Todos sabemos que un idioma no se habla de la misma forma en todos los lugares en los que se usa. Así aparecen las variedades dialectales. El nivel léxico-semántico (el vocabulario, por resumirlo salvajemente) es el más propenso a sufrir cambios. Algunos son muy poco significativos, pero fueron esos precisamente los que más llamaron mi atención cuando vine a vivir a Andalucía. Por ejemplo, Moisés, un compañero del instituto Medina Azahara de Córdoba, me dijo delante de un café quemado al estilo cordobés: "Matas un gato y te llaman matagatos". Yo, que en Rioseco, Valladolid y demás Castillas y Leones había escuchado siempre "Matas un perro y te llaman mataperros" (el de la foto está a prueba de canófobos), me quedé extrañadísimo y con la sensación de que Moisés había cambiado la frase para tomarme el pelo.
Otra expresión que parece querer llevar la contraria (de unos a otros o de otros a unos) es la de hijo/hija o padre/madre. En muchas partes de España se utiliza el hijo/hija como vocativo para nombrar a una persona cuyo nombre se desconoce o no se quiere decir por las razones que sea. Lo dicen mucho los dependientes de Zara, El Corte Inglés y compañía: "Toma, hijo, la camiseta". Pero en algunos lugares de Andalucía (desde luego Córdoba, Sevilla...) la frase sería: "Toma, padre, la camiseta".
El 29 de junio de hace dos años recibí una llamada telefónica. Por el móvil escuché una voz lejanamente familiar: "Felicidades, padre". Como mi cumpleaños es en noviembre y yo no tenía hijos, le dije que se había equivocado. Mi sorpresa fue enorme cuando me respondió: "¿No eres Pablo?" No había ningún error. Resultó ser el entrañable cura con el que había compartido tres años de guardia de recreo, amén (nunca mejor dicho) de otros muchos momentos y risas en el instituto de La Puebla de los Infantes. Y resultó que el día en cuestión era San Pedro y San Pablo, y, por tanto, mi santo, motivo de felicitación corriente por estos lares. Y resultó, finalmente, que su padre era mi hijo. Y que desde entonces espero con fervor que se me aparezca el Espíritu Santo en forma de paloma. O algo parecido.