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viernes, 17 de noviembre de 2023

Steven Wilson: The Harmony Codex (2023)

 "La luz al final del camino..."

Si algo no se le puede negar a Steven Wilson es su espíritu libre e inquieto. Sin ir muy lejos, viene de una década realmente brillante, ya sea homenajeando a los próceres del progresivo en The raven that refused to sing (2013) o girando hacia sonidos más amigables (claramente en busca de ese hit memorable que él mismo ha comentado en sus conciertos no tener) en la pasada por Hand.Cannot.Erase (2015) +  To the bone (2017). Sin embargo, cosa curiosa: pese al éxito cosechado, el vocalista decidió salir de ahí y enfrentarse a un precipicio auto impuesto. Fue entonces cuando optó por ese salto sin red titulado The future bites (2021) y este The harmony codex no se queda atrás, insistiendo en el trabajo electrónico, llevándolo aún más lejos y encerrándose en estructuras exploratorias tan desconcertantes como fascinantes.

Steven Wilson vuelve acá a soltar la cuerda de la creatividad y decide jugar a placer. Aunque a diferencia de lo realizado dos años atrás, regala algunas perlitas que "matizan" el asunto. Habrán pasajes en el álbum que coqueteen con un progresivo tradicional, ahí tienes los diez pomposos (aunque geniales, vaya joya de tema) minutos de 'Impossible tighrope', baladas acústicas bonitas esperables de su autoría como 'What life brings' (donde se disfraza de David Gilmour en los cuidados solos) o piezas emocionalmente intensas como 'Rock botton' junto a su fiel Ninet Tayeb. Sin embargo, estos no son más que pequeños guiños puestos ahí para evidenciar el que no le costaría volver a todo eso, el punto es que no quiere, no le apetece ni interesa. ¡Y lo entiendo! Si finalmente Wilson ya tocó las teclas que debía tocar durante veinte años, ¿buscas ese tipo de música? Ahí tienes la discografía completa de Porcupine tree para indagar (incluso el más reciente Closure/Continuation, en total piloto automático), su catálogo en solitario previo a 2020 + proyectos extras (Blackfield, por ejemplo). Esto es otra cosa, y no hay más. Lo tomas o lo dejas. 

Aunque no todo funcionará acá, con momentos donde al buen Steven pareciese le cuesta hacer pie con este sonido. 'Inclination' es la prueba más clara. Abre el álbum e ilusiona con esa intro oriental y explosiones muy a la Peter Gabriel (¡esa batería en plan 'Red rain'!), sin embargo, el tema se dilata y pasando el minuto tres acaba perdiéndose en el relato, volviendo a nosotros unicamente en su minuto final gracias a una guitarra que regala delicados paisajes. Pero eso, el tema funciona a chispazos unicamente. Algo similar le ocurrirá en 'Economies of scale', con esa electrónica minimalista que recuerda al Radiohead era The king of limbs pero que unicamente da vueltas sin llegar a norte claro perdiéndose entre la falta de intensidad y la monotonía. 

Será en la Cara B del álbum donde el asunto si definitivamente abandonará las concesiones y se lanzará en picada a las atmósferas inmersivas, encontrando momentos en donde el viaje crece muchísimo gracias a la exquisita producción que presenta. Y es que el disco a partir de 'Beautiful scarecrow' se sumerge en un pozo lúgubre e inquietante marcado por un notable trabajo de percusiones, las cuales darán paso a las atmósferas tétricas de 'The harmony codex' (otra que se extiende por casi diez minutos) seguidas de la tensión generada en 'Time is running out', primero sobre el piano y luego metiendo electrónica + guitarras (precioso lo del 2:50 en adelante). Lo dicho entonces, que durante toda su segunda parte el álbum parece encontrar aquello que Steven Wilson venía buscando y que confirma en esa recta final armada por la cruda oscuridad de 'Actual brutal facts' seguida de una maquinal y rabiosa 'Staircase', dejándonos un álbum que definitivamente termina mucho mejor respecto a como comienza. 

Ser valiente tiene mérito, más en estos tiempos donde ir a contracorriente no paga. Sin embargo, seamos claros: ningún álbum funciona unicamente por ser osado. The future bites fue la prueba, un álbum que más allá de las buenas intenciones acabó por sonar confuso y poco atractivo. Y es que la exploración continua viene con un riesgo bajo el brazo: acabar perdiendo el rumbo al punto de olvidar que fue lo que comenzaste buscando. En esa lógica, lo de Steven Wilson en The harmony codex parece ser la luz al final del camino. El trabajo no es perfecto, dos o tres temas se le vuelven a quedar a media cocción, habrá además quienes extrañen las guitarras (aunque en el álbum las hay), otros la intensidad (que también hay) y quienes le detesten por retomar esta senda electrónica en lugar de seguir junto a Porcupine tree. Lo cierto es que en su línea, nos ha entregado otro álbum atrevido y uno que en gran parte de su trámite (sobre todo la segunda mitad) trae de regreso al compositor brillante que es y que lo muestra más claro respecto a hacia donde quiere ir. 

¿Canciones? 'Impossible tighrope', 'Beautiful scarecrow' , 'Time is running out' y 'Actual brutal facts'

domingo, 27 de agosto de 2017

Steven Wilson: To The Bone (2017)


Para Marcela, fanática de Gabriel y melómana. Gracias por el cariño siempre sincero...

"El último de los genios" (como me gusta llamarlo), está de regreso. Vuelve tan solo un año después de haber editado 4 1/2, un álbum de "descartes" que contuvo material no incluido en el fantástico Hand.cannot.erase de 2015. Hablamos por tanto de un prolífico de la música actual, un tipo que no ha parado de crear durante la última década y que increíblemente ha logrado equilibrar cantidad con calidad en proporciones similares. La linea del progresivo deprimente, sin embargo, pareció agotarse un tanto con sus últimos trabajos, digamos, que en esa dirección era difícil ya que pudiese avanzar sin comenzar a repetirse de manera descarada. Así lo ha entendido el mismo compositor por lo que en 2017 vuelve a nosotros con un disco que contiene buenas dosis de lo que mejor le conocemos pero donde también donde se regala una serie de gustos, demostrando una vez más que juega en ligas propias. Dicho en simple: el tipo hace lo que le da la gana, y bendito sea por aquello.

En términos generales, To the bone me ha parecido un álbum luminoso, que deja espacio por supuesto a momentos íntimos marca de la casa, como la brillante pasada por 'Pariah', la sensible 'Blank tapes' (en ambas Wilson vuelve a colaborar con la fantástica Ninet Tayeb) o la desnuda 'Song of I' (con aires a Portishead y donde participa la cantante de jazz suiza Sophie Hunger) , pero que en general danza sobre ambientes que derrochan energía y entusiasmo, tanto en actitud como en arreglos. 

Desde el comienzo, de hecho, cuando se entrelazan las notables 'To the bone' (la canción) y 'Nowhere now', el disco se muestra como un álbum de rock dinámico, que funciona con estructuras tradicionales (estrofa/coro todo el tiempo) pero que incorpora cada ciertos momentos exquisitos quiebres musicales que siempre, insisto: siempre, son aporte. Ejemplos claros de lo que menciono son 'The same asylum as before' (¡maravillosa la sutil referencia a Tears for fears en este tema!), donde Wilson se da el gusto de jugar con sus agudos para meter unos guitarrazos tremendos de vez en vez, 'Refuge' con todo su rollo a lo Peter Gabriel en el uso de teclados + percusiones y la directa 'People who eat darkness', tras la cual confirmamos las intenciones del cantautor a la hora de realizar este álbum: escapar un tanto de los tonos melancólicos e intentar acelerar un poco el asunto. Y bueno, aunque el costo sea recibir palos por canciones como 'Permanating', donde el buen Steven comete el crimen de pasarse un gran rato y reconocer sus influencias dentro del mundo del pop, la jugada le ha resultado (una vez más) de maravillas. 

Recién en la recta final pareciese que el guitarrista ha buscado dejar tranquilos a sus fans regalando una pieza extensa como 'Detonation', donde abre la llave del progresivo y se despacha un tema realmente increíble de muchas idas y venidas en cuanto a intensidad y arreglos, mientras que todo cerrará con los cuatro minutos de 'Song of unborn', para mi, el único punto bajo con que cuenta el disco, una canción muy apagada que no encaja por ningún lado con el resto del álbum y que, me parece, podría perfectamente habérsela ahorrado, cerrando de manera apoteósica con 'Detonation'

Como sea y en definitiva, con una producción exquisita y limpia que permite disfrutar de cada instrumento con alta precisión, Steven Wilson se (y nos) regala un álbum de corte más accesible, donde expone sus influencias dentro del pop ochentero (Peter Gabriel, Tears for fears o Kate Bush entre otros), pero que sostiene una valentía admirable y un talento que sigue mostrándose a estas alturas inagotable. Que decir, un extraordinario de la música moderna ...

9 / 10
Brillante.


Otras reseñas de Steven Wilson:
2016 // 4 1/2
2015 // Hand.cannot.erase
2013 // The raven that refused to sing

jueves, 4 de febrero de 2016

Steven Wilson : 4 1/2 (2016)

Notable cierre de una gloriosa etapa. 

Entre lo realizado junto a Porcupine Tree, Blackfield o en solitario, desde 2007 a la fecha contamos diez álbumes que incluyen de una u otra forma la firma de Steven Wilson. Diez. La cifra impresiona no tan solo por lo evidente (hablamos de prácticamente un disco por año desde hace una década) sino por que además el hombre suele no decepcionar. Es así como cada nuevo trabajo de Wilson ha ido dando pasos hacia adelante y entregando muestras de un talento que sigue sin dar señales de agotamiento.

El caso es que tras dos exitosos álbumes como fueron The raven that refused to sing (2013) y el soberbio Hand. Cannot. Erase (2015), tal parece que Wilson no desea que el plato se enfríe por lo que ha decidido regalarlos un álbum de "descartes". Y las comillas van porque ya se quisiese cualquier otro artista un nivel de caras b como las que acá nos encontramos. Si me disculpan la analogía, desde el mismísimo Descartes (1998) de Silvio Rodríguez que no me encontraba con un álbum de "extras" tan notable. 

¿Y qué tenemos acá? 37 minutos de música compuestos por cuatro descartes de su más reciente álbum, uno de las sesiones de Raven y un cover de Porcupine tree. Todo abre con los diez memorables minutos de 'The book of regrets', un tema con estructura cambiante que pasa desde el medio tiempo a las atmósferas reflexivas e incluso metiendo velocidad en algunos momentos, que decir, un manjar. 'Year of the plague' funcionará luego como un interludio instrumental que pretende bajar un tanto la intensidad para dar paso a 'Happiness III', una muy melódica, de coro reconocible y exquisitas aceleraciones. 'Sunday rain sets in' repite la jugada introductoria instrumental para que el álbum entre en su recta final, primero con la fantástica 'Vermillionocore', lo más agresivo que le hemos oído a Wilson en largo tiempo (nos abre el apetito por cierto, ojalá su próximo trabaje este camino) y luego con la melancólica 'Don't hate me', versión 2.0 de la original de Porcupine tree y que añade algunos matices en cuanto a arreglos frente a la mencionada, eso fuera de incluir nuevamente en las voces a la israelí Ninet Tayeb

El título da señales claras respecto al objetivo de este álbum: un punto medio entre el camino recorrido hasta ahora por Steven Wilson y el que vendrá. Ha querido cerrar una etapa entregándonos todo el material que se quedó por una u otra razón en el tintero por lo que ahora no queda más que seguir expectantes frente a las inquietudes musicales que el guitarrista presente. Lo notable es que siendo un álbum de descartes, 4 1/2 no tiene segundo de desperdicio y suena cohesionado de principio a fin. 

6,5 / 10
Cumple y algo más...


Otras reseñas de Steven Wilson:
2015 // Hand. Cannot.Erase
2013 // The raven that refused to sing 

viernes, 6 de marzo de 2015

Steven Wilson: Hand.Cannot.Erase (2015)

El último de los genios.

Lo conversaba hace poco via twitter: ¿Es Steven Wilson el último de los grandes creativos en activo que nos va quedando? Es altamente probable que así sea,  no se me ocurre otro tipo que en este momento esté pensando la música al nivel en que el británico lo está haciendo. Y si en 2011 golpeó con fuerza la mesa gracias al ambicioso Grace for drowning fue con The raven that refused to sing (2013) donde definitivamente acabó por convencer a todos del extraordinario momento que vive. Y si en aquella ocasión Wilson quiso rendir un homenaje a los próceres del progresivo setentero (¡y vaya homenaje!), con Hand. Cannot. Erase el hombre llega para demostrar que es capaz de seguir componiendo mirando hacia adelante. Como si fuese necesario...

El álbum se encuentra inspirado en la historia de Joyce Vincent, la mujer que murió sola en su hogar en 2003 pero de cuya muerte nadie se enteró sino hasta tres años más tarde. Estamos así frente a un disco que durante su extensión posee una carga emocional no menor y aquello se expresa en cada una de las letras con que cuenta, la mayoría de ellas centradas en el tema de la soledad y la nostalgia. Musicalmente, sin embargo, el álbum es muchísimo más diverso en sus direcciones e indaga sobre múltiples sonidos que son desarrollados con una maestría que conmueve. Mención especial merece la banda que lo acompaña por segundo álbum consecutivo y la exquisita producción con que el disco cuenta, la cual permite disfrutar en todo su potencial cada una de las brillantes ejecuciones que el disco presenta.

Pero hablemos de las canciones, que es lo realmente importante acá. El disco abre en calma con una breve introducción de piano titulada 'First regret', la cual da paso a los diez minutos de '3 years older', que es progresivo clásico puro y del mejor. Si disfrutaste con el anterior álbum acá seguramente encontrarás otro momento alucinante. Mucho más amable es 'Hand cannot erase' (la canción), que cuenta con una reconocible y tradicional estructura, llena de fantásticas explosiones. La primera parte del álbum cierra con la pasada por 'Perfect life' y 'Routine', dos piezas increíbles que abordan ambientes muchísimo más íntimos y que cuentan además con la impecable participación de la israelí Ninet Tayeb en voces . Por cierto,  'Routine' debe ser lo más hermoso que he escuchado en mucho tiempo.

'Home invasion' y 'Regret #9' (que en realidad son una sola pieza de quince minutos) abren una segunda parte mucho más oscura y densa del disco en donde nuevamente se retoma el progresivo trabajando con múltiples teclados y guitarras a la par, solos instrumentales que se suceden entre si y tiempos que varían constantemente. Debe ser el momento instrumentalmente más brillante del disco. Posteriormente 'Transience' es una dulce melodía acústica que da paso a los trece contundentes minutos de 'Ancestral', otro viaje en donde Wilson explora diferentes lugares musicales y se le percibe siempre a gusto, atención al fenomenal cambio de velocidad que el tema vive pasando los ocho minutos, un momentazo de primera. El cierre llega de manera mucho más armónica gracias a la sentida balada 'Happy returns' seguida de 'Ascendant here on...', que luego de tanto instrumental llegan para devolverle al disco el toque de cercanía con el que este había comenzado.  

Cuesta encontrarle "peros" a la experiencia que Steven Wilson nos entrega con Hand. Cannot. Erase (quizás la recta final se vuelve algo espesa y sobre cargada), un trabajo conceptual que musicalmente es impecable, creativo y se encuentra ejecutado de manera soberbia. Lejos de la frialdad que algunos suelen atribuirle al género progresivo Wilson logra con su disco emocionar y conmovernos al punto de sentirnos afortunados de poder disfrutar de su talento en plenas condiciones. Serio candidato desde ya a ser el disco del año. 

9 /10
¡Brillante!


Otras reseñas de Steven Wilson: