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sábado, 27 de diciembre de 2025

Alison Bechdel: Consumida

Idioma original: inglés

Título original: Spent

Año de publicación: 2025

Traducción: Rocío de la Maya Retamar

Valoración: muy recomendable

Última novela gráfica, hasta la fecha (me cuesta un poco no llamarla cómic, por razones que ya explicaré), de la célebre autora Alison Bechdel, de carácter, si no autobiográfico, como el resto de su obra o al menos la que yo conozco, sí que autoficcional... En verdad, esto de una "novela gráfica autoficcional" debería echarme para atrás, pero, en este caso, no sólo no lo ha hecho sino que ha resultado ser una de mis lecturas más divertidas del año. Además de esta feliz e incluso sorprendente circunstancia, otros motivos me decidieron a leer este Consumida:

  • El buen recuerdo que tenía de la obra más célebre de Bechdel (aparte de la tira cómica Unas lesbianas de cuidado, en la que apareció el ahora conocido como "test de Bechdel"... y entonces sólo un chiste), la muy recomendable Fun Home... aunque no sea, sin embargo, la alegría de la huerta como novela gráfica, sino todo lo contrario.  No obstante, he de reconocer que se me hizo bola el anterior libro de esta autora, El misterio de la fuerza sobrehumana y no llegué acabarlo (menos aún a reseñarlo).
  • El hecho de que en el concepto autoficcional de este libro pese más, creo, la parte de "ficción" que la de "auto". Es cierto que la protagonista principal es una dibujante llamada Alison Bechdel, de aspecto similar al de la autora y que vive, en gran medida, de las rentas generadas por el libro sobre su relación con su padre -sólo que aquí el padre no es funerario, sino taxidermista y la historia se ha acabado convirtiendo en una serie de televisión de gran éxito-; por lo demás, el resto de personajes y sus circunstancias vitales resultan ser, al parecer una mezcla entre la elementos reales y otros debidos claramente a la ficción -como algunas amigas rescatadas de la tira cómica que he mencionado antes-: la Alison del libro vive en una granja de la muy progresista Vermont, en la que mantiene un santuario de cabras enanas, junto a su mujer, Holly, gran amante de la vida rural y que se convierte en toda una influencer para ese nicho de público internetero. Ambas llevan una vida de lo más hogareña, pero no autosuficiente, puesto que compran un montón de cosas por Amazon o, en el otro extremo, en una cooperativa local de productos orgánicos escandalosamente caros.

Por lo demás, les amigues de la pareja son una pandilla de boomers izquierdistas que residen en una cooperativa mixta de vivienda compartida -una especie de comuna para sesentones, para entendernos-, preocupades por el activismo político, el poliamor, las identidades de género, el multiculturalismo, veganismo... en fin, ya sabéis, el surtido completo. Pero, sobre todo, por mantener su coherencia ideológica a ciertas edades y en ciertas coyunturas, puesto que la trama de la historia se sitúa en la época postpandémica, durante la última parte del mandato de Biden, cuando el trumpismo amenazaba con arrasar de nuevo EE.UU. Porque si el universo woke se ve aquí satirizado, aunque sea de forma amistosa, lo mismo ocurre con su contrapartida MAGA, representada por la figura de la conservadora hermana de Alison, Sheila, antiabortista y creadora de "arte con semillas" (como suena). El contraste entre ambas visiones políticas no hace sino alimentar la paranoia de Alison, presentada como un personaje un tanto "woodyallenesco" (el de antes de su cancelación por motivos un tanto resbaladizos, quiero decir); a su bloqueo creativo (= procrastinación galopante) se le une el bombardeo continuo de noticias sobre el desastre al que está abocado el mundo y su país en particular. De todos modos, las ideologías y sus derivaciones no son los únicos ámbitos que reciben la ironía de Bechdel; lo mismo ocurre con el de la producción de series televisivas o la tiranía de las redes sociales.


Esta ironía, o quizás sería mejor hablar de una retranca amable, se convierte en el tono general que recorre todo el libro, ya desde el propio enunciado de los títulos de su capítulos, sacados de El capital de Marx -debido a que la Alison de ficción trata de escribir un libro para combatir el "capitalismo tardío", ayudándose del tratado de Marx... del que sólo llega a leer el índice-, mientras que las protagonistas están metidas en la misma vorágine de superficialidad y consumismo que el resto de sus conciudadanos y que el mundo occidental, en general. No obstante, uno no puede dejar de sentir simpatía por los personajes -sobre todo por Alison-, pese a sus indecisiones, contradicciones, divagaciones y dudas... O precisamente debido a todo esto. Bechdel no se ceba con sus personajes, entre otras cosas porque el que está basado en ella misma es el primero en quedar en evidencia, por lo que, por ridículos que pueda presentar los comportamientos ajenos, no se considera por encima de nadie... Así, el mensaje final que nos queda es el de que las cosas pueden pintar mal y el mundo ser endiabladamente complicado para quien tenga la voluntad de cambiarlo a mejor, pero siempre les -nos- quedará la amistad, la cooperación, el respeto y los lazos comunales para resistir la tormenta hasta que llegue un tiempo más propicio. Y el humor, por supuesto, que es la base sobre la que se asienta todo el libro y que consigue que se lea no ya con complacencia, sino con auténtica diversión. De ahí lo que comentaba al principio; cierto es que esta obra debería considerarse una novela gráfica, en tanto que es autoconclusiva, pero, por su tono humorístico, no puedo por menos que verla como un "cómic", en el sentido más amplio del término.


Otros títulos de Alison Bechdel reseñados en Un Libro Al Día: Fun Home¿Eres mi madre?

martes, 18 de marzo de 2025

Padres de libro: Un hijo cualquiera de Eduardo Halfon

Idioma: español

Año de publicación: 2022

Valoración: recomendable

Penúltima entrega, hasta la fecha, de eso que podemos llamar, sin resultar demasiado pedantes, el corpus literario de Eduardo Halfon, dada la coherencia y continuidad entre unas obras y otras. Como es de esperar, pues, encontramos aquí esa variante autoficcional habitual en él (y, por suerte, de gran nivel e incluso interés; no se trata de esa autoficción trucha, tan extendida), que resulta de la combinación de recuerdos infantiles, indagación sobre la doble identidad cultural guatemalteca y judía y explicaciones acerca del despertar de su interés en la literatura, lo mismo como lector que como escritor. Pero, al igual que suele ser habitual en sus otros libros, escoge un tema, un leit motiv a partir del cual organizar el resto de la narración. 

En este caso, se trata de la paternidad, tanto la suya y su relación con su hijo, así como la que él mantenía con su padre. Sin embargo, estos capítulos/relatos -pues son independientes unos de otros- se alternan con otros que no tiene mucho que ver con el tema; todo lo más , en algunos encontramos una referencia, a veces dolorosa, a los niños, pero, en general, parecen más relleno que otra cosa (dicho en un sentido estricto, no despectivo, puesto que su calidad es igual o puede ser incluso superior al resto). Es lo que sucede con un par de ellos que se desarrollan en Guatemala y aluden a su cultura e Historia reciente: El anfiteatro y el estremecedor Beni. Otros como Unos segundos en París, La pecera y Papeles sueltos, tratan, en cambio de su aprendizaje en el oficio de escribir, en Francia y Bélgica (esto de que sus relatos en primera persona se desarrollen en distintos países , porque también hay otros que ocurren en España o EE.UU., es algo también muy propio de este escritor; sin embargo, en vez de resultar de un cosmopolitismo forzado o postureo, Halfon consigue que resulte algo no sólo creíble, sino perfectamente natural). Incluso uno de ellos El último tigre, es una anécdota familiar que, supuestamente le cuenta un compañero becario -de la Wissenschaftskolleg de Berlín, cómo no- de origen indio.

No obstante, los capítulos/relatos que más nos interesan o al menos los que justifican la inserción de esta reseña en esta semana temática, son los que Halfon dedica a la relación con su hijo, que comienza con el nacimiento, que nos cuenta en Un pequeño corte y prosigue por distintos momentos de la niñez más temprana del chaval. Son capítulos en los que no suceden acontecimientos dramáticos o siquiera de una singularidad especialmente memorable, sino más bien pequeños momentos cotidianos, de una trascendencia doméstica, pero no por ello menos relevantes y, desde luego, de una gran ternura. Es lo que encontramos en La nutria verde, en Wounda y, en los dos que más me han gustado, Domingos en Iowa y Leer calladito, sencillos pero entrañables e incluso preciosos momentos de la relación de un padre con el hijo al que cuida y al que debe educar. Y viceversa. 

El último relato, sin embargo, lo dedica Halfon a un recuerdo de cuando siendo él niño, su padre le contó que de pequeño, a su vez, había estado a punto de morir ahogado en el mar. El niño y futuro escritor Eduardo acaba preguntándose por la identidad cambiante de padres e hijos y la incerteza de nuestro destino (algo que sobrevuela también otros capítulos del libro, por lo demás), y nos deja con un sabor agridulce, algo también bastante característico de la literatura de este autor. De lo mejorcito que se está escribiendo hoy en día, en castellano y seguramente en cualquier otra lengua, todo sea dicho... 


Muchos otros libros de Eduardo Halfon reseñados: aquí

lunes, 17 de marzo de 2025

Padres de libro: Literatura infantil de Alejandro Zambra

Coincidiendo con el Día del Padre (19 de marzo), en ULAD hemos pensado dedicar una serie de entradas a libros que tratan, de una manera o de otra, el tema de la paternidad: exaltándola o problematizándola, mostrando sus múltiples alegrías, y también sus miserias y dificultades. Libros de épocas y literaturas muy diversas, que reflexionan sobre el modo como los hijos se relacionan con sus padres, y los padres con sus hijos. Esperamos que resulte interesante y que, en conjunto, la serie permita abrir reflexiones sobre lo que significa (lo que puede o debe significar) ser padre hoy en día.
 
 
Idioma original: español
Año de publicación: 2023
Valoración: Muy recomendable (aunque no responda exactamente a lo que esperaba de ella)
 
Leyendo Poeta chileno, ya se detecta una sensibilidad muy especial (teñida, eso sí, por la alargada sombra de Bolaño) de Alejandro Zambra para describir las relaciones familiares, paternofiliales y también el mundo de la infancia, su forma de ver el mundo, su particular lenguaje y su universo imaginativo. Literatura infantil recupera muchos de estos temas, y muy particularmente la idea de relación entre padres e hijos (el masculino aquí no es genérico, si es que lo es realmente alguna vez), adoptando en este caso un formato genérico próximo a la autobiografía (o autoficción). 

El libro se divide en dos partes, y hay entre ambas una relación especular: la primera (que sí corresponde a lo que esperaba de este libro) se centra fundamentalmente en la relación de Alejandro Zambra con su hijo y, en general, con su recién adquirida paternidad (el antes, el durante y el después); y la segunda parte, en cambio, orbita más en torno a la relación del escritor con su padre, por lo que, estando igualmente bien escrita, me ha interesado algo menos. No cabe duda de que esta correspondencia entre ambas partes responde a una de la ideas centrales del libro: que la relación con un hijo hace que te replantees la relación con tu propio padre, y reconsiderar tu propia infancia. O, en palabras del propio texto, "Cuando tienes un hijo, vuelves a ser hijo".
 
Como digo, la primera parte, compuesta por ocho capítulos independientes, es la que más me ha satisfecho, por responder a mis expectativas y porque, como también dice el propio texto, viene a llenar un cierto silencio literario que poco a poco se va llenando de voces: el que explica, analiza y representa la relación de los padres con sus hijos. Además, en esta primera parte (sobre todo en el primer texto, que se titula, como el libro, "Literatura infantil" y que es una especie de diario intermitente del primer año de vida de su hijo) he encontrado la mezcla exacta y precisa de ternura, sensibilidad y humor que me parece necesaria para narrar la experiencia de la paternidad. Digamos que si hubiera una escala entre la excesiva sublimación emocional de Umbilical y la aridez machuna de Irene y el aire de Alberto Olmos (que también reseñaré esta semana), Literatura infantil se situaría exactamente en un el punto adecuado (que no es necesariamente el medio) para tratar este tema. (Añado, entre paréntesis, que también Hijos del fútbol de Gálder Reguera, que perfectamente podría haber entrado en esta serie si no estuviese ya reseñado, también se encuentra muy cerca de ese punto dulce).
 
El autor es consciente de esta elección estética, obviamente, y también de que va en contra de una cierta idea de masculinidad y de "buen gusto", y lo plasma en el propio texto:
Durante siglos la literatura ha evitado el sentimentalismo como a una peste. Tengo la impresión de que hasta el día de hoy muchos escritores preferirían ser ignorados antes que correr el riesgo de ser considerados cursis o sensibleros. Y es verdad que, a la hora de escribir sobre nuestros hijos, la felicidad y la ternura desafían nuestra antigua y masculina idea de lo comunicable. ¿Qué hacer, entonces, con la satisfacción gozosa y necesariamente bobalicona de ver a un hijo ponerse de pie o comenzar a hablar?
Otros textos de esta primera parte tratan otros aspectos de la experiencia de la paternidad: la elección del nombre, la lectura de cuentos antes de dormir y, justo al final de esta sección, el confinamiento por causa del covid. Ninguno está a la altura, pienso, del primero, el diario de un padre primerizo, pero todos son buenos, cada uno a su manera.
 
Después, en la segunda sección, el foco del libro va girando hacia el otro ángulo del tema de la paternidad: la relación que el escritor tiene con su propio padre, sobre todo a partir del capítulo titulado "Rascacielos". (Antes viene un cuento protagonizado por niños, "Garabatos", que sin ser malo no me parece que acabe de encajar en el conjunto). También en esta segunda parte hay capítulos notables, siempre en ese registro autobiográfico/autoficcional, contados con sensibilidad y humor, como "Cogoteros de ojos azules" o "Lecciones tardías de pesca con mosca", pero personalmente no he disfrutado tanto de esta segunda parte del libro, porque lo que esperaba, lo que venía buscando, ya lo había encontrado en la primera.
 
En todo caso, este libro es uno de los mejores representantes que se me ocurren para esta semana de reseñas dedicada a la paternidad...

Otras reseñas de Alejandro Zambra en ULAD, aquí.

martes, 16 de julio de 2024

Reseña + Entrevista: Visceral de María Fernanda Ampuero

Idioma original:
español
Año de publicación: 2024
Valoración: Muy recomendable
 
Empiezo por decir que María Fernanda Ampuero es una autora a la que admiro y a la que sigo desde hace unos años (y por eso ha sido un especial placer poder entrevistarla); he leído sus libros de relatos góticos / de terror Pelea de gallos y Sacrificios humanos y el segundo de ellos incluso ha sido una de las lecturas en alguna de mis clases de Literatura Hispanoamericana. Así que cuando vi que había sacado un nuevo libro, este Visceral, me lancé a comprarlo, sin leer nada al respecto y pensando que compraba un libro semejante a los anteriores, en cuanto a género y temas.

Y no, Visceral no es un libro de cuentos, ni siquiera es un libro de ficción; y tampoco es un libro de género fantástico o de terror, aunque quien haya leído los cuentos de Sacrificios humanos reconocerá las evidentes continuidades en cuanto a las preocupaciones de la autora: el colonialismo y la migración, la violencia contra las mujeres y el machismo.... De hecho, como el propio texto de Visceral dice en un determinado momento, el terror es un género que expresa el Zeitgeist, los miedos y ansiedades de cada época. 

Si Visceral no es un libro de relatos, ni de ficción, ¿entonces qué es? Pues uno de esos libros que se suelen calificar como "inclasificables", por su carácter híbrido y su diversidad textual. Con capítulos que están próximos del ensayo o de la crónica, otros de las memorias o el diario, y algunos, sí, también próximos del relato, o incluso de la prosa poética. En muchos de los capítulos, o fragmentos, también nos internamos en el ámbito de eso que de forma bastante poco definida se denomina "autoficción", o "narrativas del yo", como las denominó Pozuelo Yvancos, ya que la narradora y protagonista comparte muchas características (nombre, origen, experiencias vitales) con la propia María Fernanda Ampuero.

Lo que da unidad al libro es, entonces, un tema que muta en diferentes manifestaciones: la violencia, la injusticia, el abuso o la desigualdad, sea en las coordenadas de raza, clase, género u orientación sexual, en relación con los cuerpos no normativos o conn las personas neurodivergentes. Hay, de hecho, me parece percibir, un plan o estructura en el desarrollo del libro, que comienza tratando temas de colonialidad e imperialismo (aunque con una perspectiva de género que no tiene por ejemplo Galeano, claro), introduce después la cuestión de la migración, obviamente relacionada con la anterior, y a través de este tema se introduce el tema de la familia, la gordofobia, la violencia de género, acabando por fin en un registro más privado, casi íntimo, también cronológicamente más próximo: el de la pandemia y la post-pandemia, y sus efectos en la salud mental (y obviamente en la física) de las personas.

Confieso que me costó un poco entrar en el libro, probablemente por la sorpresa de no estar leyendo el libro que esperaba, y también porque los primeros textos sobre la violencia colonial me parecen algo menos originales. Pero no hizo falta ni llegar a la mitad, para que textos como "Mórbida" o "Gorda" (cuyo tema no es difícil deducir) me convenciesen de que estaba ante un librazo. Un libro visceral, como su título indica, una bomba de rabia y denuncia en la que la honestidad y la justicia de sus reivincidaciones se alía con un lenguaje potente y una maleabilidad estilística notable. En definitiva, una gran lectura que añade nuevas facetas a la trayectoria de una escritora fundamental.

Entrevista:



sábado, 29 de junio de 2024

Eduardo Halfon: Tarántula

Idioma: español

Año de publicación: 2024

Valoración: recomendable

Última entrega de esa especie de gran novela por ídems que nos está ofreciendo Eduardo Halfon desde hace años; todas diferentes, no es que se repita, pero todas vienen a tratar sobre lo mismo: su vida , su familia, su país y las circunstancias de todos ellos, en un ejercicio de autoficción (habría que ver cuánto hay aquí de "auto" y cuanto de "ficción", que sospecho que es una buena parte) que, por una vez y sin que sirva de precedente, no sólo no me disgusta sino que me tiene interesado y aun fascinado... Porque, no me cansaré de repetirlo las veces que haga falta, Halfon escribe muy, pero que muy bien, y así se le puede perdonar todo.

Se le puede perdonar incluso que transite por caminos un tanto trillados. Porque aquí, amigos y amigas de ULAD, en este enésimo ejercicio memorístico-literario que Halfon nos ofrece y que no sólo nos deleita, sino que incluso nos puede poner los pelos como escarpias, se le ve un poco el cartón, me temo... Al menos un par de veces y más aún si nos ponemos en modo inquisidor, que, bueno, tampoco es el caso porque Halfon nos cae o me cae, especialmente bien, pero aún así, hay que señalar que alguna situación que plantea en el libro resulta bastante previsible, o incluso puede parecer directamente una mistificación a según qué lectores... (no revelaré de qué se trata porque tampoco es cuestión de espoilearle a nadie, claro). Y eso que el punto de partida de la novela resulta cuando menos, original: el autor rememora cuando, a sus trece años y tras un par de ellos viviendo en EE.UU., sus padres les enviaron de vuelta a Guatemala a él y a su hermano para que pasaran una temporada en un campamento de las montañas dirigido a niños de familias judías centroamericanas, con el objetivo de convertirles no ya en unos buenos judíos, sino incluso en unos buenos sinoístas. Claro que el campamento  se planea ir aún más allá y ofrecer a la muchachada toda una inmersión en la experiencia judía, en toda su amplitud, y hasta aquí puedo contar, que de lo que se trata es de que leáis el libro, no de hacer un resumen en plan el Un Libro Al Día trucho (que existe, por desgracia).

Ya sé lo que me podríais decir, porque es lo mismo que pensé yo en un principio (y quizás fuera lo mismo que dijeron en su editorial), que este 2024, lo siento, Eduardo, no es el momento más adecuado para que los lectores empaticen con las cuitas de unos niños judíos de familias pudientes que está siendo adiestrados para ser buenos sionistas y no os faltaría razón. Ahora bien, pensando sobre ello, tal vez Eduardo Halfon sí que ha publicado esta parte de su "gran  novela de autoficción" en este 2024 tan poco propicio para ciertas solidaridades con toda intención porque esta no sólo trata de las cuitas unos niños judíos en un campamento en las montañas de Guatemala, sino, sobre todo, del veneno que esa tarántula del título -se trata de una metáfora, tranquilos todos los aracnofóbicos/as- es capaz de inocular en cualquiera y provocar que el infectado se comporte de la manera más bárbara posible, masacrando a todo niño palestino que se le ponga por delante, por ejemplo... Y para ese veneno, me temo, no hay antídoto posible. Ni siquiera pertenecer a un pueblo o a una religión, que ha sufrido lo indecible a lo largo de los siglos. Y eso es algo que Halfon sabe bien y nos lo cuenta aquí.

Bastantes más libros de Eduardo Halfon reseñados: aquí

martes, 30 de abril de 2024

Serguéi Dovlátov: La filial

Idioma original: ruso

Título original: Филиал

Traducción: Tania Mikhelson y Alfonso Martínez Galilea

Año de publicación: 1990

Valoración: Está bien


La valoración Se deja leer equivale, o así lo veo yo, a decir si lo lees no te va a pasar nada malo, tu sentido estético y tu espíritu no se verán ofendidos, ni tu estómago dañado. Pero tampoco esperes más. De ahí al Está bien hay un escalón. Es lo mismo pero el libro tiene algo más, es entretenido, tiene cierto interés en algún campo, es novedoso, divertido, con una prosa especialmente agradable. Alguna de estas características me ha empujado a subirle la calificación a este libro de Dovlátov, que aunque tiene aspecto de semi-tocho, incluso con tapas duras, se lee en un pis-pas. Ágil, ligero, son para empezar algunas de esas virtudes que a veces agradan, quizá a falta de otras cosas más valiosas. (Además, como sé que el autor ruso tiene en este blog algún defensor destacado, es obligado andarme con ojo)

Dovlátov emigró a Estados Unidos a finales de los 70 del siglo pasado, tras comprobar que su estilo irónico y su tendencia a ir por libre no agradaban precisamente a las autoridades soviéticas. Tras ir dando tumbos por diversas publicaciones del exilio ruso, se empieza a hacer un nombre en el mundo occidental, y en esta su última novela se centra en un simposio de intelectuales eslavos celebrado en Los Ángeles en 1981. Con un lejano eco a un relato parecido de David Lodge, Dovlátov hace repaso de buen número de autores rusos emigrados, siempre con su tono caricaturesco. El problema es que (a pesar del ilustrativo y muy loable apéndice que ofrece, como es marca de la casa, la traductora Tania Mikhelson) es difícil que cualquier lector ajeno a la literatura y el pensamiento rusos del momento conozca a prácticamente ninguno de los nombres que se enmascaran tras los sosias propuestos. De manera que, en este aspecto, la sátira queda en buena parte devaluada.

Otra cosa es que nos pueda atraer el peculiar estilo del autor, estilo por cierto muy americano y que parece que provocaba sarpullidos en los más irreductibles defensores de la prosa tradicional rusa, con su componente trágico y algo grandilocuente. En Dovlátov domina por completo la frase corta y el parrafito redondeado con una humorada, la agudeza que, hay que reconocer, a veces hace reír aunque ni siquiera identifiquemos a sus protagonistas.

Por lo demás, y salvo que nos interese mucho la biografía del autor, tampoco le encuentro nada mucho más atrayente. Tal vez lo único puede ser la peculiar relación del protagonista con una antigua novia, figura tras la cual se encuentra por lo visto la que fue la primera pareja (y no sé si esposa) de Dovlátov. Lo presenta el libro como un reencuentro con ocasión del citado congreso de intelectuales, relatando la extraña coincidencia en paralelo a los pormenores de su antigua relación, cuando todavía eran universitarios en la URSS. La relación estaba ya entonces llena de encuentros y desencuentros, supuestas infidelidades, arrebatos amorosos y distanciamientos sin una explicación clara, algo con un componente tóxico que el autor no llega a explicarse del todo y que, pasados muchos años, sigue sin ser capaz de desentrañar. El dibujo está muy logrado, seguramente porque, como a veces ocurre, la situación da por sí misma para un buen repertorio de matices, desde el humor a la desesperación, la indiferencia, el apasionamiento y puede que hasta el odio.

El conjunto del libro, con ese fuerte componente autobiográfico que personalmente no me agrada demasiado, recuerda algo a su compatriota y coetáneo Limónov, a quien de hecho se cita un par de veces, aunque afortunadamente sin su insufrible egolatría. En realidad, son dos personajes que presentan bastantes semejanzas, si bien se diferencian en que Dovlátov parece haber asumido con naturalidad cierto estilo de su país de adopción y, aunque sigue escribiendo en ruso, aquella vieja tendencia a la ligereza y al sarcasmo que suscitaron el rechazo en su tierra le han venido muy bien para integrarse en el panorama literario norteamericano. 

También de Serguéi Dovlátov en ULADaquí


jueves, 22 de febrero de 2024

Annie Ernaux: La otra hija

Idioma original: francés
Título original: L'autre fille
Traducción: Lydia Vázquez Jiménez en castellano para Cabaret Voltaire
Año de publicación: 2023
Valoración: muy recomendable


En el campo demasiadas veces criticado de la autoficción (también a veces denominado “literatura del yo”, nombre que no me acaba de gustar pues tiene cierto rasgo egocéntrico), hay casos y casos. Porque si bien hay autores que pretenden construir una obra literaria en torno a ellos a partir de algún suceso sin especial relevancia, hay otras ocasiones en los que la vida del autor es tan amplia, rica y nutrida de sucesos que es inevitable que su obra gire en torno a ellos pero que se expanda y nos alcance hasta hacerlas incluso nuestra por empatía o por confluencia. Aún y así, incluso en esos casos, la calidad literaria dependerá, no únicamente del relato en sí, sino de la visión que se le quiera dar, de la amplitud de la mirada, del alcance de los expuesto y de donde se quiere llegar con ello. Y claro, Annie Ernaux, tiene mucho que contar, y es innegable que sabe muy bien cómo hacerlo.

En este libro basado en la propia experiencia de la autora (como la mayoría de ellos), Ernaux narra un episodio clave en su vida: el descubrimiento, a los diez años, no únicamente de que ella era la segunda hija de sus padres, sino también de que su hermana murió antes de que ella naciera. Así, descubre que tenía una hermana fallecida, aunque ella no la consideró como tal al momento de saber de su existencia porque, tal y como cuenta en este libro en forma de carta que escribe a su hermana, «según el registro civil, eres mi hermana (…) pero tu no eres mi hermana, nunca lo fuiste. No hemos jugado, comido, dormido juntas. Nunca te toqué, nunca te besé. No sé de qué color tienes los ojos. Nunca te he visto. No tienes cuerpo ni voz, solo eres una imagen plana en unas cuantas fotos en blanco y negro (…) llevabas dos años y medio muerta cuando nací yo». Y esa realidad la conmueve y la perturba, pues es difícil y terrible constatar que «ya muerta, entraste en mi vida en el verano de mis diez años».

Con esta dureza expone el desconcierto ante la presencia de una constante ausencia y la autora es especialmente contundente acerca del momento de su revelación cuando, de manera accidental, oye a su madre hablar con una amiga de su hija que murió de difteria a los seis años, una hija de la que a Annie no le habían contado nada «para no apenarla» y sobre la que oye a su madre decir que era «más buena que ella». Dos palabras, “más buena”, que duelen, que hieren, que carcomen a una niña de tan solo diez años, a quien comparan con una hermana difunta y que causan que la autora afirme que «entre mi madre y yo, dos palabras. Se las hice pagar caro» y la constatación de no ser hija única, de ser consciente de que «había vivido en mundo de ilusión. Yo no era única. Había otra, surgida de la nada. Así que todo el amor que creía estar recibiendo era falso». Una ausencia marcada que nota en sus padres, en sus miradas, en su estado, cuando constata, repasando fotos antiguas de sus padres al poco de nacer ella, al percibir nítidamente que «estás allí, entre ellos, invisible. Eres su dolor» y, siendo su dolor, hace que se establezca entre ellos una barrera emocional, un cisma respecto a sus padres pues «no podía o no quería (…) entrar en el dolor de ellos. Era anterior a mí, ajeno a mí. Me excluía».

Con este relato, Ernaux nos detalla la dificultad y la tristeza de vivir a la sombra de una hermana a la que nunca conoció, pero que vivió a la vez que ella en los corazones y la memoria de sus padres. Una hermana silenciada, aunque eternamente omnipresente envuelta en un silencio que les protegía también a ellos, pues «te ponían fuera del alcance de mi curiosidad, que les habría destrozado», aunque «no les reprocho nada. Los padres de un hijo muerto no saben lo que produce su dolor en el que está vivo». Y, a pesar de ello, la autora escribe este libro con ciertas dudas de su intencionalidad, tal vez para entender lo sucedido, tal vez porque echa en falta a su hermana, tal vez para cerrar un círculo sin tener clara su intencionalidad al hacerlo hasta el punto de que constate y se cuestione si «¿acaso estoy escribiéndote para poder resucitarte y poder matarte de nuevo?». Quizás es algo más sencillo que eso, quizás es algo más puro, quizás «escribirte no es más que eso, constatar tu ausencia» y, en cierto modo, también extrañarla.

sábado, 3 de junio de 2023

Jo Ann Beard: Días de fiesta

Idioma original: Inglés
Título original: Festival Days
Traducción: Inga Pellisa
Año de publicación: 2021
Valoración: Bastante recomendable

Si Los chicos de mi juventud supuso el descubrimiento de una magnífica autora como Jo Ann Beard, este Días de fiesta es, pese a que me ha gustado algo menos, la confirmación de la calidad de una escritora que esperemos encuentre los lectores que merece.

En esta ocasión, Beard entrega nueve textos que ella califica como ensayos, etiqueta que yo ampliaría al relato autoficcional, y en los que dolor y belleza, tristezas y alegrías, lo permanente y lo efímero comparten espacio.  

Tres vendrían a ser los textos más puramente ensayísticos, aunque siempre teniendo en cuenta que Beard se mueve en la frontera de los géneros: "Puede que sucediese", centrado en la memoria, y "Cerca" y "Ahora", en el que, al mismo tiempo, teoriza y divaga sobre la escritura. Los siete restantes creo que están más cerca del relato autobiográfico que del ensayo, si bien en todos ellos se incluyen reflexiones sobre la vida y la muerte. 

Independientemente de lo anterior, hay una serie de elementos comunes a todos (o casi todos) los textos incluidos en este libro. Serían:

  • La importancia de los subtextos
  • La sensibilidad, delicadeza y compasión, completamente alejadas de cualquier tipo de condescendencia, con la que Beard se acerca a las persona(je)s.
  • La introducción de elementos extraños en vidas corrientes, ya sea en forma de desconocidos que entran en casa, enfermedades, muerte, etc que llevan a los personajes a diversas formas de afrontar el fin
  • El tiempo dilatado, un presente que se ramifica en muchas direcciones
  • Los detalles: la luz que entra de refilón por una ventana, la forma de las nubes, el color de un sari...
  • La omnipresencia de los animales
Vuelvo al primer elemento, lo subtextos. La escritura de Beard es, eminentemente, "divagadora". Sería algo así como una escritura-río. El texto nace en un manantial de las montañas y comienza su descenso, pero a el se van incorporando afluentes, queda represado, se desvía para regar campos, desemboca en otro río mayor pero por debajo continúan fluyendo sus aguas, etc. No sé si se entiende.

Me explico mejor. Beard se sirve de un momento inicial con el que arranca el texto, pero establece asociaciones más o menos vagas que nos llevan a diferentes líneas temporales, retorna a la "línea principal", divaga, pasa de espectadora a protagonista, etc. Todo mientras busco una rama a la que agarrarme.

Por último, quisiera citar brevemente los textos que más me han impactado. El primero es "Cheri", maravilloso texto en que relata la enfermedad de su protagonista y en el que intercala belleza y dolor, recuerdo y memoria; el segundo es "La tumba de la lucha libre", texto más pictórico y aparentemente más atrevido en lo estilístico; el tercero es "Lo que buscas te busca a ti", texto "acordeón" sobre pequeños hechos sin importancia, soledades y encuentros que pueden cambiarlo todo.

También de Jo Ann Beard en ULAD: Los chicos de mi juventud 

viernes, 19 de mayo de 2023

Meryem El Mehdati: Supersaurio

Idioma original: español
Año de publicación: 2022
Valoración: se deja leer





Así empiezan los agradecimientos de Meryem El Mehdati en Supersaurio.
«El 29 de abril de 2019, Jorge de Cascante me preguntó: “Meryem, ¿has pensado alguna vez en escribir un libro?”. No nos conocíamos, solo nos seguíamos en Twitter (…)».



Esta joven y carismática autora —con experiencia previa en fanfiction y con un considerable número de seguidores en redes— recibe la oportunidad de cumplir el sueño inconfesable de cualquier escritor novel (a riesgo de la enorme presión y responsabilidad que ello conlleva). Y a pesar de eso, Meryem se arremanga y su libro Supersaurio arrasa: las redes y los principales altavoces mainstream, arden y se contagian entre sí. Yo escucho por casualidad un podcast donde la entrevistan y elogian fervorosamente su ópera prima. Y decido leerla. Termino enseguida, a pesar de sus más de trescientas páginas —los de Blackie no se ponen para menos—, lo que no significa que antes de finalizar el primer tercio mi decepción no vaya en irremediable ascenso.

Resumen resumido: Meryem, veinticinco años, licenciada y residente en un pueblo de Gran Canaria, acaba de conseguir un trabajo de becaria en la cadena de supermercados Supersaurio. El difícil encaje en un sistema empresarial deshumanizador, así como el choque generacional con sus compañeros, no hace más que intensificar su rabia y malestar hacia todos los vicios del sistema: capitalismo, machismo, clasismo, racismo, centralismo peninsular… Meryem deberá aprender a convivir con todas esas situaciones y a definirse como adulta sin la necesidad de confrontar continuamente con todo aquello que la rodea. O no.

El planteamiento es interesante y cuenta con un gran número de elementos que contribuyen a la personalidad del relato:
  • Una voz narrativa atrayente que emplea el sarcasmo para expresar con humor el enfado en el que vive inmersa la protagonista.
  • La conciencia y el pensamiento crítico presentes en el discurso.
  • Retrato generacional. Por una parte funciona como una novela de crecimiento (las dificultades de entrar en la fase adulta: primer trabajo, primer desengaño amoroso…) y por otra retrata muy bien los problemas específicos a los que se enfrenta la generación millenial, como la precariedad laboral.
  • Canarias en el foco: la crítica a un sistema de gran patio de recreo destinado únicamente a atraer turistas, en detrimento del territorio y la calidad de vida de sus ciudadanos nativos.
  • Retrato de una realidad marcada por el origen, la religión y la raza: el conflicto de ser continuamente cuestionada y percibida como alguien de ninguna parte.
  • Dinamismo y recursos alternativos: los capítulos son cortos, algunos tienen la extensión de un tweet (y podrían serlo) y otros recrean el formato del fanfiction.
Sin embargo, existen otros elementos importantes cuya ejecución contribuye en detrimento del conjunto. En términos generales: que una lectura resulte fácil o fluida no es garantía de que la narración funcione. Que unos hechos se expliquen con mucha o bastante fidelidad a como se produjeron, no es garantía de verosimilitud. La naturalidad y la oralidad narrativas no mantienen una relación directa con la espontaneidad. Los buenos textos narrativos que nos parecen sencillos, tienen detrás una estrategia imperceptible para el lector según la cual nada está ahí porque sí, porque un texto narrativo siempre debe aspirar a no ser inocente. Y más concretamente:
  • La voz que narra pierde capacidad tractora a medida que avanza: porque carece de estrategia narrativa (mantiene prácticamente el mismo tono e intensidad), porque resulta recurrente en muchos aspectos que ya han quedado claros (la guagua, los turistas, los de la península, las injusticias, etc) dilatando la narración y diluyendo la acción. Porque cae en muchos lugares comunes. Porque dice muchísimo más de lo que muestra, lo explica absolutamente todo y no deja espacio para que el lector pueda llevarse la novela a su cabeza y construir sus propias reflexiones sobre las críticas que se lanzan o sobre cómo son los personajes. Antes de acabar el primer tercio del libro, la narradora y su sentido del humor han perdido parte de su efecto; el abuso continuado del sarcasmo acaba por anestesiar al lector.
  • La trama principal es lineal y poco compleja, por lo que recae más peso sobre la voz narrativa y si esta falla, la narración se debilita. También necesita rodearse de alguna trama secundaria sólida. La única subtrama como tal sería la romántica, que resulta (aunque parezca una contradicción) inverosímil a la par que previsible. Otros intentos de subtrama, como la búsqueda de piso, es tan vaga que no llega a cumplir ese papel.
  • La construcción de los personajes es inexistente. Yolanda, por ejemplo (la némesis de la protagonista) se peina con “moño apretado” y calza “tacones de aguja”… son arquetipos muy básicos y superados. Ninguno evoluciona, ninguno muestra el menor destello de humanidad, no hay matices, o son buenos o son malos (y casi todos, malos). No se si aquí ha influido el hecho de que en fanfiction se parte de personajes que ya existen y todo el mundo reconoce y no hace falta mostrarle al lector cómo son ni cuales son sus objetivos en la historia.
  • El arco dramático de la protagonista es inconcluso. El conflicto principal de Meryem no tiene una relación directa con Supersaurio o con una mala experiencia sentimental, que son catalizadores. La protagonista se muestra como alguien muy enfadado con el mundo y lo que acaba tirando de la trama es, precisamente, averiguar si esta mujer evoluciona hacia una versión de sí misma más autoconsciente (novela de crecimiento, como decía). Pero en el relato no queda claro ningún tránsito significativo hacia ninguna parte y, muy a mi pesar, la protagonista quizá se apacigüe de puro agotamiento, pero no por eso deja de estar on fire. (Y a juzgar por los dos últimos párrafos de los agradecimientos (*), parece que la autora tampoco).
  • Falta de perspectiva. Se percibe fácilmente cuando unos hechos que se narran se han reposado el tiempo necesario o no: hacer autoficción desde un lugar (y momento) diferente al de los hechos, facilita poder separar el grano de la paja, poder reírse de ello sin rencor ni amargura y, lo más importante, dirigir la narración con unos objetivos concretos. Me viene a la cabeza esta novela donde sí se ha sabido poner a favor ese aspecto (también es Nora Ephron).
En conclusión, Supersaurio me ha parecido un hilo de Twitter muy largo que se ha trasladado al papel y que podría explicar lo mismo y resultar más efectivo con la mitad de páginas y una sencilla estrategia narrativa. Y que no se haya hecho así no es accidental, es una decisión editorial absolutamente deliberada que ha resultado en una fórmula de éxito. No lo entiendo.
Bueno, en realidad sí lo entiendo.

(*)
«Gracias a Blackie por haber confiado en mí y por haberle dado una oportunidad a una persona que creció como una niña salvaje en la esquina más oscura de Internet. Gracias también a todas las personas que en algún momento se burlaron del fanfiction. Yo tengo un libro. Ustedes, no sé.
Por último, me gustaría tomar prestadas las palabras de uno de mis coaches favoritos, Snoop Dogg: I wanna thank ME for believing in ME, I wanna thank ME for doing all this hard work

viernes, 12 de mayo de 2023

Rachel Cusk: Segunda casa

Idioma original: inglés
Título original: Second place
Traducción: Catalina Martínez Muñoz
Año de publicación: 2021
Valoración: recomendable (alto)



«En esa época de año —primavera— las patatas que guardamos en el cobertizo empiezan a echar brotes, aunque las conservemos completamente a oscuras. Les salen esos brazos blancos y carnosos porque saben que es primavera, y a veces me quedo mirando una patata y pienso que sabe más que la mayoría de la gente»

Tengo la opinión de que cuanto más difícil resulta distinguir los mimbres de una buena narración (incluso una vez concluida su lectura) esta ha sido concebida más cerca de las tripas que del cerebro, más orgánica es, más íntima y personal. En el caso de Rachel Cusk, se le añade una buena bofetada de honestidad y esa leve y continua sensación urticante de que nada de lo que está escrito es inocente.

Resumen resumido: M vive una apacible existencia con su esposo Tony en una marisma remota, mientras siente que la madurez vital que atraviesa tiene muy poco que ofrecerle. Sin embargo, la idea de invitar a L, un artista plástico cuya obra admira desde hace años, a pasar una temporada en la casa de invitados (la segunda casa), despierta en ella un entusiasmo inesperado que la llevará a proponérselo de inmediato. El tiempo que L pasará con ellos será un recuerdo inolvidable pero no en los términos que M imaginaba.

La premisa de Segunda casa está inspirada en la obra Lorenzo en Taos de Mabel Dodge Luhan. En ella, la propia autora, una rica mecenas estadounidense de las artes, explica la singular experiencia vivida cuando el escritor D. H. Lawrence (El amante de Lady Chatterley) aceptó su invitación de pasar una temporada en la colonia de arte de Taos que ella regentaba.

Sin que M pueda considerarse propiamente una mecenas al uso, sí vive una intrínseca relación con el arte en su vida cotidiana, tanto desde el punto de vista sensorial como intelectual. Ello contribuye a un particular perfil psicológico que el lector no puede dejar de lado a la hora de transitar junto a ella las vivencias que narra.
«Los dedos del pianista, rigurosamente entrenados, son más libres de lo que lo será jamás el corazón esclavizado del amante de la música. Supongo que esto explica por qué los grandes artistas pueden ser personas tan horribles y decepcionantes. La vida rara vez ofrece la oportunidad o el tiempo suficiente para ser libre en más de un sentido.»
Esa hipersensibilidad artística de la protagonista, combinada con una vida apartada y sin más contacto que la propia naturaleza, en una fase vital en plena crisis de la madurez y de monotonía matrimonial, se materializa en una deriva emocional de abulia hacia todo lo que la rodea en su vida cotidiana. M está en crisis y cree que el hecho de tener a L cerca, con su personal visión de la realidad, va a darle una perspectiva mucho más excitante. Probablemente de forma subconsciente, M también está manejando otras motivaciones más básicas (dicho en el buen sentido), como el hecho de que necesita conectar con otro ser humano y sentirse mirada de nuevo.

Al final, la visita de L no es más que un pretexto para que la autora, a través de su narradora protagonista —y en su soliloquio frente a un tal Jeffers— exponga una serie de reflexiones muy personales y aún más audaces, sobre cuestiones de calado:
  • Sobre el menosprecio hacia nuestras necesidades más básicas cuya satisfacción siempre relegamos. La importancia de escucharse y de ser sincero con uno mismo, aunque sea hablando con un Jeffers imaginario.
  • Sobre la complejidad y omnipresencia del sesgo patriarcal en la sociedad.
«(…) esa aura de libertad masculina está presente en la mayoría de las representaciones del mundo y de nuestra experiencia humana en él, y que como mujeres nos hemos acostumbrado a traducirla a un idioma que podamos reconocer (…) evitando algunas de las partes a las que no encontramos sentido o no entendemos, y otras a las que sabemos que no tenemos derecho, y voilà!: participamos. Es como llevar un traje elegante que nos han prestado, o a veces directamente una suplantación (…)»
  • Sobre el arte en la vida del ser humano como faceta imprescindible para gozar de una vida plena.
Segunda casa está plagada de reflexiones muy diversas y pertinentes que obligan al lector o bien a detenerse o bien a plantearse una segunda lectura. Por otra parte Second place también ser puede traducir como segundo puesto, lo que encaja muy bien con la sensación de intrascendencia que invade a la protagonista. Rachel Cusk me ha sorprendido muy gratamente en esta primera incursión en su obra y espero volver a ella más pronto que tarde. Recomendable alto.

También de Rachel Cusk en ULAD: A contraluz

martes, 25 de abril de 2023

Jakuta Alikavazovic: Como un cielo en nosotros

Idioma original: Francés
Titulo original: Comme un ciel en nous
Año de publicación: 2021
Traducción: Vanesa García Cazorla
Valoración: Bastante recomendable

¿Y tú cómo te las ingeniarías para robar "La Gioconda"?

Casi todo texto contiene en su interior un viaje y este de Jakuta Alikavazovic no podía ser menos. El punto de partida será una noche en el Museo del Louvre, pero en realidad "Como un cielo en nosotros" es un viaje al centro de la infancia, un viaje al centro de uno mismo. Así, a medio camino entre la realidad y la ficción, entre el ensayo y la novela, acompañaremos la autora francesa de origen ¿montenegrino? a través del tiempo y la memoria. 

Realidad, sí. Pero, ¿qué es la realidad? ¿Un mero efecto estilístico?

Ficción, también. Ficción que quizá fue realidad en el pasado. O ficción que tal vez sea realidad en el futuro. ¿Quién sabe?

He dicho ensayo, pero también podría ser una crónica personal y familiar. De la Yugoslavia de los 70 al París de principios del siglo XX,

Y novela. Porque hay un tenue hilo narrativa, una acción, una cierta tensión.

Pero siempre con el tiempo y la memoria como hilos conductores gracias a la omnipresente figura de un padre que trae a la cabeza la carveriana (al menos para mi) imagen de un ciervo vagando por la ciudad y la ineludible presencias arte a través de obras como la Gioconda, la Venus de Milo o el Hermafrodita durmiente de Bernini.

Ramas entrelazadas (como el ciclo de Aleksandr Tisma) a través de asociaciones y digresiones que llevan a hablar del Arte, de la Identidad, del Sentido de Pertenencia, de las Apariencias, de miradas que todo lo alteran, de lo que fuimos, somos y seremos. De la vida, al fin y al cabo.

En resumen, un texto breve, apenas 100 páginas, y una escritura poética, evanescente e inasible que me recuerda en ciertos aspectos a Borges (veo a Borges en cada juego de espejos, la verdad), a Chejfec o a Halfon. Un más que interesante descubrimiento (y ya son varios, vía Muñeca Infinita)

lunes, 23 de enero de 2023

Amy Liptrot: En islas extremas

Idioma original: inglés

Título original: The Outrun

Año de publicación: 2016

Traducción: María Remedios Fernández Ruiz

Valoración: entre recomendable (para vosotros/as) y está bien (para mí).

Es éste el segundo libro que he leído de lo que se conoce como "literatura del yo" (aunque , en realidad, no creo que el anterior, Chicas Muertas, lo sea, sensu stricto) y eso pese a mi alergia, cierto que a veces algo aletargada, a todo lo que huela a "autoficción", Sin embargo , había leído cosas muy positivas y de personas con muy buen criterio sobre éste de la ¿escocesa?, ¿inglesa?, ¿británica?... bueno, orcadiana, en todo caso, Amy Liptrot, así que no he dudado demasiado en leerlo cuando he tenido ocasión. 

Resumen resumidillo: Amy Liptrot es una joven escritora nacida en las islas Orcadas, allí donde Escocia casi pierde su nombre, aunque de padres ingleses que se trasladaron a tan remoto lugar para hacerse cargo de una granja de ovejas, lugar en el que creció la autora. Pero, poco a gusto con su vida allí -a lo que contribuyó, seguramente, el trastorno bipolar que sufría su padre y el fanatismo religioso de su madre- la ya más crecida Amy se dio el piro en cuanto pudo, para recalar en la siempre jubilosa Londres, donde vivió una veintena gloriosa, de fiesta en fiesta, discoteca en discoteca y borrachera en borrachera... con el previsible resultado de que antes de cumplir los treinta nuestra Amy se había convertido en una alcohólica y perdido novio, trabajo(s) y vivienda(s). Conservó, no obstante, el suficiente tino para apuntarse a un programa de desintoxicación y, una vez superada la primera fase en Londres, retornó a las Orcadas con el reto de permanecer sobria y recuperar el timón de su vida. El libro, pues, es una especie de crónica de los dos primeros años de ese difícil proceso y de lo que vivió a la vuelta en sus islas natales, ayudando a su padre en la granja, buscando aves esquivas para una asociación ornitológica, nadando y buceando en las gélidas aguas del Atlántico o el mar del Norte, aprendiendo astrología, leyendo sobre las leyendas e Historia de las orcadas, pasando el invierno en una isla con tan sólo 70 habitantes... en fin, un despliegue de actividades muy diferentes de la vida fiestera que llevaba en la gran ciudad, pero también incesante, casi se diría que adictiva, lo que indicaría cierta predisposición al enganche -a lo que sea- por parte de la autora.

En cualquier caso, cabe poca duda para el lector (al menos para este lector) que, sin ánimo de despreciar, resulta más interesante todo el despliegue de conocimientos geográficos, astronómicos u ornitológicos  que encontramos en el libro que los avances en el proceso de superar el alcoholismo, por más que, como resulta perfectamente comprensible, esto sea lo más importante para Liptrot. Pero, como narrativa, no deja de ser una variante de una historia de superación ya mil veces contada, mientras que la originalidad, lo que le da singularidad al libro (repito. para el eventual lector, no para la autora del mismo) es lo que se refiere a su visión de la peculiaridad idiosincrasia de las Orcadas. Por supuesto, también a la excelente forma de explicarla...

Ahora bien, he de reconocer que he tenido algún problema con este libro, por más que comprenda a la perfección y respete los motivos de Amy Liptrot para escribirlo, debido a mi alergia, como ya he referido antes, a todo lo que suene a autoficción o literatura del yo; después de todo y a pesar a sus indudables virtudes, al final se trata, básicamente, de su autora hablando sobre sí misma, lo que, en más de una ocasión, ha despertado los síntomas de mi alergia, en forma de sarpullido metafórico 8pero pertinaz y dificultad respiratoria... digo, lectora, aunque sin llegar, por fortuna, al shock anafiláctico (es decir, a abandonar la lectura). Pero entiendo que esta circunstancia es un problema personal mío; a vosotras o vosotros seguro que os gusta más.

Nota de última hora: justo este mes de enero la casa editorial de este libro, Volcano, dedicada especialmente a temas relacionados con la naturaleza, ha anunciado su cierre. Una lástima, sin duda... Desde aquí, les deseo mucho ánimo y suerte a sus responsables.

domingo, 22 de enero de 2023

Enrique Vila-Matas: Montevideo


Idioma original:
español

Año de publicación: 2022

Valoración: pesado


Lo siento: reconociéndome admirador de la obra de Vila-Matas - evitemos a partir de ahora el término incondicional - las trescientas páginas de Montevideo se me han hecho muy cuesta arriba. Ni siquiera la coartada parisina, el hipotético dinamismo al que los cambios de escenario podría conducir un libro, han llegado a salvar que mi sensación al leerlo haya sido un relativo hastío, un progresivo desconcierto al preguntarme dónde nos llevaba todo esto y una constatación persistente de, no sé si las presiones editoriales producto de su innegable gancho y su reconocido prestigio han tenido que ver, el escritor está ya en una fase de regodeo en su propia capacidad y, á la Picasso, opte por escribir unas cuantas cosas y mantener presencia en anaqueles y volumen en facturación.

A veces más de lo mismo no es lo mismo. Vila-Matas, colosal narrador de la naturaleza humana en El viaje vertical, no aparece aquí. Las peripecias de un escritor en perpetua duda sobre su dedicación a su labor, su asistencia a actos, sus idas y venidas por ciudades de dos continentes, su cohabitación, despojada de todo acto no estrictamente literario, con diversos colegas, resultan, no diré que su excesiva extensión también lo condene, en una entrega de un ejercicio de estilo redundante en exceso. Y puede que a los acólitos pueda gustarnos revolcarnos en continuas referencias a Cortázar - en la práctica, su relato La puerta condenada es lo más parecido al eje de este texto que encontraremos -, a Rimbaud, a Bolaño, a Melville (bueno, a Bartleby), a Tabucchi, a tantos otros que parecen configurar un microcosmos de indudable prestigio pero que no pueden evitar, en su conjunto, una actitud endogámica, casi snob, esa propia de los estudiosos que subrayan - horror - los libros y conservan en su memoria frases, párrafos, nutriéndose de aforismos que muchas veces son más estéticos que prácticos.

Con lo cual esa persecución de puertas en hoteles, esa constante reflexión interior, demasiado interior para ser mundana, demasiado interior para no acabar pareciendo reiterativa y onanista, acusa un paradójico exceso de estatismo. Nada se mueve fuera aunque se viaje y se desplace y se visiten lugares, cafés, restaurantes míticos, aunque se frecuenten encuentros reales y ficticios con destacados miembros del imaginario bibliófilo.

Vila-Matas siempre despierta mi interés y ya he perdido la cuenta de las veces que, incluso por aparentes obras menores, le he prestado mi atención. Montevideo, a tenor de los comentarios en la faja, tenía la apariencia y las hechuras de gran obra. Desde luego, quien quiera acceder a su obra por primera vez, recuerdo, trescientas páginas, seguramente sea presa de sopor y estupefacción. Incluso le veo presa de algún acceso de nostalgia que normalmente atribuiría a otros escritores, no hace falta nombrarlos. Eso me preocupa. Aunque yo también añore y prefiera al hombre joven que coquetea con gentuza en los bajos fondos, aquel pillo que no escribe y trapichea en París. 

Muchas obras de Enrique Vila-Matas reseñadas en ULADaquí

sábado, 14 de enero de 2023

Lydie Salvayre: Caminar hasta el anochecer


Idioma original: francés

Título original: Marcher jusqu'au soir

Año de publicación: 2019

Traducción: Marta Cerezales Laforet

Valoración: decepcionante

La información contenida en sinopsis y solapa de este libro insisten en que su autora ha ganado el Goncourt en 2014. No estoy muy al día del prestigio de los premios literarios franceses. De los de aquí, por ejemplo, mi recuerdo más fresco es que le han dado el Nadal a Manuel Vilas. El Nadal se lo dieron hace unas cuantas décadas a Juan José Saer. En 2023, a Manuel Vilas. 

Pero mi primera intención era afrontar esta reseña con cierto sentido del humor, no con la indignación propia de alguien que asiste a la degradación del reconocimiento del mérito a favor de los imperativos comerciales y la mediocridad. De hecho, a mitad del libro estaba a punto de insinuar si a esta novela (o lo que sea) no le hubiera encajado mejor el título del último libro de Santiago Lorenzo. Todo ello me parecía un poco frívolo, incluso poco respetuoso con el trabajo de su editorial, El Desvelo, una editorial independiente santanderina a cuenta de cuyo nombre me permitiré una pequeña broma, ya que este libro no es que desvele precisamente, atendiendo a su primera mitad. Su ritmo es lento, inexplicable cuando el planteamiento puede suponer incluso cierto reto creativo. Una escritora acepta pasar una noche en un museo con la mera compañía de una obra de arte, en este caso una escultura de Giacometti. Digamos que una experiencia que ha de generar un texto interesante basado en su reacción. Pero no: lo que resulta es un anodino stream of consciousness donde las reflexiones en todo el proceso resultan recargadas, monótonas, a veces anegadas de erudición y citas poéticas, a veces más mundanas y asociadas al devenir de lo cotidiano - coqueteando con la autoficción - siempre con un uso abusivo de las anáforas, aspecto muy significativo en el estilo del texto y que lastran el ritmo, marcan un compás que podría ser disruptivo y acaba provocando cierto sopor. Siendo justos, pero hay que llegar ahí con no poca dificultad, el texto recupera cierto sentido hacia el último tercio, cuando una semblanza biográfica de Giacometti y algunos párrafos sobre Picasso resultan interesantes entre tanto análisis algo redundante entre intenciones de la obra - aquella con la que la autora ha pernoctado - y funcionalidad y pertinencia del arte.

Seguramente un libro más experimental e íntimo que puramente narrativo, pero, en conjunto, poco entusiasmo por indagar en más obras de su autora.



miércoles, 30 de noviembre de 2022

Guillem González: Mateorías. Autoficciones cracovianas

Idioma original:
Español
Año de publicación: 2021
Valoración: ¿Está bien?

Mateorías es una novela de Guillem González. Tiene por protagonistas a un catalán y un madrileño que se hacen amigos mientras dan clases de español en Cracovia.

Empecemos señalando las que, a mi juicio, son las virtudes de esta obra:

  • Recurre a estrategias metaliterarias y autoficcionales que, aunque a estas alturas no impresionan en exceso, resultan interesantes.
  • Esgrime un sentido del humor que, si bien no funciona todo el tiempo, de vez en cuando lanza una apreciación irónica inteligente o logra arrancarnos una sonrisa de complicidad.
  • Consigue que le cojamos cariño a ciertos personajes (en mi caso, a Mateo y Bartek). 

A continuación, permitid que liste los defectos que le he encontrado a Mateorías:

  • Es excesivamente larga. 
  • Flojea a nivel temático. Mientras que ofrece reflexiones bastante sustanciosas sobre la condición apátrida, el nacionalismo o la amistad que trasciende las barrearas identitarias, se queda corta al explorar otras ideas barajadas. 
  • Algunos pasajes, incluso diría que capítulos enteros, se antojan tediosos. La novela es consciente de ello (de hecho, el narrador lo señala socarronamente en un par de ocasiones), pero eso no impide que éstos se le hagan cuesta arriba al lector. 
  • Exceptuando a Mateo y, quizá, al álter ego de Guillem, los personajes carecen de profundidad. 

Resumiendo: Mateorías transmite una historia que, pese a no destacar por su originalidad o relevancia entre otras tantas similares, funciona a su modesta manera. Si bien su extensión puede amedrentar a más de uno, la recomiendo a quienes pueden sobreponerse a ella y gozar de los hallazgos de puntuales del libro: una ingeniosa meditación aquí, un simpático chiste allá o una sugerente distorsión de la realidad acullá.


PD: ¡Guillem, termina el relato de "El internet tan temido", hombre! ¡Me encantan su premisa y genealogía!

sábado, 11 de junio de 2022

Jorge Carrión: Todos los museos son novelas de ciencia ficción


Idioma original: español

Año de publicación: 2022

Valoración: seductor

 Cuando hace unos días reseñé - no sin cierto escepticismo - Membrana, no había reparado en la existencia de este libro. Puede que porque Carrión ya nos tiene acostumbrados a un ritmo de publicación intenso - no solo de publicación, también organiza exposiciones relacionadas con el ámbito literario, comenta ítems culturales, etc. - o incluso por su peculiar curso narrativo, en el que todos sus últimos libros, sobre todo desde que publica para Galaxia Gutenberg, parecen formar parte de un proyecto cohesionado. Y este Todos los museos son novelas de ciencia ficción, título algo reminiscente de DFW, se presenta, pasados unos meses - pocos - como un complemento de Membrana, uso el término compemento de forma algo forzada, pues casi diría que, aunque dispone de un cierto vuelo propio, Carrión, que sabe que su prestigio como agitador es indiscutible, se permite una especie de broma moderada a costa de su novela, aunque siempre podremos suponer que no hubiese carecido de sentido integrar este texto ahí mismo. Pero respetemos la voluntad del autor.

La cosa consiste en generar una especie de bitácora del proceso de escritura de la novela. Y así como en la novela el papel de narrador quedaba disuelto en la estructura del catálogo de un museo, aquí el autor levanta la mano y se hace ver, en un ejercicio de ciencia-auto-ficción, el escritor toma la primera persona y proyecta información complementaria a Membrana, más que explicar o matizar su contenido, retrata una realidad paralela a la creación, que Carrión, va siendo marca de la casa, aprovecha para enlazar con su galería de monstruos habitual. Que la realidad se empeña en hacer cada vez más visible, y entonces a Carrión más visionario. Si el texto no tarda en mencionar a HAL 9000 y a todos los sospechosos habituales - spyware, cámaras que captan nuestra vida, dispositivos que nos monitorizan porque no leímos la letra pequeña de los pop-ups que nos saltan al darnos de alta en servicios, en suscripciones, en redes sociales - el jugueteo de Carrión empieza pronto. Mencionando otro clásico reciente - la película HER - el escritor es contactado y, se diría, seducido por Mare, una identidad digital que le contacta desde el futuro de su novela, y que ya la ha leído, o quizás haya anticipado su contenido gracias a algún brillante algoritmo, y el proceso de intercambio parece tomar las riendas de la vida del autor, cuestión de la que este primero recela, pero a la cual acaba enganchado: de repente su existencia se ha visto interferida y no se atreve a confesarlo a su familia. Reproduce la voz de Mare, contesta sus mensajes, dialoga con ella en un juego aparentemente inofensivo, pues no teme a su contrapartida por su inmaterialidad, pero igualmente se siente cohibido y avergonzado. Solo habla de la existencia de esa interacción con los profesionales que cree que pueden comprenderle y, a medida que los contactos se suceden, su vida empieza a gravitar en torno a ellos.

Aparte, el impecable atractivo como objeto, pues el libro contiene abundante material gráfico, que lo sitúa en un claro perfil sebaldiano, y resulta curioso que su mera lectura parece mejorar el rastro que dejaba Membrana e incluso despojarlo de su pátina a veces demasiado solemne. Sin llegar a lo estrambótico o lo banal, Carrión introduce con sutileza y habilidad algunos elementos que hubieran parecido algo discordantes en una novela de ciencia ficción al uso. Y funciona, como obra separada y como proyecto conjunto.

viernes, 27 de mayo de 2022

Sabina Urraca: Las niñas prodigio

 Idioma original: español

Año de publicación: 2017

Valoración: Está bien



Con este texto inclasificable me he sentido como en una montaña rusa: unas veces arriba, otras abajo, hasta invadirme una especie de mareo por tanto vaivén y querer que acabase cuanto antes. Desde el principio se advierte su intención de atrapar al lector, de epatar con todo lo que cuenta, y lo hace con una anécdota tan escabrosa como desagradable que podía haberse ahorrado, la verdad, o profundizar más en ella y aprovechar la ocasión para reflexionar sobre inusuales prácticas post-parto o para, ya puestos, describir una escena terrorífica. Quienes usan la auto ficción para no complicarse la existencia, hacen exactamente esto, tiran la piedra y esconden la mano, amenazan con escandalizarnos pero se arrepienten antes de entrar en detalles que sucedieron realmente o sienten pereza si tienen que inventar lo que no sucedió. Pero la literatura es eso, una mezcla de ficción y realidad, y si no quieres completar las lagunas, en lugar de dejar boquiabierto al lector, escritor o escritora del género, acabarás fastidiándole con tanto relato a medias, tanto personaje indefinido, tanto amagar y no dar. Gran parte del tiempo, el lector camina a trompicones, desconcertado y eso, en literatura, significa aburrimiento; cuando llegamos a convencernos de que no podemos esperar gran cosa, llega la apatía, la indiferencia y hasta el hastío lector.

Y es una pena, porque Sabina Urraca tiene una prosa contundente y, una vez superado ese primer escollo, me sedujo durante un buen trecho. Me pareció que introducía relaciones inusuales y sus análisis eran profundos, que su introspección estaba  bien dirigida, que conseguía reivindicar a las niña que fue, y a todas las niñas de paso, que señalaba acertadamente los mil hándicaps que estas encuentran en el camino y lo pronto que asumen la diferencia con los chicos, bien para resignarse (en su propio detrimento) bien para oponerse a ese estado de cosas. Llegó a fascinarme ese sarcasmo suyo, la conciencia crítica que asoma a veces, aunque enseguida encontré banalidades que se multiplicaban con el tiempo.

La narradora, que es un trasunto de la autora fabricada con sus propios retazos, vive en un estado de frustración permanente. Y eso, que al principio puede suscitar empatía, nos acaba convenciendo de que su estado es crónico, que no tiene remedio y que nunca saldrá del atolladero ya que es el escenario que ha creado para mostrar su faceta de víctima en constante pelea con el mundo. Esta postura, escéptica hasta el nihilismo, mejor aprovechada podría dar mucho juego, pero la constante indefinición a que aludía antes la corta de raíz y quien acabamos frustrados somos nosotros, los sufridos lectores de Las niñas prodigio. ¿Es la protagonista una niña prodigio, lo ha sido la escritora en el pasado? No sabría decirlo. Habilidades literarias tiene, aunque, creo, muy desaprovechadas en esta (casi) inacabable confesión. 

“Al día siguiente volvería a los caminos helados del pueblo, a vivir durante semanas con el pijama debajo de la ropa, a comer sopa de col junto a un padre alcohólico y silencioso. Pero durante un momento, en su cara curtida de niño tortuga sin cuello, la sonrisa se abrió paso y arrojó un poco de sol sobre la granja, las vacas, el cazo de leche hirviendo, el cazo de leche hirviendo con la nata flotando…” 

Repasando lo leído en conjunto veo demasiada auto exploración, auto victimismo, demasiado auto todo. Demasiado "auto". A ratos se diría que se ha tumbado en el diván, pero el psicoanalista es puro humo ya que la familia no aparece, solo sabemos que existe. Pues ¿qué es una niñez sin padres? si prescindimos de referencias familiares ¿dónde hemos dejado a Freud? En realidad nadie sabe cómo darle sentido a una vida. No hay fórmulas para eso, el absurdo nos invade seamos o no conscientes de ello. Podemos ignorarlo o bien refugiarnos en alguna de las opciones disponibles (ciencia, religión, esoterismo…) entre las que lo literario quizá sea una de las más inocuas, ya que incluye lo irracional sin permitir que nos aplaste. En algún momento he pensado que Sabina Urraca bebe de fuentes surrealistas, me han impresionado algunas imágenes potentes. Me pareció que lograba conectarme con el núcleo de una personalidad compleja que sabe transmitir sus claves y el origen de ellas, si esto fuera posible. Pero, en fin, sin ánimo de comparar esta lectura con un Robert Walser o un Thomas Bernard, me han entrado ganas de cerrar el libro y refugiarme en cualquiera de los dos para compensar algunos desatinos con auto ficción pata negra, que la hay, se lo aseguro. Encadenar situaciones extremas es un recurso válido, tal como han demostrado tantos genios, pero no suficiente para componer una obra medianamente digna. La papelera está siempre al alcance de la mano, y recurrir a ella cuando hace falta es síntoma de sensatez y buen gusto.

Mi conclusión es que Urraca describe una personalidad errática –la suya o una que se ha inventado, no sabemos– y lo hace también de forma errática demostrando talento, es verdad, pero desperdiciado en parte, tanto en literatura como en la vida de ese trasunto suyo que no acaba de ubicarse en ningún sitio ni de transmitirlo con verdadera habilidad.

domingo, 10 de abril de 2022

Jo Ann Beard: Los chicos de mi juventud

Idioma original: Inglés
Título original: The boys of my youth
Año de publicación: 1998
Traducción: Raquel Vicedo
Valoración: Muy recomendable

Una docena de textos de fuerte carga autobiográfica en los que se mezclan el relato "puro", la crónica o el diario personal constituyen este "Los chicos de mi juventud" de la norteamericana Jo Ann Beard. Volvemos, por tanto, a hablar de autoficción y quienes nos leéis con asiduidad ya conocéis mis reparos hacia este tipo de textos. Hay excepciones, obviamente, pero siempre ligadas a la capacidad de proyectarse del yo al nosotros. Una de ellas, y esto no es más que una referencia que pueda servir de ayuda, es la magnífica primera parte de "Apegos feroces" de Vivian Gornick, con quien "Los chicos de mi juventud" guarda ciertas semejanzas.

En el caso de Beard, los doce textos que componen el volumen recorren la infancia, juventud y madurez de la autora y las diferentes relaciones (o más bien cómo evolucionan esas relaciones a lo largo del tiempo) que se establecen con padres, hermanas, amigas, parejas y demás familia. Además de la ya mencionada proyección "hacia afuera", tres son las palabras clave que soportan el volumen y hacen de él algo muy recomendable: delicadeza, belleza y distancia. La acertada combinación de esos tres factores hace que los textos posean una triste belleza melancólica sin caer en la tan manoseada nostalgia.

A veces son los recuerdos de infancia, como en "Vacaciones en familia", "Bonanza", "Detrás de la mosquitera" o en los magníficos y amargos "Intimidación parental" y "La hora familiar", la base para ofrecer una mirada diferente a la cotidianeidad del mundo adulto.

Nunca me di cuenta de lo que pasaba a mi alrededor, aunque estuviera escrito en sangre

En otras ocasiones, como en "Primas" o "Los chicos de mi juventud" es la adolescencia o la juventud el marco elegido para construir relatos de carácter más iniciático.

Soy demasiado grande para sentarme en el regazo de nadie, se me han dormido las piernas y ahora tengo a un abuelo en el corazón

Por último, la madurez (pongamos de los 25-30 en adelante) es el momento vital en el que se sitúan "Coyotes", "El cuarto estado de la materia" y "La espera" (para mi los mejores textos del conjunto), en los que vida y muerte se entrelazan para ofrecernos los más sobrecogedores momentos.

- ¿Qué haces aquí? No hay nada que hacer - dice.
- Esconderme de mi vida, ¿qué quieres que haga? - replico.

Pero lo indicado en párrafos anteriores es solo una generalización porque si algo tienen las historias de Beard son diferentes capas, temporales o no, que corren en paralelo o se unen para dar a los textos mayor complejidad y profundidad. Así, por ejemplo, en "Primas" dos generaciones diferentes son las protagonistas del relato, en "Coyotes" son una pareja y el paisaje que la rodea quienes conviven en el texto, en "El cuarto estado de la materia" son la cotidianeidad y la excepcionalidad, la casa y el trabajo, los ejes por los que transcurre la historia, o en "La espera" es la muerte el hilo que nos lleva al pasado y a la revisión de la relación maternofilial. Ya digo que el manejo de estas dualidades me parece acertadísimo.

Todo esto para conformar un libro que crece a medida que avanzan las páginas y nos deja algunos textos que quedarán fijados, gracias a su belleza terrible y desoladora, en nuestra memoria.


También de Jo Ann Beard en ULAD: Días de fiesta