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viernes, 12 de septiembre de 2014

Un día, la vida

Relato ganador de agosto del I Concurso de microrrelatos de «La radio en colectivo».



Una mañana me desperté viva. El sol que entraba por el tragaluz iluminó mi piel blanquecina. Me asusté mucho y fui corriendo a decírselo a mamá, que me consoló desde su ataúd y dijo que no me preocupara, que quizás me había atacado algún tipo de salud. Pero yo me encontraba tan bien que no tuvo otra que levantarse y llevarme al forense. El hombre sacó su espejo y yo no supe disimular un vaho cálido; también, mi corazón latía con un tic tac continuo. Me colocó una etiqueta en el pie y le dio el pésame a mi madre, que lloraba sin lágrimas en un silencio sepulcral. Desde entonces camino, juego y a veces leo. Hay otros por ahí, cada día más, y el gobierno empieza a pensar en decretar el estado de alerta por vida.

miércoles, 15 de enero de 2014

Azar

Foto: David Rice

El destino nos encontró en aquella escalera, pero no fue él quien miró tus ojos verdes o la mata de pelo negro que caía por mi espalda, ni fue él quien sonrió al pasar, quien se giró al tercer peldaño, quien sugirió el café, los besos y las tardes de sofá y manta. No fue el destino, tampoco, quien desconfió y quien dio pie a los gritos. No lloró el destino. No cerró la puerta.

martes, 12 de noviembre de 2013

Despedida



Avísame cuando dejes de quererme. Cuando ya no te inunden mis recuerdos, cuando se te haya escapado el olor de mi nuca y no me puedas ver corriendo por el jardín. Avisa cuando nuestras canciones solo sean música, cuando el color azul no sean mis ojos y el delantal repose desnudo en el colgador. Me bastará con que una noche, mientras nos lavamos los dientes, me preguntes ¿perdona, te conozco de algo?

martes, 22 de octubre de 2013

Hada madrina

A Jesús Fabregat, por prestarme a Hortensia

Hortensia llega de buena mañana, aún con olor a mar, y se sacude la arena de los pies. Me dice que va a empezar por los armarios, que hay que ver en qué estado los tengo, y yo le dejo hacer; no me importa que guarde las tristezas en el altillo, que recoloque los sueños o que doble los llantos, pero no puedo evitar echar a correr cuando sacude las sábanas con todos mis fantasmas dentro. Entonces saca un pañuelo del bolsillo, me enjuga las lágrimas y dice que ha terminado. Se pone las alas y desaparece tras una nube.




Con este relato he quedado finalista en Wonderland, junto con Fran Rubio, Lola Sanabria y Yolanda Nava. El ganador ha sido Rafael Olivares.
Aquí el audio, al final del programa, hacia el minuto 54.




miércoles, 3 de julio de 2013

El mismo mar

Foto: atardecer en Los Guirres, La Palma

Él duerme en la toalla mientras atardece. Caminas hasta la orilla y entras en el agua, que hoy tiene un vaivén tranquilo. Te tumbas sobre la superficie, brazos abiertos, piernas estiradas, pezones mirando al cielo; y te dejas llevar, un rato, dos, un tiempo indefinido. Hasta que abres los ojos y decides volver, y regresas a otra playa, con otro él que despierta cuando te tiendes en la toalla, junto a la suya. Otro sobre el que depositas tus besos de sal.
Pero cuántas orillas tendrá este mar.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Ladridos


Ilustración de Juan Luis López Anaya que formará parte de Colaboraciones III
Aquí podéis ver Colaboraciones  y Colaboraciones II


Mi vecino ladra. Lo normal: cuando pasa un coche, cuando se oye el ascensor, con el tintineo de las llaves o si hay algún portazo. 
Él me saluda con un cordial buenos días cuando nos cruzamos en el edificio, incluso me pregunta por mi madre enferma; pero cuando llega su mujer escucho de lejos como la husmea y ladra para que ella le tire la pelota. Luego salen a pasear. 
Él mira al suelo. Ella aúlla a la luna.

martes, 11 de diciembre de 2012

La ballena

Ilustración de mi hija Violeta


Con la ballena ocurre como con todo. Puedes estar todo el día sentada frente al mar esperando que pase. Sabes que lo hará, como siempre; pero justo en el momento que te agachas a mirar una hormiga, vas al baño, te despistas con el vuelo de una mosca o simplemente pestañeas, zas, pasó, se escapó y un día más perdiste la oportunidad. Aunque nunca te das cuenta, igual que con lo demás. 

martes, 4 de diciembre de 2012

Volver


Siempre nos decían que de ahí nadie vuelve para contarlo, pero descubrimos que no era verdad. Que había algunos que se lanzaban de edificios, de aviones sin paracaídas, saltaban a las hélices de barcos en marcha. Se tiraban bajo las ruedas de un camión, se ahorcaban, se cortaban las venas, se pegaban un tiro en la sien o se tomaban botes de pastillas. 
Cualquier cosa con tal de vivir.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Escapar


Imagen: Escalador de invierno, de Bill Binzen

Hace ya varias semanas, digo... meses, que intenta escapar.
Sale del enorme edificio de oficinas donde pasa mañana y tarde y, al anochecer, cruza el umbral dispuesto a irse donde sea. Que no sea su casa, donde ejerce de oficinista nocturno, de cocina, pañales y besos, de fregona en una mano y estropajo en la otra.
Así que desde hace tiempo sale por la puerta, a veces por la tarde al irse a casa, a veces a media mañana, y hace un intento. Busca su destino en un mapa imaginario que visualiza en la palma de la mano, y comienza a caminar, pero nunca llega a más de dos manzanas del edificio. Entonces baja la cabeza y vuelve, piensa: "la próxima vez lo lograré". 
Pero un día... siempre hay un día diferente, en que las golondrinas tararean otra melodía, los mirlos callan o las viejecitas pasean sin bastón. Ese día, cuando va a cruzar la puerta de la oficina, se da cuenta de que puede seguir caminando más allá, mucho más allá. Manzana tras manzana hasta ver unos árboles, y más allá, donde le espera la vida.

lunes, 12 de noviembre de 2012

La fina línea


Pinta una raya con tiza, una línea recta, infinita, separa completamente un lado del otro. Se incorpora y la pisa, la emborrona un poco y camina por encima de ella, como si no existiera, como si no importara que antes, hace un momento nada más, hubiera querido pintarla para separar algo. Entonces se agacha de nuevo y pinta otra, un poco más allá, apenas a un cuerpo de distancia. La mira como si no la hubiera pintado él, como si no la reconociera, y también como si aquella fina línea fuera a hablarle y a decirle todo lo que ya sabe. Duda, siempre duda, y después pasa por encima mientras mira hacia otro lado, como si no fuera consigo lo de pintar rayas y cruzarlas. Da unos pasos más y se para de nuevo para hacer una tercera, a estas alturas sabemos de qué se trata, una raya recta, infinita, que divide el mundo en dos, ahora ya en cuatro. Esta vez, apenas ha terminado de pintarla ya la está cruzando; casi le veíamos allí agachado cuando está al otro lado.
Y por fin pinta la última ¿la última? Pintará otras, seguro, pero ahora no va a pintar más, solo esa y pone un pie al otro lado, pero no se decide, sí, no, sí, no. Media vuelta, media vuelta otra vez, vuelta entera. Entonces camina entre dos rayas y se va, por la tangente como si dijéramos, pero no, es el camino perpendicular al que creíamos que tomaría. Y ya no le vemos más.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Dale al play


Era una canción alegre, movida, con una letra que hablaba de cosas que importaban, que sonaba por toda la estancia. Ellos bailaban al ritmo, sin más placer que el movimiento de sus cuerpos, el sentir de la música, la luz, los colores que imprimía el atardecer sobre las paredes del salón. 
La atención se distrajo un momento y le noté acercarse a mí, le dio al pause y salió. Quedó todo parado: ella, el cielo, el silencio, la luz. Hace tiempo que todo sigue así, a él no le escucho y no sé si me harán sonar de nuevo o pasarán a la siguiente canción.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Ritual


Mujer vistiéndose-Eider Astrain

Con cierto trabajo se pone la ropa, camisa y pantalón de pinzas, se abrocha el cinturón, introduce los brazos arrugados y mustios dentro del jersey y la mira con desdén y cierta ternura. Quiere decirlo una vez más, pero calla. 
Ella a su vez abrocha el sujetador, abotona la camisa y sube la cremallera de la falda, mete sus pies llenos de formas imposibles en los zapatos y le mira de reojo. Quiere decirlo una vez más, pero calla.
Cada año se encuentran desde hace tantos que ya ni recuerdan, el mismo hotel, la misma habitación, la misma cena. Y repiten el ritual amatorio, año tras año, por una vieja promesa adquirida. Cada vez se prometen en secreto que será la última, que no les apetece el viaje, que a nadie le importa ya si tienen o no amante, que a quién engañan. Quieren decirlo una vez más, pero callan.

Aquí la réplica de Fernando Paréntesis (...)

lunes, 30 de abril de 2012

Mis 99 palabras

Con este relato he participado en el concurso que Miguel Ángel Molina, del blog en 99 palabras, ha organizado con motivo de su segundo aniversario. (Pincha la imagen para saber todo sobre el concurso)


JUEGO DE LUCES


Nos mudamos hace un mes, un piso amplio, luminoso, con bonitas vistas y barato. Por la crisis, nos dijeron.
El barrio es de los de antes, con vida en la calle, con solera.
Al terminar la mudanza comenzamos a oír gritos en el piso de al lado. El bar de comida casera huele a rancio desde varios metros, y el librero tan simpático de la esquina se pasa el día matando cucarachas.
Una sombra oscura se ha instalado en el salón. Nosotros en el dormitorio, con las luces apagadas, muy quietos. Ayer oímos la primera grieta resquebrajar la pared.


lunes, 16 de abril de 2012

Carretera mojada


El coche se desliza con suavidad por la carretera, sorteas los baches por pura rutina mientras piensas en el día que te espera.
Casi no te das cuenta de que ha empezado a llover, una lluvia fina que empapa el alma y te llena de nostalgias. Ahí, entre el ajetreo que te espera y la nostalgia del día de lluvia el coche patina, hacia un lado, hacia otro y el golpe es inevitable: contra un muro, a demasiada velocidad. 
En este momento, justo antes de chocar, te ves a ti misma con los brazos en aspa delante de la cara, el cuerpo en tensión y una ligera levedad que nace de algún lugar que desconoces.
Es en este preciso instante en el que te das cuenta de que cada momento es único.

lunes, 26 de marzo de 2012

Tac tic


Hace tiempo que atraso, apenas unos minutos al principio, casi no se notaba. El café no me sabía dulce después de haber echado azúcar y seguía despierta cuando me quedaba dormida. Pero con el tiempo ha ido a más, cuando te sientas en el sofá cansado yo aún estoy en la ducha y si me preguntas qué tal fue el día, te cuento lo de ayer. 
Calculaba como ponerme en hora cuando me he dado cuenta de que tú adelantas. En el cine, yo me quedo enganchada en la primera escena mientras tú hablas del final. Yo te comento lo bien que lo pasamos en París y tú me dices que lo nuestro se va a terminar.

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Título robado al payaso Kum*

martes, 13 de marzo de 2012

Invitada en la Internacional Microcuentista




Hoy mis letras han volado a la Internacional Microcuentista, y miro desde un agujero como quedo en esa pared tan blanca. ¡Muchas gracias!
Allí podéis leer Lobotomía

Además os animo a conocer su página, en la que sobre todo se puede aprender y leer buena microliteratura (y no lo digo solo por mi micro ;))

miércoles, 22 de febrero de 2012

Edades


Fernando mira el espejo. Detrás de cada arruga hay una sonrisa, una emoción, una vivencia. En sus ojos todavía intuye al niño de las rodillas peladas, la mala letra y el miedo al profe de dibujo.
No soy viejo se dice solo tengo por delante una década más para llenarme la cara de vida.

Feliz cumpleaños Fernando

viernes, 13 de enero de 2012

Sin costuras


— Quería unos calcetines para mi hijo, de la talla 30 y sin costuras, por favor.
El hombre la miró de arriba a abajo y le enseñó un montón de calcetines de colores, lisos y estampados, serios y desenfadados. Ninguno sin costuras. 
— Comprenda, señora. Su hijo debe acostumbrarse pronto a que la vida tiene costuras, y que le van a molestar en un lugar o en otro.
Así fue como creó una microempresa de fabricación de prendas sin costuras molestas. Se forró.
Su hijo se acostumbraría a lo que fuera necesario pero ella, a la gente que ponía moraleja sobre su propia incompetencia, nunca.

lunes, 2 de enero de 2012

Resurrección cantada


Cuando quise darme cuenta, en mis pedacitos de estrella había colgada mucha gente, el día que lo mencioné, al morir, no pensé que me harían caso ¿y ahora qué hago? -me dije restallando una y otra vez. Yo no había nacido para traer muerte así que bajé otra vez, y al bajar, qué mala pata, los tapones de corcho de las botellas de champán nos desviaron a todos. No sé donde cayeron los demás. Yo sé que caí en un barril de una mezcla extraña.
Después de dos días, uno y dos, de borrachera discontinua, conseguí despertar.
Y canté
He muerto y he resucitado
en otro mundo
en otra vida 
pero a tu lado

sábado, 19 de noviembre de 2011

El anuncio



—Señor policía, aquí hay un error que me gustaría aclarar.
—Don Pedro, hablará usted cuando le tome declaración, de momento solo tengo que apuntar sus datos y los de la señora… ah, si, Dolores —dijo mientras seguía escribiendo los datos de ambos ancianos—. A ver, ustedes se conocieron por un anuncio que puso don Pedro Antúnez en el periódico ¿cierto?
—Si —contestaron a dúo, don Pedro, cabizbajo y Dolores, con una amplia sonrisa de satisfacción. Dolores acercó un papel a la mesa de policía— Aquí tiene el anuncio.
—Entonces —preguntó el policía, mientras leía el trozo de periódico —Usted, don Pedro decía en el anuncio que quería bailar, sexo consentido y hasta viajar, posiblemente, claro —dijo esto con retintín—. Sin embargo, cuando Dolores quiso practicar sexo, usted se negó en todas las ocasiones ¿no le parecía que el sexo era suficientemente consentido? —señaló con el mismo soniquete que antes.
—¡Ya estoy harto de que se rían de mi! Cuando yo decía sexo consentido me refería a que yo lo consintiera, y por eso mismo lo maticé así en el anuncio. Verá, le explico. He puesto otros anuncios, y en cuanto leen lo de bailar, inmediatamente las mujeres piensan en sexo. Y yo ya no estoy para esos trotes, ni ganas que tengo. Por eso maticé consentido ¡por que quien lo tenía que consentir era yo, sobre todo! ¡ellas siempre quieren! ¡y a mi lo que me gusta es bailar!
Dolores ahora miraba decaída mientras don Pedro apretaba los puños encima de la mesa y el policía trataba de contener la risa, medio agachado tras unos papeles que simulaba revisar sobre el caso. Consiguió retomar la palabra después de unos cuantos carraspeos.
—Entonces, don Pedro ¿quiere usted ratificarse en la denuncia por abuso sexual, por los tocamientos que llevó a cabo doña Dolores? —tuvo que carraspear otra vez para que no saliera la carcajada que se le había atragantado.
—Déjelo, da igual, esto no tiene sentido.
Dicho esto, don Pedro se levantó despacio de la silla y salió del despacho, detrás fue Dolores, mucho más pequeña que aquel hombre alto y robusto cuyo cuerpo empezaba a doblarse. El policía se quedó en su despacho, mirando alejarse a la extraña pareja.
—La vida nunca dejará de sorprenderme.


Escrito para la propuesta del Foro Brevedades "Microrrelato a partir de anuncio clasificado"

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