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domingo, 17 de mayo de 2026

Maylis de Kerangal: Canoas

Idioma originalFrancés

Título original: Canoës

Traducción: Javier Albiñana Serraín

Año de publicación: 2021

Valoración: Está bien

Hay un dicho que reza: “No hagas de tu pasión tu trabajo”. Supongo que muchos de los seguidores de este blog son apasionados de la lectura y, por extensión, algunos también de la escritura. Pero al leer este tipo de libros siempre me viene a la cabeza la misma cuestión: ¿de qué escribe alguien que se ve obligado a escribir?


Fuera de unos pocos escritores consagrados, que pueden vivir cómodamente de sus regalías, la mayoría de quienes han hecho de la escritura su profesión están, de una u otra manera, obligados a escribir, independientemente de la disciplina y de las imposiciones propias del oficio. Incluso yo me veo impelido a escribir esto bajo un estricto calendario.


Como un músico que, agotado en medio de una larga gira, sube al escenario y aun así da un buen espectáculo, este libro me parece una obra escrita bajo la inercia de la profesión. Canoas está pulcramente escrito, con frases que me parecieron muy bellas (“Mi centro de gravedad se ha desplazado unos centímetros”, dice una niña al darse cuenta de que está madurando) y con algunas ideas o cuestionamientos perspicaces. Pero si tuviera que describir este libro de cuentos con unas pocas palabras, estas serían: falto de inspiración.


Los cuentos (y una novela corta) comparten un leitmotiv: las canoas y las voces. Personas silenciadas, voces perdidas, voces que se buscan, que se graban, que se deforman o que apenas consiguen abrirse paso entre el ruido del mundo. En ese sentido, el libro tiene una unidad temática clara, incluso elegante. Sin embargo, esa misma unidad no siempre alcanza para sostener el interés. Hay relatos que parecen más ejercicios de estilo que verdaderas exploraciones narrativas; textos construidos alrededor de una imagen sugerente, pero que no terminan de adquirir cuerpo.


Mi cuento favorito es “Nevermore”, donde unas artistas sonoras, casi brujas, se dedican a ir recolectando voces. El cuento tiene un interesante guiño a El cuervo, de Poe, y quizá sea donde mejor se combinan la extrañeza, la musicalidad de la prosa y esa obsesión por la voz como huella íntima de una persona. Ahí sí sentí que la premisa encontraba una forma propia.


Maylis de Kerangal es una escritora multipremiada, y en Canoas se nota por qué: la precisión de la frase, el cuidado del ritmo, la inteligencia con la que observa ciertos gestos mínimos. Pero también se nota, al menos para mí, una cierta falta de necesidad. No es un mal libro, ni mucho menos; está escrito con una solvencia que muchos autores envidiarían, pero no solo de pan vive el hombre.


Canoas me dejó la impresión de una obra correcta, elegante, por momentos luminosa, pero rara vez urgente. Un libro que se lee con interés, aunque difícilmente con entusiasmo.

Otras obras de Maylis de Kerangal en ULAD: Reparar a los vivos

miércoles, 13 de mayo de 2026

Miguel Bonnefoy: El sueño del jaguar


Idioma original: francés

Título original: Le rêve du jaguar

Año de publicación: 2025

Traducción: Regina López

Valoración: muy recomendable

Ineludibles aromas de Robertson Davies, tratándose de una bildüngsroman y de Libros del Asteroide. Pero esta excelente novela de Miguel Bonnefoy no se limita a eso. La historia de Antonio Borjas, que en un primer flash-back, con mucha influencia del boom, ya se nos muestra como la de alguien que, a pesar de ser abandonado siendo un recién nacido, está asistiendo a inauguraciones de calles que llevan su nombre, resulta constituir una novela ambiciosa y luminosa, una visión caleidoscópica que muestra unas importantes décadas de evolución de una sociedad, que refleja sus altibajos e ilumina sus contradicciones. Todo ello en un ejercicio no despojado de equilibrismo. Aunque su autor represente un cierto paradigma proclive a cierto posicionamiento (nacido en Francia de progenitores venezolanos y chilenos), el de Bonnefoy no es un dedo acusador, si no más bien un testimonio ligeramente tiznado de circunstancias personales, convenientemente aderezadas para otorgarle un tono, a veces, casi espiritual.

Curioso, y supongo que la traducción tendrá algo que ver, apreciar que aunque el original de la novela sea en francés, la poética del texto, su cadencia, su recreación de escenarios o situaciones le aportan un aire caribeño. Como si Bonnefoy tuviera esa condición en el substrato de su narrativa. Por qué, desde luego, García Márquez es una clara referencia aquí. Esa carnalidad sugerida, ese intercalado de pasajes con detalles - casualidades, coincidencias, encuentros - no digamos mágicos pero si que con la carga de fantasía onírica para comprender ese ensamblaje, muy visible al final de libro, entre creación y un muy digerible detalle de auto ficción. Todo ello, eso sí, con un estilo preciso, directo, con la dosis justa de descripciones de situaciones, de lugares, la dosis que permite ubicar la novela pero consigue universalizar los detalles de la trama.

Quizás, pero ya es ponerse muy exigente, llamar Venezuela a la hija de Antonio y Ana María, los dos pujantes médicos que no tienen miedo alguno a su abierta militancia para mejorar la sociedad en la que crecen y a la que ven evolucionar, puede resultar algo forzado, un detalle que nos haga creer en esa analogía, que estamos viendo el progreso de un país reflejado en la vida de uno de esos personajes públicos inapelables: apasionado, pícaro, seguro de sí mismo, coherente. Quizás ese detalle, nimio a todas luces, fuerce un poco ese símil, pero ya es buscarle los tres pies al gato, y sería injusto centrarse en cuestiones de poco calaje cuando nos encontramos ante una magnífica novela caribeña.

Más libros de Bonnefoy en ULAD, aquí

 

viernes, 1 de mayo de 2026

Mats & Enzo: Cómo hacer caca en el trabajo

Idioma original: francés

Título original: Commant chier au bureau

Año de publicación: 2009

Traducción: Víktor Dell

Valoración: tan increíblemente útil y estimable que no me atrevo a valorarlo

Hoy, primero de mayo, Día Internacional de los Trabajadores (y trabajadoras, claro), sin duda vosotros/as, queridas/os lectores de este blog, os habéis levantado antes de lo habitual, en vez de remolonear en la cama hasta que toque bajar a por churros para el desayuno, para preparar vuestras pancartas y banderas rojas, antes de salir a la calle a manifestar vuestro orgullo proletario y luchar por vuestros derechos laborales sin retroceder ni desfallecer en el empeño. Vale, todo eso está muy bien, pero... ¿realmente sirve para mejorar las condiciones de la clase trabajadora en estos inclementes tiempos de galopante ultracapitalismo, ultraliberalismo y ultraderech.... ultrabuenismo woke, culpable de todos los males de nuestra sociedad? ¿No será más práctico, se me ocurre, tratar de ganar las pequeñas batallas, la guerra de guerrillas que desde tiempos inmemoriales libramos los asalariados/as frente a los patronos, los empleados/as frente a los jefes, los parias de la Tierra frente a quienes tienen la sartén por el mango?

¿Y qué otra cosa puede ser más beneficiosa para la salud de los y las trabajadoras, a la par que satisfactoria para su espíritu reivindicativo e incluso autoestima personal que poder llevar a cabo con tranquilidad ciertas funciones corporales cuando la naturaleza reclama lo que es suyo (y que, además, te estén pagando por ello, que no me negaréis  que tiene su punto)? Sí, amigos y amigas, no nos avergoncemos, ya que en este nuestro mundo, hasta el ser más excelso defeca... Ahora, bien, en un entorno laboral, ya sea un taller mecánico, las oficinas de una multinacional o una impoluta tienda Apple, esta necesidad biológica se puede convertir en un tema espinoso que, mal gestionado, puede arruinar la convivencia en el grupo, la vida social de la persona afectada y, más aún, sus posibilidades de progreso dentro de la empresa. En algunos casos extremos, las consecuencias de un apretón repentino pueden llevar a la renuncia del puesto de trabajo o incluso el despido.

Para evitar estas penosas derivaciones de un proceso natural, los autores de este libro -no firman con sus nombres reales para evitar ser estigmatizados en sus propios entornos laborales-, con la ayuda del experto Tom Hayatt -creador del célebre truco mnemotécnico HMLO2S: Huellas, Movimiento, Luz, Olor, Sonido, Sombra-, han escrito este magnífico libro, que, en cierto modo, podemos considerar "de autoayuda", aunque en mi opinión, va mucho más allá: se trata de una guía para evitar las trampas que la incomprensión y la maledicencia ponen a quien tan sólo trata de aliviar una necesidad básica e inocente, pero también sus enseñanzas pueden extrapolarse a cualquier ámbito de la vida en sociedad; de la misma forma que hay que evitar los peligros inherentes a una situación incómoda en los aseos de la empresa, podemos aplicar los mismos métodos para sortear los derivados de una cena navideña con la familia política, una discusión con cuñados de barra de bar o el embarazoso silencio cuando subes en el ascensor con algún vecino antipático.

El libro está estructurado en tres partes diferenciadas -antes durante y después de la necesidad de ir al servicio-, con un montón de problemas que pueden surgir en cada situación y las posibles soluciones, valoradas además, en realismo y facilidad, por medio de un sistema similar a las estrellas de Goodreads, pero con escobillas de váter. Además, cada problema viene ilustrado con unas prácticas infografías para facilitar su comprensión. Así, sabremos qué hacer en situaciones peliagudas como que una gastroenteritis nos obligue a acudir al servicio varias veces al día -con el consiguiente peligro de recochineo por parte de nuestros compañeros/as de trabajo e incluso de recibir algún apodo hiriente- o que cuando vayamos nos pueda ver la persona de la que estamos enamorados/as. aprenderemos a reaccionar si,  una vez en el "obrador", nos encontramos con los problemas (más frecuentes de los que debería ser) como que se haya acabado el papel higiénico, la cisterna no funcione o el cierre de la puerta de la cabina esté rota... Por último, aprenderemos a comportarnos con dignidad también si al salir del aseo nos encontramos de cara con el jefe, o la mezcla de nuestros efluvios naturales y el ambientador ha dejado en los baños un ambiente irrespirable. Todas éstas y muchas más situaciones de las que, si aprendemos a controlarlas, podremos eliminar para siempre la posibilidad de sus consecuencias indeseadas, derivadas, después de todo, de una necesidad natural y básica de los seres humanos. Si eso no es un servicio... quiero decir una ayuda inestimable a la causa de la clase trabajadora mundial, ya me diréis...

miércoles, 29 de abril de 2026

Jean Philippe Postel:El affaire Arnolfini

 Idioma original: francés

Traducción: Manuel Arranz 

Año de publicación: 2023

Valoración: Recomendable


Este libro no es una novela. Tal como nos advierten en la portada, nos encontramos ante un erudito trabajo de investigación en el que Jean Philippe Postel intenta desvelarnos la cantidad ingente de secretos que esconde el cuadro "El matrimonio Arnolfini" pintado por Jan Van Eyck en 1434, que se exhibe en la National Gallery de Londres.

Todo en este cuadro esta envuelto en un halo de misterio. En primer lugar, se desconocen muchos detalles de la vida de Van Eyck y de las circunstancias en las que pintó esta obra maestra. También se ignora como llegó el cuadro desde el antiguo Álcazar de Madrid hasta la National Gallery de Londres. Y, finalmente, tampoco se sabe con certeza si la pareja retratada en la famosa tabla es realmente el matrimonio Arnolfini.

Por si esto fuera poco, el escritor francés nos invita a observar los detalles escondidos en el cuadro que, según nos aclara, pasan desapercibidos a la mayoría de visitantes de la pinacoteca inglesa, que raramente dedican más de dos o tres minutos a admirar la obra, ignorantes de los misterios que encierra. 

Postel, con aire sosegado y minucioso, va llamando nuestra atención sobre innumerables elementos que escapan al observador profano: ¿son realmente los Arnolfini el matrimonio del cuadro?, ¿por qué el marido parece estar prestando algún tipo de juramento?, ¿la esposa está embarazada?, ¿por qué en un cuadro tan extremadamente atento al detalle el perro no se ve reflejado en el espejo?

Así pues, más allá de admirar la maestría con la que el pintor flamenco realizó su obra y de disfrutar de la incuestionable belleza del cuadro, Postel nos va dando pistas sobre todas las incógnitas  no  resueltas  y nos ofrece posibles soluciones. No cae en la tentación de pretender que sus explicaciones sean incuestionables puesto que, como nos señala, hay muchos otros investigadores que han intentado ofrecer interpretaciones sobre los misterios no resueltos del cuadro y las señala en su ensayo, pero nos ofrece el fruto de sus indagaciones y nos invita a disfrutar de esta maravillosa pintura desde nuevos puntos de vista que no nos habíamos planteado. Quizás su mérito radica en que no resuelve las dudas, si no que nos pone frente a ellas para que nosotros tomemos nuestras propias decisiones. 

El affaire Arnolfini es una lectura ágil, amena y muy bien documentada. Es un trabajo de investigación académica, pero se lee como una novela de misterio. Postel consigue transmitirnos su fascinación tanto por el prodigio artístico de la obra como por los innumerable secretos que parece albergar. Nos obliga a situarnos frente al cuadro, a redirigir nuestra mirada y a intentar resolver nosotros mismos todas esos enigmas que plantea. No se le puede pedir más a un librito de ciento sesenta páginas.







 

domingo, 26 de abril de 2026

Eugène Ionesco: La cantante calva

Idioma original: francés

Título original: La cantatrice chauve

Año de publicación (estreno): 1950

Valoración: Está bien, curioso


Apenas le hemos dado espacio en este blog al ‘Teatro del absurdo’, etiqueta aplicada  desde mediados del siglo pasado a un pequeño grupo de autores que desafiaron las normas (qué cosa tan apetecible) de la construcción dramática para montar extrañas obras en las que las personas se convertían en rinocerontes o dos mendigos dialogaban sin sentido bajo un árbol. Aparte de provocar la risa, y esto no siempre, la sucesión de escenas ridículas y diálogos disparatados tenían siempre una capa más o menos oculta que el espectador estaba invitado a descubrir, por lo general reflexiones sobre la vida y sobre el ser humano, frecuentemente el problema de la comunicación, la soledad, la muerte o el destino, cosas así. Si la verdadera intención del autor era en verdad abrir la puerta a esas profundidades o solo sorprender con extravagancias es algo no tan fácil de descubrir y que además variará según el autor y según la obra.

La cantante calva fue uno de los primeros títulos en formar parte de ese pequeño contingente, y sus rasgos encajan desde luego con el modelo. Dos parejas (matrimonios) de la burguesía inglesa comparten una velada, y no parecen tener mucho que decirse. Lanzan por turnos frases a veces inconexas, o se enzarzan ligeramente en discusiones particulares sin sentido. Este tipo de conversación sirve para identificarlos enseguida como personajes ridículos, vacíos, y su limitación mueve rápidamente a la risa.

La entrada de un par de personajes más abre el abanico a nuevos diálogos, también absurdos, en los que, aunque a veces apetezca, tampoco creo que debamos intentar buscar mensajes ocultos. Es lo que llamaríamos ‘hablar por hablar’, cómo llenar minutos de una reunión aburrida emitiendo sonidos más que transmitiendo algo. 

Desde el punto de vista cómico el cuadro quizá nos despierte alguna pequeña carcajada, y en este punto habrá que reconocer que una buena puesta en escena y la gracia de unos actores inspirados pueden levantar el texto a un nivel muy superior al que obtenemos de la lectura. De manera que no me queda más remedio que reconocer que ante obras así la experiencia del teatro leído puede resultar bastante más pobre.

Si queremos profundizar un poco más, aparte de algún rasgo crítico más o menos visible (la exclusión clasista de la pobre criada, la fascinación por el uniforme, aunque sea de un bombero), lo que tenemos es claramente una representación plástica de la incomunicación, en este caso, en el seno de cierta sociedad burguesa británica, pero válida también para cualquier otro entorno. Estamos eventualmente juntos pero quizá no tenemos tanto en común, puede que el propio lenguaje sea un obstáculo para interactuar porque lo usamos mal, o puede que incluso nuestra propia naturaleza levante barreras convirtiéndonos en pequeñas islas, como sugería John Donne.

Abriendo un poco el foco sobre este teatro del absurdo en su conjunto podemos ver que en gran parte es esta la perspectiva dominante. Por eso dibujan personajes tan convencionales que se transforman en cosas extrañas, que simplemente esperan a alguien que no saben quién es o que, como en este caso, terminan gritándose frases repetidas y completamente vacías de significado.

P.S.: Esta obrita tuvo en principio uno o dos títulos diferentes, pero al parecer Ionesco lo cambió por el definitivo porque un actor pronunció mal una frase (es cerca del final) y sonó como ‘cantante calva’ lo que no lo era. Cómo les hubiera gustado a los surrealistas o a los Dadá este hecho de titular una obra con la expresión de un simple error. 

Otras obras de Eugène Ionesco reseñadas en ULADRinoceronte


lunes, 30 de marzo de 2026

Georges Bernanos: Bajo el sol de Satanás

Idioma original: francés

Título original: Sous le soleil de Satan

Traducción: Concepción Pérez Pérez

Año de publicación: 1926

Valoración: Entre Recomendable y Está bien


Georges Bernanos es un autor bastante singular dentro del mundo literario del siglo XX. Su catolicismo no se limitaba a una simple profesión de fe, sino que se trasladaba con intensidad a su obra de ficción. No hay más que recordar alguno de sus libros más conocidos, como Diario de un cura rural o Diálogos de carmelitas pero, de forma aún más destacada en este aspecto, este Bajo el sol de Satanás, su primera novela. Bernanos no puede concebir lo religioso como algo tibio, sino como una experiencia saturada de dramatismo en la que el creyente, y más aún el clérigo, se sitúa en el centro de una confrontación que, más que entre el Bien y el Mal, es directamente entre Dios y Satán. Dos entidades, o quizá solo una con dos caras, sobre cuya interdependencia se ha escrito mucho y cuya pugna traslada el autor directamente al humano que ha abrazado la fe con la suficiente determinación.

En este caso la víctima de esas fuerzas enfrentadas es, como en alguna otra ocasión, un cura de aldea, poco más que un labriego, gris, sin especiales capacidades para la oratoria o el razonamiento, alguien mucho más capaz de sentir que de pensar, que difícilmente podremos decidir si es un santo, como terminan por identificarle los fieles, o si está poseído por el diablo, tal vez ambas cosas de forma alternativa o simultánea. El pobre padre Donissan siente el zarpazo de la tentación, pero no de una tentación terrenal, sino de la más profunda y definitiva: dejarse caer en brazos del demonio. Odia el pecado, intenta salvar almas, pero quizá en esa misma tarea siente que puede estar siendo manipulado. La lucha es feroz y sin tregua, e incluye el abandono personal absoluto y el intento de purificación mediante el castigo corporal.

Pero hay que abrir algo el foco para tener una perspectiva como lectores, que es lo que ahora nos interesa. Todo el terrible conflicto que vive en el interior de nuestro cura se presenta en diversos formatos, ya sean largos diálogos, narración de autor omniscente, extractos de cartas o escritos, o esas elipsis que Bernanos maneja admirablemente para dejar zonas oscuras o hacer trabajar al lector. Incluido también ese primer tercio dedicado a la joven Mouchette, que tiene el sello inconfundible del dramón decimonónico (Y por cierto, se podría hablar largo y tendido sobre el paralelismo entre este personaje femenino y el de Nueva historia de Mouchette que comentamos hace algún tiempo).

Tampoco nos engañemos: todo esto a lo largo de cerca de cuatrocientas páginas casi por entero dominadas por la tragedia interior del padre Donissan puede resultar algo excesivo si uno no está muy interesado en el asunto. Hay mucho Maligno, muchas dudas, la tentación, el destino, el alma atormentada, y poco desarrollo para tanta extensión, con lo cual la lectura se hace algo pesada, quisiéramos que se despachasen las escenas con algo más de ligereza, pero está visto que Bernanos no está en esa idea: todo lo contrario, quizá machacando al lector es como quiere transmitirle la profundidad del dolor que nos está presentando.

Hay desde luego varios momentos que rozan lo sublime: el refinamiento de Mouchette para desconcertar a sus oponentes y al lector mismo, las escenas brutales de Donissan intentando salvar almas y cuerpos sin estar seguro de quién le provee de la fuerza para hacerlo y, sobre todo, una larga y arrebatadora escena del cura perdido por los campos en la noche, donde se mezclan de forma soberbia la realidad y el sueño, la metáfora, la posesión y el misticismo, toda una obra de arte. 

No estoy seguro de que estas virtudes literarias, que se manifiestan en varios momentos, justifiquen del todo la falta de ritmo y el protagonismo aplastante de la figura del cura, cuya tragedia interior satura por completo el relato. Quizá todo dependa del interés del lector hacia este tipo de asuntos y, por qué no, hasta dónde sea capaz de disfrutar de tanta intensidad.

Otras obras de Georges Bernanos reseñadas en ULAD: Nueva historia de Mouchette


martes, 17 de febrero de 2026

Claire Marin: Los comienzos

Idioma original: francés
Título original: Les débuts
Traducción: Álex Gibert en castellano, para Anagrama
Año de publicación: 2023
Valoración: muy recomendable


Encaro esta reseña con cierta presión, pues el libro que nos ocupa trata, justamente, sobre la importancia de los comienzos. Y para la autora, qué mejor motivo que arrancar con la que probablemente pueda ser una de las mejores historias que comienzan: la de la vida de una hija. Este es el detonante, esplendoroso e inmenso, que lo cambia todo y que ocupa las primeras tres páginas de un capítulo inicial que concluye, porque también los finales importan, con una gran sentencia: «se dice a veces que las historias se escriben para saber cómo acaban. Tal vez se escriban también para saber cómo empiezan».

A partir de esta entrada la autora analiza y desgrana los diferentes comienzos con los que nos encontramos en una vida, lo que significan y lo que aportan, lo que permiten y lo que excluyen, las puertas que se abren, pero también las que se cierran con cada elección tomada, porque «los comienzos tienen su carga de incertidumbre y de suspense: mientras los dados ruedan por la mesa, en cámara lenta, todo es posible». Y esa es la magia, el atractivo de los comienzos, una ventana abierta a la que uno se asoma para sentir esos aires de cambio, de descubrimientos, de revelaciones y sorpresas que uno a veces teme, pero también ansía que lleguen con cierta premura, pues «la impaciencia de los comienzos es esa ansiedad de novedad o renovación, es la esperanza de redescubrirse, de volver a sorprenderse» porque «abrazar los comienzos ‘nos expone de nuevo a la intensidad de la verdadera vida’ (…) de ahí que no dejemos de buscar la novedad», con una impaciencia que en realidad « es la espera de una novedad por venir».

De igual modo, y eludiendo la paradoja, cada comienzo proviene de un sitio, un lugar, anterior, casi olvidado; porque muchas veces ese comienzo es, en realidad, la continuación de algo ya vivido, en parte, porque «lo que nos atrae también, más que cualquier otra cosa tal vez, es (…) volver a vivir experiencias pasadas, reconstruirlas desde una nueva modalidad de la conciencia que no se vea paralizada por el acontecimiento, sino que disfrute de él. Nos gustaría revivir lo que nos absorbió por completo y se nos escapó, porque su intensidad nos pilló por sorpresa». Así, hay cierto componente de nostalgia en la búsqueda de la novedad, quizás para reencontrar, pero quizás también para reparar, porque «toda trayectoria se desvía siempre en bifurcaciones imaginarias, se aparta de esa otra vida posible que rechazamos en su momento y en la que podríamos haber sido más felices».

Y, a pesar de ese interés genuino, impetuoso y casi imparable de la búsqueda de la novedad, es interesante constatar que, a pesar de que añoramos nuevos inicios, nuevos comienzos, una vez ocurren tenemos una extremada urgencia o apremio para instaurarlos como algo que ya forma parte de nuestra vida. Ya la autora apuntala esta tesis afirmando que «¿qué es lo que esperamos tan febrilmente al comenzar? El momento del dominio, cuando se imponga por fin la fuerza del hábito» aunque confiesa a su vez que «lo que yo ansío es esa rara sensación de novedad radical que producen las emociones fuertes, las deflagraciones interiores. Lo que quiero no es una nueva historia de amor o un paisaje desconocido, sino un flechazo, un deslumbramiento».

También la autora expone, de manera acertada, que «hay actos que están sometido a la lógica del instante, que están hechos para iniciarse, no para perdurar (…) a veces basta con un comienzo: la historia se estropearía si se estancara en la duración». Hay historias que son bellas porque son cortas, porque nacen de una explosión de sentimientos y su intensidad radica en que sabemos que serán finitas en poco tiempo, que su corto tiempo de caducidad nos invita a disfrutarlas con la máxima intensidad, mientras duren, mientras existan, porque «esas relaciones ‘sin un mañana’ nacen para ser solo comienzos». Así, «podríamos sentirnos tentados de vivir tan solo los comienzos, las primeras veces, con las emociones fuertes que nos producen», aún y sabiendo que puede que no los experimentemos de nuevo, porque «los comienzos grandiosos no tienen repetición posible; cualquier duplicado acaba en desengaño y el mundo entero se convierte en una copia lamentable, torpe y gris. Hemos tocado ya lo absoluto y eso es algo de lo que lo hay forma de recuperarse. El comienzo es ya el final, es todo lo que la vida podría dar de sí». Quizá por ello hay personas que encadenan comienzos sin dejar tiempo a los finales, a las despedidas, a los cierres, en un intento de dar continuidad a esa sensación pensada para ser efímera, volátil, irrepetible.

Para terminar la reseña de este magnífico y precioso ensayo, me acojo a lo que expone Claire Marin cuando afirma que «un libro no se empieza a leer de cualquier manera. El ritual del comienzo comprime el mundo en torno a ese nuevo centro de gravedad para hacerlo más intenso, para estar más presente en él» porque de todos los placeres destacaría el comienzo de cada libro nuevo, con esa ilusión y esperanza contenida, buscando reafirmar lo que la autora indica al decir que «de la ficción seguimos exigiendo que nos turbe, queremos dejarnos llevar y sorprender por algo que aún no hemos leído, visto u oído». Y creo que todos los que nos encontramos aquí lo suscribiríamos a pies juntillas.

miércoles, 7 de enero de 2026

Guillaume Martin-Guyonnet: La gente que sueña

Idioma original:
Francés
Título original: Les gens qui rêvent
Año de publicación: 2024
Traducción: Marcos Pereda
Valoración: Recomendable

Guillaume Martin-Guyonnet (Guillaume Martin, a secas, para los aficionados y "Guillom Martán" para Carlos de Andrés) es un bicho raro. En un submundo como el de los deportistas de élite, asociado al lujo, la banalidad, la ostentación, los tatuajes chungos y los peinados de dudoso gusto, que un ciclista profesional con una sólida carrera, buenas victorias y hasta un top 10 en la general del Tour sea filósofo de formación (tesis sobre Nietzsche incluida) es, cuanto menos, curioso. Que, además, tenga ya tres libros publicados dice mucho acerca de sus inquietudes, creo yo.

Este La gente que sueña que hoy reseñamos es el último de los textos publicados por Martin y el más cercano a la ficción pura, si bien sin escapar del todo de lo autobiográfico y de lo filosófico / ensayístico. Así, el texto navega entre la autoficción, la novela familiar, la novela histórica y el ensayo gracias a los tres personajes principales (el propio Guillaume Martin, su padre y Guy Lefevre, erudito del siglo XVI) y un lugar (La Boderie) que funciona como primer nexo entre ellos.

Tres personajes que se sitúan en momentos históricos más o menos convulsos (las guerras entre católicos y protestantes en la Francia de fines del XVI, el final de la bonanza económica europea de la etapa de posguerra o los meses de COVID-19) y que muestran cómo, pese a la distancia temporal y de orígenes sociales, hay una serie de situaciones o temas que los emparentan: la extrañeza, la sensación de "incompletitud", la búsqueda, los cuestionamientos, la capacidad de soñar, inventar o dejarse llevar. No importa que seas ciclista profesional el pleno siglo XXI, un erudito del siglo XVI que se mueve entre la fe y la imposibilidad de amar o un chaval normando que llega a París en los años 50. O sí importa, porque no es lo mismo una cosa que otra, pero si vamos a la raíz...

Son estas situaciones y estos temas los que permiten que la narración salte de un tema a otro, de un tiempo a otro, de un lugar a otro y que esta fluya adoptando formas variadas. También permiten a Martin, narrador autoconsciente, desviarse del camino y entregarse a digresiones filosóficas acerca del deporte de competición, del resentimiento por el contraste entre la altura de los ideales y la banalidad de la realidad, de las pasiones y el libre albedrío o de la felicidad y a referencias tales como Platón, Stendhal, Goethe, Endo o ¡El show de Truman!, entre otras.

Y aunque estas digresiones interrumpan el desarrollo de la trama novelesca, sobre todo en el caso de la interesantísima historia de Guy Lefevre y su asistente Martin, en general están bien integradas en el texto y no resultan ni reiterativas ni pedantes. Me quedan, eso sí, las ganas de leer a Martin en un texto 100% ficción. Creo que tiene la capacidad de manejarse bien en ese terreno. Lo mismo cuando deje el ciclismo profesional. ¡Quién sabe!

jueves, 1 de enero de 2026

Vercors: El silencio del mar

Idioma original: francés

Título original: Le silence de la mer et autres recits

Traducción: Cristina Peri Rossi

Año de publicación: 1942

Valoración: Bastante recomendable


El escritor parisino Jean Bruller, conocido como Vercors, empezó a escribir bajo la influencia de la II Guerra mundial y reunió posteriormente buen número de títulos publicados, de temática muy diversa, hasta bien entrados los años 80. En España es un autor prácticamente desconocido, y me atrevería a decir que con muy poca obra traducida. Sin lugar a dudas El silencio del mar es lo más famoso de su trayectoria literaria, posiblemente porque ha dado lugar a varias versiones cinematográficas, lo que siempre ayuda a la popularidad.

Es un relato muy breve, de apenas veinte páginas, podríamos decir que muy bien aprovechadas. Quizá a alguno le suene la historia: en la Francia recién ocupada, un hombre que convive con su sobrina es obligado a hospedar a un oficial alemán. La aversión de los anfitriones se traduce en un silencio total: la forma de resistencia, quizá la única posible y no necesariamente del todo segura, es no dirigir la palabra al invasor. Este, por su parte, se esfuerza por ser cortés y se muestra como un individuo culto y razonable, que admira a Francia e imagina un futuro brillante para los dos pueblos.

Una vez planteada la situación, se instala de inmediato una meseta de tensión e inestabilidad que obliga a estar al mínimo detalle para prever si puede desencadenarse algo trágico. La presencia de la joven incrementa las posibilidades de que ese algo estalle, en tanto que el tío se muestra más proclive a ceder ante las buenas maneras del ocupante. El equilibrio entre las diversas fuerzas divergentes está extraordinariamente conseguido, y hace que el lector se desespere creyendo ver indicios de un desenlace cuya llegada se demora sin piedad.

El relato, con toda su sencillez y brevedad, bien merece el honor del título, porque es de largo lo mejor del libro. El resto de las narraciones se ambienta en su mayor parte en la misma época de la ocupación nazi de Francia, a veces desde la óptica de unos oficiales desmoralizados por el colaboracionismo de Pétain, escenas oníricas (de pesadilla) de campos de concentración, o la disyuntiva de renunciar al arte y la estética en tanto persista la maldad del ser humano.

En esta línea, el cuento más interesante del resto de la colección es La imprenta de Verdún, donde Vercors hace un buen dibujo de parte de la sociedad francesa, colaboracionistas, antiguos combatientes y judíos, que convivían pacíficamente, empiezan a ver sus posiciones removidas por el nazismo, y se ven obligados a pronunciamientos que nunca hubieran imaginado. De igual forma que en El silencio del mar, da la impresión de que el autor intenta buscar, en medio de la barbarie, puntos de aproximación entre las personas, conexiones, por mínimas que sean, que muestren el lado humano del adversario. 

El único relato que se aparta del tema común es Este día, en el que un niño pasea con su padre por el bosque. Es un paseo repetido montones de veces, pero esta vez es algo diferente. El padre aprieta su mano más de lo normal, las paradas habituales cambian imperceptiblemente, los gestos, los comentarios, los puntos de atención tienen algo diferente que el niño percibe y que le inquieta. La narración es impecable, nuevamente resulta admirable la sensibilidad de Vercors para detectar cada movimiento y su repercusión en el estado de ánimo del niño, y nada puede evitar que termine uno con un nudo en la garganta. 

Como casi inevitablemente ocurre con los libros de relatos, en este domina también la irregularidad, con dos o tres narraciones muy por encima de las demás, y el resto a un nivel menor, en el que cada lector puede a lo mejor encontrar cosas interesantes. Pero el conjunto resulta de un nivel bastante estimable.


jueves, 18 de diciembre de 2025

Philippe Claudel: Bajo el árbol de los Toraya

                                                  

Idioma original: francés

Título original: L´arbre du pays Toraja

Traducción; José Antonio Soriano Marco

Año de publicación: 2017

Valoración: Está bien


Hace ya unos años que los libros del escritor francés Philippe Claudel se publican con regularidad en nuestro país. No llega a tener el seguimiento entre los lectores de un Auster, un Murakami o un Cartarescu, pero resulta relativamente fácil encontrar sus libros bien situados entre las estanterías de novedades literarias.

Habitualmente, las novelas de Claudel suelen tener un fuerte matiz "sociológico". A menudo, nos coloca en el centro de una determinada colectividad para a partir de ahí realizar un análisis inmisericorde de los entresijos a menudo egoistas y malintencionados que rigen las vidas de sus protagonistas.

En esta ocasión, sin embargo, el escritor francés rompe esa tendencia y construye una novela intimista y reflexiva en la que el tema central pasa a ser la inevitabilidad de la muerte.

Un cineasta francés, posible alter ego del autor, vuelve de un viaje a las islas Célebes donde ha quedado impresionado por los ritos funerarios que celebran los habitantes de estas islas. De ahí el título del libro. Cuando llega a París, recibe la noticia de que su amigo, y productor de sus películas, Eugene, sufre cáncer y está internado en un hospital. A partir de ahí, nuestro protagonista reflexiona sobre la amistad, sobre el paso del tiempo y la pérdida de los seres queridos y toma conciencia de su propia madurez y su lugar en el mundo: "continuar con la propia existencia cuando los rostros y las presencias se borran a nuestro alrededor supone redefinir constantemente un orden que el caos de la muerte desbarata en cada parte del juego. Vivir consiste, en cierto modo, en saber sobrevivir y recomponer".

Como contrapartida a la oscuridad que le transmite la enfermedad de su amigo, el cineasta, que está preparando una película con un trasfondo futurista,  conoce a una mujer joven, Elena, con la que comienza una relación marcada por la apreciable diferencia de edad entre ambos. El problema es que esa relación surge en un momento en que nuestro protagonista ha perdido la seguridad en si mismo y cuestiona la perdurabilidad de sus sentimientos y de su propia existencia: "Cuando le pregunto qué ha visto en un viejo como yo, Elena me responde que no sea ridículo. Dice que deje de hacerme preguntas y que viva el momento. Es una expresión de mujer joven, que acaba de cumplir treinta años. Que gasta el tiempo tirándolo por la ventana. Perder el tiempo. Desaprovecharlo. Malgastarlo. Dilapidarlo. Fórmulas genéricas para quien posee la inmensa fortuna de tener toda la vida por delante".

Finalmente, entre tanta melancolía,  la noticia de un nacimiento vendrá a arrojar luz sobre la existencia de nuestro protagonista y cierra una historia en la que la vida y la muerte se nos presentan como contrapuntos opuestos, pero inexorables.

Como es habitual, la prosa de Claudel es precisa, minuciosa y atenta al detalle. Sus reflexiones  son conmovedoras y nos invitan a valorar el sentido de nuestra propia existencia. Sin embargo,  precisamente ese tono casi ensayístico que observamos en muchas partes del libro se ve contrarrestado  con determinadas situaciones y personajes  que aportan poco al desarrollo  de la novela o se ven un poco forzados, especialmente su relación con Elena y, finalmente, mitigan esa profundidad casi filosófica de la que hemos disfrutado en muchas partes de la misma. 

Hay que reconocerle al autor su voluntad de romper con el guión de sus anteriores novelas pero, sinceramente, retrata mejor las interioridades de los colectivos humanos que las de la vida en pareja. Dicho esto, si tienen ganas de profundizar en el universo narrativo de Claudel, cuestión muy recomendable, yo comenzaría por Almas grises o El informe de Brodeck y dejaría esta novela para más adelante. No está a su altura.




lunes, 8 de diciembre de 2025

Coda a la Semana de la poesía: El ritmo de las agujas del reloj de Grand Corps Malade

Idioma original: francés

Título original: Patients

Año de publicación: 2012

Traducción: Joan Riambau

Valoración: está bien (sobre todo, para fans)

No os voy a engañar, porque lo de "Coda a la semana de la Poesía", con un título tan cuqui además como El ritmo de las agujas del reloj puede dar lugar a equívocos, así que os lo diré cuanto antes: éste no es libro de poemas -pese a que sí encontramos alguno que otro-, pero está escrito por un señor que podemos considerar como un poeta (más o menos y entre otras cosas) y que nos cuenta aquí el episodio, no sé si más transcendente, aunque con bastante probabilidad el más decisivo de su vida... El título original, en francés tal vez os dé una pista: Patients, es decir, pacientes... porque sí,  queridos y queridas lectoras del blog, nos encontramos ante un libro de (HORREUR) autosuperación  y, además de la peor clases, de esos que cuentan alguna vivencia traumática para hacerle chantaje emocional al lector y éste no se sienta capaz de reconocer que el libro es una mierda decepción, aunque hasta la última célula de su ser le indique que sí... Quizá yo sea demasiado duro de corazón, pero, así por de pronto, es el tipo de libro que no tocaría ni con un palo con pincho, a no ser... a no ser por quién es su autor, claro.

Porque esto no lo ha escrito cualquier Albert Espinosa que ande por ahí, amigues, sino nada menos que Grand Corps Malade, nom de plume y de lo que no es plume de Fabien Marsaud, muchachote de la banlieue parisina -jugador de basket merced a sus casi dos metros de altura- al que, a los veinte años, una mala caída en la piscina de la colonia de vacaciones donde trabajaba le dejó tetrapléjico -incompleto, por lo que tenía la posibilidad de conseguir cierta recuperación-, de manera que se pasó muchos meses posteriores a su accidente en un centro de rehabilitación, tratando de volver a dominar su cuerpo, empezando por el dedo gordo del pie (sí, yo también me he acordado de Kill Bill al leerlo). Visto lo cual, Fabien, imposible su sueño de ser deportista de élite (o incluso deportista del montón) se volcó en su otra pasión: el rap y la poesía. Más concretamente, en el slam, variedad de competencia poética en la que los participantes tiene tres minutos para interpretar sus poemas  sobre un escenario (a nuestros lectores euskaldunes les sonará esto, sin duda,  pero la diferencia con el bertsolarismo es que aquí los poemas no siempre son improvisados y además, no es obligatorio tener las manos en los bolsillos ni detrás de la espalda). A partir de ahí y convertido en Grand Corps Malade -Corpachón Enfermo, por razones obvias-, nuestro autor de hoy se dedicó a la música (mejor dicho, al recitado con acompañamiento musical, solo o en compañía de cantantes), a doblar personajes en películas de animación, merced a su voz profunda y varonil, a escribir libros y guiones cinematográficos, y, más recientemente, a dirigir películas junto a su amigo Mehdi Idir (la última, un biopic de Charles Aznavour bastante resultón). Como se ve, GCM es un poeta, pero no sólo un poeta o uno bastante peculiar...

Por lo que respecta a este libro, el primero que escribió (y del que después se encargó del guión para adaptarlo al cine), lo que nos cuenta en él son esos meses que pasó en el primer centro de rehabilitación. Como es de suponer, buena parte del libro se centra en la aceptación de su nueva discapacidad y en el proceso de recuperación siquiera parcial de la movilidad. Es decir, autosuperación, etc. Pero eso no es el elemento central del libro y casi se diría que el autor lo trata más que nada porque, dadas las circunstancias, es imposible obviarlo. O mejor dicho: se diría que a GCM le gustaría obviar sus propias circunstancias, -algo a todas luces imposible- y centrar la narración en los demás, en aquellas personas que encontró en aquel centro y a quienes el otorga, en buena medida, el protagonismo de la historia: sus colegas Farid y Toussaint, otros pacientes como Samia, Steeve, Eddie, Fred... al igual que el personal sanitario o auxiliares de enfermería con quienes tenía trato diario y que le ayudaron a superar su situación. Esto no quiere decir que nos encontremos ante una narración edulcorada, todo buenos sentimientos y feel good; cuando alguien no le caía bien o, simplemente no estaban en sintonía, el autor no se corta en decirlo tal y como lo sentía. Por otro lado, el libro está escrito en un tono más bien funcional, casi seco, sin florituras -algo sorprendente para un poeta, quizás, si bien es cierto que la lírica de GCM lo mismo echa mano de las posibilidades más refinadas de la lengua francesa que del argot más descarnado-, lo que impide todo asomo de cursilería o sensiblería al tratar un tema que, por lo demás, puede ser proclive a esto último. El libro, sin recrearse en ello, no obstante, no nos ahorra imágenes de personas que no tiene ya posibilidad de recuperar ni el más mínimo dominio sobre su cuerpo, imágenes de grandes quemados, pacientes que se han intentado suicidar o que caen en la depresión más profunda... No es este un libro complaciente, aunque tampoco deja fuera la esperanza; simplemente, retrata la realidad -esta realidad tan cruda- tal y como es.

Para acabar, y para que vayáis conociendo otras facetas de este poeta, etc. os dejo el videoclip de un tema cantado a dueto con Camille Lellouche (bueno, en verdad la que canta es ella, porque lo de cantar tampoco es lo del amigo Fabien, il faut le dire):








martes, 21 de octubre de 2025

Henri Godard: Céline escándalo

Título original: Céline scandale
Idioma original: Francés
Traducción: Laura Claravall
Año de publicación: 1994 (y posfacio en 1998)
Valoración: Incómodo y sumamente interesante

¿Debemos separar obra y autor? ¿Debemos separar, dentro de la obra del autor, lo que es obra propiamente dicha de escritos de carácter íntimo o personal? ¿Leemos o no leemos a autores de los que nos puede separar un abismo en lo ideológico o que nos pueden resultar moralmente repugnantes?  

El caso de Louis Ferdinand Céline es paradigmático. Porque hablamos de un tipo que revolucionó las letras francesas del siglo XX (por su uso del lenguaje popular, por la radicalidad de una apuesta rupturista, por su dinamismo, densidad y violencia, etc) pero que quedó marcado por sus panfletos (no solo, ojo) antisemitas y sus simpatías por el nazismo. 

En esa dicotomía "granescritorperoterribleantisemita / terribleantisemitaperogranescritor" nos movemos al hablar de Céline y son precisamente esos lugares comunes los que Godard pretende hacer frente con este ensayo con el que trata, fundamentalmente, de dar respuesta a tres preguntas:
  • ¿Qué aporta Céline a la literatura?
  • ¿Cuál es el alcance de su antisemitismo?
  • ¿Qué puede enseñarnos Céline (y su obra) sobre literatura y racismo?
En este sentido (y yo he de confesar que de Céline solo he leído Viaje al fin de la noche, Muerte a crédito, Guerra y la primera parte de la trilogía De un castillo a otro), me parece que el análisis que de lo estrictamente literario hace el autor es más que acertado. No hablamos solo de la ubicación de Céline en los márgenes de la tradición francesa, su empleo del argot o del lenguaje popular, su manejo del ritmo o su estilo sino también de lo que la temática de su obra tiene de representativo con la primera mitad del siglo XX. Todo lo anterior sitúa a Céline en un lugar de honor.

Pero reconocer la valía de Céline como autor y el placer estético que de su lectura podemos obtener no implica justificar al Céline panfletario. Godard no lo justifica (¡faltaría más!), aunque sí pone sobre la mesa una serie de consideraciones más que interesantes. Por ejemplo la distinción entre el yo social y el yo profundo (o entre el yo personaje, el yo persona y el yo autor), la relación entre literatura y moral, las manifiestas contradicciones entre las novelas y panfletos (o incluso dentro de los propios panfletos, donde conviven antibelicismo y antisemitismo), la evolución de la sensibilidad lectora, la prohibición de la publicación de los panfletos a finales de los 90, etc.

En definitiva, que el ensayo de Henri Godard, aunque se centra en la figura de Céline y "exige" un mínimo interés en su obra y/o en su persona, va más allá de lo estrictamente "celiniano" y se abre a temas y preguntas tan antiguos como la propia literatura y con tantas posibles respuestas o interpretaciones como lectores.

Dicho esto, y en respuesta a las preguntas del primer párrafo, me quedo con una frase de Godard que suscribo al 100%:
Es perfectamente posible leer a Céline y conservar intactas y vigentes nuestras convicciones, que están en las Antípodas de las suyas. Se trata, simplemente, de reconocer en la literatura una realidad de otro orden que la moral...

Algunos títulos de Louis Ferdinand Céline reseñados en ULAD: De un castillo a otro (Trilogía del Norte I)GuerraViaje al fin de la noche

miércoles, 8 de octubre de 2025

VV.AA.: Los reinos silenciosos

Idioma original: Francés
Título original: Les royaumes muets
Año de publicación: 2023
Traducción: Lorenzo F. Díaz
Valoración: Recomendable (sobre todo para jóvenes)

Los reinos silenciosos es un cómic que combina las habilidades de Séverine Gauthier para la escritura con las de Jérémie Almanza para el dibujo. Aunque enfocado a un público juvenil, es perfectamente disfrutable por los adultos.

Nos traslada a un mundo en el que hay vida después de la muerte. El último aliento de los difuntos es, de hecho, necesario para acceder a dicha vida después de la muerte y no ser condenado a vagar entre los vivos como un fantasma. Perséfone, una adolescente de doce años, lo descubre cuando su vecino Víctor se le aparece como fantasma y Charles y Théophile, unos coleccionistas de suspiros bastante incompetentes, llegan con dos días de retraso a cumplir su cometido. 

De Los reinos silenciosos destacaría que tanto su apartado gráfico como su narrativa rememoran al estilo (afable y caricaturesco a la par que lúgubre y macabro) de autores como Edward Gorey o Tim Burton, y de series como Más allá del jardín. También resaltaría el interés que despierta la historia, así como la calidad de las ilustraciones (el color y los escenarios me parecen especialmente logrados).

Por ponerle alguna pega a este cómic, diría que hubiera podido ahondar en la personalidad de Perséfone. Y es que si bien el resto del elenco no se resiente de una caracterización marcada pero simple, ella se hubiera beneficiado de una mayor complejidad.

Resumiendo, Los reinos silenciosos es un cómic delicioso, que disfrutarán sobre todo los amantes de la estética gótica (tanto jóvenes como adultos). Su formato, aunque estrictamente autoconclusivo, está abierto a expandir el universo (rico en posibilidades) o desentrañar algún misterio irresuelto (como el hecho de que Perséfone pueda ver a los muertos). 

Ah, la exquisita edición al español de este cómic (libro de 22 x 30cm, 80 páginas a color y cubierta en cartoné con textura) se la debemos a Nuevo Nueve.



martes, 26 de agosto de 2025

Éric Vuillard: La batalla de Occidente

 Idioma original: francés
Título original: La Bataille d'Occident
Traducción: Javier Albiñana.
Año de publicación: 2019.
Valoración: recomendable.

Tiempos convulsos: los  conflictos en Gaza, en Ucrania, no acaban de solucionarse. Trump irrumpe en ellos con voluntad de negocio y de relevancia personal, pero sus intenciones (las aparentes, seguro que las ocultas darían para manuales de psicología y para epílogos maquiavélicos) no acaban de concretarse en la clase de acuerdos que acapararían portadas en el primer mundo: alto el fuego, cese de hostilidades, acuerdos de mínimos, etc. Así que nos vemos obligados a vivir con la espada de Damocles de un conflicto global,  ese otro concepto tan apreciado por los media. Escalada bélica. Uh. El coco con el que convive el planeta desde 1945, aquél que parecía alejado definitivamente con la caída del Muro, una especie de pesadilla recurrente que captura nuestra atención de manera inmediata y que genera tanto debate en el que la adscripción a un bando u otro parece una posición ineludible. La tertulia televisiva como gulliverización de los parlamentos.

Por eso no acabo de entender que, en un ejercicio que compararé inadecuadamente con lo de sacar flores del estiércol, la fascinación, aunque sea alejada en el tiempo y con una obvia intención estética, por los conflictos globales (en este caso, la Primera Guerra Mundial) se canalice en algo que, aunque seguro que sea mi apreciación, acaba otorgándeles una especie de pátina poética. Como una relativización, un poco al servicio de sus resultados estrictamente formales. Curiosamente, mis experiencias más recurrentes con la temática son con dos autores también franceses: Echenoz (poco se sabe de él) y Lemaitre (más activo y con una obra más variada) pero esta obra de Vuillard, -que por lo que veo ha hecho de este tipo de adaptaciones una marca personal - aunque creo que desde un sentido puro de lo literario (lenguaje cuidado y una cierta querencia por sacrificar la crudeza propia de estas narraciones por ciertas metáforas que podrían sonar a esteticistas), e incluso en su trasfondo más meramente intelectual, podría recomendarse hasta con cierto entusiasmo (que me he ahorrado),  he de insistir en que, como lector, me descoloca que enmascare tanta sordidez. La de los jóvenes ciudadadanos movilizados, la de los cadáveres, los heridos, el frío y la suciedad de las trincheras, el enorme sacrificio humano al servicio de los grandes intereses, de las fronteras, de la dominación global, de la imposición de los totalitarismos,  todo ello aprovechado en este tono, que no es frívolo ni banal, ni irrespetuoso, pero que tampoco me parece provocador ni irreverente. 

De Vuillard en ULAD: aquí 


lunes, 25 de agosto de 2025

Annie Ernaux: El acontecimiento


Idioma original: 
francés
Título original: L’événement 
Traductoras: Mercedes Corral Corral y Berta Corral Corral 
Año de publicación: 2000
Valoración: Muy recomendable/Imprescindible
 
Como sabrán los seguidores habituales y longevos de ULAD, Annie Ernaux es una de nuestras autoras de cabecera, ya desde antes de que ganase el Premio Nobel en 2022. Al final de esta reseña hay un enlace que permitirá encontrar los otros libros que hemos comentado de esta autora, que con este ya se acercan a la decena. Con todo, y sorprendentemente, todavía no habíamos reseñado este El acontecimiento, una de las novelas más conocidas de esta autora. 
 
Tal como sucede en la mayor parte de la producción de Ernaux, la obra es un ejercicio de memoria y análisis (y análisis del propio proceso de memoria) relativo a algún momento o aspecto de la vida de la escritora. En este caso, este momento, el "acontecimiento" del título, es el aborto que la autora decidió realizar en 1963, mientras era estudiante en la Universidad de Ruan, en un periodo en el que el aborto no solo no era legal, sino que seguía siendo un tabú y un estigma. 
 
Así, la novela comienza con el momento en que la narradora y protagonista descubre que está embarazada; viene, a continuación, un periodo de búsqueda angustiosa y solitaria de alguien que le practique un aborto de forma segura y, a ser posible, barata. Ni aquellos compañeros de la universidad en los que decide confiar, ni la medicina oficial e institucional le ofrecen ninguna solución; parecen negarse siquiera a pronunciar la palabra aborto. Por fin, consigue la dirección de una mujer que, después de algunas dificultades (y del pago correspondiente) consigue ayudarla a abortar. La novela termina con la narradora 
 
Tal como sucede con otras obras semejantes de la autora, El acontecimiento es un ejercicio (auto)analítico casi quirúrgico, impacable, sin concesiones a la sentimentalidad. Se trata de reconstruir, con el estilo seco característico de la autora, lo sucedido con precisión y con una consciencia agudísima, tanto de todos los detalles como de las sensaciones y sentimientos asociados. Se trata, también, de reflexionar sobre el propio proceso de memoria y de escritura, proceso que, en este caso, se apoya en una agenda y un diario íntimo que permite establecer una especie de paralaje, comparando las anotaciones realizadas en el mismo momento del "acontecimiento", con los recuerdos actuales de ese momento (lo que es diferente, lo que permanece, lo que se ha perdido, o añadido, con el tiempo a esos recuerdos).
 
Esta novela también es, sin embargo, un objeto de arte político, de una forma evidente y consciente. Incluso en 2000, cuando el aborto ya estaba legalizado desde 1975, escribir sobre este tema sigue siendo romper un tabú; sobre todo cuando se hace como lo hace Annie Ernaux: no como la narración de una tragedia o un dilema moral, sino como una decisión individual, empoderadora, que pone de manifiesto la autonomía de la mujer en relación con su propio cuerpo. Como dice la propia autora:
(Es posible que un relato como este provoque irritación o repulsión, o que sea tachado de mal gusto. El hecho de haber vivido algo, sea lo que sea, otorga el derecho imprescriptible de escribir sobre ello. No existe una verdad inferior. Y si no cuento esta experiencia hasta el final, contribuiré a oscurecer la realidad de las mujeres y me pondré del lado de la dominación masculina del mundo.)
La novela también es, por otra parte, política en otro sentido: tal como sucede en muchas otras obras de la autora, el texto muestra una aguda conciencia de clase, y de la forma como la clase condiciona nuestra realidad - incluido, claro, el acceso al aborto en países y/o momentos en que este no es legal y gratuito. Proveniente de una familia de clase trabajadora, la narradora ve cómo la miran y la tratan los médicos y los colegas, y cómo, en cambio, la mera mención de que es estudiante universitaria hace que el trato se modifique para mejor... 
 
Estamos, por lo tanto, ante un auténtico clásico; una obra que sigue siendo original y necesaria, abordando un tema, el aborto, demasiado frecuentemente convertido en tema de melodrama o de panfleto. Lo que tenemos aquí es algo diferente: es una narración desapasionada sobre cómo una mujer toma una decisión sobre su propio cuerpo y su propio destino, la lleva a cabo, y se siente orgullosa de ello. Naturalmente, habrá quien no comparta esta visión sobre el tema, por diversos motivos; pero eso no significa que no sea una obra necesaria y trascedente. 
 
Hay, por cierto, una adaptación cinematográfica de la novela, dirigida por Audrey Diwan y protagonizada por Anamaria Vartolomei, que ganó el León de Oro en el Festival de cine de Venecia. 
 
Otras reseñas de Annie Ernaux en Un libro al día. 

lunes, 18 de agosto de 2025

VV.AA.: Trampa en Zarkass

Idioma original: Francés
Título original: Piège sur Zarkass
Traducción: Ma
Año de publicación: 20
Valoración: Recomendable

Trampa en Zarkass es un cómic entretenido, dinámico y divertido, solvente tanto en el guion de Yann como en el apartado gráfico de Didier Cassegrain. 

Lo protagonizan dos heroínas aparentemente incompatibles que acaban desarrollando una improbable amistad, está repleto de camaradería, acción, misterio y humor, se ambienta en un universo fascinante y abunda en dibujos increíbles (sobre todo los de especies alieníginas o paisajes.)

Está basado en Piège sur Zarkass, novela de ciencia ficción del escritor francés Stefan Wul, pero se toma algunas licencias con respecto al material original, como inviertir los roles de género (transforma a los protagonistas masculinos en mujeres, establece una raza humana en la que el poder es estrictamente femenino, etc...) o subvertir el sexismo típico en la ciencia ficción clásica. Esto último lo logra mediante su representación del matriarcado, la cual, lejos de caer en la retórica de género divisoria, sobrevuela la parodia. Y es que la mayoría de mujeres en estas páginas actúan como hombres estereotípicos (maldicen, insultan, cosifican a los varones, etc...).

Una pega que le pondría a Trampa en Zarkass, aunque es tan minúscula que para nada lastra al conjunto, es que la voz de Marcel no siempre resulta consistente, porque si bien se mantiene ruda y faltona todo el tiempo, de vez en cuando emplea palabras algo cultas que no le acaban de encajar.

Lo dicho: Trampa en Zarkass es un cómic estupendo. Editado, por cierto, en un precioso tomo integral por Nuevo Nueve*, que incluye tapa dura, páginas a color y bocetos e ilustraciones adicionales.


viernes, 4 de julio de 2025

ZOOM: Retratos: de Cézanne a Picasso, de Ambroise Vollard

Idioma original: francés
Traducción y selección: Paul Châtenois
Año de publicación: Libro completo: 1936 Extracto: 2014
Valoración: Se deja leer


Como seguramente sabrán los lectores del blog, utilizamos eso de Zoom cuando se trata de un libro muy breve, o que de alguna manera es un extracto de otro más extenso, algo inconcluso, un suelto o cosas por el estilo. En este caso casi podríamos llamarlo mini-Zoom, porque llega justito a las sesenta páginas, incluido un (obviamente) pequeño prólogo y una docena de ilustraciones. Pero, además de escueto, me parece insuficiente.

Ambroise Vollard fue un marchante de arte que adquirió gran relevancia en los últimos años del siglo XIX y primeras décadas del XX. Su éxito despegó con la adquisición, un poco por casualidad y otro tanto por su buen ojo, de ciento cincuenta obras de Cézanne cuando este era todavía un pintor casi desconocido, rechazado por los Salones oficiales. Vollard fue en buena parte responsable de su proyección, y mantuvo estrecha relación con los demás artistas de la época, especialmente con los impresionistas, aunque también con Derain, Vlaminck o Picasso, entre otros muchos. 

Escribe Vollard una voluminosa autobiografía llamada Memoria de un vendedor de cuadros, que era mi lectura prevista, pero me dejé seducir por este opúsculo, quizá como aperitivo, y ha resultado ser una especie de selección de aquella obra mayor, un pequeño extracto que pone el foco en los retratos. No sé si de forma deliberada o casual, la idea de retrato tiene en este caso, o así lo quiero ver, una doble perspectiva: de una parte, como reproducción pictórica que algunos de estos grandes artistas hicieron del propio Vollard (quizá un tanto egocéntrico el hombre), y por otra, como semblanza muy rápida de aquellos pintores. 

Efectivamente, el autor describe casi siempre cómo fue a veces el encargo y otras la ocurrencia de hacerse retratar. No hay sin embargo muchas explicaciones, con la única excepción de Cézanne, que tiene el honor de ocupar buena parte de las pocas páginas del libro. Le define Vollard, generalmente con gracia y buena mano, como un tipo bastante obsesivo, capaz de destrozar unas cuantas obras en un arrebato de cólera, despedir a sus modelos, o tiranizarlos (incluido su propio marchante) obligándoles a posar durante horas en completo silencio y sin mover un músculo si el artista consideraba que la luz del momento era la adecuada. El pasaje concreto es entretenido e interesante, claramente por encima de los demás, que apenas aportan unas pocas pinceladas, nunca mejor dicho, en relación al resto de pintores de la época.

De manera que esta especie de abstract puede tener cierto interés para los aficionados al tema, da la impresión de que Vollard puede ser un buen narrador, pero estas páginas dan tan poquito de sí que personalmente no me saca de dudas sobre si merece la pena despachar la autobiografía completa. Y además, es que las selecciones (de textos más amplios, me refiero) no me gustan, quizá porque en mi tierna juventud me tragué unos cuantos ejemplares del Reader´s Digest y eso seguramente ha dejado alguna huella.

martes, 1 de julio de 2025

Alain Finkielkraut: Pescador de perlas


Idioma original: 
francés

Título original: Pêcheur a perles

Año de publicación: 2025

Traducción: Elena M. Cano e Ïñigo Sánchez-Paños

Valoración: muy recomendable 

 

Dos portadas en riguroso blanco y negro coinciden en las cotas altas de mi tsundoku, las que presagian una lectura inmediata. La de la siempre postergada (y no traducida aún al español) The age of David Bowie de Paul Morley y la de este Pescador de perlas de Alain Finkielkraut. Juego a las similitudes, pues desde la portada de ambos libros hay una mirada frontal de dos personajes desinhibidos sin demasiados reparos en expresar las cosas como las ven, a través de sus cauces artísticos o culturales. Y también sometidos a la posibilidad de ser malinterpretados o sacados de contexto por ciertos sectores, usemos cierto eufemismo rebuscado, de puristas poco bregados en el sentido crítico, siempre ávidos de saltar a la yugular de quien disiente, de quien se expone a la polémica. Cierto es que comparar a Finkielkraut con Bowie pueda parecerle a más de uno como algo aberrante o pretencioso, pero las voces discordantes son bienvenidas aquí.

En Pescador de perlas, Finkielkraut - que se fotografía con estantes repletos de libros al fondo - parte de frases de autores favoritos para desarrollar sus artículos. El filósofo francés elige sobre todo a autores clásicos como punto de partida de estas quince piezas, permitiéndose algún ligero desvarío heterodoxo (el último artículo, casi un manifiesto, toma prestada una célebre frase de una estrofa de The Beatles) pero desplegando a partir de ahí algunas claves del argumentario que lo ha convertido, gracias a su presencia en medios francófonos, en objeto de vivas polémicas. Y hay que agradecer que su actitud sea, a la par que erudita y basada en un extenso conocimiento filosófico, literario, social, la de alguien que no tiene que rendir cuentas por sus opiniones ante nadie. Ni audiencias ni electorado, especialmente. Aunque no suelo sentirme cómodo con las alusiones a la izquierda woke, sus planteamientos de cómo las izquierdas tradicionales, en su ciego empeño de abarcar toda minoría o sector desfavorecido, asisten a un desgaste y un descrédito que han ido abonando a base de división y estupor ante algunas incongruencias en sus planteamientos, condenadas a decidir entre uno u otro oligarca, entre uno u otro integrismo religioso. Y esa es la punta del iceberg de estos escritos, que abarcan, y nadie se libra en sentido metafórico de recibir, desde las cómodas lagunas de memoria de los educadores, la obsesión por la tábula rasa con el pasado, al auge del antisemitismo, la mala digestión de la sociedad francesa - conservadora, envejecida - de la creciente influencia de las comunidades procedentes, no solo de las antiguas colonias, sino del constante flujo migratorio. 

Uno puede alinearse con algunos planteamientos o no, por supuesto, pero Finkielkraut es valiente (o  incluso temerario) en mostrar los suyos sin interponer personajes. Me gusta su estilo y su contundencia firme y considerada, su escaso señalamiento de otro enemigo que no sea la pasividad, la abulia o incluso la deserción por abrumamiento, por comodidad, por suscripción de la opinión que da mejores réditos, que tanto se da en las sociedades europeas. Pide educadamente, cierta reacción, y le da igual que ello pueda adjetivarlo como reaccionario. Reivindica no cancelar el pasado per se y logra no parecer alzar la mano a favor de la nostalgia, ese concepto temido, denostado y anquilosado. Coincidirás o no con él, pero hacen falta más filósofos así.

Otros libros de Finkielkraut reseñados en ULAD: aquí

miércoles, 25 de junio de 2025

¿Contrarreseña?: El mundo como supermercado de Michel Houellebecq

Idioma original: francés

Título original: Interventions

Año de publicación: 1998 (como libro)

Traducción y edición: Encarna Castejón

Valoración: Vaya morro que le echas, Michel...

¡Ay, por fin, una reseña de un libro de nuestro admirado Michel Houellebecq, con las ganas que yo le tenía! Porque sabed que en este blog tenemos auténtica devoción por este escritor, de tal manera que resulta imposible conseguir turno para reseñar alguno de sus libros; en cuanto se avisa de que va a aparecer uno nuevo, mis compañeros se lanzan sobre él cual pirañas sobre una res herida que trate de cruzar algún afluente del Orinoco... Aunque supongo que debería aclarar antes que nada los interrogantes del título de la reseña porque merecéis una explicación y como alcalde vuestro que soy... quiero decir como autor de la misma que soy, os la voy a dar:

Como bien saben mis compañeros de blog (y aquí dejo el tono sarcástico), soy algo reticente a la obra y la figura literaria de Michel Thomas, de soltero Houellebecq (bueno, de soltera su abuela, quiero decir), aunque, ya que una cosa no quita la otra, como actor cómico-patético me parece genial. Ahora bien, si algo me enorgullezco de ser es ecuánime (más o menos) y, a raíz de cierta conversación, pensé que, después de todo, tampoco había leído tanto de este tío... A lo mejor resultaba que me había topado con lo peor de su producción y el resto de su obra era excelsa, o, por lo menos, interesante. Claro que hombre precavido vale por dos; tampoco me iba a poner a leer un tochaco como Plataforma o El mapa y el territorio que, aparte de ser gordos, ya estaban reseñados en este magnérrimo blog (where else?); la solución la encontré en este mucho más delgadito al tiempo que variado El mundo como supermercado que, además, contaba con la ventaja de haber pasado por debajo del radar depredador houellebecquiano de mis compañeros. La ocasión la pintaban calva, como decían nuestros abuelos y los personajes de Bruguera...

Ahora bien, ¿seguro que este libro aún no había sido reseñado en este blog? Como soy un profesional de esto del reseñismo, investigué un poco. Resulta que el compañero Francesc Bon había publicado, hace más de diez años el libro de nuestro autor Intervenciones, valorándolo, siempre generoso nuestro Francesc, "como muy recomendable". Con la mosca bailando detrás de mi oreja, consulté el título original de este libro, que resultó ser Interventions 2 y el del libro que yo pretendía reseñar, que... a ver si alguien lo adivina... Mais oui, mes amis: también Interventions! Bueno, no pasa nada, pensé, puesto que el de Francesc fue publicado originalmente en 2009 y el mío, en 1998: simplemente, uno es la continuación del otro y ya está. Todo en orden en el ecosistema literario. Ahora bien, un somero examen de los índices de ambos libros me indicó que... tenían el mismo contenido en un 50% -y, consecuentemente casi el doble de páginas el uno que el otro-; es decir, que Michel y sus editores (no quiero atribuirle toda la responsabilidad de la estafa estratagema) habían tomado el primer libro que, por otra parte, es una recopilación de artículos del autor ya publicados -en su mayor parte en Lettres Françaises o en Les Inrockuptibles, amén de otras cosas, le habían añadido toda una serie de artículos -y otras cosas- publicados entre 1998 y 2009 y chimpún, todo listo para que sus adoradores seguidores pasaran por caja. Y si esto os parece ya mucho morro (también habrá a quien le parezca una práctica honesta, ya lo sé... supongo que porque compraron sólo el segundo libro), resulta que en ambos volúmenes nos encontramos con que se incluyeron tres entrevistas suyas con diversos medios en el primer Interventions y tres en el segundo... ¡Es decir, que el sinvergüenza genio de Michel incluyó, como creación propia y con dos coj... todo el cuajo, entrevistas que le hicieron en Art press o L'Humanité! Lo tengo que reconocer: me quito el sombrero ante semejante jeta de hormigón armado... ¡Qué digo: de titanio! ¡De adamantium! (*)

Pero bueno, por mucho que me regocije el arte de Houellebecq para sacarle los cuartos a los primaveras de sus fans, lo importante, después de todo, es si este El mundo como supermercado merece también ese estupendérrimo "muy recomendable" que el bueno de Francesc le otorgó a su ¿segunda? parte. Pues no sé qué deciros, que es la forma educada de expresar que sí lo sé: ni de coña. Igual los artículos de entre 1998 y 2009 que se añadieron eran la repanocha, pero éstos de aquí a mi me parecen más bien normalitos, en el mejor de los casos, por no decir flojillos y erráticos. O flojillos y rutinarios, que es peor. Alguno, es cierto, me resulta más original y hasta resultón, como La arquitectura contemporánea como vector de aceleración de desplazamientos -el título, además de bueno, resulta muy houellebecquiano, pero no esconde ninguna metáfora: trata exactamente de eso-; el elogio del cine mudo que es La mirada perdida o El absurdo creador, sobre la obras del Jean Cohen Structure du langage poétique. Esta tampoco es la única ocasión  en la que el caradura de emprendedor Michel (se me están acabando los sinónimos) monetiza, como se dice ahora, los favores que le hizo a otros artistas amiguetes (quiero suponer): Opera Bianca consiste en una serie de poemas para una instalación móvil y sonora de 1997. Por lo demás, en el bloque Tiempos muertos coexisten artículos más sugerentes, como la semblanza de la escritora feminista radical Valerie Solanas -la tipa que disparó contra Andy Warhol- en ¿Para qué sirven los hombres? con relatos más o menos ocurrentes -La reducción de la edad de jubilación- o auténticas chorradas, como El alemán, donde el escritor francés descubre oh, sorpresa, que hay localidades de la costa española llenas de alemanes jubilados (imagino que le jodió ir a un Mercadona a comprar sobrasada y encontrarse con tanto boche, por más que trate de emular a Céline, sin conseguirlo). En definitiva, un pot-pourri de textos reciclados al que le viene que ni pintado tal denominación (me quedo, eso sí, sin leer lo que opina Houellebecq de la pedofilia, lo que aparece en la "segunda parte" del libro... pero mirad, creo que puedo pasar sin saberlo).

No puedo acabar la reseña sin aludir al artículo con el que abre ambos volúmenes, publicado originalmente en 1992 en Lettres françaises y provocativamente titulado Jacques Prévert es un imbécil -supongo yo que para provocar el "escándalo" entre la intelectualidad literaria francesa, a la que se le suele o solía hacer el culo gaseosa con estas chiquilladas-; francamente, no sé si monsieur Prévert, uno de los poetas franceses más populares del siglo XX era un imbécil (yo diría que no) y, como pretende Houellebecq, de ahí su gran éxito, ya que, por ende, gustaría a los imbéciles que componen la gran masa de la población (yo diría que tampoco). Sólo quiero recordar que por aquel entonces el amigo Michel también trataba de descollar como poeticastro, (que imagino sería su gran ilusión) para acabar, más de treinta años después y con su figura literaria ya amortizada, como un enfant terrible de baratillo, relleno en las quinielas para el Nobel y actor cómico-patético (más lo segundo que lo primero, pero ya digo que ni tan mal). El Nobel no lo conseguirá, pero puede que, algún día, el Óscar sí se lo den... O el Razzie, que también sería apropiado. 

(*) Ojocuidao, que resulta que el gran Michel Houellebecq, ese genio del marketing personal, ese águila del selfcoaching y de sacarle los cuartos hasta a las piedras, que deja en bragas a los cryptobros, los technobros y los gymbros, lo volvió a hacer: existe un tercer libro, Más intervenciones, compuesto por... a ver si adivináis: los textos que ya salen en los dos primeros más unos cuantos textos igualmente recuperados de la papelera de diversos medios y... ¡tachán: nada menos que tres nuevas entrevistas (una de ellas con Frédéric Beigbeder, otro que tal baila)! Michel, lo debo admitir, no eres un genio: eres el puto Mesias. 

Demasiados libros de Michel Houellebecq reseñados: aquí