Escribir es de turbios
ESCRIBIR ES DE TURBIOS
(Cuando mi pensar y mi sentir no corren de la mano: ¿Estropear lectores?)
Lo que pienso…
En su “periplo”, el Fascismo Democrático euro-norteamericano ha contactado con la diferencia político-ideológica y con la otredad civilizatoria, y ha mostrado sin pudor una faceta que, en su “patria”, procuraba ocultar: su vocación altericida.
En su “tierra”, en su “casa”, veladamente, el Demofascismo desmanteló constelaciones culturales regionales y sectoriales, como la del pueblo gitano, como la del entorno rural-marginal, como la del lumpemproletariado de las ciudades,… Fuera de su “patria”, en su esfera de influencia y colonización, el fascio de las Democracias arrasa las culturas y las formas sociales y políticas de los pueblos originarios, de las comunidades indígenas; y contamina (desvirtúa) experiencias políticas que pretenden superar el eurocentrismo secular para forjar sus propios conceptos y su propia praxis -proyectos políticos e ideológicos que, de hecho, logra “asimilar”, re-fundar, demofascistizar.
El “sostén” del Demofascismo, su factor esencial de regeneración, su nutriente y su aliento, no se restringe a esos círculos sociales que en ocasiones se señalan con términos ambiguos y aún así simplistas, como “los poderosos”, “los de arriba”, “las élites”, “los ricos”,… Es también reductor estimar, con un lenguaje más elaborado, que el Demofascismo expresa y salvaguarda los intereses de la “clase dominante”, del “Capital nacional y multinacional”, de las “burguesías transcontinentales”, de la “Oligarquía mundial”,…
El “sostén” del Fascismo Democrático somos todos, todos los occidentales, sin duda “los más feos de los hombres”.
Máquinas de producir y de consumir, de trabajar o de desear trabajar, de obedecer y de votar, policías terminales de nosotros mismos, meros apéndices carnales del engranaje económico y político…, todos los días reproducimos, desde el empleo embrutecedor o desde su ansia, desde el hogar consuntivo y desde el mercado homicida, desde las venenosas escuelas y desde las universidades prostibularias, desde nuestra cotidianidad esclava, en fin, el orden del Capitalismo tardío que, a su vez, garantiza nuestra tan sucia auto-conservación.
De ahí que, en sus estertores, la razón para escribir alimente una aspiración turbia, sospechosa, forzosamente excesiva: estropear tales máquinas, estropear hombres, estropear lectores…
Una aspiración “pedagógica”, lamentable. Pero escribo…
Lo que siento…
“¿Qué hacer?”: esa pregunta hermosa que Lenin echó a perder con su opúsculo… ¿Qué hago yo, no los demás, solo yo, con mis días? ¿Escribir, cuando toda escritura es “pedagógica” y, a lo sumo, pensando desde la ética, solo le cabe aspirar a “estropear gentes”? ¿Dejar de escribir?
“A veces tengo la sensación de no encontrarme en la verdadera vida, y el pensar que más valdría trabajar en la carne misma que en el yeso o en el lienzo”, me dice mi maestro Van Gogh. Mi maestro Cioran insiste en que debo escribir como si azotara, que cada libro mío debe ser una herida…
Sé que la escritura no pertenece a la “verdadera vida” y no es de mi naturaleza azotar a nadie o provocar deliberadamente heridas.
Pero me aterra pensar en una “vida verdadera” que colinda con el silencio. Y me temo que no estoy preparado para callarme.
No sé, no sé. Pero la duda me angustia.
Pedro García Olivo
http://www.pedrogarciaolivo.wordpress.com
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