
17:00 Ofícios de Viernes Santo
19:00 Vía Crucis-Oración
(No hay Vísperas)
20:15 Cena
SABADO SANTO
07:00 Laudes-Oración
13:00 Comída
19:00 Vísperas-Oración
20:15 Cena
23.00 Vigilia Pascual
DOMINGO DE RESURRECCIÓN
08:00 Laudes-Oración
11:00 Misa de Resurrección
13:00 Comida
19:00 Vísperas-Oración
20:15 Cena
NOTA: Los días Jueves Santo, Viernes Santo y Sábado Santo habrá una reunión voluntaria para quienes deseen preparar las celebraciones, a las 10:00 am en la iglesia.
“En la vejez seguirá dando fruto” (Sal 91,15). Al repetir en mi oración este verso del salmo descubrí lo grande que es mantener una comunión viva con Dios. Unidos a Dios nuestra vida se hace fecunda más allá de los años y las capacidades físicas. Valorar la vida por ese fruto que nace estar viviendo en Dios va más allá de las capacidades físicas para hacer determinadas cosas. La obra lleva fruto si está impregnada de ese amor de Dios que da vida a todas las cosas. Tal obrar brota de la vida misma y no lleva consigo una conciencia explícita, hemos de creer que si buscamos la unión con Dios toda nuestra vida será fecunda, más allá de la valoración que externamente se pueda hacer de nuestras obras. F. Brändle
La Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia, con solicitud maternal, nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas.
Mensaje del Santo Padre León XIV para la Cuaresma de 2026, 13.02.2026
Publicamos a continuación el texto del mensaje del Santo Padre León XIV para la Cuaresma de 2026 sobre el tema «Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión»:
Mensaje del Santo Padre
Escuchar y ayunar.
La Cuaresma como tiempo de conversión
Queridos hermanos y hermanas:
La Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia, con solicitud maternal, nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas.
Todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu. Existe, por tanto, un vínculo entre el don de la Palabra de Dios, el espacio de hospitalidad que le ofrecemos y la transformación que ella realiza. Por eso, el itinerario cuaresmal se convierte en una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección.
Escuchar
Este año me gustaría llamar la atención, en primer lugar, sobre la importancia de dar espacio a la Palabra a través de la escucha, ya que la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro.
Dios mismo, al revelarse a Moisés desde la zarza ardiente, muestra que la escucha es un rasgo distintivo de su ser: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor» (Ex 3,7). La escucha del clamor de los oprimidos es el comienzo de una historia de liberación, en la que el Señor involucra también a Moisés, enviándolo a abrir un camino de salvación para sus hijos reducidos a la esclavitud.
Es un Dios que nos atrae, que hoy también nos conmueve con los pensamientos que hacen vibrar su corazón. Por eso, la escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la realidad.
Entre las muchas voces que atraviesan nuestra vida personal y social, las Sagradas Escrituras nos hacen capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta. Entrar en esta disposición interior de receptividad significa dejarnos instruir hoy por Dios para escuchar como Él, hasta reconocer que «la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia».[1]
Ayunar
Si la Cuaresma es tiempo de escucha, el ayuno constituye una práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra de Dios. La abstinencia de alimento, en efecto, es un ejercicio ascético antiquísimo e insustituible en el camino de la conversión. Precisamente porque implica al cuerpo, hace más evidente aquello de lo que tenemos “hambre” y lo que consideramos esencial para nuestro sustento. Sirve, por tanto, para discernir y ordenar los “apetitos”, para mantener despierta el hambre y la sed de justicia, sustrayéndola de la resignación, educarla para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo.
San Agustín, con sutileza espiritual, deja entrever la tensión entre el tiempo presente y la realización futura que atraviesa este cuidado del corazón, cuando observa que: «es propio de los hombres mortales tener hambre y sed de la justicia, así como estar repletos de la justicia es propio de la otra vida. De este pan, de este alimento, están repletos los ángeles; en cambio, los hombres, mientras tienen hambre, se ensanchan; mientras se ensanchan, son dilatados; mientras son dilatados, se hacen capaces; y, hechos capaces, en su momento serán repletos».[2] El ayuno, entendido en este sentido, nos permite no sólo disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre, sino también expandirlo, de modo que se dirija a Dios y se oriente hacia el bien.
Sin embargo, para que el ayuno conserve su verdad evangélica y evite la tentación de enorgullecer el corazón, debe vivirse siempre con fe y humildad. Exige permanecer arraigado en la comunión con el Señor, porque «no ayuna de verdad quien no sabe alimentarse de la Palabra de Dios».[3] En cuanto signo visible de nuestro compromiso interior de alejarnos, con la ayuda de la gracia, del pecado y del mal, el ayuno debe incluir también otras formas de privación destinadas a hacernos adquirir un estilo de vida más sobrio, ya que « sólo la austeridad hace fuerte y auténtica la vida cristiana».[4]
Por eso, me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz.
Juntos
Por último, la Cuaresma pone de relieve la dimensión comunitaria de la escucha de la Palabra y de la práctica del ayuno. También la Escritura subraya este aspecto de muchas maneras. Por ejemplo, cuando narra en el libro de Nehemías que el pueblo se reunió para escuchar la lectura pública del libro de la Ley y, practicando el ayuno, se dispuso a la confesión de fe y a la adoración, con el fin de renovar la alianza con Dios (cf. Ne 9,1-3).
Del mismo modo, nuestras parroquias, familias, grupos eclesiales y comunidades religiosas están llamados a realizar en Cuaresma un camino compartido, en el que la escucha de la Palabra de Dios, así como del clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de vida común, y el ayuno sostenga un arrepentimiento real. En este horizonte, la conversión no sólo concierne a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto en nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación.
Queridos hermanos, pidamos la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados. Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Y comprometámonos para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor.
Los bendigo de corazón a todos ustedes, y a su camino cuaresmal.
Vaticano, 5 de febrero de 2026, memoria de santa Águeda, virgen y mártir.
“Renuévame por dentro con espíritu firme” (Sal 50,12). Al dirigir a Dios esta oración descubrí la hondura de la vida. No se trata sólo de vivir de apariencias, necesitamos que Dios nos renueve por dentro, que nuestras acciones broten de un espíritu asentado en Dios, de modo que aquello que hagamos deje de brotar de nuestros gustos limitados, nuestras consideraciones cerradas. Necesitamos ser renovados con un espíritu firme, con un amor auténtico, para que nuestras acciones tengan consistencia en sí mismas; que no nos dejemos llevar por la apariencia de lo que pueda traernos una satisfacción externa, frágil, sino por ese espíritu firme que sostenga nuestro obrar auténtico.