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Mozart - Serenatas - Vlach, Hlavácek

>> lunes, 8 de octubre de 2012



Mozart

Mozart vaga con un perro negro entre las casas quemadas,
busca allí en la ardiente ceniza y los restos carbonizados.
En algunos rincones aun no se ha apagado el fuego...
Qué extraño —dice— en ninguna parte se escucha ya
mi música...


Miltos Sajturis
En Poesía griega contemporánea (1997, traducción de Horacio Castillo)

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Bach, Mozart, Schubert, Chopin - El último concierto - Lipatti

>> jueves, 20 de septiembre de 2012



Memoria de un concierto de Dinu Lipatti


La fría autoridad de sus dedos destilaba todas las aventuras posibles del teclado,
la fisiología de sus manos oyendo a Debussy.
Hasta que arrojado de la clamorosa oscuridad
un ramo de rosas caía a los pies del piano
pidiendo clemencia en nombre de la naturaleza.


Joaquín O. Giannuzzi
En Señales de una causa personal (1977)

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Mozart - Conciertos para violín 1, 2 y 3 - Oistrakh

>> jueves, 9 de agosto de 2012


Gracias, Odeon



Violín obligado 

En tu cerebro harapiento entró Mozart:
una ética absoluta, fresco y antiguo.
Cuántas cosas desde el mundo lo ocupaban,
pesadas. Puertas, caminos,
y montañas de polvo que reclamaban
un orden para un significado.
Pero el violín circuló
y todas las desesperaciones lo seguían
en círculos, como perros que no alcanzan
el tema central, la intensidad secreta,
el solo de Mozart en su cielo obligado.


Joaquín O. Giannuzzi 
En Violín obligado (1984)

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Hofmann, Haydn, Mozart - Conciertos para chelo, Concierto para flauta (arr) - Gabetta - Ciomei

>> miércoles, 13 de abril de 2011


Gabetta interpreta a Hofman, Haydn y Mozart


Hace unos meses hacíamos un recuento con Don Fernando de las notables grabaciones de Sol Gabetta, de la cual uniendo el acervo de ambos, hemos logrado degustar de todos sus trabajos. En Oído Fino hemos realizado conjuntamente dos entregas, en la primera Don Fernando analizó una extraordinaria rendición del Segundo Concierto de Shostakovich, por mi parte luego nos dedicamos a analizar una sublime interpretación del Concierto de Elgar, el cual es notablemente complementado con obras de Dvořák, Respighi y el compositor contemporáneo Peteris Vasks.
Cronológicamente, ahora analizamos el trabajo inmediato anterior al disco de Elgar, en el cual Sol Gabetta hace una lectura de obras clásicas de Mozart, Haydn y del compositor Leopold Hofmann. Este álbum es sencillamente delicioso y nos muestra una instrumentista en total control de la capacidad expresiva de un instrumento que, según muchos, es el más cercano a la voz humana. Es muy importante contextualizarlo en el hecho de que previo a este trabajo Gabetta hizo un CD centrado en obras para chelo de Vivaldi. En ambos trabajos (la siguiente nota de la serie abordara este tema), Gabetta nos muestra una gran flexibilidad interpretativa.
Los lectores encontrarán en la propuesta de obras del CD una de las obras clásicas para el chelo más famosas de la historia. Nos referimos al Primer Concierto de Haydn, la cual junto con el Concierto en Si bemol mayor de Boccherini son infaltables en el repertorio actual (pese a que recién fue descubierto enterrado en Schloss Radenin en la República Checa en 1961). Sin menospreciar esta bella obra de papá Haydn, quisiera enfocar estas líneas a las otras dos obras que contiene este CD, relativamente desconocidas en comparación con ésta última.
Me refiero al Concierto para chelo que compuso en 1763 Leopold Hofmann, un compositor vienés contemporáneo a Haydn y Mozart, que ahora es prácticamente desconocido. Pero sobre todo, un tesoro que nos muestra una faceta indirecta del talento mozartiano inédito: una obra para chelo y orquesta.
Como los lectores sabrán, Mozart nunca compuso una obra para chelo solista, en esta grabación Sol Gabetta nos presenta el arreglo realizado del Concierto para oboe en do mayor, KV 314, por el legendario maestro húngaro-norteamericano George Szell con el apoyo del musicólogo Alfred Einstein (especialista en la obra de Mozart) por encargo y dedicación al chelista Emanuel Feurmann.
El maestro Szell hizo el arreglo integral de la pieza y sus cadenzas, sin embargo, en su arreglo Szell tomó el Andante de un Concierto para Violín compuesto por Mozart en 1785, cuyos otros movimientos están perdidos (la cita en el catálogo Kochel es dudosa, algunos relacionan esta obra con el compositor italiano Viotti), para el segundo movimiento, porque a su juicio no se acomodaba para transcribirlo para chelo. Gabetta y Sergio Ciomei (director, clavecinista y pianista de la Kammerorchester Basel) nos presentan acá una transcripción preparada por este último para este CD del segundo movimiento original del KV 314.
A propósito de este CD, así como de su trabajo previo con conciertos de Vivaldi, Sol Gabetta destacó en una entrevista en Clarín de Argentina que “no tenemos el repertorio de un pianista ni de un violinista, pero hay una razón histórica para que las cosas se hayan dado de este modo: durante el período clásico barroco, el violonchelo funcionaba de bajo continuo y no como solista. Sin embargo, periódicamente se descubren piezas para violonchelo escritas en el barroco. Empiezo a creer que muchos más compositores de los que se pensaba vieron al violonchelo como instrumento solista. Tal vez el público no dio a esos compositores la oportunidad de sacar a resonar ese instrumento. Les sonaría extraño. Acaban de descubrirse en archivos 27 conciertos de Vivaldi escritos para violonchelo. Seguramente en su época, esos conciertos no eran del agrado de la gente; el compositor los escribió y tal vez fueron tocados solamente en un estreno. El violinista Félix Ayo reconocía en una entrevista que ciertos compositores eludían determinados instrumentos. Decía que Schumann había sido generoso con el violonchelo pero ineficiente con el violín y que en cambio los violinistas podían sentirse mimados por Mozart”.
Más adelante en la misma entrevista Sol Gabetta hacía notar que Mozart no apreciaba especialmente las cualidades del violonchelo: “…Nunca se le ocurrió ponerlo como solista; no tenía los valores que él buscaba en un instrumento solista. Seguramente no había escuchado las suites de Bach, entre tantas obras que luego se descubrieron; no pudo valorar el potencial solista que tenía el violonchelo. Muchas veces me pregunté por qué Mozart no le dio jamás al violonchelo la oportunidad de lucirse. Pero creo que hay que aceptar lo que él hizo y escuchar sus tríos y sus cuartetos en los que el violonchelo forma parte de una música increíble”.



Los puristas podrían criticar todo este esfuerzo hecho primero por Szell y luego por Sergio Ciomei descartando la validez de la transcripción, sin embargo, este tipo de arreglos y transposiciones eran comunes en la época de Mozart, e incluso él mismo los hizo varias veces con otras obras. El Concierto para oboe en do mayor, KV 314 no es la excepción.
Este “Concierto” por muchos años se creyó que fue escrito originalmente para flauta y orquesta, como su segundo para este instrumento. Se tenía por cierto que fue escrito en los primeros meses de 1778 para su uso en Mannheim, motivo por el cual cuando Ludwig Köchel publicó su famoso catálogo (Köchel Verzeichnis en alemán) en 1862, a ambos conciertos se les dieron correlativos seguidos (cada una de las obras de Mozart está designada por un número precedido de la abreviatura K. o KV).
En la práctica, para la gran mayoría de obras mozartianas, el orden cronológico que Köchel pretendió dar al catálogo es realmente válido. Sin embargo, en la primera edición del catálogo aparecen algunas obras de otras autores atribuidas erróneamente a Mozart, y omite otras auténticas que aún no habían sido descubiertas a ese momento, y este es el caso de este “Concierto”.
En 1952, extensivos trabajos del musicólogo Bernhard Paumgartner demostraron fehacientemente que este “Concierto” es en realidad anterior al Primer concierto para flauta, KV 313, y fue compuesto originalmente para oboe solista, no para flauta. Esta obra fue dedicada originalmente a Giuseppe Ferlendis, primer oboe de la orquesta del Arzobispo de Salzburgo, y fue compuesta cronológicamente entre el inicio del servicio del Ferlendis en la Corte de Salzburgo (abril 1777) y la partida de Mozart para trabajar en Mannheim (septiembre del 1777).
Paumgartner demostró que en aquellos días Mozart reformuló el Concierto en Re Mayor para cumplir con un encargo económico que le hizo un prestigioso médico de la época, aficionado de la flauta, para entregarle tres conciertos para flauta y tres cuartetos de cámara para flauta y cuerdas. En su desorden, Mozart nunca completó la encomienda, dado que únicamente compuso el KV 313, intentó presentar la reformulación del KV 314 como el segundo y nunca compuso el tercer concierto (de los Cuartetos sólo compuso dos).
Valga señalar que si bien es cierto Mozart y el chelo no eran muy buenos amigos, tampoco le tenía especial predilección a la flauta. En una carta recientemente descubierta de Wolfgang a su padre Leopold, señalaba a propósito de la comisión de escribir este compendio de obras para flauta: “¿Qué es peor que una flauta? Dos flautas. Es un verdadero tedio tener que escribir obras para un instrumento que sencillamente no soporto…”.
Sin embargo, justo es reconocer que este trabajo de ‘reformulación’ del Concierto para oboe para flauta no fue hecho livianamente. Paumgartner destacaba que en forma muy genuina Mozart hace una verdadero replanteamiento de la obra transponiendo la tónica dominante de Do Mayor (más luminosa para el tono melancólico del oboe) a Re mayor, más adecuada para el fraseo ligero de la flauta. La sensibilidad melódica del compositor a las diferencias entre la flauta y el oboe le permitió producir una pieza que por más de dos siglos se asumió como una pieza para flauta idiomáticamente estructurada y compuesta.
A mi buen juicio, me atrevo a decir incluso que en conjunto, pero especialmente el primer movimiento es mucho más interesante que el del Concierto en sol mayor, KV 313, originalmente escrito para flauta. En el “Concierto” KV 314, la orquestación es sencillamente genial y más transparente (el concierto está escrito para una orquesta de dos oboes, dos cornos y cuerdas), destacando el solista y dando las numerosas figuras rítmicas recurrentes más presencia, sobre todo en el momento de la transición desde la introducción orquestal a la entrada de la flauta solista. Destaco especialmente para los lectores la inconmensurable belleza del segundo movimiento, por lo que el esfuerzo realizado por Ciomei en la transcripción hace una gran justicia al lirismo de esta bella música.
Esta transcripción para cello es por demás interesante, pero igual atención recomiendo al Concierto de Hofmann. Esta obra tiene los matices orquestales y estructurales del barroco tardío, sin embargo el fraseo melódico predomina sobre el contrapunto, lo que nos lleva a una obra muy sentimental y expresiva, en mucha coincidencia con Haydn. El chelo no se presenta a sí mismo a concertare contra la orquesta, más bien asume un liderato inter pares con el resto de la orquesta, sin recibir especial trato como solista, siempre subyugando su participación a la melodía antes que al individualismo melódico que encontramos en los conciertos de Mozart.
En sus días, estas cualidades líricas en la música de Hofmann eran muy bien valoradas: en un artículo del Wiener Zeitung fechado el 18 de octubre de 1766, titulado “El buen gusto vienés por la música”, el anónimo editorialista hacía notar la enorme riqueza de obras de la escuela vienesa de la época (Stamitz y Haydn a la cabeza) frente al repertorio propuesto por compositores alemanes, franceses e italianos. En sus notas se destacaba que Hofmann componía sus piezas con una sólida y correcta estructura melódica y cantabile, al punto que destacaba lapidariamente que “Hofmann es el único compositor luego de Stamitz que hacía un esfuerzo supremo de desarrollar su música con transparencia y melodía”.
El polvo de los tiempos ahora ha ocultado el enorme valor de la obra de Hofmann, y poco o nada se escucha de él, lo cual (podrá juzgar el lector con la apreciación de la obra presentada por Ciomei y Gabetta) es muy injusto.
Sin más que agregar, sólo puedo decirles, mis buenos amigos y amigas, disfruten a sus anchas de esta maravillosa grabación y esperen pronto la conclusión de mi serie de los conciertos para Piano de Bartók y la cuarta entrega de esta serie dedicada al arte del la cordobesa Sol Gabetta.

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Mozart - La flauta mágica - Böhm

>> martes, 7 de diciembre de 2010


La magia de la perfección

El productor, escritor, cantante y puestista Emmanuel Schikaneder quería ofrecerle al público vienés una ópera en la que pudiera mostrar la espectacularidad de sus puestas. Y pensó en Wolfgang Amadeus Mozart, el músico que más admiraba, para que dotara de sonido a algún cuento fantástico.
Era 1791. Mozart tenía 34 años y le quedaban pocos meses de vida. Sin embargo, el genio había alcanzado hace mucho la madurez y, por eso, cuando abordó La flauta mágica (Die Zauberflöte) hizo de ella no sólo una obra maestra, sino la piedra basal para la ópera germana.
Su partitura es tan rica que en ella retrata con símbolos sonoros a cada personaje, dotándolos de una profundidad a la que el modesto guión de Schikaneder no podía aspirar por sí mismo.
La flauta mágica, así, se convirtió en un éxito desde sus comienzos, éxito que sin embargo no alcanzó a paliar las eternas penurias económicas de Amadeus, las mismas que lo acompañaron hasta la fosa común a la que fueron a dar sus huesos pocos meses después.
La obra es célebre no sólo por su perfección arquitectónica, sino también por la exigencia que propone para algunos de sus cantantes. En este sentido, el papel de la Reina de la Noche es famoso por sí mismo. Con sólo dos arias en toda la obra, este personaje es sin duda uno de los más poderosos jamás trazados y su Der Hölle Rache, acaso el desafío más grande que pueda asumir para una soprano.
Esta versión puede considerarse sin dudas excepcional. No ya porque el director es uno de los grandes mozartianos que ha dado la música, Karl Böhm, sino por el brillante reparto: Evelyn Lear (Pamina), Fritz Wunderlich (Tamino), Dietrich Fischer-Dieskau (Papageno), Roberta Peters (La Reina de la Noche) y Franz Crass (Sarastro), en los roles principales. El coro es el RIAS Kammerchor y la orquesta, la Filarmónica de Berlín, en un registro publicado en la cima de Böhm, en 1964.

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Mozart - Sinfonías Nº 29, Nº 35 y Nº 38 - Beecham

>> domingo, 31 de octubre de 2010


Mozart by Beecham

Para ofrecer un excelente recorrido discográfico de la Sinfonía Nº 38 «Praga» K504, de Wolfgang Amadeus Mozart, el autor del blog I Promesi Sposi ofrece una perfecta introducción, que aprovechamos para presentar esta obra:

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Como nos cuenta Morike en su espúreo pero encantador relato, en los primeros días de 1787 Mozart partió rumbo a Praga en lo más parecido posible a una tournée de placer (sus obligaciones eran pocas: una interpretación de Las bodas de Fígaro y un par de recitales de piano). Entre los sombreros de Constanza viajaba un manuscrito recién acabado con una sinfonía en Re (K. 504), que quedaría para siempre relacionada con el nombre de la ciudad. El 19 de enero Mozart dirigió su estreno ante una orquesta de una veintena de instrumentistas, al parecer con un gran éxito. Años más tarde, en 1808, su amigo Niemetschek recordaba «la sinfonía permanece como favorita en Praga, y sin duda ha sido interpretada cientos de veces».
Indudablemente la obra es una de las cimas del autor, a pesar de que sólo integra tres movimientos en lugar de los cuatro tradicionales, quizá una alusión a la simbología masónica (Massin dixit). La ausencia del clásico minueto se compensa por la introducción lenta que abre la composición, influencia de los progresos sinfónicos de su querido Haydn (y que tanto peso habría de tener en Beethoven). De tono profundo, casi amenazante, tonalmente impredecible, a veces severamente disonante, en el compás 16 sobrecoge al pasar a clave menor (con un estallido de percusión y trompetas): en sus modulaciones se huele el rastro del K. 466 y se adivina la sombra cromática del dissoluto. Entonces el grave presentimiento cede el paso a un allegro, tirante y sincopado (a contratiempo), descentrado armónicamente. Hasta seis motivos (reflejos de Fígaro, intuiciones de La flauta mágica) son desarrollados y fugados contrapuntualmente. En esta densa polifonía (de la que significativa e inusualmente Mozart realizó múltiples bocetos de posibles combinaciones temáticas) se suceden estrategias retóricas irresistiblemente enérgicas, que cierran el movimiento sinfónico mozartiano de mayor originalidad, síntesis de tradiciones barrocas y estilo clasicista.
La forma sonata también es seguida en el segundo movimiento, marcado andante y de sinuoso ritmo ternario, en otro ejemplo de la sofisticación de la sinfonía: contrasta un lírico y espiritual primer tema con un segundo turbulento, basado en tensos acordes de las maderas. Por fin, extrañas sombras cromáticas desestabilizan la armonía y se agazapan tras imitaciones contrapuntísticas. La recapitulación revisa todos los materiales empleados en el movimiento alternando tonalidades hacia un final apacible, cuya atmósfera camerística afianzada por la rica paleta armónica servirá de inspiración a Schubert.
La obra concluye con un presto, originalmente escrito para ejecutar la sinfonía «París» (K.297) con un nuevo final, que se inicia con una jovial atmósfera de carácter bufo (regresa la semblaza melódica a Fígaro) en la que los vientos irán desgarrándose en una violenta tormenta. A modo de rondó utiliza diálogos cromáticos, síncopas y transformaciones contrapuntísticas en un oscuro carácter coral, apenas embozado en una capa de luz.
Para completar la dicha Mozart abandonó Praga con unos gulden en la casaca y el encargo de una ópera para el otoño siguiente [...].

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Y dado que en el blog citado no se incluye la grabación que a continuación presentamos, invitamos a escucharla: se trata de una histórica versión del elegante e inquieto director Thomas Beecham, al mando de una de las orquestas que fundó: la Royal Philharmonic Orchestra. Fue tomada en una sesión de la BBC, el 15 de diciembre de 1958, en Londres. El disco se acompaña por otras dos bellas sinfonías mozartianas: la Nº 35 «Haffner» K385 (grabada el 30 de marzo de 1949) y la Nº 29 K201 186a (grabada el 9 de diciembre de 1958). El disco incluye una introducción del propio Beecham a la Sinfonía Nº 29 y otra a la Sinfonía Nº 38.

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Mozart - Conciertos para viento - Müllejans

>> lunes, 12 de abril de 2010


>>JUAN DAVID BARRERA CANO
Especial para Oído Fino

La Freiburger Barockorchester es una orquesta que se ha dado a conocer por sus magistales interpretaciones de los grandes compositores barrocos y ha sorprendido al mundo llevando el espíritu de este sonido a otros períodos de la música, desde el Estilo Galante hasta la música contemporánea.
En esta ocasión presentamos una de sus grabaciones dedicadas a Wolfgang Amadeus Mozart. Versiones de la FBO de dos conciertos para corno y los conciertos para oboe y fagot del gran maestro austríaco.
La propuesta de la FBO se inscribe dentro de la cada vez más extendida revolución en la interpretación del clasicismo que ha llegado de las manos de las orquestas de instrumentos originales, y particularmente de las orquestas barrocas. Con directores como Herreweghe y Gardiner, y conjuntos como la Akademie für Alte Musik, Les Dissonances y, por supuesto, la misma FBO.
Estas interpretaciones sin duda tocan las hebras sensibles de la ortodoxia mozartiana, y para mí fue desconcertante (y confieso que hiriente) la primera vez que escuché tal sonido en Mozart durante un concierto de la Akademie interpretando algunas de sus sinfonías. Debo decir hoy que cada día me adhiero más a esta lectura.

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Interpreta la Freiburger Barrockorchester, dirigida por Petra Müllejans.

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Mozart - Cuarteto de cuerdas Nº 14 K387 - Cuarteto Harmony

>> sábado, 17 de octubre de 2009

El primer «cuarteto Haydn» de Mozart

Los seis cuartetos de cuerdas dedicados por Wolfgang Amadeus Mozart en 1785 a Joseph Haydn (el primero de los cuales se grabó aquí) constituyen una de las obras más significativas del compositor. Mozart admiraba a Haydn, «el reconocido maestro del cuarteto de cuerdas», con el que compartiera muchas veladas musicales de música de cámara, ejecutando juntos música de cuarteto. Mozart pretende emular la op. 33 de Haydn, publicada en 1781. Al igual que ésta, los cuartetos de Mozart se caracterizan por texturas no meramente concebidas como armonía a cuatro voces, sino como «discurso a cuatro voces», en el que las ideas musicales se encuentran en sí mismas, ineluctablemente ligadas al nuevo e integrado tratamiento del medio.
La fecha de nacimiento del Cuarteto en Sol K387 es, según el autógrafo, del 31 de diciembre de 1782. Éste es uno de los más importantes cuartetos de Mozart. La ejecución de cualquiera de sus movimientos representa un tour de force para un cuarteto de cuerdas.
El primer movimiento [1], Allegro vivace assai, es particularmente notable por la variedad de texturas. Arranca con una exposición fugada e incorpora otra (sobre un tema contrapuntísticamente compatible con el primero) en su segundo motivo. Se trata de una forma tipo sonata, con material fugado.
El expansivo Menuetto [2] sigue las formas tradicionales de estructura. Son llamativas las alternancias de p y f en cada tiempo, que rompen el natural movimiento del 3/4 y lo detienen por un momento. El trío en modo menor se encadena y provee fuertes contrastes entre las retenidas octavas del primer violín que se concretan más adelante y las atrevidas armonías, respectivamente, en la primera mitad, y en la segunda mitad.
El Andante Cantabile [3] tiene pocas páginas musicales que rivalicen con él, entre las obras de Mozart, en cuanto a su exuberante belleza. Exquisita poesía, remarcada por bellas melodías, y una noble armonía que logra momentos de gran hondura expresiva, como después de comenzada la recapitulación de la sección, de gran dramatismo expresivo.
El Finale [4] es una culminación gloriosa de la obra, con una virtuosa combinación de elementos contrapuntísticos y el uso de cromatismos que crean un clima encendido de poderosa apoteosis.

(Texto incluido en el sobre interno del disco).
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La obra está interpretada por el Cuarteto Harmony, fundado en la provincia de Mendoza (Argentina) e integrado por músicos de diversas procedencias. Los integrantes son: Narciso Benacot (primer violín), Tamaz Ayvazishvili (segundo violín), Teimouraz Kebadze (viola) y Néstor Longo (violonchelo). El disco que incluyó la obra se llamó De Mozart a Piazzolla y junto a obras de los compositores del título se incluyen otras de Aquiles Roggero, Emilio Napolitano, José Bragato, Héctor Stamponi y Carlos Guastavino (no incluidas en este enlace).

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Mozart: Sinfonía Nº 25 - I Mov. - Böhm

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