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lunes, 2 de septiembre de 2024

Happy Hour (2x1) de Reseña Interruptus: Miqui Otero: Orquesta y Sonsoles Ónega: Las hijas de la criada


Idioma original: español

Año de publicación: 2024 y 2023

Valoración: aburrido e insuficiente, respectivamente

Aclaración preliminar propia de señor que reseña un poco por inercia y acuciado por los plazos leoninos impuestos por el CEO del blog: en otro contexto hubiera pasado de largo por estos libros, se hubieran limitado a sus respectivos  (demasiado frecuentes) abandonos y la cosa no hubiera pasado de ahí, que ya hay bastantes libros malos para otorgarles más atención de la que se merecen. Pero en algún momento, y debido a la secuencia temporal de sus intentos, los he relacionado de alguna manera. Las dos son novelas ambientadas en Galicia. Las dos son escritas por escritores de origen gallego, pero nacidos en Barcelona y Madrid respectivamente, ambos en sus respectivas cuarentenas y con cierta raigambre profesional, aunque aquí empieza a establecerse cierta diferencia, donde Otero pasaría por un cierto perfil alternativo amable (de hecho publicó en Blackie Books sus novelas anteriores), Ónega es, aparte de hija de un reputado periodista, presentadora estrella de su cadena de TV, cadena, que, oh sorpresa, pertenece al mismo grupo de comunicación que le otorga su cuantioso premio literario por esta novela. Al margen de esta forzada coincidencia, centrándonos en lo literario, parece que los dos escritores hayan querido homenajear a sus orígenes manteniendo cierta fidelidad formal e incluso apelando a lo social. Y si esto no fuera una Reseña Interruptus (bueno, dos) aseveraría que ambos han fracasado por igual.

La novela de Otero es como una puesta de largo. Alfaguara ha publicado a Vargas Llosa, al póstumo Bolaño, y su pura maquetación ya impone cierto respeto. Las necesarias alusiones a la obra del autor resultan curiosas: todas refieren a Simón de forma entusiasta, como si ni siquiera una opinión previa de Orquesta pueda ser contemplada. Leí La cápsula del tiempo, que recomendé en su momento, y del que soy incapaz de recordar un detalle al margen de su trama al gusto del lector. cosa que debería matizar mi recomendación, pero no vamos a cargar más las tintas. El lastre de Orquesta es su excesiva pretensión. Desde su rocambolesco planteamiento - el narrador es la Música - hasta su inmediata puesta en escena, carente de diálogos y empeñada en algo en que coincide con Ónega: retratar una sociedad desde sus microesferas, esta la de Valdeplata, un pueblo imaginario en el que se ha producido el típico concierto de esas decadentes orquestas que desfilan por las fiestas mayores supurando voluntariosas versiones de éxitos para todos los públicos, casi siempre compuestas por músicos ajados que ni siquiera son conscientes de que su posibilidad de acceso a la gloria ha pasado hace décadas. Y Otero, o eso deduzco cerca de la página 70, en que dejo el libro por imposible, monta esas escenas , numera los capítulos (incluyendo un capítulo 0) con series numéricas paralelas, a medida que pone personajes sobre el escenario del Valle, obligando al lector, con descripciones cargadas, apelando a algún mito local, algo que podría resumir, con algo de cruel sorna, aventurándose a ser Faulkner pasado por el cedazo de un Casavella ya cansado... Página 70, lo siento de veras.

Ónega, para empezar, demuestra bien a las claras que su desempeño como escritora es algo complementario. Aquí la secuencia es lineal y empezamos en 1900 con dos partos y un planteamiento que amaga con ser militante. Aquí estamos en la típica finca propiedad de familia rica, que en todo caso el narrador trata de Don y de Doña, y con los consabidos abusos por parte del hijo del terrateniente, que el dinero se encarga de ocultar debidamente, y la cuestión es tejer un culebrón de historias ocultas y venganzas, un puro folletín como excusa para poner en contexto situaciones de la época, diálogos con regusto apolillado y rancio y un incómodo intercalado de expresiones y vocablos pretendidamente cultos que alejen el tufo a best seller y lo acerquen a lo literario, que por supuesto, no. Pagina 66, platero a tus platós.


También de Miqui Otero en ULAD: Aquí

lunes, 10 de junio de 2024

Phillip Lopate: Segundo matrimonio

Idioma original: inglés

Título original: Eleanor, o The Second Marriage

Traducción: Miguel Temprano García

Año de publicación: 2008

Valoración: Decepcionante


Es inevitable, vuelvo otra vez a los títulos. Porque, siendo sincero, Segundo matrimonio suena como para salir corriendo y no parar, de rancio y aburrido. Pero bueno, también Bergman hizo alguna película bajo rótulos parecidos y no resultó del todo mal, que para eso era Bergman. En principio parece claro que Phillip Lopate va a explorar terrenos parecidos, así que, tratándose de un librito muy breve, tampoco vamos a perder mucho.

Efectivamente, tenemos a una pareja formada por Frank y Eleanor, que viven su segunda experiencia marital, no tengo claro si la segunda de los dos o solo de él. Tienen varios hijos ya algo creciditos y el aspecto de gente acomodada. Tras recibir la visita de uno de estos chicos, organizan una cena con amigos que tiene un carácter transgeneracional un poco sorprendente: no sé si en Estados Unidos es normal montar cenas de adultos a las que también acuden los hijos, pero me da que por aquí no es muy frecuente. El evento se resuelve con el diseño del menú (siempre responsabilidad de la mujer, hay que ver la sociedad norteamericana), las esperadas charlas insulsas, algún escarceo fugaz, y una sesión de cine que, precedida de comentarios algo pedantes, desemboca en una película de Chaplin (hum, hum). Un postre que se me antoja solo para cinéfilos o para gentes muy cultivadas. O así.

Pero lo realmente relevante, lo que forma el núcleo del relato es la pareja, el matrimonio en sí. El amor y el desamor, las infidelidades, la conexión, el respeto, la independencia, transigir y hasta dónde. Es decir, todo lo que conforma la convivencia y una relación que se prolonga en tiempo, que son cosas que, ya se sabe, no son fáciles. Uno se siente de determinada manera, otro no soporta algunas cosas, igual hay algunas que hay que aceptar y otras que no, la comunicación no siempre es como debería y a veces tampoco es bueno hablarlo todo, las percepciones cambian y los deseos dejan de ser compartidos, o tal vez no. Nada nuevo, porque ciertamente hay situaciones que son universales y lo han sido a lo largo de los siglos.

¿Cuál es el problema entonces? Pues que para llevar estos temas a un libro no basta con plantear escenarios que puedan tener algún interés, hay que llevar al papel algo diferente que haga de la lectura una experiencia que esté al menos algo por encima de la charla de café o el telefilm de sobremesa. Y es imposible negar que Segundo matrimonio naufraga en toda regla: no solo no aporta en absoluto nada nuevo, sino que es además un tostón cuya única virtud es su brevedad. Por el contexto podría ser una obra de teatro, eso sí, mortalmente aburrida y sin chispa, con personajes acartonados incapaces de suscitar interés o emoción, o podría ser una película moderadamente melodramática que acompañase una siesta involuntaria de sofá de fin de semana.

Irrelevante, somnífero y con un ligero tono pretencioso, toda una joya. No tengo la menor idea de por qué llegó esto a aparecer en mi lista de lecturas, pero desde luego créanme que he tenido ocurrencias bastante más atinadas.


viernes, 1 de diciembre de 2017

Dan Brown: Origen

Idioma original: inglés
Título original: Origin
Año de publicación: 2017
Traducción: Aleix Montoto y Claudia Conde
Valoración: fistro duodenal

Aunque no era yo muy fan del finado Chiquito (que Dios tenga en la Gloria de su madre), su reciente deceso y el machacón recordatorio de su repertorio lingüístico, me ha proporcionado el término adecuado para calificar esta última novela del señor Dan Brown: es un fistro duodenal escrito por un pecador de la pradera... jaarrl!
¿A santo de qué me puse a leer una novela que ya pintaba dudosa desde la portada (para qué nos vamos a engañar). Pues porque resulta que esta última entrega de las aventuras del profesor Langdon, ese James Bond de la simbología con el bonachón aspecto de un Tom Hanks, comienza justamente donde una de las ¿mejores o peores? pelis de 007: en el museo Guggenhein de Bilbao -en realidad, hay un prólogo que se desarrolla en el monasterio de Montserrat... pero supongo que para los bilbaínos eso no dejará de ser las afueras, claro-; además, casi toda la trama se desarrolla en España-no-se-dice-España-se-dice-Estado-español... ¿cómo resistirse a su lectura? (adelanto conclusiones: sí, me tenía que haber resistido). Para empezar, además de las ya mencionadas, echemos un ojo al resto de localizaciones de la acción:

-El Palacio Real de Madrid.
-La Casa Milá, de Gaudí, en Barcelona.
-La Basílica del Palmar de Troya (!).
-La Sagrada Familia, de Gaudí, en Barcelona.
-La Cripta Real (pudridero incluido... XP) del Monasterio de El Escorial.
-La Torre Girona en Pedralbes, Barcelona (esto no es de Gaudí, menos mal).
-Y, fin de fiesta y premio gordo del Sorteo de Navidad: El Valle de los Caídos... o_O

¡Coño, Dan, vaya juerga flamenca! ¡Tú sí que le tienes cariño a tus personajes! Habértelos llevado a los carnavales de Cádiz o a la Tomatina de Buñol, hombre, no seas tan sieso... Aunque sea, y ya que te gusta tanto Barcelona, a una de sus afamadas manifas, que también tienen su puntillo.
Claro que a la trama que desarrolla  Brown le va bien esta ambientación algo tétrica y viejuna -si bien hay que reconocer que, en lo cotidiano y dejando algún detalle poco verosímil, presenta una imagen del Estado español-no-se-dice-Estado-español-se-dice-España bastante moderna y menos centrada en la pandereta de lo que cabía esperar-: en este país distópico en el que se desarrolla la novela (¿llamémosle España bis?) el rey vejete, que manda mogollón, está a punto de estirar la pata y dejarle el trono a su hijo, el príncipe Julián -no amigos, por desgracia no es un remedo de nuestro querido Froilán, sino que se parece más a su señor tío... el que reina, quiero decir, no el chorizo-; el cual, por su parte, está a punto de casarse con la bella directora del Guggy, Ambra Vidal (!) Quién -oh, casualidad- acaba siendo la chica Bond del 007 Langdon en su búsqueda del trascendental secreto que ha descubierto su amigo Edmond Kirsch, un visionario muchimillonario, a medio camino entre Elon Musk, Mark Zuckerberg y el inevitable (gasp!) Steve Jobs. Búsqueda a lo largo y ancho de un país (¿Españistán? ¿Chiquitistán?) que se debate entre el poder que sigue en manos de los herederos del franquismo junto a la más rancia Iglesia Católica y las ansias de cambio que tiene la muchachada patria... ¡Vamos, Dan, que esto ya no hay quien se lo crea: que en tu Spanishland sigan cortando el bacalao los sucesores de la dictadura franquista... quién se lo va a tragar! Un punto a favor de la imaginación de este escritor, en todo caso.
Más aciertos que podemos encontrar en Origen:

1-Cada vez que menciona al Generalísimo Franco, Caudillo de España por la Gracia de Dios, recuerda que era un dictador sanguinario y un cabrón malnacido (esto es mío). Tampoco ha olvidado explicar que el mausoleo megalómano donde está enterrado se construyó con el trabajo esclavo de los prisioneros de guerra republicanos. 
2-Menciona unos cuantos avances científicos e informáticos (no sé si correctamente), supongo que familiares sólo para los frikis que viven en un apartamento de Pasadena, California, coleccionando figuritas de Star Wars. Muy interesante la teoría de Jeremy England sobre la entropía, por ejemplo (ojo con pinchar el enlace, que puede ser un spoiler).
3-El MacGuffin de toda la historia se refiere al cuestionamiento de todas las religiones y a la propia idea de divinidad creadora. Se podrá compartir o no esta perspectiva "atea", pero hay que reconocer que para un escritor de best-sellers con vocación mainstream no es la temática más cómoda ni conveniente: dudo mucho que le ayude a vender ejemplares en el Cinturón de la Biblia, por ejemplo. O en Ryad, para que nadie se enfade.

Ahora bien, lamento decir que la novela, en su conjunto, no deja de serzZzzzzz... ¿Eh? Sí ya despierto, perdón... Digo que no deja de ser un rollo patatero, con una trama rutinaria, lenta y hasta aburrida (aunque haya conseguido algún innegable momento creepy). Porque si algo bueno tenía aquella majadería de El código Da Vinci (mi única experiencia anterior con este autor, además de haber visto la delirante película de Ángeles y demonios) era la agilidad de su lectura, que al menos hacía rápido y hasta trepidante el proceso. Aquí ni siquiera eso... ¡Y mira que te hemos dado facilidades en este Reino del País Muy, Muy Cercano, Dan: Euskadi, Cataluña, la Casa Real, la Iglesia española más ultramontana, los palmarianos... hasta los carlistas tenías a tu disposición! Lo tenías a huevo: si con eso no escribes un novelón o al menos un disparate la mar de divertido, la culpa es tuya, caramba... aquí ya no podemos hacer más.


Otros títulos de Dan Brown reseñados en Un Libro Al Día: El código Da VinciEl símbolo perdido

jueves, 5 de febrero de 2015

Henry James: Los embajadores

Idioma original: inglés
Título original: The Ambassadors
Año de publicación: 1903
Valoración: aburrida

Habrá quien se lleve las manos a la cabeza: ¡aburrido Henry James! ¡Herejía! ¡Anatema! ¡Anacoluto! Y yo contesto: no, Henry James no: sus novelas cortas (de las que hemos reseñado ya unas cuantas) son magníficas. Mi favorita sigue siendo Los papeles de Aspern, que en cambio no he reseñado. Pero en cambio sus novelas largas (Washington Square y esta, Los embajadores) no las aguanto. Si he terminado esta novela es porque existe ULAD y quería poder reseñar esta novela con criterio.

Algo que me tranquiliza, en esta herejía mía, es que no estoy solo: ya E. M. Forster (que como crítico literario no era manco precisamente. Después de alabar la depurada técnica de James y su capacidad para crear un universo de personajes, Forster dice:
The pattern has woven itself with modulation and reservations Anatole France will never attain. Woven itself wonderfully. But at what sacrifice! So enormous is the sacrifice that many readers cannot get interested in James, although they can follow what he says (his difficulty has been much exaggerated), and can appreciate his effects. They cannot grant his premise, which is that most of human life has to disappear before he can do us a novel.
[La trama se ha tejido con una modulación y una cautela que Anatole France nunca alcanzará. Se ha tejido maravillosamente. ¡Pero a cambio de qué sacrificio! Es tan enorme el sacrificio que muchos lectores no se interesan por James, aunque puedan seguir lo que dice (su dificultad ha sido muy exagerada), y pueden apreciar sus efectos. No pueden compartir su premisa, que es que toda la vida humana tiene que desaparecer antes de que él nos ofrezca una novela]

Casi no necesitaría escribir nada más en esta reseña, porque esta es exactamente mi impresión. No hay ninguna duda de que James es un maestro de la técnica: Los embajadores es, por ejemplo, un modelo de focalización selectiva, ya que el narrador siempre habla desde el punto de vista de un único personaje, el "embajador" Strether, cuya misión es conseguir que el joven Chad Newsome abandone los placeres parisinos y vuelva a Woollett, Massachusetts, a ocuparse los asuntos de la familia. No hay duda, tampoco, de que James crea una red complejísima de interrelaciones sentimentales entre sus personajes (todos "maravillosos", todos "encantadores").

Lo que pasa es que son 400 páginas (repito: 400 páginas) de sutilezas sentimentales, medias palabras, sobrentendidos, malentendidos. diálogos con un nivel de abstracción y conceptualización que resultan artificiales y pesados. Sin vida, como diría Forster. Hay novelistas que tienen una capacidad casi sobrehumana de disección del alma humana, una sensibilidad mayor que el común de los mortales; pero en James yo veo más bien un barroquismo de los sentimientos, un ejercicio estético que interesa más al autor que lo crea que a los posibles lectores, y por supuesto a los propios personajes que viven 400 páginas (¿he dicho ya que son 400 páginas?) en un ir y venir de atracciones, rechazos, indecisiones y cambios de opinión capaces de volver loco a cualquier ser humano. Pero ellos no son seres humanos: son "mavarillosos", son "encantadores".

Quizás el aspecto más atractivo de la novela (pero es un aspecto muy marginal) es la resistencia de Strether a revelar cuál es el producto -un producto pequeño, insignificante, probablemente vulgar- que está en el origen de la riqueza de la familia Newsome. Se han hecho muchas hipótesis: cerillas, palillos, botones... Pero la respuesta nunca la sabremos.

Es una pena que este pequeño "McGuffin" solo aparezca al principio y al final de la novela, y lo que haya en medio sean 400 páginas (¿he dicho ya que son 400 páginas?) de sutilezas sentimentales.

Todas las reseñas sobre Henry James en ULAD: Aquí