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martes, 10 de enero de 2023

Reto de lectura 2022

Un año más he superado mi reto de lectura de GoodReads y no sabéis lo feliz que me siento por ello. He dedicado más tiempo a leer y eso se ha notado en el registro final, superando los treinta libros que me había propuesto. Al final han sido 35 y para 2023 he puesto ahí el listón, a ver si consigo mantener mis hábitos lectores al mismo nivel que hasta ahora. 

He de decir que he disfrutado bastante de mis elecciones aunque ha habido dos o tres libros que no me han gustado demasiado y que no recomendaría. Si queréis más información sobre mis puntuaciones podéis visitar mi perfil de GoodReads, pero por ahora os dejo aquí mis favoritos del año 2022, a ver si coincidimos en alguno:

El corazón de los hombres (Nickolas Butler)

Este escritor se ha confirmado como uno de mis favoritos de los últimos tiempos. Si el año pasado consiguió emocionarme con "Canciones de amor a quemarropa", este año ha hecho lo propio con esta novela que vuelve a ahondar en la América profunda, con personajes que sobreviven a sus circunstancias y se relacionan con más o menos acierto desde la honestidad de sus sentimientos. Seguiré leyendo a Butler, sin ninguna duda.

 

Las uvas de la ira (John Steinbeck)

Me propuse leer más clásicos y me lancé a por esta obra cuya extensión y temática me imponían bastante. Todas mis dudas se disiparon en las primeras páginas y me sentí completamente cautivada por el desesperado éxodo de las familias de granjeros del Este de Estados Unidos hacia la cálida California durante la época de la Gran Depresión. Un retrato durísimo del capitalismo salvaje, el hambre y el clasismo, pero al mismo tiempo una muestra de solidaridad y esperanza. 
 
Novela muy polémica en su momento, ganó el premio Pulitzer en 1940 y constituye una lectura imprescindible.


La verdad sobre el caso Harry Quebert (Jöel Dicker)

Repito también con este autor suizo que ha hecho de la novela de misterio su emblema literario. Entretenida y con interesantes giros argumentales, esta obra me tuvo en vilo durante varios días y merece un puesto entre mis destacadas del año. El protagonista, un escritor bloqueado, encuentra la inspiración mientras reconstruye la truculenta historia de su mentor, acusado del asesinato de una joven novia años atrás. 
 
Como en el caso de Nickolas Butler, seguiré leyendo libros de Dicker porque por ahora son un seguro de satisfacción.


Vírgenes, esposas, amantes y putas (Amarna Miller)

Hace ya bastantes años que sigo el trabajo de esta artista a través de sus redes sociales. Comparto su opinión sobre algunos temas sociales que ha planteado en sus vídeos y publicaciones, además de su interés por el bienestar mental. En este libro reflexiona desde el feminismo más básico sobre diversas cuestiones, con el hilo conductor de sus propias experiencias personales. Las relaciones de maltrato, el trabajo sexual, las actitudes sexistas o la autoestima de las mujeres son algunos de los temas que aborda este interesante ensayo.


La cantina de medianoche 5 (Yarõ Abe)

De entre los cómics que he leído este año, he de destacar este que quizás a algunos de vosotros os suene porque tiene una serie de ficción que se puede ver en Netflix. El argumento, basado fielmente en el manga, es bastante sencillo: un enigmático cocinero prepara los platos que sus clientes le piden en su cantina nocturna, situada en un bullicioso barrio de Tokio. 
 
Comensales de todo tipo pasan por el local, donde se van hilando historias asociadas a los recuerdos de las recetas que el chef les cocina. Tanto el manga como la serie de TV tiene 5 volúmenes/temporadas, y he de puntualizar que empecé a leer por el último gracias a la dislexia numérica de Exseminarista ye-ye, que me regaló el número 5 convencido de que era el primer tomo.


Intemperie (Jesús Carrasco)

Una novela diferente, opresiva, que narra la huida de un niño por un paisaje rural sin ubicación ni época concreta. En un entorno herido por una pertinaz sequía, el pequeño sufre la maldad de los mayores, el odio, la desconfianza, el dolor que supone el hambre pero, sobre todo, la soledad. La obra va desgranando los motivos de su escapada y el ambiente hostil al que se enfrenta cada día, sólo ayudado por un viejo cabrero. Una lectura que duele mientras pasas las páginas. 
 
Fue otra de las maravillosas recomendaciones que voy anotando al visitar el Instagram de la actriz Maribel Verdú.


La uruguaya (Pedro Mairal)

Este libro también me lo apunté al visitar una cuenta de Instagram, creo recordar que la de Creatibea, y me ha gustado muchísimo. Es una novela corta, con toques de humor, en la que se narran unos sentimientos primarios dentro de una historia moderna. Realiza una reflexión sobre la vida en pareja y las responsabilidades familiares a través de la crisis de la mediana edad que sufre el protagonista, que deberá replantearse su futuro tras un corto viaje de imprevisibles consecuencias.


Por si las voces vuelven (Ángel Martín)

El cómico, guionista y presentador de TV Ángel Martín se aventuró también en el mundo literario con este libro en el que desgrana los entresijos de la salud mental en primera persona. Martín sufrió un brote psicótico que lo mantuvo ingresado en un hospital psiquiátrico durante algunos días, experiencia que comparte en esta obra. Me ha parecido un relato muy honesto y que pone en el punto de mira la fragilidad de la salud mental y la necesidad de hablar más de ello.

De ahí surgió también el podcast que lleva el mismo título del libro, "Por si las voces vuelven" (del que yo también hablé aquí), que incluye charlas sobre este tema con artistas o personajes destacados de las redes sociales. 

Ha sido un año fructífero como lectora pero también como escritora, y no me refiero exactamente a este blog, que sobrevive a duras penas y por razones que realmente desconozco. Próximamente os hablaré de un proyecto que llevaba muchos años esperando a que llegara su momento y que confío en que que vea por fin la luz en breve. Pero mientras, querido lillusiano, haz como Christopher: Lee!

viernes, 8 de abril de 2022

Malditas ganas

No soy muy fan del formato podcast, pero en los últimos días, aprovechando una lumbalgia que me ha dejado fuera de combate, me he pegado un atracón con el de Ángel Martín, "Por si las voces vuelven". Estas conversaciones surgen tras la publicación de su libro del mismo título, donde el autor relata su experiencia tras sufrir un brote psicótico que requirió el internamiento en la planta de psiquiatría de un hospital durante un par de semanas. Me leí el libro hace unos meses y me gustó mucho su visión personal de la locura, con pocos apuntes morales y una detallada descripción de sus pensamientos y sensaciones durante el evento.

Aunque no todos hayamos tenido trastornos graves, está claro que la salud mental es algo muy frágil que no se ha cuidado adecuadamente hasta hace muy poquito tiempo y que sigue necesitando de grandes esfuerzos personales, sanitarios, sociales, económicos y políticos para mejorar en su enfoque. Como dije en este post, yo llevo en terapia algo más de 2 años y es una de las mejores cosas que he hecho en mi vida. Las sesiones con mi psicóloga me han ayudado a encontrar y aplicar herramientas para manejar determinadas situaciones que en algún momento se me iban de las manos y me hacían sufrir.

En el podcast que comento, Ángel Martín charla con varias personas más o menos conocidas, sobre todo músicos y artistas, sobre sus problemas de salud mental, sus momentos de conflicto emocional y lo que han hecho o están haciendo para superarlos. Creo que ayuda bastante sentirnos acompañados ante situaciones de extrema tristeza, vacío o indefensión, de las que creemos que nunca podremos salir. No sólo alguien más lo ha vivido y te ayuda a comprender donde te encuentras, sino que muchos de los que comentan sus vidas en este podcast transmiten claramente las mismas sensaciones que posiblemente nosotros estemos sintiendo en medio de una depresión o de una crisis de ansiedad, por ejemplo.

Posiblemente exista mucho más material sobre el tema, pero me gusta especialmente el ambiente de sinceridad y confianza que Ángel Martín ha creado en este podcast, un entorno seguro donde personas famosas se prestan a desnudar su intimidad emocional compartiendo sus roturas internas, sus desequilibrios y sus inseguridades, con todo lo que ello conlleva para artistas que viven en gran parte de la imagen que proyectan. Aunque pueda existir un abismo entre la situación de estos profesionales y la nuestra, a todos los niveles, en el fondo todos los humanos somos susceptibles de perder en algún momento la conexión con la realidad y no lograr recuperarla solos. Las conversaciones del podcast transmiten mucha verdad y, en mi caso, me motivan a seguir mejorando algunos aspectos vitales en los que todavía estoy trabajando.

Es importante tener claro que no todos afrontamos igual la misma cuestión ni tenemos acceso a los mismos medios. Lo que nos sirve a unos puede no ser útil para otros, aunque el problema sea el mismo, pero es cierto que hay aspectos comunes ampliamente estudiados por la ciencia, como los beneficios del ejercicio físico, que todos podemos utilizar. Cuando yo empecé a correr descubrí que eso me hacía inmensamente feliz de una forma inexplicable. Realmente fue un arrebato, porque yo venía de unos hábitos bastante caseros y sedentarios en general, pero me arriesgué a probar y encontré en salir a correr una de las motivaciones más fuertes para reordenar mi vida. A mucha otra gente le habrá servido el yoga, el ciclismo o la natación; la herramienta es distinta pero el resultado es parecido. 

En ese sentido, creo que es bueno conocerse y ser sincero con uno mismo, hacer un pequeño esfuerzo por vernos desde fuera y preguntarnos si somos como queremos ser o sólo nos estamos dejando llevar. Podemos aprender mucho de los demás y descubrir formas diferentes de hacer lo mismo, incorporar actividades nuevas a nuestras rutinas o retomar aquéllas que hace tiempo que no practicamos y que nos gustaban. Puede que llevemos 10 años haciendo algo del mismo modo pero nos demos cuenta de que ya no nos sirve. El miedo a tomar decisiones y a cambiar algo es a veces muy paralizante, pero ya solo pedir ayuda para afrontar cualquier situación nos hará sentirnos mejor. Reconocer que nos sentimos mal y no podemos o no sabemos manejarlo supone más un éxito que un fracaso y muchos pasos pequeñitos conforman al final un gran salto.

En "Por si las voces vuelven" podéis escuchar las experiencias sobre salud mental de gente como Mercedes Milá, Dani Martín, Carolina Iglesias o James Rhodes, por nombrar algunos de los más populares. A mí esta escucha me ha aportado además el descubrimiento de la música de varios artistas, como por ejemplo Bely Basarte, que también es protagonista de uno de los capítulos del podcast y con la que hoy quiero ilustrar esta entrada. 

Bely Basarte empezó su carrera con apenas 20 años haciendo covers en su canal de YouTube. En 2014 ganó el premio del público en el Festimad y un año después publicó su primer disco en plataformas digitales. Su preciosa voz y sus composiciones le han llevado a tener en la actualidad más de medio millón de suscriptores en su canal de vídeos y una importante repercusión en el panorama musical español. 

Y como llevo varios días escuchando en bucle esta canción, "Malditas ganas", en la que colabora con el rapero Rayden, he decidido que sea la música del blog en las próximas semanas.

viernes, 25 de marzo de 2022

La polilla

Your Light, by ErinM31 en DeviantArt
Hace algo más de un año decidí armarme de valor e ir compartiendo algunos de mis textos, las historias que he ido escribiendo durante los últimos 30 años y que rara vez han visto la luz fuera de mi círculo más cercano. En este enlace, donde publiqué "El macarrón Napoleón", tenéis una breve explicación de por qué me cuesta tanto abrir mi literatura al mundo.

Hoy llega a Lillusion otra de aquellas creaciones guardada durante años en un cajón, un relato intimista de corte lírico marcado por el amor, el dolor, la frustración y el miedo. "La polilla" expresa una dicotomía de sentimientos encontrados entre el querer y el deber, algo que quizás muchos de vosotros hayáis conocido también en algún momento de vuestra vida. Esta historia narra una lucha semántica entre recordar y olvidar y la confirmación de que el resultado de la búsqueda siempre depende de la perspectiva del que busque.

Sin más preámbulo, bienvenidos de nuevo a la mente literaria de Lillu:

 

                  La polilla                   

La lámpara ofrecía una gélida luz blanquecina. Una polilla volaba sin rumbo tras la bombilla, errante como una cometa olvidada. El aire enmohecido apenas se podía respirar. El humo nublaba todo lo que ella había amado alguna vez, todo lo que ella había aferrado entre los dedos y luego había dejado escapar. Su ilusión también volaba, pero muy lejos de sus deseos, muy lejos de su esperanza. Su voz sonaba ronca en susurros, sin llegar a percibirse más que un murmullo apagado.

Él consumía los minutos ante un reloj. Marcando cada minuto con sangre no acertaba a ver más allá del horizonte gris. Gotas de incauto sudor desafiaban el frío. Su puño cerrado golpeó la mesa y el dolor, apenas perceptible, lo llenó de impotencia. Golpeó de nuevo y lloró. 

Ella, acurrucada en un rincón, pretendía olvidar todo aquello de lo que el alma no puede despojarse. Su esfuerzo tensaba los músculos hasta hacerlos casi estallar y la tensión la dejaba exhausta en una olvidada esquina de ninguna parte. Él cerraba los ojos pero la intuía en su mente, desesperada y engañosa, como la primera luz del alba en un día de niebla. Ella quería olvidar; él daba su vida por un recuerdo.

Pasaron las horas lentamente, como si el día fuera eterno y el mundo un pozo de metal sin fondo. Ella no conseguía olvidar y él, por más que lo intentaba, no lograba suscitar ningún delirio pasado en su cansada y desnuda mente. En algún momento, hace más tiempo del que quisiera, había vivido pasiones sin nombre, había sentido el calor de un cuerpo a su lado, sin culpables ni inocentes. Lo sabía, pero no conseguía recordarlo. 

Ella veía tortuosamente en su memoria día tras día, beso tras beso, entrega tras entrega,... Y le dolía el corazón, aquel corazón de cristal que, muy a su pesar, era más fuerte que mil soldados en batalla y se negaba a caer derrotado. Minutos ajenos sentía como suyos. Un sentir robado la deshacía en arena mojada que el mar jamás arrastra consigo hacia el interior. Dejarse llevar era ya una odisea que un muro de deseos prohibidos le impedía plantearse.

De pronto, un recuerdo, ajeno como todos los demás, cruzó su mente y se detuvo en un callejón sin salida. El recuerdo se mantuvo inmóvil, sin querer avanzar en el tiempo. Él relajó sus miembros y, de repente, notó cómo una leve reminiscencia lo envolvía. No se atrevió a moverse por si perdía aquella sensación olvidada. Ella identificó aquel recuerdo y, al mismo tiempo, él lo encontró entre un millón de escombros de pasiones vividas y calcinadas. Por unos segundos se encontraron los dos en un mismo recuerdo, amargo y dulce a la vez, indescifrable y claro. Claro como la luz de la lámpara, como en un cuento de hadas, donde una polilla revoloteaba sin descanso buscando un recuerdo que, por fin, había conseguido olvidar.

(c) By Lillu

martes, 22 de febrero de 2022

Las obsesiones de Lillu (III): la cronología

Aprovechando que hoy es 22-02-2022 (para mí son muchos patitos, lo mires por donde lo mires), me gustaría descubriros una de las bonitas manías de la Lillu, que con el tiempo casi se ha convertido en una pequeña obsesión digna de aparecer en esta seccion del blog: la cronología

Hablando con una amiga hace unos días le comentaba que tengo la costumbre de leer los libros de mis autores favoritos por orden cronológico, es decir, los más antiguos primero y luego seguir hasta las últimas publicaciones. Aunque no parezca nada demasiado extraño a priori, he de decir que aplico esa norma también al cine de mis directores o intérpretes preferidos y a la música. Ya suena suficientemente obsesivo y raro ahora, ¿verdad? :D

El caso es que a veces leo libros o escucho canciones por azar, por recomendaciones o sugerencias de amigos, pero en cuanto constato que el autor me gusta lo suficiente como para consumir más productos suyos, suelo acudir a sus páginas web o a la Wikipedia para ver el orden cronológico de sus obras y buscar las primeras en el tiempo. Esto podría tener una explicación más allá de la simple manía, puesto que considero que las personas evolucionamos con el tiempo y, para poder valorar una obra actual de algún creador, puede ayudarme conocer antes sus orígenes y sus trabajos anteriores. 

Aplico este criterio con especial empeño en las series de libros, como por ejemplo las de Lorenzo Silva con Bevilacqua o el Mundodisco de Terry Pratchett, ya que así sigo mejor la evolución de los personajes y evito perderme detalles importantes para entender la historia. Creo que esto sí es ya más habitual entre los lectores o los fans del cine, aunque quizás los de Star Wars discrepen un poquito. A veces seguir esta cronología no ayuda en nada o las obras son totalmente independientes y da igual el orden en que te lleguen, pero a mí personalmente me aporta un extra de tranquilidad hacerlo así. Por descontado, asumo que todos seguimos el orden de los capítulos y temporadas de series de TV de esta forma sin relacionarlo con ningún tipo de trastorno.

Es cierto que esta elección cronológica hace que muchas veces tarde demasiado en llegar a las últimas publicaciones y nunca consiga ponerme al día con la actualidad de algún autor, salvo que me enganche tanto como para realizar un visionado, lectura o escucha compulsiva, que de eso también tengo lo mío. En caso de que no sean series con los mismos protagonistas, sí me salto a veces títulos que claramente no me interesan y dudo que lleguen a hacerlo en un futuro cercano, lo que agiliza mi puesta al día.

Los órdenes cronológicos llevan en mi vida ya mucho tiempo conviviendo con mis otras obsesiones, creo que asociados a mi necesidad de control sobre determinados aspectos de mi vida y entorno. Y aunque puedo leer perfectamente algo fuera de ese estricto orden o escuchar un disco de un músico que me encanta sin tener que rebuscar en sus inicios, lo habitual es que si alguien me gusta mucho sí vaya a investigar todo su trabajo desde el principio de forma cronológica. Esto puede estar también relacionado con la sensación de "perderse algo" que siempre sufro cuando llego tarde a algún evento, por ejemplo cuando veo una película empezada, algo que evito al máximo ya que me produce un desasosiego importante (aquí otra de mis obsesiones conocidas: no llegar tarde al cine).

Desconozco si esta forma de consumir ocio está extendida o soy una friki rarita que está obsesionada con la cronología y el orden numérico como podría estarlo con cualquier otra cosa, como los Excel de gastos, las tablas de valores médicos de las analíticas o los listados de lecturas... Ah, espera, que todo eso también lo hago y en orden cronológico... Ups.

¡Viva la numeración!

martes, 4 de enero de 2022

Reto de lectura 2021

Como ya hiciera el año pasado por estas fechas, os comento hoy mi Reto de Lectura 2021, recogido en la comunidad de GoodReads. Para mi sorpresa, he superado el reto, ya que he leído un total de 30 libros, 5 más de los 25 que me había propuesto y que no alcancé en 2020. Aunque no hay obras demasiado largas, he leído casi 2.000 páginas más que el año anterior y he de decir que me siento bastante orgullosa.

Este año he dedicado más tiempo a la lectura y lo he hecho de forma más relajada. Me encanta la sensación de verme atrapada por un libro y leer sin parar durante un buen rato. De esas lecturas, ocho han sido novelas gráficas y, aunque he vuelto a abandonar un par de libros este año, en general he disfrutado mucho de mis elecciones. Vuelvo a insistir con las historias tristes y las tragedias, que son los libros que precisamente más me enganchan, qué le voy a hacer. Allá van mis favoritos de 2021:

La tregua (Mario Benedetti)

Este libro fue un bonito regalo que me hicieron y lo disfruté muchísimo. Aunque todavía hay demasiados autores clásicos pendientes en mi repertorio, voy poco a poco intentando darles cabida en mi universo literario. La verdad es que no sé cómo había tardado tanto tiempo en leer a Benedetti, porque esta obra me ha parecido dolorosamente maravillosa. Seguro que repetiré con él.

Regreso al Edén (Paco Roca) 

Uno de los cómics que más me ha gustado este año. Paco Roca es un habitual en mis estanterías físicas, ya que el resto de lo que leo lo hago prácticamente todo en digital. En esta novela gráfica vuelve a ahondar en la familia, las historias oscuras del pasado, los secretos que planean sobre cualquier grupo y las complicadas relaciones de aquellos con los que estamos unidos por sangre.

Open (Andre Agassi) 

No acostumbro a leer biografías, pero con este libro del tenista Andre Agassi hice una excepción ya que lo seguí mucho durante su carrera deportiva y me despertaba curiosidad su historia personal, que había conocido a retazos. Es un libro interesante y, sobre todo, muy honesto al contar su infancia, su relación con el tenis y sus sentimientos hacia las personas que lo rodean en cada época de su vida.

El país de las últimas cosas (Paul Auster)

Otra vez Paul Auster me cautiva. Es cierto que no puede fallar conmigo con una historia postapocalíptica, dramática hasta la extenuación y cargada de aristas, pero de nuevo consigue que no pueda parar de leer, que me emocione y que viva todo lo que me cuenta como si estuviera allí. Cuando necesito reconciliarme con la literatura siempre vuelvo a él.

Esperando a Mister Bojangles (Olivier Bourdeaut)

Una sorpresa, cuyo inicio me descolocó un poco pero que a medida que avanzaba me fue enamorando. Es una fábula muy tierna con toques de realismo mágico, una historia de penas y alegrías, de amor y locura, contada a través de los ojos de un niño. Lo leí gracias a la actriz Maribel Verdú, ávida lectora que suele compartir en Instagram los libros que lee y que me ha descubierto verdaderas joyas literarias.

Los asquerosos (Santiago Lorenzo)

A pesar de que he visto opiniones muy negativas de esta novela, sobre todo por su vocabulario rebuscado, he de admitir que yo la leí con una avidez de lo más satisfactoria. La historia me parecía tan real y tan cercana que obvié todo lo demás. Mezcla de una manera sublime la crítica social con la supervivencia rural, aderezado con toques de humor que a veces rozan el absurdo.

Canciones de amor a quemarropa (Nickolas Butler)

Una novela intensa que me enganchó casi desde el principio, con retazos de la vida rural de un grupo de jóvenes en la América profunda. Me gustó especialmente el perfilado de unos personajes que nos van contando la misma historia común desde sus puntos de vista personales, cómo poco a poco se han convertido en adultos que arrastran consigo todos los errores y aciertos de su trayectoria vital.

Agnes (Javier Peña)

Otro regalo bonito que me hizo una gran amiga, obra que quizás nunca habría descubierto de otro modo. Es un libro muy intrigante, como un clásico de novela negra, con un fuerte componente de juego psicológico y un plus añadido de escenarios conocidos (parte de la historia transcurre en Santiago). Me mantuvo en vilo durante los días de lectura y me inquietó más de lo que me esperaba. 

Todos estos libros tienen en común que me despertaron multitud de sentimientos: dolor, miedo, alegría, excitación, angustia, tristeza, rabia, ternura,... Leer significa para mí absorber historias, sentir que de repente las vives desde dentro, como si estuvieras en una esquina del lugar donde transcurre la acción. No son libros para todo el mundo, está claro, pero para mí son los mejores de los leídos en 2021.

Y como me he crecido un poco con lo del reto, este año 2022 me propongo alcanzar de nuevo los 30 títulos. Además, estoy más predispuesta a salir de mi zona de confort, añadiendo más autores clásicos y géneros diferentes. Ya os iré comentando mis progresos.

sábado, 30 de enero de 2021

El macarrón Napoleón

El macarrón Napoleón

Desde siempre me recuerdo escribiendo cosas. De pequeña escribía historias inventadas, cartas a amigas; después diarios, listas de actividades que quería hacer, más cartas; luego reflexiones, retazos alegóricos de mis vivencias; más tarde noticias, notas y textos para mi trabajo; y mucho después llegó este blog. Tengo dos novelas que posiblemente jamás verán la luz, una porque tardé más de 8 años en terminarla y perdió toda vigencia, y otra que permanece inacabada desde hace ya bastantes años, en espera de ese final inspirado que nunca llega. Cada vez que las reviso les cambio cosas y soy absolutamente incapaz de cerrarlas definitivamente y darlas por buenas. 

A lo largo de mi vida he compartido poco mis textos, sobre todo por vergüenza y porque he estado rodeada de escritores mucho mejores que yo al lado de los cuales me siento pequeñita. Los privilegiados que han leído algo escrito por mí son mis parejas, amigos íntimos o personas que en su momento consideré de confianza para abrirles ese trocito de mi intimidad literaria.

Y hoy vengo a romper esa línea. ¿Por qué? Pues quizás porque me doy cuenta cada vez más de la fugacidad de la vida, de nuestra existencia finita y de que, sea bueno o malo, tenga o no calidad, todo lo que creamos y no compartimos o mostramos al mundo acaba por morir. Sigo a algunos escritores aficionados en redes sociales y los admiro por ser capaces de ofrecer sus trabajos sin el pudor que a mí me da abrir esa vertiente de mi creación. Que oye, igual también lo sufren, pero seguro que lo manejan mucho mejor que yo.

El caso es que hoy quiero sacar a la luz la breve historia del macarrón Napoleón, una inocente pieza de pasta que creyó haber encontrado la razón de su existir pero se equivocaba. Tiene moraleja, como las fábulas clásicas, así que leedlo con cariño, empatía y la benevolencia que da saber que fue escrito hace ya un buen montón de años y posiblemente contenga más errores que aciertos dentro del género literario en que se ubica. Y sobre todo tened en cuenta que posiblemente todos hemos sido el macarrón Napoleón en algún momento de nuestras vidas.

Hoy en Lillusion, en absoluta primicia digital, 

 

"El macarrón Napoleón"

Esta es la historia de un macarrón que quería dominar el mundo. No era un macarrón común; era un hermoso tiburón rayado de sémola de trigo duro, redondeado, de primera calidad y totalmente original, nada de novedades al huevo o con espinacas. Él era un ejemplar de pasta tiburón de los de toda la vida.

Su idea de dominar el mundo surgió un día dentro del tarro de la pasta, mientras esperaba su turno para la cocción, la ingestión, la degustación, la deglución, la digestión y la desintegración. Se preguntó: ¿y si mi destino no es el de todos mis congéneres? ¿Y si yo he sido creado para ser algo más, para hacer algo grande y ser recordado como el mejor macarrón de la historia? Ahí comenzó a urdir su plan.

La estrategia era sencilla. Lo primero era huir del paso inevitable para todo macarrón: la cocción en agua hirviendo ligeramente salada. Dicho y hecho. Dos días después, mientras el bote de cristal se inclinaba hacia la olla al fuego, él se escurrió fuera del recipiente y saltó al suelo. “¡Vaya!”. Lo recogieron y lo echaron en un cubo de basura casi repleto. No fue agradable, pero nadie dijo que aquello sería fácil.

A última hora de la tarde alguien cogió la bolsa negra de basura, la cerró y la depositó en un contenedor comunitario de desechos. El macarrón se encontró solo dentro de la bolsa, rodeado de cientos de productos extraños, la mayoría en muy mal estado. Pero enseguida comprendió que todo héroe tiene que pagar su precio por alcanzar la inmortalidad y él estaba dispuesto a hacer lo que fuera para lograr su objetivo. De hecho, su plan avanzaba con paso firme y estaba seguro de no haber dejado nada al azar.

Durante las dos o tres horas siguientes trabajó mentalmente en su estrategia, endulzando sus harinas con las mieles de un triunfo que no dudaba en conseguir. Después, alguien vació todas las bolsas del contenedor en un enorme camión. Se acercaba el segundo paso de su plan, para el que tenía que estar preparado. Se alisó las rayas y se aclaró su voz gruesa de tiburón.

Cuando el camión volvió a ponerse en marcha, se deslizó hacia un agujero de la bolsa y salió de ella, para encontrarse en medio de un paraíso de basura grasienta y maloliente. Aguzó la vista, buscando lo que le interesaba y, en la distancia, divisó una espiral de zanahoria, un par de fideos de sopa escuálidos, dos tiburones rayados, aunque de otra marca peor que la suya, una estrellita de sopa integral y unos cuantos spaghetti lisiados. Se acercó al grupo hinchando la barriga.

-        ¡Hola, hermanos macarrones!

-        Qué hay, tiburón – contestó una voz de entre aquella chusma de pasta.

-        ¿Qué hacéis por aquí?

-        Pues yo estoy planeando dominar el mundo – dijo la espiral naranja.

-        Yo también, - añadió presto uno de los fideos – pero aquel spaghetti nº2 de allí ya tiene a una docena de seguidores.

-        Y yo soy el macarrón pluma que dominará el mundo – dijo otro que acababa de incorporarse al grupo.

-        ¿Y tú qué haces por aquí, tiburón? – le preguntó con desinterés la estrellita.

-        ¿Yo?... Yo… yo nada, me caí de la olla donde me iban a cocer.

-        Vaya, qué putada, tío.

El macarrón se alejó cabizbajo avergonzándose de su soberbia y deseando ser aplastado por la siguiente vuelta del triturador del camión de la basura.

 

(c) By Lillu