Los escombros y los libros de arena (Cuento)

Los escombros y los libros de arena

Por: Darío Valle Risoto

Adolfo otrora: “R211” y rebautizado por Victoria como: “Lata” descubre porque sigue con ella a pesar de su extraño humor y sus arrestos de mal carácter. Sigue porque de la muchachita le intriga  ese inusitado entusiasmo por las cosas simples e insignificantes, más insignificantes aún si contamos conque el mundo se ha ido inexorablemente al carajo.

Cuando dejaron ese ignoto pueblo luego de recorrer unos cincuenta kilómetros a pie encontraron una ciudad mediana en alguna provincia costera de la argentina. Ella entonces al tomar una calle principal pega un grito que sobresalta hasta al gato y corre como si hubieran encontrado una tarta de manzana.

Bruno la sigue como siempre sorteando algunos cadáveres resecos de locales, una ambulancia quemada e incendiada hace ya mucho tiempo y la silueta de un enorme cartel de Bridgestone caído sobre un local de empanadas. Y Adolfo los sigue a ambos preguntándose dentro de su portentoso cerebro positrónico si tal vez el no sea más que la mascota de Victoria. Una mascota de lujo, prefiere pensar.

El edificio supo estar prolijo hace mucho tiempo, ahora es otro remedo más de la civilización. Es una biblioteca donde se lee: “Biblioteca popular Eva Perón” en un cartel carcomido por el óxido y la intriga del tiempo.

__ ¡Lata, al fin una biblioteca !, ¡Ya estoy podrida de leer siempre el mismo libro!

Victoria entra, la recepción tiene como tantas cosas en esos tiempos un fuerte olor a podrido, a humedad y abandono. El agua de lluvia contaminada entró por alguna de las ventanas rotas y allí donde mojó lo destruyó todo con su contaminante contenido verdoso.

Levanta de una estantería semi derruida un libro con la mano derecha como si fuera el trofeo de todos los trofeos, el premio de la vida, de la esperanzas, de la suerte.

__ ¡Borges lata! ¡Es Borges, me cago en dios! __ Lo pone sobre una mesa suficientemente limpia y sigue buscando, se queda muda mirando el lomo de  “El ladrón entre el centeno” de Salinger. Lo coloca con reverencia Junto al Libro de Arena, Moby Dick de Melville, La borra del café de Benedetti y otros y otros.

Adolfo se quita el sombrero fedora y mira a la calle por las ventanas enormes y casi destrozadas de la biblioteca, afuera nada se mueve. Afortunadamente. Está anocheciendo por lo que encuentra un farol sobre una mesa pero no enciende, no tiene combustible. Camina entre las estanterías de libros y se topa con el cadáver de un soldado muerto. Victoria sigue acumulando diferentes libros sobre la mesa y mencionando títulos y autores en voz alta mientras el gato la observa con gesto inexpresivo y poco interesado.

El soldado muerto tiene en unas de sus manos una carta escrita dedicada a su esposa. Adolfo lee los primeros párrafos donde el hombre sabe que está muriendo contaminado y que nadie jamás leerá su despedida. A unos pocos pasos hay otro soldado muerto y otro más, aparentemente se habían refugiado en la biblioteca de algo que pudo ser una lluvia radioactiva u otra cosa. Todos tienen mascaras de protección.

__ Hay un camión de los milicos al costado de aquí, viste que… __ Victoria que acaba de sortear el recodo de las estanterías haya el mismo cuadro de los soldados muertos que acaba de encontrar Adolfo. Este le da la carta para que la lea.__ Bueno, al menos nosotros leímos la carta de este desgraciado.__ Dice como consuelo.

Se retira unos pasos y le vuelve a poner la carta en la mano reseca, aún tiene su casco puesto y levemente se ve la insignia de la armada argentina en su uniforme.

Al fin el androide encuentra un farol que funciona, preparan un refugio lejos de las ventanas en una oficina, con trabajo Victoria entra sosteniendo una pila de libros entre sus brazos. Bruno la sigue y le maúlla pidiendo comida.

La muchacha deja la mochila sobre un escritorio y saca una lata de sardinas, el gato come con ganas, ella no tiene hambre y desde luego Adolfo tampoco.

Se sienta a ojear un libro y luego mira al fuego del farol a kerosene que oscila, comienza a hacer frío, se siente triste.

Adolfo se quita el largo abrigo negro y lo cuelga en un perchero vacío.

__ ¿Por que usas abrigo si no sientes frio?

__ Creo que es por costumbre, me gustaban las películas donde habían protagonistas de largos sacos negros cuando daban cine en los laboratorios en California. Realmente no se cual es la razón: estética me imagino, igual que este sombrero. __ Dice jugueteando con el fedora negro entre sus dedos de metal y plástico azul transparente. __ ¿Sabes que no podrás cargar con todos esos libros todo el tiempo?

__ Bueno, ¿Podrías cargarlos tu?

Adolfo la observa, ella saca un paquete de cigarros y enciende uno. Está a punto de decirle que eso le perjudica la salud e inmediatamente se da cuenta en esos tiempos de lo absurdo de tal consejo.

__ Sabes que todos esos libros que te trajiste los tengo en mi memoria, podría recitártelos durante el viaje si así lo prefieres.

Victoria se prepara una improvisada cama en un rincón acomodando unas cortinas sobre otras y restos de ropa dejada por quienes antes fueran empleados de la biblioteca que encuentra en un ropero.

Adolfo baja el farol al piso y se sienta a su lado con la espalda apoyada en una pared agrietada. En la lejanía se escucha el aullido de un perro.

__ No hay mayor placer que leer mi querido “Lata”, que te “enchufaran” miles de libros no es lectura sino una violación intelectual. Ja ja ja.

Adolfo pestañea extrañado mientras Victoria se queda dormida abrazando al gato.

FIN

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Los Escombros y los siete pasos (Cuento)

Los Escombros y los siete pasos

Por: Darío Valle Risoto

El pueblo sobrevino a la ciudad, misma destrucción, mismo abandono, pero todo más chico, aunque Adolfo se permite pensar dentro de su maravilloso cerebro positrónico que esos muertos mucho antes del apocalipsis ya conocían el final de los tiempos. Pobreza, miseria falta de los más mínimos recursos, casas de chapas, maderas y cartón. Victoria mira al androide que camina lento por la calle de tierra y observa que él está meditando algo.

__ Te ofrecería un dolar por tus pensamientos pero en estos tiempos solo sirven para limpiarse el cu…

__ Humanos pobres, miseria, hambre, mugre, vidas sin esperanzas desde la cuna. En eso pienso. ¿Que clase de gobiernos permitieron algo así?

__ No te hagas, en tu país también había miles de gentes pobres viviendo en las calles o debajo de las autopistas.

__ ¿Mi país? ¿Los estados unidos? __ Se detiene Adolfo sobre sus botas de cuero, mueve la tierra con el pie derecho, mira al horizonte donde ha terminado de amanecer. El cielo luce de nuevo un sol enfermo entre colores inesperados.__ Yo no tengo país, jamás lo tuve. __ Dice casi con rabia.

Una niña mutante de piel verde sale de su cobijo debajo de una camioneta volcada y le ofrece una fruta al androide. Está casi desnuda vestida con harapos, le sonríe mostrando una boca casi sin dientes. Puede tener unos cinco años.

__ No, gracias: soy un androide, no comemos los androides, somos como esa muñeca de trapo que cargas niña… somos… de mentira. __ Ella se guarda lo que parecía una fruta pero en realidad era una pelota roja de plástico.

Victoria buscó en su mochila y eligió una lata de duraznos en almíbar, la abrió y se la ofreció. Ella la olisqueó un par de segundos y usando ambas manos casi se la volcó entera en la pequeña boca. Estaba sucia, descalza, su piel verdosa denotaba envenenamiento nuclear.

Un perro flaco se paró junto a la pequeña, Bruno siseo y encrespó el lomo y trepó a los brazos de Victoria.

__ Pobrecita, al menos no tenía deformidades visibles. Todo esto es una mierda Lata, no sé cuanto voy a aguantar sin pegarme un corchazo.

Acariciando a Bruno siguió su camino junto a Adolfo que cargaba una mochila bastante más grande con comestibles, en determinado momento quiso retornar para dejarle comida a la niña pero él se rehusó. No hicieron falta demasiadas explicaciones porque encontrar a esas alturas gente presuntamente viva era como un retorcido milagro y podrían ser cuestiones de horas o días para que la muerte las vaya a recoger.

__ ¿Cuantos misiles nucleares se dispararon en esa guerra de mierda?

__ Miles o millones, pero lo peor fueron las armas biológicas.

__ ¿Pero no estaban prohibidas?

Adolfo encontró un lugar donde sentarse en una plaza en bastante buen estado, un monumento ecuestre mostraba a un ignoto hombre levantando una espada al cielo.

__ Todas las grandes naciones se burlan de los tratados internacionales a la hora de sobrevivir, no sabes cuantas cepas de enfermedades se diseminaron por todo el planeta, es casi un milagro que personas como tú estén completamente sanas, afortunadamente quedan algunas que tuvieron suerte. Fueron siete días desde el primer cohete nuclear de Israel hasta el racimo nuclear de corea del norte y Rusia que borró prácticamente todos los estados unidos del mapa.

__ ¿Y Europa?

__ Rusia la destruyó completamente en dos días, el quinto y sexto.

__ ¿Y en el séptimo día dios descanso?

Victoria sacó una lata de galletas y se puso a comer. Su pregunta quedó flotando en el aire, luego bebió agua embotellada, pensó de nuevo en la niña, en el perro, en ese hueco de tristeza que le enturbiaba la sangre.

Bruno bajó al piso de hierbas crecidas, en un sector de la plaza estaba el cadáver de lo que fuera un muchacho, a su lado un skate se veía aunque podrido con algunos de los colores que alguna vez le dieron presencia.

__ ¿De donde sacaste esa fabula bíblica de los siete días?

Victoria sonrió, comer le había levantado un poco el ánimo, un poco al menos.

Le dijo que le parecía curioso que en tiempos de destrucción masiva tanta gente había elegido ir a morir dentro de templos e iglesias aferrándose a un sueño inútil de preexistencia. Adolfo aseguró que no había absolutamente ninguna prueba de existencia o algo parecido más allá de la muerte, que todo era una construcción de gente primitiva y temerosa al olvido eterno.

__ Supongo que en su ignorancia al menos murieron todos juntos.

__ Todos morimos solos niña.

__ ¿Y tu puedes morir?

__ Puede pasar algo y apagarme para siempre, aunque si mis celdas de memoria se instalan en otro cuerpo podría volver a circular.

__ Así que cuentas con más oportunidades que nosotros los humanos Lata.

Ambos se quedaron en silencio mientras Bruno se puso a correr a unas palomas.

Unos kilómetros más atrás la niña mutante harapienta de piel verdosa luego de comer había vomitado sangre, se había tirado boca arriba sobre la tierra reseca y se había quedado en silencio en medio de la nada para siempre.

FIN

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¿Existe realmente la clase media? (Sociología)

¿Existe en realidad a clase media?


Visión general creada por IA

La existencia de la clase media es un tema complejo que oscila entre una realidad económica mensurable y una construcción social/política utilizada para generar estabilidad y consenso. Aunque sociólogos y economistas la definen técnicamente, críticos argumentan que es un «invento» para disfrazar la división fundamental entre trabajadores y propietarios de capital. 

Aquí te detallamos las dos perspectivas:

1. La clase media como construcción artificial o «ilusión» 

Esta visión argumenta que la clase media no tiene una base sólida y funcional como las clases trabajadoras o capitalistas, sino que es un concepto moldeado por el capitalismo para evitar la lucha de clases. 

  • Disfraz del proletariado: Argumentan que si una persona depende de su salario para vivir, es clase trabajadora, independientemente de si gana lo suficiente para tener comodidades.
  • Anomalía histórica: La clase media estable fue un fenómeno excepcional del auge económico de la posguerra (1950-1970), no una norma histórica.
  • Trampa de deuda: Se sostiene que la «seguridad» de la clase media actual no proviene de la acumulación de capital, sino de la financiación y la deuda (hipotecas, tarjetas), haciéndola vulnerable.
  • Uso político: Es un término vago usado por políticos para captar votos, logrando que muchas personas se identifiquen con ella, incluso cuando sus ingresos reales no lo respaldan. 

2. La clase media como realidad socio económica

Desde un punto de vista técnico, la clase media existe como una categorización estadística para describir a un grupo con características específicas entre la clase baja y la alta. 

  • Definición por ingresos: Instituciones como la OCDE la definen frecuentemente como aquellos hogares con ingresos entre el 75% y el 200% de la mediana nacional.
  • Características: Se asocia con ciertos niveles educativos, ocupaciones no manuales (profesionales, técnicos), propiedad de vivienda y capacidad de consumo discrecional (viajes, restaurantes).
  • Función social: Actúa como un colchón de estabilidad económica y social que fomenta la movilidad social. 

Conclusiones clave sobre la «clase media» hoy

  • Es subjetiva: Mucha gente se identifica como clase media por aspiración o para evitar la etiqueta de «pobre» o «rico».
  • Está en crisis: En las últimas décadas, la clase media se ha reducido en muchos países desarrollados, convirtiéndose en una «clase media vulnerable» que enfrenta mayores costos y menos seguridad económica.
  • Diferente de la clase trabajadora: Aunque comparten la necesidad de trabajar, la clase media se distingue por tener «capital humano» (educación, habilidades especializadas) y, a menudo, acceso a activos financieros, según algunas teorías sociológicas. 

En resumen, la clase media existe como una categoría socio económica, pero la percepción de que es una mayoría estable y segura es, en gran medida, una construcción artificial o una aspiración que difiere de la realidad material de muchas familias. 

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Los Escombros y el Camino (Cuento)

Los Escombros y el camino

Por: Darío Valle Risoto

Victoria o “Vicky” camina por los corredores del viejo hotel como si buscara algo pero en realidad no busca nada. Hace tiempo sabe aún en su notable juventud que las cosas vienen a una y no una a las cosas. Adolfo camina detrás escaneando en busca de sonidos u ondas de calor que anticipen algo con vida, algo grande y más peligroso que ratas o cucarachas.

Una enorme rata gris con una raya blanca en el lomo se para al final del corredor y Bruno se tira de los brazos de la muchacha al piso, levanta el lomo y sisea frenéticamente mirándola con sus insondables ojos amarillos, la rata desaparece en un hueco en la pared.

__ ¡Ese es mi pollo!

__ Es un gato.

__ ¡Muy buena corrección Lata! ¡Jamás me lo hubiera imaginado!

Abre cualquier habitación, una que como todas también está cubierta de polvo, sobre una cama un matrimonio de ancianos lucen momificados abrazados. Se ven casi como si estuvieran vivos, a sus pies yace un enorme perro ovejero alemán. Los tres forman un cuadro extraño y perturbador.

Victoria se aproxima a ellos y los observa preguntándose millones de cosas. El hombre y la mujer murieron juntos mirándose uno al otro, ahora ya no tienen ojos pero la imagen es elocuente.

La muchacha recoge una gran sabana que encuentra tirada en el piso y con ella los cubre delicadamente, casi con temor a despertarlos.

__ Una buena muerte… supongo.

__ Envenenamiento por radiación, las personas de mayor edad solían ser mucho más resistentes que ustedes los jóvenes porque…

__ Gracias Lata, no necesito esos datos.

__ No me digas Lat…

El androide se detiene en su enojo al ver que los ojos de la muchacha están cubiertos de lágrimas, se acerca a ella y se las limpia con sus dedos de plástico azul transparente sintiendo apenas la humedad salada de su tristeza.

Victoria sonríe con resignación y se sienta en una poltrona sucia a un costado de la cama que ahora muestra solo los bultos debajo del lienzo gris que antes quizás fuera blanco.

__ ¿Que estamos haciendo Lata?, ¿A donde vamos?, ¿De donde venimos?

__ No tengo respuestas, pero estamos juntos, creo que es importante… hasta Bruno que nos encontró y luego cuando lo dejamos atrás nos buscó de nuevo y jamas se separa de ti, de nosotros.

En ese momento el gato entra a la habitación con la rata de la mancha blanca en el lomo muerta entre sus mandíbulas y las deja a los pies de Victoria que levanta las piernas asqueada.

__ ¡Bruno! ¡Dejate de hacer esas asquerosidades!

Adolfo le acaricia la cabeza a la joven en señal de que todo está bien, ella corre al baño a vomitar cuando le ve las tripas de fuera al enorme roedor.

__ Bruno, esas no son buenas costumbres, deberíamos reprogramarte. __ Le aconseja el androide al gato tuxedo que camina detrás de ella y él aprovecha a tirar el cadáver de la rata por el hueco de un cristal roto de una ventana hacia la calle.

Observa tres pisos abajo a la avenida que muestra el mismo paisaje de destrucción y muerte, no se ve nada en movimiento, solo papeles que el viento recoge y mueve en conspicuos remolinos sobre esqueletos y autos oxidados.

Victoria abre su mochila y con el agua de un termo que lleva moja apenas una toalla de mano y se limpia la cara, se peina, ensaya varias sonrisas y gestos frente a un espejo sucio y carcomido por el tiempo.

Adolfo llega detrás y piensa rápidamente en formas de consolarla: necesita hacerlo.

__ Lo importante es el camino.

__ No me jodas con Serrat.

__ Esa frase era de Constantino Kavakis un poeta griego, se que es un cliché pero uno positivo si me lo permites.

__ Bueno, te encontré a vos y a ese gato asesino de ratas, eso debe importar.

__ En realidad yo te encontré a ti y Bruno nos halló a los dos, en dos ocasiones para ser exactos.

El gato se sube al inodoro y los observa, luego comienza a lamerse una pata y los dos lo estudian allí tan cercano y lejano en su vida animal que a veces parece  sin preocupaciones.

__ Bueno, vamos al sur donde debe estar el aire cada vez más puro, tal vez en Ushuaia haya gente que no tenga la piel verde o escamas o tres ojos…

__ Lo dudo mucho, si la hubiera habrían transmitido algo por radio y mis receptores no reciben más que estática cuando los prendo.

Victoria se sienta al borde de una vieja bañera de porcelana que luce sucia y quebrada, se saca una bota y muestra su media agujereada con el dedo gordo a la vista.

__ ¿Así que también tenés FM Lata? ¡Sos una caja de sorpresas Arturito!

__ Me llamo: Lata… perdón: Adolfo.  Me desorientas muchacha, me desorientas.

Ella se ríe mientras Bruno baja de su posición y golpea su cara contra la pierna de su única humana.

Afuera cae la noche.

FIN

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Los Escombros y el Predicador (Cuento)

Los Escombros y el predicador

Por: Darío Valle Risoto

Lo escuchan en medio del silencio imperante donde solo el viento suele ser la única sinfonía en un mundo ausente de vida, de compromisos, de amor.

Vicky mira a su compañero de viaje, el gato se tira de sus brazos al piso y con celeridad caza a una rata a la carrera de esta y vuelve con la presa entre sus mandíbulas y la deposita con orgullo a los pies de la joven pelirroja.

__ ¡Que asco!, ¡Está despachurrada!

__ Los gatos dejan presas como regalos a aquellos que aprecian, tú en este caso aunque debe ser por la total ausencia de otra gente.

__ Gracias Lata, no era necesario, cuando el mundo estaba… sano supe tener un gato allá en mi país.

__ ¿Narnia?

__ Cuba, pelotudo.

Adolfo escanea la zona, ambos vuelven a escuchar ahora  no muy lejos más nítidamente la voz de un hombre que está recitando pasajes de la biblia: Deuteronomio, Eclesiastes y otros que el hombre artificial no puede identificar.

Al acercarse a un cruce de dos avenidas, entre autos destruidos y esqueletos humanos lo ven al tipo en lo que fuera un estacionamiento. Es gordo, tiene un traje color marrón inmensamente roto y sucio y levanta una manoseada biblia con las manos mientras aparentemente les está dando un sermón a un grupo de esqueletos de hombres, mujeres y niños sentados frente a él al aire libre en bancas de parque.

__ Mejor evitemos a este loco de la cabeza, puede ser peligroso.__El androide le advierte poniendo su mano para que Victoria no se le adelante, pero ya es demasiado tarde.

__ ¡Es un pastor! ¿Podés creerlo? ¡Es un pelotudo que aún sigue creyendo en dios!

El hombre gordo deja de recitar pasajes de la biblia para sacarse sus pequeños anteojos redondos para ver mejor a la pareja que se le acerca desde un costado. Una muchacha muy joven pelirroja con chaleco marrón, botas tejanas que evidentemente les quedan grandes y a su lado un alto androide de piel azul semi transparente, con largo saco negro, sombrero fedora del mismo color y mirada impactante.

__ ¡Bienvenidos! ¿Ya están bautizados?

__ Somos ateos absolutos y confesos señor loquito. __ Adolfo la mira como si se tratara de alguien desconocido. Victoria se sienta junto a uno de los cadáveres, un esqueleto con un vestido floreado evidentemente podrido.

__ ¡Yo traigo la palabra del señor!, ¡Pronto habrá resurrección para los cristianos arrepentidos en esta tierra pecaminosa y…!

__ ¿Ya te quiso coger el pelado? __ Le pregunta Vicky al cadáver esquelético de la mujer dándole un codazo y esta se cae de frente pegándose contra otro esqueleto que estaba sentado enfrente. __ ¡Ups! __ Exclama cuando se caen tres o cuatro cristianos más.

Entonces el rostro regordete del pastor enrojece y comienza a tirarles piedras y trozos de madera gritando que están endemoniados, que son seguidores de Satanás y seguramente comunistas.

Adolfo la conduce casi con prepotencia fuera de la lluvia de porquerías que les tira el atribulado hijo de dios mientras ella se ríe a carcajadas y Bruno observa la situación desde el techo de un auto Ford Falcon negro masticando un resto de su rata.

__ ¿Por que me quitás? ¡Era entretenido el aleluyo!

__ Estos tipos eran peligrosos antes y lo son aún más en estos tiempos, no podemos jugar con este tipo de dementes, te lo aseguro.

__ Mi madre era católica.

__ ¿Y tu padre?

__ Nunca conocí a mi padre, creo que era Zeus u Odín, algún dios de esos, o a lo mejor: Lemmy Kilminster.

__ Ese último no era un dios.

__ Lata, es cuestión de fe. __ Sonrió ella mientras Bruno se volvía a trepar a sus brazos con el estómago lleno.

__ Te vuelvo a repetir que no me llames: “Lata”, ¿Que tal si yo te pusiera un apodo?

__ ¡Puaj tienes aliento a rata muerta!__ Le dijo a Bruno y lo volvió a poner en el piso pero el trepó de nuevo a sus brazos. __ ¿Que apodo me pondrías? ¡A ver… atrévete!

Adolfo se quedó parado en silencio, no tenía nada, nada se le ocurría y solamente se quedó mirando unos nubarrones de tormenta en el cielo mientras el viento tapaba el sonido del pastor dejado atrás que retomaba su sermón seguro luego de volver a sentar a sus feligreses hechos esqueletos de nuevo en sus lugares.

__ LIlith

__ ¿Qué?

__ Te diría:Lilith, que era una demonia de la cultura mesopotámica o la primera esposa de Adán en la cultura judeocristiana…creo que te vendría bien y…

Victoria se rió a carcajadas y comprendiendo que se aproximaba una tormenta se metió dentro de un viejo hotel que estaba en bastante buen estado, en el mostrador golpeó un polvoriento timbre para llamar al administrador.

__ ¡A  ver, a ver! ¡Manden a alguien que le enseñe a este robot que un sobrenombre debe ser inteligente y sobretodo un poquito ofensivo para ser eficiente!… ¡Vamos!

Adolfo se sentó en la recepción sobre un viejo sofá de terciopelo que supo ser caro y rojo. Victoria se sentó a su lado y apoyando su cabeza en el hombro del androide poco a poco se quedó dormida. El gato también.

FIN

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Los Escombros y el encuentro (Cuento)

Los Escombros y el encuentro

Por: Darío Valle Risoto

Camina sin rumbo o con un rumbo desconocido a merced del clima y las circunstancias, siempre hacia el sur porque algo en su cerebro positrónico le dice que es la única probabilidad de que la contaminación no le termine arruinando el sistema.

Al dejar territorio brasileño la guerra se volvió más leve pero en Buenos Aires halló el mismo panorama de muerte y destrucción. Su creadora lo había programado para aceptar la insidiosa circunstancia de la condición humana. No era un filósofo, ni siquiera estaba realmente vivo, pero cuando observaba sus manos de cinco dedos y su reflejo humanoide en alguna vidriera sucia veía a un hombre: azul y con cuerpo de plástico y metal pero hombre al fin. Sus pies caminaban sobre esas botas tejanas sucias sin pausa pero sin prisa, se recargaba cada veinticuatro horas dejándose cubrir por un sol enfermo y de luces agonizantes. Entonces solía soñar con la estampa de Dionisia Álvarez la doctora en ciencias físicas y experta en positrónica que lo había traído al mundo. No como un niño sino como tal vez el último testigo del error enorme de las guerras del hombre.

__ ¿Debo llamarla madre? __ El rostro de piel mulata de la científica bella, enorme y madura se iluminó cuando R211 le hizo esa pregunta. Allí mismo Dionisia descubrió que su creación había superado todas sus expectativas.

__ Y entonces yo te llamaré hijo mi querido, o “Adolfo”: R211 es un nombre demasiado profesional, frio, como todo esto… __ Dijo mirando a los enormes laboratorios de la compañía “Egon Dynamics” en California y a los indiferentes trabajadores, la mayoría tan artificiales como él.

Un par de meses después Adolfo dejaba el laboratorio en llamas y pensaba en la imagen de ella tirada detrás de su escritorio con dos disparos en la cabeza efectuados por aquellos agentes de la CIA por desobedecer la orden de crear cientos o miles como él con la sola finalidad de seguir acabando con la raza humana.

Por lo tanto cumplió con su ultima voluntad pero jamás podrá olvidarla. A veces en su completa soledad veía la imagen holográfica de la doctora en tamaño real que partía de un haz de luz en su pecho. Se veía ensimismada en su trabajo ensamblándole el cuerpo azul y de metal, sonriendo, escuchando a Caetano Veloso.

“Por que você me deixa tão solto?
Por que você não cola em mim?
Tô me sentindo muito sozinho”

__ “Sozinho”, estoy solo, hablo solo, me parezco a un hombre loco, a un hombre loco y solo. Esa canción era la preferida de Dionisia, jamás la podría borrar de mis recuerdos, ella era mi madre lo crean otros o no.

Adolfo caminó por esa ciudad un tanto pequeña comparada con Buenos Aires, los mutantes en ese sitio eran abundantes. Hombres y mujeres productos de la radiación: sucios, salvajes, feos, incompletos y hambrientos animales desafortunados en medio de la absoluta falta de esperanzas. Pero aún dentro de sus simples cerebros afectados comprendían que ese androide no se podía comer y le esquivaban sobretodo porque de la peor manera les había demostrado que tenía la fuerza de muchos hombres juntos.

En una avenida se le habían enfrentado con sus palos y piedras no dejándolo proseguir su camino, pudo darse vuelta y buscar otra opción de seguir adelante pero prefirió levantar un automóvil sobre su cabeza y arrojárselo a la turba de mutantes. La evidente prueba de su decadencia fue que cuando siguió adelante los sobrevivientes se dedicaron a devorar los cuerpos de quienes Adolfo había aplastado con ese Suzuki Celerio.

Las tres leyes de la robótica de Asimov habían finiquitado cuando los primeros drones inteligentes de Nazirael en su afán de expansión destruyeron la mayoría de medio oriente, la respuesta fue inmediata y toda la zona fue sumida en al devastación, cuatro días después el primer misil nuclear intercontinental de Corea del norte destruyó parte de la costa Este de Usamerica.

Allí mismo en el oeste en California Dionisia lo había reprogramado sabiendo en su brillante mente de científica y de madre que al mundo tal como lo conocían le quedaba poco de vida.

Naciones, países, continentes, banderas y religiones. Adolfo no las comprendía del todo, el solo veía tierra, mar, gente, todo destruido y agonizando a razón del interés del dinero. Ahora cada vez que veía volar billetes por el cielo cuando el viento radiactivo arreciaba podría haber reído con ironía si pudiera reír.

__ ¡Vamos vengan de a uno hijos de puta!, ¡No me van a devorar sin luchar, carajo!.

Al dar vuelta la esquina vio a la muchacha parada sobre una camioneta dándole con un caño de metal en la cabeza a un mutante mientras otros tres intentaban tomarla de las piernas para hacerla caer de su posición elevada.

Los acabó moviéndose rápido y efectivamente. Ella se quedó congelada viendo sus precisos movimientos rompiendo cráneos como si fueran melones.

__ Gracias viejo, me ahorraste matarlos por mi propia mano. __ Dijo bajando de su posición y mirándolo a los ojos. Ella tenía un chaleco marrón de cuero, una camisa leñadora y botas altas  pero lo más raro era su cabellera abundante y desarreglada. __ ¿Como te llamas Lata?

FIN

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Los Escombros y Bruno (Cuento)

Los Escombros y Bruno

Por: Darío Valle Risoto

__ ¡Comida! ¡Creo que es un gato!

El hombre corrió rengo y trastabillando contra restos de: paredes, mampostería, viejos muebles y se quejó al golpear con uno de sus pies descalzos una vieja máquina de coca cola. Lanzó un insulto y se agarró la rodilla de donde brotaba una sangre verdosa. Su único ojo comenzó a lagrimear. El otro tipo se sentó sobre una banca rota y comenzó a reírse con estertores parecidos a un ataque de epilepsia.

__ Eres un total Pangolín … un sucio y fétido Pangolín.

__ Era un gato, estoy seguro, blanco y negro, podríamos haber comido los dos pedazo de imbécil, pero claro: tu no corres.

__ Le podría haber tirado con una de mis muletas pero no creo que le hubiera acertado mi querido Pangolín.

Bruno subió al segundo piso de lo que alguna vez fue un lujoso Shopping, pero ahora era un amasijo de polvo, piedras, plástico y vidrio además de cadáveres de un tiempo en que la gente compraba cosas para divertirse .

Olisqueo el aire, recordó a la muchacha y al robot que le habían dado la seguridad de su compañía días antes, aunque luego se habían ido mientras el dormía.

No tenía tiempo de elegir demasiado, allá abajo esos asquerosos mutantes se lo hubieran comido crudo y sin hervir. Un escalofrío le hizo sacudir la cola con disgusto, sus hermanos habían sido devorados por humanos deformes producto de la guerra mundial entre oriente y occidente.

Sin embargo él tenía una ventaja: era inteligente, mucho más que un perro o un humano aunque tal vez los androides lo superaran, aunque no tenían ni pelos ni ronroneaban, lo que aproposito comenzó a hacer acurrucado contra un peluche de un enorme oso panda sucio y sin un brazo.

Cerró los ojos y recordó la comida premiun, el formidable aroma de las galletitas Wiskas, las otras marcas galletas, cualquier comida “para gatos” y hasta sintió nostalgia por el agua limpia que alguna vez hubo en la tierra.

Bajó de encima del oso de peluche y caminó hasta una enorme viga que bajaba a tierra, más allá las vidrieras rotas estaba el estacionamiento. Cuando llegó a la vereda exterior oteo el aire y encontró una leve mota familiar, aquella invisible presencia de la chica que le había prestado su regazo cuando escapaba como tantas ocasiones de ser comido. El androide azul que la acompañaba era frío y distante pero ella, pero ella…

Tenía en su propio collar las notas de olor de la muchacha, se llamaba “Vicky”, lo había escuchado, también mencionar su nombre: Bruno. Recordó a la anciana que lo había bautizado unos siete años antes a poco de nacer, cuando abrió los ojos y comenzó a madurar.

Pero calleron las bombas.

Ruido, terremoto, viento caliente, luego viento frío, muerte y espanto, todo fue una ola incontenible y días después se quedaron el y sus cuatro hermanos total y doblemente huérfanos.

La anciana se fue volviendo cenizas abrazando a su madre gata, la madre humana y la madre gata eran dos estatuas grises calcinadas por la bomba de oriente. Bruno lo intentó pero sus cuatro hermanos fueron devorados un año después por esos asquerosos mutantes sobrevivientes de la masacre de la humanidad.

Bruno se había salvado dentro de un caño pero no pudo evitar sentir el asqueroso y desagradable ruido de esos mutantes de pieles verdosas comiéndose a Ojitos, a Bonito, a Manchita y a la gordita Wendy.

Lloró y lloró hasta que se quedó dormido y luego despertó solo y extraño en una tierra extraña.

Seis años después Bruno se había convertido en un verdadero experto en la supervivencia dejando atrás ciudad tras ciudad buscando comida, calor y por último lo que jamás había podido encontrar hasta cruzarse con Vicky y Adolfo: un regazo humano que lo amara y no se lo comiera.

Corrió por el centro de la ciudad sorteando restos de la civilización del hombre como si fuera el ultimo espíritu redentor de la naturaleza; entre cadáveres, automóviles, edificios destruidos y especialmente evitando la presencia de los escasos pero molestos mutantes.

Dos días o dos siglos después encontró la vieja cafetería derruida prácticamente en algunas partes del frente pero el aroma a la muchacha latía en sus sensores olfativos como varios gritos del alma. Hubiera sonreido si no fuera un gato.

__ Algo hay arriba. __Dijo Victoria levantando la cabeza de su improvisada cama sobre cuatro cajas de madera con unos trapos encima. Adolfo se acercó a la escalera del sótano y escaneo lo mejor que pudo la planta y volvió su cabeza casi ciento ochenta grados para mirarla con sus inexpresivos ojos artificiales.

__ Es el gato: nos encontró.

__ ¿Quién?

El androide de cuerpo azul semi transparente abrió apenas la puerta del sótano que daba a la cafetería y una sombra bajó en tres saltos sin hacer ruido y se trepó al regazo de la muchacha que quedó desconcertada con su brazos en alto. Inmediatamente comenzó a ronronear.

__ ¿Bruno? ¿Pero como?

__ No debimos abandonarlo, somos dos insensibles. __ Viniendo de una máquina la frase sonó rara en medio de tanta destrucción y soledad.

FIN

Imagen de portada generada en IA por mí para estos relatos.

Los Escombros y los mutantes (Cuento)

Los Escombros y los mutantes

Por: Darío Valle Risoto

__ Tenemos que buscar un refugio para pasar la noche Lata.

__ Cualquier lugar parece bueno. __Dijo Adolfo mientras escaneaba los alrededores. __ Y no me digas Lata. __Agregó por enésima vez.

Ella se encogió de hombros y pateó la puerta de lo que fuera una cafetería, algunos “clientes” yacían en diferentes posiciones transformados en caricaturas de vida.

Se sentó en una de las tantas mesas con el logo de “Pepsi” y ordenó a los gritos. __ ¡Quiero una bigmac con tocino, papitas extras y un buen toque de radiación!

Adolfo entró detrás de la muchacha y le explicó que nadie le iba a cumplir su pedido porque todos estaban más muertos que Jesucristo.

__ Es una broma “Lata”, ya sé que todos se piantaron de la vida cuando comenzaron a caer los misiles y las bombas radiactivas.

__ No me llames lata, soy: “Adolfo o R211” y te lo he dicho muchas veces, exactamente treinta y cuatro. __ Se sacó su sombrero fedora negro que estaba sucio y comenzó a pasarle una mano para intentar quitarle el polvo, los ojos verdes de la muchacha chispearon.

__ Convengamos que R211 no es un nombre muy favorable para su siniestra apostura su merced, por suerte alguien lo nombró: “Adolfo” lo que es mucho más sublime si dejamos de lado que un tal bigotito chaplinesco llamado igual casi acaba con el mundo… bueno, siempre viene otro loco de mierda y…

Adolfo o R211 entrecerró sus ojos negros y en su cerebro positrónico revivió las imágenes añoradas de la doctora Álvarez en su laboratorio discutiendo con los generales sobre la vialidad de crear androides para la guerra.

__ Se llamaba Dionisia Álvarez la doctora que me dio vida en el año 2026. precisamente un nueve de junio.

__ ¡Ops! ¡Nos estamos volviendo sensibles Lata! __ Ella revolvió su mochila que había apoyado en la mesa y sacó su última lata de sardinas o de atún, no se sabía porque  no tenía etiqueta pegada.

__ Era una científica brasileña que trabajaba en los laboratorios de Egon en California, ella sabía que todo se iba a ir a la…

__ Mierda. __ Completó la frase tras abrir la lata y comprobó sonriendo feliz que en realidad contenía corned beef.

__ Querían que nos produzca a los “Erres” para la guerra en medio oriente y ella se negó, por supuesto que la CIA la asesinó unos días después y entonces me tuve que ir.

__ ¿No pensaste en hacer justicia y matar a unos cuantos gringos de mierda?

__ Hice algo mucho más eficiente, lo quemé todo y me robé los planos de los cerebros “R” __ Se señaló a la cabeza intentando decirle que conservaba los archivos en su cerebro pero ella continuó opinando que era mucho más terapéutico matar a algunos agentes del pentágono.

Adolfo miró a exterior, el sol se metía rápidamente, le dijo con tono sombrío que era mejor meterse en el sótano porque sentía la presencia de mutantes a unos quinientos metros.

Detrás del mostrador levantó una sucia tapa de madera y allí estaba una escalera a un sótano que también era un depósito, los ojos de la chica no podían creer que había comida en lata por todas partes.

__ Creo que encontramos el paraíso.

__ No lo creo. __ Dijo el mostrándole el cuerpo de un dependiente que se había ahorcado.

Ella se encogió de hombros y revisó todo el lugar que era estrecho pero bastante grande, iluminada por su linterna de baterías miró al androide que yacía intentando ver por entre las rendijas de la puerta del recinto hacia el exterior porque algunas sombras se habían cruzado no bien había puesto sus sentidos en ello.

__ La venganza también puede ser justicia, no lo olvides.

__ ¿Qué?

__ Yo maté al tipo que me quiso violar cuando lo encontré meses después y no me arrepiento.

__ ¿Y eso de que te sirvio?

__ De mucho, jamás va a volver a querer meterle el pito a una niña y además he dormido mucho mejor sabiendo que lo dejé separado de su cabeza allá en Caracas.

Adolfo permaneció en silencio aún parado en la escalera, luego bajó y se sentó junto a la muchacha pelirroja sobre unos cajones, ella había encontrado una lata de cerveza que bebió con ganas aunque estaba tibia y medio ácida.

__ Está bien, desde ahora te voy a llamar Adolfo y no Lata, ¿Estás de acuerdo Lata?

__ Vete a la mierda.

__ Hace meses que caminamos juntos y jamás me preguntaste como me llamo.

__ ¿?

__ Me llamo: Victoria. ¿Que te parece?, Vicky para los amigos, pero vos podes llamarme: Cariñito o Mi amor si quieres.

__ Vete a la mierda, me voy a apagar un par de horas, despiertame si alguien intenta bajar, arriba hay varios mutantes.

Ella sintió un escalofrío y tanteo la daga que colgaba de su cinto, dentro de la mochila tenía una pistola con una sola bala pero la guardaba para ella.

__ Buenas noches Lata.

FIN

Imagen generada en IA hecha a mi pedido para este cuento.

El Final de la primera temporada de Starfleet Academy: Mi opinión como Trekker veterano.

El final de la primera temporada de Star Trek: Starfleet Academy

Por: Darío Valle Risoto

La verdad me costó terminar de ver esta primera temporada quizás porque los episodios son excesivamente largos o porque concuerdo de cierta manera con las críticas por ejemplo al: “Klingon Gay” y alguna pista por allí que muchos critican por “Woke” en el entendido de que estos ea negativo, más el tema pasa por el carácter panfletario de estos últimos productos de Hollywood que juegan conque todos debamos aceptar que el mundo es una mezcolanza donde absolutamente prácticamente todo se sexualiza, se “Genitaliza” olvidando que precisamente Star Trek se adelantó a su tiempo con una propuesta inclusiva única pero por sobretodas las cosas: Inteligente.

Hay otros aspectos que a mi me resultan peores que ese ridículo Klingon de pollera es que abusan hasta el hartazgo del CGI y de los ambientes generados con pantalla verde dándonos una asquerosa estética hiper luminosa que dista muchísimo de las características de la serie que eran por sobretodas las cosas de un aspecto futurista que yo llamaría de necesaria frugalidad, de una forma muy acertada de jugar con los bajos presupuestos ofreciéndonos una estética futurista frugal.

Yo le hubiera quitado a los capítulos todo exceso pro encima de los 45 minutos y quizás hubiera sido más llevadera pero afortunadamente no cayó en esa absurda cosa que llamaron: “Discovery” de ponernos a la protagonista llorando todos los put… episodios. Por otra parte bien por Holy Hunter, Bien por Paul Giamati, bien por el DR de Voyager y mal por la aparición como invitada de esa gorda desagradable pelirroja de la mencionada Discovery que ya nadie había soportado antes, un personaje insoportable. Y no me digan que soy “Gordofobico” porque precisamente la actriz negra y gorda que interpreta a Sam el personaje “fotónico” me resultó el mejor personaje de la serie y la verdad que probablemente fue el único motivo para terminar estos diez capítulos. ¿O eran ocho?

Quiero pensar en que de alguna manera le encuentren la vuelta a Star Trek que desde la serie “Enterprise” viene boyando entre gays, lesbianas y esa cosa de propaganda sionista que intenta hacernos ver para otro lado de los problemas reales como la pobreza, el desempleo, la falta de seguros de salud etc en un país que juega a la inclusión pero vive en guerras permanentes, eso permea en una serie que era el adalid del pacifismo con una muestra original de un futuro optimista sobre una raza humana que dejó atrás tanto guerras como inútiles propagandas hipócritas por parte de los EEUU la gran sucursal del imperio de Israel.

Los escombros y la flor (Cuento)

Los Escombros y la flor

Por: Darío Valle Risoto

Había una especie de delicado silencio entre la bruma y los deshechos tóxicos, era una apagada nota de quietud después de la muerte y parecía correr sin suma importancia para nadie más que para Adolfo. Algo había cambiado y sin embargo nada era diferente de tantas oportunidades que habían tenido los hombres de acabar con todo y con todos. Su cerebro positrónico le ordenó llorar pero no quedaban lagrimas ni humedad que desperdiciar mientras entre la podredumbre y la muerte encontró una altiva margarita erigida al costado de un cráneo vacío de lo que alguna vez fue una persona.

Alargo uno de sus dedos transparentes y su cerebro leyó: Vida, delicado, raro, hermoso, débil, atroz, perimido.

Entonces ella llegó corriendo agitada y cayó de rodillas fijando sus ojos verdes en la misma flor y Adolfo sintió la sensación congelante, extraña, nueva y desconocida de que Victoria quería robarle la flor y llevársela para disfrutarla a solas.

__ No te la lleves.

__ ¿Estás loco lata?

__ No me digas: “lata”

__ ¡Lo que faltaba! ¡Un robot ofendido!

Adolfo se puso de pie, en el aun casi limpio vidrio de una destruida tienda de abarrotes  pudo ver su imagen humanoide de hombre alto de piel semi translucida, su mentón prominente, sus ojos oscuros, su sombrero fedora negro, sin saber de donde lo había aprendido se alisó su largo saco de cuero y se limpió las botas usando un trapo que encontró en el piso. Victoria rodeo a la flor con unos ladrillos para protegerla del viento, entre los autos y los deshechos de edificios y cadáveres se podía ver que ese panorama era interminable.

__ ¿Que ciudad es esta?

__ Rosario

__ ¿Que país?

__ No tengo idea, ni me importa…

Adolfo se fue caminando resuelto por la vereda sorteando cascotes y basura, a su paso algunas ratas huían despavoridas.

Victoria se sentó sobre el capot de un auto Impala sucio que alguna vez fue amarillo y se puso a revisar su mochila, sacó una lata de atún y la abrió lentamente, luego con una cuchara-tenedor que llevaba colgando de su cinturón se puso a comer. Saboreó cada pequeño trozo de lo que se suponía era atún aunque de seguro era comida diseñada.

Algo se movió a su derecha y el corazón le dio un vuelto: era un gato tuxedo que se aproximo con cierto cuidado.

__ ¡Hey Adolfo! ¡Hay un gato vivo aquí! ¡ven a verlo!

__ Me importa una mierda. __ A unos diez metros el androide se sentó en una banca junto a un cadáver reseco parecía soñar con tiempos mejores sosteniendo un viejo libro que con el viento y la lluvia se le iba yendo de a trozos de las manos huesudas.

__ ¡Y no soy un robot…Carajo! __ Gritó sin mirar a su izquierda donde se encontraba Victoria que compartía su lata con el gato blanco y negro.

La muchacha se acercó al felino que al recibir alimento se entregó con confianza, en el collar sucio y casi ininteligible leyó: “Bruno” y un número de teléfono.

__ ¡Aquí tiene un número de teléfono! ¿Crees que deberíamos llamar para que lo vengan a buscar? __ Se rió tanto de su propio chiste que casi se ahoga, el gato trepó al techo del Impala y comenzó a acicalarse.

Pensó en la espeluznante idea de que en medio del apocalipsis llamara a un teléfono para devolver a un gato y que del otro lado alguien le contestara. Entonces su broma se fue desgranando como las esperanzas que alguna vez tuvo antes de cumplir sus cansados catorce años.

Fue caminando resuelta hasta Adolfo que simulaba no esperarla sentado al lado del cadáver que sostenía los restos de su Biblia. El gato la seguía, Victoria se sintió más acompañada que nunca cuando empujó al cadáver a un lado y se sentó en la banca junto al androide. Bruno subió a su regazo y se durmió casi inmediatamente.

__ ¡Nos han adoptado!

__ ¿Nos?

__ ¡Vamos Lata! Sin mi ya te habrías suicidado tirándote a alguno de esos pozos con ácido o bombas sin explotar o te habrías muerto de tristeza sin mi espectacular compañía.

Victoria apoyo su cabeza en el hombro izquierdo de Adolfo, su saco de cuero estaba frío pero era mejor que nada.

__ ¿Crees que el mundo aun tiene esperanzas?

__ Para nada.

__ Me encanta tu optimismo.

Y allí se quedaron lo tres observando caer el sol sobre un horizonte envenenado y los restos de lo que alguna vez fue la civilización.

FIN

Imagen de portada generada en IA por mí para este cuento.