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martes, 18 de marzo de 2025

Reseña sobre El Manuscrito, de Pulido y Massaroli, por Fernanco Clancy (2021)

 (De la serie:) Colgados de la invasión ajena:

“El Manuscrito”
Después de los podcasts dedicados a Oesterheld y de haber releído la tercera parte de El Eternauta, seguimos metiéndonos en la vida de Juan Salvo sin HGO. En esta oportunidad hemos leído dos historietas que vamos a comentar juntas, pero intentaremos que sea breve. Eso sí, estará lleno de spoilers, por lo que debe continuar la lectura bajo su propia responsabilidad.
Empiezo con la que sí me gusto. Se llama “El Manuscrito” y es obra de Macelo Pulido al guion y José Massaroli en dibujos. Fue coeditado por Doedytores e Historieteca Editorial en 2016.
Esta historieta comienza en el exacto momento en que termina la versión original de El Eternauta, cuando Germán queda solo en la puerta de la casa de Juan salvo preguntándose “¿Será posible?”. A partir de ahí empezamos a seguir a Germán en el regreso a su casa, donde encuentra dos Manos que vinieron tras Juan Salvo para eliminarlo. Siguiendo la pista del Eternauta, llegan a la casa de Germán y encuentran los apuntes que este hizo del relato que escuchara durante toda la noche anterior. El guionista alcanza a huir sin que lo reconozcan e intenta volver a hablar con Juan, pero como este no recuerda nada tras la fusión con su yo del presente (1959), lo hecha de su casa. Los manos notan esa alteración en el Eternauta y deciden que, en ese estado, Juan Salvo no representa ninguna amenaza para la futura invasión, por lo que comienzan a perseguir a Oesterheld.
Germán llega a la casa de un amigo, le cuenta lo sucedido y le dice que su misión es narrar la historia de “El Eternauta” para prevenir a la gente de la nevada mortal que se dará en unos años, pero teme que lo tomen por loco. Deciden que lo mejor es publicarla como historieta, cuando irrumpen los Manos. Nuevamente consigue escapar y llega a la casa de su editor, le pide dinero y que le preste la casa de fin de semana que tenía en el Tigre para poder esconderse. Recluido allí, Germán comenzará a escribir la historia de Juan Salvo. Vuelve a la Capital a entregar los primeros capítulos en la editorial con la promesa de que pronto entregará el resto. Pero, en el Tigre es alcanzado por los Manos, que se lo llevan para que nunca más sea visto. Con la obra inconclusa y sin haber podido dar aviso a la población, en 1963 llega la nevada mortal que da comienzo a la historia…
Si con respecto a “El Eternauta Tercera parte” decíamos que resultaba medio morboso seguir utilizando el personaje de Germán, aquí vemos la misma situación elevada a la décima potencia. Hay una fuerte mezcla entre la ficción que propone la obra original (Y también “El Eternauta: El regreso”, de Solano López y Pablo Maiztegui, donde se habla del manuscrito por primera vez) con la biografía del propio Oesterheld, convirtiendo la historia en un relato de metaficción tercerizado (ponele…). Por ejemplo, Oesterheld se había recluido en Tigre y desde allí trabajaba en la época en que estaba en la clandestinidad. Hacía viajes a Capital para, entre otras actividades, entregar sus guiones y dejaba marcas de barro seco al caminar por los pasillos de la editorial (Según relató alguna vez Miguel “Rep” Repiso), cosa que también sucede en esta historieta. Y lo peor es que los Manos lo torturan y secuestran… Y para que la analogía no se le escape a nadie, aquí el personaje de Germán no tiene el rostro que le diera Solano López, si no que es la viva imagen de HGO. Ya lo dije antes, pero lo repito, el propio Oesterheld abrió la puerta a este juego al incluirse como personaje en la historieta, pero me da un poco de rechazo que se lo haya seguido utilizando… pero eso es algo estrictamente personal y se nota claramente en la obra que el morbo no es la intención de los autores. Por el contrario, no es otra cosa que una muestra de respeto y admiración hacia él. Además, propone un interesante epílogo a la obra original, contando el devenir de Germán con toda la data que le había dado Juan Salvo y su lucha por intentar sacarla a la luz para salvar a la gente (Lo que, a mi criterio, también es una analogía con su biografía). Lo poco que leí de Pulido me ha gustado y esta historieta no es la excepción. Desde su simpleza, logra entrelazarse con elegancia a la leyenda del Eternauta redondeando una entretenida historia.
Por su parte, el experimentado José Massaroli hace un gran trabajo en la parte gráfica. Buena recreación de época cuando es necesario, sólida narrativa, mucho juego con el claro oscuro y respeto (más alguna referencia) al trabajo de Solano López, pero sin perder nunca su impronta.
El libro se complementa con una galería de ilustraciones de diferentes artistas, bocetos de Massaroli y una nota de Fernando García como cierre.

lunes, 3 de abril de 2023

Nota con Marcelo Pulido sobre el 24 de Marzo, la dictadura y la historieta

 Comparto la interesante nota hecha al guionista y editor de El Manuscrito, historieta ilustrada por un servidor, con motivo de un nuevo aniversario del 24 de marzo de 1976: 

Hablamos con el investigador y guionista Marcelo Pulido, sobre el vínculo entre historieta y dictadura.

"Las generaciones jóvenes crecieron sin mucha historieta argentina. Desde fines de los años 90 hasta el 2012 casi no se publicó historieta argentina" analiza el investigador, editor y guionista de historietas Marcelo Pulido. Y continúa: "Si bien los autores argentinos que habían logrado llegar a Europa siguieron produciendo, era un material que no llegaba acá. Entonces tenés una generación, o dos, que crecieron sin leer ni acceder a historieta argentina. Lo que leen principalmente hoy los jóvenes es manga porque eso era lo disponible cuando eran más chicos. Ese bache, me parece, impidió que hubiese más producción de historieta en relación a estos temas como la dictadura".

Con el antecedente canónico de El Eternauta de Oesterheld, y a 40 años de la vuelta de la democracia a nuestro país, conviene volver a pensar los vínculos –y tensiones- entre historieta y dictadura. Por eso vale la pena escuchar a Pulido, autor de una antología de historias sobre la última dictadura militar (¿Qué querés ser cuando seas grande?) y de una biografía en viñetas sobre el artista Héctor Germán Oesterheld (El manuscrito). Dice: "Para que un tema sea tratado debe estar circulando en la sociedad. En ese sentido, la dictadura como temática empezó a cobrar importancia en la década pasada con todo el movimiento político y la puesta en valor de los derechos humanos".

¿Cómo ves el panorama actual de la historieta en relación a la última dictadura? 
Habría que hablar del panorama general de la historieta argentina, de la producción y de la publicación. La dictadura es uno de los temas que se pueden abordar, si querés en relación al contenido social o lo demás, y que no puede escapar a la coyuntura general. En algún momento se dejó de producir historieta nacional y hace más o menos diez años hay un lento resurgir de la historieta con mucho esfuerzo de pequeñas editoriales. Con lo cual, lo que se puede publicar está condicionado por los sistemas de producción. Si bien se puede publicar digitalmente, no son publicaciones profesionales. Si bien hay muy pocos autores que publican en el exterior, la edición de historietas sobre la dictadura también está enmarcada en este contexto de situación. Son muy escasas las posibilidades de publicación en papel. Por más que hay interés en algunos autores de producir sobre la dictadura, no son tantas las posibilidades de publicarlo. En este sentido, no hay un muestrario muy grande para sacar conclusiones de cómo se aborda la dictadura. En principio, no hay una mirada generacional al respecto.

Tapa e interiores de El manuscrito, cómic de Marcelo Pulido y José Massaroli
Tapa e interiores de El manuscrito, cómic de Marcelo Pulido y José Massaroli

¿Las nuevas generaciones de historietistas, por ser de una generación alejada en el tiempo, cómo te parece que se vinculan con el tema?
Lo hacen de manera muy escasa. Si uno mira un poco, las historietas que abordan la dictadura tienen que ver con gente que lo vivió en algún momento de su vida, en la infancia o en la apertura democrática cuando el tema estaba fresco. La generaciones jóvenes no se acercaron tanto al tema, me parece. 

Como editor, ¿el tema te interesa particularmente?
Sí, totalmente. Dentro del catálogo de mi editorial tengo varios libros en relación al tema. Pero lo veo como producción sobre política, porque la dictadura es una temática dentro de la política. La política en el sentido de cómo pensar la sociedad en la que querés vivir. La dictadura es una manifestación de eso. Publicar historieta argentina, en un momento donde no se publicaba nada, tiene implicancias políticas. Los que publicamos historieta argentina estamos apostando por nuestra cultura. Eso es político. La temática de la dictadura me interesa porque creo en la construcción de sentido y la conservación de la memoria. Yo quiero que parte de mi catálogo vaya para ese lado. Es darle lugar a autores que piensan la sociedad, lo que nos pasó y por qué nos pasó.     

Tapa e interiores de ¿Qué querés ser cuando seas grande?, libro de Marcelo Pulido
Tapa e interiores de ¿Qué querés ser cuando seas grande?, libro de Marcelo Pulido

¿Qué historietas históricas te parecen que abordan mejor el tema dictadura? ¿Cuáles te gustan más?
No hay mucho. Pero también hay períodos y algunos criterios que me interesan. Te puedo mencionar a Esma (Hotel de las ideas) de Juan Carrá/Ignacio Echeverría, la antología Historias de desaparecidos y aparecidos (Cooperativa Editoral El Caburé). El síndrome de Guastavino de Carlos Trillo y Lucas Varela me gustó mucho. Y tiene que ver con las secuelas en la sociedad de lo que pasó en dictadura. Como autor tengo dos obras sobre el tema: El manuscrito, es un homenaje a Héctor Germán Oesterheld donde se cuenta sus últimos días antes que lo chupe la dictadura pero está en el marco de su obra y El Eternauta; y ¿Qué querés ser cuando seas grande?, historias cortas que transcurren en dictadura. 

¿Te parece que es un tema que va a ir dejándose de lado a medida que pase el tiempo o es una cuestión que siempre se va a abordar de algún u otro modo?
Es difícil saber porque tiene que ver con quién domina la comunicación y cómo se implanta el sentido desde la bajada de línea de quienes dominan los medios y generan la opinión pública. En la época kirchnerista se logró revertir lo que venía de los 90 y generar un interés por la política entendida en cómo nos pensamos como sociedad y qué sociedad queremos. Por eso, pensar en la dictadura es explicar por qué pasó, por qué se luchaba y qué se quería cambiar. Si no se explican estas cosas es mejor que los temas se olviden, y quienes tienen el poder van a trabajar para que estos temas se olviden. En esta contienda de sentidos opuestos hay que ver quién logra imponerse. Mientras haya gente trabajando para que el tema de la dictadura no se olvide, por una construcción y conservación de la memoria, se seguirá trabajando en la construcción de una memoria colectiva.  

Link a la publicación original:  https://indiehoy.com/comics/40-anos-de-democracia-de-oesterheld-al-presente-los-vinculos-entre-historieta-y-dictadura/

viernes, 25 de marzo de 2022

En la Feria del Libro de Flores

El sábado 12 de marzo, después de más de dos años de parálisis pandémica, tuve el gusto de volver a ocupar un puesto en una feria de libros. La cosa fue en mi propio barrio, Flores, a la que fui generosamente invitado para compartir con los escritores del barrio un espacio que resultó ser muy agradable, en plena calle, y que gozó de una gran concurrencia de gente.



Con Julián Cappa, del Área de Cultura de la Junta Comunal N°7, responsable principal de mi presencia en la feria

Con el escritor, ex desaparecido durante la Dictadura, Daniel Pina y su nietita, cordial vecino de mi stand

Con el guionista y editor Marcelo Pulido y el historietista Darío Brabo, ocupantes de stands cercanos y buenos amigos

Con Felipe, un simpático niño apasionado por la historia, con uno de los libros de la trilogía que acabo de firmarle

Felipe no pierde tiempo en ponerse a leer La Vuelta de Obligado

Con el amigo guionista Oenlao, coautor de uno de mis libros, de visita en la feria

Con el escritor Juan Terranova, ocupante del stand vecino. Su novela Puerto Belgrano, que tuvo a bien obsequiarme, la estoy leyendo con mucho interés


Entre otros amigos que pasaron por puesto, estuvieron Roby D'Anna, director del periódico Flores de Papel y director del Museo de Flores, el artista plástico Gustavo López Armentía y la cantante Andrea Bollof
Fue una tarde muy agradable, en la que tuve la alegría de firmar unos cuantos ejemplares de mis libros. ¡Encontraron sus lectores, y eso siempre es bueno! 
¡Muchas gracias, amigos y vecinos de Flores, MI barrio!

lunes, 30 de marzo de 2020

"¿Qué querés ser cuando seas grande?" Entrevista de Ariel Avilez a Marcelo Pulido

Rescatamos  parte de la entrevista que publicara la Agencia Nova el 11 de octubre de 2019 en su sección Comics e Historietas a cargo del investigador, periodista y amigo Ariel Avilez, a Marcelo Pulido, guionista y editor de un entrañable libro en el participamos, destinado a mantener viva la memoria de los protagonistas del horror de la última dictadura: 


En “¿Qué querés ser cuando seas grande?”, el autor refleja el modo en que "el horror de la dictadura afecta la vida cotidiana".

Por Ariel Avilez (*), especial para NOVA
Que la historieta es un medio tanto o más bueno que cualquier otro para abordar incluso los temas
más sensibles, hoy no es un secreto para nadie. Pero resulta especialmente gratificante cuando una
obra sin dudas relevante surge en nuestros pagos y es fruto del talento conjunto de diez artistas
de primera línea: “¿Qué querés ser cuando seas grande?” es el nombre del nuevo libro de la
Historieteca Editorial que se presentará este fin de semana durante la nueva edición de la
“Crack Bang Boom” de Rosario (la convención de cómics más importante del país) y que comenzará
a distribuirse en el resto del país la semana que viene.
Los dibujantes de esta patriada son Dante Ginevra, Lauri Fernández, Jok, Marcos Vergara, 
Sergio Ibáñez, Ian Debiase, José Massaroli, Fabián Mezquita y Ezequiel Rosingana; y el guionista 
es Marcelo Pulido, que con la vehemencia que lo caracteriza nos contó de qué va la cosa y varios 
pormenores acerca de la cocina de esta belleza:
— No es la primera vez que aborda el delicado tema de la más reciente dictadura cívico militar 
en nuestro país. Háblenos por favor acerca de su primera obra, "El Manuscrito", y cuéntenos a 
grandes rasgos -más allá de lo obvio- en qué se asemeja y en qué se diferencia de "¿Qué querés 
ser cuando seas grande?"
— Bueno, "El Manuscrito" es un homenaje a (Héctor Germán) Oesterheld que cuenta sus 
últimos días, cuando desaparece durante la dictadura. El homenaje está hecho dentro de su universo 
de ficción, que es el de "El Eternauta", y por lo tanto en él no lo buscaba un grupo de tareas 
cuando estaba en la clandestinidad, sino los Manos. Toda la historieta está centrada en 
este protagonista, en Oesterheld en su carácter de militante, y en el libro es homenajeado como 
autor y como creador de una obra importante, pero también se homenajea su compromiso, 
su militancia política, y el modo en que ambas cosas se relacionaban.
En cambio, en "¿Qué querés ser...?" tenemos nueve historias ambientadas en la dictadura, pero 
in un protagonista fijo. Este nuevo libro trata acerca de vivencias de gente común. Lo que quería 
contar era cómo el horror de la dictadura afecta la vida cotidiana; y es por esto que no hay 
grandes protagonistas como sería en otro tipo de historias en las que se las encara desde el lado 
de un militante, o de un guerrillero, o de un subversivo; o la contracara, que podrían ser 
los represores: si bien aparecen algunos, el protagonismo de estas historias está en la gente 
común, y si podemos hablar de un gran protagonista que sobrevuela a lo largo de toda la obra,
es la sociedad.
Las historias tienen que ver con cómo ese horror de la dictadura irrumpe en la sociedad y la afecta 
en su día a día. Y que si bien había una sociedad que no sabía lo que estaba pasando -eso es cierto-, 
había otra que no quería saberlo, y había otra que era directamente cómplice.
Y básicamente plantea una pregunta, que es ¿cómo nos pasó eso a nosotros? Porque eso es 
argentina, eso somos nosotros. Cómo nos pasó y cómo es que vivimos en una sociedad que 
cometió un genocidio, y cómo vivimos hoy también con eso.
...
En la presentación del libro en la Biblioteca Nacional, con Marcelo Pulido y Analía Kalinec
Ver la nota completa en:

En “¿Qué querés ser cuando seas grande?”, el autor refleja el modo en que "el horror de la dictadura afecta la vida cotidiana".

En “¿Qué querés ser cuando seas grande?”, el autor refleja el modo en que "el horror de la dictadura afecta la vida cotidiana".

En “¿Qué querés ser cuando seas grande?”, el autor refleja el modo en que "el horror de la dictadura afecta la vida cotidiana".

Ariel Avilez

lunes, 25 de noviembre de 2019

Qué Querés Ser Cuando Seas Grande, presentación del libro en la Biblioteca Nacional

Con la presencia de los autores se presentó el nuevo libro de Historieteca Editorial: ¿Qué querés ser cuando seas grande? Se trata de una antología de historietas ambientadas en la Dictadura.
Los guiones de los nueve episodios son de Marcelo Pulido, quien convocó a los dibujantes Dante Ginevra, Lauri Fernandez Dibujante, Jok LP, Marcos Vergara, Sergio Ibáñez, Ian Debiase, José Massaroli, Fabian Mezquita y Rodolfo Ezequiel. Sólo faltó a la cita Marcos Vergara, por razones de distancia. La charla fue conducida por Javi Hildebrandt



Habla Dante Ginevra, autor del dibujo de tapa y uno de los episodios

Habla Javier Hildebrandt, conductor de la charla


Habla Sergio Ibáñez

Habla Rodolfo Ezequiel

Firmando, luego de la charla

Firma Fabián Mezquita

Después de dibujada mi parte, Marcelo me contó quién era de alguna manera la protagonista o al menos quien había inspirado la historia: una amiga de Facebook a quien había conocido personalmente durante en un Ruidazo en Flores!

Juan Rozz y Gustavo Schimpp con Ian Debiase

Con Ezequiel y Mario Lessa

Con Osvaldo Crespo y Katy Prozer

Con Ibáñez y Mezquita

Con Schimpp y Betina Pascar

Con Dante Ginevra

Con Ian Debiase 

Con la única mujer del equipo, Lauri Fernández, Ibáñez y Pulido

Un libro que arranca con muy buenas expectativas, en un momento en que la defensa de los Derechos Humanos y la Democracia vuelven a estar en el primer plano, ha sido recibido con indudable interés por su profundo y conmovedor contenido, que evoca los terribles "años de plomo" que vivimos durante la Dictadura de 1976-1983. Incluso se habló, con muy buen tino, de que se lea en las escuelas; porque lo fundamental, para todos nosotros, y este libro es una contribución más en ese sntido, es que aquellos horrores no se repitan NUNCA MÁS.

lunes, 4 de noviembre de 2019

“¿Qué querés ser cuando seas grande?” de Marcelo Pulido. Nuevo libro

HISTORIETA ARGENTINA
¿Qué querés ser cuando seas grande?” de Marcelo Pulido

Escribir después del horror
Como parte de la celebración por los diez años de Historieteca, su editor, Marcelo Pulido, se dio el lujo de escribir nueve guiones que fueron ilustrados por nueve grandes artistas del medio y publicados en un libro. ¿El eje conductor que los conecta? La última dictadura militar en Argentina.

Por: Facundo Vazquez
Publicación original en: 

“¿Cómo llega un niño a convertirse en un asesino? ¿Cómo llega una sociedad a cometer un genocidio? ¿Cómo se vive con eso? ¿Cómo se convive, transcurre la vida durante el horror?”

Esas preguntas serán tal vez nuestra primera aproximación al libro cuando veamos la contratapa en la librería. Ya cuando llegamos a casa y empezamos a leerlo, la cita de Theodor Adorno, nos pone en el contexto teórico de la obra:

¿Por qué abrir un libro de historietas con una cita de un filósofo y teórico literario? Sé que se mueren por saberlo y por eso voy a empezar hablando de eso: Adorno sostuvo una conocidísima polémica con György Lukács respecto al tema del realismo, polémica que resumiré groseramente diciendo que mientras Lukács sostenía la doctrina soviética del realismo socialista y condenaba como desviación burguesa (casi) todo ejercicio formal o vanguardista, Adorno defendía la necesidad de la innovación constante en el arte, por lo que no podía ceñirse a ninguna teoría dogmática... menos si ese dogma venía impuesto por una doctrina política. Ambos, finalmente, coinciden en que debe haber algo en la literatura, por más realista que esta sea, que la diferencie del ensayo, la ciencia o la historia y ese algo tiene que ver con su función estética y por lo tanto con la artificialidad de las formas.

La experiencia de la segunda guerra mundial lleva a la teoría literaria (y a la humanidad en su conjunto) a una crisis que obliga a replantearlo todo. Los soldados veteranos históricamente habían sido una fuente inagotable de anécdotas y relatos épicos. Desde “La Odisea”, tener un veterano sentado a la mesa era un privilegio y un honor porque siempre tenía una historia que contar de las aventuras y hazañas que habían vivido. Los combatientes de la segunda guerra, en cambio, regresaban mudos del frente. No podían o no querían hablar de lo que habían visto y vivido. Su experiencia no se convertía en relato, era inenarrable.

El fenómeno llegó a un extremo cuando el periodista ruso Vasili Grossman difunde las primeras noticias sobre los campos de exterminio. ¿Cómo explicar que la eficiencia, el método y hasta la ciencia habían sido puestos al servicio de la muerte y el horror? En ese contexto debe leerse la frase de Adorno:

“No se puede escribir poesía después de Auschwitz”

La contradicción surge de que esa realidad exigía ser expuesta y al mismo tiempo el horror había alcanzado tal magnitud que todo intento de describirlo parecía una banalización. La historia y el periodismo podrían replegarse sobre la objetividad de la crónica, pero ¿qué podía hacer la literatura? El escritor comprometido siente una responsabilidad moral con la realidad que le impide abstraerse de la misma. No puede, digamos, soslayar la atrocidad que acaba de ocurrir y contarnos como antaño la historia de una princesa encantada en un castillo. Pero a la vez surge la pregunta ¿Es lícito hacer arte sobre el horror? ¿No es abyecto sobreimprimir una intención estética sobre la experiencia del exterminio?

La experiencia del horror en la historieta argentina.
Nuestra literatura (también nuestra historieta y nuestro arte en general) se encontró ante una disyuntiva similar al término de la última dictadura militar. De manera similar a lo ocurrido con los campos del Reich, la información sobre los crímenes de estado, en el momento en que se produjeron, había llegado a la población de forma muy heterogénea. Algunos habían visto algo o contaban con información confiable, otros tenían sospechas y muchos sostienen que permanecieron totalmente ignorantes de todo lo ocurrido.

Como fuera, la llegada de la democracia, la formación de la CONADEP y el “Nunca Más” trajeron consigo un duro golpe de realidad para nuestra sociedad. Los abismos del horror habían alcanzado una profundidad y una magnitud que la inmensa mayoría de la gente común no hubiera siquiera imaginado.

Es así que durante la década del ochenta, la historieta argentina para adultos se vio influida fuertemente por la atmósfera de la dictadura, la represión, los desaparecidos, etc. Incluso cuando la intención no era documental o no estaban hablando de la dictadura explícitamente, aun en las historietas de aventuras o de ciencia ficción, los conflictos no resueltos de nuestra historia reciente siempre podían leerse entre líneas.

En nuestro país, se sumó la dificultad de que la política, la historia y el periodismo, de cara a una reorganización democrática, produjeron una avalancha tan grande de interpretaciones que los hechos quedaron casi sepultados debajo de los textos. Era necesario conciliar y la realidad parecía apuntar en una dirección totalmente contraria... por lo que los hechos debieron ser “interpretados” a partir de un relato que permitiera pacificar la sociedad.

Con el paso de los años y las décadas, los argentinos hemos llegado a algunos acuerdos: Dejamos de decir “el proceso” y todos decimos “la dictadura”. Incluso, últimamente, te miran mal si no le agregás “cívico militar”. De a poco, abandonamos palabras como “guerra sucia” o “subversión” y adoptamos el correcto “terrorismo de estado”. Pero todavía quedan muchas zonas convenientemente grises y nebulosas sobre las que se basan las transiciones democráticas, más o menos pacíficas, en todas partes del mundo. Respecto a la dictadura cabe preguntarse ¿logramos desenterrar los hechos o nos quedamos con la interpretación más conveniente? Y, si fuera la segunda opción, ¿conveniente para quién?.

El caso es que, mientras más se avanza desde otros discursos sociales, menos necesidad demuestran los autores en revisitar dicho periodo en sus obras, y pasamos de esa omnipresencia que se observaba en las historietas de los ochentas a que el tema de la dictadura tome a un lugar bastante relegado en las producciones actuales.

Por eso “¿Qué querés ser cuando seas grande?” es una obra que hoy sorprende por su excepcionalidad. Algunos considerarán que el tema reviste cierto anacronismo... que su conflicto carece de actualidad. Otros, viendo que en las últimas elecciones, varias plataformas siguen sosteniendo el modelo económico neoliberal que la dictadura impuso a sangre y fuego; que se reivindica una política policial de mano dura y gatillo fácil; que se aboga por el regreso del servicio militar obligatorio e incluso uno de los candidatos a presidente es un militar retirado que se levantó en armas contra la democracia en dos oportunidades... Otros, digo, considerarán oportuno revisitar esos momentos oscuros de nuestra historia reciente que algunos parecen haber olvidado.

La obra, tratando de no spoilear.
Marcelo Pulido, editor y guionista de todas las historias que conforman este volumen, encontró una respuesta a cada una de las decisiones estéticas que plantea el abordaje del tema de nuestra última dictadura militar. Y como suele pasar con los artistas honestos, cada una de esas respuestas es su respuesta.

La primera decisión estética llega por el lado de la diversidad. El libro tiene una unidad y un fuerte sentido de cohesión pero a la vez es un caleidoscopio de voces y perspectivas. Nueve autores distintos: Dante Ginevra, Lauri Fernández, JOK, Marcos Vergara, Sergio Ibáñez, Ian Debiase, José Massaroli, Fabián Mezquita y Ezequiel Rosingana abordan la faz gráfica del volumen, dándole a cada relato un estilo y una impronta diferente y personal.

La segunda decisión estética la aporta el silencio. Varias historias son mudas y creo que el tomo en su totalidad tiene menos texto que una página de Oesterheld. Hay pocos diálogos y la mayoría son irrelevantes y cotidianos. Pulido defrauda voluntariamente el horizonte de expectativas de un lector ingenuo que esperaría palabras cargadas de dramatismo en consonancia con las tragedias que se vislumbran y solo encuentra personas comunes que se saludan al cruzarse por la calle o al salir de la oficina. Esas pocas palabras no parecen estar allí para revelar la realidad sino para darle una sombra de cotidianidad detrás de la cual ocultarse... y para hacer que en su ausencia, el silencio resulte todavía más asfixiante. Ese silencio que pesaba como una cortina de plomo sobre la sociedad argentina llega a convertirse en protagonista de alguna de las historias como ocurre en el penúltimo relato.

Recién hablábamos de las personas comunes y creo que esa es otra de las grandes elecciones estéticas de la obra. La forma en que se muestran a las personas que participaron de hechos tan aberrantes siempre es una decisión arriesgada. Construir el personaje de un represor como un avatar de inhumanidad absoluta puede ser tranquilizador, porque lo coloca fuera de la realidad del lector. No tiene nada que ver conmigo ni con nadie que yo conozca. No es realmente una persona sino un monstruo. Es una alteridad radical. No necesito ni siquiera intentar entenderlo.

El problema de esta opción es que resulta falaz. Esos seres capaces de las mayores perversidades eran humanos. De mierda... pero humanos. Tenían madre, familia, frustraciones, sueños. Y eso nos interpela, nos jode, nos problematiza porque nos muestra que más allá de nuestras diferencias radicales, también existen coincidencias.

”¿Qué querés ser cuando seas grande?” recorre un amplio espectro de personajes, desde el torturador hasta la madre de plaza de mayo, pasando por una gama muy variada de testigos a los que el azar puso en contacto con diferentes formas del horror. Y todos esos personajes son abordados desde una profunda humanidad.

La cuarta elección estética está en una ausencia. Porque entre toda esa diversidad de personajes que protagonizan los relatos, faltan las víctimas. Las víctimas irrumpen en el relato en imágenes fugaces. Son cuerpos arrojados o devueltos del mar, tiros que se escuchan en la casa de enfrente, un hombre y una mujer atados a los que vemos apenas por una viñeta mientras el resto del país sigue la final de la copa del mundo. Los desaparecidos están en todas partes y en ninguna. No protagonizan ningún relato porque la característica que los define es justamente la ausencia. Y sin embargo están en todos como lo que son: una dolorosa cicatriz en nuestra sociedad.

Pulido y Massaroli cuando preparaban El Manuscrito, la anterior obra del remarcable guionista y editor

Por último, dado que empezamos este análisis con una cita de Theodor Adorno, quiero (para devolver el balance al universo) cerrarla con otra de su viejo antagonista György Lukács:

“De un libro me interesa siempre si lo que en él se dice, no hubiera sido posible relatarlo de la misma forma en un reportaje, si se plantean cuestiones o se resuelven problemas en un nivel realmente artístico y no en las dimensiones de la sociología”

 Creo que esta es la elección definitiva de la obra: la de no renunciar a la intención estética a pesar de lo terrible del asunto. Demostrar que, a pesar del epígrafe, necesitamos seguir haciendo arte después del horror.
Facundo Vázquez
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