Quieras (o no) el cuento siempre ha estado ahí. Historias que nos contamos a nosotros, historias que contamos a otros, historias que cuentan sobre nosQuieras (o no) el cuento siempre ha estado ahí. Historias que nos contamos a nosotros, historias que contamos a otros, historias que cuentan sobre nosotros. Todas podrían formar parte de la narrativa de esta red que llamamos vida. Pero el cuento, como elemento narrativo breve, en prosa, de hechos ficticios o reales, (también) siempre está ahí, desde hace miles de años. Y si hablamos de relatistas importantes en la historia de la literatura, nadie puede obviar la figura de Angela Carter. Si bien las interpretaciones queer y feministas de los cuentos de hadas clásicos son (más) comunes hoy en día, podemos poner en el radar a Angela Carter como una de las primeras en abordar estos relatos tradicionales de esta forma, donde extrae todo el subtexto establecido para crear algo nuevo, siempre latente en esos relatos tradicionales.
Decía Gemma Solsona en la CarterCon —culpable de esta (re)lectura y reseña— que tuvo lugar este año en el marco del Festival 42 de Géneros Fantásticos de Barcelona, que lo maravilloso no tiene que estar reñido con lo inquietante. Los relatos de La cámara sangrienta llevan (y actualizan) esta máxima hasta el final con textos ya explorados pero que surcan (siempre) un nuevo territorio, presentando aventuras gótico feministas de nuevas moralidades y perspectivas para el lector. Una desconstrucción al completo de lo folclórico que explora de forma apasionada los conceptos de deseo, poder y naturaleza humana. Un desafío para el lector en cada cuento, de sus nociones preconcebidas, de tradiciones heteropatriarcales, que la convierten en única e irrepetible.
Angela Carter, una extraña buscando su lugar como extraña Con esa frase, que dijo Beatriz Guirado en uno de los paneles de esa CarterCon, es como podemos leer a Angela Carter. Su desafío a los roles pasivos ocupados tradicionalmente por las mujeres en los cuentos de hadas (y la vida real), presentó a las mujeres como participantes activas de sus historias, retando toda convención, como esa Caperucita en La compañía de lobos que no sucumbe al lobo, lo enfrenta en igualdad de condiciones negándose a ser la víctima. Carter encuentra en estos cuentos la mejor forma para explorar ideas sobre la sociedad, el género y la identidad, mostrando una forma sutil de dar forma a este feminismo post-estructuralista que dan configura a las identidades femeninas actuales, desafiando la idea de una identidad de género universal y homogénea.
(Nuevos) cuentos que perduran en el tiempo Un gato con botas que es obsceno y provocador. Una versión de Caperucita Roja sadomasoquista. Una reelaboración oscuramente erótica de Barba Azul. Una Bella y Bestia donde la transformación es deseada y animal. Una vampira melancólica y exhausta, con el deseo como una maldición trágica. La intención de Carter en La cámara sangrienta, como ella mismo dijo, no era hacer 'versiones' ni cuentos de hadas 'para adultos', sino extraer el contenido latente de los cuentos tradicionales y usarlo como punto de partida para nuevas historias. Su criatura híbrida y exótica de tradición y modernidad amplió su voz a un público más amplio e hizo que estos cuentos, publicados en 1979, sigan muy presentes en la actualidad.
Cada uno de los diez cuentos es una exploración sobre cómo las cosas podrían ser diferentes a través de la fantasía, pero siempre recurriendo a imaginarios y arquetipos de sus contrapartes originales. Por ejemplo, en La cámara sangrienta, el cuento que da título a la colección, no se castiga la curiosidad femenina, sino que es el agente salvador de la heroína. Podemos apelar en Carter entonces a una especie de fascinante intertextualidad constante, con múltiples referencias y símbolos a los cuentos originales (por ejemplo, en La cámara sangrienta, la cámara se mantiene pero tiene otro fin) que la hacen perdurar en el tiempo.
La ambiencia en Angela Carter La prosa florida y gótica resalta en cada una de las historias de Carter. Algunas más tradicionales, otras más experimentales, todas tienen una atmósfera de ritual silencioso, de ornamento significativo, evocador y cautivador. Desde esa cláusula inicial que —alude a la tradición oral de los cuentos de hadas— funciona como el último martillazo de la forja, las historias nos seducen hacia ese mundo perverso, glamuroso y fatal habitual en Carter. Nos rodea una asombrosa y vivida materialidad, desgranada hasta el último detalle sensual, dejando el tiempo suficiente para crear suspense, para deleitarse vagando al lado de esa narradora anónima (habitual) que nos lleva por el nuevo camino de esta historia mítica. La tensión se acumula, es insostenible, y cada cuento estalla y se resuelve con una revelación explosiva de alivio que, una vez terminado, vemos que sutilmente había sido adelantada. Engañados por su hechizo, por su voz, las pistas de Carter están escondidas por esos mundos de castillos aislados, bosques oscuros y casas tenebrosas.
El cuerpo (femenino) en La cámara sangrienta Más allá de las imágenes vividas que ofrece cada historia de La cámara sangrienta, Carter refleja en su lenguaje un gusto particular por el placer del mundo físico. Es una absoluta maestra en reflejar detalles sensuales y minúsculos pero que embriagan a cada una de las historias. Uno siempre la fisicalidad de todo lo que lee, mientras escucha cómo contadas al oído los relatos de estas heroínas que trata de liberarse de la prisión que la historia tiene preparadas para ellas. Sin embargo, todos estos relatos que enfrentan y destruyen el androcentrismo tradicional, están habitualmente enredadas con la violencia. Y, el principal foco sobre el que podemos ver todo esto, es el cuerpo.
En Bodies that bleed: Metamorphosis in Angela Carter's Fairy Tales (2020, Ledizioni), un ensayo de Anna Passolini, se habla (y analiza) justamente de cómo estos cuerpos que Carter utiliza son puras superficies de cambio, siendo estos el lugar donde se inscribe el cambio y el medio a través del cual se lleva a cabo la transformación. Un vehículo individual de cambio, un motor para la exención social impuesta. Una liberación de identidades constreñidas en seres híbridos, grotescos y liminales (como vampiros u hombres lobo) que transgreden los límites corporales y sociales. No son solo un objeto, son un sujeto activo de transformación, un lugar donde el cambio se promulga, eliminando los límites y renegociando sus posiciones y roles sociales para construir un orden social diferente.
En toda La cámara sangrienta Carter denuncia los roles de género fijos (la doncella pasiva o el príncipe salvador) y los matrimonios como estructuras opresoras. Además, aborda la sexualidad femenina no como algo pasivo y oculto, sino como una fuerza transformadora y activa de la que hablaba antes, a través del cuerpo. El despertar sexual es a menudo violento, pero conduce a la autoconocimiento y la liberación, como en La prometida del Tigre. Son estos algunos de los ejes de su crítica al patriarcado, utilizando la metamorfosis como su herramienta principal para subvertirlos. Un cambio que crea una nueva mitología donde las mujeres, liberadas de la prisión que la historia les tenía reservada, son las dueñas de su propio destino y de su deseo, sin importar lo oscuro o violento que sea el camino hacia el autoconocimiento. Una colección de historias que sigue siendo incómoda, esencial y fascinante cada vez que la lees. Un espejo de posibilidades para el (soñado) cambio.
«Dejar entrar a las autoridades en nuestras bibliotecas, por mucha toga y pelliza que gasten, y dejar que nos digan cómo leer, qué leer y qué valor da«Dejar entrar a las autoridades en nuestras bibliotecas, por mucha toga y pelliza que gasten, y dejar que nos digan cómo leer, qué leer y qué valor darle a lo que leemos, es destrozar el espíritu de libertad que alienta estos santuarios.»...more
Eres el único lector de una webnovel con más de 3000 capítulos publicados. Entonces, un día, la historia llega a su fin... y el mundo también. Sin embEres el único lector de una webnovel con más de 3000 capítulos publicados. Entonces, un día, la historia llega a su fin... y el mundo también. Sin embargo, ese fin del mundo lo conoces bien: ya lo has leído.
Mezcla un isekai, Solo leveling y Carl el Mazmorrero et voilà....more
Emojis, gifs, stickers. El medio visual ha impregnado nuestra manera de comunicarnos a diario, y de cierta forma, ha universalizado y derribado (muchaEmojis, gifs, stickers. El medio visual ha impregnado nuestra manera de comunicarnos a diario, y de cierta forma, ha universalizado y derribado (muchas) murallas fronterizas entre lenguajes escritos. Ya no es solo texto el único medio de comunicación escrita, si no que la vida moderna se ha impregnado (e internalizado) de iconos y logotipos, desde caras sonrientes a gatos con estrellas en los ojos, que lo complementan. Lenguajes como blissymbol (sistema de escritura ideográfica que consiste en varios cientos de símbolos básicos, cada uno representando un concepto, que se recombinan), emojiland (un lenguaje de programación que permite escribir código utilizando únicamente emojis) o iConji (sistema de comunicación pictográfico gratuito basado en un vocabulario visual abierto de caracteres con traducciones integradas para la mayoría de los idiomas principales) están a la orden del día. Pero ¿se puede construir toda una narrativa con ese lenguaje exclusivamente visual que se pueda publicar en cualquier lugar, sin traducción ni explicación alguna? La respuesta es Book from the Ground: From Point to Point, del artista Xu Bing.
El artista de los símbolos y las letras: Xu Bing Aunque estemos hablando de un libro impreso, no debemos caer en el error de llamar a Xu Bing autor o escritor. Artista profesional que trabaja a través de la imagen, es reconocido internacionalmente por sus grabados e instalaciones, así como por su uso del texto para investigar cómo el lenguaje y su presentación impactan en nuestra comprensión del mundo. Una instalación temprana, como A Book from the Sky, implicó que el artista inventara 4000 caracteres y los tallara a mano en bloques de madera, para luego usarlos como rollos móviles para imprimir volúmenes y pergaminos, que se exhiben en el suelo y colgados del techo. Las vastas superficies textuales parecen transmitir una sabiduría ancestral, pero en realidad son totalmente ininteligibles. La subversión de esta obra será justamente Book from the Ground, donde lo que busca el artista chino es una obra que sea ampliamente accesible para todo tipo de público.
24 horas en la vida de un oficinista Book from the Ground retrata un día muy cercano y sorprendentemente legible en la vida de un oficinista, casi minuto a minuto, con capítulos que reseñan una hora de su dia. Las luchas del protagonista con su alarma, los plazos de entrega y las citas en línea se vuelven aún más reales a través de su representación en imágenes universales. La trama es mundana y simple, pero Xu se mueve fluidamente entre eventos, pensamientos e incluso secuencias de sueños, y cada uno se siente más curioso que el anterior. Su día se relata con detalles meticulosos e íntimos, y se lee como una versión posmoderna y postextual, hora a hora, del relato de James Joyce sobre las peregrinaciones de Bloom en Ulises. El libro tiene signos de puntuación, pero no texto; en lugar de palabras hay pictogramas, logotipos, signos ilustrativos y emoticonos, todos tomados de símbolos reales en uso en todo el mundo. El artista los ha recopilado durante un período de siete años y los ha utilizado para idear un lenguaje ideográfico universal, en teoría, comprensible para cualquiera que esté involucrado (un poco) en la vida moderna.
La comunicación moderna La lectura transforma el cerebro. Sin embargo, la tecnología e internet han afectado nuestra capacidad para leer, comprender y evaluar información y datos. Cualquier persona interesada en la ficción experimental, el arte moderno o un poco de desafío lector, estará interesada en Book from the ground ya solo por estos aspectos. El libro está escrito de forma que cualquier lector, independientemente de su formación cultural o educativa, pueda comprenderlo. La audacia de la idea, combinada con la brillantez de su uso de símbolos omnipresentes, no está exenta de sutilezas, a pesar de estar escrita en un lenguaje que miles de millones de personas en la Tierra entenderán sin haberlo aprendido específicamente. El comediante Demetri Martin hizo algo similar en su libro This is a Book, donde una sección estaba escrita enteramente con emoticonos, números y acrónimos con frases divertidas. Sin embargo, la idea de Xu Bing se desmarca exponiendo el papel, el propósito y la realidad del lenguaje en nuestro día a día. Toma un momento de captar, pero una vez que el lector se sincroniza con Xu y su narrativa, es inmensamente placentero descifrar la historia, cómo decodificar un código o entender un idioma extranjero por primera vez.
Siete años de trabajo Cuenta el propio Xu Bing en el libro complementario The Book about Xu Bing's Book from the Ground (Mathieu Borysevicz, 2014) que se pasó siete años reuniendo materiales, experimentando, revisando y organizando miles de pictogramas para construir la narrativa de Book from the Ground. También, que toda esta investigación dio lugar al programa de aprendizaje de idiomas Book from the Ground, donde al escribir palabras en la herramienta estas se transforman directamente al lenguaje pictórico de Xu Bing. De esta forma, podemos pensar en Book from the Ground como algo más que un experimento, si no también un cuestionamiento de la comunicación transcultural y de cómo el lenguaje transfronterizo es capaz de deslocalizarse. Simplemente vivir en la sociedad contemporánea hará la historia comprensible para todos, aunque a veces sea necesario reflexionar un poco sobre lo que quiso decir y su contexto cultural.
No habrá dos lecturas iguales La intención de Xu Bing es que cualquier persona inmersa en la vida moderna, independientemente de su idioma o formación educativa, pueda "leer" la historia al haber interiorizado ya estos iconos de la vida cotidiana. Sin embargo, en varias discusiones que lleva a cabo en el libro complementario de Mathieu Borysevicz, hablan sobre la posibilidad de que no haya dos lecturas exactamente iguales y de que la obra sea particularmente diferente para cada persona que la ve e interpreta. Los cambios en nuestra cultura han transformado la obra en el tiempo, y lo seguirán haciendo. Dice el propio Xu Bing que cuando se crea una obra, se relaciona con una emoción específica en un momento específico, así que, desde mi perspectiva, cambia cada vez que se crea. Es decir, desde la perspectiva del público, la obra también cambia, porque su contexto también ha cambiado con el tiempo. Por ejemplo, hace poco muchos descubrimos al ver Adolescence como una nueva generación de usuarios ha resignificado todos los emoticonos que usamos a diario. Los idiomas se adaptan, incorporan nuevas palabras y modifican su gramática y estructura, lo que hace que un lenguaje que pretenda ser universal e inmóvil sea algo inalcanzable. Por lo tanto, dentro de unos años, será interesante volver a leer Book from the ground y comprobar como de universal siguen siendo su símbolos y logos....more
Quizá me ha intrigado un pelín menos que El Erador I: Los huesos (el time loop siempre será de mis tropos favoritos), pero esta segunda entreg3,25 / 5
Quizá me ha intrigado un pelín menos que El Erador I: Los huesos (el time loop siempre será de mis tropos favoritos), pero esta segunda entrega, amplía de cierta forma el mundo (y la leyenda) de El Erador mientras su protagonista ayuda a dos personas a investigar las extrañas desapariciones de huérfanos que están sucediendo a su alrededor. Con curiosidad para ver que nos espera en la última entrega tras ese epílogo......more
Leída la primera (de tres) novella de «The Gameshouse» y no puedo ENTENDER que no se haya publicado en español. Un curioso narrador poco confi4,25 / 5
Leída la primera (de tres) novella de «The Gameshouse» y no puedo ENTENDER que no se haya publicado en español. Un curioso narrador poco confiable en 1ª persona del plural, un tablero de juego como una ciudad donde las fichas son personas reales, y la Venecia del S. XVII.
Intensa, escrita de una forma muy interesante, se aleja del trabajo más conocido de North como Las primeras quince vidas de Harry August. Una Venecia renacentista, en una pelea política, donde las caras reconocidas son títeres de unos jugadores "especiales" que utilizan cartas del tarot (personas) para sus jugadas maestras.
Hay en North una estética visual, lirica y poética, que embadurna toda la novela. Hay mucho misterio (¿qué es la Casa de juegos? ¿Quien es la líder? ¿Por qué escogieron a Thene?) que se deja en el aire, pero no importa, por que la trama de la novela de por si queda cerrada. Para el recuerdo queda la ambigüedad de la narración, y la reflexión sobre lo que realmente es el juego.
Un año y medio después del fenómeno (revuelo) editorial causado por la publicación de la saga Blackwater en nuestro país, la editorial Blackie3,75 / 5
Un año y medio después del fenómeno (revuelo) editorial causado por la publicación de la saga Blackwater en nuestro país, la editorial Blackie Books presenta en sociedad un nuevo título (Hija de la venganza) de Michael McDowell en español (y catalán) e inaugura, de esta forma, la Biblioteca Michael McDowell, donde publicarán la obra original del autor.
Publicada originalmente con el título de Katie—un guiño fonético a la Carrie de su admirado y amigo Stephen King— en 1982, un año antes del éxito editorial original de la publicación seriada de Blackwater, Hija de la venganza nos lleva hasta New Jersey, concretamente al pueblo de New Egypt, donde vive Philomena Drax con su madre, la costurera local. Es el año 1971, y tras la muerte de su padre en la guerra, Philo y su madre apenas sobreviven y llegan a pagar el alquiler cada semana. Sin embargo, un día reciben la carta de su abuelo, al cual hace 20 años que su madre no ve y ella misma nunca ha conocido. Una carta que les cuenta su deseo de reconciliarse con su madre, y que admite que posee una buena fortuna.
Sin embargo, en la carta también les confiesa: he empezado a temer por mi vida. El viejo Richard Parrock, el abuelo, les relata cómo una familia sin escrúpulos, los Slape, se han hecho con su granja y pretenden matarlo para quedarse con su dinero. El tiempo apremia, por qué parece que la chica más joven del clan, Katie Slape, tiene el don de la clarividencia y una nada cuestionable habilidad criminal con el martillo. Las cosas se ponen frenéticas, las persecuciones no paran, yendo desde Nueva Jersey hasta Saratoga, pasando por los muelles de Nueva York o la ciudad de Boston. Es un duelo a muerte, y ha llegado el momento de la venganza. ¿Estará Philo preparada?
Un thriller sobrenatural Muchos lectores asociamos a Michael McDowell a eso que conocimos como gótico sureño con la publicación de Blackwater, pero Hija de la venganza, aunque comparte algunos elementos comunes, tira por otros derroteros más cercanos al thriller sobrenatural (con toques históricos) que contemplamos (actualmente) en la figura de Stephen King. La amoral y analfabeta Katie Slape funciona como un catalizador para novela, prácticamente imparable, que obliga a Philo a tener que estar siempre escondida y huyendo. El terror que Katie infunde es visceral, potenciado por ese elemento psíquico sutil, que nunca sabes qué es lo que ha podido ver (o no). Eso inicia una persecución repleta de encuentros violentos, una caza del gato y el ratón, donde el viaje vengativo de justicia de Philo va de sorpresa en sorpresa. El tono de terror lo pone la propia supervivencia, donde los monstruos son los propios Slape con actos de violencia sangrientos, los cuales carecen de cualquier propósito más allá de la crueldad o la codicia. Como decía el subtítulo de su edición original: «Katie nunca mató con amabilidad».
La Gilded Age Al igual que pasaba con Blackwater, Hija de la venganza se desarrolla en los Estados Unidos de la época posterior a la Guerra Civil, alrededor de la década de 1880. Si bien Blackwater optaba por mostrarnos las secuelas de esa guerra en un pequeño pueblo de Alabama, aquí McDowell abandona la vida de pueblo para llevarnos hasta la gran manzana y diversas regiones de los Estados Unidos, pero con idéntica habilidad para reflejar el mismo costumbrismo histórico. Así, la novela se mueve entre pequeños pueblos y la efervescencia de la vida en la ciudad de Nueva York, exponiendo —de una forma brutal— las brechas entre las diferentes clases sociales de la época. El ambiente de Nueva York es un laberinto de oportunidades y peligros, ideal para que una asesina como Katie Slape y su despiadada familia (sin nada remotamente redentor en ningún aspecto de su existencia) cometan sus crímenes con impunidad. Pero también, para que Philo encuentre nuevas oportunidades, casualidades y aliados, gente con poder y bajos fondos de los que no sabe qué esperar.
Justicia poética Influenciado por las novelas populares de la década de 1860, adictas a los Penny Dreadful y las dime novels (publicaciones baratas y accesibles), Michael McDowell teje sus ingredientes con una destreza narrativa que lleva un paso más (sangriento) allá sus estructuras tradicionales e imprime un ritmo telenovelesco que crea adicción. El regusto gótico, impregnado por esos personajes y diálogos exquisitos, son hábilmente balanceados por una artesanía narrativa cuidadosa, paciente y que sabe siempre que marcha debe engranar. Capítulos cortos con frecuentes reveses de la fortuna para su protagonista, lo que hace que sea difícil dejar la lectura a un lado, creando una sensación de temor creciente en el lector según avanzan las páginas, sin sentirse nunca acelerada.
La maldad y la justicia se entrelazan a lo largo de toda Hija de la venganza, examinando las psiques de cada personaje con apenas dos pinceladas, sabiendo aterrar y cautivar con apenas unas líneas. No hay grises aquí, solo buenos y malos en esta ocasión. El melodrama de enfrentar a la heroína virtuosa (Philo) contra la maldad personificada (Katie y los Slape), engalanado con la prosa detallada y el contenido violento del libro, forman un compuesto con alma clásica pero que deja regusto (sangriento) brutalmente moderno. Sin embargo, hay en todo ello una justicia poética, una sensación visceralmente satisfactoria al cerrar el libro, una sonrisa (sonora) que solo sus lectores podrán entender.
Empiezas a leer algo breve, del reciente premio Nobel László Krasznahorkai, y te encuentras como el nieto del príncipe Genji del libro, fuera del tiemEmpiezas a leer algo breve, del reciente premio Nobel László Krasznahorkai, y te encuentras como el nieto del príncipe Genji del libro, fuera del tiempo, cerrando las páginas (embelesado) de «Al Norte la montaña, al Sur el lago, al Oeste el camino, al Este el río» horas después.
Es curioso cómo en tan pocas páginas, la fluctuación de historias y temas nos llevan de un lugar a otro construyendo un todo que finalmente fluye. Uno se deja llevar por la arquitectura descrita, se hipnotiza con sus reflexiones sobre la realidad y acaba engatusado cuando László habla sobre el poder de los libros....more
La ternura de la infancia entre hermanos, transmitida en unas pocas páginas. La curiosidad, la necesidad de explorar, la soledad del vínculo, la ruptuLa ternura de la infancia entre hermanos, transmitida en unas pocas páginas. La curiosidad, la necesidad de explorar, la soledad del vínculo, la ruptura del ego. Poético, curioso y un buen acercamiento a Fosse....more
Con el llamativo nombre de Ahab como título, referencia por supuesto al conocido capitán monomaniaco del ballenero Pequod, sigo surfeando las d3,5 / 5
Con el llamativo nombre de Ahab como título, referencia por supuesto al conocido capitán monomaniaco del ballenero Pequod, sigo surfeando las dimensiones del (infinito) Proyecto Stahl. Siguiendo la pista de un Mig25 en el desierto kazajo, el Federico Stahl de esta iteración —un historiador de la aviación de guerra contratado por un coleccionista para rastrear aviones por todo el mundo— descubre algo mucho más terrible que los restos de esta legendaria aeronave de la Guerra Fría: un artefacto alienígena semisepultado en la arena. Un artefacto que lo convierte en vector de un vastísimo contagio, una pandemia capaz de abarcar la totalidad del planeta.
De aviones y marañas Siendo esta ya mi quinta iteración novelesca de Federico Stahl a la que hemos de sumar más de una decena de cuentos, uno comienza a atisbar mejor las repeticiones, las hiperfocalizaciones del propio Ramiro Sanchiz —tu necromodernista favorito y cada día el de más gente— a la hora de escribir. En Ahab, su novela que como Verde tiene reminiscencias lovecraftianas que luego detallaré, siguen presenta dos hechos: la verborrea detallística sobre el mundo de la aviación y la aparición de marañas que como virus desintegran el mundo como lo conocemos. Es curioso cómo en esta ocasión Ahab tiene una premisa diferente, equiparable a la búsqueda de Moby Dick —y de ahí el título— pero termina por unos derroteros más cercanos a los de Verde. Aquí tenemos un mundo devastado donde una “nave alienígena” se ha convertido en vector de contagio, en (otra) maraña, que asola y destruye el mundo.
Apreciando el Proyecto Stahl El proyecto multiversal de Ramiro Sanchiz es un mapa de relaciones posibles que surge entre las diversas novelas, cuentos e incluso ensayos del autor. En ellas, habitualmente, Federico Stahl es nuestro protagonista. Ya puede ser pianista, especialista de aviación, estrella del rock, una drag queen o un científico deprimido, que su nombre perdura y se conecta, de alguna forma, con algún detalle, con sus otros yo(es). En Ahab los restos de (otro) Mig25 nos conectan directamente con la isla de basura del Atlántico de El orden del mundo, la maraña que bien conocemos de Un pianista de provincias o, el cuerpo fosilizado que nos lleva de nuevo al arroyo de Punta de Piedra visto en Verde. Vasos comunicantes tejidos con gracia, con sutilidad, que no dejan más que la sensación que el Proyecto Stahl es algo más grande que (siempre) gana enteros con cada lectura sumada.
Lo lovecraftiano Lo que empieza como una obsesión de coleccionista, argumento similar a como comenzaba El orden del mundo, la variante aquí radica en la segunda parte de la novela, en la llegaba a un lugar de arquitecturas anómalas y atmósfera opresiva en el medio de desierto kazajo. Como cuando el arqueólogo del relato de Lovecraft titulado La ciudad sin nombre se adentra en las profundidades del desierto de Arabia, el Federico de esta iteración se encuentra allí con una Catedral que estaba tanto viva como muerta, que era tanto natural como artificial. Cuenta el propio Federico que la catedral parece solo un templo que podía haber sido levantado allí, en el desierto. Y aunque sabemos que anda entre alucinógenos y otras sustancias, es la ambigüedad y la falta de respuestas concretas los que dejan ese eco lovecraftiano en nosotros.
Los límites de lo humano Son estas zonas perturbadas y de extrañeza irreductible las que exploran en Ahab, en la tradición de autores de ficción weird como Jeff VanderMeer, los límites de lo humano. El protagonista, una vez más Federico Stahl, se convierte en el catalizador y su viaje, es la crónica de un mundo desmoronándose a ojos de quién lo ha causado. Un viaje obsesivo que lo pone en el límite frente a una entidad que lo supera y obsesiona. De nuevo, la ballena blanca, esta vez reemplazada por el artefacto alienígena, altera la comprensión de la realidad y Federico sobrepasa sus límites, convirtiéndose en algo incomprensible que le atrae de maneras imposibles. La (breve) lectura de Ahab es un ejemplo perfecto de las capacidad del weird y el horror cósmico para desdibujar las fronteras entre lo conocido y lo incognoscible, aunque como lector, hubiera deseado alguna página más para explorar sus consecuencias en Federico¿Qué le espera al próximo Federico que conozca? Pronto lo sabremos, el Proyecto Stahl sigue en marcha y nunca se detiene.
En la ciudad de Thistleford (inspirada en Chagford), el mágico río Solazar discurre de norte a sur —rebosante de gramática— hacia Arcadia, la 4,25 / 5
En la ciudad de Thistleford (inspirada en Chagford), el mágico río Solazar discurre de norte a sur —rebosante de gramática— hacia Arcadia, la conocida tierra de las hadas. Esther e Ysabel Harthorn, últimas hijas de la casa familiar de las afueras, junto a la frontera con las Tierras Modales, se dedican a cuidar de los sauces y su gramática con la belleza de sus voces, combinadas para mantenerlos vibrantes y saludables tanto a la mañana como a la noche. Con un vida serena y (casi) idílica, la tensión entre las dos hermanas comienza a aumentar cuando Esther es tentada por su amante hada, Rin, a venir a Arcadia y dejar atrás su vida. Simultáneamente, su vecino, poco agradable, intenta conquistar a una hermana y luego a otra por el bien de sus tierras.
La gramática como magia ¿Qué es la magia, sino un cambio en el mundo?, pregunta el narrador al empezar la novela. ¿Qué es la conjugación, sino una transformación de algo en otra cosa?, continúa. La cualidad onírica y poética del texto (increíblemente trasladada al español por Pilar Ramírez Tello) está presente en cada una de las (apenas) cien páginas, haciendo de ella una característica intrínsecamente ligada al mismo significado —y experiencia— de la novela. El lenguaje, la gramática, la gramarye (raíz etimológica de grimorio), es la magia que impregna el libro, que eleva todo el texto a la categoría de conjuro y embebe todo nuestro ser. Poesía y prosa son como vasos comunicantes, como único codificador común de lo real. Con este sistema de magia fluido y transformador, El río tiene raíces presenta un universo cambiante, deliciosamente imaginativo y bello, superponiendo una capa melódica a la trama de la novela que contribuye a su encanto, así como su aspecto sombrío y más oscuro.
Aceptando la extrañeza Si bien El río tiene raíces parte en gran medida de tropos familiares para el folclore tradicional feérico, como que el tiempo funcione diferente en el mundo de las hadas o que los Fae sean cambiaformas, Amal sabe conjugar estos elementos y darles todavía un punto más de ambigüedad. La novela pide que aceptes toda su extrañeza, aunque es fácil hacerlo, y no solo por qué la extensión del libro sea casi menor a cien páginas. Con el vínculo entre las dos hermanas como eje central, la novela presenta lo queer como natural y logra fluir entre las fronteras de Arcadia (País de las hadas) y la crítica sutil pero firme al patriarcado de Thistleford. Todo ello impulsado por el amor (tanto romántico como fraternal) y la justicia. Sin embargo, si algo prevalece, es el deseo de comunicarse con otros, el poder de las palabras sobre el mundo que habitan.