domingo, 8 de febrero de 2026
MARINEROS A LA FUERZA (Saps at Sea de Gordon Douglas, 1940)
sábado, 15 de noviembre de 2025
UN POETA (Simón Mesa Soto, 2025)
En la Sección EFA
(películas nominadas a los premios de la Academia de Cine Europeo) del XXII
Festival de Cine Europeo de Sevilla pudimos ver Un poeta, una
película colombiana del director de Medellín Simón Mesa Soto. Algo, sin duda,
extraño que se cuele esta cinta en los premios europeos si no fuera porque es
una coproducción del país sudamericano con Alemania y Suecia.
El filme narra la
historia de un escritor en crisis, divorciado, alcohólico y sin trabajo al que
le consiguen un puesto de profesor de literatura en un instituto de Medellín.
El poeta, como el mismo se denomina, tuvo éxito en la juventud logrando
publicar dos libros, pero desde entonces no levanta cabeza. Cuando una de sus
alumnas destaca por su talento, el protagonista intenta que la adolescente sea
reconocida en los ambientes literarios de la ciudad.
La película es —o
pretende ser— una comedia. Sin gracia y con más pena que gloria, avanza el
largometraje (larguísimas dos horas, que por más que uno mira el reloj no
terminan nunca). Una trama de un personaje en crisis, una especie de Woody
Allen, pero en malo —ya quisiera parecerse al director neoyorquino—, donde todo
lo que intenta el protagonista le sale fatal.
Y es que dos son los objetivos del poeta: el primero es lograr que su hija le quiera, cosa que no consigue ni de lejos, apenas logra que sienta lástima por él. El espectador ni eso. El segundo objetivo tiene que ver con el éxito de su alumna: como si el singular profesor fuera una suerte de entrenador, un antiguo boxeador que para recuperarse del fracaso quiere que su pupila sea por él la campeona mundial, cosa imposible dado el nulo interés de la susodicha.
Con dos o, a lo sumo, tres golpes graciosos, la cinta no deja de ser un bodrio. Una patochada que no se sostiene por más que el personaje se desgañite en gesticular, y que el director, a la sazón también guionista, intente hacer algo gracioso sin caer en la chabacanería más espantosa.
martes, 11 de noviembre de 2025
DJ AHMET (Georgi M. Unkovski, 2025)
Seguimos en la Sección
Oficial del Festival de cine europeo sevillano, donde van saliendo cada vez
películas mejores. En esta ocasión se trata de un largometraje macedonio, DJ
Ahmet, la ópera prima del director Georgi M. Unkovski, que ganó de
forma sorprendente dos premios importantes en el Festival de Sundance.
La trama se desarrolla en un pueblecito en Macedonia del Norte, una pequeña comunidad donde Ahmet (Arif Jakup), un adolescente de quince años, vive con su padre, conservador, autoritario, y con su hermano pequeño Naim, que no habla desde que murió la madre. Ahmet siente debilidad por la música, pero su progenitor sólo quiere que se ocupe de las ovejas. La vida de Ahmet da un vuelco cuando conoce a Aya (Dora Akan Zlatanova), una vecina de su edad, de una clase social más alta, amante también de la música y el baile, pero próxima a casarse con un hombre desconocido en un matrimonio concertado.
La historia tiene mucho
de comedia romántica, de musical y sobre todo de humor, mucho humor. No
obstante, el guion posee un trasfondo dramático —a punto de convertirse en tragedia—,
cuando la tradición, la religión y las costumbres arcaicas no dejan que Aya y
Ahmet se relacionen como debieran.
La organización del
Festival califica al filme dentro del género coming of age, lo cual es
un acierto por cómo evoluciona la vida de Ahmet: Todavía sobreponiéndose a la
muerte de su madre, intentando que su hermano pequeño hable, descubriendo el
amor por Aya, y aficionándose a la música. Es decir, en plena transformación de
su personalidad de niño a persona adulta.
La cinta tiene, por
tanto, mucho atractivo. El espectador no para de sonreír —a veces reír a
carcajadas—, por las ocurrencias de los diferentes personajes, pero también es
una delicia para la vista, gracias al paisaje donde se encuadra esta aldea
remota, y al buen hacer del realizador macedonio, que dilata el tiempo cuando
la situación lo requiere (la primera vez que se ven Ahmet y Aya; el baile de la
joven y sus amigas en el festival de música, etc.), o lo acelera según convenga
a la acción, mientras suena la excelente banda sonora.
domingo, 29 de junio de 2025
LA BELLA MAGGIE (The Maggie de Alexander Mackendrick, 1954)
domingo, 18 de mayo de 2025
2 X 1: "CUBA BAILA" y "LAS AVENTURAS DE JUAN QUIN QUIN" (Julio García Espinosa)
En plena efervescencia revolucionaria, el líder cubano
Fidel Castro funda en 1959 el ICAIC (Instituto Cubano de Artes e Industrias Cinematográficas).
Bajo la estricta censura y con medios limitados, la institución logra producir
varias de las mejores películas del cine cubano, algunas de ellas dirigidas por
Julio García Espinosa, uno de los primeros nombres importantes del cine autóctono.
García Espinosa ya era conocido antes de la revolución gracias a El mégano (1955), un corto documental sobre las duras condiciones de trabajo en una mina de carbón, que rodó junto al otro gran cineasta cubano, Tomás Gutiérrez Alea. La película fue prohibida por el régimen dictatorial de Batista hasta que se recuperó en 1959. En el seno del ICAIC, Espinosa filmó en los años sesenta dos películas que se encuentran entre las mejores de su filmografía y, por extensión, de la historia del cine cubano.
La primera de ellas, Cuba baila,
es, por un lado, una comedia costumbrista, muy influenciada por el neorrealismo
italiano, con el que guarda más de una semejanza, y, por otro, es una suerte de
historia de Romeo y Julieta, sin el halo trágico que acompaña a la obra de Shakespeare, adaptada a la Cuba previa a la revolución castrista,
donde las diferencias entre las clases sociales son el centro de atención:
Una ama de casa de clase media quiere la mejor fiesta de puesta de largo para su hija adolescente. Los recursos escasos de la familia no pueden permitirse tal dispendio, pero la advenediza mujer se empeña en organizar ese baile para invitar a las fuerzas vivas de la ciudad y, así, poder codearse con ellos. Al mismo tiempo, la hija quinceañera conoce y se enamora de un joven dependiente de una tienda, que no es para nada del gusto de la madre...
Como dice el título, la música y el baile no faltan en esta cinta que por momentos parece un documental semejante a los coetáneos que producen los jóvenes cineastas de las nuevas olas en Europa (véanse, por ejemplo, las obras dirigidas por Joris Ivens o Chris Marker sobre Cuba), impregnados todos, este y aquellos, de una fuerte propaganda revolucionaria.
Las aventuras de Juan Quin Quin (1967)
Seis
años más tarde de Cuba baila, con el régimen cubano ya asentado,
García Espinosa rueda la comedia Las aventuras de Juan Quin Quin,
adaptación de la novela de Samuel Feijoo, “Juan Quin Quin en Pueblo Mocho”. El
filme es una especie de parodia de un líder revolucionario, que parece mentira
que eludiera la censura del régimen dictatorial castrista en aquel —y en
cualquier— tiempo.
En la cinta, Juan Quin Quin escapa de milagro al incendio de una plantación provocado para arrestarle. Antes ayuda a un cura y más adelante actúa como líder guerrillero junto a su amor Teresa, a la que conoció años atrás cuando él actuaba en un circo y luchaba contra las injusticias del alcalde…
La
película tiene una estructura tan anarquista como la propia cinta, con bruscas rupturas
cuando parece que la cinta va a ser lineal. Va hacia delante y hacia atrás sin orden
ni concierto en lo que es una sucesión de aventuras, como dice el título, donde
el protagonista pasa de ser un torero a un sacristán o a un guerrillero.
La cinta discurre entre guiños continuos al espectador, con los actores hablando a la cámara, y contiene escenas extraídas del metraje de Historias de la revolución (1960) del citado Tomás Gutiérrez Alea, lo que sin duda nos dice de lo precario de las películas del ICAIC a pesar de su prolífica producción.
Con una música que recuerda a los contemporáneos espagueti western, con referencias de nuevo al cine europeo de la nouvelle vague, en especial al cine de Jean Luc Godard, el filme de Espinosa se adentra en otros mundos como los del cómic cuando utiliza intertítulos y bocadillos en planos que son como viñetas de tebeo. Se podría decir que Las aventuras de Juan Quin Quin se trata de un batiburrillo simpático y atractivo, que va desde una película de aventuras hasta una crítica social y religiosa pasando por el puro divertimento del director.
domingo, 4 de mayo de 2025
EL AUTOREMAKE EN EL CINE. CAPÍTULO III (IX)
3.2. Mi Reino por un Caballo.
3.2.1. Estrictamente Confidencial (Broadway Bill de Frank Capra, 1934).
La tendencia
alcista en el cine de Frank Capra, a partir de Dama por un día, fue confirmada en 1934 —más bien explotó— con Sucedió una Noche. Sin ser todavía consciente
del éxito de esta película (no se daría cuenta hasta el año siguiente en la
ceremonia de los Óscar), Capra se embarcó en su siguiente proyecto con la
intención de repetir la fórmula.[1] Para ello se hizo con el
mismo equipo técnico, con una historia parecida y con unos personajes
similares. La Columbia compró “On the Nose”, un relato corto de Mark Hellinger,[2] y enseguida Capra puso a
trabajar a Riskin. La idea era escribir un guion que fuera casi una
continuación del anterior: con una pareja protagonista de distinta clase y con
un trasfondo social. Aunque no resulta una road
movie como la cinta protagonizada por Claudette Colbert y Clark Gable, Estrictamente Confidencial también se
basa en una huida hacia delante para escapar de una vida materialista:
Dan Brooks (Warner Baxter) es el marido de Margaret, una de las cuatro hijas del magnate J.L. Higgins (Walter Connolly). Como todos los yernos del empresario, Dan dirige una de las fábricas de Higginsville, pero a diferencia del resto, no le gusta ser el esclavo de J.L. y prefiere dedicarse a entrenar a su caballo de carreras, Broadway Bill. Sólo parece comprenderle su cuñada Alice (Myrna Loy), la única de las hermanas Higgins que aún permanece soltera. Alice ansía alejarse de todo lo que representa el imperio capitalista de su padre, mientras lo consigue, ayuda a Dan a cumplir su sueño: a lograr que Bill gane una importante carrera.
Con el objetivo de inscribir a Bill en la competición, Dan
y Alice abandonan Higginsville. Ambos pasarán por multitud de dificultades
antes de conseguir que el caballo participe en la gran carrera. Gracias a la ayuda
del “Coronel” Pettigrew, de su sicario “Happy”, de “Whitey”, el criado de color,
y de algún competidor, Bill consigue participar y ganar la carrera, pero al
cruzar la meta se derrumba y muere en la pista. El caballo es enterrado en el
hipódromo y su gesta hace que Dan se divorcie de Margaret, se dedique a la cría
de caballos y se case con Alice. Dan no es el único que cambia de vida: Higgins
también se da cuenta de que no se puede vivir aprovechándose de las desgracias
de los demás y devuelve las empresas a sus dueños originales antes de irse con
Dan y Alice.
El argumento
de Broadway Bill es el propio de una
comedia romántica al que se le añade un final dramático, un giro brusco que
sorprende y que se incluyó en el guion bastante después de que Riskin
finalizase su trabajo. De hecho, el escritor se hallaba de vacaciones en Europa
cuando Capra se dio cuenta de que la historia tenía una conclusión muy floja.
Gracias a un amigo,[3]
que le sugirió la idea de la muerte del caballo, Capra pudo cambiar el final y
“salvar la película” (Sidney Buchman citado en McBride 2011, p.315).[4]
Salvo la secuencia
de la carrera y la del entierro del pura sangre (3.19), el resto es obra de
Robert Riskin; pero también de Capra, a pesar de que Joseph McBride se empeñe
en lo contrario. Nosotros damos credibilidad a lo que apunta Capra en su libro
cuando afirma que ambos, Riskin y él, participaron activamente en la creación
de las historias:
Trabajamos juntos en guiones, cada uno
puliendo y desarrollando las ideas del otro. Ambos éramos creadores y público.
En general, yo iba por delante de él, pensando en las nuevas escenas que,
cuando nos pusiéramos de acuerdo, el trasladaría al guion (Capra 2007,
p.174).
La clave para no dudar del director nos la da, paradójicamente, el propio McBride cuando afirma que en el guion de Estrictamente Confidencial hay muchas similitudes con la vida de Frank Capra. En efecto, el personaje de Dan Brooks puede ser el trasunto del propio realizador: ambos, Frank y Dan, proceden de una clase social baja y se casan con la hija de un magnate de los negocios (Capra contrajo matrimonio con Lu Warner, hija del millonario Myron Warner); además, sus suegros poseen una comunidad propia: Warnerville en la vida real y Higginsville en la ficción (3.20).
Capra quería conseguir un éxito en su trabajo como cineasta (un Óscar,
que lo logra con Sucedió una Noche)
para equipararse con su familia política; igual que Dan ansía el éxito de Bill
en la carrera sin recurrir a la ayuda financiera de Higgins. Frank y Dan logran
sus objetivos y también que sus suegros se unan a sus vidas: en el último plano
de la película, Higgins lo deja todo y se va con Alice y Dan; en la vida real,
Warner llegó a trabajar para Frank supervisando los negocios y las tierras del
director. Demasiadas coincidencias personales para que no fuera el propio Capra
el que las incluyese en el guion.
Leer el capítulo desde el inicio
[1] Igualar el éxito iba a resultar casi imposible: la hazaña conseguida por
Sucedió una Noche en 1935, ganar los
cincos Óscar más importantes (actores protagonistas, director, productor y
guionista), no se repitió hasta 1976 con Alguien
voló sobre el nido del cuco (One Flew
over the Cuckoo’s Nest de Milos Forman, 1975).
[2]
Escritor de talento al estilo de Damon Runyon, Mark Hellinger fue columnista de
Broadway, autor de relatos, creador de personajes de cine negro y brillante
productor.
[3] La
idea partió de Albert Lewin, por entonces productor de la MGM, aunque no
aparece en los créditos.
[4] Una
exageración, la de Buchman, que no es de extrañar ya que fue él el que escribió
las escenas finales.
domingo, 20 de abril de 2025
EL NAVEGANTE (The Navigator de Buster Keaton y Donald Crisp, 1924)
A partir de 1923 y hasta su fichaje por la Metro, Buster Keaton realizó las doce películas que le permitieron entrar en la leyenda. Cintas estructuradas de forma inteligente, repletas de secuencias bien planificadas donde la condición atlética de Buster lograba que saliera bien parado de situaciones harto complicadas. Entre aquellas películas, en la cima de ellas, se sitúa El navegante, cuya trama no puede ser más disparatada:
Se ha declarado la “insignificante” guerra entre dos pequeños y lejanos países. Uno de los gobiernos ha comprado el buque de carga “Navigator” mientras el otro quiere impedir que el enemigo lo pueda utilizar. Los conspiradores sueltan las estachas y el barco queda a la deriva únicamente con dos pasajeros a bordo: Betsy (Kathryn McGuire) y Rollo (Buster Keaton). A la mañana siguiente ambos recorren el barco, pero se dan cuenta de que están solos. Los primeros días son horribles, no saben nada de navegación, ni de ninguna cosa, ya que a ambos les sobra el dinero y nunca han tenido que trabajar...
En El Navegante, Keaton le da un matiz nuevo a su personajillo cuando lo viste de multimillonario, de joven rico que jamás ha hecho nada por sí mismo. Su vecina, Betsy, es otra “niña bien” que tampoco ha dado, nunca mejor dicho, un palo al agua. Tras una serie de mal entendidos ambos serán los únicos pasajeros y tripulantes de un barco a la deriva, “The Navigator”.
Como en los mejores filmes del humorista, el mercante, los elementos del atrezo y el decorado en general interaccionan con el personaje proporcionando la materia de la acción. Los conflictos de Buster con objetos y máquinas que no domina, o con la naturaleza hostil (en este caso con el océano, pero también con el viento y la lluvia) son la causa del conjunto de los muy bien conectados y excelentes gags. Con el agravante de que, en esta ocasión, a la habitual condición patosa del protagonista se le une lo perdido que se encuentra el señorito sin nadie que le sirva o cuide de él.
Sin duda, lo más divertido vendrá cuando el total desconocimiento de la pareja en casi todo, y en especial en lo referente a la navegación, les haga ser más atrevidos de lo normal, con el peligro —y las risas— que eso conlleva. “La ignorancia es la felicidad”, reza uno de los intertítulos de la película que resume la trama a la perfección. Sin que nadie les oriente, el aprendizaje por intuición de Rollo finalmente le acerca al surrealismo cuando no entiende lo diferente que es el medio acuático con respecto al terrestre.
En la secuencia submarina, el buzo se coloca la escafandra con un cigarrillo en la boca, lía un hatillo con las herramientas, prepara un letrero de “peligro, hombres trabajando” y se lleva el almuerzo como si de un albañil se tratase. Bajo el agua, Keaton utiliza un cubo para lavarse las manos, usa una langosta para cortar un cable, y se sirve de un pez espada para luchar contra otro en un duelo de mosqueteros.
Y todo esto sin inmutarse. Su seriedad era el sello del artista —su contrato le obligaba a no sonreír nunca en las películas ni en público—; para la crítica, El navegante es uno de los filmes importantes de Buster Keaton. Para el propio humorista era el mejor; y eso es decir mucho.
domingo, 9 de febrero de 2025
EL AUTOREMAKE EN EL CINE. CAPÍTULO III (VII)
El rodaje de Un Gangster para un Milagro fue bastante convulso.[1] Capra tuvo que aguantar las exigencias de Glenn Ford y, según el propio director, “había una atmósfera de dolor, tensión y recelos” (Capra 2007, p.487). Algunas de esas exigencias obligaron a cambiar el guion de Riskin para ampliar el protagonismo de la estrella[2] y el de su pareja en aquella época, Hope Lang.[3] Así, una de las principales diferencias entre la cinta y el original radica en la inclusión de una subtrama que muestra la relación entre Ford y Lang desde que se conocen, en el arranque de la película, hasta que al final deciden casarse. Una batalla de sexos que sobra totalmente y no aporta nada a la historia.
En Dama por un día, dicha relación se
limitaba a un par de rechazos de Dandi a los besos de Missouri (alguno bastante
picante por el comentario de Happy: “lo que quiere Dandi son manzanas, no limones”),
y a la resignación del mafioso cuando accede a presentar a Missouri como su pareja
para continuar con la farsa. En Un Gangster
para un Milagro, el personaje de la novia de Dandi se llama Queenie y no
mejora en nada al de Missouri por más que se empeñe en hacerse notar con peleas
absurdas a lo largo de toda la película, con escenas donde Dandi le arranca el
vestido y ella le lanza todo tipo de objetos. La única secuencia que se salva
es aquella en la que Queenie le devuelve a Dandi todas las cosas que el gánster
le ha regalado, más bien se las tira al suelo, entre ellas una liga que
descaradamente se quita delante de todos (3.11).
La relación entre Dandi y Queenie no es la única historia que garantiza más minutos de pantalla a Ford. También se incorpora a la película una subtrama donde Dandi negocia el control de Nueva York con la banda de Darcey, otro gánster recién llegado a la ciudad. No enriquece el argumento original y para lo único que sirve es para aumentar la duración de la cinta hasta las dos horas y cuarto finales. Excesivo metraje que sólo consigue que se diluyan los chispazos de ingenio de Riskin entre una serie de secuencias aburridas que no estaban en el guion inicial; el mismo que Capra había tomado como base[4] (olvidando el relato de Runyon definitivamente), pero que no dudó en cambiar cuando aceptó darle mayor protagonismo, no sólo a Dandi y a Queenie, sino también al personaje de Annie Manzanas.
Las intenciones de Capra —o más bien las de Ford— se adivinan ya con la primera imagen de la película (3.12): en un plano medio, Bette Davis brinda por el público con una botella de ginebra, en lo que parece una felicitación navideña si nos atenemos al villancico que suena a continuación acompañando a los créditos. De este sencillo encuadre se desprenden varias de las “traiciones” de Capra al guión de Riskin: en primer lugar, el protagonismo indiscutible de Bette Davis frente al resto de vagabundos. Si recordamos, el filme de 1933 arrancaba con varios planos de los indigentes donde Annie, que aparecía la última, era una más del grupo. Ahora, no sólo es la primera que se presenta sino que es la jefa de una especie de banda de mendigos a los que cobra un porcentaje de las limosnas. Tanto en la ficción como en la realidad, ella está por encima del resto. Digamos, que se pierde el anonimato de Annie en beneficio del estrellato de Bette. También se reduce algo de la magia de la cinta, y de la sorpresa, puesto que a nadie le extrañará la posterior transformación de Bette Davis en una dama (3.13).
La segunda
“traición” tiene que ver con el contexto de la historia, o mejor dicho, con la
falta de contexto. Pocketful of Miracles
se estrenó en los años sesenta, y pese a que seguía ambientada en los treinta,
el entorno de la cinta original provocado por la Depresión, y la empatía del
público hacia el personaje de Annie, ya habían desaparecido. Suponemos a Capra
consciente de esa circunstancia y resuelto a cambiar el espíritu de solidaridad
ante la crisis por otro más inocuo y a la vez comercial como es el navideño
(3.14). Con ese nuevo enfoque, los guionistas tuvieron que cambiar el final
para que se sucedieran los milagros a los que alude el título y para permitir,
entre otras cosas, que Dandi abandonara la mala vida para casarse con Queenie.
Una conclusión, ésta, poco creíble y muy forzada, pero que entra dentro del
planteamiento de que “todo puede pasar en Navidad”.
Leer el capítulo desde el inicio
[1] Y no
sólo entre Capra y Glenn Ford, sino también entre las estrellas, al menos eso
se desprende de las declaraciones de Ford durante el rodaje que aseguraba que
le había dado una oportunidad a Bette Davis. Ella montó en cólera al enterarse
de las palabras de su compañero y espetó: “ese hijo de puta… no le permitiría
que me ayudara a salir ni de una cloaca” (Quirk 1990, p. 411)
[2] El
cambio del título en castellano de “Dama por un día” a “Un Gangster para un Milagro” es bastante significativo.
[3] Capra
quería a Shirley Jones para el papel de la novia del gánster, pero Glenn Ford
“recomendó” a Hope Lang, algo que irritó bastante a Capra y le produjo más de
un dolor de cabeza, literalmente.
[4] El guion de Un Gangster para un Milagro es de Hal Kanter y Harry Tugend.
domingo, 16 de junio de 2024
EL AUTOREMAKE EN EL CINE. CAPÍTULO III (IV)
El espíritu
comunal (una cinta donde no hay un protagonista claro, donde triunfa la sinergia) es una de las claves de la historia de Dama por un día. Se puede decir que todo el cine de
Capra, aunque aboga por la iniciativa individual y el tesón de los
protagonistas, al final hace que estos logren sus propósitos con la ayuda de
familiares y amigos. Es lo que le ocurre a "Annie Manzanas" y a casi todos los personajes
del director a lo largo de su carrera.[1] Una característica que
tiene mucho que ver con los tiempos en los que se rodaron la mayoría de sus
éxitos, los años de la Depresión, y que sigue los principios del New Deal: la política intervencionista
del presidente Roosevelt ideada para acabar con la crisis. Se puede decir que
desde La Locura del Dólar (otro guion
de Robert Riskin)[2] Capra opta por un cine de
realidad social, que poco a poco se va comprometiendo cada vez más con las
ideas y principios del partido Demócrata.
Dama
por un día también sigue por ese derrotero, aunque sólo sea por el entorno
en el que se desarrolla la trama y por
la crítica al estamento político (véase el último tercio de la película). Capra
plantea pronto el ambiente de la historia: la primera imagen es de un ciego
(que no lo es) que toca el acordeón mientras pide unas monedas. El mendigo se
encuentra con un colega amputado de las dos piernas[3] y con el resto de
indigentes que sobreviven en las calles de Nueva York; entre ellos, Annie
Manzanas. Un colectivo que parece extraído de una novela de Dickens (y esto nos
recuerda a Browning y a sus freaks) o
de la cinta alemana contemporánea, M, el
vampiro de Düsseldorf (M de Fritz
Lang, 1931).
Para conseguir que la trama se impregnase del ambiente de la crisis, Riskin cambió la actividad original de Annie. La anciana pasó de vender flores, según la idea original de Runyon, a vender manzanas. De esta forma, Riskin creó un personaje que el público enseguida identificaría con la vida real, un personaje que era muy habitual verlo transitando por las aceras de Nueva York en la época de la Depresión. Además, gracias a las manzanas, a Riskin se le ocurrió la idea que provoca la intervención de Dandi para ayudar a la vieja: la superstición por la fruta, la necesidad de que Annie siga vendiendo las manzanas de la suerte. Aunque esta sea la razón “oficial”, a nadie se le escapa que el mafioso y el resto de la banda tienen en el fondo buen corazón y ayudan a la vieja por compañerismo. Igual que lo hacen los políticos corruptos y la policía cuando se enteran del motivo de la farsa.
A pesar de la tímida motivación que Riskin está obligado a presentar,
la del chantaje de Dandi que tiene secuestrados a varios periodistas, el
público sabe que todos quieren contribuir a sacar adelante la pantomima por
pura empatía con Annie, por solidaridad. De nuevo tenemos el espíritu comunal
del New Deal. Al final, todos se sienten tan bien consigo mismos que se vuelven
agradables con sus subordinados: el gobernador suspende la supervisión de la
alcaldía, el alcalde confiesa haber sido duro con el comisario, el comisario
pide perdón a los policías y éstos les dicen a los periodistas que olviden lo
sucedido.
Dentro de esta
temática social tan del gusto de Capra, hay que señalar, por último, el
acercamiento de clases como una de las obsesiones particulares de su cine.[4] Un tema ideal para la
comedia, que Capra y Riskin explotarían en su siguiente proyecto, Sucedió una noche (It Happned One Night, 1934), pero que en Lady for a Day también se encuentra presente aunque funcione al
revés: los que se acercan a los ricos son los pobres y no al contrario como
suele ser habitual. Una aproximación que aquí funciona como una fábula, como un
cuento de hadas que transita entre la comedia y el melodrama, pero que tiene un
final realista: “la Cenicienta” vuelve a las calles una vez que su hija parte
hacia la felicidad.
Leer el capítulo desde el inicio
[1]
Podríamos enumerar las películas que se basan en este principio, pero serían
casi todas las de Frank Capra. Aquí van algunas: Dama por un día y Un Gangster
para un Milagro, La Locura del Dólar,
¡Qué bello es vivir!, Juan Nadie, El secreto de Vivir, etcétera.
[2] Una
cinta que se ha vuelto muy actual al tratar la crisis financiera desde el punto
de vista del director de un banco que defiende las ayudas a los pequeños empresarios
en contra de la especulación, “que se fía más de las ideas que de los avales”.
Una trama en cierto modo parecida a la de ¡Qué
bello es vivir! y también presente en el arranque de Estrictamente Confidencial.
[3] Es el
discapacitado físico al que llaman “Shorty” que se trata, en realidad, de un
mendigo que conoció Capra en la infancia cuando el director vendía periódicos
por las calles. El resto de extras también los reclutó de los barrios bajos de
Los Ángeles y a ellos les dedica las primeras imágenes.
[4] Tema
central de otro gran número de películas del director: Dama por un día y su remake,
Estrictamente Confidencial y su remake, Sucedió una noche, El Secreto
de Vivir, Vive como quieras, Juan Nadie, etcétera.
domingo, 25 de febrero de 2024
EL AUTOREMAKE EN EL CINE. CAPÍTULO III (II)
Para escribir
el guion de Lady for a Day, Riskin
adaptó el relato “Madame La Gimp” de Damon Runyon.[1] El argumento de la
película descansa en uno de los temas recurrentes en la filmografía de Capra:
la Cenicienta,[2]
se puede decir que es la culminación del modelo. La diferencia fundamental de Dama por un día con el resto de películas
que se inspiran en el famoso cuento es que la protagonista es una mujer de setenta
años:
“Annie Manzanas” (May Robson) es una pobre indigente que sobrevive en Nueva York vendiendo fruta por las calles. La anciana le hace creer a Louise (Jean Parker), su hija ilegítima que tiene estudiando en Europa, que vive holgadamente y que forma parte de la nobleza. Cuando Louise le anuncia que está próxima su visita a Nueva York, Annie se desespera: su hija viene con su prometido, Carlos (Barry Norton), y con su suegro, el conde Romero (Walter Connolly), ambos deseosos de conocer a la “distinguida” señora. Del problema de la vieja no es ajeno “Dandi” (Warren William), un gánster supersticioso que se ha acostumbrado a comprar las manzanas de Annie antes de llevar a cabo cualquier “negocio”. Temeroso de perder su suerte, Dandi decide ayudar a la vieja y monta toda una farsa alrededor de ella. Auxiliado por su novia “Missouri” (Glenda Farrell), la responsable de la increíble transformación de Annie en una aristócrata, y por “Happy” (Ned Sparks), su mano derecha, Dandi persigue mantener el engaño el tiempo que dure la estancia de Louise en Nueva York. Nada será fácil en esta representación donde todo es tan falso como “El Juez” (Guy Kibbee), un estafador habitual de los billares, que se ha transformado para la ocasión en el marido de Annie. La mayor complicación surge cuando Dandi tiene que organizar una velada en honor del conde español y la joven pareja, una fiesta a la que, en teoría, tiene que acudir lo más selecto de la ciudad. La movilización de toda la banda de Dandi para tal evento no le pasa desapercibida a la policía que se teme cualquier jugada sucia y termina por arrestar al mafioso. Dandi, que tiene secuestrado a varios periodistas molestos, convence in extremis, mediante el chantaje, a las principales autoridades de la ciudad para que asistan a la recepción. Al final, Annie ve cumplido su sueño de casar a Louise con un noble español y vuelve, feliz, a su vida de siempre.
La génesis de
esta moderna historia de la Cenicienta, pero también de Pigmalión, hay que
buscarla en el anterior trabajo de Capra, La Amargura del General Yen. Una estupenda película de ambiente exótico, que
también trata el tema de la transformación de una mujer, que obtuvo buenas
críticas, pero que fue un fracaso en taquilla debido al espinoso asunto de la
relación interracial. El intento de Capra de emular a Von Sternberg y producir
una cinta más estilizada, digamos más artística, que se saliera del habitual
producto de la Columbia de esos años, le salió mal y le hizo volver a los
largometrajes descriptivos de la realidad americana tan característicos de su
cine. El propio Capra admitió que hizo Dama
por un día para volver a obtener el favor del público, para no distraer a
la audiencia con una fotografía llena de efectos y un decorado fastuoso.[3] El director se quedó con
parte de la trama (la transformación antes citada) para trasladarla al bajo
Manhattan. Pasó del exótico palacio del general Yen al decorado realista del
Lower East Side de Nueva York; de la joven Barbara Stanwyck a la anciana de setenta
años a la que da vida May Robson.[4]
La actriz era una experimentada profesional del teatro, pero una completa desconocida en Hollywood (ver fig. 3.1). El papel lo consiguió cuando sólo restaba una semana para comenzar el rodaje y, paradójicamente, la poca familiaridad del público con su rostro finalmente se tornó en ventaja al conseguir dotar de mayor credibilidad al personaje, cosa que no sucedió en el remake, como veremos más adelante. Su actuación fue merecedora de la cuarta nominación al Óscar que se llevó la cinta.
Del trabajo de
la actriz, se recuerda el momento de la transformación, cuando Missouri viste
de dama a Annie Manzanas (3.2). También es especialmente emotiva la secuencia
de la recepción gracias a la notable actuación de May Robson que, al borde del
llanto, saluda una a una a todas las autoridades de la ciudad. Pero quizás da
lo mejor de sí misma cuando hace de indigente vendiendo manzanas a
contracorriente de la gente (3.1), cuando se recluye en su chabola, o cuando
exige desesperada en el hotel que le devuelvan la carta de Louise.
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[1] Publicado en la revista
“Cosmopolitan” en octubre de 1929, a las puertas de la crisis. La Columbia lo
compró en 1932.
[2]Mujeres Ligeras (Ladies of Leisure, 1930), The
Miracle Woman (1931), La Jaula de Oro
(1931) y La amargura del General Yen
(The Bitter Tea of General Yen, 1933)
tratan el tema de la Cenicienta; en Amor
Prohibido (Forbidden, 1932)
incluso se nombra explícitamente. Todas, a excepción de La Jaula de Oro, las interpretó la musa de Capra —y su amor
platónico—, Barbara Stanwyck.
[3] Sólo
volvería a lugares exóticos con Horizontes
Perdidos (Lost Horizon, 1937),
aunque esta vez con Riskin en el guion y con un resultado excelente de crítica
y público, ganando la película dos Óscar, entre ellos el de mejor dirección
artística.
[4]
McBride recuerda la advertencia que Capra le hizo a Harry Cohn al respecto:
“¿Te das cuenta de que vas a gastar 300.000 dólares en una película cuya
heroína tiene setenta años de edad? (2011, p.289).