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Ravel, Chopin - Conciertos para piano - Argerich - Dutoit - Martin

>> martes, 12 de enero de 2010


Siempre Martha

Ésta es una buena ocasión para escuchar a la genial pianista argentina Martha Argerich en dos grabaciones no muy difundidas, rescatadas por el sello argentino Irco, de los estudios Cosentino. Estamos ante el Concierto para piano y orquesta en Sol Mayor, de Maurice Ravel, con la Orquesta de Cámara de Lausanne dirigida por Charles Dutoit (actual director de la Philadelphia Orchestra, y quien fuera esposo de Argerich). No se consigna, lamentablemente, ni año ni lugar de la grabación. El disco también ofrece la concentrada interpretación de la Argerich del Concierto para piano y orquesta Nº 1 de Frédéric Chopin, con la Orquesta de la Suisse Romande y Louis Martin en el podio. De esta toma sí figura la información: fue registrada el 25 de setiembre de 1959, en el Victoria Hall de Ginebra (Suiza).

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Ravel - Piezas orquestales - Ozawa

>> lunes, 23 de noviembre de 2009


Inspirado por la danza

>>MARIE-PIERRE LASSUS
Traducción de Laureano Ramírez

Todas las obras aquí recogidas tienen una relación más o menos directa con la danza; de algunas ya lo revela el título (Bolero, Minueto antiguo, Pavana para una infanta difunta, El vals), en otras la similitud es menos manifiesta (las dos piezas para piano extraídas de Espejos). Una barca sobre el océano nos mece sobre las olas al ritmo de una barcarola, la Alborada del gracioso hace generoso uso de ritmos de danzas españolas. El vals (1920) y Bolero (1928) tienen algo más en común: compuestas apenas al término de la guerra, ambas nos transmiten una visión trágica en su estructura formal, ambas parecen dos versiones de un mismo «estudio» sobre el crescendo, sobre el caos inmenso del mundo de 1914, evocado en su terrible inevitabilidad. En Bolero el crescendo está sabiamente dosificado en sutilezas orquestales (las cuerdas sólo aparecen en la decimotercera repetición del tema en ostinato); en El vals el impulso espontáneo del tema «vienés» es continuamente interrumpido por bruscos contrastes de intensidad que se diluyen en un frustrante pianissimo. Un combate cada vez más enconado entre el accelerando y el rallentando, avivado en el tenaz conflicto temático, pone fin a una partitura llena de sonoridades propias de Stravinsky (en la que siempre encontramos los «orgiásticos» de la Danza de la primavera).
El Minueto antiguo y la Pavana para una infanta difunta pertenecen al período de «juventud» del compositor y son obras de las que Maurice Ravel siempre renegaba. La imitación es notoria en este minué tan parecido al Minueto pomposo de Chabrier, previamente orquestado por Ravel (las misma candencias muy marcadas al final de la frase). Nos preguntamos qué hace «anticuado» al de Ravel: ¿la ausencia de sensibilidad, o el humor deliberado? La Pavana para una infanta difunta muestra su espíritu lúdico ya en las mismas aliteraciones de su extraño título, cuyo sentido morboso no desmerece de la atmósfera melancólica que impregna la obra. Era excepcional en Ravel que tal atmósfera se mantuviera por mucho tiempo; pero el músico no logrará librarse jamás de ella y hallará malicioso placer en «suprimir el pathos». Quizá esté aquí la verdadera razón del descrédito en que el músico tenía a esta obra: «¡Ya no veo en ella cualidades sino defectos! ¡La influencia de Chabrier es demasiado notoria, y la forma demasiado pobre!».
La Alborada del gracioso no logra aclarar esa extraña contradicción tan específicamente raveliana: la excesiva exuberancia (que le viene de su amor a España) unida al pudor más extremado. Tras una introducción «hiriente», una melodía emocionada y solitaria en el fagot desgrana su pena (el registro agudo de este instrumento se presta muy bien a ello); pero parece apenas dura, pues la orquesta recupera el dominio e impone su inicial exuberancia característico del «genio de la orquesta» que es Ravel. «Aprecio más la alegría de vivir expresada en la danza que toda la austeridad franckista (se refiere a César Franck)»: esta afirmación confirma la importancia psicológica y estructural que tiene la «actitud» coreográfica de Ravel, entendida como retorno a las fuentes de la música, a las fuentes del «arte en movimiento».

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Después de esta presentación de las obras podremos escuchar estas versiones de las piezas de Ravel, en una excelente versión de Seiji Ozawa al frente, cómo no, de la Boston Symphony Orchestra.

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Una galería de cuadros en una exposición (2/4)

>> jueves, 24 de septiembre de 2009



Segundo acto: Mussorgsky

En la primera estrega de esta serie, conocimos de la breve y no muy feliz vida de Viktor Hartmann, cuya obra pictórica inspiro la creación de Cuadros en una exposición. Casi en un trágico paralelo, Mussorgsky tuvo una vida igualmente marcada por la infelicidad, el desorden personal y el infortunio, que trunco prematuramente su notable capacidad creativa.
Modest Petrovitch Mussorgsky nació en la pequeña aldea de Karevo, Pskov el 21 de marzo de 1839 y falleció poco después de cumplir escasamente 42 años de vida, el 28 de marzo de 1881. Sus primeros años los vivió en su aldea, enclavada en una zona rural a solo 20 km. de la frontera rusa con Estonia (notable es señalar que Pskov fue donde el último zar de Rusia abdicó en marzo de 1917).
Mussorgsky se identificó notablemente con su tierra y su gente, y desarrolló una notable sensibilidad humana. Sin embargo, en él se combinaron varios elementos negativos conjurados para limitar su potencial creativo: siempre presentó una salud quebrantada, tuvo una vida de estrecheces y padeció toda su vida de excesivo y patológico nerviosismo. Todas estas debilidades aguzaron su sensibilidad para captar una visión exacta y consciente del pueblo, para la cual la música se volvió su medio de expresión para con los demás y un mecanismo de auto motivación. A los 27 años de edad, la hermana de Borodin describió a Mussorgsky como «un brillante oficial en el regimiento de Preobrazhensky», actividad que alternaba con la música, y aunque eran frecuentes las acometidas del ya mencionado padecimiento nervioso que lo aquejó casi toda su existencia, el amor por la música lo impulsaba a sobreponerse con renovado entusiasmo.
Intelectualmente, Mussorgsky nunca tuvo una formación musical formal, aunque frecuentó los círculos musicales rusos de la época, y de esas inmersiones, surgió su involucramiento en el Grupo el Gran Puñado o, más sucintamente, como el Grupo de los Cinco, una suerte de fraternidad de compositores jóvenes integrada a partir de la imagen de Mikhail Glinka en 1856. Este Grupo estuvo integrado paulatinamente por Balárikev y Cui, luego se les unió Mussorgsky al año siguiente, y posteriormente Rimsky-Korsakov en 1861 y Borodin en 1862. Todos ellos compartían el fervor de la juventud (Balárikev tenía 25, Cui 27, Mussorgsky 23, Borodin 28 y Rimsky-Korsakov 18) y todos eran músicos aficionados autodidactas que tenían formaciones distintas a la música. Borodin combinó la composición con la carrera de Química. Rimsky-Korsakov fue un oficial naval, nuestro amigo Mussorgsky se enroló en la Guardia Estatal, después en el servicio militar y antes de dedicarse informalmente a la música; incluso en el apogeo de su carrera en la década de 1870 fue obligado por la costa de vicio de beber a mantener un trabajo burocrático a tiempo completo en el Departamento Forestal del Estado.
En contraste al estatus de élite y las conexiones con el Conservatorio de compositores como Tschaikovsky, el Grupo de los Cinco eran principalmente de la aristocracia menor provinciana. En cierto grado su «espíritu de cuerpo» dependía del mito, que ellos mismos crearon, de un movimiento fuertemente identificado con valores e idiosincracia «auténticamente rusas», en el sentido de que eran más cercanos a las raíces nacionales que a la clásica academia internacionalista de Moscú.
La bebida y la muerte de su madre fueron una combinación fatal para Mussorgsky y hacia el final de sus días, el pintor Ilya Repin hizo un célebre retrato que muestra su triste imagen antes de morir, desfachatada, desordenada, pero… con un halito de vivacidad en su mirada que nos muestra el enorme potencial creativo que se perdió a consecuencia de la infame vida que llevó.
Muchos autores no le acuñan a Mussorgsky un gran valor musical a su legado y en ello recuerdo especialmente a nuestro querido Cuervolopez como, en su muy particular estilo, se desasía en improperios al pobre Mussorgsky, como un músico incompleto e irregular, que legó al mundo un pequeño punado de obras que necesitaron del talento de otros para ser finalizadas u orquestadas.
Yo prefiero ver a este compositor como un caso de extrema sensibilidad musical que nos pintó obras en que la belleza se subordina a la crudeza de la realidad con una notable expresión dinámica.
Los Cuadros... son una expresión de esa sensibilidad artística de Mussorgsy, la cual no sigue un patrón musical específico pero que podríamos tipificar en la mayoría de su obra dentro del tipo de música romántica, correspondiente al género de la música de programa o música programática.
En el caso particular de los Cuadros, de los más de 400 grabados y pinturas incluidas en la exposición de 1874, Mussorgsky seleccionó los siguientes para construir su suite para piano:

Gnomus: un gnomo alargando con pasos torpes sus piernecillas torcidas, con aullidos y convulsiones.
El viejo castillo: un castillo de la Edad Media, ante el cual canta un trovador.
Tullerías: en la alameda de un jardín, se pinta un conjunto de niños junto a sus juegos.
Bydlo: una carreta polaca con dos enormes ruedas, enganchada a dos bueyes (con un gran manejo de la dinámica, Mussorgsky refleja el acercamiento y alejamiento de la carreta).
Ballet de polluelos en sus cáscaras: imagen humorística de dos polluelos festivos; este dibujo a tinta china fue hecho para el decorado del ballet Trilbi.
Dos judíos polacos: uno rico y arrogante, el otro pobre y plañidero (este cuadro refleja el antisemitismo ruso de la época.)
El mercado de Limoges: una ilustración de un mercado en el cual dos mujeres discuten animadamente
Catacumbas: se ve allí un autorretrato de Hartmann y dos sombras, visitando las catacumbas a la luz de una linterna.
• La cabaña sobre patas de gallina: una de los iconos legendarios rusos, en la forma de una cabaña con forma de reloj sostenida en enormes patas de gallina en donde vive la bruja Baba-Yaga.
La Gran Puerta de Kiev: el frustrado proyecto de construcción arquitectónica dedicado al intento de asesinato del Zar Alexander II en el estilo ruso antiguo imaginario de Hartmann y Ropet coronada con una cúpula en forma de casco.


En la construcción musical, Mussorgsky realizó un conjunto de piezas brillantemente descriptivas, las cuales son cohesionadas entre sí con un ampuloso y elegante tema musical que recrea el acto de pasease caminando por la exposición (Promenade: «paseo», en francés) el cual se oye abre la obra y hace varias transiciones entre cada uno de los Cuadros. El ambiente de la obra en general transmite un sentimiento de nostalgia por una época que desapareció hace mucho tiempo, pero además ilustra brillantemente un amplio espectro de episodios musicales.

La orquestación de Ravel
En la versión orquestada de Maurice Ravel hay muchas grabaciones notables que el lector puede obtener. No puedo dejar de recomendar las clásicas de Karajan, Reiner, Solti, Ormandy y Bernstein. Entre las nuevas, no puedo dejar de mencionar un registro que me compartió mi buen amigo Carlos Quintero M, melómano y colaborador de este blog, que sacudió espectacularmente mis neuronas. Hoy, creo que es el mejor momento de compatirlo con ustedes y aprovecho en su nombre compartirlo al pie de esta crónica… Se trata de un concierto en vivo del 27 de octubre de 2008 en la Philharmonie de Berlín, en el que el veterano maestro frances Georges Prêtre dirige a la Deutsches-Symphonie -Orchester Berlin.
Cuando me compartió la grabacion, mi amigo Carlos escribió:

«El caso de los Cuadros es similar. Ravel hizo el arreglo para poner a una orquesta al máximo de sus tonos y timbres. Llama entonces la atención que muchos directores afamados hayan hecho versiones relativamente tímidas y controladas en exceso de esta gran pieza. Dentro de las versiones más logradas están las de Bernstein, Ormandy y Abbado con la LSO (me parece superior a su grabación berlinesa). Aun con todo esto, siempre tuve la sensación de que algo faltaba. Finalmente la respuesta a esta disconformidad ha llegado este año a través de una grabación de un concierto reciente que aun me machaca el cráneo de lo bello, logrado, fluido y expresivo que se logró la noche del 27/10/2008, en la Philharmonie de Berlin. El director, un reputado, discreto y veterano francés que ha logrado reconocimiento en el trayecto final de su carrera, y que nunca ha figurado como una prima donna de la batuta. Su nombre es Georges Prêtre. Estoy preparado a cantar a esta como la mejor grabación disponible de los Cuadros en una exposición, y clamando de una vez porque salga pronto en grabación comercial».


Querido amigo Carlos, en efecto: ésta se ha convertido en mi grabación preferida junto a Solti y Karajan, y hoy en tu honor la comparto con los lectores… es estupenda, increíble, espectacular… perfecta. Garra y pasión con una técnica expresiva incomparable. Aludiendo a tu comentario, en ese mismo escenario, en el concierto de año nuevo de 2007 se dio uno de esos casos que «llaman entonces la atención que muchos directores afamados hayan hecho versiones relativamente tímidas y controladas en exceso de esta gran pieza». Sir Simon Rattle y la otrora augusta Filarmónica de Berlín grabaron una interpretación de esa misma pieza que está a años luz por debajo de la lectura de Prêtre: floja, tímida y gris lectura en mala hora fue editada por EMI… Je je je, pero de Rattle tendré espacio para conversar con ustedes luego. En tanto, disfruten de la maravillosa lectura de Prêtre y regresaré con ustedes en la próxima entrega de esta saga estudiando y compartiendo varias otras transcripciones de esta genial pieza para orquesta y para otros conjuntos instrumentales…

Mussorgsky - Cuadros en una exposición (Ravel) - Prêtre

Nota: la grabación a la que se refieren Quintero y Nosthas ha sido traída a la red por el blog StateWork.

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Mozart: Sinfonía Nº 25 - I Mov. - Böhm

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