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lunes, 21 de octubre de 2024
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viernes, 1 de octubre de 2021
viernes, 24 de septiembre de 2021
Un cuaderno-alfabeto-biodiario
Una “autobiografía lacustre”, así define José Joaquín Beeme su nuevo libro, que es también un alfabeto ilustrado donde distribuye sus gustos artísticos, sus homenajes, sus encuentros felices y sus omnívoras curiosidades.
Así, escribe en el prólogo: “Quiere este cuaderno pasar revista a las múltiples y variadas sintonías que, a lo largo de dos décadas, han ido uniéndome (y unen a la Fundación del Garabato) con esta Little Italy que, por concreción geográfica, nombramos Angera [entre Lombardía y Piamonte, a orillas del lago Mayor]. Y lo hace echando mano del abecé, que es un modo ágil pero disciplinado de organizar las ideas y sujetar la imaginación, siempre desbocada, que haría correr la pluma por meandros imprevisibles.”
La circunstancia vital, en efecto, coincide en este año pandémico y de triste memoria con el vigésimo aniversario de su viaje a Italia, adonde llegó desde su Zaragoza natal para trabajar en el departamento de publicaciones de un centro de investigación de la Comisión Europea.
Por las páginas del libro pasan Garibaldi y los Visconti-Borromeo, Dario Fo y Alessandro Volta, Michelangelo y Pascoli, los partisanos y los obreros de la cerámica, castillos y autómatas, hallazgos científicos y ritos mitraicos, bandidos y fantasmas de lago, con abundantes reflexiones sobre cine y literatura, botánica e historia del arte, notas de paisaje, arqueología, gastronomía, fotografía, ecología… Un auténtico cuaderno misceláneo, de viajero siempre alerta que va sorprendiendo, con ojos españoles, conexiones y contrastes en esta parte de Italia casi rayana con Suiza.
Cada libro de Beeme es un juego, una alegre experimentación con la escritura interminable. En éste sigue a su admiradísimo Cortázar al proponer una lectura libre o combinatoria: “Léase a pizcos, de seguido o llevados de la curiosidad onomástica, cualquier camino os conducirá al meollo cuántico que se despliega de la A a la Z, o viceversa, porque esos, de momento, son los dos polos de la cartografía anímica entre los que discurren nuestras garabatas andanzas.”
Yo le conozco casi desde su llegada a mi país, y os aseguro que su cabeza es un hervidero (“tiene muchos grillos”, decimos por aquí) que nunca deja de trabajar. Me honro con su amistad, y él no cesa, generoso, de regalarme con sus ideas.
Waldo Sanguinetti, El Pollo Urbano, nº 203
domingo, 3 de febrero de 2019
El cuaderno de Vicente
Esta película es un cuaderno de dibujo extraviado, una casa amarilla y pobre, unos zapatos asoleados que entre lavandas caminan y caminan.
Tres razones muy mías por las que me he plantado ante la pantalla y he dejado que Schnabel me cuente su Van Gogh. Diría, pretenciosamente, que iba yo a cerrar el triángulo de miradas abierto por dos artistas quienes, a su vez, se espejan uno en la luz del otro. Me gusta ese cuaderno o borrador de niebla (brouillard), que era un libro de contabilidad de tapa dura y por eso la señora Ginoux, sin sospechar su precioso relleno de tierras y negras tintas, lo dejó apilado en un estante del café de la estación de Arles. Contiene una sesentena de dibujos, a lo largo de dos años de fatigar los campos provenzales, y en ellos hay sudor y hay polvo, pliegue, rasguño, línea que busca y se desespera, manchón, quizá lágrima.
Cuando asoman, en la página fílmica, intervalan el retrato alucinado de Dafoe, que solidario del modelo traspasa sus raptos violentos y sus vacíos de memoria, su cotidianidad frugal, su amor por Theo y por Gauguin (casi filial el uno, el otro dolido, huérfano), su éxtasis de hombre natural, su miedo a perder pie definitivamente.
Me quedan cuadros, de este cine abocetado, que a despecho de la narratividad (no busquen la enésima biografía) excavan en mi inconsciente emocional: la estancia espartana, las botas hambrientas, la yerba subjetivamente desenfocada, el caminante crepuscular con sus achiperres al hombro, artistas de cuatro francos en torno a un quinqué de absenta, pero sobre todo la caja de humilde pino con ese cadáver blanco rodeado de buenos ciudadanos que, ahora sí, ya nada importa, se deciden a mercar uno de esos grumos de color salvaje para sus interiores burgueses.
cfr. Revista El Pollo Urbano, sección Pantallas
domingo, 16 de diciembre de 2018
jueves, 5 de julio de 2018
sábado, 30 de diciembre de 2017
miércoles, 1 de noviembre de 2017
Cuadernos lacustres
martes, 6 de junio de 2017
miércoles, 15 de febrero de 2017
martes, 20 de diciembre de 2016
Imaginativos deseos para 2017
Gianni Rodari, Cuaderno de fantástica, c. 1940
(primera versión de Gramática de la fantasía)