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martes, 20 de agosto de 2024

ALIEN: ROMULUS. UNA ENTREGA QUE NO ARRIESGA PERO QUE ESTÁ MUY BIEN HECHA

ALIEN: ROMULUS de Fede Álvarez - 2024 - ("Alien: Romulus")

"Alien: Romulus" es un homenaje sentido a toda la saga de "Alien" (a toda, incluso a las entregas que habitualmente suelen ser más defenestradas) hecha por un Fede Álvarez que la adora, que se nota que la adora, que la vive con emoción desde que era un niño.

Estoy con quienes dicen que es una entrega que no arriesga: es cierto. Las para mí fallidas "Prometheus" y "Alien: Covenant", con sus errores y lagunas, con sus irregularidades, sí lo hacían: arriesgaban e iban más allá de su mito básico. Ésta nueva entrega va sin embargo a lo que va, al mencionado homenaje, y triunfa porque está muy bien hecha desde cualquier ángulo que se la mire. Una cosa no quita la otra.

Fede Álvarez hace con esta saga lo que hizo ya con la de "Posesión Infernal" en 2013: innovar dentro de sus cánones desde el escrupuloso respeto y el (de nuevo) mencionado homenaje pero aportándole a todo un buen hacer apabullante.

"Alien: Romulus" completa bien un hueco en su saga con una historia que recupera lo mejor de la primera película, la de Ridley Scott: el terror oscuro y de víscera y sangre, la ambientación negra y malsana, el protagonista "persona común" enfrentado a algo mortal que desconoce y la parábola breve pero certera del capitalismo más agresivo (y además añade cositas nuevas e interesantes al "lore" de las demás películas).

El filme está conscientemente hecho de retazos que miran a las otras entregas pero que están perfectamente ensamblados y que no dejan de lado la sorpresa. Hay giros muy buenos, hay terror muy bien explotado, hay personajes con un mínimo de carisma e interés y muy bien interpretados y hay un drama muy bien llevado que bucea en lo que nos hace humanos y en el mencionado capitalismo salvaje y en cómo nos deshumaniza.

En especial, además, tengo que alabar la pedazo de actuación que nos ha dejado en el filme David Jonsson, que está absolutamente espectacular y que nos regala sin lugar a dudas uno de los mejores personajes de toda la saga.

"Alien: Romulus" me parece una entrega hecha con un cariño sin par que sabe tocar las teclas necesarias para ser un homenaje que aporte algo nuevo desde el respeto a los orígenes. ¿Qué no hace avanzar la saga? Pues sí, ok, es cierto; como he dicho antes, esto no se puede negar. Ya está aquí lo que cada cual prefiera: este camino o el de las dos últimas aportaciones de Ridley Scott. 

miércoles, 16 de septiembre de 2020

ALIEN COVENANT. RIDLEY SCOTT TERMINA DE CARGARSE SU PROPIO UNIVERSO

ALIEN: COVENANT de Ridley Scott - 2017 - ("Alien: Covenant")

La secuela de "Prometheus", "Alien: Covenant", llegó en 2017 de nuevo dirigida por Ridley Scott, que sigue aquí profundizando en su saga estrella junto a "Blade Runner" y expandiendo y explicando su universo. 

Desgraciadamente, otra vez vuelve a hacer una película muy irregular que deja montones de cabos sueltos de nuevo y que hace más preguntas de las que contesta, amén de tener para colmo miles de lagunas de guión. 

Es una pena, porque "Alien" es una de las series cinematográficas más míticas de la historia, y sus hasta ahora dos precuelas están a un nivel bastante bajo. 

"Alien: Covenant" tiene logros fantásticos como la ambientación, que pone los pelos de punta, y como la fotografía y algunas escenas de acción visualmente geniales marca de la casa (porque Ridley Scott siempre ha sido un gran maestro de la estética hasta en sus películas más infames). 

El resto es pura irregularidad. Tenemos un guión lleno de agujeros, y un buen montón de hechos algo absurdos y mal explicados, y unos personajes que salvo dos o tres no dicen nada (incluida una nueva protagonista interpretada por Katherine Waterson sin carisma ninguno) y unos aliens que no dan el miedo que solían dar. 

Hay buenos detalles, como unas conversaciones algo pedantes pero en general acertadas sobre el origen de la vida y sobre la creación de la vida y sus implicaciones morales, y alguna escena aislada verdaderamente angustiosa y sangrienta. Pero nada más. 

Ni siquiera produce terror un filme que tendría que haber cuidado bastante este aspecto: los sustos son en su gran mayoría, y salvo un par, bastante flojitos. 

Ridley Scott, que es la irregularidad hecha director de cine, que lo mismo rueda una obra maestra que un bodriazo inexplicable y repentino, no sabe una vez más realizar algo coherente con el universo que él mismo creó, y la decepción vuelve a chafarnos sin piedad.

Es pecado mortal de esta sexta entrega de "Alien", pienso sobre todo, el no resolver casi nada de lo que se dejó en el aire en "Prometheus" (y lo poco que se cierra se cierra de forma apresurada y cutre) y, encima, liarse a poner nuevos enigmas que también se quedan sin resolver para la presumible siguiente entrega de la saga (que no sabemos si vendrá o no algún día, pero aquí desde luego se hacen muchas cosas pensando en ella). 

De hecho, se nota muchísimo que, ante el escaso éxito de la mencionada primera parte de 2012 y ante la deserción de algunos de sus principales actores, se ha optado por cortar con ella de un tajo y relegar al olvido muchas de sus líneas principales. Claro, las incoherencias como se imaginan se multiplican sin cesar. 

Por otra parte, el desenlace, sorprendente o no (aunque yo lo veo algo predecible) no tiene ningún sentido y no es posible bajo ningún tipo de mínima coherencia (y en el espacio para el spoiler lo explico). 

Es una pena, pero "Alien: Covenant" nos vuelve a tirar por encima un jarro de agua fría. ¿A la tercera irá la vencida?

-ESPACIO CON SPOILERS 

Me parece lamentable cómo se quita Scott de encima a los Ingenieros. Tanta importancia que tienen en "Prometheus", tanto por saco que dan, para eliminarnos de un plumazo en una escena cutre con un arma que encima supuestamente es suya. Es que además de salchichera, la explicación de todo esto encima es incoherente. 

El final también es un cromo: un robot más antiguo y débil NO puede ganar a uno más nuevo y fuerte. NO, Scott, NO. Que a ti te convenga para poner el final que tu quieres con calzador es otra cosa, pero te lo has montando fatal. 

Luego tenemos los fallos de siempre: gente que llega a un planeta nuevo y sale de la nave al aire con gorras de baseball para que les de un chungo, así sin estudiar nada. 

Y finalmente tenemos una evolución de los aliens que ya es un delirante lío padre. Que si azules, que si blancos, que si negros, que si en "Prometheus" son unos y aquí son otros, que si arañas que salen de la nada, que si partículas chungas... Ni el propio Ridley Scott se entera ya de nada. Una auténtica lástima todo esto, en serio.

martes, 15 de septiembre de 2020

PROMETHEUS. RIDLEY SCOTT NARRA ATROPELLADAMENTE EL ORIGEN DE ALIEN

PROMETHEUS de Ridley Scott - 2012 - ("Prometheus")

En 2012, Ridley Scott volvió a su saga estrella con "Prometheus", que era la precuela de su "Alien" y que iba a contar, por lo menos en parte, el origen de esta especie letal.

La película, cargada de homenajes a la mencionada película de 1979 y también con guiños a su secuela, a la de James Cameron, narra la aventura de un grupo de científicos que, de expedición a un planeta lejano en busca de lo que creen que puede ser el origen del ser humano, descubre una terrible verdad.

Existen dos partes claramente diferenciadas en "Prometheus": la primera y la segunda hora, a grandes rasgos. La primera, excelente; la segunda, atropellada y fallida.

El primer segmento de esta precuela del universo de "Alien" es como he señalado excelente, y está cargado de momentos de inmejorable cine de ciencia ficción donde Ridley Scott saca todo su poderío visual para dejar al espectador anonadado. 

El aura del extraño planeta, el interior de la estructura y la nave, los restos mortales de sus viejos moradores, las extrañas vasijas que sudan un líquido aún más extraño, la secuencia del aterrizaje, el periplo de los exploradores en las imponentes salas alienígenas... 

Todo esto, unido a las grandes cualidades interpretativas de Noomi Rapace, Logan Marshall-Green, Charlize Theron y sobre todo Michael Fassbender (que una vez más vuelve a comerse la pantalla sólo con su presencia) en el que es el personaje más interesante de la cinta (homenaje a los androides de las otras entregas de la saga Ash y Bishop en partes iguales) consiguen que la película prometa, y vaya que sí, durante toda esta primera hora (más o menos). 

El desastre, por desgracia, llega, y de golpe, nunca mejor dicho. Porque de súbito empiezan a agolparse hechos uno tras otro que precipitan la película en un camino atropellado que, finalmente, no llega a ninguna parte y que para colmo se queda abierto de par en par para una entrega siguiente.

De repente, tenemos a la protagonista auto-operándose de un feto de "alien-calamar" (no te explican qué es esta cosa) es una escena absolutamente genial (que a pesar de lo irregular del conjunto del filme quedará para los anales de la historia del cine fantástico) pero que resulta incoherente porque, por muy avanzada que sean la tecnología y la medicina en esos lejanos años, me resulta extremadamente poco creíble que la chica pueda, por mucha anestesia que tenga, correr, saltar, escapar a zancadas en limpio y hasta "enfrentarse" a los "alienígenas" de marras recién operada y con el estómago casi abierto, como quien dice. Lo siento, no me lo trago, y no sé a la hora de hacer el guión por qué no sé cayó en este hecho. 

A partir de más o menos éste excelente pero incoherente momento, todo se precipita en las carreras: el personaje de Marshall-Green es eliminado de una manera sosa y todo el interés que despertaba se lo cepillan de un plumazo, el de la Theron no se desarrolla casi nada (y su muerte es estúpida), hay un "Ingeniero" vivo porque sí y sin explicación coherente, nadie intenta acabar con la protagonista después de que haya descubierto el pastel de Weyland y después de que se haya salvado de morir, nadie va a la cámara de operaciones a ver qué ha sido del "alien-calamar" (y nadie parece haberse enterado de la que se ha liado allí) y, aparte, queda ahí lo del sacrificio épico y totalmente gratuito de los pilotos, que a mi particularmente me dio vergüenza ajena. 

Y queda, por supuesto, el decepcionante final abierto. Porque después de 33 años desde el primer "Alien", sienta como tres patadas en el estómago que todo se quede en el aire o que haya tantísimas incógnitas sin resolver. 

No se dice nada del mencionado "alien-calamar", ni de los gusanos, ni de las vasijas extrañas que exudan líquidos extraños, ni de la enfermedad de Holloway, ni de por qué murieron los "Ingenieros" (supuestamente tienen el pecho abierto, pero no se dice nada más), ni de la araña chupadora gigante evolucionada o involucionada, ni del alienígena del final (para unos era, en su día, una cría de Reina Alien, para otros un modelo primigénio de la bestia, para otros es un "Alien-Ingeniero"...). 

Entiendo que haya que dejar cosas para una segunda entrega (me parece una buena idea), pero lo que no entiendo es que no te resuelvan prácticamente nada en ésta. 

Tristemente, "Prometheus" fue una gran decepción. No la considero una mala película porque puede resultar esencialmente divertida y porque tiene una primera hora antológica, pero tampoco es buena porque está deslabazada y no lleva a ninguna parte porque es un prólogo de dos horas de la siguiente película de la saga. Mañana, la comentaré.

lunes, 14 de septiembre de 2020

ALIEN: RESURRECCIÓN. LA ENTREGA PIROTÉCNICA QUE SALVÓ EL CICLO DE RIPLEY


 
ALIEN: RESURRECCIÓN de Jean-Pierre Jeunet - 1997 - ("Alien Resurrection")

Cuando todos creían que la saga de "Alien" por fin había terminado con el sacrificio de Ripley para salvar al mundo, aparece un poco por sorpresa una cuarta parte que echa a temblar a más de uno. 

Si la tercera de Fincher no fue todo lo buena que pudo haber sido… ¿Qué podría ser ya una cuarta en la que la teniente aparecía absurdamente resucitada

Jean-Pierre Jeunet, después de debutar en Francia, su país natal, con dos geniales películas fantásticas (“Delicatessen” y “La ciudad de los niños perdidos”) que ahora ya son dos clásicos de su cine, se lanzaba al mercado estadounidense para hacerse cargo de esta cuarta entrega y, al menos en mi opinión (que sé que muchos no comparten en absoluto) sale medianamente bien parado. 

Perteneciente a la generación que surgió tras la estela de Luc Besson, Jean-Pierre Jeunet, que se separa ya para siempre de su compañero Marc Caro en esta película, hace una versión de Alien adaptada al tipo de cine que esta generación suele practicar: un cine siempre comercial pero que busca una personalidad marcada. 

Es lo que es, básicamente, “Alien. Resurrección”: una entrega que vuelve al modelo de la acción de Cameron (como Fincher volvió al del terror de Scott) buscando conectar con un público que busca diversión pero también tratando de conectar con otro que busca un producto de aceptable calidad artística..

Jeunet presenta un espectáculo pirotécnico de efectos especiales y efectismo excesivo, mucho más que el de Cameron, y muy frenético, que no deja parar un minuto al espectador. 

Los aliens vuelven a ser una mayoría, y sus víctimas vuelven a estar armadas hasta los dientes. La ambientación es recargada, barroca, también de luces y sombras, aunque ya es incapaz de aterrorizar lo más mínimo (también porque el mito del Alien está ya muy visto en una cuarta entrega). 

Claro que en ningún momento “Alien. Resurrección” intenta ser una película de terror. Es una película para divertir, y la verdad es que creo que Jeunet, básicamente, lo consigue, aunque no aporte nada nuevo. 

La considero algo superior a la también irregular entrega de David Fincher ya que esta apuntaba muy alto y caía bastante bajo (de hecho, en mi opinión es la peor de ciclo de la teniente Ripley y en su momento se cargó la entonces trilogía).

La gran mayoría de las sagas, al llegar a su cuarta entrega, ya se presentan completamente deterioridas en todos los aspectos. La de Alien cae, como es normal, pero no llega a este grado.

La clonación de Ripley a manos de los militares, si bien en una primera instancia puede parecer de auténtica risa, está realmente bien tratada por Jeunet: no queda tan absurda ni tan delirante como se espera. 

Tampoco está su personaje mal desarrollado: tiene la suficiente dosis de desencanto para resultar coherente con su vida anterior, destrozada por los alienígenas y por los seres humanos y su maldad, que, peores que los propios aliens, esta vez han rizado el rizo en su búsqueda de la grandeza y el poder. 

El resto de sus compañeros resultan atractivos, tan extravagantes como los habituales de Jeunet e interpretados por algunos de sus actores fetiche: Dominique Pinon, Ron Perlman… junto a otros como Winona Rider, que no lo hace mal. 

El desenlace contra el alien-humano está bien resuelto y es coherente, y realmente presenta una aceptable historia que se puede seguir con interés. 

¿Piensan que “Alien. Resurrección” está infravalorada como simple película de acción y diversión? Tras su aventura americana, Jean-Pierre Jeunet volvería a Francia para rodar su película más famosa: su mítica y bonita “Amelie”.


domingo, 13 de septiembre de 2020

ALIEN III. DAVID FINCHER METE LA PATA EN UNA ENTREGA AMBICIOSA PERO MUY FALLIDA


 
ALIEN III de David Fincher - 1993 - ("Alien III")

David Fincher siempre tuvo, sobre todo en su primera etapa, vocación por lo oscuro. Lo demostrarían obras como “Seven” o “El club de la lucha”, y también su irregular debut, “Alien III”, que bajaba el listón que tan alto habían dejado Ridley Scott y James Cameron con las dos primeras e imprescindibles entregas de la saga. 

Fincher da al desenlace de la entonces trilogía (trilogía en su momento, pues hubo una inesperada cuarta parte y la saga continuó) un tono que, si bien falla en sus expectativas, es personalísimo y muy propio de su obra: intenta regalar un capítulo que nada tiene que ver con los anteriores ni con el posterior del francés Jean-Pierre Jeunet; intenta recrear un drama psicológico de terror. 

Para ello, desarrolla una historia de absoluta desesperanza y la ambienta en un mundo desolador, corrupto y oscuro. 

Ripley es, una vez más, la única que sobrevive de la segunda entrega a ésta. Sus amigos han muerto y también su hija adoptiva, por la que tanto luchó, mientras que el androide Bishop es un armatoste destrozado y viejo que no puede hacer nada salvo pedir la eutanasia. 

Estos incidentes hacen de ella, aquí rapada, un ser desencantado y amargado con una vida destrozada a las espaldas por sus dos enemigos implacables: una amenaza alienígena y, lo que es más grave, los propios humanos, los directores de la compañía.

La sensación de soledad y malestar de Ripley en el planeta prisión en el que está confinada como la única mujer en una colonia de perturbados y fanáticos está muy conseguida, y es ciertamente deprimente comprobar de qué manera han muerto los supervivientes de “Aliens. El regreso” con los que tanto nos habíamos encariñado (este hecho disgustó a muchos fans de la saga y según he leído también al propio James Cameron).

“Alien III” transmite pesimismo existencial y fatalidad por los cuatro costados, lo mismo que transmite “Seven” y, en menor grado, “El club de la lucha”. Por ello, es una obra tan personal como la de Scott o la de Cameron. 

Sin embargo, el conjunto básico de la película se viene abajo por diversos factores, y la sensación que queda tras su visionado es la de una insatisfacción básica que, la verdad, fastidia, sobre todo tras las expectativas creadas y tras la genialidad de sus antecesoras. 

David Fincher intenta volver a recuperar el espíritu del primer “Alien”: vuelve a colocar a una sola bestia asesina frente a un grupo de hombres desarmados e indefensos. 

El ambiente es ahora de luces y sombras, de pasillos oscuros y de tonalidades sepia, lúgubre y extraño de nuevo. 

Sin embargo, el terror no funciona: el mito es ya conocido y no sorprende, y Fincher no sabe explotar la sugerencia como lo hizo Scott. 

Tal vez sin proponérselo, acaba realizando una película de acción, por lo menos en su mitad segunda, la referida a la lucha contra el alien. Y el caso es que como película de acción "Alien III" también se plantea insuficiente, sin pulso, llegando por momentos, ante la falta de originalidad, al puro efectismo frenético vacío que ya empezaba a cuajar entre los autores de cine comercial a principios de los años noventa.

A todo esto se le añade una galería de personajes medianamente interesantes en los inicios pero que acaban resultando anodinos, sin mucho carisma y completamente olvidables (los más olvidables de todas las entregas de la saga de Ripley). 

Es especialmente triste lo desperdiciado que está en este sentido, primeramente, Bishop, convertido en un trasto moribundo y posteriormente en un villano sin demasiado gancho; y en un segundo término, el médico que interpreta Charles Dance, que muere casi antes de la mitad de la película sin haber aportado todo lo que prometía (una relación con Ripley, nada menos) y que da la completa sensación de ser un personaje interrumpido por alguna oscura trama de productores que no hemos podido conocer. 

Tampoco ayuda el hecho de que la protagonista albergue un oscuro secreto que se predice con rapidez y que poco aporta. 


De “Alien III” se salva su desenlace, completamente inesperado, en el que Ripley por fin se venga de la compañía y les destruye para siempre su sueño de grandeza. El resto, por desgracia, resulta insuficiente por las razones antes comentadas. 

Eso sí, al parecer a Fincher los productores le destrozaron su proyecto, eliminando escenas sin piedad y cambiando el concepto original de la historia para hacerlo más comercial. ¿Qué ocurrió exactamente? 

El caso es que, por desgracia, la película es la más floja de la saga principal (yo incluso la sitúo por debajo de la también irregular pero por lo menos divertidísima aportación de Jeunet). ¿Qué opinan?


sábado, 12 de septiembre de 2020

ALIENS. EL REGRESO. JAMES CAMERON CAMBIA EL TERROR POR LA ACCIÓN

ALIENS. EL REGRESO de James Cameron - 1986 - ("Aliens")

En 1986 la obra maestra de Ridley Scott estrenaba segunda parte: “Aliens. El regreso”, una de las mejores películas de acción de la historia, obra del maestro de la acción James Cameron, que ya había arrasado dos años antes con la maravillosa “Terminator” y que años después volvería a hacerlo con “Terminator II: El juicio final”. 

Aún contando con efectivos toques de terror y de tensión (los tiene y casi nadie se acuerda de ellos), “Aliens. El regreso” se olvida un poco del miedo y de la sugerencia y apuesta por la acción pura y dura en un momento en el que en Hollywood todavía se podían encontrar de forma habitual películas de este género bien realizadas. 

Repite el ambiente oscuro y retorcido, sumergido en sombras, humo y brumas, y repite una genial banda sonora. 

Repite, por supuesto, la mítica bestia de Giger, aunque esta vez no hay una: hay miles, y están por todas partes, un aspecto que hace que el terror desaparezca parcialmente, como se ha indicado, para centrarse en la lucha brutal contra una amenaza que ya es perfectamente conocida y cuya mitología se desarrolla un poco más (se conoce su estructura social tipo colmena, aparece la reina de esta colmena, el ambiente en el que se mueven…). 

También aparece designada la compañía que en “Alien” traiciona a la tripulación y se confirman sus objetivos de preservar a la especie asesina para su propio uso. Se amplía la crítica al uso de armas por empresarios sin escrúpulos.

Por otra parte, los personajes, como los de su antecesora, están desarrollados a la perfección. El de Ripley aparece un poco más desencantado, algo más alejado del de la mujer más incauta de “Alien”, estableciendo con la niña de la colonia una inolvidable y coherente relación madre-hija que logra emocionar. 


El androide Bishop (Lance Henriksen) es otro personaje importante e imprescindible de la historia y uno de los más carismáticos de la saga, como también lo es el capitán Hicks encarnado por el olvidadísimo Michael Biehn (el igualmente olvidado Kyle Reese del primer “Terminator” y en aquellos tiempos prometedor actor habitual de Cameron). El resto del cuerpo de marines también cumple bien su función. 

“Aliens. El regreso” cuenta, de la mano maestra de James Cameron, con algunas de las escenas antológicas del cine de acción de todos los tiempos: las primeras apariciones masivas de aliens, la primera aparición de la reina, el primer enfrentamiento anímico entre Ripley y Bishop, la huída por los conductos, el ataque de la araña, el rescate de la niña descendiendo al nido, la lucha final contra la reina... 


Esta secuela desmiente el mito una vez más de que las segundas partes nunca fueron buenas. Queda, eso sí, el hecho de que no se trata exactamente de un filme de terror, que era lo que tal vez muchos esperaban y preferían. 

¿Piensan acertada la elección de Cameron de hacer un filme de acción? ¿Cuál de las dos primeras partes de la saga prefieren?


viernes, 11 de septiembre de 2020

ALIEN, EL OCTAVO PASAJERO. Y RIDLEY SCOTT REVOLUCIONÓ EL TERROR

ALIEN, EL OCTAVO PASAJERO de Ridley Scott - 1979 - ("Alien")

En 1979 irrumpía en las salas Ridley Scott, después de la genial “Los duelistas”, con una de las más grandes obras maestras del terror y de la ciencia ficción de todos los tiempos: “Alien. El octavo pasajero”. 

Adaptación completamente libre de un escrito de Joseph Conrad (“La línea de la sombra”), “Alien”, cuento de horror gótico ambientado en el espacio profundo, cambió, gracias a la confluencia de los diversos artistas que en ella intervinieron, la concepción del cine de terror que se tenía hasta entonces o, por lo menos, la renovó, insuflando aire fresco al género del horror alienígena. 

Para comprender este soplo de frescura, hay que mencionar primero el “tipo de terror” que Scott optó por utilizar en su película: el terror basado en el poder la sugerencia, el terror de películas como “La semilla del Diablo”, “Tiburón” o la posterior “Al final de la escalera”. 

De hecho, “Alien” comparte con “Tiburón” el mecanismo para producir el miedo y la extrañeza en el espectador: no mostrar a la supuesta bestia asesina hasta el final del filme. 

El alienígena de “Alien”, como el gigantesco escualo de Spielberg en las aguas, permanece sumido en las sombras la mayor parte del metraje, escondido en esquinas impensables, al fondo de pasillos oscuros, en conductos de respiración. No es hasta el duelo final contra la mítica Ripley cuando se le muestra en toda su horrorosa totalidad. 

El espectador no sabe a qué se está enfrentando: de hecho Scott sólo da pequeñas pistas para ir presentando la amenaza oculta. Muestra a veces una garra, a veces la cola, a veces sólo la cara, a veces su segunda boca… Se explota el miedo a lo desconocido de una manera soberbia, como pocas veces se ha hecho en el cine.

Este alien, además, está diseñado por el célebre artista suizo H.R. Giger, que creó una bestia de líneas insinuantes y hasta sexuales que ya forma parte de los mitos clásicos del cine norteamericano y de la cultura popular mundial. 

A esto le añadimos la nave gótica barroca en la que el alien y sus víctimas se mueven, una nave retorcida y lúgubre que es otro protagonista más del filme, casi otro asesino más, y un planeta macabro con insinuaciones de civilización ancestral delirante que hoy sigue poniendo los pelos de punta.

Los trajes de los tripulantes y algunos diseños corren por otra parte de la mano del gran autor de comics Moebius, algo eclipsado aquí por Giger pero igualmente básico para la película. 

Otro punto más a favor de esta obra imprescindible es su inolvidable banda sonora, que crea un ambiente de extrañeza y opresión inigualable, junto, además, a un maravilloso reparto en el que encontramos a grandes como John Hurt, Ian Holm o Harry Dean Stanton junto a secundarios de lujo como Tom Skerritt, Yaphet Kotto o Veronica Cartwright (la niña de “Los pájaros” de Hitchcock). 

Sigourney Weaver es la sorpresa, la protagonista inesperada de la saga, que entonces no era una actriz conocida pero que fue lanzada al estrellato de forma fulminante. 

Ridley Scott rodaría después de esta obra maestra otra más: “Blade Runner”, tras la cual proseguiría su carrera de manera ya siempre irregular (una lástima). Mañana, pasamos el testigo a otro grande del cine norteamericano: James Cameron.