Año de publicación: 1885
Valoración: Recomendable
La literatura y la música tienen cosas en común, seguramente bastantes, pero quizá la más significativa puede ser que transmiten sensaciones. Esta capacidad es en mi opinión un valor, no el más importante pero sí destacado a la hora de apreciar una obra literaria, y desde este punto de vista la novela que escribió Alejandro Sawa con apenas veintitrés años muestra un potencial nada desdeñable.
Aunque en principio pueda parecer otra cosa, la historia gira en torno a la condesa del Zarzal, mujer de atractivo irresistible que reúne todo el catálogo de maldades que quepa imaginar: sirviéndose sin medida de su físico y sus artimañas de seducción, la condesa enloquece, manipula, exprime y consume por completo a todos los que le rodean, siempre con objetivos egoístas y detestables y, lo que es peor, disfruta en el proceso tanto como con el resultado de sus maquinaciones. Es el perfecto demonio femenino, síntesis y paradigma de la maldad en un cuerpo inigualable.
Como vemos, todo en este personaje es sumamente exagerado, sin matices ni oscilaciones, radical y extremo como solo puede serlo un relato juvenil, tan ingenuo en el planteamiento como escabroso a la hora de descender con cierto deleite a los detalles. Hay momentos en que ese Sawa de veintitrés años parece deseoso de protagonizar su propio libro, de ser él mismo uno de esos personajes que doblan la rodilla ante el poder devastador de esa mujer, como confesando su sumisión a ese mundo hiperbólico de placeres y emociones extremas, ansioso de vivir tales situaciones aun con la certeza de que con ello se buscará la ruina. Aunque a decir verdad no parece que la vida del autor fuese exactamente por ese camino de excesos, digamos como un Modigliani literario, de manera que todo parece quedar confinado en el terreno de la ficción.
Pero, volviendo al principio, las sensaciones son intensas, y aunque el argumento tenga en realidad bastante de folletín, prevalece el fuego que su malvada protagonista desata en su entorno, hasta atrapar al lector como podría hacerlo un relato de terror: no nos agrada lo que vemos pero queremos seguir dentro de esa historia, de manera que el lector caería en la misma tentación que atribuíamos al autor, aunque a salvo de posibles daños.
Otra cosa es que técnicamente la narración no resulte muy académica. La prosa, aunque florida y vehemente, es a veces bastante incorrecta (aun habiendo registrado cierto pulido previo según se revela en el prólogo), con algunas incongruencias en la sintaxis, frases que quedan en el aire y hasta ciertos errores léxicos. La misma estructura narrativa parece cuestionable, apuntando a direcciones que quedan abandonadas o acumulando escenas sin una conexión convincente. Todo es explosivo, casi improvisado con voluntad de incendiar o de mostrar un incendio interior, que tanto da, y en ese sentido, con todas sus imperfecciones el libro resulta convincente y transmite con eficacia lo que quiere.
A veces conviene quizá bajar un poco la guardia y no ponernos tan exquisitos. De esta forma podremos apreciar un libro como este, que a pesar de sus deficiencias rezuma frescura y honestidad, y esos son valores que tampoco conviene despreciar.
P.S: Sobre Alejandro Sawa como escritor y personaje de su época tenemos información interesante en las otras reseñas sobre el autor que ponemos aquí debajo.
También de Alejandro Sawa reseñado en ULAD: Criadero de curas, Noche, Declaración de un vencido