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domingo, 15 de agosto de 2010

LA CASA DEL ÁNGEL (Leopoldo Torre Nilsson, 1957)

Película importante del cine argentino, la responsable de que fuera conocida y apreciada en Europa la obra de Leopoldo Torre Nilsson (fue nominada a la Palma de Oro en Cannes). Es, además, la primera colaboración entre el director y Beatriz Guido, su mujer, autora de la novela y también del guión. Se puede decir que La Casa del Ángel conduce la nueva ola del cine argentino por la forma de narrar la extraña relación entre una joven, casi una niña, y un político en plena carrera ascendente.



La cinta pertenece a la segunda etapa del realizador, donde su cine personal se puede desarrollar con libertad tras el derrocamiento del General Perón y la desaparición de la censura. Apoyándose en un largo flash-back, Leopoldo Torre Nilsson dirige una trama que se vuelve cada vez más oscura, y que desemboca en la muerte en vida de la pareja protagonista. El director alterna los puntos de vista de ambos personajes: desde la repentina madurez de la adolescente, narrada con una adecuada voz en off, a los problemas de conciencia del parlamentario. De esta forma, Torre Nilsson consigue una particular mezcla de melodrama y trama política; aunque con claro predominio del primero.

Correctamente interpretada por sus desdramatizados personajes, La Casa del Ángel refleja la dura educación católica, la corrupción política, y el falso romanticismo de una época decadente. Por encima de todo ello predomina, y dirige el drama, las consecuencias de la represión sexual en el seno de una aristocracia que vive sus últimos años de gloria. El realizador -cinéfilo- aprovecha secuencias del Águila Negra (The Eagle de Clarence Brown, 1925) para señalar el despertar de la pasión en la protagonista, que ve a Rodolfo Valentino como el símbolo de todo aquello que le es negado. Es esa escena la más destacada del largometraje, junto al enfrentamiento de la pareja y la reacción de ella ante el duelo final.

La muy personal realización del director argentino consigue dotar de una áurea buñueliana a la historia, pero sin ninguna concesión al humor negro del director aragonés. La cinta de Torre Nilsson también podría asociarse con el subyugante cine del primer Alain Resnais, donde objetos inanimados y personajes se combinan para formar parte de la historia. La secuencia inicial del flash back, con la tentación de la prima y la presencia de las estatuas censuradas, va en esa dirección. Igual que la amenazante y barroca casa del título. Su protagonismo se va agrandando conforme avanza el metraje y se descubre su pasado de violencia. Nada nuevo en el cine del director bonaerense donde las mansiones cobran vida gracias a los secretos que esconden (véase La Mano en la Trampa, 1961).


Y es que Torre Nilsson se repite cuando emplea actores de la talla de Elsa Daniel (en este caso se nos antoja algo mayor para el papel, pero excelente en todo caso) y Lautaro Murúa (cotizado actor y futuro director); cuando los hace partícipes de una puesta en escena estilizada gracias al punto de vista de su cámara; siempre inmersos en el mismo entorno de burguesía puritana agonizante, obsesión dramática de su compañera Beatriz Guido. Nosotros no podemos hacer otra cosa que dar las gracias por esa insistencia; es la que llena de calidad a filmes como La Casa del Ángel.


Ver Ficha de La Casa del Ángel.




jueves, 29 de enero de 2009

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 30 de enero al 5 de febrero de 2009)

Comenzamos el mes de febrero con algunas propuestas muy interesantes de los canales televisivos que no son de pago. Así, nos encontramos con western de Sergio Leone y Budd Boetticher, acompañando a las obras maestras La Diligencia y Río Bravo. Películas clásicas de terror, dentro del ciclo de Veo TV; contemporáneas, de variados géneros de Minghella, Howard o Gahan. Cintas de Eastwood, Huston, Forman, Kubrick y Lean; europeas como El Abuelo, ¡Viva Italia!, La Reina Margot o la magnífica Los Amantes de un enorme Louis Malle. Todas ellas para disfrutarlas con buena compañía en casa, o en solitario con nuestra cinefilia empedernida. Saludos.

Pinchar en la tabla para verla mejor (las películas en rojo no son necesariamente las mejores, son las que se comentan más abajo)

Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:

Jubal (Delmer Daves, 1956) Glenn Ford, Ernest Borgnine, Charles Bronson, Rod Steiger. (ETB2, viernes 30 a las 18:20)

El largometraje pertenece al subgénero de western psicológico, iniciado por El pistolero (The Gunfighter de Henry King, 1950) y ratificado por Solo ante el peligroleer más





Francisco, juglar de Dios (Francesco, Giullare di Dio de Roberto Rossellini, 1950). Aldo Fabrizi, Nazario Gerardo. (Popular TV, sábado 31 a las 22:00)

Película neorrealista, estructurada en once episodios, que narra distintas anécdotas de la historia del santo de Asís y de sus discípulos. Rossellini transmite al espectador la forma de sentir la vida por parte de San Francisco, más que su vida misma como hacen otras versiones. El rodaje en exteriores, y en interiores naturales, y la introducción de actores desconocidos da tal veracidad al relato que parece un documental realizado en esa época. No perderse al cocinero Junípero y sus andanzas.



La Quimera del Oro (The Gold Rush de Charles Chaplin, 1925). Charles Chaplin, Mack Swain, Georgia Hale. (Canal 300, domingo 1 a las 03:10 y a las 21:30, y lunes 2 a las 04:05)

Quien quiera ver los mejores momentos de Charlot que se prepare porque aquí van… leer más




Sierra Prohibida (The Appaloosa de Sidney J. Furie, 1966). Marlon Brando, John Saxon, Emilio Fernández. (TPA, domingo 1 a las 15:30)

Western realizado a la mayor gloria de Marlon Brando que no cumplió su propósito de relanzar la carrera del actor. Sin embargo, la película no deja de tener interés gracias a algunos elementos cinematográficos que, vistos hoy en día, resultan muy atractivos:

La cinta se sitúa entre dos estilos muy bien reconocibles. Seguramente la transición no fue intencionada, pero el filme parece que sea una evolución del spaghetti western que dirigía Sergio Leone hacia el que luego vendría de la mano de Sam Peckinpah. En efecto, hay escenas donde el tiempo diegético parece dilatarse hasta el límite de sus posibilidades, mientras planos detalles de los rostros de los personajes inundan la pantalla (secuencia en el bar mejicano); además la trama sigue una estructura muy similar a, por ejemplo, Por un puñado de dólares (Per un pugno di dollari, 1964). Por otro lado el romanticismo inherente al personaje (que prácticamente le lleva a una muerte segura por conseguir su caballo), la violencia explícita, la llegada de Brando a un pueblo fronterizo donde un perro le recibe de mala manera, el exceso de alcohol y, por qué no decirlo, la presencia de el “Indio Fernández”, hacen pensar en películas de Peckinpah.

Esto no impide que Sydney J. Furie -no sabemos si compartiendo sus labores con Brando, tan aficionado en “participar” en los rodajes- mantenga una cierta estética personal a lo largo de toda la cinta: predominio de la oscuridad y una, a veces irritante, insistencia en escorzos exagerados donde los charros mejicanos rellenan prácticamente toda la pantalla. Tampoco pierde el director la referencia a películas del oeste más clásicas. Así, el protagonista regresa a su casa después de muchos años de penurias, reflejadas en su destrozado uniforme confederado, en una secuencia casi calcada al arranque de Centauros del desierto (The Searchers de John Ford, 1956).

Y tampoco Marlon Brando se aleja de la constante, digamos, masoquista, presente en muchos de sus largometrajes. Y es que los sufrimientos del actor ya son legendarios en lo que parece una eterna pasión redentora hacia él mismo. Las torturas a las que es sometido en Sierra Prohibida van en el mismo sentido que las palizas de La ley del silencio; la secuencia de la flagelación en El Rostro Impenetrable; o la ejecución de ¡Viva Zapata! y su posterior resurrección (o la de su espíritu reencarnado en otro campesino), por poner sólo algunos ejemplos.

En definitiva, The Appaloosa puede resultar muy curiosa para el aficionado al western siempre que no le molesten demasiado los tics actor’s studio de Marlon Brando.



El Águila Negra (The Eagle de Clarence Brown, 1925). Rodolfo Valentino, Vilma Banky. (Popular TV, lunes 2 a las 00:30)

Un teniente de la guardia imperial rusa (Rodolfo Valentino) es acosado por la propia zarina. Ante la negativa de formar parte de la colección de amantes de la reina, el cosaco huye y es condenado a muerte. Se refugia en su ciudad natal, donde acaba de morir su padre desahuciado por el cacique local. Para vengar a su progenitor y a la vez ocultarse del ejército, el joven oficial decide actuar enmascarado. Pronto su nombre (El Águila Negra) se convierte en esperanza para los campesinos y temor para el dueño de las tierras que le pertenecen.

La cinta desarrolla una trama que recuerda a las aventuras coetáneas protagonizadas por Douglas Fairbanks; sin embargo, la presencia del sex symbol de la época, Rodolfo Valentino, transforma la acción y la reduce en beneficio de secuencias de seducción mucho más rentables de cara al público femenino. A pesar de todo, la estrella consigue superar los excesos estéticos a los que fue sometido anteriormente por su mujer Natacha Rambova y se pone en manos de uno de los mejores cineastas del cine mudo: Clarence Brown.

La perfección del director en la composición de planos fue pocas veces superada. La declaración de venganza del cosaco vestido de negro, entre una multitud de campesinos de blanco; el perfecto encuadre de un árbol caído para el primer encuentro de Valentino y la bellísima Vilma Banky (su pareja en la siguiente y última película de Valentino: El Hijo del Caid); o la escena de la boda en la prisión, son sólo algunas muestras de cómo “dibujaba” Brown. Pero es que, además del típico encuadre fijo, el realizador utiliza el travelling en profundidad, consiguiendo alguna toma sobresaliente como la que descubre una larguísima mesa repleta de manjares en la mansión del villano. La eficacia del plano general, seguido del medio y posteriormente del primer plano, con insertos muy bien montados de planos detalle, hacen que la película fluya con soltura y dinamismo, encadenando secuencias admirablemente.

The Eagle, en mi opinión, puede ser la mejor película de Rodolfo Valentino, justo un año antes de su prematura muerte, justo un año antes de que finalizara una cortísima carrera y naciera un mito.


jueves, 12 de junio de 2008

LOS CUATRO JINETES DEL APOCALIPSIS (The Four Horsemen of The Apocalypse de Vincente Minnelli, 1962)

La Guerra, la Peste, el Hambre y la Muerte, Los Cuatro jinetes del Apocalipsis, todos son invocados al principio y al final de esta versión de la famosa novela de Vicente Blasco Ibáñez. La adaptación corresponde a la potente Metro-Goldwyn-Mayer en una época de vacas flacas para el cine. Y es que los años sesenta marcaron el declive de la industria norteamericana por culpa de la televisión y de las medidas anti-trust. Para hacer frente a la crisis era habitual que las grandes productoras se embarcasen en megaproyectos como el que nos ocupa. De duración a veces interminable, tenían un reparto espectacular y un formato de pantalla acorde a la grandeza del largometraje (Cinemascope, Vistavisión, etc.). Todo esto ocurrió con Los cuatro jinetes... Además la Metro ya realizó una primera adaptación dirigida por Rex Ingram en 1921. Allí se convirtió en estrella un tal Rodolfo Valentino y la película fue de las más aclamadas de todo el periodo mudo. Con ese precedente la producción no podía salir mal.

La dirección corrió a cargo de uno de los grandes activos que poseía la MGM: Vincente Minnelli. Como otros colegas en esos años, Minnelli se comprometió en realizar una superproducción que se le iba de las manos, o mejor dicho se la quitaban de las manos. En este caso Walter Wanger, a la sazón el productor de Los cuatro jinetes..., impuso su criterio para forzar al director a aceptar el casting y el peculiar guión. Los responsables de la adaptación llevaron la historia original a la Segunda Guerra Mundial y decidieron que el protagonista -Glenn Ford, que parece todo menos argentino- se alistara en la Resistencia en vez de en el ejercito.
El reparto resultó algo irregular y curioso: mientras el nazi que encarnaba Karlheinz Böhm pronto hacía olvidar a su personaje de almibarado príncipe en Sissi; el líder de la resistencia, Paul Henreid, insiste en el mismo papel de Casablanca, no sólo por el aspecto bélico sino también por la dudosa fidelidad de su mujer (otra Ingrid, esta vez Ingrid Thulin), lo cual hace que se nos escape una ligera sonrisa cuando realmente asistimos a una terrible tragedia.

A pesar de todos estos contratiempos, el “rojo” Minnelli –apodo otorgado por los críticos debido a su obsesión por ese color- consigue un trabajo más que aceptable. Es cierto que Los cuatro jinetes del Apocalipsis se sitúa lejos de sus excelentes musicales Melodías de Broadway o Un americano en París, y de los dramas especulares Cautivos del mal o Dos semanas en otra ciudad, por poner solo algunas de las casi una docena de obras maestras que realizó; pero no es menos cierto que el encargo de entretener al público fue llevado a cabo de forma eficaz. Así el dibujo psicológico de los personajes es correcto y la dirección artística, brillante. La prueba de que la cinta funciona es la cantidad de veces que ha sido repuesta por su peor enemigo: la televisión.

Ver Ficha de Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis.

domingo, 10 de febrero de 2008

LA FUERZA DEL DESTINO (Force of Evil de Abraham Polonsky, 1948)

No siempre sucede. Pero a veces nos encontramos con algún actor, actriz o director cuya vida real parece haber sido escrita para la gran pantalla. Es el caso de John Garfield; nacido en un barrio marginal y criado en reformatorios se dedicó a vagabundear por el país, fue boxeador y por fin actor de teatro y cine. La carrera de Garfield fue muy corta pero intensa y uno de sus mejores filmes fue la ópera prima de Abraham Polonsky: La fuerza del destino.



Force of Evil, también conocida en España por El Poder del Mal, se basaba en la novela de Ira Wolfert “Tucker’s People”. Narraba la vida de Joe Morse (John Garfield), un abogado que estaba en la nómina de un gangster. Los “consejos” del letrado iban a permitir que la banda controlara todos los garitos de apuestas de la ciudad después de amañar una especie de lotería primitiva. El problema era que uno de esos pequeños negocios, destinados a la quiebra, era del hermano mayor de Morse, un hombre al borde de un ataque al corazón. Con la inclusión de algún elemento más como la mujer del gangster (Marie Windsor) -una femme fatale que perseguía a Garfield-, la narración en off o la estructura en flash-back, la cinta ingresaba por derecho propio en el club de los largometrajes del género negro.

El cine es un medio de comunicación audiovisual. Pensarán que he descubierto la pólvora, pero tranquilos esta afirmación tan evidente viene a cuento porque no todas las películas –más bien pocas- consiguen un perfecto enlace entre el transmisor –el director- y el receptor –el espectador- gracias al excelente manejo de las palabras y de la imagen. En el filme que nos atañe, Abraham Polonsky lo logra plenamente después de escribir el mismo la adaptación –era un reputado guionista- y de poner en boca de sus personajes sus ideas acerca de la corrupción y del poder que otorga el dinero. Así, en el arranque, consigue crear al protagonista con un par de frases que se oyen en off: “siempre es un día de suerte para el que sigue con vida”, “era el día en que iba a conseguir mi primer millón de dólares; dólares sucios”. Y es que, a veces, una frase vale más que mil palabras. Pero una imagen también. Cuando Joe y su jefe hablan de “negocios” sus figuras aparecen distorsionadas por las sombras gigantescas de ventanas o escaleras, sombras que proyectan los enrejados o barandillas a modo de barrotes de una cárcel imaginaria, confirmando lo ilegal de la operación que se traen entre manos.

Para conseguir la estética correcta y expresar lo que sentía, Polonsky le dio una pista a su director de fotografía –George Barnes, un gran profesional-: le dijo que se fijara en los cuadros que Edward Hopper hizo de la Tercera Avenida de Nueva York; aquellas pinturas reflejaban como nadie la soledad de la gran ciudad. Pero lo que no sabía el realizador es que los excelentes planos generales del final –con un atormentado John Garfield en una ciudad semidesierta, de paredes interminables y puentes amenazantes- traspasaron lo fílmico para adentrarse en la realidad. En efecto, la lucha de Joe Morse contra el sistema que el mismo había creado, se convierte en la soledad del propio John Garfield frente a esa inmensidad urbana que los hombres habían erigido para, paradójicamente, convertirlos en seres insignificantes y sin personalidad propia. Así debía sentirse el actor cuando le confirmaron su inclusión –y la de Polonsky- en la tristemente famosa Lista Negra del HUAC (Comité sobre Actividades Antiamericanas).

Para un actor aquejado de problemas cardíacos, la persecución a que fue sometido y el consiguiente destierro –la falta de trabajo- por no querer delatar a ningún compañero, y por no admitir nunca su pertenencia al partido Comunista, resultaron fatal. Cuatro años después, el 21 de mayo de 1952, en el mejor momento de su carrera, fallecía John Garfield a la edad de 39 años. Sólo nos queda el consuelo de que el senador McCarthy no se saliera totalmente con la suya: miles y miles de seguidores de la estrella acudieron a despedirlo en un entierro multitudinario, el mayor desde la muerte de Rodolfo Valentino.


Ver ficha de La Fuerza del Destino


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