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lunes, 11 de mayo de 2026

1967 (fiesta)

Aquí estamos, metidos de nuevo en una fiesta sesentera, de las que se disfrutan a fondo. Esta década ha dado tanto material que, especialmente en el segundo quinquenio, resulta más difícil desechar canciones que seleccionarlas. Y esa es una triste disyuntiva, ya que muchas de las que se omiten tienen parecido encanto al de las que se incluyen. Pero esto es un simple tugurio donde solo procuramos mantener la memoria de los músicos y las músicas que consideramos más destacados de cada época; luego, quienes tengan curiosidades de mayor amplitud, seguro que sabrán buscar entre los amplios recursos que ofrece Internet hoy en día (y si no, ya saben: sus consultas son bienvenidas). Así que, como siempre, recurrimos al formato 12+1 para no aburrir mucho al personal. Y vamos ya al lío. 

Comenzaremos por donde terminó esta serie, es decir, el British Blues Boom. Y aunque Ten Years After son la primera banda más o menos “purista” que inauguraron en este local el vinilo en talla grande, no podemos obviar a otra que en sus primeros tiempos pasó un tanto desapercibida (“desubicada”, diría yo) pero que a partir de 1968 será una nueva clásica: Savoy Brown. De hecho, su primer Lp es anterior en un mes y pico al de los TYA, y ya habían debutado en single en 1966. Pero tanto uno como el otro pasaron casi desapercibidos, porque el single tuvo una distribución muy pequeña y el Lp es una colección de versiones un tanto desangeladas; en realidad los “verdaderos” Brown no comienzan a tener relevancia hasta que el cantante Bruce Portius se marcha y es sustituido por Chris Youlden, que además será su frontman, pianista y compositor principal durante la época dorada del grupo. A finales de noviembre llega la primera grabación con Youlden, un single cuya cara A está compuesta por él. Por cierto, que desde el principio de su carrera son producidos, al igual que Mayall o los TYA, por Mike Vernon, que a estas alturas ya se ha ganado de sobra el título de “padrino” del blues británico al otro lado de las mesas de grabación.

Más o menos por esas fechas llega el primer single de Fleetwood Mac; a quienes podríamos considerar como legendarios desde el mismo día de su fundación, ya que se trata de una especie de supergrupo gestado en la banda de Mayall. Peter Green y sus secuaces caen en la órbita de -cómo no- Mike Vernon, y la cara A de su primer single es toda una declaración de intenciones: se trata de “I believe my time ain’t long”, una pieza que había grabado Elmore James a principios de los años 50 partiendo de la original de Robert Johnson. En esencia estamos ante el “Dust my broom” de toda la vida, que los Mac van a reinterpretar, como hizo el propio James, más de una y de dos veces con títulos parecidos. Y es también el debut del propio Vernon como introductor de músicos británicos a través de su propio sello, al margen de su trabajo en Decca. Ese sello es el no menos legendario Blue Horizon, que hasta entonces había usado para presentar en la Isla a algunos bluesmen americanos; a partir de ahora, distribuido por CBS, será una de las referencias claves del blues en la Isla.

El jazz blues ambiental protagonizado por el órgano Hammond, muy popular en los clubs del Swinging London a mediados de la década, comienza a decaer. Sin embargo, gracias a él despuntan algunas figuras que con el tiempo se harán intemporales; y una de ellas es el teclista Brian Auger, que junto a la cantante Julie Driscoll y Rod Stewart había formado parte de Steampacket, aquel proyecto fallido de Long John Baldry que cerró nuestra fiesta de los años 1960-65. Pero ya por entonces Auger estaba poniendo a funcionar The Trinity, un grupo alternativo que en 1967 se amplía con el fichaje de Driscoll: durante unos años, esa asociación publicará unos cuantos discos con un encanto intemporal. Y luego, a partir de los años 70, tanto a su nombre como al frente de Oblivion Express, ha estado grabando y haciendo giras hasta hace muy poco; en cuanto a la señorita Driscoll, aún sigue en activo.

Vamos ahora con uno de esos grupos que tienen más valor por su carácter de “seminales” que por su obra en sí: Episode Six. De marcada tendencia poppie, surgieron a finales de 1964 y duraron casi cinco años entre unas formaciones y otras, pero ninguno de sus diez singles tuvieron éxito en la Isla aunque actuaron en la BBC y consiguieron una relativa fama en Alemania y otros países europeos (y para la Historia quedará su número uno con la versión de “Morning dew” en… ¡Beirut!). Subsistían a base de acompañamiento a algunos cantantes y giras como teloneros, hasta su desaparición. Pero, entre otros, de ahí salieron dos personajes que todo el mundo recuerda: el cantante Ian Gillan y el bajista Roger Glover, que a finales de 1969 serán reclutados para la segunda época de Deep Purple.

Cuando un grupo lleva tiempo en el negocio y no consigue despegar, su zozobra puede hacerles caer en las malas artes de los sellos o managers demasiado "imaginativos". Y con frecuencia el remedio resulta peor que la enfermedad, ya que en esa profesión mucha gente solo busca el resultado inmediato: toma el dinero y corre. Entre los incontables casos de ese tipo tenemos a los Herd, que comenzaron siendo otra de esas pequeñas bandas de r&b que no estaba llegando a ninguna parte; a finales de 1966 su sello los despide, la mayor parte de sus miembros abandonan y son sustituidos por otros entre los que destaca el jovencísimo Peter Frampton, un chico muy guapo de solo dieciséis años que es guitarrista y cantante a la vez. El sello Fontana se fija en ellos y los pone en manos de dos compositores profesionales, que les escriben material a medio camino entre pop, psicodelia y flower power; con el gancho visual de Frampton montan una campaña publicitaria dirigida a las adolescentes y en 1967 lanzan un Lp cuyo tema estrella es “From the underworld”, que llega al top cinco en singles. El grupo -incluyendo al propio Frampton- se siente ninguneado, pero da igual porque la hermosura del muchacho consigue entre otras cosas que sea proclamado “The face” en ese año. Y lógicamente, ese fue el principio del fin: Frampton se marchó en 1968, con un futuro muy prometedor (comenzando por Humble Pie, junto a Steve Marriott), y el grupo no duró mucho más. Pero esa canción tiene su encanto.

Ya hemos visto a unos cuantos músicos que, viniendo de orígenes dispares, se apuntan a la psicodelia porque parece una buena opción a corto y medio plazo. Uno de los muchos ejemplos que hubo es el de la banda conocida como Simon Dupree And The Big Sound, que había comenzado su carrera el año anterior al más puro estilo soul/r&b isleño y que, desanimados ante la falta de respuesta comercial, hacen como los Herd y se confían a sus managers para salir del paso. Estos buscan en el mercado de compositores profesionales y les entregan una pieza muy actual y con encanto, además: “Kites”. Es pura psicodelia melódica, nostálgica incluso, que haciendo juego con el momento se permite modernuras como el acompañamiento de una cantante china, que en algunos momentos nos recita “algo” en su idioma. La canción, que llegó al top 10, fue lo más brillante en una carrera que casi siempre fue al rebufo del momento; sin embargo, los tres hermanos Shuman –la esencia del grupo- mudarán luego en Gentle Giant, esa banda de rock progresivo/sinfónico de culto que durante la década de los años 70 tendrá mucho predicamento.

Y ya que hablamos de progresivo sinfónico, resulta obligado citar a uno de los grupos que contribuyó decisivamente a crear esa corriente, para bien y para mal: los Moody Blues, que como muchos otros venían del mundo del r&b. Tras un single exitoso, otros cuantos que se hundieron y un primer LP que pasó sin pena ni gloria, el grupo sufre una metamorfosis y entran dos personajes que serán fundamentales: el guitarrista Justin Hayward y el bajo John Lodge, ambos compositores. A partir de ahí los Moodies se convierten en un grupo pop con una fuerte carga orquestal y melódica; a veces buscan la sorpresa recurriendo a piezas un tanto atípicas, llegando a la psicodelia incluso, y con frecuencia son las que salvan sus discos grandes, de los que el segundo, titulado “Days of future passed”, publicado en 1967, es uno de los más populares. Se trata de una grabación de grupo con orquesta en la que se desarrollan las vivencias y sensaciones del protagonista durante las veinticuatro horas de un día, y en el que su cierre se publica en single: “Nights in white satin”, que no pasó del top 20 en su momento pero que ha quedado como uno de los hitos musicales de la década. Y sí, tras ellos vinieron unos cuantos que intentaron fusionar esas dos agrupaciones musicales tan dispares, con dispares resultados (por decirlo finamente).

Otra banda que se acercó a los presupuestos progresivos con tonos clásicos e incluso barrocos, fueron Procol Harum. Es un grupo de técnicos muy competentes, todos ya con experiencia, dirigidos por el cantante teclista Gary Brooker. Tanto él como su amigo Keith Reid, un letrista sin participación alguna en la técnica musical, habían estado intentando vender piezas a otros intérpretes, pero sin resultado. En consecuencia, Brooker decide montar su propia banda, y a mediados de 1967 publica lo que será el gran bombazo: un single que contiene “With a whiter shade of pale”, que fue número uno en medio mundo durante mucho tiempo y que ya forma parte, como la canción de los Moodies, de la memoria colectiva de aquel tiempo. Es una pieza melódica con resabios de Bach que también está anunciando ese futuro progresivo que se acerca. Casi a continuación llegó el primer Lp, con algunas canciones muy buenas y otras no tanto, pero con poco éxito en las listas. Su carrera discurrió en un tono bastante discreto, por no decir directamente que acabaron resultando muy aburridos.

Siguiendo en esa onda de pop barroco con apoyo orquestal llegamos a Nirvana, que al igual que los Harum resultan de la asociación entre dos personajes muy concretos: el guitarrista Patrick Campbell-Lyons y el teclista Alex Spyropoulos, ambos compositores y cantantes. Patrick ya tenía un buen bagaje profesional cuando se asoció con Alex, de formación clásica; juntos, su conocimiento de estilos tan dispares como la música sinfónica y de cámara, los ritmos melódicos latinos o el jazz, les proporcionó la base necesaria para buscar mezclas insólitas con el pop, e incluso tienen algunos momentos cercanos al rock. Junto con otros músicos que también tenían formación clásica pero eran intercambiables, crearon Nirvana a principios de 1967; y pronto aquella oferta tan exótica llegó a los oídos de Chris Blackwell, el jefe de la bendita Island Records, que además de ficharlos se erigió en su productor. En otoño se publicó su primer Lp, “The story of Simon Simopath”, uno de los primeros discos conceptuales en la historia del pop: sí, casi un año antes que el de los Pretty Things. Pero tanto ese como los siguientes tuvieron unas ventas muy discretas (Island los echó tras el segundo), porque tal vez resultaban demasiado melancólicos para el consumidor medio. Aquí tenemos su debut en single, lanzado en la primavera: tiene también un aire con los Harum, aunque no llegó ni al top 50. Y sin embargo creo que no tiene nada que envidiarle.

El pop y las orquestas son una hermandad que ya venía de tiempo antes, de la época de los grandes crooners, es decir, de los solistas. Pero la psicodelia hace que también muchos grupos prueben suerte con esa mezcla: el rango va desde la melancolía que dije antes y que afecta en mayor o menor medida a los Moodies, los Harum o Nirvana, y el espíritu chispeante de otros como los Blossom Toes, que por momentos son una verdadera fiesta. Surgen como tantos otros, por el cambio de orientación de un grupo ya existente, y a finales de este año publican su primer Lp, en el que se contienen unas cuantas perlitas. Pero, también como tantos otros, no consiguen el suficiente grado de genialidad o de comercialidad para sostenerse, y después de un segundo disco más convencional que llegará en el 69, abandonan el negocio. De ahí surge B.B. Blunder, otra banda de segunda fila muy apreciada, aunque algunos de los antiguos Toes formarán parte luego de otros grupos con más pedigrí. Aquí tenemos una de aquellas perlitas de su primer disco:

Como muestra la triste trayectoria de la mayoría de estos grupos, por lo general el público de tendencia poppy suele conformarse con estribillos o arreglos que tengan un buen gancho, y las aventuras orquestales, barrocas o vanguardistas no le agradan. Si a eso sumamos el hecho de que los rockeros como dios manda tampoco suelen salirse de sus cauces, la consecuencia es que nunca hubo tanto mercado para la psicodelia como creen ahora algunos jovencitos despistados. Y esa carencia liquidó el futuro de muchos músicos que merecieron mejor suerte; como por ejemplo los Kaleidoscope, bastante más apreciados con el paso del tiempo que en su momento. Se trata de un grupo ya veterano cuando adoptan ese nombre, en 1967, y técnicamente eran bastante buenos. Tienen algún parecido con Nirvana, ya que también buscan una fusión entre el pop más o menos barroco y la psicodelia, pero sin dejarse avasallar por arreglos orquestales "invasivos". Debutan a finales de verano con un single que enamora a la crítica: “Fligh from Ashiya”. Sin embargo, a pesar de la prensa y las emisoras especializadas, la cosa no despega; y su magnífico primer Lp, publicado poco después, tampoco. Llegaron hasta 1970, por entonces bajo el nombre de Fairfield Parlour, pero tanta exquisitez pasó casi desapercibida.

Y algo parecido sucedió con los Art; a quienes ya conocemos porque los tuvimos presentes en la fiesta del año pasado bajo el nombre de los V.I.P.S., lo cual significa que estamos ante otro de esos grupos que salta del r&b a la psicodelia. Bajo este nuevo nombre y manteniendo en buena parte su estilo musical anterior, publican otro de esos discos grandes que ahora se consideran como históricos pero que en su momento pasaron sin pena ni gloria: “Supernatural fairy tales”, que cualquier fan del género, sea joven o viejo, tiene en muy alta estima. Pero ante este revés los Art no se desaniman, deciden moverse muy rápido y a finales de este año ya no se llaman así: el cuarteto añade un quinto miembro y, con el apoyo constante de la bendita Island Records, se transforma en Spooky Tooth, que por supuesto nos visitará en 1968.

Llegamos finalmente a la selección 12+1, fuera de programa como es norma en la casa. Esta vez se debe a que su protagonista no es británico, sino estadounidense, y además no cuadra mucho con las modas imperantes. Hace años, cuando nos visitó la tribu mod, vimos que gran parte de esa gente no quiso ponerse al día cuando comenzó la decadencia de sus géneros preferidos, de su propia existencia como tribu urbana, y decidieron “echarse al monte”. Las primeras señales llegaron precisamente con el advenimiento de la psicodelia, que a ellos no les interesaba lo más mínimo: a partir de ese momento comienza a tomar cuerpo, especialmente en el norte de la Isla (de las Midlands y Gales hacia arriba), un movimiento llamado Northern Soul -en homenaje al Southern soul estadounidense- cuya mejor época llegará hasta finales de la próxima década. Gran parte de sus “nuevas” estrellas serán personajes de segunda fila en su país de origen, y que en la Isla vivirán una segunda oportunidad. Pero hubo también casos curiosos como el de Geno Washington, un joven militar de la Fuerza Aérea estadounidense destinado en una base isleña y que decidió quedarse allí, desarrollando una carrera que lo convirtió muy pronto en uno de los personajes más queridos entre esta nostálgica parroquia. Bien, pues él se encarga de cerrar esta fiesta: aquí lo tenemos, poderoso, épico, como debe ser.


Y aquí termina otra fiesta más. El año 67 isleño se despide entre nubes lisérgicas y no muy buenos augurios; pero a nosotros, como viajeros errantes que somos, lo único que nos importa es seguir moviéndonos. Así que el próximo día ya estaremos en otra cosa, en otro sitio, tal vez en otro tiempo. Mientras tanto, aquí queda el paquetillo de recuerdo por si ustedes desean refrescar conceptos. Y gracias por acompañarnos.

sábado, 28 de marzo de 2026

Como ya saben los asiduos de este bar, aquí somos muy fieles a las festividades patrias, sean del cariz que sean. Y por lo tanto, nos apuntamos una vez más a la que toca en estas fechas, que es la Semana Santa O No (según las creencias de cada uno). 

Así que nos ausentamos por unos días, no sin antes dejar aquí un regalito para hacer la ausencia más llevadera. Sean buenos.


martes, 6 de enero de 2026

Los Reyes han venido, nadie sabe cómo ha sido...

El día 6 de enero es el único del año en el que este bar se declara profundamente monárquico. Y por lo tanto, nobleza obliga: aquí tienen ustedes el regalito con el que Sus Mágicas Majestades nos obsequian puntualmente en pago a nuestra devoción. 

Por mi parte les deseo un feliz año y que no les invada nadie. Salud y suerte, que falta nos va a hacer.

domingo, 5 de octubre de 2025

Fiesta 1966

Fiesta, sí señor. Y si buscamos material para fiestas, la música que se produjo entre 1965 y 1968 es tremendamente atractiva. Las canciones de categoría surgen a puñados, gracias a que ya no hay patrones estilísticos claros: el beat fue un invento isleño surgido como resultado de mezclar el rock and roll con el pop, el folk, el skiffle y lo que hiciese falta. Y en 1966 la naciente psicodelia es la guinda del pastel, ya que con ella pueden desdibujarse todo tipo de ritmos y géneros. Por otra parte estamos en plena edad de oro del single, un artefacto para el que parece haberse inventado aquella máxima de “lo bueno, si breve, dos veces bueno”. O sea, que todo es alegría, y la sucesión de obras fantásticas que hemos ido viendo en este trayecto anual lo resume perfectamente. Pero tales obras corresponden a los músicos que están en lo alto de la escala: hay mucho más, sobre todo en ese mercado del single (que a algunas de las grandes figuras ya comienza a hacérseles molesto). Y es esa teórica serie B la que solemos homenajear en nuestras fiestas; en las que, como ya saben nuestros sufridos parroquianos, recurrimos por norma al formato de 12+1 piezas, que podrán llevarse luego para gozar de nuevo en la intimidad de su hogar. Así que pongámonos a ello. 

Uno de los géneros más tradicionales en las discotecas de la Isla y de cualquier otro lugar es el soul: posee un gancho irresistible que incluso atrae a un buen número de músicos blancos, y en esta época hubo unos cuantos que consiguieron cierta popularidad. Un buen ejemplo son los Alan Bown Set, una banda de largo recorrido por la que pasaron futuras personalidades del negocio como Mel Collins, Robert Palmer o John Helliwell por citar solo tres. Bown procedía del mundo del jazz y el r&b, pero a lo largo de los años su banda desarrolló un buen número de estilos incluyendo la psicodelia e incluso un cierto toque progresivo en sus últimos años. En 1966 publicaron un single cuya cara A sonaba a todas horas tanto en las emisoras piratas como en las discotecas: “Emergency 999”, que con el tiempo se convirtió además en un estandarte del Northern soul. Así que abriremos con ella:

Teniendo en cuenta que el r&b fue mucho más popular en la Isla que en su país de origen, no es extraño que la mayoría de las nuevas bandas isleñas comiencen su carrera en esa onda: casi todas las que están visitando el bar durante estos años lo hicieron así, para luego ir adquiriendo su propia personalidad. Y aquí tenemos el embrión de lo que será en el futuro un nuevo clásico de la segunda oleada británica: son los V.I.P.S., que surgen en 1964 pero adquieren notoriedad a partir de 1966. Tal vez ese nombre no le suene a algunos de ustedes, pero… en 1967 serán los Art, que publicaron uno de los Lps psicodélicos más alabados de la época, y poco después se convertirán en Spooky Tooth, cuyos primeros discos están entre lo más florido de aquellos años. Sabiendo eso ya es más fácil ubicar al titular de esa magnífica voz, ¿verdad?: en efecto, es Mike Harrison, que se atreve aquí con una versión de Joe Tex y demuestra no tener nada que envidiarle.

Otro ejemplo de “banda escuela” británica son los Artwoods, que como el grupo de Alan Bown surgen a principios de la década y cuyos antecedentes musicales son también muy parecidos. Sin embargo la mayoría de sus miembros ya tenían un cierto pedigrí cuando se asociaron, en 1964: el cantante Art Wood, su creador, venía de la banda de Alexis Korner y pronto montó un grupo paralelo para el que había fichado al teclista Jon Lord, quien al igual que el batería Keef Hartley ya se había ganado un prestigio entre los músicos londinenses. La carrera de este grupo fue corta pero tuvo proyección, ya que por ejemplo Lord entró luego en Deep Purple y Hartley organizó su propia banda. En cuanto a Wood, junto a su hermano pequeño Ron y varios ex Small Faces creó Blind Melon, grupo fugaz que tras su marcha dio origen a los Faces. Aquí tenemos a aquellos “seminales” Artwoods haciendo una versión magnífica del “I feel good” de Benny Spellman.

Las piezas más bailables tienen sin embargo un problema: pocas veces su impacto en las discotecas se corresponde con una cifra de ventas satisfactoria. Hay muchos aficionados que no valoran ese tipo de música como digno de ocupar un sitio en su estantería de discos, y por lo tanto la mayor parte de estas bandas dependen antes de su directo que de los singles. Ese fue el caso de los Mike Stuart Span, que debutan en 1965 y publican su primer single el año siguiente: ni ese disco ni los siguientes consiguieron llegar muy arriba, a pesar de que tenían una buena parroquia de fieles en sus actuaciones y también acabarán flirteando con la psicodelia. Pero para la historia quedará aquel primer single que traía en la cara B otra futura clásica del Northern soul: “Still nights”

Uno de los grupos infaltables en las listas de éxitos pop de aquellos años fueron los Dave Clark Five, cuya popularidad fue por momentos superior incluso en Estados Unidos que en la Isla. Haciendo un cruce entre rock and roll y pop, el batería Dave Clark y su banda consiguieron mantenerse en la ola durante varios años, casi hasta el final de la década. Y aunque no estén a la altura de los Beatles, Stones y compañía, han dejado unas cuantas canciones memorables como esta “ I need love”, de 1966. Ocupaba una cara B, lo cual probablemente fue un error de estrategia, pero en las discotecas arrasó. Ah, y tiene vídeo propio: échenle un vistazo, porque vale la pena. Puro disfrute sesentero.

Otros grandes protagonistas del Swinging London fueron los Troggs, que entre 1965 y el 68 tuvieron su edad de oro (aunque duraron bastante más). Su cruce entre beat y pop muy rítmico les dio unos cuantos éxitos de entre los cuales traigo aquí su obra cumbre del 66: una versión de “Wild thing” que supera de lejos a la original de los Wild Things, una perlita a la que los grandes santones como Clapton o Page desdeñaron por “facilona” pero que luego reivindicó el mismísimo Hendrix, que no padecía de tanto estreñimiento como los otros. De hecho, esta canción llegó a ser incluso una de las tradicionales en las fiestas garajeras, porque en su estilo no tiene nada que envidiar a otras clásicas del género.

La efervescencia que hubo en esta época recuerda en cierto modo al Renacimiento, ya que muchos artistas se dedicaron a más de una disciplina por entonces: entre otros destaca el caso de Paul Nicholas, que con el tiempo se hizo una fama en el teatro, el cine y ocasionalmente en el pop. Nicholas, hijo de un abogado entre cuyos clientes estaban los Who, había empezado su carrera musical como pianista en la banda de Screaming Lord Sutch y luego sacó algunos singles de poco brillo; a continuación, con el nombre de «Oscar» y apadrinado por Robert Stigwood, graba en 1966 un nuevo single cuya cara A es «Club of Lights», otra clásica en las discotecas isleñas. Sin embargo ni ese ni los siguientes vendieron mucho, y durante unos años se dedicó principalmente al teatro: se le vio en “Hair” (producida por Stigwood) y luego como el tío Kevin en la película “Tommy”. Hubo algunos singles más hasta 1977, en que definitivamente abandona la música ratonera. Una pena, porque tenía muy buena voz.

Hasta los años 60 la mayor parte de los músicos basaban su repertorio en piezas ajenas, fuesen versiones o encargos; pero la situación cambia radicalmente a partir de esta década, y la ambivalencia da mucho prestigio (por no hablar del aspecto económico, claro). Y hoy tenemos aquí a uno de los personajes más respetados del pop británico, aunque su trayectoria haya sido irregular: el señor Graham Gouldman. Su carrera comienza como integrante de pequeños grupos, de los cuales el más popular fueron los Mockingbirds. Sin embargo ya estaba componiendo piezas para otros grupos desde 1965, a veces con resultados sorprendentes: ese mismo año los Yardbirds graban “For your love”, una obra suya que había sugerido para los Mockingbirds pero que su sello no quiso publicar. A partir de ahí, casi siempre vivió en una extraña dualidad en la que sus canciones para otros tenían más éxito que las que grababa a su nombre. Años después será ampliamente reconocido como uno de los líderes de los 10cc, pero de momento lo que tenemos aquí es su primer single como artista invididual, publicado en 1966 y con una clara influencia soul:

El tránsito del pop a la psicodelia e incluso el flower power está perfectamente representado en The Move, un grupo que recorre el segundo quinquenio de los 60 llegando a la década siguiente con bastante popularidad a pesar de que su mercado principal es claramente el formato single (su único Lp en esta década no llegará hasta 1968). Surgidos en 1965 publican el primero a finales de 1966 y casi llegan al número uno: “Night of fear” es una pieza en la que se toman prestadas algunas escalas del mismísimo Chaicovski a la que se le añade una letra con tintes alucinógenos, en la que participan las voces de los cuatro integrantes y que en conjunto tiene una viveza muy de aquel tiempo. Los Move son otro grupo escuela: ahí se hicieron conocidos Roy Wood y Bev Bevan, que años después junto a personajes como Jeff Lyne (que también pasó por esta banda) crearán la Electric Light Orchestra. Vamos, que las inclinaciones sinfónicas ya les venían de muy jovencitos.

Estos años centrales de la década están repletos de grupos que parecían tener un futuro grandioso, pero que por unas razones u otras han quedado como pequeñas leyendas solo recordadas por los muy fans. Y aquí hemos de hacer referencia a un estilo fantasmagórico que muchos años después será bautizado como “freakbeat” y que en esencia consiste en un cruce entre el pop/rock más genuinamente isleño (es decir, una evolución del beat) con la naciente psicodelia. Ese cruce dio origen a unos cuantos singles majestuosos que fueron rescatados del olvido gracias al nacimiento del CD, y que por consecuencia rescataron también a sus creadores. Suele tratarse de pequeños pero míticos grupos como, por ejemplo, Les Fleur De Lys: entre 1965 y el 68 publicaron unos cuantos singles de los cuales el primero fue producido por el mismísimo Jimmy Page, pero nunca llegaron al gran público a pesar de que en directo tenían una masa de seguidores muy amplia y la mayor parte de sus miembros siguieron luego en el negocio. Aquí tenemos una buena prueba de su poderío:

Otro de esos grupos históricos encuadrados ahora en el “freakbeat” fueron los Creation, otra fuerza de la Naturaleza. La mayor parte de su formación original viene de los Mark Four, y como les pasó a otros cuantos de esta hornada fueron más famosos en el continente que en su país. Lo cual demuestra que el mercado isleño estaba saturado, porque de otro modo no se explica cómo no llegaron más alto. Ya su debut es arrasador: se trata de “Making time”, una pieza de verdadero art pop compuesta por ellos mismos y que como curiosidad figura como la primera en la que se usó un arco de violín en la guitarra eléctrica. La formación original de Creation duró tres años, pero algunos de ellos se han reagrupado más de una vez. Y su influencia es mucho mayor de lo que puede parecer, por cierto: sin ir más lejos, Peter Townshend la reconoce abiertamente y fue el segundo en atacar la guitarra con arco… antes que Jimmy Page y otros cuantos.

Hablando de los Who resulta inevitable citar a los Eyes, también pertenecientes a esa mágica cosecha de maravillosos perdedores. Duraron casi cuatro años, pero su momento glorioso fue entre el 65 y el 66: en ese período grabaron cuatro singles que a día de hoy están considerados como de lo más notable de aquel momento. Resulta difícil elegir una sola canción, pero no hay más remedio: a ver qué les parece esta “You’re too much”, que no pasó de ser una cara B; lo cual claramente fue un fallo de estrategia, porque “Man with money”, la A, con ser buena, no llega ni de lejos a su altura. Aquí tenemos uno de los primeros ejemplos de lo que luego se bautizará como “protopunk”, y que probablemente, por esa fuerza cruda que despliega, vaya unos años por delante de su tiempo. Si hubiese salido a finales de la década, seguro que el resultado comercial hubiese sido bastante más satisfactorio.
Y por fin la selección 12+1, como siempre fuera de programa. Esta vez la razón es que no estamos ante un grupo británico, sino español: los Bravos, que en 1966 publican un single cuya cara A es “Black is black” y que tuvo una amplia difusión gracias, sobre todo a Radio Caroline, una de las legendarias emisoras piratas de la época. Ese empuje los llevó al segundo puesto en las listas británicas, en verano, y los mantuvo casi dos meses en el top 10. Aunque bueno, eso de “español” habría que matizarlo: el productor es Ivor Raymonde, un clásico isleño, mientras que su manager durante toda la era dorada del grupo fue el franco suizo Alain Milhaud, que también participó en la producción. La canción es obra de tres compositores mainstream también isleños, y el cantante es el alemán Mike Kogel (luego Kennedy). Y el resto del grupo, españoles ellos… no participaron en la grabación, ya que el poderoso Sindicato de Músicos británico obligaba a utilizar músicos del país o soltar un buen dinero. Milhaud entonces decidió emplear ese dinero en sobornar a Radio Caroline, lo cual era mucho más efectivo. Así que esta pieza, tristemente, de española no tiene nada. Como la mayor parte del repertorio clásico de los Bravos, por otra parte.
Y la fiesta termina. Pero no se entristezcan, porque tras 1966 viene el 67, que por supuesto será otro festival de luces y alegría. Mientras esperamos a que llegue ese momento, aquí les dejo el paquetillo de costumbre y les recomiendo echen un vistazo al fantástico mundo del freakbeat, donde podrán conseguir un buen puñado de canciones inolvidables. A seguir bien.


lunes, 6 de enero de 2025

Desde Oriente con amor.


Sus Majestades Los Reyes Magos de Oriente lo tienen cada vez más difícil para llegar a Belén: hace unos años fue la pandemia y ahora es eso que la prensa llama "guerra", pero que todos sabemos que es otra cosa. En fin, que su profesión es de riesgo, claramente. De todos modos, siempre han encontrado un momento para pasar por este garito y dejar el regalillo correspondiente, que podrán ustedes recoger si pinchan aquí

Por nuestra parte solo nos queda desearles que el año en el que acabamos de entrar no sea peor aún que el anterior. Espero que, tal y como van las cosas, eso todavía se pueda pedir. Así que salud y suerte.

Nos vemos. 
 

lunes, 23 de diciembre de 2024

Ácidas fiestas

Otra vez se acerca ese carrusel de fiestas que nos lleva de una celebración a otra, de hacer regalos absurdos a recibirlos, de comidas a cenas pantagruélicas, y todo ello al margen de que nos apetezca o no: somos animales de costumbres, qué se le va a hacer. Y por lo tanto también en este bar, como todos los años, toca fiesta. Pero aquí procuramos evitar la monotonía recurriendo a un estilo distinto en cada una, y esta vez la dedicaremos al espitoso mundillo de la psicodelia clásica isleña, es decir, ese corto período que va desde 1966 hasta el 68. Es una época fugaz y bastante enloquecida; de hecho, muy pocos grupos surgidos en esa época llegaron a tener una carrera larga y estable sin cambiar de estilo. En consecuencia, si hubiese que citar más de media docena de discos grandes que fuesen realmente buenos en su totalidad, costaría trabajo. La psicodelia es básicamente un asunto de canciones sueltas, porque no basta con tomarse un ácido y ponerse a inventar: como en cualquier otro estilo, primero hay que tener la creatividad necesaria para ello. Pero gracias a esa bendita locura transitoria ha quedado un buen montón de singles realmente encantadores, la mayoría a cargo de grupillos hoy casi olvidados, que daría para docenas de fiestas como esta. En la que, como ya saben ustedes, usamos el formato de 12+1 selecciones, muy justito pero suficiente para dar una idea aproximada de cada estilo. En fin, vamos a ello. 

Al igual que pasa en Estados Unidos, antes de nada hay que buscar un primer referente en el mundo del folk. Porque es en ese mundo donde nació la psicodelia, partiendo de las letras y llegando a la música: en síntesis, el hilo que nace con Dylan y llega a los Byrds. Y en la Isla tiene Dylan a un entusiasta seguidor, hasta el extremo de que en sus primeros tiempos se le llamó el Dylan británico. Se trata de Donovan Leitch, que pronto nos visitará en el bar: a partir de 1965 comienza a perfilar una personalidad claramente “autónoma” y se inclina decididamente por el folk psicodélico teñido de aromas orientales, lo cual le convertirá en una de las figuras más reconocibles del género. Ya a finales de aquel año comienza a publicar algunas canciones marcadamente “vaporosas” y seguirá fiel a ese estilo en la mayor parte de su carrera. La época más popular de Donovan llega hasta los años 70, y en lo que se refiere a psicodelia pura hay una canción suya que destaca sobre todas las demás y que curiosamente no aparece hasta 1968, cuando ya el estilo comienza a decaer: “Hurdy gurdy man”, una de las obras cumbres del folk rock psicodélico isleño.

Llegados ya al mundo de los grupos y dejando aparte la eterna cuestión sobre cuál hizo la primera pieza psicodélica en la Isla, asunto sobre el que ya vimos hace poco que la cosa anda más o menos entre los Beatles y los Yardbirds, lo que está claro es que en esos dos grupos se personalizan las principales influencias que marcan el nacimiento del género allí: el beat/pop y posteriormente el blues. Sobre todo en el caso del beat, su evolución hacia un ritmo mucho más denso, duro y en muchos casos con el añadido de las guitarras con fuzz, dan lugar entre 1965 y 66 a un estilo de tránsito que muchos años después se denominará “freakbeat” pero que por entonces fue pasto de las hordas mod tanto como de los novedosos fans psicodélicos. Ejemplos hay a puñados, por lo general a cargo de grupos que en su mayoría no durarán mucho pero simbolizan perfectamente ese cruce de estilos. Por ejemplo, los Creation. Comienzan a grabar en 1966 y durarán hasta el 68; probablemente fueron más populares en el continente que en la Isla (como les pasó a otros cuantos), pero dejaron para la historia un puñado de singles mágicos. Aquí tenemos “Painter man”, una de sus canciones más conocidas.

Suele considerarse al año 67 como el momento cumbre de la psicodelia. Pero no solo por la aparición de las grandes bandas del género como Pink Floyd, Traffic o Family, sino también porque esa segunda fila que forman los grupos como Creation está produciendo verdaderas maravillas al tiempo que evoluciona. Y aunque como decía en la presentación la mayor parte de ellos no llegará muy lejos, hay verdaderas obras maestras como “My friend Jack”. Fue el debut de los Smoke, en febrero; y fue también casi la única de ellos que se recordará para siempre, ya que no volvieron a alcanzar esa altura. Por otra parte no pasó del top 50, ya que la BBC se negó a radiarla porque eso de que “Mi amigo Jack se come terrones de azúcar” era una clara referencia al LSD. Luego se mantuvieron por un tiempo en el continente (Alemania, sobre todo: allí y solamente allí se publicó en ese mismo año un Lp con la mayor parte de su producción), pero su momento ya había pasado.

El carácter fugaz de la psicodelia fue muy bien comprendido por algunos músicos profesionales que aprovecharon el momento para lanzar alguna pieza suelta y luego volver a su trabajo cotidiano. Como ejemplo traigo aquí a un tal "Caleb", cuyo apellido resulta ser Quaye; es decir, el guitarrista de estudio que ha tocado con medio censo británico y que comenzó en los Bluesology de Long John Baldry junto a un jovencísimo Elton John (que por entonces aún era Reginald Kenneth Dwight). Justo después de la disolución de esa banda, esconde su apellido y graba este único y fantástico single: "Baby, your phrasing is bad" acompañado por músicos de la Philips, que no se gastó un duro en promoción. Algo muy frecuente, ya que la mayoría de los sellos no simpatizaban con ese estilo tan inaprensible, tan incontrolable, y se limitaron a dar palos de ciego. 

Otro que “pasaba por allí” fue el incombustible Zoot Money, que por entonces venía de dirigir a la Big Roll Band y que decide crear un nuevo grupo más acorde con el momento. Ese grupo se llama Dantalian’s Chariot y también pasará a la historia del género por un solo single, cuya cara A se titula "Madman running through the fields". Hoy se considera como otra leyenda, aunque una vez más la saturación de la oferta y la mala distribución harán que sus ventas sean escasas. Luego el señor Mooney irá a la banda de Eric Burdon junto al guitarrista Andy Summers, mientras que Colin Allen, el batería, encuentra trabajo con Mayall. Y sí, el más famoso con el paso del tiempo será Andy Summers, que se hará de oro en Police. Quienes vieron a este grupo en directo afirman que tenían el mejor juego de luces del negocio -mejor aún que el de Pink Floyd-, pero no les sirvió de nada.

Otro ejemplo de maravilla de un momento son los Tintern Abbey, que grabaron un solo single y luego desaparecieron. Pero qué single: “Beeside / Vacuum cleaner” se ha ido convirtiendo con los años en una de esas glorias esquivas, en una de las grandes leyendas del género que por suerte aparece en varios recopilatorios, ya que el valor del single original es prohibitivo. Fue otro ejemplo de pasotismo por parte de su sello (el supuestamente yeyé Deram) y al mismo tiempo de boicoteo por parte de varias emisoras a causa de sus letras, aunque ambas canciones son muestras fastuosas de la mejor psicodelia isleña. Y ante la obligación de elegir, yo elijo la cara B.


Más glorias de un solo single: The Kult era una banda irlandesa que había cambiado de nombre ya tres veces antes de publicar "No home today" / "Mr. Number One". Y aunque, como en el caso de los Abbey, cualquiera de las dos canciones es un lujo, la mayoría de los fanáticos preferimos la cara B. De los pobres Kult nunca más se supo, pero este es otro de esos discos cuyo formato en vinilo cuesta hoy un potosí.

Los efectos del sarampión psicodélico afectaron también, como es lógico, a buena parte de los grupos que ya existían. Muchos se vieron casi en la obligación de apuntarse a la novedad imperante, aunque aquello no fuese realmente lo suyo: el caso de los Stones es evidente. Y lo mismo pasaba entre los grupos de segunda fila, los que no tenían mucho que perder y pensaron en la posibilidad de mejorar su situación gracias a la novedad. Por ejemplo los escoceses The Poets, que ya llevaban tres años de carrera y seis singles publicados sin mucha fortuna antes de presentar "In your tower", que se convirtió en otra otra luminaria del género a pesar de ser una humilde cara B. El caso es que tienen alguna otra cosa decente, pero ninguna a la altura de esta. Entre 1962 y 1968 pasaron por esta banda más de veinte músicos distintos, así que podemos considerar a los Poets como una escuela.

En el año 1968 la psicodelia ya comienza a decaer. La gran cantidad de oferta surgida el año anterior, en su mayor parte sin la categoría suficiente debido a los excesos del género, obliga a los aficionados a una búsqueda continua entre montones de singles y Lps. Y eso hace que surja el cansancio. En poco tiempo, del todo vale estamos pasando a la desgana. Y hay un buen puñado de discos que merecieron mejor suerte pero su publicación llegó tarde: por ejemplo, el único Lp que lanzó Tomorrow. Es una banda con una cierta veteranía, ya que su origen estaba en los In-Crowd, y en 1967 cuenta con músicos de categoría como el guitarrista Steve Howe (futuro Yes) o el cantante y compositor Keith West, que ya tenía una trayectoria. Su Lp se grabó en la primavera del 67, pero no llega a las tiendas hasta casi un año después por la desidia de EMI; y eso impidió que llegase a los puestos altos de las listas a pesar de su gran brillantez. Sin ir más lejos, hay una pieza que fue también single y se titula “My white bicycle", considerada luego como otras de esas que no pueden faltar en una selección de este tipo. Disfruten ustedes de la guitarra con phasing de ese jovencísimo Howe y el montón de cintas al revés, tan de la época.

Cuando Tomorrow se dan de baja, dos de sus antiguos miembros (Twink Adler y "Junior" Wood) se asocian con el legendario batería Clem Cattini y el no menos legendario teclista Nicky Hopkins -por entonces reputados músicos de sesión- para formar The Aquarian Age. Se trata de una “bandera de conveniencia” que durará solamente unos días, los justos para grabar un único single bajo la dirección del laborioso Mark Wirtz (productor que además es autor, entre otras, de la fallida “Teenage Opera”). La cara A de ese single es "10.000 words in a cardboard box", otra pieza legendaria, a medio camino entre grupo y orquesta, que constituye una buena prueba de lo que podría haber sido este género si hubiese por medio más músicos de carrera, con verdaderos conocimientos.

También había rockeros despistados entre la psicodelia británica, gente que llegó entre 1968 y el 69, en sus últimos tiempos ya, y que tal vez sin ser conscientes de ello estaban dando origen al heavy. Un ejemplo magnífico son los Open Mind, cuya tendencia iba por el rock duro pero matizado a veces con buenas melodías, aunque un tanto oscuras. En algunas de esas piezas se nota que están afectados por los vapores lisérgicos de la época, y ese es el caso de la cara A de su segundo single, la canción que resultó ser la más famosa de su carrera: "Magic potion". El año anterior habían publicado un LP que pasó sin pena ni gloria y poco después de este single desaparecieron, "animados", como otros muchos, por la desastrosa Philips. Cuya subsidiaria, Vertigo, se apresuró muy poco después a fichar a unos nacientes Black Sabbath.

He reservado el número 12 para una grabación alternativa que supera, si cabe, a la publicada originalmente: "Path through the forest" es la cara A del primero de los dos únicos singles que grabaron The Factory; las cuatro canciones de estos chicos son fabulosas, pero la mejor es esta, de finales de 1968. Tarde ya. Y hace unos años, cuando comenzó la busca y captura de la psicodelia perdida, alguien encontró en un rincón de los estudios MGM, donde fue grabado el primer single, unas cintas con "ruiditos en la jungla" que iban a ser añadidas a la canción pero que no llegaron a serlo para ahorrar gastos en producción. Bien, pues aquí tienen lo que debió haber sido una completa obra de arte. Y seguramente un gran éxito, de haberse publicado a mediados de 1967, porque lo tiene todo.

Llegamos por fin al puesto 12+1, fuera de concurso, que es para los Beatles. Se trata de "Tomorrow never knows". Y dirán ustedes, ¡pero si esa la conoce todo el mundo..! Bueno, tal vez no en esta versión: cuando se publicó "Revolver" por primera vez, en mono, esta pieza era un poquito más desfasada -si cabe- que la definitiva. Con el disco ya en la calle, alguien (el señor Martin o el mismo Lennon) debió de decidir que el día en que se grabó esto tal vez John y los técnicos estuviesen un tanto "eufóricos" de más, con tanto loop y tanta cinta al revés, así que se decidió suavizarla: al mes siguiente ya estaba en las tiendas la versión que ha pasado a la historia. Pero a ver qué les parece la original.

Y con este fantástico desmadre termina la fiesta psicodélica: hay que volver a la cordura y el buen comportamiento. Por mi parte les deseo un feliz año, o que por lo menos no les cause muchos sobresaltos, y dejo aquí el paquetillo con estas y otras cuantas canciones al menos igual de coloridas. A disfrutarlas, y suerte.


miércoles, 4 de septiembre de 2024

Cumpleaños feliz

Este tugurio abrió sus puertas hace hoy quince años, así que estamos de celebración. ¿Y qué celebramos? Pues, más que nada, seguir en pie después de tanto tiempo. Cuando abrimos, el fenómeno Blogger estaba en plena ebullición: todo el mundo tenía un blog, o dos, o tres. Pero esa furia pasó hace mucho tiempo, y hoy en día hay mucha gente que opina que quienes seguimos en este mundillo somos una especie de viejos nostálgicos, puretas con ganas de dar la matraca. Y puede ser, no digo que no. Pero nadie viene obligado: si entras es porque quieres entrar. Y hay unos cuantos colegas que también siguen adelante, llevando en esto tanto o más tiempo aún que yo, porque a todos nos une la misma pasión por una música ratonera que, honradamente lo creo, conoció tiempos mejores. Unos tiempos que, por pura casualidad, fueron los que nosotros vivimos. Y sabemos que hay gente más joven atraída por el embrujo de aquella música, y nos creemos en la obligación moral de que esos momentos no se pierdan como lágrimas en la lluvia, que diría el señor Batty. 

Así que seguiremos dando la matraca un poco más: un mes, un año, lo que se pueda. Porque a veces la disciplina de publicar una entrada con cierta regularidad se hace cuesta arriba, no siempre hay ganas o tiempo, hay más cosas con las que entretenernos en nuestra vida de jubiletas... En fin, ya iremos viendo. Pero hoy es hoy, y aquí les dejo mi regalo de cumpleaños: no hay nada nuevo, solo un ramillete de canciones que ya han sonado aquí en un momento u otro. Viene siendo un resumen que define el espíritu de este bar. 

A su salud. Pero recuerden: si bebes, no conduzcas. 



viernes, 28 de junio de 2024

Verano '24

Buenos días, estimados parroquianos. 

Sí, la estación veraniega ha comenzado; al menos oficialmente, porque en esta zona la cosa no está muy clara todavía. Pero en este tugurio somos muy respetuosos con las vacaciones del personal, y por lo tanto echamos el cierre hasta el mes de septiembre, como es norma aquí. 

Así que mis esbirros y yo les deseamos un feliz verano, y que cuando vuelvan ustedes a visitarnos luzcan morenos. Por nuestra parte, aquí les dejo un pequeño presente para que las tardes en el chiringuito se les hagan más amenas. 

Suerte y cuidado con los calores. Hasta más ver. 


viernes, 21 de junio de 2024

Estados Unidos: los primeros años 60 (fiesta)

Bienvenidos a esta fiesta de entretiempo que nos toca vivir: la era del rock and roll ha terminado, y hay una languidez general que solo se resolverá con la llegada de los isleños, que arramblan con todo. Aun así, gracias al enorme tamaño de Estados Unidos, en todo momento es posible dar con algún destello de genialidad, y eso es lo que vamos a intentar. Como es norma, tienen a su disposición 12+1 piezas cuya calidad de sonido a veces es simplemente pasable, por la época y por el sello que le tocó en suerte a cada músico. Por ejemplo, hay que recordar que el sonido estéreo no era muy frecuente en singles, salvo algún grupo afortunado que grababa en casas grandes; y aún así, no todos (otra cosa son los falsos estéreos que se oyen a veces). En cualquier caso ese humilde formato fue la estrella de aquella década, e incluso ese tipo de carencias se hace entrañable con el paso del tiempo. Así que a disfrutar.

Una fiesta ambientada en los primeros años 60 de este país ha de ser inaugurada, forzosamente, por esa exaltacion del pop grandioso, arrasador, que simbolizó mister Phil Spector, cuya edad de oro es justamente esa. Spector fue, además de compositor, el productor estrella, el Wagner del pop, el creador de un término -El Muro de Sonido- que define muy bien su manera de trabajar: tanto las percusiones como las cuerdas o los instrumentos de viento iban doblados, triplicados… lo que hiciese falta con tal de conseguir un ambiente tremebundo, de “crear pequeñas sinfonías para los chavales”, como él decía (con razón Tom Wolfe lo llamó “El magnate de la adolescencia”). A veces los singles sonaban un poco sobrepasados en su calidad acústica, ya que los medios de la época eran muy justitos, pero no se puede negar su contundencia. Una de sus grandes especialidades eran los grupos de voces femeninas, y el primero que alcanzó la fama gracias a él fueron las Crystals: este tugurio se honra en comenzar la fiesta de hoy con “Da doo ron ron”, un top 5 en la primavera de 1963, una de las perlas más refulgentes del sello Philes, del cual Spector se había convertido en propietario único poco antes,  a la edad de veintiún años.

En agosto de ese mismo año llega El Cañonazo Total en las voces de las Ronettes: “Be my baby”, que para muchos especialistas es la mejor canción pop de los años 60 (o sea, de la Historia). Es imposible afirmar algo así con el acuerdo de todos, ya que, sin salir de una década tan majestuosa como fue esta, hay un buen puñado de canciones aspirantes a ese título, pero tiene una mayoría bastante solvente a su favor. Al frente de ese grupo de veteranas estaba la pizpireta Veronica Bennett, que para su desgracia acabó interesando a Spector más que por lo puramente musical. Ese interés la “convirtió” en Ronnie Spector, pero en fin: es una historia larga y desagradable que no viene a cuento ahora. Lo que importa es que tras unos cuantos años de trabajo junto a algunas familiares y amigas, Veronica es la estrella en un formato de trio que llega a lo más alto gracias a Spector y a composiciones suyas como esta. Fue también el momento de más gloria del propio sello, que a partir de ese año comenzará a perder su embrujo debido, entre otras cosas, a la llegada de los Beatles.

Entrados ya en 1965 la invasión británica había cambiado las reglas del juego, y ahora un personaje como Spector estaba sobrepasado. Fue entonces cuando vio a Ike y Tina Turner en una de sus arrasadoras actuaciones, y decidió ficharlos para llevar a cabo la grabación de unas cuantas canciones entre las que estaba la que, según él, era la más grande de toda su carrera como compositor: “River deep, mountain high”. Spector pensó que, interpretada en la voz de dinamita pura de Tina Turner, causaría una conmoción de tal calibre que le haría recuperar su lugar en el olimpo musical. Sin embargo, y aunque hay opiniones para todos los gustos, la cosa no resultó: tras cientos de sesiones de grabación en las que Tina acabó axfisiada, la participación de más de veinte músicos –media Wrecking Crew entre otros- y un montón de dinero corriendo a caño libre, el single no pasó de las profundidades del top 100 en Billboard (aunque en La Isla llegase al top 5, ¡y en España al número uno!), y como consecuencia el Lp tardaría cuatro años en publicarse en Estados Unidos. En el fondo, tal vez la cosa no sea tan difícil de entender: aparte de que “el Muro” acaba aplastando la canción, que por momentos suena saturada, a un monstruo como Tina no le va ese tipo de estilos ni de arreglos, y la versión que hizo luego con su marido tiene bastante más lógica. El caso es que ahí terminó el sueño adolescente en el que Spector había reinado durante menos de cinco años: tanto él como su público se habían hecho mayores.

Al mismo tiempo que Spector hacía florecer el pop, transitaba por todo el mapa de Estados Unidos una enorme cantidad de grupos que compaginaban en su repertorio piezas cantadas con instrumentales: por lo general, para citar las dos referencias más populares, su sonido estándar va desde los primeros Wailers hasta Johnny & The Hurricanes (especialmente las bandas del norte), e incluye todas las escalas de la música surf, que como es lógico afecta más a los californianos. Un buen ejemplo de estos últimos son los Rumblers, que como es de suponer se bautizaron así en honor a Link Wray (lo cual, por otra parte, ya da una idea de su estilo). Surgieron a finales de los años 50 en un barrio de Los Angeles, comenzaron a grabar en el 62 y con su segundo single alcanzaron su pase a la gloria en la que se alojan las bandas de segundo nivel: “Boss”, un cruce entre r’n’b y surf que se hizo muy popular en las emisoras californianas y con cuya inercia consiguieron atesorar una discografía que abarca un delicioso LP y algunos singles más. La carrera de este y todos los grupos de su estilo comenzó a declinar por, ya saben ustedes, la llegada de los ingleses esos…

Volviendo con los Wailers, cuya influencia no ha sido suficientemente reconocida, ya se pueden suponer que muchos músicos de Tacoma y Seattle fueron los primeros en seguir su estela. De entre todos sus vecinos tal vez los más brillantes fueron los Viceroys, que comenzaron su carrera más o menos al mismo tiempo que ellos, partiendo de un estilo parecido, y que en 1963 llegan a publicar un Lp en el que se nota una mayor densidad incluso de la que tenían sus maestros. Una de las piezas más destacadas de ese disco es la que lo abre, titulada “Goin’ back to granny’s” y que publicada también en single tuvo una relativa popularidad en el Noroeste. Los Viceroys llegaron justo hasta mediados de la década, ya que como muchos otros (y a diferencia precisamente de los Wailers) no supieron adaptarse a los nuevos tiempos.

También 1963 fue el año en el que se ponen los cimientos del rock de garaje. Ello es debido a que en la primavera de ese año, a la par que el éxito de las Crystals, se publica la versión más popular de “Louie Louie”, que corre a cargo de Los Kingsmen, de Oregon. La original, a medio camino entre los ritmos jamaicanos y el duduá, fue publicada en 1957 por Richard Berry, partiendo de una pieza cubana que había estado de moda poco antes; luego llegaron los Wailers en 1961 y le dieron la vuelta, marcando el estilo que habrían de seguir los grupos blancos, y a partir de ahí comenzó a formar parte del repertorio de muchas bandas del noroeste. Los Kingsmen la publican aprovechando ese rebufo con el apoyo de su manager, una de las figuras más populares en la radio de la zona, y que machacó la canción sin descanso. A eso se sumó la confusión de muchas emisoras negras, que la radiaron también pensando que se trataba de un grupo de su raza, y finalmente el single llegó al número uno tanto en Estados Unidos como en Canadá. Ni que decir tiene que a partir de ahí el número de versiones ha seguido creciendo hasta hoy mismo, y que gracias a ella los Kingsmen consiguieron mantenerse en el mercado durante varios años.

También de Bobby Fuller y su grupo la pieza más recordada es una versión, aunque con el paso del tiempo se ha hecho justicia a todo un repertorio que define muy bien la música estadounidense de transición entre épocas. Fuller era un tejano que había comenzado su carrera en 1961 con una buena parte de piezas propias en su repertorio, y algunas llegaron a ser bastante populares en la zona; sin embargo su proyección nacional no llegó hasta el verano del 64, cuando publicó su versión de “I fought the Law”. Se trata de una pieza compuesta por el guitarrista Sonny Curtis, que había entrado en los Crickets a mediados del 58 para cubrir la marcha de Buddy Holly. En aquel momento no pasó de ser una cara B en un single sin mucho éxito, pero en manos de los Bobby Fuller Four se convirtió en un éxito respetable que consolidó definitivamente al grupo. Aún tuvieron algunos éxitos más hasta la muerte de Fuller en verano del 66, en extrañas circunstancias. Nunca se sabrá a qué altura podría haber llegado: sus últimas grabaciones y su popularidad comenzaban a ser comparables con unos Paul Revere & The Raiders, aunque la "dictadura" de los británicos estaba amenazando también ese estatus.

Los músicos “de sesión” nunca han gozado de la popularidad que merecen, aunque su trabajo es imprescindible. Por ejemplo, en la rutilante “Mr. Tambourine man” de los Byrds, solo están sus tres voces principales y la guitarra de McGuinn: el resto son músicos de estudio, y sin ellos seguramente no tendría ese grado de perfección. Uno de los guitarristas que participaron en esa grabación fue Jerry Cole, como miembro de la legendaria Wrecking Crew. Su trayectoria es impresionante y abarca cientos de colaboraciones con todo tipo de músicos, así como docenas de discos grabados bajo seudónimos o en colaboración con otros; gran parte de su material son grabaciones de bajo presupuesto o versiones de temas de moda, pero también era compositor y productor. Su carrera comenzó con la década, siguiendo la estela de Link Wray, y ya en sus primeras grabaciones se nota su categoría: oigan si no esta cósmica “Buzz saw”, que grabó en 1961 junto a tres colegas bajo el nombre de los Gee Cees. Ya por entonces se podrían considerar como un supergrupo, puesto que esos tres compañeros son Glen Campbell y el futuro dúo Seals & Crofts. Solo publicaron este single y luego cada uno siguió su camino, pero para el año en que se publicó su sonido resulta vanguardista.

Y ya que hablamos de los Byrds, ahora le toca el turno a la otra canción mítica que, junto con “Louie, Louie”, forma la pareja considerada como referentes primarios de la música de garaje: “Hey Joe”. Dejando aparte sus orígenes más o menos discutidos y que en esencia se sintetizan aquí, la primera grabación de esa pieza corre a cargo de un grupo de Los Angeles llamado The Leaves. Se habían formado en 1964, y los Byrds son el principal referente que hay en la ciudad por entonces; David Crosby, que ha escuchado la canción en un bar, la incluye en el repertorio y los Leaves la escuchan de ellos, grabándola casi a continuación: será su segundo single, publicado a finales de 65 y, como en el caso de “Louie, Louie”, ni se sabe la cantidad de versiones que existen de esta canción a día de hoy. Los Leaves llegaron hasta principios de la década de los 70; no consiguieron repetir el éxito que habían conseguido con aquella carambola, pero sus dos discos grandes (en los que evidentemente se nota la influencia de los Byrds) me parecen de más categoría que todo lo que hicieron los Kingsmen.

Llegados ya a los albores del “garaje”, comienzan a surgir grupillos por doquier en los lugares más insospechados. Y uno de esos lugares es Minnesota, la patria chica de Dylan. Allí tenemos por ejemplo a los Gestures, uno de los primeros en los que los que se nota claramente la influencia beat isleña; de hecho, en su repertorio hay versiones de los Beatles, y ya en 1964 consiguen grabar un sonido bastante distinto a los estándares americanos del momento (aunque con frecuencia se nota un trasfondo surf en las guitarras y la batería). No duraron mucho, porque tanta novedad y el hecho de grabar en una pequeña casa local les cortó las alas, pero la cara A de su primer single es ya un clásico de los recopilatorios: se titula “Run, run, run”, llegó al top 40 e incluso fue publicado en la Isla. Por desgracia desaparecieron tras otro single sin repercusión a primeros del 65.

También de Minnesota son originarios los Castaways, que se establecen casi al mismo tiempo que los Gestures y cuya canción para la Historia es “Liar, liar”. En ella destaca la inolvidable voz de falsete que usa el cantante, apoyado en una marchita aparentemente tranquila pero endiablada que hizo bailar primero a sus compañeros de colegio y luego a medio país. A lo tonto consiguieron un top 10 en la primavera del 65, pero no solo eso: fueron también uno de los primeros grupos de garage a los que, por su procedencia colegial y por esa endemoniada manía que tienen algunos por inventar etiquetas continuamente, se les asignó la de “fraternity band”, es decir, nacida en las fraternity college parties. En consecuencia, el mapa de Estados Unidos está lleno de frat bands, surgidas en el ambiente estudiantil. Entre unas cosas y otras los Castaways duraron casi cinco años, y “Liar liar” ha sido objeto de versiones incluso en España: era la cara A de un single de los Íberos, uno de los mejores grupos nacionales de los 60/70.

Algunos de los músicos que formarán parte de las grandes bandas surgidas a partir de 1967/68 ya están fogueándose ahora: en concreto el guitarrista y cantante John Fogerty, su hermano Tom (guitarrista también), el bajista Stuart Cook y el batería Doug Clifford comenzaron su carrera juntos ya a finales de la década anterior en las cercanías de San Francisco. Por entonces se llamaban “Tommy Fogerty & The Blue Velvets” y andaban a medio camino entre el rock and roll blanco y la balada al estilo de los Everly Brothers. Pero a finales de 1964, influidos por la aparición de los Beatles, comienzan a cambiar de perspectiva, pasan a llamarse The Golliwogs y a partir del año siguiente su sonido suena más compacto, más vivo… hasta que en enero de 1968, en una nueva metamorfosis, pasarán a ser los Creedence Clearwater Revival: palabras mayores. Bien, pues la canción número 12 en esta fiesta corre a cargo de unos Golliwogs que están recorriendo el camino que los lleva desde sus orígenes irrelevantes hacia el estrellato más absoluto. En cierto modo su historia es un símbolo, una metáfora de esa convulsión general que está sacudiendo a Estados Unidos desde el momento en que aquellos cuatro de Liverpool aterrizaron por primera vez en Nueva York.

Y la canción 12+1, teóricamente fuera de programa, refleja muy bien el estado de enajenación en la que cayeron algunos músicos yankis ante la invasiòn de marras. Los Knickerbockers eran un grupillo de New Jersey que se había formado en 1964 y que, si no tenían mucha personalidad propia, al menos hay que reconocerles que estaban completamente al día e imitaban unos cuantos estilos de moda. A principios del año siguiente publicaron un Lp en el que, junto a estándares como el Hully Gully o La Chica de Ipanema ya incluían una versión del “I want to hold your hand” de los Beatles, grupo al que admiraban rendidamente. Y de ahí a lo que vino luego hay un paso: decididos a rendir un homenaje a sus ídolos, no se les ocurre cosa mejor que, simplemente, fotocopiar su estilo e incluso el juego de voces y publicar una canción, titulada “Lies”, que durante un tiempo sirvió para poner a prueba los conocimientos de los fans. En ese ambientillo, unos cuantos bromistas hicieron creer a más de un incauto que esta canción era una pieza “perdida” de los de Liverpool que no se había publicado por alguna razón desconocida. No hay duda de que la voz principal recuerda mucho a Lennon, y el estilo básico es claramente beat; pero el tipo de guitarras, por ejemplo, no cuadra. En fin, que posiblemente aún hoy haya alguien por ahí intentando colársela a alguien. ¿Ustedes se lo creerían?

Y con este curioso “fake” termina la fiesta estadounidense de entretiempo, de una transición tristemente olvidada. Es verdad que la relevancia de sus protagonistas no alcanza ni de lejos el relumbrón de lo que vendrá luego, pero yo creo que fue una época entrañable, con mucha inocencia y mucha ilusión. Y por supuesto, aquí les dejo el paquetillo correspondiente. Hasta más ver.

viernes, 22 de marzo de 2024

Santas vacaciones

Queridos parroquianos, el tiempo pasa en un soplo: ya estamos otra vez a las puertas de la Semana Santa. Lo cual en este tugurio significa que tenemos una nueva excusa para cerrar el local, salir por pies y disfrutar de unas merecidas vacaciones. Bueno, merecidas no sé, pero vacaciones son. 

Así que les deseo unas muy felices procesiones, flagelaciones, rosarios y demás alternativas lúdicas para estos días, esperando que vuelvan a la rutina en buen estado de forma. Por nuestra parte, aquí queda un pequeño botiquín de auxilio para sobrellevar mejor nuestra ausencia.

Sean buenos. O no.

viernes, 23 de febrero de 2024

Fiesta 1960-65

Como suele ocurrir en este tugurio, a la vuelta de un viaje hacemos fiesta: hemos estado visitando la hermosa Arcadia británica que constituye el primer quinquenio de los dorados años 60, y hoy terminamos ese viaje. Tras cumplimentar a la mayoría de las grandes figuras que poblaron aquel tiempo, ahora lo haremos con algunos de esos nombres que suelen pasar desapercibidos en este tipo de historias; también con otros que quizá sean muy famosos en un futuro próximo, pero que aún están empezando su carrera cuando esa época termina. Y como siempre, recurriremos al formato 12+1, tan querido en este local. Así que pongámonos a ello sin más dilación. 

En los primeros años 60 se consolida una figura que hasta entonces no había tenido unas atribuciones muy claras: la del productor discográfico, que tanta importancia va a tener a partir de ahí. Hasta entonces y bajo la difusa nomenclatura de “ingeniero de sonido” o cosas similares, una o más personas atendían al control de volúmenes en la grabación, el empaste de voces e instrumentos y poco más. Pero la situación ya había comenzado a complicarse con la llegada del rock and roll, porque la mayoría de los profesionales estaban acostumbrados a la música sinfónica o los baladistas con orquesta, y no sabían cómo tratar estos nuevos tipos de sonido. Y es en esa época cuando surge en la Isla un personaje fundamental: Joe Meek. Fue el primero que comenzó a experimentar ya a mediados de los años 50 con trucos de sonido y sistemas novedosos de grabación, tratando de exprimir al máximo los pobres equipos que había por entonces. De ese modo daba un salto de categoría, elevando un trabajo que hasta entonces era bastante cuadriculado y convirtiéndolo en una parte más del proceso artístico y creativo de una canción. Luego llegaron especialistas tan decisivos como George Martin o Phil Spector, pero él fue quien definió el futuro de la profesión. 

Meek era un visionario también en lo relativo a la propia música y, tras unos primeros años dirigiendo grabaciones de rock and roll y pop blanco, comenzó a desarrollar un estilo de sonido que daba a las grabaciones un aire fantasmagórico, casi espacial. De hecho una de sus obsesiones era la posibilidad de que hubiese otros tipos de vida en las galaxias (junto a su firme creencia en el Más Allá), y estaba convencido de que en el futuro la música popular estaría basada en la electrónica. Con ese planteamiento, no es extraño que los teclados fuesen sus instrumentos favoritos. Su mayor éxito llegó en 1962 produciendo a un grupo instrumental: los Tornados, que Meek solía utilizar como banda acompañante para muchas de sus grabaciones con estrellas solistas, y que convirtió en una especie de alternativa “electronico espacial” a los Shadows, que por entonces estaban arrasando. Para los Tornados compuso “Telstar”, un homenaje al primer satélite de comunicaciones para señal de televisión, que se había lanzado en Julio: el single se publicó tan solo un mes más tarde, y fue número uno en medio mundo durante mucho tiempo. La Decca, consciente de lo que tenía entre manos, se gastó el dinero haciendo que este fuese uno de los primeros singles grabados tanto en estéreo como en mono. Y los aficionados jovenes y no tan jóvenes se quedaron extasiados ante una pieza que está a años luz de todo lo que se grababa por entonces, con una melodía emocionante que recuerda en parte a la mítica de la música western pero con ese toque futurista que ilusionó a toda una generación.

En cuanto al pop vocal, otra de sus especialidades, uno de los grupos que dirigó anduvo por un tiempo en lo más alto de las listas. Se trata de los Honeycombs, que entre otras cosas destacaba por tener una de las primeras baterías femeninas (si no la primera) en la historia de los grupos poperos: la adorable Honey Lantree. El caso es que debutaron en verano del 64 con una canción titulada “Have I the right?”, que llegó al numero uno de las listas y que estaba producida por Meek, con ese sonido tan característico. Los Honeycombs publicaron algunas canciones más y un Lp realmente delicioso, aunque su popularidad fue decayendo pronto: la mayoría de los aficionados estaban descubriendo el beat y el r’n’b, mucho más actuales que ese pop “excesivamente” blanco que comenzaba a sonar pasado de moda. Y ese fue uno de los muchos problemas de Meek, no entender que el futuro estaba antes en una fusión con la música negra que en el tipo de aparatos que se usase. En cualquier caso, quien quiera indagar un poco más en la alucinante historia de este señor y conseguir absolutamente toda su obra, no tiene más que visitar al Archivero Mayor del Reyno, es decir, don José Kortocircuito. Ya verán, ya…

De todos modos el sonido más o menos “futurista” no era patrimonio exclusivo del señor Meek: en todo Occidente hubo una fiebre por los grupos instrumentales entre la época del rock and roll y la llegada del beat, y en la Isla hubo unos cuantos aparte de Shadows y Tornados. Por ejemplo los Dakotas, que de un modo u otro siguen en activo (o al menos la “franquicia”). Al igual que los Tornados, trabajaron también durante un tiempo como banda acompañante de un solista -en este caso Billy Kramer-; pero tienen una pequeña discografía que resulta encantadora, con muchas piezas propias, y fueron comparados con las bandas surf americanas (los Ventures hicieron versión de algunas piezas suyas). A veces sorprende su visión tan moderna del sonido, como en esta “Oyeh” de 1964.

El beat, que había sido el punto de arranque para la revolución de la música popular, tuvo su momento álgido entre 1961 y el 64, más o menos: a partir de ahí, los Beatles fueron los primeros en darse cuenta de que el género ya no daba más de sí y comenzaron a evolucionar. Sin embargo a su sombra intentaron prosperar una buena cantidad de grupos, especialmente en Liverpool pero también en otras ciudades, y algunos ya pasaron por aquí. La mayoría de ellos no llegaron muy lejos, pero algunos consiguieron acabar convertidos en una especie de “bandas temáticas” de las cuales algunas todavían andan por ahí. Por ejemplo, los Merseybeats: nombre de grupo más beat que ese, imposible. Su producción discográfica no es muy amplia, pero en su momento tuvieron bastante popularidad. Por otra parte ha sido una escuela de músicos, ya que bajo la batuta del inmutable guitarrista Tony Crane han pasado por ahí decenas de ellos. Parte de su repertorio era propio, aunque por lo general destaban por sus versiones; especialmente esta magnífica interpretación de la clásica “Fortune teller”, un bonito cruce entre beat y r'n'b.

Porque ya en el 62/63 comienza a consolidarse la afición por el r’n’b. Y por supuesto también en ese estilo hay unos cuantos grupos que, sin llegar a la altura de los grandes, han quedado en la memoria de los aficionados. Por ejemplo los Nashville Teens, que habían comenzado su carrera junto a las bandas beat haciendo giras por Hamburgo. Comenzaron siendo una banda de rock and roll blanco (su nombre es bastante revelador), pero luego se fueron adaptando a al r’n’b y, aunque su mejor época terminó a mediados de la década llegaron hasta principios de los 70. Eran otra de esas bandas que sabía imprimir carácter propio a sus versiones, como se puede comprobar ya en su debut con “Tobacco Road”. 
 
Una de las características de las nuevas bandas dedicadas al r’n’b era su potencia en directo, que en ocasiones llegaba a términos cercanos al salvajismo: pronto se hicieron famosas las trifulcas que montaban en el escenario los Kinks, Who o los Pretty Things. Estos últimos, con un estilo cercano al de los Stones, pasaban por ser mucho más “violentos” que ellos; pero pronto surgió otro grupo que, en ese mismo estilo, llegó a superar incluso a los Things: los Downliners Sect, a los que por supuesto una parte de la prensa disfruta etiquetando ahora como “protopunk”. En el aspecto creativo nunca fueron muy destacados, pero no se les puede negar una enorme pasión en lo que hacían, y sus fans lo eran a muerte. Ah, y son otra de esas agrupaciones incansables que siguen funcionando hoy en día, aunque supongo que sus directos ya no son tan incendiarios.

Otro grupo que sigue en activo son los Sorrows, tan clásicos como los Sect. Tras ganarse una fama en su Coventry natal bajaron a Londres y comenzaron trabajando con Joe Meek, pero pronto los fichó el sello Pye y allí se labraron una fama de banda contundente, a medio camino entre r’n’b y un beat muy vitaminado que está en el origen de lo que hoy en día se considera “freakbeat”. Su primer Lp, titulado “Take a heart”, del 65, contiene la mayor parte de las grandes canciones de sus singles, y es uno es uno de los infaltables en cualquier listado de discos memorables de aquella época. Tras unos cuantos años de baja, dos de sus componentes originales levantaron el grupo de nuevo y ahí siguen, adorados por unos cuantos fans, tanto mayores como jóvenes (eso del freakbeat tiene mucho gancho, pueden creerme). Y de aquel magnífico disco grande, aquí tenemos la canción que le da título.

Este mundillo nos muestra a veces personajes pintorescos, que acabaron siendo músicos profesionales como podían haber sido cualquier otra cosa. Un buen ejemplo es Dave Clark, un tipo alto y robusto que comenzó trabajando como doble en películas y jugaba al fútbol como semi aficionado. En 1958, cuando tenía diecinueve años, su equipo necesitaba financiación para viajes y material, así que Clark decidió montar un grupo en el club para tocar en fiestas y recaudar dinero. Él mismo se compró una batería y aprendió a tocarla por su cuenta; y así a lo tonto, en poco tiempo ya estaban trabajando como banda de acompañamiento para solistas de Tottenham, su ciudad. Bien, pues a principios de los 60 decide abandonar todas sus aficiones anteriores y dedicarse exclusivamente a su grupo, los Dave Clark Five, que en poco tiempo se convierten en uno de los fenómenos pop más destacados en la Isla y Estados Unidos. Los Five son una organización muy profesional que Clark dirige con mano de hierro; él es ademas el productor, manager principal y compositor de la mayoría del repertorio. Un repertorio bastante “fiestero”, muy al gusto americano, que de todos modos ha dejado unas cuantas canciones de éxito que no estaban mal del todo. Por ejemplo…

Otros por el estilo son los Herman’s Hermits, a los que una buena parte de la preclara prensa británica llegó a considerar por un momento la alternativa más sólida al poderío de los Beatles. Comenzaron a grabar en 1964 y su frontman era Peter Noone, un estudiante de Artes escénicas que entró en el grupo con solo quince años; pero ya era conocido por algunos trabajos para la televisión, y pronto su cara se hizo popular en las revistas musicales. Los Hermits eran de Manchester, y bien dirigidos por el veterano empresario Harvey Lisberg consiguieron estar en lo alto de las listas británicas y estadounidenses durante tres o cuatro años. La mayor parte de sus éxitos eran versiones o piezas escritas para ellos, y a finales de la década comenzaron a pasar de moda: entonces Noon prosiguió una carrera cinematográfica y televisiva que fue alternando con una discreta producción discografica como solista. En fin, que al igual que los Five probablemente ganaron más dinero en Estados Unidos que en la Isla (su pop era también muy americano, muy estándar) y dejaron unas cuantas canciones bastante agradables. Pero vamos, de ahí a los delirios de unos cuantos periodistas "especializados" hay un buen trecho.

Volvemos a la “ortodoxia” con un cantante de la categoría de John Baldry, que a causa de su altura (dos metros, más o menos) pronto se ganó el apodo de “Long John”. Fue uno de los primeros intérpretes británicos de blues, y pronto se hizo conocido gracias a su pertenencia a la banda de Alexis Korner; en esa época llegó a actuar con prácticamente todas las figuras del naciente r’n’b británico, y organizó una banda alternativa para dar cobijo a unos cuantos de ellos (Jones, Jagger y Richards, por ejemplo). En 1963 se puso al frente de la banda de Cyril Davies tras la muerte de este (ahí debutó Rod Stewart, entre otros), y en 1964 grabó su primer Lp como figura solista. Para entonces ese estilo ya estaba superado por las bandas emergentes y su carrera se fue manteniendo mal que bien, pasándose a las baladas pop y dando algunos bandazos de vez en cuando. Hoy se le recuerda poco, pero en su tiempo tuvo tanta importancia como los demás veteranos del circuito blusero: gracias a él destacaron unas cuantas futuras estrellas.

En general, el estatus de los cantantes solistas se verá comprometido por el tremendo auge de los grupos, aunque siempre habrá algunos con personalidad suficiente para mantenerse arriba. Por ejemplo Joe Cocker, que debuta en 1964 con un primer single de versiones totalmente opuestas, como si estuviese probando suerte entre dos públicos distintos. La idea no fue suya sino del sello, pero resulta chocante: estaban convencidos de que esa voz tenía futuro, pero al parecer no sabían dónde “colocarlo” e hicieron un experimento que no salió bien. En la cara A Cocker interpreta el “I’ll cry instead” de los Beatles, reforzando el tono blanco y llevándola casi hasta la órbita rockabilly (el estilo en el que había comenzado a cantar de adolescente) con ese contrabajo que se oye de vez en cuando. Y al dar la vuelta al disco nos encontramos con “Precious words”, que habían publicado poco antes los Wallace Brothers: o sea, soul. Y muy bien llevado además, en la onda de su admirado Ray Charles. La voz de Cocker en esta pieza ya es sobresaliente, pero tal vez por esa esquizofrenia de estilos el disco pasó desapercibido y Decca prefirió dejarlo ir. Así que aún pasarán dos o tres años hasta que, tras una particular travesía del desierto, su carrera comience a despegar.

Y aquí tenemos otro solista cuyos inicios fueron bastante dubitativos: su debut tiene lugar en 1964, pero aún pasarán algunos años antes de que comience a despuntar. Se trata de David Jones, otro que tampoco tiene muy claro por dónde tirar. Del coro en su colegio pasó a cantar rock and roll con sus amigos, y con diecisiete años consigue su primer contrato discográfico en el vetusto sello Vocalion acompañado por los King Bees, su segundo grupo más o menos serio. La cara A, “compuesta” por su manager, se titula “Liza Jane” y en realidad es una modificación de una pieza tradicional que habían versionado pesos pesados como Nina Simone, por ejemplo. Jones y sus amigos la convierten en un r’n’b bastante decente, pero el disco pasa sin pena ni gloria (en la cara B había una versión del “Louie go home” de Paul Revere, pasable sin más). Jones abandona ese grupo, entra en otro, graba otro single al año siguiente, pero el quinquenio termina sin que su situación haya mejorado. En enero del 66, ante las posibles confusiones que puedan surgir con otro David Jones que está también en el negocio, nuestro Jones decide cambiar su apellido y pasa a presentarse como “Bowie”. Pero esa ya es otra historia y será contada en otra ocasión.

Llegamos por fin a la selección 12+1, que como siempre está fuera del menú. Esta vez se trata de un grupo de músicos que no llegó a publicar un solo single: sus escasas grabaciones en estudio, en diciembre de 1965, quedaron guardadas y no se volverá a saber de ellas hasta quince años después. La historia arranca cuando Long John Baldry decide reunir un nuevo grupo en el que incluirá otras dos voces además de la suya: la de su protegido Rod Stewart y la de Julie Driscoll, una señorita que no tiene nada que envidiarles. Driscoll había sido descubierta por Giorgio Gomelski, que la empleó como administradora del club de fans de los Yardbirds para tenerla cerca: se había dado cuenta enseguida de su maravilosa voz, y desde el primer día comenzó a insistirle en que debería emprender una carrera como cantante profesional. Otro de los personajes que también destacarán pronto es el teclista Brian Auger, que ya comienza a ser uno de los fijos en el mundillo mod (como lo es también Stewart y lo será pronto Driscoll). Baldry busca tres buenos profesionales para la base rítmica y la guitarra, y bautiza el grupo como The Steampacket. Llegaron a actuar en varios locales, pero en pocos meses la agrupación se disolvió por problemas a la hora de grabar: el conflicto por derechos entre los sellos discograficos de unos y otros más las diferencias entre sus managers liquidaron esa posibilidad. Pero las cintas se han reeeditado ya varias veces y son una muestra inestimable del sonido que ambienta toda una época.


Bien, pues se acabó la fiesta y, como es costumbre, aquí les dejo el paquetillo correspondiente para que lo disfruten ustedes en la intimidad de sus hogares y en compañía de sus seres queridos, o no. Por nuestra parte, seguiremos informando…