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sábado, 11 de abril de 2026

Cory Doctorow: Mierdificación

Idioma original: inglés
Título original: Enshittification: Why Everything Suddenly Got Worse and What to Do About It
Traducción: Enrique Maldonado Roldán, en castellano para Capitán Swing
Año de publicación: 2025
Valoración: recomendable


En estos tiempos convulsos donde los temores acerca de los peligros de la IA están a la orden del día, conviene recordar que nuestros recelos no provienen tanto de la tecnología en sí sino de sus posibles usos. Y, lo sucedido con las plataformas más comunes (que, con la rapidez a la que todo avanza, podríamos considerarlas ya casi de “antiguas”) nos tendría que servir para reflexionar que detrás de cualquier tecnología hay una(s) empresa(s) cuyos intereses a menudo distan mucho de ser los del bien común. Y aquí es donde el analista experto en tecnologías Cory Doctorow, después de llevar un cuarto de siglo de activismo en defensa de Internet y también de ejercer como observador de las Naciones Unidas, se encontró con una situación inaudita en lo que refiere al estado de las plataformas lo que le llevó, en el 2022, a acuñar «un término para describir el repentino desmoronamiento de las plataformas en todas partes: enshiffitication», es decir, “mierdificación” o, lo que es lo mismo, el empeoramiento de las aplicaciones de forma intencionada. Parece un propósito curioso y contraproducente, pero no lo es tanto si lo analizamos en profundidad. Y esto es justamente lo que ha hecho el autor.

El autor describe la mierdificación como «un análisis que explica tres cosas: la forma en la que se deteriora un servicio en línea, cómo avanza esa degeneración y el contagio que está provocando que todo empeore de forma simultánea». Por ello, nos encontramos en un momento que el autor describe que «esta era, el Mierdoceno, es el resultado de decisiones concretas, de carácter legislativo, adoptadas por individuos concretos» en beneficio propio (y a perjuicio de los demás). Con esta premisa principal, Doctorow empieza hablando del negocio de las plataformas («un sistema que conecta ‘clientes comerciales’ con ‘usuarios finales’») y apunta que la idea inicial de eliminar los intermediarios en Internet acabó creando una ola de fusiones de adquisiciones que ha consolidado la red en cinco páginas web gigantes y eso se replicó en muchos otros ámbitos. Así, reconoce las buenas expectativas de la propuesta inicial pues «internet podría desintermediar el mundo, permitir las relaciones de persona a persona y relegar a los intermediarios a la mera posición de ayudar a los compradores y a los vendedores, en lugar de explotarlos. Pero no ha sido así».

A partir de ahí, el autor analiza los principales casos en los que este empeoramiento ha sido más evidente, y va directo contra las grandes plataformas (Facebook, Google, Uber, Amazon, Twitter) exponiendo cómo sus fortalezas iniciales fueron utilizadas para empeorar el servicio para los usuarios a la vez que engrandecían sus arcas. Así, afirma «son muchas las formas en las que los negocios digitales pueden retener a sus usuarios, pero en el caso de las redes sociales no tienen siquiera que esforzarse. La mayor parte de los negocios en línea disfruta de altos ‘efectos de red’. Este es el término que utilizan los economistas para definir un producto o un servicio, cuyo valor aumenta conforme atrae a más usuarios» y eso es lo que explota Facebook, quien además de los efectos de red se benefició de otra característica: el coste de cambio. Y una vez que consideró que tenía retenida una masa crítica de usuarios en la plataforma, llegó el momento de la segunda fase: la fase comercial. 

También Amazon explotó otra característica de las grandes plataformas: el “volante de inercia” instaurando un monopolio con el que explota no únicamente a sus usuarios ofreciéndoles en primer lugar de los resultados de las búsquedas productos de inferior calidad, sino que a su vez exprime a sus proveedores de manera que cuando estos suben sus precios en Amazon se les obliga a hacer lo mismo en cualquier otro lugar, incluso las tiendas de su propiedad en las que hacen venta directa y no solamente esto, sino que «Amazon ingresa 38.000 millones de dólares al año cobrando a los vendedores por el posicionamiento de sus productos».

Tampoco Apple se libra del análisis detallado de Doctorow, pues a pesar de que ensalza sus ventajas (seguridad, ausencia de anuncios, etc.), a su vez, en la otra cara de la moneda, se evidencia su gran logro conseguido a través de su “jardín vallado”: la gran dificultad en dejar la plataforma ya que todo aquello que creas o compras están atados a la plataforma. De esta manera, a pesar de que en apariencia el propósito era noble, se constata que «Apple no trataba bien a sus clientes porque los quisiera. Los trataba bien para atraerlos a su jardín vallado, que resultó ser una cárcel». Y, una vez encerrados en él, la empresa (como hacen tantas otras) procedió a explotar a sus proveedores, cobrando 0.3$ de cada dólar que ingresan las aplicaciones que operan bajo sus dispositivos.

Tampoco se libra Twitter, claro, una plataforma que al «deshacerse de los moderadores hizo que, al instante, Twitter empeorara de forma permanente y significativa tanto para sus usuarios como para los anunciantes». Así, bajo la dirección de Musk, Twitter aceleró la curva de la mierdificación que ha llegado a la paradoja con sus marcas azules de verificación, pues priorizan las publicaciones de los usuarios que han pagado mientras no se somete a vigilancia a quienes compran marcas azules para dotar de verosimilitud a sus fraudes. 

También, claro esto, en esta gran lista se une Google, que «es tal vez el ejemplo ideal de cómo la falta de disciplina en materia de competencia conduce a la mierdificación» y lo demuestra con su plan para incrementar búsquedas tras el cambio en su cúpula directiva cuando dejó de estar formada por expertos técnicos para pasar a ser dominada por ejecutivos comerciales. En ese momento, Google entró de lleno en la espiral de mierdificación cuando se «diseñó un plan para incrementar el número de búsquedas que hacemos (cuantas más búsquedas, más anuncios puede mostrarte Google y más dinero se consigue)». Así, el plan se basa en que, si el resultado de las búsquedas que ofrece Google es peor, se fuerza a que los usuarios tengan que realizar más búsquedas y, con ello, nos podrán mostrar más anuncios incrementando así sus beneficios. De esta manera, una herramienta ideada para facilitar la búsqueda de información se transforma en un fangar en el que hay que hundirse y rebuscar mientras ellos se enriquecen con un producto deteriorado de forma expresa.

El libro también expone los monopolios de IBM y Microsoft, con el beneplácito del gobierno estadounidense o la práctica cada vez más común de ofrecer funcionalidades adicionales que antes se compraban con un solo pago mientras que ahora los fabricantes lo mensualizan a través de suscripciones. Este es otro ejemplo de mierdificación ya que te mantienen cautivo una serie de pagos que debe realizar de manera periódica y cuyo precio puede modificar a conveniencia. Por ello, el autor concluye que «la mierdificación es el juego de desplazar el valor de los usuarios finales y los clientes comerciales hacia los accionistas» y esta «sucede cuando combinas la banalidad del mal con un aparato conectado a internet y una legislación que criminaliza hacer con el dispositivo cualquier cosa que al fabricante no le guste».

De todos modos, parece que no todo está perdido (aún) pues ya en su parte final Doctorow establece cuatro ejes, desde los cuales volver a la situación deseada: 1) competencia, 2) regulación, 3) interoperabilidad y 4) poder de los trabajadores tecnológicos. Con ello, el autor pretende volver a disponer de «un Internet nuevo y bueno (…) un Internet que combina la ética tecnológica de autodeterminación que tenía el antiguo Internet bueno y querido con la simplicidad y los mecanismos engrasados del Internet: cero que permitieron a nuestras amistades, sin conocimientos técnicos específicos, disfrutar de sus posibilidades».

Por todo lo expuesto, el ensayo es muy interesante en su parte conceptual, aunque en ocasiones se enreda con excesivo detalle sobre leyes. Así, los principales puntos débiles del ensayo son un tono, en parte, excesivamente desenfadado por parte del autor (utilizado en múltiples guiños y palabras que rozan la camaradería y que podrían restarle rigor científico), así como un exceso de páginas dedicadas a leyes y normas que hacen que la lectura se convierta de lo que era un inicio, es decir, un análisis y denuncia de cómo ha involucionado el mundo de las aplicaciones de Internet, a convertirse en un tratado sobre las leyes que lo han permitido. Por ello a pesar del altísimo interés que despierta en su arranque, acababa medio emborronado en una gran cantidad de páginas sobre leyes patentes y otro tipo de información que, a menos que uno sea un experto en la materia o altamente interesado en ella, no aporta suficiente interés en la lectura.

De todos modos, dejando de lado estos aspectos de tono y excesivo detalle, la lactura es recomendable y se hace evidente que el autor es un experto en la materia a través de su análisis perfectamente definido, argumentado y con detalles más que suficientes para que nos pongamos todos las manos en la cabeza y nos planteemos seriamente hasta donde estamos dispuestos a aguantar y cuál es el precio de nuestra dependencia. Es importante averiguarlo porque está claro que esas empresas sí lo saben, demasiado, y lo más triste es que lo hacen sin que nos demos cuenta o que hayan conseguido que no nos importe.

También de Cory Doctorow en ULAD: Walkaway, Radicalizado

sábado, 29 de julio de 2023

Jordi Graupera: La perplexitat

Idioma original: catalán
Título original: La perplexitat
Traducción: sin traducción al castellano hasta la fecha
Año de publicación: 2023
Valoración: entre recomendable y muy recomendable


Le tenía muchas ganas a este ensayo de Jordi Graupera, alguien a quien considero una de las mentes más lúcidas del panorama periodístico y filosófico catalán y a quien sigo en tertulias y artículos en periódicos desde hace años por su habilidad en hilvanar un discurso argumentado y razonado con claridad expositiva. 

En este ensayo, el autor teje un arco temporal que centra especialmente entre las elecciones estadounidenses de 2008 que le dieron la presidencia de los Estados unidos de América y las elecciones de 2016 en las que tomó el relevo Donald Trump, una etapa en la que el autor vivió en Nueva York y en la que vivió de primera mano la transformación de un país.
 
El autor empieza el libro con toda una declaración de intenciones que envuelve en el ambiente de esperanza y júbilo propio de quién se encontraba en Times Square en el momento en el que Obama se proclamaba el primer presidente negro de los Estados Unidos de América. Un momento especial, del que se envuelve y se embriaga de un modo intenso propio de quién es consciente de estar viviendo una situación histórica y que narra afirmando que «cuando volví a casa, en Harlem, todo el barrio era una fiesta (…) mi pie no me permitía ir arriba y abajo por el barrio, meter la nariz en todos los sitios, bailar hasta el amanecer. Esto era lo que quería, quería ser esa borrachera» porque «era imposible no pensar que la historia, el mundo, avanzaba hacia un lugar mejor. Que “el arco del universo moral es largo, pero se inclina hacia la justicia” como había dicho un millar de veces el recién elegido presidente Obama». 

De esta manera empieza el relato, situando como inicio y fin la era Obama, pero en el que el autor intercala su día a día en la ciudad de los rascacielos con episodios de su pasado que parten de su propia infancia. El libro tiene un marcado tono confesional y revisionista que el autor no elude al explicar que «a veces vivimos en una vida que es medio cierta (…) hay un instante en el que el subconsciente se te abre y te deja ver con claridad aquello que te escondes a ti mismo» y traslada su relato su época de adolescencia, marcada por una inteligencia que pretendía disimular de cara al exterior de igual manera que su madre ocultaba su precariedad económica que sufría interiormente; una madre que sufrió un cáncer siendo él aún joven y se confiesa al hablarnos del duelo, de su duelo, y de cómo puede llegar a ser adictivo el dolor pues te empuja a buscar y tratar de encontrar siempre refugio y calidez en la cercanía de los demás. 

El autor nos narra también su perpetuo sentimiento de síndrome del impostor al percibir su talento como muy inferior al que ven los demás; un síndrome del que intenta una y otra vez escapar a través de trabajo y dedicación porque «la única fe que me sostenía era tratar de leer todo lo que mi actitud hacia presuponer que ya había leído». Así, su recorrido intelectual, tal y como insinúa en repetidas ocasiones, es una carrera sin fin para llegar a saber aquello que los demás creen que sabe, pretendiendo alcanzar las expectativas que otros ponían sobre él (aunque en base a lo que él mismo transmitía). Un síndrome del impostor con el que topa una y otra vez, también en Nueva York como profesor, pues «tenía la sensación de que me habían contratado por un malentendido» confesando que «como siempre pensaba que las expectativas que yo había proyectado en la entrevista eran imposibles de cumplir».

De este modo, el ensayo autobiográfico alterna dos subrelatos no siempre vinculados: su propia evolución personal y sus vivencias, con el análisis político e histórico de su país de acogida. Y, referente a esta última parte, dedica extensos episodios a la política estadounidense hablando de Obama y su biografía y autobiografía, de la que afirma que «su biografía cruza el rasgo íntimo de la mezcla racial y cultural —un negro educado por blancos, que fue a un buen instituto de Hawái porque era un niño inteligente— y el hecho público de su negritud ostensible» y habla de «una hipocresía de fondo, tanto por parte de él, que se hacía pasar por más negro de lo que era, como por el país, que celebraba la emergencia de un líder nacional negro cuando en realidad sólo lo aceptaban porque no lo era completamente: porque era un negro comportándose como un blanco». Y, en ese análisis sobre racismo, el autor lo enlaza de manera muy acertada con el nazismo afirmando que «el hitlerismo ve en la genealogía, en el árbol genealógico, en la transmisión de los genes, una comunidad cultural. Es la democratización del pensamiento monárquico: si los árboles genealógicos de los reyes expresan la continuidad política, los árboles genealógicos del pueblo expresan la continuidad cultural, pero no por transmisión, sino por biología». Con ello, y volviendo a su análisis político, Graupera afirma que «Obama vive dividido de una manera antropológica, prepolítica, sin una identidad que se corresponda a sus resonancias diversas» debido a que «política y socialmente es negro. Pero interiormente no tienen ninguna constancia de la historia de los negros en Estados Unidos y siempre está en falso». De esta manera, nos habla de Obama y del racismo especialmente en estados unidos, nos habla de las contradicciones de una sociedad y también de una comunidad negra que a veces se percibe insertada en un territorio ajeno y nos recuerda la figura de James Baldwin y su obra y legado. 

De la misma manera en que el autor extiende su análisis a la historia de los últimos siglos de Estados Unidos hablando de racismo y de la comunidad negra y confrontando en dos frentes a Garvey y Malcolm X por un lado (de actitud más confrontadora) con Du Bois y Luther King por otro, con actitudes en apariencia más razonables, hace la mismo hacia la política catalana y española y afirma que para la derecha española, «la razón es nacional. La prioridad es la nación y la democracia es solo un vehículo histórico que puede ser adecuado ahora e inadecuado mañana» y afirma también que «la izquierda española, como los jacobinos de la revolución francesa, está hecha de nacionalistas radicales. Pretenden que la ciudadanía universal se puede concretar en la nacionalidad española». Una visión política que le lleva al título del libro, pues confiesa que «mi obsesión es la perplejidad, que es el momento exacto en que el malentendido llega a un punto de no retorno (…) políticamente, la perplejidad encuentra su pulso en el momento justo en el que piensas que el otro no puede estar defendiendo nada de lo que defiende si no es desde la mala fe o de un profundo retardo cognitivo».

En este interesante ensayo, Graupera combina reflexiones políticas e ideológicas con aspectos de su propia vida, más interesante cuando esta tiene un vínculo con Nueva York que cuando la tiene con sus lazos familiares pues, en este último caso, sus lazos son más emocionales mientras que en su etapa estadounidense son más racionales, más ligados a la búsqueda de uno mismo en el mundo, y donde intenta frenéticamente encajar su vida real con su ideal, con su vida aspirada. Y eso se ve perfectamente cuando reconoce que intenta conseguir que le guste el burbon o el jazz, intentado con su esfuerzo alcanzar su ideal, constatando en el intento que «los primeros pasos para alcanzar tus aspiraciones piden esfuerzo (…) los primeros pasos son habitualmente tediosos, y básicamente performativos: imitas el comportamiento de las personas que ya los han alcanzado esperando que de la repetición surja algo que haga el clic».

Dice Graupera que «cuando logras lo que creías que querías, la experiencia no es a menudo como te la imaginabas, porque en la transformación siempre hay por fuerza un cambio de perspectiva». Y eso es lo que intentamos conseguir con lecturas como esta, no intentar llegar al conocimiento irrefutable de nada (a fin de cuentas, la realidad no es única en muchos casos) sino forzarnos a abrir nuevas miradas, a expandir nuestro horizonte intelectual cambiando, por convicción o por contraste, nuestra perspectiva de las cosas.

sábado, 18 de marzo de 2023

Laura Bates: Los hombres que odian a las mujeres

Idioma original: inglés
Título original: Men Who Hate Women: from incels to pickup artists, the truth about extreme misogyny and how it affects us all
Traducción: Paula Zumalacárregui Martínez (ed. en castellano, Capitán Swing)
Año de publicación: 2021
Valoración: entre recomendable y muy recomendable


Esta lectura no va a ser fácil. Ni placentera. Pero sí necesaria. 

Los que nos hemos acercado al feminismo desde hace un tiempo (sea cual sea, seguro que es poco) hemos querido entender el movimiento, comprenderlo y actuar en consonancia con sus valores basados en la igualdad. Pero, a veces, ocurre que para entender su alcance y necesidad en profundidad, uno debe adentrarse en lecturas duras, contundentes y diríamos que incluso aterradoras. Porque en ocasiones vemos solo el resultado de las ideas misóginas, a veces vemos únicamente la superficie, pero estas se crean, se amplifican y se reproducen en el tejido virtual que suponen las redes sociales a los que todos estamos (quizá demasiado) atrapados.

Laura Bates, escritora y activista comprometida con la igualdad, creó hace años una página web llamada «sexismo cotidiano», un lugar en el que «la gente (de cualquier género) podía relatar sus vivencias en materia de sexismo y desigualdad». Pero la autora, tras recibir constantemente amenazas y ver cómo la opinión sobre las mujeres y el feminismo se transformaba a nivel social, decidió ir más allá. Así que, tal y como cuenta en el prólogo: «a lo largo de un año, indagué en esas comunidades para averiguar cómo está sucediendo todo esto y desenmascarar una fuerza poderosa, alimentada por el odio». Y el resultado es esclarecedor a la vez que aterrador.

Empieza el libro de manera contundente: describiendo un mundo atroz en el que «anualmente se viola, apaliza, mutila, maltrata  y asesina a miles de mujeres por el mero hecho de serlo. Imaginemos un mundo en el que se fomenta de manera activa el odio hacia las mujeres mediante comunidades de hombres cada vez más numerosas especializadas en alimentar y avivar la causa (…) No hay necesidad de imaginar ese mundo: es el que habitamos». Con este preámbulo, la autora sitúa de manera clara el escenario del ensayo y lanza una crítica contundente a los hombres que defienden una masculinidad tóxica, pues «describen una ideología y un sistema que presiona a los niños y a los hombres de nuestra sociedad, de nuestra familia, para que se atengan a unos ideales impracticables, insalubres e insostenibles. Los aplastantes estereotipos de género perjudican a los hombres a nivel individual, además de a la sociedad en la que viven» y aclara, para que no haya ninguna duda, que «eso no quiere decir que tratemos a todos los hombres como enemigos: al revés. Significa abrazar a las legiones de hombres que están al pie del cañón, a los activistas y educadores volcados en combatir el problema». 

Como avanza la autora ya en la introducción, «en este libro exploraremos los eslabones de la cadena (…) y su existencia como una especie de ecosistema vivo y palpitante en estrechas y simbióticas relaciones con otras comunidades virtuales, como los supremacistas blancos y los trolls. Analizaremos los métodos de expansión de esos grupos, que tejen una amplia telaraña de páginas web, blogs, foros, chats, grupos y cuentas en las redes sociales y revelaremos lo fácil que resulta que los jóvenes se tambaleen por los márgenes de esa telaraña, que se vean atrapados y por fin atraídos al centro con sutil eficacia». Porque la comunidad incel ha ocupado la machoesfera, creando una comunidad en la que obtienen refugio hombres insatisfechos, sin novia, y en la que es fácil convencer a sus miembros que la culpa de su situación es una sociedad en la que las mujeres son «las que tenían privilegios, las que tenían la sartén por el mango y las destinatarias de todas las prerrogativas», una red cada vez más amplia de páginas web, blogs, foros,’podcasts, canales de YouTube y chats (…) Esa subcultura incel, que recuerda a una hidra y es casi sectaria en su desarrollo de una ideología vehemente misógina, ha alumbrado una detallada visión del mundo violentamente antifeminista y a menudo delirante» que cree que desde el Gobierno hasta la sociedad en general han diseñado un mundo andrófobo que está en contra de los hombres y que beneficia a las mujeres por encima de ellos. Por ello, «el pujante movimiento feminista tiende  a considerarse una amenaza. Los antifeministas interpretan y describen deliberadamente el reciente interés de nuestra sociedad por la igualdad como una crítica a todos los hombres (…) La machoesfera va un paso más allá: subvierte por completo la narrativa de los privilegiados y las víctimas. Le dice a los hombres que están sufriendo y que la culpa es de las mujeres (…) Sus partidarios son de lo más variopintos: adolescentes ingenuos, defensores de la violación, ermitaños vulnerables, misóginos violentos… (…) Lo que sí parecen tener en común es el anhelo de pertenencia. Y esa necesidad la satisface con creces una comunidad a la que se le da de maravilla transmitir una sensación tribal de cohesión» pero que parte con una premisa altamente contradictoria: «se denigra a las mujeres por acostar-se con hombres y, al mismo tiempo, por negarse a hacerlo». Así que «el problema no es que las mujeres tengan relaciones sexuales, sino que tengan poder de elección sobre con quien mantenerlas». Ese ansia de poder, dominación y control es el núcleo de su ideología. Por ello, la autora constata que «muchas de las palabras adoptadas en los últimos dos años por la derecha reaccionaria proceden realmente de la comunidad incel» que se encuentran en Reddit, Facebook y otras webs y que debería regularse, pues el hecho de no hacerlo entraña un gran peligro debido a que, erróneamente, «tendemos a pensar que el mundo virtual y el real son ámbitos diferentes y alejados, separados por una sólida línea divisoria. Se da por hecho que lo que ocurre en internet es virtual, irreal y, de manera implícita, inofensivo. Pero el impacto en el mundo real de los asesino que se han creído a pies juntillas la ideología incel (…) es la prueba demoledora de que una suposición como esa no podría estar más lejos de la verdad».

Por ello, la autora Laura Bates, después de años hablando sobre sexismo y explorando las comunidades virtuales más hostiles contra las mujeres, ha escrito este ensayo que, a través de diez capítulos que giran en torno a la misoginia y a la masculinidad tóxica, trata el problema desde los siguientes ángulos: 
  • Íncels y la machoesfera, sobre las comunidades que acogen, nutren y expanden las ideas misóginas así como también radicalizan el mensaje animando a la violencia hacia las mujeres o hacia sus propios miembros.
  • Gurús de la seducción, personas que describen y entienden a las mujeres como meramente objetos de placer, como presas , pues  sostienen que «hay que superar la inconveniente resistencia de las mujeres con el fin de dominarlas y controlarlas». Por ello, cita los principales «artistas de la seducción» y su ideología (alguien a quien encarnó perfectamente Tom Cruise en «Magnolia» emulando a Ross Jeffries), pues usan «la pseudociencia y la psicopalabrería para cimentar una base impresionante que suene académica para lo que, en realidad, es misoginia empaquetada que se vende a los hombres; en este caso, como una receta aceptable y prácticamente infalible para mantener relaciones sexuales» y que recurren si hace falta a la apología del acoso, la violación y de la agresión sexual.
  • Hombres que siguen su camino, que forman un número muy superior a los incels y en aumento a raíz del #MeToo y lo constituyen aquellos hombres que eligen renunciar a cualquier tipo de relación con las mujeres en una práctica menos violenta que los incels o los artistas de la seducción pero igualmente peligrosa, pues tiene consecuencias negativas reales en la vida y la carrera profesional de las mujeres debido a que las consecuencias de evitar a las mujeres en un mundo patriarcal son desastrosas ya que impiden desarrollar su carrera profesional lo cual «legitima un discurso que en realidad constituye una misoginia extrema».
  • Activistas por los derechos de los hombres, aquellos que creen que, como indica la autora: «desde una perspectiva feminista, “igualdad de género” ha llegado a significar dominación femenina y subyugación masculina. Ha provocado que se invierta la discriminación: donde antes se marginaba a las mujeres, los hombres denigrados han tomado su lugar».
  • Trolls, quienes se encargan de acosar a las mujeres víctimas de agresiones a través de la «técnica de acoso llamada “doxeo”, que consiste en que tus datos de contacto personales se divulguen y se publiquen en internet junto con invitaciones a que se te bombardee a insultos y amenazas», culpando a las mujeres en los casos en los que hombres han abusado de ellas siendo expertos en ciberacoso y en provocar a otros usuarios para que sus respuestas sean cada vez «más emocionales, airadas o defensivas» algo constatado en «una investigación llevada a cabo con cuatro mil mujeres de ocho países diferentes concluyó que casi una cuarta parte de las mujeres de entre dieciocho y cincuenta y cinco años han sido víctimas de insultos o ciberacoso; en los Estados Unidos, la cifra supone el 33 por ciento de las mujeres. Más de una cuarta parte de las que han experimentado esa clase de acoso ha recibido amenazas de agresión física o sexual, y una de cada seis ha sido “doxeada” con consecuencias como estrés, ansiedad y ataques de pánico. Con ello, se expulsan a las mujeres de los espacios públicos virtuales, imprescindibles para las personas jóvenes para «organizarse a nivel político y participar en los debates».
  • Agresores y maltratadores físicos, aupados por aquellos medios de comunicación afines que les protegen y suavizan su imagen. Por ello, en este capítulo trata también sobre el papel de los medios a la hora de informar sobre estas noticias, con tendencia al blanqueamiento del agresor y a la (doble) victimización de la víctima.
  • Hombres que se aprovechan, en el que habla nuevamente de los «gurús» y de cómo en lugar de apoyar aquellos que no saben cómo disfrutar de experiencias románticas se aprovechan de ellos vendiéndoles cursos y seminarios cargados de misoginia, pues «es fácil entender que los artistas de la seducción (…) hayan pasado de campamentos de adiestramiento para ligar a seminarios de “autoayuda”. Les permite seguir explorando al mismo público, solo que de una forma nueva».  De esta manera, en este capítulo se explica también la cadena de generación de odio desde las altas esferas (políticas, comunicación) hasta las «auténticas víctimas, los hombres que se ven envueltos en el odio y los estereotipos rígidos y anticuados con los que trafican sus ídolos en beneficio propio».
  • Habla sobre cómo algunos hombres creen que se ha orquestado contra ellos una caza de brujas a raíz del #MeToo y, con ello, afirma irónicamente que «los hombres actuales están aterrados. Viven en un mundo en el que se los persigue y amenaza. Cualquiera de ellos: con independencia de sus actos i relaciones pasadas, corre el peligro de ver destruida su felicidad y diezmada su carrera sin previo aviso. Las mujeres furiosas, mentirosas y manipuladoras están en pie de guerra y ningún hombre está a salvo».
  • Hombres que no saben que odian a las mujeres, en el que habla sobre adolescentes que, a través principalmente de internet, se empapan del mensaje misógino y se «educan» sexualmente a través de las redes y  webs con contenido pornográfico. Con ello, la autora expone el peligro que suponen las redes y plataformas como YouTube (representa el 37% de todo el tráfico de internet móvil), pues opera en él una gran red de influencers de ultraderecha; Bates denuncia su práctica de recomendar vídeos una vez termina el que ves actualmente, pues el algoritmo funciona de manera que los siguientes vídeos son cada vez más radicales porque es la manera con la que consiguen que la gente de enganche y genere más tráfico. La autora explora este efecto y expone el gran peligro que supone pues los jóvenes son grandes consumidores de YouTube y con ello «se empieza a crear un espacio para el adoctrinamiento virtual, un problema especialmente acuciante en el caso de un grupo de edad  de semejante vulnerabilidad potencial (…) los jóvenes son más susceptibles de verse influidos en sus ideales políticos». La autora concluye, de manera taxativa, que «cuanto más subestimemos a la machoesfera, mayor será el riesgo de que les sirvamos a nuestros jóvenes en bandeja».

Con todo ello, Laura Bates ofrece una respuesta al problema que pasa por combatir los estereotipos de género en primer lugar, así como legislar a favor de la igualdad y contar con el apoyo de los hombres porque hay hombres que odian a los hombres que odian a las mujeres y que luchan contra los estereotipos rígidos y las estructuras patriarcales, así como proporcionar herramientas y conocimientos sobre consentimiento sexual y respeto. Afirma igualmente que «dar a los jóvenes la mayor cantidad posible de información fiable y permitir que saquen sus propias conclusiones es la mejor manera de combatir ese problema sin volverlos en contra ni tratarlos con condescendencia». Por ello, carga contra las empresas de contenidos y defiende que es necesario que «las propias empresas de redes sociales asuman la responsabilidad que les corresponde para lograr un cambio real en el ambiente de los “espacios virtuales tóxicos”» (algo que ya apuntaba Simona Levi en «Fake you» en relación a las FakeNews) porque «cuando vemos tantísimas amenazas de violación y muerte en las redes sociales, cuando observamos y registramos cómo las empresas de redes sociales se niegan activamente a suspender las cuentas de quienes envían amenazas, el mensaje que nos llega es que ese comportamiento, ese discurso, es aceptable». Y no lo es en absoluto porque «los miembros de la machoesfera defienden de manera explícita la violencia física y psicológica contra la mujer en la oreja para instaurar el orden y la disciplina en la esfera doméstica» (…) «en esencia, están usando la violencia y el miedo para intentar imponer roles de género tradicionales y estereotípicos (…) en otras palabras, la violencia de género es una forma de terrorismo, solo que es un terrorismo discreto, inadvertido y cotidiano».

El libro que ha escrito Laura Bates es duro, muy duro, y pone los pelos de punta. Porque no se trata de una distopía, es la realidad; una realidad que en determinados entornos queda muy oculta y sumergida pero existe y cobra fuerza. Y por ello, a pesar de tratarse una lectura que no es placentera y que en algunas ocasiones o apartados es excesivamente larga o nutrida en exceso de casos puntuales o ejemplos, sí es necesaria. Porque tal y como la aurora concluye: «no podemos combatir un problema si la gente ni siquiera sabe que existe. Y, una vez que lo sepamos, todos tenemos la responsabilidad de responder a una sencilla pregunta: ¿qué vamos a hacer para solucionarlo?». De igual manera yo lanzo el reto. Ahora ya sabemos lo que hay, por si había dudas. Mi respuesta: combatir con información, actitud y valores. Que cada uno elija su camino pero el resultado debería ser el mismo: conseguir un mundo más justo, más equitativo, más respetuoso: más feminista.

martes, 12 de abril de 2022

Alec MacGillis: Estados Unidos de Amazon

Idioma original: inglés
Título original: Fulfillment: Winning and Losing in One-Click America
Traducción: Anna Llisterri (ed. en catalán) / Ana Camallonga (ed. en castellano)
Año de publicación: 2021
Valoración: entre está bien y recomendable


Corren tiempos difíciles en la economía global y, cuando hablo de global, no me refiero al conjunto como entidad única sino a las diferentes partes que lo componen. Porque la desigualdad económica, si ya era abismal entre clases, entre pequeños comercios y grandes empresas, no ha hecho sino aumentar tras la pandemia especialmente por compañías como Amazon, pues podía suministrar a sus clientes todo aquello que podían necesitar, no únicamente productos materiales sino también servicios tecnológicos como Zoom, albergados en sus plataformas. El coste social de este auge es muy elevado, pues pocas empresas ganan, la mayoría pierde.

A pesar del sugerente y atractivo título, conviene aportar ya de entrada un matiz por aquello de la gestión de expectativas. Porque vamos a hablar de expectativas. Y vamos a hablar de expectativas generadas por las propias editoriales. Porque este libro «se vende» como un libro en el que se narra en clave ensayística cómo Amazon ha influido en la sociedad y la política estadounidenses a partir del relato de diferentes vidas anónimas afectadas por su impacto. Y esto tenía (para mí al menos) un gran interés. Pero el libro no trata exclusivamente sobre ello (lo hace parcialmente y con grandes dificultades en algún caso para encontrar el vínculo entre las diferentes historias y Amazon), sino que también trata en gran medida sobre la evolución del capitalismo en Estados Unidos en el último siglo. Por tanto, si os interesa esto último, adelante con ello (si estáis dispuestos a conocer detalles en exceso sobre algunas empresas), pero si buscáis satisfacer la curiosidad que el anzuelo comercial os ha lanzado, no lo conseguiréis de manera completa. De hecho, el título original en inglés no incluye para nada a Amazon, mientras sí lo hacen las ediciones catalana y castellana. ¿Será un anzuelo publicitario?

El libro empieza con una introducción donde se describe la desigualdad económica en Estados Unidos, no ya únicamente entre los ciudadanos de una misma ciudad sino especialmente entre regiones del país, algo que no se acostumbraba a examinar con detalle pues «el debate sobre la desigualdad se centraba en las rendas individuales (…) y no en el paisaje de desigualdades que se extendía a lo largo del país», y no únicamente entre zonas urbanas y rurales sino también había división entre ciudades, pues «en 2019, tres Estados acaparan más del 70% de todo el capital riesgo: California, Nueva York y Massachussets». Por ello, «la actividad económica que antes estaba dispersa entre centenares de grandes y pequeñas empresas (…) cada vez más estaba dominada por un pequeño número de grandes corporaciones. En consecuencia, los beneficios y las oportunidades de crecimiento que antes estaban repartidas a lo largo del país de concentraban cada vez más en los lugares donde estas empresas dominantes tenían su sede». El autor confiesa que «cuando empecé a reflexionar sobre esta interconexión (entre desigualdades regionales y la concentración económica) vi de manera clara que una de las formas más naturales  de explica esta historia era a través de Amazon (…) fijarme en los Estados Unidos que quedaban bajo su sombra cada vez más alargada» porque «era esta empresa, más que ninguno de los otros gigantes, la que se estaba situando para salir de la pandemia en una situación aún más dominante que anteriormente». Un declive económico en el resto del país que acabó siendo el impulsor del racismo y la xenofobia. 

El libro empieza narrando los inicios de Microsoft por parte de Paul Allen y Bill Gates y su contrato con IBM para la creación de un sistema operativo (MS-DOS) para poder entrar en el mercado de ordenadores personales y da un salto contando como Bezos pensó en aprovechar la nueva interficie www para vender productos de consumo, decantándose al inicio por los libros porque como «había tantos títulos diferentes, casi infinitos, que un punto de venta online podía ofrecer una ventaja respeto a otras tiendas de un modo que no era posible conseguir con otros productos». En ese momento la ley obligaba a que los clientes debían pagar impuestos solo en los estados donde operaban físicamente por lo que establecer la sede en California era una mala decisión ya que era el mayor estado del país. Así que se fijó en Seattle que además estaba a solo 6 horas en coche de Roseburg (Oregon) donde había uno de los mayores almacenes de distribución de libros del país. Por añadidura, tenía un gran aeropuerto y mucho talento en programación. «Esto se convertiría, al cabo de un tiempo, en un ejemplo clásico de la norma que definiría el desarrollo económico en la era de la tecnología: el ganador se lo queda todo, los ricos se enriquecen más», pues «tener a la empresa rodeada de empresas similares era útil porque facilitaba captar empleados». Esto transformó la ciudad en crecimiento pero también en desigualdades.  Amazon creó el 30% de los nuevos puestos de empleo de Seattle y ocupaba una quinta parte de todo el parque de oficinas de la ciudad. 

Con este inicio, ya se pueden atisbar los «ideales» de Bezos a la hora de construir su imperio: un neoliberalismo exacerbante en el que se aprovechan todos los resquicios legales para eludir impuestos y en el que crecimiento de la empresa será a costa de someter a los otros bajo unas reglas de mercado creadas e impuestas por su empresa a la vez que en ofrecer puestos de trabajo con condiciones bastante precarias. Pero el enfoque del libro no consiste en describir la evolución de Amazon (o no únicamente consiste en eso, que también), sino en plantear dos tipos de narrativa que en ocasiones convergen: por un lado, historias personales de aquellos que se ven afectados por el crecimiento de Amazon y, por otro lado, las condiciones políticas y sociales que permitieron su crecimiento, expansión y dominio y que considero que son, con diferencia, los capítulos más interesantes pues retratan aspectos clave de la manera de entender la economía por parte de una empresa y de un país y que consisten básicamente en:

  • Deslocalización y concentración: «Amazon había eliminado casi el doble de puestos de trabajo en empresas minoristas independientes de los que había creado (…) en 2014, había vendido productos por valor de 2000 millones de dólares en Illinois y 1000 millones de dólares en Missouri sin dar trabajo a una sola persona en ninguno de los dos estados». Esto afectaba de manera nefasta a la recaptación de impuestos en la zona, así como «había que tener en cuenta los costes intangibles como menos vida en las calles, menos participación cívica, menos capital social».
  • Políticas fiscales: Amazon decidió establecerse en Ohio tras llegar a un acuerdo por el cual tendría beneficios fiscales, reducción de impuestos y créditos a bajos precio a cambio de instalar ahí uno de sus grandes almacenes con gran cantidad d puestos de trabajo. Como ejemplo, «solo en 2017, Amazon conseguiría más de 100 millones de dólares en ayudas para abrir centros logísticos a lo largo del país, después de un total de más de 1000 millones durante la década anterior», también «exenciones de los impuestos sobre bienes inmuebles durante 15 años» así como el retorno a la empresa del 10% que pagaría por la nómina de los empleados». En resumidas cuentas, «entre 2009 y 2018, la empresa había pagado un porcentaje real de impuestos del 3% sobre unos beneficios totales de 26500 millones de dólares». El autor se muestra elocuente al afirmar que «las medidas de la empresa para evitar pagar impuestos constituían una auténtica navaja suiza, con una herramienta diferente para cada posible cobro del gobierno».
  • Puertas giratorias: como en toda gran corporación, hay vínculos evidentes entre política y empresa y la influencia que esta última ejerce. Como ejemplo está el paso de Jay Carne (secretario de prensa de Barack Obama) de La Casa Blanca a Amazon o el caso de Anne Rung pasando de jefa de la política federal de compras del gobierno de Estados Unidos a encabezar la división en Amazon encargada de suministrar productos al sector público y que el autor expone claramente afirmando que «la persona que tenía que supervisar el total de los 450.000 millones de dólares para el suministro federal, ahora entraba a trabajar en la gran empresa que estaba más decidida a llevarse una parte de ese gran negocio».
  • Influencia en medios: el autor habla de la compra del Washington post por parte de Amazon y las presiones de la empresa al gobierno para mantener las ventajas sobre impuestos, regulación de drones, descuentos en las tarifas por servicios postales. «Había presión contra cualquier intento de escrutinio antimonopolio de la empresa» y, con la compra, «Bezos era el propietario del periódico que era el principal medio de información sobre el núcleo de influencia empresarial y política de Washington».

Todo ello acarrea una serie de consecuencias:

  • Gentrificación, expulsando a los habitantes de una ciudad a través del aumento abusivo de los precios de alquiler en ciudades próximas a donde se instalan los grandes centros, pues «las tecnológicas se habían apoderado completamente de la ciudad» expulsando a la gente que vivía allí y cambiando totalmente el tipo de personas que vivía allí, incrementando de manera desmesurada los precios inmobiliarios, echando a la gente de sus casas incrementando de manera ostensible el número de personas sin techo y superando el récord de niños sin hogar en las escuelas.
  • Monopolio: ya en 2017 Amazon «gestionaba aproximadamente el 40% de todas las ventas de comercio electrónico del país, que era el doble que la suma de los 9 competidores siguientes». Amazon apaciguaba aquellos compradores que querían comprar en local afirmando que podrían seguir comprándoles a ellos pero a través de Amazon, aunque «en ningún momento se mencionaba el tema del porcentaje del 15% que Amazon se quedaría de todas las ventas que los proveedores locales hicieran en el marketplace» con la añadidura de que «Amazon se queda los productos que se venden mejor para ella misma y los promociona por delante de otros productos, dejando para los rivales los productos con menos salida».
  • Precariedad laboral y alta rotación: «el sistema de Amazon hace el seguimiento de los índices de productividad de todos los asociados, individualmente (…) y genera automáticamente avisos o finalización de contrato según la calidad o productividad sin aportaciones de los supervisores», puestos de trabajo con sueldos tan bajos que en 2018 «uno de cada diez empleados de Amazon en Ohio ganaba tan poco que recibía cupones de comida».
  • Malas condiciones laborales: ocultación de accidentes laborales y la opacidad en sus comunicados y asunción de responsabilidades en accidentes y muertes de algunos empleados a los que la empresa no dio respuesta rápida ante los incidentes o no cumplía con la normativa de prevención y seguridad. 

A pesar de que los temas expuestos anteriormente suscitan gran interés, el planteamiento y estructura del libro no ayudan a mantener la atención de manera uniforme en toda su extensión, pues nos encontramos a menudo con excesivos detalles sobre hechos superficiales como la casa que se construye Bezos que, aparte de provocar sonrojo, no aportan nada al relato, así como el tamaño de sus edificios y las cargas de viento que pueden soportar, etc. El autor a veces nos inunda de datos para ilustrar el tamaño del gigante, pero poco aportan al relato. También habla en exceso de cargos políticos y puertas giratorias. Así, uno de los mayores puntos débiles del libro es su excesiva ambición que resulta en una pérdida de foco a la hora de exponer la influencia de Amazon, ya sea porque en algún caso el autor remonta los hechos a tiempos (muy) pasados como finales de siglo XIX (o en algún caso como en la Segunda Guerra mundial) o, porque en otros casos, las historias narradas solo coinciden de manera muy tangencial con la historia y crecimiento de Amazon. Bien es cierto que el libro narra algunos de los efectos y las consecuencias de la fuerte irrupción e imposición de Amazon pero también es cierto que parte de esas consecuencias ya empezaron antes y es algo que también trata el libro. Por ello, el autor se excede a la hora de mostrar el resultado de su investigación, añadiendo páginas a un libro ya de por sí extenso y que aportan bien poco. Da la sensación de que el autor quiere cubrir demasiados aspectos y pierde foco.

En cualquier caso, el libro tiene cierto interés para ver la envergadura de Amazon y cómo ha conseguido llegar, en pocos años, a ser el gigante que es. Eso sí, un crecimiento que viene de la mano de muy criticables principios y falta de ética, que se traslada a una precariedad laboral en bajo sueldos y deficiencias en la prevención de riesgos laborales que asusta. Esperemos que con el primer sindicato de trabajadores creado hace una semana, parte de estos aspectos se corrijan. De todos modos no nos confiemos, el Goliat del neoliberalismo probablemente conseguirá imponerse, una vez más.


viernes, 12 de noviembre de 2021

William Deresiewicz: La muerte del artista

Idioma original: Inglés
Título original: The Death of the Artist. How Creators Are Struggling to Survive in the Age of Billonaires and Big Tech
Traducción: Mercedes Vaquero Granados
Año de publicación: 2020
Valoración: Recomendable para interesados (aunque algo obvio)

William Deresiewiczk, ensayista y crítico estadounidense, analiza en La muerte del artista las problemáticas que la era digital presenta a los creadores. El tratado hace especial hincapié en la faceta económica del asunto, por lo que no resulta sorprendente que baraje, entre otras cuestiones, la precariedad laboral o las limitaciones que las condiciones materiales imponen.

«Las principales plataformas tecnológicas han reducido el precio de su contenido digital a cero o nada. La audiencia lo agradece en primera instancia pero no se da cuenta de que poder escuchar música o ver películas de forma gratuita, también tiene un precio que acaban pagando los propios artistas. Cuanto menos dinero haya en las artes en general, más serán un juego de niños ricos.»

El formato de La muerte del artista puede resultar cargante. Esto se debe a que la metodología de Deresiewicz (una mezcla de observación del entorno, entrevistas y reflexión) dilata excesivamente el texto y lo satura de anécdotas. Sin embargo, hay que admitir que este formato tiene sus ventajas: imprime cercanía al conjunto, amén de propiciar una visión panorámica y multidisciplinar.  
 
Algunas de las conclusiones a las que se llega en estas páginas pueden ser obvias, especialmente para personas implicadas en el sector, pero otras tantas pasaban desapercibidas hasta que Deresiewicz las señalara. Así que recomiendo la lectura de La muerte del artista a los interesados en la materia. 

Ah, el escenario retratado aquí no es nada halagüeño, aunque si alguien tiene resiliencia, esos son los agentes culturales. De modo que, ya que, al menos por el momento, nada tiene visos de cambiar, y menos todavía para mejor, no queda otro remedio que afrontar la situación con la resignación que exhibe la mayoría de los entrevistados por Deresiewicz.  

«Es cierto que la gente ahora tiene muchas más herramientas para crear, pero al mismo tiempo, y por la misma razón, es mucho más difícil conseguir ser reconocido. Es un buen momento para los artistas aficionados pero no para los profesionales, aquellos serios que trabajan a tiempo completo y dedican su vida al arte. [...] Una cosa saber que tu vida va a ser un asco mientras te estableces y otra muy distinta es saber que lo va a ser siempre.»

miércoles, 26 de mayo de 2021

Rebecca Solnit: La madre de todas las preguntas

Idioma original: Inglés
Título original: The mother of all questions
Año de publicación: 2021
Traducción: Lucía Barahona
Valoración: Muy recomendable


Rebecca Solnit no es una autora desconocida en este blog, donde ya se han reseñado otras obras suyas como Una guía sobre el arte de desaparecer, Recuerdos de mi inexistencia y la más famosa tal vez, Los hombres me explican cosas que sirvió para acuñar el término mansplaining que el diccionario Oxford recogió hace ya algunos años.

Pero para todo el que no haya oído hablar de ella, Solnit ha consolidado una sólida carrera como ensayista y pensadora muy interesada en la reflexión introspectiva siempre desde una óptica —¡oh, no!— feminista. Oh, sí. Su discurso es sólido y contundente en su contenido a pesar de su tono sosegado e irónico, lo que curiosamente ha llevado a algunos lectores en un primer —y prejuicioso— vistazo a pensar que sus libros son de auto ayuda. Rotundamente NO. La obra de Rebecca Solnit tiene de auto ayuda lo que yo pueda tener de piloto comercial y que su prosa no resulte agresiva (¿por qué debería serlo?) no significa que no deje títere con cabeza:
«En la trilogía original de La guerra de las galaxias, mujeres que no sean la princesa Leia hablan un total de sesenta y tres segundos en los 386 minutos de las películas (…). Sin embargo, estas películas no se describen como películas para niños u hombres, sino películas para todos nosotros, mientras que las películas con una cantidad de tiempo similarmente desigual asignado a mujeres se considerarían sí o sí películas para niñas o mujeres.»
Porque los temas que trata son de primero de sociedad igualitaria y civilizada, y porque tras sus argumentos hay un arduo trabajo de investigación muy bien documentada con HECHOS que trasciende con creces los discursos simplistas que todos leemos continuamente en redes sociales.

Aprovecho para lanzar una reflexión personal sobre el uso tan manoseado del comodín de la libertad de expresión: una cosa es que uno tenga el pleno derecho para decir lo que opina y la otra es que, a pesar de disponer de información fiable y verificada de naturaleza científica o jurídica sobre una cuestión concreta, uno prefiera ignorarla deliberadamente para seguir intoxicando el discurso y desviando el foco, lo que generalmente repercute de forma lesiva sobre los derechos de los colectivos más vulnerables. Lo estamos viendo demasiadas veces últimamente y parece que no aprendemos.

Resumen resumido: Recopilatorio de doce artículos ensayísticos que abordan, desde diferentes puntos de partida u ópticas, en los orígenes de la aún tan velada cuestión de la violencia estructural hacia las mujeres, así como en los mecanismos políticos y sociales que a día de hoy siguen apuntalando todos los mitos que la sustentan.

Y este conjunto de ensayos ¿qué resortes apunta como parte de esa violencia estructural contra las mujeres?
  • La maternidad como requisito para pertenecer a la categoría mujer. Esta es la cuestión que da título al libro aunque solo sea uno de los aspectos que se tratan y que aprovecha para desmontar también el falso mito de la felicidad que rige el mundo capitalista.
  • El silencio y a quién beneficia. Conjunto de artículos que desgranan con detalle y audacia todas las facetas del silencio, los actores que lo promueven y lo sufren y, sobre todo, las profundas repercusiones en el individuo y en la sociedad en general, centrado desde la óptica del silenciamiento de las mujeres.
«A veces tan solo el simple hecho de ser capaz de hablar, de ser escuchado, de ser creído, es parte fundamental de la pertenencia a una familia, una comunidad, una sociedad.»
  • La cultura de la violación, los chistes sobre violaciones, etc…
«El lenguaje es importante. Hemos librado una importante batalla sobre la cuestión del lenguaje de las violaciones para que la gente deje de culpabilizar a las víctimas. El epíteto que mejor lo resume es: los violadores provocan violaciones.»
  • La construcción histórica de la mujer: bulos y falsos mitos.
«Necesitamos dejar de contar la historia de la mujer que se quedó en casa, pasiva y dependiente, esperando a su hombre. Ella no estaba sentada a la espera. Estaba ocupada. Y todavía lo está.»
  • La construcción literaria de la mujer (su invisibilización), tomando como punto de partida la publicación por parte de la revista Esquire de una infumable lista titulada Los 80 libros que todo hombre debe leer.
«Analizar la lista, que incluye muchos de los libros más varoniles de la historia, libros sobre guerra, donde solo hay uno escrito por un hombre homosexual, me recordó que, aunque es duro ser mujer, en muchos sentidos es mucho más duro ser un hombre, ese género que se supone que ha de ser defendido y demostrado incesantemente a través de actos de hombría.»
Aquí no puedo evitar añadir que la cuestión de la invisibilización de las escritoras a lo largo de la historia ya se ha tratado una o dos veces en este blog, así como también hemos puesto la lupa sobre la profusión de lo que Rebecca Solnit denomina «todos esos libros lujuriosos sobre crímenes violentos contra las mujeres».

Pero sin duda, el artículo en el que Solnit despliega toda su mordacidad es en El caso del agresor desaparecido, un texto impagable, plagado de ironía, que desmonta magistralmente todos los eufemismos y los falsos mitos alrededor del alcohol, las mujeres y el sexo no deseado. Solo por este artículo, el libro ya vale la pena. También muy recomendable, ya solo por su planteamiento inicial, el artículo titulado Los hombres me explican Lolita. También hemos hablado bastante de Lolita en este blog y en cómo se ha malinterpretado interesada y patriarcalmente la esencia del personaje para legitimar esa arraigada fantasía masculina de tener sexo con niñas. Y por lo que Solnit explica, todavía queda mucho trabajo por hacer.

Así que Muy recomendable para cualquier mujer y, en general, para cualquier mente abierta al siglo XXI. Ya sé que en esta reseña he abusado de las citas más que nunca pero para qué voy a tratar de explicar lo que dice Rebecca Solnit si ella misma lo dice tan y tan bien.

PD: todo aquel que tras leer la reseña necesite invocar el socorrido #notallmen, le recomiendo que primero lea este magnífico ensayo en el que la autora también indaga en la génesis del hashtag y lo desactiva rigurosamente y con argumentos. Si es que ya está todo dicho, lo que hace falta es escuchar.

lunes, 8 de febrero de 2021

Sergio Vila-Sanjuán: Por qué soy monárquico

Idioma original: Español
Año de publicación: 2020
Valoración: Muy decepcionante

Fue enterarme de que Ariel publicaría Por qué soy monárquico y hacerme con un ejemplar. Nunca creí que Sergio Vila-Sanjuán, el autor del libro, me hiciera comulgar con su postura, pues soy republicano, pero pensé que sería intelectualmente estimulante confrontar ideas. Además, le supuse a Vila-Sanjuán una categoría argumentativa superior a la de otros monárquicos con los que me he ido encontrando hasta la fecha. Lamentablemente, mis ya de por sí moderadas expectativas se vieron frustradas. Esto se debe a varias razones: 

  1. Por qué soy monárquico es, antes que un ensayo, una suerte de «crónica impresionista (...) declaradamente personal». Lo cual reduce sobremanera su potencia conceptual y fomenta licencias y excesos alejados de una perspectiva objetiva e imparcial. 
  2. Vila-Sanjuán se centra tanto en la realidad española que pierde en el proceso la capacidad para hacer una reivindicación más amplia y enjundiosa de la institución a la que trata de defender. 
  3. Las tesis de la obra no ofrecen enfoques novedosos. Son las de siempre, por lo general tan vacías de contenido y carentes de rigor crítico como las que podría expresar un tuitero anónimo. Sin duda, esperaba más nivel de Vila-Sanjuán, a quien tengo por una persona culta y cuya labor periodística (no puedo juzgar su vertiente narrativa, porque la desconozco) me parece sobresaliente.
  4. Por qué soy monárquico nos enfrenta por enésima vez a debates que a estas alturas tendrían que estar superados, y recurre impúdicamente a varias falacias lógicas (la del falso dilema o la "cum hoc ergo propter hoc", por ejemplo). 
  5. El relato histórico de Vila-Sanjuán presenta imprecisiones, tergiversaciones, omisiones convenientes y lecturas sesgadas. Un caso flagrante de esto es el de Juan Carlos I, cuyas virtudes y hazañas son sobredimensionadas en estas páginas, y cuyas equivocaciones y tachas se intentan relegar casi exclusivamente a los años 2000 en adelante. Al menos, y esto honra a Vila-Sanjuán, se airean unas cuantas de las miserias del emérito (y de algún otro monarca); no todo el mundo se atreve a asumirlas.
  6. A ratos, uno tiene la impresión de que este texto no sólo es el peloteo laudatorio habitual, sino que es un ejercicio oportunista de blanqueamiento de la cada vez más desprestigiada Casa Real española. Y si no, que me expliquen por qué de los Borbones que Vila-Sanjuán aborda, aquél al que se dedica más tiempo es Felipe VI, quien a día de hoy no lleva ni diez años de reinado. Entiendo que Vila-Sanjuán ha conocido personalmente al actual jefe de Estado, pero no comprendo por qué le ve tanto interés. ¡Casi le pone más énfasis a su lucha contra el catalanismo independentista que al papel que Juan Carlos I desempeñó durante la Transición! ¿No sería conveniente tener mayor perspectiva histórica antes de endiosarle? ¿Quién te dice que en unos años no se le va a relacionar con los tejemanejes de su padre? Si a un monarca «se le pide que sea sabio y prudente», también a sus partidarios. 
  7. No ayudan a redondear el conjunto las constantes intromisiones de Vila-Sanjuán, que distraen del que debería ser el objetivo del texto. Sus comentarios y opiniones connotan situaciones que deberían haberse retratado con fidelidad documental; las referencias a su familia y amigos, amén de las que hace a su propio corpus literario y a su carrera laboral, huelen a ego y a autopromoción. 

Llegados a este punto, dejad que discuta algunas de las afirmaciones que se hacen en Por qué soy monárquico:

  1. Que entre los países con más calidad democrática del mundo se encuentren múltiples monarquías parlamentarias no implica que dichas monarquías parlamentarias sean la causa de la calidad democrática de los países en cuestión.
  2. Que la monarquía (o cualquier otra forma política) sea constitucional no quiere decir que se vea respaldada por la legitimidad.
  3. Los monarcas carecen del peso simbólico que se les intenta insuflar. Es más: a ningún ser humano (y menos todavía a uno que no lo obtiene a través del filtro de la meritocracia, sino a través de un derecho de nacimiento) debería atribuírsele peso simbólico alguno.
  4. Soy el primero en reclamar una separación (especialmente, en el terreno de las artes) de autor y obra. Por tanto, estoy a favor de que los méritos políticos de los reyes no queden opacados por sus defectos humanos. Pero es que a menudo olvidamos que los reyes alcanzan el estatus institucional que les permite intervenir en política mediante mecanismos hereditarios, lo cual hace que incluso sus méritos políticos sean injustos. Y, ¿de qué sirve separar, como propone Ernst H. Kantorowicz, la figura institucional de su actividad como persona normal sujeta a debilidades y fallos, si luego se dota a esta última de inmunidad jurídica, blindando obscenamente así sus debilidades y fallos? 
  5. ¿Puede considerarse monárquico (en sentido amplio, se entiende) alguien que se define exclusivamente como juancarlista o felipista? Yo no dejo de ser demócrata cuando un candidato que no me gusta gana las elecciones presidenciales; si acaso, me vuelvo más crítico todavía con el sistema imperfecto al que me adscribo. 
  6. Sugerir que las conquistas modernizadoras y democráticas alcanzadas gracias a los Borbones sólo podrían haberlas logrado ellos, y que por esto la institución monárquica es necesaria en España, es deshonesto.     
  7. Si vamos a ensalzar el valor de los rituales, citando fuera de contexto a Byung-Chul Han, ¿no sería mejor que nuestro país dejara de ser aconfesional? A fin de cuentas, la religión ofrecería unos cuantos «rituales y ceremonias»; esos que, según parece, son tan necesarios. Tampoco deberíamos revisar críticamente varios de nuestros rasgos identitarios, como el toreo, pese a su insultante anacronismo. 
  8. Y bueno, no creo que haga falta entrar en por qué declarar que Felipe VI encarna los valores republicanos es una paparruchada. Por no hablar de lo falso que es asumir que, económicamente, la aportación del rey al Estado es muy superior a lo que cuesta al contribuyente. 

Para ir concluyendo, destacaré que la única virtud que puedo encontrarle a este opúsculo es que sugiera conclusiones que, pese a su obviedad, los republicanos más radicales se niegan a admitir. A saber: 

  1. Que los reyes pueden ser, hasta cierto punto, gobernantes (o agentes políticos) reformistas.
  2. Que no todos los que los apoyan deben ser necesariamente gente conservadora, pues suelen atraer también a perfiles liberales.  
  3. Que se les puede reivindicar sin caer en el proselitismo.

Poco más que añadir. Por qué soy monárquico me ha decepcionado bastante. A la postre, lo que debería haber sido un ensayo como es debido, se queda en una mera reafirmación de las convicciones del autor, en un estéril panegírico salpimentado con trazos de crónica familiar. Ya sé que Vila-Sanjuán no pretendía otra cosa, pero eso no ha hecho menos frustrante mi experiencia lectora, ni ha servido para satisfacer mi curiosidad intelectual.

jueves, 17 de septiembre de 2020

Patrick Radden Keefe: No digas nada

Idioma original: inglés
Título original: Say Nothing: A True Story of Murder and Memory in Northern Ireland
Traducción: Ariel Font Prades (ed. en castellano) / Ricard Gil (ed. en catalán)
Año de publicación: 2019
Valoración: muy recomendable (imprescindible para interesados)

Es indudable que los conflictos territoriales han dado lugar a episodios cruentos y violentos a lo largo de los años. Y hay casos en los que estos conflictos han pervivido durante décadas y, a pesar de que hayan finalizado en la práctica, aún siguen latentes en la mente de la sociedad afectada. Uno de estos casos, es de manera incuestionable, el conflicto en Irlanda, especialmente en la época considerada de los Troubles (disturbios). Ya hice una aproximación al conflicto con la gran novela «Regreso a Killybegs», de Sorj Chalandon (libro que valoré injustamente con solo un «recomendable») y ahora me acerco nuevamente a él a través de otro enfoque, el de la no ficción, con este brillante ensayo que ha escrito Patrick Radden Keefe.

El libro empieza de manera trepidante, con un alto ritmo narrativo, en el Belfast de 1972, en plena época de disturbios y en el interior de una familia irlandesa explicando el secuestro, por parte de una veintena de vecinos y en su propia casa, de Jean McConville de treinta y ocho años de edad y con diez hijos; una desaparición que les dejó, durante treinta años, sin saber su paradero ni si seguía con vida. Este suceso, que abre y cierra el libro, sirve de vehículo para narrar lo sucedido en muchas otras familias en esa época, pero cobra especial relevancia por su relación con la otra cara del mismo conflicto, la de los miembros del IRA, que el autor nos presenta también ya de inicio. Así, el relato, a medida que avanza, se desplaza de la familia McConville hacia el IRA en su facción más militar: el IRA Provisional, los Provos. Ahí aparecen en el relato sus figuras clave: las hermanas Marian y Dolours Price (casada con el actor Stephen Rea durante dos décadas), Brendan Hughes (miembro de los Dirty Dozen, una de las unidades operativas más violentas del movimiento), el controvertido Gerry Adams (desde su posición estratégica y posteriormente política), así como también miembros del ejército británico enviados a Irlanda del Norte para combatir el IRA con asesinatos y torturas si era necesario. De esta manera, la novela recorre cuatro décadas de conflicto, desde el reagrupamiento del IRA tras la marcha de Derry en 1968 hasta la finalización del proceso de paz, haciendo una parada profunda en las huelgas de hambre que fueron un punto de inflexión en el cambio de rumbo de un país que libraba en las calles la lucha para conseguir unos intereses dispuestos a pagar cualquier precio para ello, incluso la propia vida o la de sus familiares.

De esta manera, situando el punto de partida de la novela en los inicios de los Troubles, a finales de los años sesenta, Patrick Radden Keefe elabora un relato perfectamente estructurado en tres grandes partes correspondientes a tres fases del conflicto claramente identificables («Claro, puro e indiscutible», «Sacrificio humano» y «Reparación») en el que retrata de manera humana las vidas de aquellos que participaron en el mismo y las huellas que este les causó, y lo hace con la habilidad de narrarlo evitando proporcionar excesivos detalles, pero sin dejar de lado el horror y la violencia de décadas de terrorismo republicano, pero también policial a través de las cloacas del estado británico. Así, el análisis que hace el autor en esta obra de no ficción es fiel a los hechos sucedidos, pero sin dejar de lado que detrás de cada acto, detrás de cada protesta, detrás de cada asesinato y atentado, hay personas detrás, ya sean terroristas, víctimas, o ambas cosas a la vez en algunos casos, y hay siempre consecuencias. Y este es otro de los puntos fuertes del libro, el tratamiento humano de aquellos que tomaron parte en el conflicto, desde los dos frentes, aunque principalmente del perteneciente a los miembros del IRA. El autor centra el relato partiendo de sus personajes clave, intentando transmitir cómo pensaban, cómo sentían, cómo vivían el conflicto, y trata desde ellos la historia real, eliminando de esta manera cualquier recelo que el lector pudiera tener ante una posible avalancha de datos propia de un relato de no ficción sobre una época histórica. Así, centrando la acción en unos pocos personajes y con un ritmo trepidante durante prácticamente todo el libro, el autor consigue mantenerte en tensión a la vez que va añadiendo capas de información sobre lo sucedido en la época de los disturbios y los años siguientes. La velocidad en la que se sucede la narración es altísima, más propia de una novela negra que de un ensayo, y a veces uno tiene la sensación de estar leyendo un thriller, pues el equilibrio entre el aporte de información, la profundización de los personajes y la tensión narrativa es perfecto.

Hay episodios duros, historias donde uno toma consciencia de la dificultad de vivir en una sociedad en constante conflicto, donde un atentado o un asesinato puede ocurrir en cualquier momento, en cualquier lugar y puede que contra cualquier persona. Y, también, las vidas difíciles de los terroristas, vidas entregadas a una causa en la que un error o un interés te puede colocar en el punto de mira de los propios compañeros y asumir, pues la causa es el ente superior a todos, que debes escoger entre tu vida y el compromiso con el movimiento; y puede que la elección tomada sea que debes morir. Y hacerlo en silencio, sin tan siquiera informar a la familia, pues «una de las consecuencias de los Troubles fue la instauración de la cultura del silencio», de ahí el título de la novela. «Con tantas facciones armadas librando una guerra en las calles, un acto tan inocente como hacer preguntas sobre un ser querido desaparecido podía ser peligroso», cualquier pregunta o declaración a la prensa o a la policía podía llevarte de golpe a ser secuestrado, amenazado o torturado. Y, de cara a los familiares, estar, simplemente, desaparecido.

El libro que ha escrito Radden Keefe es un libro clave para entender el IRA partiendo de la época de los disturbios, en su formación inicial como guerrilla urbana, con su sistema de vigilancia, normas, compromisos e ideales. Pero también es una pieza clave para entender la evolución y crecimiento de un movimiento surgido por la simple reclamación de igualdad social y política, pero transformado en un grupo paramilitar terrorista. Así, estamos ante un libro asombrosamente escrito que elimina de forma inexorable cualquier recelo que un posible lector pueda tener ante la lectura de un ensayo sobre este tema, porque no nos engañemos, uno puede pensar que este no es un libro recomendable a lectores a menos que estos estén familiarizados con la situación ocurrida o con los ensayos. Pero no. La mano habilísima del autor se encarga de eliminar cualquier prejuicio, narrando los hechos de manera natural, no arrojando datos o suministrando información, sino centrando la acción en algunos personajes clave, metiéndose en su piel y logrando que conectemos con ellos, al retratar perfectamente su mentalidad, su ideología, pero especialmente su vida. Así, un libro que podría haber tenido una densidad inabordable tras la información contenida en más de cien páginas de notas y bibliografía, se convierte en “casi” una novela a ojos del lector que olvida que estamos ante un ensayo y avanza por las páginas volando sobre ellas empujado por la potencia del retrato que el autor hace de sus personajes.

Las últimas páginas del libro hablan sobre el proyecto Belfast, en el que varios de los integrantes del IRA documentaron a través de entrevistas con periodistas sus experiencias con la única condición de que solo fueran utilizadas cuando todos ellos hubieran muerto y como trabajo meramente académico, y su propósito alterado por la petición judicial de tener acceso a esos archivos para averiguar qué sucedió con Jean McConville. Y es en esta parte final donde cobra especialmente importancia la figura de Gerry Adams, siempre a caballo entre la política y el activismo, entre la lucha armada y la táctica. Un personaje con dos caras y un pasado: duro y contundente al principio, político y táctico después. Y un pasado plagado de decisiones que afectaron la vida de otras personas y del que se esconde, rehúye y reniega, negando su pertenencia al IRA, pero que las grabaciones de varios de sus miembros más destacados, como Hughes, lo desmienten y confiesan su rabia hacia Adams por un acuerdo de paz que supone una claudicación, una renuncia: «¿de qué cojones sirvió? Las vidas que había arrebatado, los jóvenes voluntarios que había enviado a la muerte: la condición de estos sacrificios siempre había sido que con el tiempo quedarían justificados por el surgimiento de una Irlanda unida». Un Hughes que se lamenta afirmando que «tal como ha acabado todo, no hay una sola muerte que haya valido la pena» o, también, las declaraciones de Dolours Price quien viendo cómo acabó todo tras décadas de lucha armada se cuestiona: «¿es por eso, que matamos?, ¿es por eso, que morimos? ¿de qué se trataba, en realidad?». Así, el libro expone, de manera desoladora para los implicados en la guerra, la sensación de quien vio cómo años de lucha puede que no sirvieran para nada tras el acuerdo alcanzado entre el Sinn Fein y el gobierno británico, o que sí sirvieran, pero, como apunta Dolours Price, pagando un alto precio: «habían puesto bombas y atracado bancos y visto morir amigos e incluso prácticamente había muerto ella misma, con la esperanza de que estas acciones violentas sirvieran para conseguir finalmente la liberación nacional por la cual habían luchado varias generaciones de su familia».

El libro finaliza con el proceso de paz que abrió una puerta a la reconciliación, porque los muertos del bando del IRA no solo se produjeron a manos del enemigo o por huelgas de hambre en la cárcel, sino también en muchos casos por hacer de confidentes y filtrar información al ejército británico. Muertes que se producen de manera silenciada, ocultas a ojos no únicamente de las autoridades, sino también de sus familias que ven como miembros de ella desaparecen y nunca más se sabe de ellas. Cadáveres que se encuentran años después, en cualquier sitio y de cualquier manera, en una triste y aterradora manera de dejar el mundo: solos y sin la posibilidad de ser llorados por la familia. Un proceso de paz y reparación necesario, gracias al cual los miembros del IRA informaron finalmente donde podían encontrarse víctimas del lado irlandés, y permitir el duelo de sus familias.

Por todo ello, se trata de un libro imprescindible para todos aquellos interesados en una parte de la historia de Irlanda del Norte marcada por la violencia, pero también muy recomendable para todos aquellos que quieran ver más allá de los hechos, que quieran constatar como la violencia golpea las vidas de toda una sociedad que, implicada o no en la causa, son víctimas de la violencia, en sus múltiples formas: físicas, pero también psicológicas, una violencia que se extiende a las vidas de los que quedan. Tal y como afirma Bernadette Devlin, amiga de Price, «no podemos seguir fingiendo que cuarenta años de guerra cruel, sacrificio, pérdida, prisión, inhumanidad, no nos ha afectado a todos y cada uno de nosotros en nuestro corazón, nuestro alma y nuestro espíritu». Los recuerdos siempre presentes sobre lo sucedido, pero especialmente respecto a aquellos que ya no están y que puede que nunca se sepa donde descansan. Y la constatación, una vez más, de que la memoria y la reparación es una parte imprescindible para finalizar cualquier conflicto, no sé si suficiente para perdonar, pero sí para conseguir la calma necesaria para seguir adelante.

También de Patrick Radden Keefe en ULAD: El imperio del dolor

viernes, 14 de agosto de 2020

Gary Younge: Un día más en la muerte de Estados Unidos

Idioma original: inglés
Título original: Another Day in the Death of America
Traducción: María Luisa Rodríguez Tapia
Año de publicación: 2016
Valoración: recomendable

La tenencia de armas en un país por parte de los ciudadanos siempre es algo controvertido, pues sus defensores y detractores tienen visiones radicalmente contrapuestas y a menudo anquilosantes que hace difícil que se puedan poner de acuerdo. Y Gary Younge, periodista británico del The Guardian, fue consciente de ello cuando fue a vivir a Estados Unidos, un país en el que el derecho a poseer y portar armas está recogido en la Segunda Enmienda a su Constitución.

Las consecuencias de esta enmienda son evidentes, y ya en la introducción del libro, Younge expone el porqué del mismo pues, analizando los datos, constató que, por término medio, en Estados Unidos cada día mueren siete niños y adolescentes por armas de fuego, siendo además la principal causa de muerte de las personas negras de menos de diecinueve años de edad, pero «esas muertes cotidianas no son noticia». Y ahí el propósito del libro: coger un día cualquiera, al azar, buscar los casos de jóvenes que murieron ese día por armas de fuego y contar sus historias. Así, el propósito del libro era «explorar en qué forma vivieron sus cortas vidas, los entornos que habitaron y lo que el contexto de su fallecimiento puede decirnos sobre la sociedad en general». El autor también deja claro en la introducción que este no es un libro sobre el racismo (de media, mueren tantos blancos como negros en esas franjas de edad y en la mayoría de estos delitos la víctima es de la misma raza que su autor) ni sobre el control de armas. Es un libro sobre Estados Unidos y sus niños, «es una fotografía de esa sociedad en que las muertes son posibles como en ninguna otra, y que tiene una cultura política aparentemente incapaz de crear un mundo en el que sean evitables».

Sin pretender en esta reseña entrar en detalle en cada uno de los diez casos expuestos (correspondientes a las diez muertes de menores por armas de fuego que sucedieron en el día que el autor escogió aleatoriamente para escribir el libro), cabe decir que hay casos narrados de manera muy dura, como el de la muerte de Jaiden Dixon, de nueve años, asesinado por su padre. La narración es muy dura y te paraliza, pues la descripción del momento en el que es disparado hiela la sangre. El autor es hábil en poner este caso en primer lugar, pues con él ya arrastra al lector en una vorágine de tristeza y desespero. E incomprensión absoluta. A partir de este caso se suceden el resto, formado en su mayor parte por muertes accidentales o por un ajuste de cuentas entre bandas. El libro es durísimo, porque hablamos de niños asesinados, hablamos de vidas rotas con todo un futuro por delante, niños cuyas familias quedaron destrozadas. Es muy difícil leer este libro, es muy duro avanzar página tras página, sin caer en un pozo de tristeza; es muy complicado seguir su lectura y mantenerse en ella sin romperse.

Más allá de las vidas de las víctimas que sirven para ver la amplitud de situaciones en las que se pueden producir estos asesinatos, la habilidad del autor se demuestra en, a partir de cada una de ellas, dar una visión ampliada del mundo que engloba las armas y analizar qué lleva a una sociedad a encontrarse en esta situación; así, habla no solo de las muertes, sino de familias desestructuradas, de vidas en las calles, de la Asociación Nacional del Rifle, de movimientos ciudadanos para luchar en favor del control de armas, de pandillas y bandas. Así, en esta investigación sobre sus muertes, el autor introduce pinceladas de una cultura y unas leyes que permiten ampliamente la tenencia de armas. Younge elude situarse en una situación equidistante y, amparándose en datos estadísticos y casos reales, se posiciona al tratar de estos aspectos políticos y culturales y nos habla de:

  • la Asociación Nacional del Rifle, de quién afirma que «se trata de construir un estado de alerta que implica asumir e incorporar la idea de que (el robo) puede ocurrir en cualquier momento» para añadir que «los más acérrimos partidarios de las armas hacen todo lo posible para mantener vivo el sentimiento de que el mundo es un lugar peligroso e inseguro»; una afirmación que se sustenta en la visión del consejero delegado de la Asociación que sugiere que deben protegerse ellos mismos porque el gobierno está en declive y no lo hará por ellos. 
  • las redes sociales y su uso, a las que critica por las visiones partidistas e interesadas que se pueden hacer de lo que hay en la cuenta de una persona, así como del riesgo en clasificar las víctimas como ángeles o inocentes, pues establece una clasificación de las víctimas como si no todas tuvieran el mismo derecho a la vida.
  • la importancia de los movimientos estudiantiles que tratan sobre el comportamiento de los jóvenes, para concienciarlos de la importancia de su comportamiento si no quieren acabar en la cárcel o muertos, decirles que «las calles no son su vida, que hay vida más allá de la calle». También Younge nos explica la función de ciertos colectivos que intervienen cuando hay muertos en alguna banda, para apaciguar los ánimos, para evitar represalias, pues el descenso de la violencia es algo que depende a la actitud y un cambio en ella puede significar un descenso de la mortalidad por armas de fuego.
  • la gran tasa de homicidios especialmente de jóvenes negros (diez veces superior a la de los blancos) y que según los mismos afroamericanos se deben a la desintegración de la relación parental en la que «muchos niños se crían solos» y que los padres, también jóvenes, creen que «los niños obtendrán ayuda en las calles», aunque sí nos fijamos en otros países la mortalidad de estos es muy inferior por lo que está claro que la dedicación o educación de los padres hacia sus hijos no parecen ser el motivo principal (algo que el autor tiene claro al afirmar que «aunque los estadounidenses fueran peores padres, no podrían ser tan malos»). Sin embargo, los padres siguen apuntando y afirmando a este discurso autoculpándose. 
  • el racismo innegable en Estados Unidos, pues «los afroamericanos tiene seis veces más posibilidades que los blancos de acabar en la cárcel, el doble de posibilidades de no tener trabajo y casi el triple de vivir en la pobreza». Younge lo complementa aquí con otro tema importante, las desigualdades sociales. «La divergencia entre la riqueza y las rentas de los negros y los blancos es mayor ahora que en 1963 (año de la Marcha en Washington)».
  • la híper segregación de las sociedades como Dallas (una de las dieciséis más segregadas de los EE.UU.), pues, de hecho, cuatro de los diez casos que narra este libro pertenecen a ciudades que corresponden a esta categoría. Los guetos, la discriminación, la marginalización de los barrios, crean escenarios idóneos para que ocurran este tipo de situaciones.
  • la facilidad de acceso a las armas, especialmente en gran parte del Estados Unidos rural, donde «las armas de fuego forman parte de la vida cotidiana, por motivos prácticos o con fines recreativos». «Con tantas armas alrededor, la posibilidad de que ocurra una desgracia siempre está presente». El autor apela a la educación y responsabilidad de los padres, pero también afirma que los niños son muy curiosos a esa edad. El riesgo de que suceda algo, siempre está ahí, pues la vigilancia o rigurosidad en las normas básicas sobre donde deben guardarse las armas y cómo emplearlas se acaba relajando. Porque los niños son curiosos y si les añades el hecho que, según un estudio de 2000, «en más de la mitad de hogares en EE.UU. en los que coinciden niños y armas, las armas no están en un armero cerrado», eso explica en gran parte porque los disparos accidentales son la quinta causa de muerte de menores en EE.UU. y «el 68% de los tiroteos en centros escolares entre 1974 y 2000 se cometieron con un arma que el autor había obtenido en su casa o en la de algún familiar».
  • el periodismo, pues Younge utiliza este caso para narrar su papel y lo poco que interesa informar sobre los niños negros muertos por disparos, no ocurriend igual cuando ocurre en niños blancos. Aquí analiza no sólo el papel del periodismo, sino también el racismo existente en la sociedad, un racismo que excluye a los negros no solo de su mundo sino también de sus intereses. 

Más allá de que como en cualquier libro basado en diferentes historias hay algunas más logradas que otras, la habilidad de Younge se hace evidente al conseguir que nos metamos en la piel de esas familias afectadas por las prematuras muertes y, a la vez, hilvanar e integrar los diferentes aspectos colaterales de las tragedias ocurridas. El relato se sostiene con independencia del fallecido en cuestión, pues más allá de la particular historia narrada, es el sentimiento de desolación, injusticia y facilidad de que ocurra de nuevo el que sobrevuela toda la narración y hace evidente, al menos a los ojos de este reseñista, que el control de armas debe ser mucho más riguroso y que, donde hay armas, habrá muertes, y no siempre en acto de defensa, sino que, a veces, es una cuestión, pura, simple y llanamente, de probabilidad. Y cuando la probabilidad existe, tarde o temprano va a ocurrir. De nuevo. Y será otra joven vida perdida.

miércoles, 19 de febrero de 2020

Sherwood Anderson: La canción de las máquinas y otros artículos

Idioma original de los artículos: Inglés
Traducción: Alberto Haller
Año de publicación de este volumen: 2018
Valoración: Recomendable para interesados

La canción de las máquinas y otros artículos recopila doce textos del escritor y periodista Sherwood Anderson. Éstos son, como su autor afirma en la nota introductoria, «un intento de expresar, ya sea en forma de narración, verso u opinión, mi creciente convicción de que el hombre moderno está perdiendo poco a poco su masculinidad ante el imperio de las máquinas y el modo que tenemos hoy en día de utilizarlas». El propio Anderson reconoce que este libro no es más que «un esbozo», pero espera que «al menos genere cierto grado de interés y discusión». 

Tranquilo, Anderson, generaste interés y discusión en su momento, y sigues haciéndolo hoy día. Porque, un siglo después de que estos artículos se publicaran, tus reflexiones todavía animan a debatir. El paradigma en que yo vivo es distinto al que tú viste florecer, pero ni duda cabe de que está influenciado sobremanera por él. De manera que tus palabras reflejan perfectamente la época en que fueron concebidas, pero también funcionan en tanto que espejo involuntario de la mía.

El escepticismo por el progreso, la alineación laboral y la mitificación del trabajo son fenómenos que todavía arrastramos en el presente. Y déjame decirte que tu perspectiva acerca de estas cuestiones es muy interesante. Otras de las ideas que aparecen en este libro son más excéntricas. Me refiero al papel que deparas a la mujer y a la naturaleza en un mundo dominado por la industria moderna. Asimismo, te adelantas a tu tiempo en ocasiones, al señalar en cierta medida las implicaciones medioambientales que la producción masiva acarrea, o el mentado papel que otorgas al sexo femenino.

Me gusta tu posicionamiento. Eres crítico con el capitalismo y los empresarios, pero no los demonizas gratuitamente. Muestras empatía hacia los trabajadores, sin que ello te arrastre al sentimentalismo estéril. Propones un arte concienciado con lo social, aunque, por suerte, eludes la superioridad moral y los manifiestos dogmáticos.

Deja que alabe la factura de tus escritos. Tu prosa, sencilla y directa, se ve ocasionalmente interrumpida por ramalazos líricos de una espontaneidad y fuerza increíbles. No me extraña que un titán como William Faulkner te tomara como maestro y mentor, amén de otros tantos autores norteamericanos de principios del siglo XX.

Por todo lo dicho, La canción de las máquinas y otros artículos es una lectura que gustará a aquellas personas a las que interesen los temas tratados por Anderson. Hay que abordar este volumen de poco más de cien páginas, eso sí, conociendo sus defectillos. La mayoría de ellos los admite el propio autor: la falta de «continuidad» de los textos, lo esquemáticos que son sus argumentos, la ingenuidad de ciertos postulados, la reiteración de algunas ideas... Pero, insisto, este es un libro lleno de fuerza en la forma y astutas ocurrencias en el fondo. Valía mucho la pena antes, y sigue haciéndolo en la actualidad.


También de Sherwood Anderson en ULAD: Winesburg, Ohio