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sábado, 18 de octubre de 2025

Flann O´Brien: Crónica de Dalkey

Idioma original: inglés

Título original: The Dalkey Archive

Traducción: Mª José Chuliá García

Año de publicación: 1964

Valoración: Recomendable alto


Flann O´Brien es uno de los autores más originales que he podido leer, con una asombrosa capacidad para la digresión (inevitable buscar referencias en Laurence Stern), manejo del humor, a veces sutilísimo y a veces absurdamente grotesco, y sin límites aparentes para internarse en el disparate, rozando lo alucinatorio (El tercer policía, que me sigue pareciendo que trasciende con mucho la simple floritura imaginativa) o lo metaliterario (En Nadar-Dos-pájaros). O sea, creatividad por los cuatros costados, aunque siempre teniendo delante las peculiaridades de esa Irlanda que parece marcar de forma decisiva la literatura de la isla. 

En Crónica de Dalkey nos encontramos a aquella especie de científico-filósofo llamado De Selby, cuya desternillante bibliografía salpicaba de tanto en tanto El tercer policía. Ahora lo encontramos en persona, un tipo con economía en apariencia bien saneada (recuerda al Canterel de Roussel) que vive aislado en un caserón junto al mar y atesora importantes secretos. El tipo es capaz de gobernar de alguna manera el tiempo para, en una cueva submarina, comunicarse con personajes del pasado (cómo le hubiera gustado esto a Papini), encuentros en la práctica limitados a ciertos padres de la Iglesia católica con quienes discute bastante acaloradamente. Y dispone además De Selby de cierta sustancia con la que se plantea seriamente acabar con la Humanidad al completo. 

También filosofan o exponen ideas extravagantes otros personajes, como cierto policía que insiste en cierta transmutación entre hombres y bicicletas, e incluso los dos jóvenes que rulan entre tan peculiares personajes, todos ellos bien abastecidos de whiskey, cervezas o lo que se tercie, porque el alcohol fluye sin tregua a lo largo de todo el libro. Diálogos absurdos, o mejor dicho incrustados de todo tipo de desatinos, formulados con total seriedad, y cuajados de giros repentinos a otras digresiones (la práctica de la natación, el carácter supuestamente mendicante de los jesuitas, opiniones sobre Jonás el de la ballena), el universo infinitamente enredado y loquísimo que acostumbra a mostrarnos el gran O´Brien.

Pero no para ahí la cosa, porque un poco casualmente encontramos a un James Joyce al que se suponía muerto, que sin embargo ejerce de camarero en un pub y solo recuerda haber escrito Dublineses y un borrador del Ulises que aborrece y que, según asegura, utilizó sin consentimiento su editora Sylvia Beach (ésta es auténtica). Con lo cual ya tenemos medio completo el panteón irlandés, porque Joyce por una parte y la Iglesia católica por otra, y también ambos entremezclados y sazonados en alcohol, sostienen la estructura del libro en la que, como en otras ocasiones, el autor no se corta en absoluto a la hora de dejar cabos sueltos o subtramas abandonadas, o poco menos.

Todo es un desparrame de creatividad empapada de humor que podría extenderse sin medida si O´Brien lo quisiera así, porque se diría que el libro termina cuando el autor simplemente se cansa de sus monstruitos y le coloca un final que apenas tiene que ver (¿o sí?) con todo lo que hemos leído hasta entonces.  Y sin embargo, se le nota una tonalidad algo diferente a algunas de sus otras obras, como capas teñidas de un poco más de seriedad, quizá algo más intimista o reflexivo, como si estuviese planteando al lector, vale, te he sorprendido, te has reído y hemos puesto a prueba el ingenio, pero también te he dejado pistas sobre las que, despejando un poco el humo del sarcasmo y el malabarismo, puedes detenerte un momento. Esto no era una simple diversión, descubre tú mismo lo que está debajo: Irlanda con sus pubs, sus pequeños pueblos y su vida provinciana, impregnada por un catolicismo al que se puede poner a prueba o someter a un tercer grado, con su más ilustre personaje volteado y proletarizado. Así de complejo, sorprendente e inclasificable.

jueves, 7 de agosto de 2025

Eva María Medina: La historia sin fin

Idioma original: Español 

Año de publicación: 2025

Valoración: Entre recomendable y está bien

El mundillo editorial y sus cosas. Sirva este libro como ejemplo: una apreciable novela, de una autora española, que resulta que es publicada por una editorial argentina. El mundo al revés (o al verrés, que diría Cortázar).

Sea como fuere, el caso es que La historia sin fin es una novela dostoyevskiana sobre la adicción al alcohol y sobre los efectos que la misma provocan en el propio protagonista y en todo lo que a este rodea. Vaya, un poco como la versión ficcionada de Vinagre, recientemente reseñada por estos lares!

Narrada en primera persona por Gerardo, el texto es una continua espiral autodestructiva en el que se combinan momentos de angustia y momentos de euforia, una tragicomedia delirante (en el sentido de relativo a persona que delira) pero firmemente anclada, por desgracia, en la realidad.

Entre los aspectos más destacados de la novela cabe citar:

  • Gerardo, su protagonista. Personaje bien construido y desarrollado, creíble y con el que la autora evita caer en maniqueísmos o hipérboles. En ese sentido, me gusta que la autora no juzgue, no acuse y no victimice a Gerardo.
  • El patetismo del submundo tabernario, con sus perdedores, cuñados, jetas y otros animales
  • Su posible lectura "social". Y es que... ¿por qué el alcohol sigue siendo socialmente aceptado (e incluso exaltado por alguna descerebrada de cuyo nombre no quiero acordarme)?
Peeeeeero, no todo va a ser de color de rosa. Uno es un poco tiquismiquis y esa primera persona elegida por la autora para llevar la voz de la narración no termina de convencerme del todo. Si bien su empleo en la parte final de la novela me parece una decisión acertada, su uso en la primera parte me resulta algo chocante. 

Entiendo su uso como un intento de lograr una mayor identificación, cercanía o implicación por parte del lector, pero no me termina de cuadrar tanto detalle en el recuerdo, tanta poesía o tanta lucidez en medio de borracheras tan descomunales.

Pese a esto, la sensación final que deja la lectura de La historia sin fin es favorable y me lleva, nuevamente, al inicio de la reseña, a esas dudas que a veces uno tiene sobre el funcionamiento del mundillo. En fin, doctores tiene la iglesia. O eso dicen...

martes, 5 de agosto de 2025

Sergio Lozano Mateos: Vicio

Idioma original: Español
Año de publicación: 2025
Valoración: Está bien (sobre todo para incondicionales de la literatura del exceso)

Vicio compila tres novelas cortas de Sergio Lozano Mateos. Todas están narradas en primera persona con un estilo directo y coloquial (en ocasiones incluso soez), las empapa el mismo humor negro y giran en torno a adictos y drogas. Analicémoslas una a una:

En "Pandemia de vino y rosas", Tuco, un fotógrafo, pierde el proyecto en el que estaba trabajando porque se le rompe el disco duro. Para colmo, se queda sin hierba en el inicio del confinamiento por el coronavirus. 

Esta novela corta exprime con acierto su limitada premisa e incluye bastantes escenas esperpénticas, delirantes o adrenalínicas (y algunas que son las tres cosas a la vez, como aquellas en las que el protagonista está con el trasnochado Piti).

En "Feedback", Ángel, de cuarenta y cinco años, cargo intermedio de una empresa farmacéutica adicto al sexo, el alcohol y la coca, lucha por mantener su empleo ante una nueva gestión y conciliar su desnortado tren de vida con su familia, amantes y amigos.

Esta novela corta abunda en críticas a esos ejecutivos que no dan un palo al agua, abusan de su poder y son tan egoístas que no sienten empatía alguna por el prójimo. Alberga un par de momentos brillantes, que logran que olvidemos por un instante que el protagonista es escoria y nos conmovamos ante su patética existencia. 

En "Luna nueva de agosto", los acontecimientos se precipitan una noche en que un urbanita, que ha ido a pasar unos días al campo, se cuela junto a sus amigos borrachos y drogados a la huerta del vecino. 

Al contrario que sus predecesoras, esta novela corta no tiene un protagonista indiscutible. De hecho, aunque también se narra en primera persona, los capítulos alternan las voces de los tres personajes principales. Asimismo, presenta una escena lisérgica (por desgracia, la única de todo el volumen), la del conejo.

De las novelas cortas que compila Vicio me han gustado su ritmo (ágil e intenso) y los amagos de desarrollo de sus contradictorios protagonistas (quienes suelen acabar igual que empezaron, aunque se convencen de que no es así).

En cambio, creo que no aprovechan del todo las posibilidades de la ficción y el lenguaje a la hora de plasmar los excesos (especialmente los que tienen que ver con la adicción al sexo, la ingesta de alcohol o el abuso de drogas recreativas). 

A esto hay que añadir otra cosa que, a mi juicio, lastra Vicio: dadas las similitudes en forma y fondo de los textos que compila, el volumen se hace algo pesado de leer (sobre todo de corrido). 

Sea como fuere, Vicio es un libro perfectamente disfrutable. Incluso yo, que nunca me he sentido atraído por esa literatura que se enfoca en el alcohol y las drogas (recuerdo quedar poco impresionado con Historias del Kronen, Menos que cero, Azul casi transparente y otras obras similares), sé apreciarla cuando aprovecha dicha temática para explorar la psicología de sus personajes autodestructivos, hacer retratos generacionales o lanzar un poco de crítica social (que es, precisamente, lo que logran las tres novelas cortas de Lozano).

Ah, la imagen de la cubierta de Vicio no me parece nada atractiva. Es evidente que está generada con Inteligencia Artificial, y por tanto adolece del desaliño estético que caracteriza las ilustraciones salidas de esta tecnología.

lunes, 21 de julio de 2025

Colaboración: Vinagre, de Jorge Matías

Idioma original: español

Año de publicación: 2023

Valoración: Muy necesaria

                                                   

Aunque en otros países es más común (si bien no lo suficiente todavía) lo que se conoce como working class literature/literatura obrera, en España como siempre, y en contradicción fragante con el nombre del Partido que nos gobierna, seguimos a la cola. Esta novela autobiográfica sobre el alcoholismo, más que recomendable, es muy NECESARIA, tal y como puse en la valoración; entre otras razones porque como bien dice en la página 115 su autor madrileño perteneciente a una generación que a alguien se le ocurrió un buen día llamar de manera muy, muy ingenua nocilla:

…No hay historias escritas por alcohólicos de clase obrera españoles…

Tristemente, esto es cierto. Lo que sí hay y abundan a mares, son o novelas autobiográficas sobre esta adicción, pero de clases sociales medias y altas/muy altas, intelectuales, académicas… o novelas no autobiográficas pero que vienen a ser más de lo mismo. Es decir, resulta impactante que en pleno siglo XXI, se siga creyendo que las obreras y obreros no leen, o no escriben, o no tienen nada interesante para decir. Y más grave todavía es que las Editoriales a las que no me cabe la menor duda de que les van llegando escritos de este tipo, simplemente no las publiquen, debido a ese clasismo endogámico, sectario y oscurantista que siempre, siempre aprovecho para denunciar, porque aquí es plaga. Cada vez con más descaro, si no tienes un doctorado o has ganado cinco premios, no te publican. Pero VINAGRE también es muy necesaria por otros motivos: sin caer en ningún momento en la típica autoayuda o más típica aún superación, consigue que reflexiones y que empatices con el dolor en torno al alcohol y sus consecuencias, tanto a corto como a largo plazo. El ritmo de lectura es tan fluido que pasa a ser fílmico, y la identificación con el personaje/autor, instantánea. Logra también que te sientas como él, aunque no seas hombre como él, ni jevi (así lo escribe) como él, ni obrero del metal como él. Cuando cierras el libro en la última página, te invade ese vacío repentino de final de lectura tan poco frecuente y te dices: qué pena. Pues el autor termina siendo tu amigo.

Es como si hubiera abierto un cultivo para más escritura del estilo por un lado. Y por el otro y de manera inevitable, nos llene de culpa a las que si bien no somos de clase obrera como tal, por el esfuerzo infinito de (m)padres que murieron antes de tiempo para que pudiéramos acceder a la Universidad, llevamos ese escudo interior; pertenezcamos o no a la categoría siguiente: precariado. Algunas con orgullo llevamos ese escudo aunque carguemos a cuestas ese sufrimiento ancestral, como es mi caso. Pero otros no tanto, o no nada, mejor dicho. Porque sigue llenando de vergüenza el trabajo a destajo, sudoroso, manual, de fábrica. Y que Jorge Matías se atreva con una honestidad inmensa, en muchas ocasiones tragicómica, a desplumar el mito del obrero analfabeto y muchos otros transversales y SAGRADOS como que el alcohol es una droga blanda, constituye un giro totalmente radical de actuación en el género. El autor dedica prácticamente todo el libro, con saltos temporales mediante, a diseccionar hasta qué punto esta droga nos fractura y extraña de las personas que nos rodean, y de nosotras mismas. A ratos, es casi una novela de terror, porque lo hace llegando al fondo fondísimo, ese fondo que todo el mundo quiere evitar, en sintonía con la sustancia de la que habla, la que provoca más daños en España y continúa estando bien vista. 

Recuerdo haber leído hace tiempo La hija de la mujer de la limpieza de James Stephens, un regalo espontáneo de la maquetadora o quizás editora de Ediciones del Viento porque no quisieron publicarme, (y se ve que le di lástima). Ya va siendo hora de leer a la misma mujer de la limpieza. Sin hombre que hable por ella. Incluso sin hija. 

Firmado: Rosanna Moreda

viernes, 24 de mayo de 2024

Charles Bukowski: Hollywood

Idioma original: inglés

Título original: Hollywood

Traducción: Cecilia Ceriani

Año de publicación: 1989

Valoración: Está bien


No creo que me equivoque mucho si digo que casi todos hemos catado en alguna medida a Bukowski en nuestra juventud. Es que es irresistible, todo eso del realismo sucio, hablando sin tapujos de sexo, de alcohol, libros en los que se dice follar y que te jodan, tipos antisociales que se ríen de las convenciones. Una especie de versión cínica de Kerouac, un Borroughs en viaje de vuelta. Un cóctel apetecible para alguien ansioso de conocer el lado oscuro del vicio, el riesgo y las peleas. Muchos años más tarde echamos un vistazo a aquellas historias y, claro, impresionan bastante menos pero ¿pueden seguir resultando atrayentes?

Un director de cine encarga a Bukowski (o a su inevitable alter ego Chinaski) que escriba un guion. Tras algunas dudas consigue sacarlo adelante, y ahora toca hacer la película. Todo son dificultades con productores y actores, con la financiación y los caprichos de la industria, problemas que el guionista contempla a cierta distancia, más vinculado al proyecto por amistad que por auténtico interés (al margen del económico, claro). Las múltiples vicisitudes que se van sucediendo, algunas disparatadas pero con el aspecto de ser muy reales, constituyen el cuerpo del relato de principio a fin.

Bukowski siempre habla de Bukowski, con lo que la lectura de todos sus libros nos proporciona algo parecido a una biografía completa. Esta tendencia a contarnos sus excesos y aventuras puede resultar un poco cansina, y hasta poner en cuestión la creatividad del autor. Pero bueno, es innegable que con su personaje a cuestas consigue arrastrar a buen número de incondicionales que disfrutan de su aspereza y su sarcasmo. Todo esto lo encontramos, claro está, en Hollywood, que por lo demás me parece un texto algo monótono, una colección de anécdotas más o menos cómicas que desde el punto de vista narrativo no dan mucho más de sí.

Claro que Bukowski no es mal escritor, no solo tiene un estilo muy personal y domina perfectamente la acción (no por nada es su propio protagonista y puede estirar, adornar o reinventar su propia experiencia), sino que también sabe colocar elementos que realcen su relato. Aunque sea en una capa menos visible, podemos detectar la decadencia que marca la edad, y una especie de viaje involuntario, casual o no tanto, a lugares visitados en la juventud, un punto muy tenue que, sumergido en la ironía dominante, se diría que el autor no quiere que se llegue a apreciar. El peculiar papel del guionista asoma también entre las páginas, es quien ‘hace latir los corazones’ de sus personajes, quien les da ‘palabras para hablar’, les hace vivir o morir; pero

¿Y dónde estaba el escritor? ¿Quién fotografiaba alguna vez al escritor? ¿Quién aplaudía? Aunque menos mal ¡joder!, claro que menos mal: el escritor estaba donde debía estar: en algún rincón oscuro, observando.

Ya, se podría añadir, o más bien en el bar, o en ese mismo rincón oscuro trasegando un par de botellas de vino. Porque si nos parásemos a contar las botellas que se vacían en este relato (sobre todo vino, pero también whisky, vodka, lo que se tercie) nos podría salir un número cercano a ese gúgol que nos es tan familiar, no por nada la presencia del alcohol en los relatos de Bukowski, o sea, en su propio día a día, es de esas cosas que en principio hacen gracia, diríamos que despiertan simpatía, pero sobrepasada una frontera, empiezan a dar bastante grima. Quizá también porque, queriéndolo o no, todo tiene un ligero aire de autoparodia: al autor le gusta presentarse como el alcohólico irreductible que ha aprendido a integrar su vicio con cierta dignidad, y también como el sexagenario bien curtido al que nada asusta, el superviviente que se ríe del mundo y sus pequeñas miserias.

Naturalmente, hay en el fondo una corriente crítica con la industria del cine, el gobierno implacable del dinero y la ambición, los caprichos de las estrellas y la mezquindad de los productores, la falsedad escondida en fiestas aburridas donde cada uno busca su oportunidad. Y por ahí, ocultándose o saludando, anda Bukowski, que a fin de cuentas parece un buen hombre, buscando al camarero para que le ponga otra copa.

Más de Charles Bukowski reseñado en ULADaquí


lunes, 23 de enero de 2023

Amy Liptrot: En islas extremas

Idioma original: inglés

Título original: The Outrun

Año de publicación: 2016

Traducción: María Remedios Fernández Ruiz

Valoración: entre recomendable (para vosotros/as) y está bien (para mí).

Es éste el segundo libro que he leído de lo que se conoce como "literatura del yo" (aunque , en realidad, no creo que el anterior, Chicas Muertas, lo sea, sensu stricto) y eso pese a mi alergia, cierto que a veces algo aletargada, a todo lo que huela a "autoficción", Sin embargo , había leído cosas muy positivas y de personas con muy buen criterio sobre éste de la ¿escocesa?, ¿inglesa?, ¿británica?... bueno, orcadiana, en todo caso, Amy Liptrot, así que no he dudado demasiado en leerlo cuando he tenido ocasión. 

Resumen resumidillo: Amy Liptrot es una joven escritora nacida en las islas Orcadas, allí donde Escocia casi pierde su nombre, aunque de padres ingleses que se trasladaron a tan remoto lugar para hacerse cargo de una granja de ovejas, lugar en el que creció la autora. Pero, poco a gusto con su vida allí -a lo que contribuyó, seguramente, el trastorno bipolar que sufría su padre y el fanatismo religioso de su madre- la ya más crecida Amy se dio el piro en cuanto pudo, para recalar en la siempre jubilosa Londres, donde vivió una veintena gloriosa, de fiesta en fiesta, discoteca en discoteca y borrachera en borrachera... con el previsible resultado de que antes de cumplir los treinta nuestra Amy se había convertido en una alcohólica y perdido novio, trabajo(s) y vivienda(s). Conservó, no obstante, el suficiente tino para apuntarse a un programa de desintoxicación y, una vez superada la primera fase en Londres, retornó a las Orcadas con el reto de permanecer sobria y recuperar el timón de su vida. El libro, pues, es una especie de crónica de los dos primeros años de ese difícil proceso y de lo que vivió a la vuelta en sus islas natales, ayudando a su padre en la granja, buscando aves esquivas para una asociación ornitológica, nadando y buceando en las gélidas aguas del Atlántico o el mar del Norte, aprendiendo astrología, leyendo sobre las leyendas e Historia de las orcadas, pasando el invierno en una isla con tan sólo 70 habitantes... en fin, un despliegue de actividades muy diferentes de la vida fiestera que llevaba en la gran ciudad, pero también incesante, casi se diría que adictiva, lo que indicaría cierta predisposición al enganche -a lo que sea- por parte de la autora.

En cualquier caso, cabe poca duda para el lector (al menos para este lector) que, sin ánimo de despreciar, resulta más interesante todo el despliegue de conocimientos geográficos, astronómicos u ornitológicos  que encontramos en el libro que los avances en el proceso de superar el alcoholismo, por más que, como resulta perfectamente comprensible, esto sea lo más importante para Liptrot. Pero, como narrativa, no deja de ser una variante de una historia de superación ya mil veces contada, mientras que la originalidad, lo que le da singularidad al libro (repito. para el eventual lector, no para la autora del mismo) es lo que se refiere a su visión de la peculiaridad idiosincrasia de las Orcadas. Por supuesto, también a la excelente forma de explicarla...

Ahora bien, he de reconocer que he tenido algún problema con este libro, por más que comprenda a la perfección y respete los motivos de Amy Liptrot para escribirlo, debido a mi alergia, como ya he referido antes, a todo lo que suene a autoficción o literatura del yo; después de todo y a pesar a sus indudables virtudes, al final se trata, básicamente, de su autora hablando sobre sí misma, lo que, en más de una ocasión, ha despertado los síntomas de mi alergia, en forma de sarpullido metafórico 8pero pertinaz y dificultad respiratoria... digo, lectora, aunque sin llegar, por fortuna, al shock anafiláctico (es decir, a abandonar la lectura). Pero entiendo que esta circunstancia es un problema personal mío; a vosotras o vosotros seguro que os gusta más.

Nota de última hora: justo este mes de enero la casa editorial de este libro, Volcano, dedicada especialmente a temas relacionados con la naturaleza, ha anunciado su cierre. Una lástima, sin duda... Desde aquí, les deseo mucho ánimo y suerte a sus responsables.

sábado, 28 de mayo de 2022

Monstruo Espagueti: Tratado sobre la resaca

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2021

Valoración: Recomendable


Vaya, nos hemos ido a lo fácil, eh? Ves en Norma Comics un librito que te hace gracia sobre algo tan manido como el pedo y la resaca, y ala, directo a Un Libro Al Día. Porque es un libro, claro, y aquí cabe cualquier cosa que tenga esa forma, no?

El asunto, ya sabemos, es tan recurrente y propenso al chiste que recuerdo una ocasión en que montamos entre varios una especie de Un, Dos, Tres… para ver cuántos sinónimos de borrachera éramos capaces de recordar, y salieron muchos, muchos de verdad, y siempre, inevitablemente, cargados de cachondeo, porque lo uno lleva a lo otro al parecer sin remedio. Y el libro, pues eso, que se mete de lleno por ese camino que es difícil que defraude porque, a poca gracia que uno tenga, contar cosas relacionadas con el descontrol alcohólico es garantía de éxito.

Cuenta la autora (porque Monstruo Espagueti es una ilustradora barcelonesa cuya página web podéis visitar aquí) que le propusieron hacer un libro sobre el cambio climático, le pareció demasiado aburrido y se decidió por esto del desparrame y sus consecuencias. Y desde luego creo que acertó porque, por muy manoseado que esté el tema (sin ir más lejos, creo que mi paisano Juan Bas escribió un libro exactamente con el mismo título) siempre hay alguna esquina que encontrarle.


Evidentemente, reina en el libro un permanente tono desenfadado, ayudado por esa caligrafía gamberra y los divertidos dibujos que lo llenan, generalmente de formato pequeño, muy básicos, infantiles, pero de una expresividad aplastante, capaces de hacer que te partas de risa al acompañar el texto dándole siempre una orientación cómica. Porque no se trata exactamente de una simple sucesión de ocurrencias o chistes, tiene como un corazoncito didáctico, es decir, quiere entretener y divertir pero no a base de decir disparates sino contando cosas que ocurren, que seguramente nos han ocurrido a todos, o casi, y haciéndolo de forma desinhibida, mostrando el lado irrisorio, pero dejando claro que hablamos de situaciones muy reales.

Así que no debía de extrañarte que el librito pierda algo de gancho cuando por ejemplo describe los diferentes brebajes responsables de un buen número de curdas, o que se quede en la mera curiosidad (aunque no sin cierto interés) al describir los matices que el universal consumo adquiere según las diferentes culturas. Y en cambio reconocerás que te has tronchado con la sección Pelis con resacón (genial el Dumbo piripi o la famosa escena de la inyección de Pulp Fiction) y, sobre todo, Famosos y sus resacas, donde la combinación entre el dibujo y los comentarios (ácidos aunque en apariencia inocuos) resulta ya irresistible, iniciándose con leyendas de la alcoholemia como Ozzy Osborne, Ernesto de Hannover, Hommer Simpson y Ava Gardner. Una bomba.

Otro desternillante puñado de páginas es el que dedica a algo muy parecido al juego que te decía sobre los apelativos de la borrachera: aquí se trata de formas de nombrar a la resaca en los distintos idiomas y países, donde se encuentran algunas versiones realmente fantásticas, todo un descubrimiento que incorporar a nuestro bagaje cultural sobre el asunto. Triunfa incluso la autora cuando se adentra en terrenos algo más serios, como la presión social que se ejerce sobre aquellos que se niegan a beber o lo hacen a un ritmo que alguien considera demasiado moderado, pongamos en una salida nocturna o en algún tipo de celebración especial. Situación que, digámoslo ya, resulta sumamente irritante.

Así que no fue mala elección la de este libro. Un tema muy visto, sí, pero tratado con desparpajo y atinando con la dosis exacta de mordacidad. Nada demasiado original ni transgresor, pero un trabajo simpático, entretenido y bien hecho que le saca a uno unas cuantas sonrisas y alguna carcajada, que nunca viene mal. 


sábado, 11 de diciembre de 2021

Irvine Welsh: El artista de la cuchilla

Idioma original: Inglés     
Título original: The Blade Artist
Traductor: Francisco González, Arturo Peral y Laura Salas Rodríguez
Año de publicación: 2016
Valoración: Está bien como novela negra al uso. Recomendable en tanto que ejercicio de género capaz de suscitar preguntas incómodas 

El artista de la cuchilla recupera a Frank Begbie, el psicópata de la pandilla de inadaptados de Trainspotting, y lo sumerge en una trama propia de la novela negra más violenta y ácida. Abundan  en estas páginas el alcohol, el sexo, la acción, la crueldad e incluso el humor negro, pero también reflexiones en torno a la moralidad o la incapacidad de cambiar sustancialmente (y menos todavía para bien). 

Entre las muchas virtudes que le he visto a este texto de Irvine Welsh, destacaría las siguientes: 

  • Funciona de manera autónoma. En otras palabras: se puede comprender perfectamente aunque no hayas experimentado Trainspotting (o, como es mi caso, apenas recuerdes nada).
  • Se lee en un santiamén. No sólo porque su argumento es sumamente adictivo, sus capítulos breves y su prosa dinámica, sino porque uno quiere saber cómo culminará todo. 
  • Nos interesa Begbie. Es un cabronazo de mucho cuidado que comete actos aberrantes y cuyo egoísmo puede llegar a atragantársenos, pero Welsh logra que comprendamos por qué es así.
  • Sus contrastes entre EEUU y Escocia, California y Edimburgo, el pasado y presente de Bedge, la personalidad real de éste y su nueva apariencia (encarnada bajo el nombre de Jim Francis). 
  • Sus desalentadoras reflexiones. Por ejemplo, aquellas que evidencian la relación que existe entre la pobreza, la marginalidad y el crimen, o las que señalan la vertiente superficial y cínica del arte moderno. 

Quizás le veo un par de defectos a la obra:


  • En determinadas momentos, uno tiene que suspender la incredulidad en demasía: cuando se nos obliga a aceptar que la estela de destrucción que va dejando Begbie a su paso no lo llega a incriminar, cuando se nos pretende hacer creer que dos gángsters importantes se reunirían con él sin escolta, o cuando se nos ofrecen ciertas motivaciones. 
  • Algún personaje no encaja del todo en la historia, pues su relevancia nunca acaba de cuajar. Sería el caso, por ejemplo, de Martin Crosby, el agente de Begbie, de Harry Pallister, un policía obsesionado con la mujer de éste último, o de John Dick, el que fuera mentor del protagonista.   

En cualquier caso, recomiendo El artista de la cuchilla. Aunque debo advertiros de que el hecho de que un auténtico hijo de puta como Bedge se salga con la suya inquietará a los moralistas, y de que la descarnada violencia de la novela puede llegar a conmocionar a los que tengan un estómago delicado. Pero bueno, conociendo a Welsh, estoy seguro de que esa era su intención.

viernes, 10 de diciembre de 2021

Étienne Davodeau: Los ignorantes

 Idioma original: francés

Título original: Les ignorants

Año de publicación: 2011

Traducción: Raúl Martínez

Valoración: sin duda, recomendable

Los ignorantes parte de una idea curiosa pero de lo más eficaz y original en su sencillez: un dibujante de cómics -el propio Étienne Davodeau- le propone a su amigo Richard, viticultor en Anjou, trabajar con él durante una temporada y que le enseñe los secretos del cultivo de la vid y la elaboración del vino; a cambio, él le introducirá en el mundo de la historieta, no sólo dándole a leer cómics y respondiendo a sus preguntas, sino mostrándole cómo funciona el proceso de creación y edición hasta obtener el resultado final: un libro en su caso, una botella de vino en el de su amigo.

He de reconocer que en un principio no estaba demasiado convencido de que me fuera a gustar este libro porque, por una parte, soy bastante refractario a eso que llaman "la cultura del vino" (no al vino en sí, claro) y, por otra, me causa más bien repelús la tendencia, habitualmente masculina, aunque no siempre, a la obsesión por ciertos temas, aunque sean, como en este caso, el vino o los cómics (o los libros, en general... ejem); más aún si quien la sufre es, no sólo vinatero, sino seguidor de la agricultura "biodinámica", como el señor Richard de este libro, desarrollada por los teosofistas Rudolf Steiner y compañía... Además, y aunque me reconozco bastante francófilo (de Francia, no de Franco), no pude evitar una sonrisilla escéptica al ver que el autor había elegido como temas dos de los emblemas de la cultura de su país: el vino y les Bandes Dessinées... sólo faltaban los quesos y las canciones de Patrick Bruel.

Ahora bien, también he de admitir que, una vez que me puse a leerlo, se me olvidaron todas mis reticencias hacia este libro: en él, Davodeau nos cuenta de forma sencilla, amena y entrañable no sólo el proceso de mutuo aprendizaje de Richard y él mismo -el subtítulo de Los ignorantes es Retrato de una iniciación cruzada-, sino, sobre todo, la amistad entre ellos y con otras personas con las que van compartiendo su "aventura"; porque, además de la lectura de cómics y  las labores propias del campo -podar, arar, vendimiar, etc.- , los dos amigos hacen visitas a otros viticultores, a toneleros, ferias de vino... Y por otra parte, también se entrevistan con famosos autores de cómics -Jean-Pierre Gibrat, Marc -Antoine Matthieu, Emmanuel Guibert-, visitan una imprenta, la editorial Futuropolis, los festivales de Saint-Malo y Bastia... Sin embargo, creo que el mayor peso del libro se lo lleva la parte vinícola, quizás porque también sea la que más llama la atención al autor, profano en la materia -aunque Davodeau ya ha demostrado su interés y sensibilidad por el mundo agrícola también en otros libros, como El perro bizco y Rural. Crónica de un conflicto-; está claro que el del vino es un mundo que seduce por su complejidad , pero también por cierto carácter aleatorio que le otorga su encanto y que marca la diferencia entre un vino normalito o incluso bueno y otro extraordinario (igual que ocurre en el cómic o la literatura en general, supongo). Además, por supuesto, de sus cualidades organolépticas y... ejem, etílicobolingas.

Al final, y ayudados también, sin duda, por el amable trazo de las ilustraciones de Étienne Davodeau, nos encontramos ante un libro sumamente grato de leer, con unos personajes a los que tomamos cariño y que consigue avivar el interés que se pueda tener antes tanto por el vino como por los cómics o B.-D. De lo que se trata, al fin y al cabo, es de disfrutar, o aprender a hacerlo mejor, de las cosas buenas que hay en la vida, como el vino, los libros, los blogs de libros (guiño-guiño-codazo), la conversación con los amigos... lo que a cada cual le haga más feliz, que, total, son dos días, y uno está todo cerrado.



También de Étienne Davodeau y reseñados en Un Libro Al Día: El perro bizco

domingo, 14 de noviembre de 2021

Alfonso Sastre: La taberna fantástica

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1966

Valoración: Bastante recomendable

 

Hace poco más de un mes murió Alfonso Sastre. Por lo que yo sé, su pérdida ha pasado más bien desapercibida en la mayoría de medios, y que aparezca ahora en el blog es una simple casualidad. En ULAD solo había una reseña de este autor (ver enlace abajo), por lo demás bastante prolífico (y longevo), lo que me parece una pequeña injusticia, quizá explicable porque el teatro, que ocupa la mayor parte de su obra, es un género que por lo que sea tiene aquí un hueco bastante reducido. Pero tengo que decir que, aun sin conocerlo con mucha profundidad, me parece un autor interesante, alguien que desde los lejanísimos, y difíciles, años 50 del siglo pasado se ha movido por diferentes corrientes y ha contribuido a dinamizar el teatro desde la base promoviendo iniciativas sin descanso. Activo luchador antifranquista, puede que su prestigio se viera lastrado, al menos a ciertos niveles, por sus relaciones poco claras con el entorno del terrorismo de ETA. Pero centrémonos en el libro.

La taberna fantástica, escrita en 1966 pero no estrenada hasta 1985, supuso un cierto éxito de público, y tiene los ingredientes para ello. En un bar de mala muerte de los arrabales de Madrid coinciden varios personajes de los bajos fondos. Rogelio, perseguido quizá sin razón por el asesinato de un policía, aparece con intención de acudir al entierro de su madre, y se encuentra en el bar algunos parroquianos habituales, Paco y Caco, dos jóvenes del lumpen que parecen mostrarle un respeto reverencial, y el Carburo, un gallo que dice tener alguna cuenta pendiente con él. Todo presidido por el tabernero Luis, bregado en la relación con este tipo de clientes y cuyo principal interés es mantener cierto equilibrio entre todos para poder seguir sirviendo alcohol a mansalva.

Porque, señores, no encontraremos muchos libros en los que la priva corra con mayor caudal que en este. Exceptuando obviamente al dueño del bar, todos los personajes llevan una cogorza de campeonato a nada que pasemos un par de páginas. Rogelio la lleva puesta desde mucho antes, y ninguno de ellos hace una mínima pausa hasta que cae el telón. Se pueden imaginar los derroteros que toma el asunto. El conflicto, alimentado por el ego y exacerbado por el estímulo espirituoso, se mueve en el campo del amago intermitente (esa bravuconada tan española), y se incendia con la posterior llegada de otros personajes… que se suman, cómo no, al festival etílico. Y ya no puedo contar más.


Podemos verlo desde perspectivas muy diferentes. Si nos contentamos con el lado cómico de unos cuantos quinquis borrachos en un bar, la obra resulta realmente divertida, incorporando un lenguaje barriobajero convincente que acerca los diálogos a cierto tipo de sátira costumbrista. Este punto de vista es seguramente el dominante para explicar el relativo éxito que obtuvo en su estreno, ya bien entrados los años 80, es decir, cerca de veinte años después de escrita.

La parte más seria de la crítica pone de relieve el probable mensaje social, con la representación de los estratos más degradados de los arrabales, delincuentes de poca monta, macarras manejando chuscos códigos de honor, desplazados de la sociedad sometidos sin escapatoria posible a la violencia y el alcohol (por esa época la droga todavía no había triunfado como años más tarde, y además, de haber estado presente le hubiera dado al texto, digo yo, un tono muy diferente).

Desde el punto de vista literario La taberna se inscribe en una zona mixta, diríamos intermedia entre el teatro de Brecht y el esperpento de Valle-Inclán, ambos con una fuerte distorsión en el dibujo de los personajes, aquél más escorado (decisivamente escorado) hacia la crítica social, el gallego más próximo al alma humana y al absurdo. Personalmente me parece que el cuadro de Sastre es algo más cercano a Valle, aunque sin su profundidad y su fuerte corriente poética. En cualquier caso, el retrato de los personajes es afilado y certero sin perder la comicidad: Luis el tabernero podría ser una caricatura del burgués, serio, contemporizador pero afianzado en la defensa del negocio; los secundarios, más jóvenes, temerosos de entrar en disputas, chicos sin expectativas de ningún tipo, se dejan llevar por el ambiente marginal siempre a las órdenes de los capos. Y estos, en especial Rogelio (llamado el Rojo, no sé si con alguna intención), ejercen su supremacía incluso desde lo más profundo de su intoxicación alcohólica. Personajes que permiten cualquiera de esas lecturas que apuntaba antes, o todas ellas a la vez.

Es esta fotografía de lo más bajo de la delincuencia pasado por el tamiz del humor lo que me parece más atractivo del libro, porque resulta realmente convincente, y consigue captar al lector-espectador mediante la risa para hacerle partícipe de una forma de vida miserable que de alguna manera replica las relaciones de poder y sometimiento más o menos inconscientes, imperantes en la sociedad. Todo ello visto desde el casi tópico espejo distorsionado (hoy hablaríamos de un filtro), que muestra la degradación mediante el siempre eficaz vehículo de lo cómico.


También de Alfonso Sastre en ULAD: Escuadra hacia la muerte


martes, 24 de noviembre de 2020

Kenneth Cook: Pánico al amanecer

Idioma original: Inglés
Título original: Wake in Fright
Traducción: Pedro Donoso
Año de publicación: 1961
Valoración: Recomendable

Pánico al amanecer es una novela breve de Kenneth Cook. De apenas doscientas páginas, concilia el entretenimiento con el fondo reflexivo y la factura artística. Narra una historia de autodestrucción y la atraviesan la alienación, la miseria, la crueldad y, sobre todo, la tristeza humana. Está plagada de ninfómanas, ludópatas y alcohólicos. Su premisa es la siguiente: John Grant se encuentra, de la noche a la mañana, sin dinero ni conocidos en medio de una tierra inhóspita.

Transcurre en el Oeste de Australia. Y dejad que os diga que Cook nos desplaza hasta ese escenario con pasmosa facilidad. Sentimos en nuestra propia piel el calor del sol, la soledad de la llanura, la pobreza moral y económica de sus pueblos y ciudades, el envilecimiento de sus habitantes. Olemos un disuasivo aroma a patatas fritas grasientas, participamos de brutales cacerías de canguros o montamos en trenes cuyo recorrido se prolonga durante horas. 

La prosa del autor, exenta de artificios, es muy inteligente en su manejo de varios recursos literarios. Naturalista y psicológica por lo general, consigue transmitir, en los pasajes pertinentes, un sesgo subjetivo o emociones abstractas; asimismo, imprime un adictivo suspense o una enriquecedora ambigüedad a la acción si se tercia.  

El desarrollo que experimenta el protagonista de esta ficción me ha parecido sumamente interesante. En un inicio nos es presentado como alguien racional, pero pronto presenciamos con impotencia que su falta de carácter y la ebriedad le llevan a la ruina. Y durante gran parte del relato parece que el bueno de Grant será incapaz de remontar, pero al final atisbamos un brillo de esperanza en el horizonte. Prefiero el fatalismo absoluto al desenlace agridulce con visos de mejora, pero en este caso agradezco que Cook le haya dado un cierre vagamente positivo a su héroe. Es un cierre redondo, dada su linealidad y coherencia. Es un cierre conmovedor, con una poderosa carga de redención y madurez.    

Hay quien afirma que la conclusión de esta novela es previsible. Admito que Cook recurre a ciertos personajes (Janette Hynes, Jock Crawford...) de un modo un tanto obvio, y que resuelve el conflicto de Grant de una manera, como ya he adelantado, algo lineal. Sin embargo, insisto en que el cierre del texto me ha parecido espléndido en su sencillez. 

Por supuesto, si Pánico al amanecer me ha gustado tanto es debido a los temas y mensajes que maneja, su prosa, su tono, su exótica ambientación, su argumento y los personajes a los que retrata. Puede que no estemos frente a literatura de alto voltaje, pero sí ante una digna muestra de que el entretenimiento no tiene por qué estar reñido con la calidad. 

Existe, por cierto, una adaptación cinematográfica de Pánico al amanecer, estrenada una década después de la publicación del libro. Elevada en la actualidad a la categoría de obra de culto, reproduce fielmente al material original. Para mi gusto no aporta demasiado, aunque es una buena traducción del trabajo de Cook al lenguaje audiovisual.

miércoles, 11 de diciembre de 2019

Charles Bukowski: La senda del perdedor

Idioma original: Inglés
Título original: Ham on Rye
Traducción: Jorge Berlanga
                           Ernesto Giménez-Caballero
Año de publicación: 1982
Valoración: Recomendable

Releer La senda del perdedor me deja un mejor sabor de boca que hacer lo propio con las otras cuatro novelas dedicadas al álter ego de Charles Bukowski. A fin de cuentas, esta obra es mucho más variada que el resto de entregas de la saga.

Narra la infancia, adolescencia y juventud de Henry («Hank») Chinaski. Aborda multitud de temas: la pobreza, el mito del Sueño Americano, la violencia, los abusos domésticos, la crueldad, el alcohol en tanto que válvula de escape, la sexualidad precoz y el desencanto por la vida. Como telón de fondo tenemos la Gran Depresión primero y la participación de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial después.

Llegados a este punto, querría destacar los apartados que más me han gustado de La senda del perdedor.

  • Su estilo. Es austero (salvo por algún alarde poético), pero funciona de maravilla.
  • Su humor. Ácido y mordaz a la par que fruto del nihilismo más profundo.  
  • Sus reflexiones. Para muestra, un botón: «Todo lo que necesitaba una persona era una oportunidad. Siempre había alguien controlando quién podía tener una oportunidad y quién no.»
  • El narrador. Es un "underdog" que siempre quiere tener la última palabra, pero se le cuestiona diegéticamente. 
  • El padre. Personaje muy humano retratado con sus contradicciones. Es una caricatura del norteamericano de clase baja que, según la famosa cita, se ve a sí mismo como un multimillonario temporalmente avergonzado. Pobre diablo. 
  • Ciertas escenas, bien descritas y bastante memorables.
  • Los guiños que Bukowski hace a su admirado John Fante. 

Por otro lado, me gustaría resaltar los aspectos más flojos de esta obra.

  • Su estructura un tanto deslavazada. 
  • La repetición estéril de situaciones que involucran peleas, masturbación o alcohol. 
  • Su prosa. Ya he dicho que el estilo me gusta, pero la prosa es algo burda. La transición de un párrafo a otro no siempre fluye orgánicamente. También hay frases cuya formulación no tiene sentido. Por ejemplo: «Al día siguiente (...) busqué un gran cuaderno que destinaba para las tareas del instituto. Estaba en blanco.» O: «Ya no temía en absoluto a la aguja. Además, nunca la había temido.» Aunque le daremos el beneficio de la duda a Bukowski y asumiremos que están mal traducidas.

Porque la traducción de esta edición es pésima. No sólo repite palabras innecesariamente, sino que siente un apego excesivo por el idioma original del texto. Así pues, nos obsequia constantemente con anglicismos: juramentos, interjecciones y estructuras lingüísticas propias de la jerga norteamericana.

En definitiva, La senda del perdedor es una novela recomendable, pese a no ser redonda. Sobre todo si eres un adolescente, ya que conseguirás empatizar fácilmente con su protagonista y su mensaje. Ojalá el resto de la saga de Henry Chinaski hubiera mantenido el nivel de esta primera entrega. 


 También de Charles Bukowski en ULAD: Aquí

lunes, 9 de septiembre de 2019

Charles Bukowski: Cartero

Idioma original: Inglés
Título original: Post Office
Traducción: Jorge García Berlanga
Año de publicación: 1971
Valoración: Está bien

Releo ahora, con veinticuatro años, esta novela de Charles Bukowski que a los diecinueve me encantó. Y debo reconocer que, aunque sigo apreciando sus hallazgos, la termino con un sabor agridulce.

En primer lugar, porque es más irregular de lo que recordaba. Su estructura y su argumento son un desastre, y su prosa tiene altibajos brutales. A esto súmale que el realismo sucio, género en el que se inscribe, ya no despierta en mí la admiración de antaño.

Pero bueno, especifiquemos a qué me refiero con que la estructura de este libro es un desastre. Antes he dicho que Cartero es una novela, pero realmente se puede considerar un ciclo cuentístico, ya que los relatos que la conforman tienen cierta unidad. No obstante, esta unidad se limita al protagonista compartido y a algún elemento recurrente puntual. De modo que las partes se sienten a menudo desconectadas del todo.

Asimismo, el argumento no acaba de funcionar. Cartero nos cuenta doce años de la vida de Henry Chinaski, álter ego de Bukowski. Esta es, pues, una historia semi-biográfica. Una historia que parece hablar de sueños frustrados y conformismo, pero que tiene demasiadas digresiones para focalizarse en nada. A la postre, uno no sabe si se encuentra frente a una novela con un mensaje aguado o ante un deslavazado estudio de personaje.

Por otro lado, digo que la prosa de Bukowski presenta altibajos considerables porque pasa de reflexiones geniales a metáforas manidas en menos que canta un gallo. También compagina interesantes recursos estilísticos (la técnica del "patchwork") con otros menos afortunados (enfatizar conceptos obvios mediante mayúsculas o cursivas). Y no hablemos de esos pasajes tediosos que se le cuelan al escritor de tanto en tanto; pasajes que hablan largo y tendido de temas tan fascinantes como el código de ética de la oficina de correos, las carreras de caballos o la morfología urbana de Los Ángeles.  

En cuanto a aspectos positivos, diría que esta auto-ficción se siente muy honesta. Además, hay que admitir que la voz de Bukowski, guste o no, es bastante personal. Su humor, negrísimo, es absolutamente hilarante. A destacar también el ejercicio de intertextualidad que hay en el final de la obra. Chinaski (y, por ende, Bukowski) abandona la miserable seguridad de su empleo con cuarenta y nueve años para dedicarse exclusivamente a escribir. Y escribe, precisamente, Cartero.

Lo dicho: una novela (o ciclo cuentístico, si lo preferís) muy irregular, con ideas la mar de sugestivas eclipsadas por otras que son decididamente mediocres. Bukowski fue un descubrimiento en mi adolescencia, pero mucho me temo que mi gusto lector le ha dejado atrás.


También de Charles Bukowski en ULAD: El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco, Pulp, La máquina de follar, La senda del perdedor Hollywood

jueves, 9 de mayo de 2019

Graham Greene: El factor humano

Idioma original: inglés
Título original: The Human Factor
Traducción: Iris Menéndez y Enrique Sordo
Año de publicación: 1978
Valoración: Recomendable

Casualidades: siendo más bien poco aficionado a los relatos de intriga y espionaje, muy poco antes de ponerme con este libro había terminado otro de asunto teóricamente similar. Como la reseña se publicó hace poco, no volveré sobre aquella lectura, pero sí me complace dejar constancia de la diferencia. Moviéndose también por terrenos más o menos próximos (tramas de espionaje), la novela de Greene es justo la antítesis de la otra: argumento muy sencillo, solo un puñado de personajes pero interesantes, profundidad psicológica, el punto de humor justo. Todos los ingredientes bien manejados y ensamblados con inteligencia. En realidad, tampoco creo que El factor humano se deba considerar un libro sobre espías. Efectivamente hay espías, el relato se monta en torno a ellos y su trabajo, pero ese mundo opaco es solo una de las capas del relato, y no necesariamente la más importante. 

En un oscuro departamento de cierto servicio de inteligencia inglés se descubren unas filtraciones que, como puede suponerse, es lo peor que puede ocurrir en un lugar así. Como en este entorno todo debe ser necesariamente sutil, se inicia una investigación discreta y el problema se focaliza en dos únicas personas. Aquí empezamos a descubrir a algunos de esos ricos perfiles que iremos encontrando. Los dos funcionarios sobre los que recaen las sospechas son aproximadamente antagónicos: uno es un veterano servidor del Estado, curtido en distintas misiones, con familia y ganas de colgar la chapa. El otro, un joven soltero, algo derrochador (ay, esas apuestas) y con una vida un poquillo disoluta. Ambos tienen en común un elemento omnipresente en la novela: el alcohol. Más concretamente el whisky, que trasiegan como la cosa más normal en dosis, momentos y frecuencias que llegan a dar un poco de grima. Quizá no llega a ser una adicción, pero sí una costumbre digamos demasiado arraigada, que terminará con la aparición de cierto hígado bastante triturado. Como para extrañarnos.

Subiendo en la escala administrativa nos encontramos con un coronel, entregado a la tarea con empeño castrense, y de una integridad moral irreprochable. Y, ya en las alturas, aparecen esos sujetos de responsabilidades nebulosas, que flotan entre lo político y las prácticas mafiosas, individuos socialmente intachables, encantados de concebir y ordenar operaciones de limpieza mientras despachan una trucha ahumada en el comedor del club. Tipos sin escrúpulos cuando se trata de alcanzar los objetivos o, mejor dicho, con niveles de escrúpulos muy bajos, aunque no siempre equivalentes: dentro de ese mundo de ‘los malos’, Greene define con finura a unos y otros, porque en definitiva esta es una novela de personajes, donde lo que hacen importa solo para definir cómo son.

Es también notable la imagen que tenemos del trabajo de los espías. El autor, que por lo visto trabajó un tiempo para el MI6, parece empeñado en desmitificar ese mundo, y se vuelca en su vertiente más burocrática. Sin rastro de heroicidad, lo que vemos son funcionarios que en una oficina polvorienta tramitan informes recibidos de distintas partes del mundo, muchos de ellos irrelevantes. Un ambiente gris y aburrido en el que ejercen más de chupatintas que de urdidores de oscuras tramas internacionales. 

Probablemente Greene ha querido degradar a propósito la épica de los servicios secretos para poner de manifiesto con más rotundidad la perspectiva que va en el mismo título: lo que importa en este caso no serán las peripecias de espías y agentes dobles, ni las maniobras de los Gobiernos para mantener o alterar los equilibrios geopolíticos. Lo que interesa esta vez es contemplar ese mundo desde la posición de sus protagonistas, individuos que trabajan en una oficina como otros tantos millones, aunque lo que manejen sea material sensible y estén sometidos a controles y obligados a mantener secretos que personalmente les importan bien poco. Hablamos de tipos que en definitiva se mueven por estímulos no muy diferentes de cualquier otro, básicamente llevarse un sueldico a casa y, según los casos, tener lo suficiente para apostar a los caballos y alguna juerga, o simplemente mantener a su familia con algo de decencia. Estos currelas de los servicios de espionaje -nos dice Greene- no son superhéroes de cine de acción, ni se dejan llevar por raptos de patriotismo pensando en Su Graciosa Majestad. 

Con esta perspectiva, cuando aflora la traición tampoco encontraremos a un culpable atrapado entre dos lealtades, ni a alguien atormentado o vengativo con algún terrible secreto que justifique su conducta imperdonable, sino alguien corriente, consciente de su falta pero que simplemente actúa como considera correcto. El personaje recuerda un poco al cura de El poder y la gloria que, sin ser un héroe ni un gran traidor, se salía del carril para seguir su propio camino, asumiendo con naturalidad  las consecuencias de su conducta. Pero no sólo el protagonista, la mayoría del reparto tiene también su dibujo, su pequeña historia y su personalidad, y de todo ello deriva su forma de proceder.

En definitiva, lo que Greene presenta, más que un relato de espías, es un conflicto en el que las circunstancias individuales y las convicciones chocan con (y prevalecen sobre) las obligaciones, como queriendo dejar claro que por mucho que esos servicios de inteligencia se diseñen con toda la frialdad y las cautelas para asegurar su eficacia e impermeabilidad, no dejan de estar formados y manejados por personas, cuyas debilidades o fortalezas, según se mire, pueden terminar por hacer vulnerable el sistema.

Como apenas hay acción hasta bastante cerca del final, cabría pensar si una novela de estas características no se hará aburrida: pues en absoluto. El autor tiene indudable destreza para componer una narración fluida, dosificada a la perfección y con un tono equilibrado, que se mueve cerca de lo oscuro sin desdeñar lo íntimo ni la pincelada humorística, medida y colocada exactamente donde debe. Y es que cuando se tiene talento y las ideas claras, con lo más sencillo es suficiente para construir algo inteligente e interesante.


jueves, 18 de octubre de 2018

Semana del arte #4: André Salmon: La apasionada vida de Modigliani

Idioma original: francés
Título original: La vie passionnée de Modigliani
Traducción: Manuel Arranz
Año de publicación: 1957 (reeditado en 2017)
Valoración: Está bien

Cuando el Consejo de Ancianos de ULAD decidió convocar esta Semana del Arte, no lo pensé: desde que se publicó por primera vez en castellano el año pasado, tenía en cartera este libro sobre Modigliani. No porque fuese especialmente fan de su obra, sino por curiosidad en torno a personaje tan peculiar, solitario y destacada víctima de dependencias varias. 

Pero, por ir al grano, resulta que el libro no es exactamente una biografía, o al menos lo que yo entiendo por biografía, es decir, el relato cronológico de lo acontecido en la vida de tal personaje. André Salmon, poeta y crítico de arte, fue por lo visto amigo del pintor italiano, y al parecer veinte años antes ya había escrito un ensayo previo al que ahora nos ocupa. No sé hasta qué punto Modigliani era protagonista de aquel trabajo, pero lo cierto es que al menos en la primera mitad de este, Amedeo aparece más bien poco. La impresión que da es que M. Salmon, en el ocaso de su vida (andaría por los setenta y tantos), decidió retomar su personaje favorito como imagen central, con la intención de elaborar un retrato mucho más amplio, con los recuerdos de toda esa época ya mítica de la bohemia parisina (primeras dos décadas del siglo XX), con centenares de artistas en ciernes viviendo casi siempre en la miseria para estar donde había que estar, en el corazón de la creatividad del planeta. 

Lo reconoce el mismo autor, cuando habla de evocar ‘los grandes días de una época sin igual como fue la de las grandes creaciones’. Siente nostalgia el viejo Salmon, y se lanza a describir con detalle cafés, boulevares y miserables estudios de Montmarte y Montparnasse, y semblanzas, a veces un poco largas, de numerosos artistas (Picasso, Derain, Soutine, Severini, entre otros muchos). Y todo ello, según reconoce, novelado en una medida que no podemos conocer, pero que en bastantes ocasiones sospechamos bastante elevada. Con todo, la sensación es la de un inmenso travelling, un recorrido en el que la cámara va viajando por la ciudad y se va encontrando aleatoriamente con diversos personajes que beben en una taberna, discuten en un café o se reúnen en una pensión. Y entre ellos, cada cierto tiempo aparece el guaperas de Modigliani. Salmon se esfuerza en hacerle protagonista, en mantenerle a la vista, pero no será hasta la segunda mitad del libro cuando acapare la mayor parte de la atención. En cualquier caso, esa dispersión inicial no carece de cierto interés. 

Centrándonos ahora en Amedeo, descubrimos a un joven que, como tantos otros, acude a Paris atraído por el magnetismo del epicentro mundial del arte. A las penalidades comunes a todos los que allí aterrizaron con una mano delante y otra detrás hay que añadir la doble desubicación de Modigliani. Por una parte, es un tipo rabiosamente individualista, de pocas palabras y ninguna afición por las actividades colectivas de la bohemia. Generalmente, aparece por los bares solo o con alguno de sus escasos amigos, dibujando sin descanso y sin convicción.

Pero además parece también voluntariamente aislado desde el punto de vista creativo: como buen italiano, Modigliani carga con una importante herencia clasicista, y no termina de encontrar el camino. Aunque admira a Picasso (estrella emergente), detesta el cubismo y su geometrización de la formas, y tampoco se deja seducir por el divisionismo que goza de cierto predicamento entre algunos compatriotas. Puede que este doble aislamiento, personal y artístico, haya dejado su huella en un obra tan personal, inconfundible e imposible de etiquetar en las corrientes de la época.

Realmente, esto son circunstancias que tampoco tenían por qué conducir a más desgracias. Pero Modigliani pronto encontró otras fuentes de sufrimiento. Su talento parecía estancado y ni siquiera se decidía a pintar (se refugiaba en el dibujo y sondeó la escultura, robando piedras de obras en construcción para poder trabajar). Y bien por esto mismo, o simplemente porque le dio por ahí, comenzó una intensa y prolongada relación con el alcohol y el hachís. Añadido a su carácter colérico, los colocones del frustrado pintor y los escándalos consiguientes fueron famosos en toda la ciudad. La interacción entre su carácter difícil, las generosas adicciones, su pobreza casi extrema y la creatividad marchita genera un conglomerado inevitablemente explosivo, pero sin que queden claras las relaciones de causa/efecto entre los distintos factores.

Y no quedan claras quizá porque la posición de Salmon resulta bien extraña. Se presenta como amigo de Modigliani, y así lo confirman testimonios de la época, pero nunca parece estar ahí en los momentos importantes. Transmite el autor la sensación de escribir de oídas, y ofrece citas larguísimas de numerosos personajes que claramente son reelaboraciones de recuerdos más que el relato fiel de las situaciones. Incluso llama enormemente la atención cómo cuenta sin rubor en una escena bastante cruda cómo corrió a esconderse mientras Amedeo maltrataba a su gran amor Jeanne Hébuterne en plena calle. O esa amistad era algo bastante relativo, o la cobardía de don André era sencillamente sonrojante.

Al margen de esto, la verdad es que esta última parte del libro ofrece un buen retrato del artista italiano, presentado con ciertas dosis de ironía. Es Salmon especialmente punzante con la primera gran amante de Modigliani, la supuesta poetisa Beatrice Hastings, aunque tampoco le duelen prendas en reconocer que fue bajo su influjo cuando la pintura de Amedeo comenzó por fin a florecer. 

Finalmente, como decía antes, el amor terminó triunfando quizá con la persona más inesperada, aquella muchachita llamada Jeanne que, no obstante su aparente insignificancia, capturó el corazón de aquel hombre ‘de belleza dramática’, atormentado y devorado por el alcohol y la droga. Y como la acción conjunta de todos estos ingredientes no dejaba margen al error, el final de Modigliani, de Jeanne y del hijo que esta llevaba encima, fue inexorablemente catastrófico.

jueves, 16 de agosto de 2018

Charles Bukowski: La máquina de follar

Idioma original: inglés
Título original: Ejaculations, Exhibitions and General Tales of Ordinary Madness 
Año de publicación: 1974 (como libro) 
Traducción: J. M. Álvarez y Ángela Pérez 
Valoración: entre recomendable y está bien


No soy un devoto de Charles Bukowski (*), aunque claro, allá por mi desencantada juventud sí que leí, al menos que yo recuerde, un par de libros de este autor (de la serie de su alter ego Chinaski, para más señas). Vamos, como todos, al menos todos los jóvenes varones que aspirábamos a una vida de emociones fuertes, siquiera a través de la palabra escrita. Después, sí que he leído algunos poemas del viejo Hank Bukowski, en mi opinión bastante buenos y en los que demostraba una sensibilidad... digamos más afinada que en su prosa. Pero hasta ahí. Lo que pasa es que, reconozcámoslo, el título de este volumen de relatos es irresistible: esto lo tenía que reseñar mientras aún me quede un rescoldo de ímpeto juvenil y alguien, aunque sólo sean ya las octogenarias, me siga llamando "este chico"... (que lo hacen, eh, a ver qué os pensáis).

La máquina de follar, por lo demás, es en realidad el título del último cuento o relato que componen esta recopilación, cuyo título en inglés, de todas maneras, resulta no menos sugestivo. Eso sí, el título que se le puso en castellano resulta no poco pertinente, porque aquí otra cosa no, pero no se para de follar. Bueno, de follar y de cumplir con todo tipo de funciones corporales sobre las que se suele guardar un cierto recato. Y también de beber, porque el personaje protagonista de todos los cuentos que encontramos en este libro -que son bastantes- es el típico personaje bukowskiano: alcohólico irredento, bala perdida, jugador y mujeriego. Vamos, como se supone que era el propio autor de los mismos... de hecho, en la mayoría de ellos el protagonista se llama también Bukowski, aunque en otros ha tenido el detalle mínimo de cambiarle el nombre. Es más, algunos de estos relatos  -Ojos como el cielo, Notas sobre la peste, Un hombre célebre- parecen una crónica de cómo eran los días de este escritor famoso por su malditismo, con otros poetas o profesores universitarios visitándole mientras él sólo quería hundirse en su propia miseria alcohólica-; otros también parecen tener una impronta autobiográfica importante, en los que cuenta su estancia en hospitales -Vida y muerte en el pabellón de caridad-, sus desesperanzadas visitas al hipódromo -Caballo florido-, sus opiniones (no demasiado entusiastas, sobre el LSD y el cannabis, en Un mal viaje y El gran juego de la yerba,sus escarceos sexuales, mediante pago o no -Tres mujeres, Reparando la batería- o sus vagabundeos por América, como en los tristísimos Lo toma o lo deja y Un lindo asunto de amor; este último relato animado por una ternura insólita, pese a estar protagonizado por el característico personaje que ya conocemos, cínico y que trata las mujeres con un desenvuelto pero impostado 8por temeroso) desdén.

Cuatro cuentos, no obstante, se salen un poco de la tónica general, aun compartiendo el cutrerío ambiental: los tres últimos, La manta, Animales hasta en la sopa y La máquina de follar, entrarían en el registro, y de forma más bien divertida, del género erótico-terrorífico-fantástico (seguro que existe un nombre más corto para esto). El otro relato que destaca del resto, en este caso por su crudeza añadida, es El malvado, la descarnada descripción de un pederasta, que, más que como un intento de epatar o escandalizar al lector, quizás sea más bien un remedo sarcástico (y por tanto crítico, podemos suponer) de la célebre, y más por aquella época, puesto que su adaptación al cine era relativamente reciente,  Lolita.

Luego está, claro, la cuestión del estilo de este escritor. dinámico, burlón, arrebatador.... Más clásico en ocasiones o al borde del stream of conscieousness en otras (la desaparición de las mayúsculas o la alternancia aparentemente espontánea de la primera a la tercera persona y viceversa acentúan esta impresión): es lo que ocurre con Yo maté a un hombre en Reno, por ejemplo. ¿Los mejores relatos del libro? Pues aparte de alguno de los ya mencionados, como Un lindo asunto de amor, yo diría que alguno más que incide en su más que recurrente "senda del perdedor", como Veinticinco vagabundos andrajosos. O una supuesta estancia en un psiquiátrico (no se si el Bukowski real llegó a vivirlo) en Púrpura como un iris, sin duda uno de los más destacados relatos de esta pasmosa y muy particular antología.

(*) Casualmente, hoy sería su cumple, así que ¡felicidades y buena borrachera, allá donde se encuentre!


Otros títulos de Charles Bukowski reseñados en Un Libro Al Día: El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barcoPulp, CarteroHollywood

domingo, 11 de marzo de 2018

Serguéi Dovlátov: Retiro

Idioma original: ruso
Título original: Zapovednik
Año de publicación: 1983
Traducción: Tania Mikhelson  y Alfonso Martínez Galilea
Valoración: más que recomendable

Ya sé lo que parece: que mi ambición consiste en convertir este blog en Un Dovlátov Al Mes... ¡Pues eso es exactamente lo que ocurre! Lástima, sin embargo, que no vaya a poder hacerlo: antes o después se me acabarán los Dovlátovs y como el bueno de Serguéi pasó a mejor vida en 1990, difícil va  a estar el reabastecimiento... (aprovecho para brindar una idea a los muchos emprendedores del sector del MDMA: ¿por qué no ponerle a sus pastillitas el nombre de "dovlátovs", en vez de "teslas" o, como antaño, "mitsubishis"? Yo les aseguro que como adictivos, estos libros también tienen los suyo...

Y eso que la trama de esta novela no es que pueda calificarse de trepidante: el protagonista, Boris -no demasiado diferente del propio Dovlátov, por lo visto- es un periodista que ha fracasado como tal, como escritor y en su matrimonio, más los previsibles problemas con el alcohol, que acude para trabajar como guía al llamado Parque o Reserva Nacional Pushkin, un complejo turístico-cultural soviético en la finca familiar del gran escritor decimonónivo en la loclidad de Mijailovskoye, en Pskov (sea donde sea que esté eso). De ahí viene el título de Retiro, ya que el escritor decide tomar su estancia allí como una oportunidad para superar el desastre de vida que ha llevado hasta entonces. Hasta que esa vida de la que trata de retirarse va a buscarlo de nuevo...

Así contado quizás no lo parezca, pero este es un libro lleno de humor, descacharrante incluso en algunos momentos, como las descripciones de personajes insólitos: ¡ese Mitrofánov, que parece sacado de un Borges pasado de vueltas! ¡Ese inepto y fatuo Pototsky, que pretende compararse con Chéjov! ¡Ese casero del protagonista, tan... inenarrable! Ahora bien, como ocurre con el resto de la obra de Dovlátov (incluso cuando se trata de un libro con un carácter más ominoso, como es La zona, hay momentos para ello) el humor lo impregna todo con un sabor agridulce, aunque, por otra parte,, sin pretender arrogar ninguna superioridad moral al narrador, que sabe perfectamente que cualquier retrato que se hiciera de él daría un  resultado no menos (tragi-) cómico.

Porque, en realidad, esta no es una novelita tan ligera como puede parecer a primera vista, sino, aunque a la manera guasona y melancólica de Dovlátov (tan rusa, diría uno sin saber muy si no es un tópico), se trata el relato de un fracaso,  la disección anatómíca de cómo se puede echar todo a perder, sin siquiera ser consciente de lo que se había ganado, de la desesperación que el ansia de vivir puede producir cuando no se tiene la suficiente paciencia o talento para ello... Dovlátov, aunque quizás él no estuviese seguro de ello, sí que lo tenía, sin embargo.

Una última observación, a partir de un diálogo que mantiene el protagonista de la novela:

"- ¿Los objetos personales de Pushkin? El museo fue inaugurado decenas de años después de su muerte...
- Así es -dije- como se hacen siempre estas cosas. Primero lo liquidan a uno, y luego se ponen a rebuscar entre sus objetos personales. Ocurrió con Dostoyevski, con Yesenin... Ocurrirá con Pasternak. Y en cuanto caigan en la cuenta, se pondrán a buscar entre los objetos personales de Solzhenitsyn."

No sé si a Dovlátov le habría hecho gracia la ironía (sospecho que sí), pero su misma figura parece estar siendo objeto de este proceso: de momento, en el pasado festival de Berlín se presentó una película titulada, precisamente Dovlátov -y existen planes para llevar al cine también Retiro-; en su ciudad natal, San Petersburgo, el escritor ya tiene una estatua muy resultona y en Queens le han puesto su nombre a la calle donde vivió después... No sé si acabaremos viendo algo así como un "Parque Dovlátov"... pero por si es así  yo (que, he de confesar, también tengo alguna experiencia en la "gestión del patrimonio cultural" , por utilizar un eufemismo), me ofrezco para mi propio "retiro" en él. Incluso en Pskov, donde diablos esté eso...


Otros títulos de Serguéi Dovlátov reseñados en Un Libro Al Día: La maleta, El compromiso, La zona, La extranjera