
Etapa reina de 169 kms. y diferencias en meta comparables con haber subido los colosos alpinos más clásicos. El desgaste, bastante arrojo y los hermanos Schleck en su mejor jornada atlética arrojaron una muy buena etapa con bastante intrahistoria e historia a secas: sin ser un día para recordar, la pareja luxemburguesa se encarama al podio desalojando a Armstrong y Wiggins. De Kloden ya se encargó su compañero Contador, y esto no es simplemente historia, sino una historia miserable.
De salida el Roselend y una escapada con los habituales de este Tour: Pellizotti, Casar, los hombres de naranja -¡cuatro!-, peones de los grandes equipos, Menchov y Hushvod, que en teoría iba a por los sprints intermedios. Siguiendo la tradición de su equipo (Haussler, Houlston, Gómez Marchante se fue ayer para casa) le tocaba su día bueno de montaña, y para allá que se fue. Subiendo con fuerza, parecía que se iba a contentar con el primer sprint y no, siguió hasta el segundo para completar unos cien kms. escapado.
El pelotón, que había dejado que el grupo de fugados coquetease con los 6´de ventaja, metió el turbo para llegar a la subida a Romme con el rodaje suficiente para que hiciese daño. Menchov se cayó para diversión del duo cómico de TVE, que jaleaban cualquier pinchazo o problema mecánico del ruso. No iba a ser su día ni el de ninguno de los escapados. En la base del puerto, cortada a cuchillo en la montaña, atacó Sastre. Una y otra vez, pero sin éxito: los Sorensen se bastaron para neutralizarle, y un agotado Hushvod poca cosa pudo hacer . Acabaría entrando a 7´en su peor jornada en el Tour en los últimos ocho años.
Lo mejor de la etapa vino con el gran diseño que hizo Rijs, al que hay que reconocerle su mérito táctico cuando lo tiene. Frank Schleck fue el primero en saltar, y se llevó con el a su hermano, Contador y Kloden. Después cedió un poco a ver como iban Armstrong y Wiggins. Atacó una vez y se llevó a los dos corredores con el, para pasmo del duo cómico. Atacó otra vez y esta vez enlazo con el grupo de los favoritos sin que nadie le siguiese. A un contrarrelojista como Wiggins lo tienes que fundir con saltos, no a ritmo, y esa función la desempeñó magníficamente el mayor de los Schleck, que realizó una jornada memorable.
Los luxemburgueses se bastaban para, en cabeza y con fuerte viento frontal, ir aumentando las diferencias sobre un cuarteto compuesto por Vandevelde haciendo su función (gregario naciste y gregario serás), Armstrong protegiéndose del viento, Nibali sorprendente y Wiggins intentando minimizar los daños. El puerto de Romme, inédito y durísimo, le recordaba al arribista llegado de la pista que el Tour es montaña y crono, y que en la montaña te puede caer una minutada pero en la crono es más difícil que pase eso. Frank Schleck pasaba el primero por la cima del puerto con 55" de ventaja sobre los caídos del podio.
Un rápido descenso -por cierto, qué bien baja Nibali- y la Colombiere, un puerto que parece italiano por sus características. Aquí los Schleck pusieron toda su fuerza y tenacidad, especialmente
el que envió dinero a Eufemiano Fuentes
a cambio de nada. Mediada la ascensión, Contador le hizo un gráfico gesto a Kloden de atacar e irse a por la etapa que arrancó las carcajadas del dúo cómico televisivo. Un poco más adelante cumplió lo dicho y allá que se fue, con el efecto secundario y simultáneo del alemán que se descolgaba de manera grave y sin paliativos. Los Schleck no se descompusieron -si que se miraron un poco incrédulos- y Contador se paró de manera automática, mirando hacia atrás con cara de corderito degollado. Bruyneel, al que vimos en un breve plano consolando a Kloden, le debió gritar cosas poco dulces por el pinganillo: parece que no solo Armstrong era adicto al tran-tran.
Ya ven: estás acariciando el podio del Tour de Francia y te da la puntilla un compañero. No quiero ni pensar lo que hubiesen vociferado nuestros comentaristas si el afectado hubiese sido
Don Desmayos, y no quiero pensarlo porque ya lo vivimos el día del abanico en la segunda etapa. En fin: tanta "diplomacia Vaticana", tanto "ser superior", tanto "lava el lactato muy bien", tanto "pinganillo", y resulta que hace esas cosas en la etapa reina de la carrera más importante del calendario. No faltará quien vea en este feo gesto, con viento de cara, un nueva manifestación del polifácetico Contador, algo así como "ningún gran campeón fue nunca magnánimo" o un celtíbero "¡Viva España!". Todo fue miserable: ataca para ganar la etapa, y cuando ve que su compañero se queda, en vez de insistir hace el paripé y acaba ¡regalando la etapa a los rivales!.
El de Texas, cuando vio que Wiggins estaba lo suficientemente fundido, calculó su distancia y ofreció un número circense a la altura del Petit St. Bernard, para solaz y esparcimiento de la muchachada que le sigue y le alienta. Su acción sirvió para poco más que intentar asegurar su posición de honor en el Tour, visto que el segundo puesto había coronado en forma de Andy Schleck con 2´06" de ventaja. Todavía bajando el duo cómico lo elogiaba a pesar de su defiente trazada: cuando Nibali llegó fue una decepción para esta gente que cree que el señor de 37 años aporta algo al ciclismo.
El trío cabecero, con Contador dejando bien claro a las cámaras que le iba a regalar la etapa a Frank Schleck, hizo su camino sin mayores contratiempos. La representación de competición en meta fue de las más tristes que se recuerdan: Contador llamando por el pinganillo a 500 metros, el mayor de los Schleck -que si llegan tres al sprint hace cuarto-
acelerando y
A.C fingiendo que no le puede adelantar. Brillante. Supongo que Kloden tendrá otra opinión. El alemán fue cazado por Armstrong y Nibali (2´18" en meta) en los últimos kms. y con sus 2´27" de retraso dice adiós al podio. Se podría decir que de no mediar el ataque de su compañero a lo mejor también hubiese cedido, pero es algo que nunca sabremos.
La general queda con Andy Schleck a 2´26", Frank a 3´25" -hace unos días la calamidad de TVE decía que no era su Tour-, el empresario de las pulseras amarillas a 3´55", Kloden a 4´44" (si hubiese llegado con los de delante su retraso sería de 2´17" y segundo en la general), Wiggins a 4´53" y Nibali a 5´09". Así las cosas, y ante la crono de Annecy de hoy y sus 40 kms., cabe esperar que Frank Schleck caiga bastante -el año pasado en la última crono pasó del segundo al sexto puesto-, que Andy pueda defender su 1´30" sobre el amedentrador de Simeoni y que Kloden se cague en el día en que decidió seguir en el Astana.
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Ya habrá tiempo para hablar de lo de Di Luca, doble positivo por CERA en el último Giro. Para el pobre telespectador de la televisión pública que pagamos entre todos, la única forma de enterarse durante la retransmisión fue cuando Amat Carceller preguntaba a Sastre. La etapa había acabado un cuarto de hora antes. El periodista le comunicó en primicia la noticia al maltratado por su gremio -que tuvo la delicadeza de alzar la mirada para comprobar si le estaba mintiendo-, y
a su manera no le dio mayor importancia, a pesar de que así consigue su ambicionado tercer puesto y entra a formar parte del reducido elenco de corredores con podio en las tres grandes. Es a lo que está acostumbrado: el escalafón ya se movió a su favor en la Vuelta 2005 y en el Tour 2006, pero nunca lo consideró como propio. Veremos que hace ahora. Yo apuesto que un hombre que no cambia de opinión, que es tan íntegro y que tiene una trayectoria ejemplar en los equipos más limpios y sirviendo a los mejores líderes seguirá como lo que es: un caballero castellano. Actuará con hidalguía y honor, ¡que nadie lo dude!.
Lo interesante está en que, una vez que se acabó la amable entrevista con
Líder Máximo, De Andrés entró rápidamente al capote ("nos hemos enterado en los momentos finales de la etapa", cuando la noticia estaba en red desde las tres de la tarde) y pasó, a duo con su pareja cómica, a las típicas
lamentelle de ¡ay, ay!
pasemosaotracosarápidoyalohemosdichocambioycorto. Vaya par de personajes y vaya servicio público que ofrecen al espectador.
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Matschiner contraataca en la televisión pública austriaca y acusa a Kohl de ejercer de camello entre sus compañeros del Gerolsteiner con
Dynaepo (la caja de 2.000 unidades por 80 euros, le vendió seis) y la testosterona artificial AMTH2, pero desconoce a qué precio las revendía
faccia di maiale.
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"No estamos todos, falta Valverde" se parece mucho al "No estamos todos, faltan los presos". Seguro que esos raciales seguidores del murciano se espantarían de los vasos comunicantes de los que bebe su desafortunada camiseta y ese lema. ¡La ignorancia!.
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Interesante estudio del RACE. Me viene a la cabeza la ridícula campaña con dinero público que Delgado hizo durante el pasado año de seguridad vial, aquella con estética
retro. Sí, esa en la que decía que hay que ir con el manillar siempre sujeto y, a renglón seguido, aparecía en el vídeo de reconocimiento de la etapa levantando los brazos y haciendo gracietas. Predicando con el ejemplo, vamos.
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Ayer,
el contenido más visto de elpais.com durante todo el día fue esta entrevista a Bruyneel, donde el vecino de San Sebastián de los Reyes -mira que es grande el mundo y dónde va a recalar- no dice gran cosa. Entonces, ¿por qué este éxito? Simplemente porque se hacen eco de un rumor, que
El Gordo quiere volver con Vinokourov, o al revés. Eso es lo que llama la atención. Que el belga políglota y ex-ONCE diga que "la estrategia pasaba porque (el maillot amarillo) lo hubiera cogido Hincapié el sábado con dos minutos y lo hubiera defendido en Verbier para cederlo en Le Grand Bornand" no le interesa al gran público.