Me cuesta aceptar a las personas
que se manifiestan intolerantes, autoritarias
e incapaces de adaptarse a las metamorfosis que el tiempo y el entorno
nos provocan. Ignoran que las rectificaciones y las dudas dignifican a quienes
las practican.
Me apena también que no pocos
sientan una especie de alergia a admitir algo tan elemental como que, a medida
que las circunstancias cambian, pueda uno también experimentar la misma
mutación.
La flexibilidad es signo de
inteligencia y no de debilidad. Demuestra capacidad de adaptación a nuestro
entorno y rebeldía contra el maniqueísmo inmovilista de las doctrinas.