Como anoté por ahí, "viajando a ritmo ajeno y dibujando por las brechas". No era mi viaje y fue interesante reflejarlo como pude, hasta el punto de que hubo quien me dijo "no te reconozco en esos dibujos".
Me ha gustado. Yo tampoco me reconozco y eso es bueno, constatar mudanza.
Lo he pasado bien dibujando de pie, a veces en marcha, calle Clérigos abajo. Sigo haciendo anotaciones insustanciales en mi diario gráfico y compongo con lo que hay a mano, desde la etiqueta del vino hasta la mancha amarilla.
Nada que ver con el preciosismo que vi el año pasado, el resultante del Simposium Mundial de Urban Sketchers. Dibujo de mero aprovechamiento de colas hacia lo absurdo, pues si bien la librería es preciosa, es imposible disfrutarla en avalancha. ¿Alguien se fijó en los sinuosos raíles del suelo? Yo sí, que bajé la vista para salir pitando.
Dios, el Diablo y el Douro, viven en los detalles; todo depende de cómo mires.
No paré hasta encontrar pegamento para parchear un error tipográfico. Me lo dio el artesano a quien compré la funda del próximo cuaderno. El lapsus tuvo su aquel, que me puse a duplicar en automático la línea superior... Es lo más interesante de esta doble página, de ahí el recuerdo.
Admiro a Juanjo Tornero. Tengo sus dos libros de dibujos cuaderneros y los repaso a menudo. Me encanta el modo en que refleja aperitivos, comidas y momentos alrededor de una mesa.
La selección de bocadillos (los hablados, no los de comer) tiene su miga. ¡Se dice tanto! Si te van a criticar por el escaso parecido o la fealdad de tus retratos, dales a tus amigos otras carnazas y sírvelas a los postres y en caliente...
Más a la carrera, que había que marcar los hitos de una guía o desayunarse con vinos. ¡Ea!
¿Y qué si eres el raro, al sol y a proa?
¿Y qué si no llevas ni un verde en la paleta?
Tienes más en común con el río que nadie a bordo: has rellenado pincel con el propio Douro, te dejas llevar por el momento y la vista, los recodos siempre te cogen desprevenido, en medio de otra corriente, y sin embargo fluyes hasta donde te contienen, te represan, hasta donde te dejan o excluyen.
Hay pasajeros más pendientes de lo que haces que de las vistas: no son los dibujos, es la actitud lo que intriga.
Actitud, actitud, actitud...
Que no puedan contigo los no-lugares.
Ni Ryan Air.