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domingo, 6 de mayo de 2018

"Cuéntalo"

En Twitter, tecleas #Cuéntalo en el buscador y encuentras una enorme cantidad de historias que dan una idea de la dimensión del problema social de la violencia sexual contra las mujeres ["#Cuéntalo, el inventario inacabable de la violencia contra las mujeres"]. Inspirada por este movimiento, comparto la experiencia de abuso que puedo exponer con mayor claridad y que me sirve para ilustrar algunos puntos sobre el tema.

Yo estaba cursando primero de secundaria, así que debía tener unos doce años; el tipo, amigo de uno de mis tíos, tendría veintitantos. Él fue a la casa, pero no estaba mi tío. Pidió permiso para llevarme a un mandado y se lo dieron. Supongo que me invitó y quise ir. No recuerdo bien si llegamos a algún sitio. Lo que sí recuerdo es que en el camino, pasamos por mi escuela, dio vuelta por ahí y precisamente por ahí, no sé si me acercó, no sé si me dijo que me acercara, pero yo quedé junto a él -no había una palanca de velocidades separando el asiento del chofer del asiento del copiloto-. Pasó su brazo derecho por atrás de mi cabeza y puso esa mano en mi pecho con la palma extendida, la desplazó un poco y la dejó ahí, conmigo inmóvil.

Esa tarde, traté de decírselo a mi mamá. Fuimos a la tienda. Yo la alcancé en el refrigerador-exhibidor de la leche y me puse delante de ella, de modo que quedamos cara a cara; quería que supiera que tenía algo que decirle, quería que viéndome, notara que había pasado algo. Dijo "nada más quieres molestar" y fue a pagar. Ahora entiendo que ella no podía adivinar, pero me dolió su atribución sobre mi intención.

Tras el fracaso con mi mamá, le conté a una tía amorosa y cercana, en la que confiaba y confío por completo. Me dijo: "sí, así es él"; luego, no recuerdo qué palabras usó, pero dijo que él siempre quería "arrimarse" cuando saludaba, que por eso ella no lo saludaba de beso o no se acercaba a saludarlo o algo así. Lo dijo como quien habla de un rasgo cualquiera, enfadoso, que el otro tiene. Ahora que lo escribo, no recuerdo si se lo dije a mi tía primero y luego a mi abuela; primero a mi abuela y luego a ella, a las dos juntas o si mi tía se lo dijo a mi abuela o al revés. Lo que recuerdo con claridad es mi percepción de que para mi tía, al menos la experiencia de ella no era la gran cosa, era como si el tipo hiciera ruido al masticar.

Resalto lo siguiente:

Como se deduce de mi torpe intento de comunicación con mi mamá, al principio no podía hablar. Si eso me pasó a mí, que nunca consideré que pudieran no creerme, ¿cuánto puede dificultarse hablar en otros contextos o cuando la experiencia va más allá del tocamiento?

Parte del problema con contarlo puede ser la incapacidad para articular un discurso, vinculada a la incapacidad de elaborar cognitivamente lo ocurrido: yo estaba pasmada. En ese estado, es fácil que una misma dude si ocurrió algo, que una piense que tal vez lo que pasó no es lo que una cree/sabe que pasó. ¿Cuánto puede ser el pasmo en otros contextos o cuando la experiencia va más allá del tocamiento? Creo que si yo no hubiera conseguido contarlo rápido, habría empezado a dudar.

Además de la duda sobre la ocurrencia del hecho, están las dudas sobre la implicación de una. Para mí fue claro, mientras ocurría y después, que yo no quería: no quise. Pero así como la gente alrededor señala a quien sufre el daño, también quien sufre el daño podría señalarse a sí misma. Yo no dije "no". No me moví. Ni en mi mente me opuse porque -como dije- no tenía nada en mente. Y no es que tuviera miedo, como el miedo que conocía: no podía tenerlo porque no tenía nada en mente. Pero el pasmo -al menos en este caso- es otra forma de estar aterrada. Mientras ocurría, yo no podía hacer nada, literalmente. Al parecer, esta incapacidad resulta difícil de comprender para alguna gente con estudios y todo. Pero así es.

Yo a los 12.
Las dudas o bien, las certezas que juegan en contra de las mujeres, pueden llevar a diversos modos de culpa o de apropiación de la responsabilidad de los actos de los otros o de atribuciones al menos inapropiadas sobre una misma. En mi caso, el que a mi tía no le perturbara la conducta del tipo -entre otras cosas en mi historia y circunstancia-, me llevó a concluir algo así como: "hay algo sexual en mí por lo que esto me perturba"; moví el foco: "lo malo" ya no era lo que pasó, sino lo que había en mí. Hay un pasito de ahí a "esto que hay en mí debió haber hecho que ocurriera": una conclusión realmente peligrosa.

Por si hace falta aclararlo, cuando hablo de "concluir" no me refiero al resultado de un diálogo explícito y racional conmigo misma: no hay tal cosa; la "conclusión" es una derivación automática a partir de la información y los afectos que se pueden procesar en un marco cultural dado. Nos criamos en una cultura que cuestiona más a quien es violentada que a quien violenta y estar en la posición del daño no elimina esta carga cultural.

Silvia Parque

lunes, 2 de marzo de 2015

Había una vez, el respeto

Había una vez, hace mucho, mucho tiempo, una sociedad en la que la gente se trataba con respeto, excepto en el caso de los patanes(as) horteras.

La verdad es que era un mundo muy apretado, en el que era difícil hablar con confianza y había vías de comunicación completamente cerradas para quien no tuviera sombreros muy altos con cuatro plumas de aves exóticas.

El mundo cambió. La soltura fue abriéndose paso. Cuando ya casi nadie usaba sombreros y los días parecían más soleados y menos calurosos, los nuevos tiempos pintaban bien.

Hasta que alguien extrañó el respeto que una vez estuvo por ahí, entre las viejas formas. Nadie tenía nada contra él, pero al parecer, se fue junto con todo lo demás. Este alguien lo buscó, pero todavía no lo encuentra.

Silvia Parque

viernes, 30 de enero de 2015

Se siente diferente por los bebés

He lamentado mucho la explosión de ayer en el Hospital Materno Infantil de Cuajimalpa, en la Ciudad de México. Comentando sobre eso, expresaba mi pesar y repetía: "los bebés... los bebitos..." La persona con quien hablaba me dijo algo así como: "Bueno, y las mamás, todas las personas".

Cada vida humana es igual de valiosa. Recuerdo una vieja película sobre el Titanic, todavía en blanco y negro, en la que un joven se disfraza de mujer, tratando de escapar del "niños y mujeres primero". Una señora lo reconoce y se queda callada. Es un muchacho que quiere vivir. 

Yo lo entiendo. Me queda claro que ayer había más adultos que bebés en el siniestro, e imagino la preocupación de sus familiares, la angustia de la mamá común si sabe que su hijo, de cuarenta o cincuenta años, estaba en el lugar donde ha habido una explosión. Pero no siento igual por todos. Pienso en los bebés y me enternezco de modo que siento más pena por su riesgo, su dolor o su muerte. No creo que sea porque estoy embarazada: nuestra cultura nos ha hecho eso, a la mayoría; al menos, a muchos.  

Silvia Parque

viernes, 28 de noviembre de 2014

Honrar

Personas a mi alrededor desprecian la idea de honrar a otras personas. Lo comprendo bien porque yo también lo hacía. Hemos visto en lugares "de honor" a personas que se conducen mal, y hemos visto lo patético y el sinsentido de comportamientos serviles, todo lo cual se asocia al paquete de "honrar"; así que nos oponemos o al menos, nos distanciamos de eso.

El "honor" pertenece a un sistema de valores que distingue jerarquías, y la jerarquización molesta a muchas personas, por lo que implica de subordinación, y por lo arbitrario o amañado de muchas de estas distinciones de unos sobre otros. En la práctica, este sistema de valores ha llevado a una apreciación de ciertas "condiciones" por encima de la vida misma (de ahí la justificación del "crimen de honor").

Pero yo me fui encontrando poco a poco, con una experiencia grata en relación con "honrar". No es que sea buena para hacerlo; espero serlo en algún momento. Me refiero nada más a mi sentimiento: a una inclinación por dar honra a personas que se encuentran en una posición especial... de honor. Percibir "eso" es poder ver un tesoro, y en ese sentido es como recibir un regalo.

Silvia Parque

martes, 7 de octubre de 2014

Los animales no son personas

Los animales no son personas. Aunque parezca evidente, porque no son seres humanos, creo que no es ocioso recordarlo, a la vista de algunas defensas de los animales, que me parecen un tanto disparatadas -como nota: "persona" no es lo mismo que "ser humano"-. Los animales son seres vivos. Desde mi visión, son seres vivos a quienes debemos cuidado por nuestra posición superior en la escala evolutiva. Sí: posición superior; no somos iguales. ¿Que nosotros inventamos esa escala? Pues sí: así como creamos la cultura entera. ¿Que algunos animales se portan mejor que muchos humanos? Pues sí, penosamente, y de cualquier forma: primero están las personas. ¿Que es injusto para los animales? Posiblemente; es más: probablemente -"probable" no es lo mismo que "posible"-. Nosotros creamos la escala de valores; no solo "administramos" la justicia: la creamos, y "el que parte y comparte, se queda con la mejor parte"; lo digo con cinismo por falta de otro recurso, pero así lo veo.

Estoy en contra de usar a los animales como cosas: son seres vivos; claramente sienten dolor, y sea o no que sientan sufrimiento -"sentir dolor" no es lo mismo que "sufrir"- está mal molestar a otro ser vivo, es malo causar dolor, y es inhumano sujetar a un ser vivo a un dolor continuo. Por lo tanto, no pueden gustarme los experimentos con animales, que siquiera les causen incomodidad. Pero que no me gusten no quiere decir que no los acepte, si no hay otro medio descubierto para investigar sobre algo que eventualmente pueda servir para paliar un dolor humano. Me parece execrable el modo en que se trata, en muchos rastros o equivalentes, a los animales con cuyos cuerpos nos nutrimos. Admiro a las personas que en oposición a formas inhumanas de cría y de matanza, dejan de comer carne, en tanto no pueden asegurarse de que la carne llegó a su mesa tras un proceso aceptable. Creo que eso debería hacer una persona que piensa lo que expuse que pienso; pero yo pongo primero mi necesidad de proteínas y mi estilo de vida, que no es solamente "gusto", que es también necesidad cultural -no por "cultural", menos "necesidad"-. Y no acepto que mi chuleta venga de un "asesinato". Por último: hay una diferencia importante entre matar para comer, y divertirse molestando, causando dolor, y/o matando. Pero tampoco voy a llamar "asesino" a un cazador o a un torero, aunque a veces sienta ese impulso.

Todo esto, porque estaba pensando en las mascotas. Mi abuela, de tiempos en los que la gente era más ruda, no podía entender cómo se podía gastar dinero en una mascota; conocía a una señora que le compraba buena carne a sus perros, y mi abuela la criticaba, diciendo que cómo hacía eso, con tantos niños sin poder comer carne. Yo no pienso como ella: los animales de casa se convierten en "parte de nuestra familia", y corren con nuestra suerte: si podemos comprarles el mejor alimento, si podemos comprarles un gran sofá para su uso exclusivo, no hay algo malo en ello. Pero he puesto "parte de nuestra familia" entre comillas. No son familia humana. Es muy triste, pero sí: son sacrificables. Y no: el abuelo viejo y enfermo, el niño latoso, el tío con hábitos extraños, no son sacrificables. Con esto no quiero decir que esté bien que la gente se deshaga de sus animalitos -por ejemplo, cuando dejan de ser cachorros simpáticos-: creo que eso pasa usualmente porque la gente es irresponsable, y que habrá que ver cada caso, pero generalmente, el abandono o desprendimiento tienen de fondo algo que se merece un "tache". Pero no: los animales no son igual que las personas.

Silvia Parque

lunes, 1 de septiembre de 2014

Sobre "ver" personas feas o bonitas

A menudo hay intención de dar valor a las personas, dando un giro a la visión de sus características, de modo que no sean consideradas como defectos. Efectivamente, vemos algo como "positivo" o "negativo", según un marco de referencia; si cambiamos el marco, cambia la atribución. Luego, hay que asumir que es humano vivir con marcos de referencia: así entendemos el mundo y conseguimos movernos en él.

A veces se pretende cambiar todo un marco de referencia cultural como si fueran pestañas postizas. Pasa a menudo con las ideas sobre la belleza... como si fuera muy importante no considerar "feo" a nadie -lo cual sitúa a la belleza/fealdad como algo muy importante-. Pero, que alguien nos parezca "feo" no tiene por qué significar que nos parece "menos valioso". A menudo sí significa eso y por eso hay que revisar cómo vemos a la gente; pero es normal considerar que Fulano es feo o Perengana es fea. No creo que sea bueno pretender que somos tan evolucionados que solo vemos la belleza interna -sí creo que haya quien está en eso; pero la mayoría de nosotras, no-. Otra cosa es aprender a ser discretos respecto a lo que valoramos -algo que se supone debíamos conseguir, antes de la edad adulta-.

También creo que podemos ampliar nuestra capacidad de apreciar la diversidad humana, de manera que se amplíe nuestra capacidad de ver belleza y que de hecho podemos encontrar belleza en cualquier persona, ejerciendo buena voluntad en la mirada. Pero, tal vez baste con hacernos preguntas como: ¿qué es lo primero que notamos en alguien?, ¿cuál característica de su persona usamos para recordarle? ¿Preferimos que eso sea lo primero que veamos o a lo que más atención prestamos? ¿Cuál es el sentido de que compartamos con otros, nuestra "valoración" sobre la belleza/fealdad de una persona?

Silvia Parque

miércoles, 23 de julio de 2014

Curiosidad inocente

Tomo de ESTE video, el concepto de "curiosidad inocente"; me parece afortunado.

Concretándonos a la curiosidad por el fenómeno humano y por las personas, se trataría de un interés por algo nuevo, que puede causarnos extrañeza o sorpresa, y ante lo cual, vivimos unos segundos de "no saber", no "etiquetamos" de inmediato, y la etiqueta no es peyorativa cuando finalmente la usamos; corresponde a una actitud de autodominio por respeto. También podría hablarse de "curiosidad culposa" cuando lo políticamente correcto nos hace negar la curiosidad, pretender que no está. Y hay otra, más difícil de nombrar: una curiosidad en la que el otro es colocado nada más que como objeto; no se le está viendo como persona. Eso no solamente es desagradable; es la esencia de lo que han sido las peores discriminaciones, y es la base de la peor violencia -si no es que es violento en sí mismo-.

En el rancho de donde vengo, prácticamente no había "personas de color" en los años ochenta; claro que cuando vi por primera vez a una persona negra, me llamó la atención. Igual que la primera vez que vi a un oriental, o a cualquier persona evidentemente diferente a las personas que había visto. Pero era una niña educada, y no me habría quedado mirando.

Creo que en el acercamiento se nota qué clase de curiosidad hay -y la mirada es una forma de acercamiento-. Una curiosidad inocente se acerca con simpleza, con frescura, y con tiento; las otras, son subrepticias o escrutadoras. Conocí un poco de eso en relación con mi ojo izquierdo. Yo creía que "se me iba el ojo", hasta que una oftalmóloga, hace poco, me aclaró que se me levanta el párpado. En público, pasa cuando como con descuido (también puedo hacer que ocurra, moviendo la boca hacia los lados). De niña -el movimiento se notaba más entonces-, más de una vez fue dolorosa la mirada de otros niños, que no era "inocente", según la definición de esta entrada -por más sin mala intención que estuvieran mirando-. Sin embargo, hasta bonito sentí, muchos años después, cuando un par de personas -en momentos diferentes- preguntaron con normalidad: "¿se te mueve el ojo?" Estaban viendo algo que despertaba su curiosidad, y puesto que me preguntaban, consideraban que no podían responderse solos, y que yo tenía voz y participación en el asunto: de hecho, la principal voz y participación en el asunto. Es más o menos lo que aprendieron los antropólogos y los psicólogos sociales, cuando dejaron de emular las ciencias naturales.

Silvia Parque

lunes, 7 de julio de 2014

Cómo somos los mexicanos

ESTE video muestra lo tonta que puede verse una persona que supone que un individuo es una encarnación de un estereotipo cultural, y/o una persona que tiene una pobre apreciación de una cultura. Voto por recordar que las personas y las culturas son complejas, y sobre todo, por recordar que es mejor ir con tiento respecto a lo que se conoce poco, para no exhibir la ignorancia.

El videíto es una parodia; si tiene pretensión "formativa", ojalá consiga lo que pretenda con buena voluntad. A mí me sirve como introducción-pretexto para exponer lo siguiente:

  • Al inicio del mundial de futbol, encontré una imagen cómico-medio-crítica, de unos sombrerudos, bigotudos: mexicanos disfrazados de mexicanos, apoyando a la selección; letras muy grandes decían algo así como "así, ¿cómo queremos eliminar los estereotipos?" 
  • Cuando la vi, recordé otra imagen cómico-medio-crítica:  una fila superior de recuadros ilustrando "cómo piensan en el extranjero que somos" y una correspondiente, abajo, ilustrando "cómo somos en realidad". Pero todas las fotos (ambas filas, para que quede claro) eran -o sin problema podían ser- tomadas en México. Como puede adivinarse, la de "cómo piensan que somos..." mostraba entre otras cosas, pobreza.
  • Vi una tercera imagen circulando en los días que todavía México participaba en el mundial: dos jóvenes guapas, blancas, de ojos verdes, apoyando a nuestra selección. Esa foto decía algo así, como que en México no todas eran prietas, en un uso peyorativo -como casi siempre- de la palabra "prieta". Pero si las jóvenes se perdieran -disculpando el ejemplo; es lo que se me ocurre-, el parte descriptivo bien podría decir "de tipo 'caucásico'"; no-americano.

Así que:

1. Tenemos características identificatorias como parte de un grupo sociocultural. A mí no me gusta el picante, pero ¿por qué me va a molestar que un estadounidense suponga que sí me gusta? Con aclarar que no, basta. Tal vez lo que sí no sea agradable, es que el mismo estadounidense suponga que soy impuntual, porque "los mexicanos son impuntuales"; pero aplica lo mismo. Ya si la otra persona se monta en sus trece, es cosa de la otra persona. No puedo negar que todavía, la impuntualidad es parte de la cultura de mi país.

2. ¿Por qué, en pleno siglo XXI, seguir considerando que un tipo físico o un estilo de vida, es superior a otro? Entiendo que se conserven modelos de belleza, ajenos al tipo físico común en toda una región o un país; pero además de eso, ¿ostentar que disguste el que sí es el tipo físico común? También entiendo que podemos ser más afines a un estilo de vida, que no es el del lugar en que nacimos o el lugar en el que estamos; pero, ¿negar la realidad -o una de las expresiones de realidad- del espacio que compartimos con otros? ¿no niega eso, a esos otros con quienes compartimos el espacio?

Silvia Parque

miércoles, 18 de junio de 2014

Hay que saber quién es una

La conciencia de sí permite a la persona ocupar su lugar. Algunos pubertos que crecen rápido, tienen un breve periodo de torpeza motriz, en lo que adquieren conciencia de su nuevo cuerpo: más alto, con extremidades más largas. La torpeza se desvanece a medida que adquieren conocimiento sobre este nuevo "yo corporal"; entonces vuelven a moverse con soltura, apropiándose del espacio que les hace falta: que les corresponde. Esta apropiación suele ser el principio de una ocupación adulta del mundo. Antes, los otros nos indicaron el lugar que nos correspondía.

Nacemos a la herencia cultural de nuestra comunidad y de nuestra familia, que determina, de inicio, si dormiremos en la cama junto a mamá, en la cuna junto a la cama de papá y mamá, o en la cuna en la habitación de junto -hubo un tiempo en algunos lugares europeos, en que los bebés de familias pudientes dormían -puesto que vivían- en casa de una nodriza- Así se nos va indicando el lugar que nos toca, durante años. Variantes de "siéntate aquí" o "no te vayas a salir", nos mantienen a raya. Vamos asimilando y asumiendo cuál es nuestro sitio en el mundo, con cada experiencia social -en el aeropuerto, los niños en la fila de abordaje VIP, aprenden que ellos van adelante-. Este aprendizaje incluye una advertencia sobre el lugar que va a correspondernos en el futuro.

Como lo humano es complejo, recibimos mensajes dictaminadores que nos convienen, junto a otros tanto que no nos convienen. Esta carga a veces conduce a un lugar gris -o de plano, a uno cutre-. Pero si un día hacemos una pausa, podemos notar que hemos crecido, que cabemos o no cabemos en el lugar donde estamos, y que podemos ir a donde quepamos mejor: ese lugar que nos corresponde. Nadie más que una misma sabe cuál es. Para la persona cristiana es un espacio digno de una hija o hijo de Dios.

Silvia Parque

sábado, 31 de mayo de 2014

Cosas feas

La mirada hace feas o bonitas a las cosas.

La cultura enseña cómo hay que ver -pero cada cual, sus ojos-.

A mí me parecen feas, las putrefacciones del cuerpo enfermo. Cuando veo a una persona "que las porta", mi atención se centra en la persona y lo que me importa es su malestar, de  modo que al no ocuparme de lo "feo", no lo estoy viendo. Pero si veo una imagen delimitada, en la que aparece solamente la costra de verrugas o la úlcera purulenta, lo que veo me parece feo.

Buscando palabras para describir qué cosas de esas me parecen feas -porque no todas-, encontré ESTO, sobre la imagen "de lo abyecto" en el cuerpo.

Silvia Parque

sábado, 29 de marzo de 2014

Estudié psicología social y hago epistemología

Releyendo un resumen de un fragmento de "La conciencia social y su historia" (de Serge Moscovici), recordé por qué iba a estudiar antropología, estudié psicología social y terminé haciendo epistemología.
La psicología social podría convertirse en un conocimiento sobre la antropología de nuestra cultura, de la misma manera que la antropología a menudo es la psicología social de las llamadas culturas "primitivas".
Si todo lo que tiene el hombre ha sido construido por la humanidad a través del tiempo, también la razón, sus principios y categorías, han sido construidos en el curso de la historia. 
[La idea de la representación colectiva] apareció en la sociología en los años veinte, se difundió a la antropología, enriqueció la lingüística y se introdujo en la filosofía y la epistemología.
Silvia Parque

martes, 18 de marzo de 2014

De lo que puede hacer falta una religión

No profeso una religión. Para algunos que me conocen de un lado, esto es extraño porque soy creyente. Para quienes me conocen de otro lado, lo extraño es que sea creyente. El caso es que lo soy, y me resultaría muy conveniente profesar una religión.

La palabra "religión" viene del latín "re-ligare", que a grosso modo, significa "volver a ligar", "unir doblemente", porque la idea de la religión es unir a un conjunto de personas como cuerpo de una iglesia, y unir a cada una de las personas individuales con Dios, a través de la práctica doctrinaria.

Por eso, la religión viene como anillo al dedo a la necesidad humana de ser sujeto, es decir "estar-sujeto-a", sin contar con que satisface otras necesidades cuando es verdaderamente el espacio para el desarrollo espiritual, y a partir de las prácticas socioculturales que implica. A menudo, se repiten expresiones como "la religión es el opio del pueblo" o similares, fuera de contexto y desde un entendimiento parco de la religiosidad, la religión y las religiones -que no son la misma cosa-.

Pero volviendo a mi asunto personal:

No me aleja de la religión saber que cada una de las instituciones religiosas, como todas las instituciones humanas, tiene nichos de corrupción y perversión, que en determinados ámbitos, han corroído hasta la médula de la organización.

Tampoco me aleja la comprensión de los mecanismos psicodinámicos y  psicosociales del tejemaneje religioso. Conocer y entender el rito y el mito, no me los desvanecen, al contrario. Por más que para otros sea una contradicción: yo sé que Dios es una creación humana, y creo en Él, así con mayúscula, como su pequeña hija, a la usanza cristiana.

Tampoco reniego de la disciplina, y para nada supongo que implique la pérdida de libertad -casi siempre es al contrario: permite la verdadera libertad-, así que no le huyo a preceptos "difíciles". ¡Vaya!: si estuviera camino a ser Testigo de Jehová, no me negaría a rechazar la celebración de cumpleaños por razones como: "todo el mundo lo celebra", "me voy a perder de un gusto", "le voy a dar un disgusto a mi familia"; me negaría porque no comparto sus creencias al respecto... razón por la cual no estoy camino a ser Testigo de Jehová.

Simplemente, no comparto los credos de las religiones que conozco: ni varios de los importantes-esenciales ni muchos de los secundarios, que derivan en "políticas de comportamiento". Así que quedo fuera. Sé que muchas personas profesan una religión sin aceptar su credo totalmente; yo no podría. (Aquí la palabra "aceptar" está muy escogida: se puede aceptar algo que no se cree, por ejemplo, por fe en la autoridad que lo propone.)

Quedar fuera, tiene costo. Si fuera atea, no tendría problema. Si viviera algo así como "la espiritualidad", del modo en que vivo "el teatro", "la ocupación en la universidad", etc., tampoco creo que hubiera problema. Pero yo, desde mi idiosincrática relación con Dios, a partir de mi credo particular, soy religiosa de tiempo completo. No es algo para andarse publicando, pero trato de comunicar que la cosa me importa sobremanera. Uno de los costos de quedar fuera, es que no hay lugar para exponer o compartir las preocupaciones y los sentires sobre estas cosas... En la adolescencia, como correspondía, podía creer que me las sabía "de todas, todas". Ahora, resiento la debilidad de mi fe. Quien profesa una religión tiene, digamos, "soporte técnico" para alimentarse espiritualmente, y fortalecerse en la fe.

Un día -espero- también me va a preocupar cómo enseñar a mi hijo o hija a vivir su propia relación con Dios...

Silvia Parque

lunes, 3 de febrero de 2014

La Pirámide como muestra de lo que somos

Conocí la pirámide Del Cerrito (o Del Pueblito), en el municipio de Corregidora, que es área conurbada de la ciudad de Querétaro. Impresiona. El recorrido por el sitio arqueológico dura más o menos una hora, y da elementos para ir a buscar al menos otros dos sitios de interés histórico a la redonda: el Santuario de la Virgen del Pueblito y la ex Hacienda El Cerrito.

Según la guía de turistas y los carteles informativos, la zona tiene la misma relevancia histórica que Chichén Itzá. No obstante, fue hasta 1995 que se expropiaron los terrenos para rescatar la pirámide, y se dejó de trabajar en el rescate desde el año 2006, por falta de recursos. Como muestra este último dato, el lugar ilustra bien lo que somos; nótese:

Momento uno.- Cuando los chichimecas llegaron, trataron de borrar los elementos presentes de la cultura material tolteca, aunque estos elementos fueran acabados escultóricos de los que hubieran podido disfrutar. No es que no entienda lo importante de la "apropiación", y lo necesario que puede ser destruir para conseguir "apropiarse". Nada más anoto.

Momento dos.- Se sabe que para evangelizar a los indios, se construyeron templos católicos en donde había templos prehispánicos; con esta idea, se llevó al área de la Pirámide, la imagen de la virgen ahora conocida como Del Pueblito (imagen que después pasó al Santuario ya mencionado). Esto no llama la atención. Es referente para lo siguiente, que da pena ajena: al final del siglo XIX, con el derecho que asiste a quien tiene poder, el propietario de los terrenos construyó una casa encima de la pirámide, a sabiendas de dónde estaba construyendo.

Momento tres.- Papás incapaces de notar que su hija no sabe leer una línea del tiempo, porque tampoco ellos la entienden. Una guía de turistas aplicada, pero que usa mal las preposiciones, como suele suceder cuando un discurso se memoriza. Adultos preguntando y volviendo a preguntar "¿se puede subir?"

AQUÍ la visita de alguien más.

Silvia Parque

miércoles, 22 de enero de 2014

Los tiempos de cada cual

Los tiempos que cada cual se toma, le pertenecen a cada cual. Hay niños que tardan en aprender a leer más de lo que tarda la mayoría; ojalá sus adultos guardaran para sí la prisa loca de que lean en un mes determinado; es común que los abrumen. En la universidad donde presto servicios, hay un tiempo determinado para concluir la carrera; los alumnos no pueden recursar todas las materias que quieran, ni tomar solo una o dos materias cada cuatrimestre; si quieren graduarse, tienen que sujetarse al reglamento en relación con el ritmo y la velocidad para avanzar; hay quien no lo consigue.

Así, más o menos justo, con mayor o menor sentido, nuestros tiempos están vinculados con los tiempos de otros y con marcas temporales instituidas por el grupo social o la cultura y, sin embargo, al final, son nuestros tiempos: nos tomamos el que nos hace falta. A veces pagamos por eso; a veces pagamos caro.

Silvia Parque

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Cierre

En donde trabajo se hace un cierre cada cuatrimestre, en el que se da cuenta de lo se que hizo; por ejemplo, cuántas personas fueron atendidas y cuántas veces se les atendió. Eso requiere tener en orden bases de datos, carpetas con evidencias, etc. Como cada cuatrimestre, no está todo "en su punto"; pero es cosa de ponerse a hacer.

Fuera del trabajo es más difícil. Aunque una no tiene por qué casarse con el fin de año como momento de cierre personal, hay una fuerte invitación cultural para que así sea. Este tipo de cierre requiere tener en orden las ideas y ser capaces de observar las evidencias de lo que fue. A veces no todo está "en su punto", y no es tan simple ponerse a hacer.

Silvia Parque

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Francés

El anfitrión de este bistró da una clase de francés, en un volumen alto de voz, a unos tres metros de mi mesa. Recuerdo mi querer aprender alemán , la necesidad de mejorar mi inglés... tanto que hay en el mundo por oír, tantos acentos, tantas intenciones; la poesía sin traducir... la dificultad de entendernos entre quienes hablamos el mismo idioma, en la misma región, en la  misma casa.

Silvia Parque

viernes, 8 de noviembre de 2013

La gente la riega y lastima

La gente la riega. Me gusta la expresión porque imagino regueros: de vida, de palabras, de cosas perdidas, de escoriaciones. A veces, este regarla lastima a otros.

Creo que excepto cuando "el otro" es un niño, nadie es responsable de lo que otro sienta; pero sin duda hay gestos, palabras, actos, que ordinariamente lastiman a una persona ordinaria -y la mayoría somos ordinarios en "desarrollo emocional"-.

Así que la regamos y lastimamos; todos. Es evidente, pero tardamos en estar en paz con eso. Sobre todo cuando se refiere a los gestos, palabras, actos, de quienes son o fueron más cercanos y de aquellos cuya cercanía estaba signada por un rol que implicara la consigna cultural -imposible- de no regarla y no lastimar (el ejemplo paradigmático es el de la madre).

Silvia Parque

jueves, 25 de julio de 2013

El luto

Susana ha escrito una serie de entradas sobre refranes; al referirse a "El vivo al bollo y el muerto al hoyo", cuyo equivalente mexicano sería "El muerto al hoyo y el vivo al gozo", he pensado en el luto.

Conocí sobre el luto al estudiar Historia. A mi alrededor no me tocó atestiguar ni participar en usos y costumbres en relación con el tiempo posterior a la muerte de alguien, salvo la ropa negra de una mujer mayor, viuda, a la que aprecié mucho. Recuerdo lo interesante que me pareció el capítulo de Cuéntame en el que se describe el luto en el Madrid de los personajes, todavía en tiempos de Franco.

El día de la muerte de mi abuelo, mi abuela apagó la televisión, que estaban viendo los niños. Creo que se les estaba enseñando a tener consideración por el dolor de las personas que lo sentían. Cuando yo era adolescente, murió un primo segundo con el que yo no tenía trato, y no me dejaron ir a un día de campo que yo esperaba con mucha ilusión. Me molesté; lamentaba que el muchacho hubiera muerto, pero eso no me quitaba ni tantito las ganas de ir a lo mío -y no estaba acostumbrada a que me impidieran algo-. Creo que me estaban enseñando a guardar las formas. Son cosas que es valioso aprender, sea que después obremos como decidamos obrar.

Silvia Parque

lunes, 8 de julio de 2013

¿De verdad no me importan las arrugas?

Una compañera de mi clase de teatro compartió un estado de una página de Facebook, con notas graciosas sobre las ventajas de ser hombre; algo para sonreír: nada serio. Entre la lista de cosas que hacen a los hombres felices, está por ejemplo: "las arrugas añaden carácter". Aquí entré yo a decir que "a mí también": que soy atractiva por la persona que soy. Y de verdad lo pienso. Pero eso puede hacer suponer que estoy declarándome "libre" de los convencionalismos sobre la belleza o del deseo de permanecer joven, y no es así. Mi gusto es menos convencional que el de la mayoría, pero por ejemplo, prefiero mi imagen sin arrugas -como también la prefieren muchos hombres que conozco-*. Me espantó verme la cara maquillada para aparentar mayor edad en el teatro, y me llevé un disgusto la primera vez que amanecí con una línea de expresión marcada... supongo que habría estado haciendo un gesto mientras dormía...

Vivimos en un sistema cultural que jode a las mujeres con el mandato de ser bonitas, y en este sistema, "bonita" implica joven. Algunas tenemos oportunidad de analizar nuestra posición, y reposicionarnos de forma consciente. Otras no tienen esa oportunidad. Muchas niñas crecen con el mandato de que deben ser bonitas para ser apreciadas -para valer-, y de que hay una manera de ser bonitas que deben perseguir por el resto de sus vidas, así les quite el tiempo y la energía que hubieran sido felices empleando en otra cosa. Los niños crecen con otros mandatos que también los joden; pero estoy hablando de las niñas y de las mujeres. En general, en este asunto de cómo nos vemos, los hombres la tienen más fácil. Creo que es importante reconocer que así se presentan las cosas en nuestra cultura, pero igual de importante es ser conscientes, todo el tiempo, de que las cosas no tienen que ser como se presentan.

* La oración es ambigua: me refiero a que estos hombres prefieren su propia imagen sin arrugas.

Silvia Parque

viernes, 29 de marzo de 2013

Para el viacrucis

Ayer mi vecina aprovechó que había luz y ruido en mi casa a la una de la mañana para pedir por favor a mi esposo, que le ayudara a colgar adornos en la ventana. Así se prepara la calle para el viacrucis de hoy.

Recordando la hora de las anteriores peticiones de ayuda -anuales-, empiezo a pensar que no se trata de que ella deje las cosas para el último momento: tal vez es parte de la tradición: barrer las banquetas y adornar, bien entrada la noche.

Silvia Parque