"Quiéreme cuando menos lo merezca,
porque será cuando más lo necesite"
- Proverbio chino -
Calíope: musa de la elocuencia y la poesía épica
"Quiéreme cuando menos lo merezca,
porque será cuando más lo necesite"
- Proverbio chino -
Era un matrimonio pobre. Ella hilaba a la puerta de su choza pensando en su marido. Todo el que pasaba se quedaba prendado de la belleza de su cabello, negro, largo, como hebras brillantes salidas de su rueca. Él iba cada día al mercado a vender algunas frutas. A la sombra de un árbol se sentaba a esperar, sujetando entre los dientes una pipa vacía. No le llegaba el dinero para comprar un pellizco de tabaco.
Se acercaba el día del aniversario de la boda y ella no cesaba de preguntarse qué podría regalar a su marido. Y, además ¿con qué dinero?
Una idea cruzó su mente. Sintió un escalofrío al pensarlo, pero al decidirse todo su cuerpo se estremeció de gozo: vendería su pelo para comprarle tabaco.
Ya imaginaba a su hombre en la plaza, sentado ante sus frutas, dando largas bocanadas a su pipa: aro mas de incienso y de jazmín darían al dueño del puestecillo la solemnidad y el prestigio de un verdadero comerciante.
Sólo obtuvo por su bello pelo unas cuantas monedas, pero eligió con cuidado el más fino estuche de taba co. El perfume de las hojas arrugadas compensaba largamente el sacrificio de su pelo.
Al llegar la tarde regresó el marido. Venía cantando por el camino. Traía en su mano un pequeño envoltorio: eran unos peines para su mujer, que acababa de comprar tras vender su pipa.
-R. Tagore- |
"La llegada del otoño comenzaba a anunciarse en el jardín. Una pareja de jóvenes fueron a ver al jardinero, para pedirle consejo, sobre cómo cuidar su amor para que no se marchitara con el tiempo. Éste, invitándoles a sentarse en el césped, les dijo: - Ved que vuestro amor no sea como el del muérdago hacia el roble, que hunde las raíces en su tronco para chupar su savia y su fuerza. Que no sea como de la aliaga con el retoño del pino, que crece y lo envuelve hasta asfixiarlo entre sus espinas. Buscad, más bien, que vuestro amor sea como el de los árboles. Cada uno abrazando la tierra con sus propias raíces, elevándose al sol de la mañana con los brazos extendidos al cielo, dando gracias por cada nuevo amanecer. Y llevad cuidado en asentar vuestras raíces a suficiente distancia, no sea que la fuerza de las ramas de uno haga huir a las ramas del otro torciendo su tronco e impidiéndole buscar las nubes. Velad, pues, por mantener en cada momento la distancia justa, para que la tierra humedezca sobradamente vuestras raíces y el viento pueda limpiar de hojas secas vuestras ramas. Para que podáis hacer una copa amplia y robusta que dé sombra al caminante y nido a los pájaros del cielo. Y así, cuando crezcáis y hayáis esparcido vuestras semillas al viento, las puntas de vuestras ramas se tocarán en las alturas para que bailéis con regocijo al son de la Danza de la Vida".
|