Mostrando entradas con la etiqueta Le Punk. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Le Punk. Mostrar todas las entradas

viernes, 10 de mayo de 2013

De reencuentros y cambios de piel en abril. Concierto de Alfa en "La casa con ruedas".

 

Me lo pensé, lo reconozco, un par de veces, pero al final cogí el coche y fui a encontrarme con un viejo amigo un rato antes de que el grupo de música del que forma parte ahora (uno de otros) subiera al escenario por segunda vez desde que se juntaron. Al reencuentro se añadía el hecho de que iba a conocer también a un músico que he seguido durante muchísimos años y al cual admiro y respeto y cuyas canciones guardo a buen recaudo porque son como cajas de Pandora de mis años del pelo largo, de mis posteriores años tangueros y algo cabareteros, cortado y perdido por un mundo que de puro sencillo me empeño en complicar. Alfa (Alfredo Fernández, corazón de los cuasi-míticos Buenas Noches Roses y de los magníficos Le Punk) se ha lanzado a pecho descubierto como rostro visible de un proyecto que lleva su" nombre", aunque a tenor de lo visto antes y durante el concierto, aquello tiene visos de ser en el fondo un grupo en toda regla en el cual Alfa tiene fe ciega y en el que se apoya tranquilo y espoleado (junto a Dani "Patillas", Pax y Khoury). Hacía mucho que no veía a Pax, aunque a menudo hablamos, quizá más de un año, antes de nuestra paternidad, y había ganas. El reencuentro fue bonito, para qué andarme con tonterías. Me costó encontrar el lugar donde tocaban. La casa con ruedas. Al entrar estaban probando. En la sala vacía aquello ya sonaba a gloria. No son advenedizos, eso el oído lo capta ya desde fuera y lo agradece nada más entrar; el pulso estaba, el ritmo estaba, la emoción estaba (probando "¿Cuántos soñaron contigo?" de una tacada, es fácil). Un alzar las cejas y un golpe de cabeza al avistarme y uno (yo) que se apoya en la pared con las manos en los bolsillos y la sonrisa instalada como al entrar en casa. Alfa firmó la única canción que yo he sabido tocar decentemente con una guitarra eléctrica y creó una de los grandes discos de la historia de la música rock de este país ("La danza de araña", aunque mi favorito sea "La estación seca", cuestión de cicatrices), así que ahora, mientras escribo, comprendo por qué me puse nervioso durante el trayecto. Sus letras me gustan mucho, creo que es de los pocos que maneja la lírica rockera en español con verdadera soltura y con verdadero conocimiento de causa (aunque las flores se las lleve Quique González y los laureles Lapido, y con razón, no vaya a ser que alguien me malinterprete, a Alfa se le debe el romper bastantes lanzas a su favor por parte de los "medios" (¿a qué cojones esperan los del Ruta66?) No se le debe condescendencia, se le debe pleitesía, pero...

Y por fin hubo abrazos, y estrechar manos, y sonrisas, y conversaciones dubitativas, y preguntas, y respuestas a medias cortadas por más preguntas, y silencios que miran y se preguntan cuánto tiempo, y qué alegría carajo, y el tiempo, el tiempo que vuela y se sabe en un trayecto en vía muerta, pero qué coño, hay que aprovechar... Así que nos fuimos a cenar, hablando a trompicones, con demasiados temas de los que hablar y no incándole el diente a ninguno. Los recuerdos se mezclaban con nuestros nuevos roles paternales y los vástagos se nos colaban para compartir confesiones y sentirnos en el mismo lugar. Alfa, sentado a nuestro lado, se incorporaba a veces y yo no caía en decirle nada coherente (¿qué se le dice a alguien que llevas años escuchando llegando a obsesionarte con alguno de sus discos y canciones? Nada, supongo). Pax y yo al final abordamos ese tema recurrente que parece ser que tenemos cuando nos vemos, el cual él sabe que puede hablar abiertamente conmigo y del que a mí me gusta hablar, o quizá es al revés, no lo sé, el caso es que una pregunta casual ("¿Has escuchado lo nuevo de Jairo?") nos dio paso a ese círculo en el que, como digo, nos metemos y hablamos a gusto y que tendría como título, si es que tuviéramos que ponérselo, "auge y caída de la Vacazul". Al poco yo me atreví a relajarme y entre risas dimos con ciertas claves y estuvo francamente bien, recordando esas pocas veces en las que me fui con ellos de "pipa" y hablando con franqueza, risas y aplausos de los caminos que los cuatro han emprendido. De todo ello surgió un proyecto que yo siempre he querido afrontar y que nunca me había atrevido a comentarle, sobre escribir la historia de un músico, uno que toca blues, uno que, no sé, un día acaba tocando en Nueva York gracias a una beca, que acaba más adelante tocando en un puticlub fracés para cuatro golfos, obligado y a punta de pistola, que duerme tras un bolo en un edificio a medio construir entre sacos terreros y que ve una gallina sin cabeza corriendo por allí siendo perseguida por un cantante cuando el hambre les puede y no hay nada más que comer, que deja todo y se va a estudiar y a dar clase a niños en Katmandú, no lo sé, algo así pero con algo de chicha y fabulación, con algo de quitarse el sombrero ante ese oficio errante y tan maltratado en este país, sobre todo para esa generación que en los noventa fue demasiado dura y bluesera para los círculos pop y demasiado "blanda" para la escena heavy... En ese punto de la conversación se unió Alfa, aunque a mí me entró una vergüenza horrible y me callé.


Volvimos a la sala, que estaba repleta (a pesar de estar a las afueras del pueblo y que había fútbol y que llovía) y nos despedimos. Mi idea era quedarme tres o cuatro canciones y coger el coche de vuelta, pero al final me quedé casi una hora de concierto, clavado ante esas canciones que sonaban a gloria y que no conocía. La banda sonaba genial, y no es amor de fan locaza. Algo así como The Band más crápulas y arrabaleros que de costumbre, con Alfa como bastardo y luminoso Dylan caído del cielo vía barrio madrileño y navaja nacarada en el bolsillo trasero. Siempre disfruto viendo tocar a Pax, y siempre me saca una sonrisa y un cabeceo ante su clase y maestría tocando. Él habla de musicalidad en su manera de tocar, y no podría estar más de acuerdo. Se les veía disfrutar, que fue lo que más me gustó tras la primera sorpresa ante las nuevas canciones, y me asombró la soltura y presencia de Khoury, el guitarrista, algo así como una mezcla entre un Pete Townshend post Tommy acompañando a Ronnie Lane y un inspirado Mike Campbell escudando al Petty más dylanita. A mis miradas al reloj (esa imagen postmoderna de ver la hora en el móvil, haciendo los mismos gestos que un caballero dickensiano con reloj de cadena pero con lucecita y sin romanticismo) se unió un cada vez más irritante volumen de gente hablando y, claro, se me fue el ancla, y me jodió, no por tener que irme, que era algo que no podía demorar más (me quedaba algo más de una hora de vuelta en coche), sino porque no entiendo que haya gente que se ponga de cháchara en mitad de un concierto como si estuviera en la puta disco.

Al volver me puse los dos volúmenes de "Real to Reel" de Tesla, y bajo la lluvia canturreaba y voceaba sin pudor, contento a pesar de las prisas y los esbozos de todo lo hablado y escuchado, con la promesa de un intercambio vía postal de libros por discos y de un vernos pronto que parece ser que sí se cumplirá. Como nota privada en mi libreta apunté rescatar los discos de Buenas Noches Rose y Le Punk, aunque me temo que lo que me ha acabado enganchando estos días han sido las nuevas canciones de Alfa, todo un tesoro, el cual tiene la mala suerte de ser un músico de culto en un país donde ser músico de culto es una putada y una mierda, pero cuya obstinación y trayectoria la hace más admirable incluso. No hay nada más triste, amigo...



http://www.rocksumergido.es/2012/03/sin-mirar-atras-entrevista-alfa.html

http://www.herecomesthedrummer.com/baterista/Antonio_Alvarez_Pax

El siguiente vídeo no tiene nada que ver con Alfa. Está extraída de la jam que Pax suele hacer los jueves en la sala El Junco (Plaza Alonso Martínez, Madrid), y me encanta...

domingo, 21 de junio de 2009

La virgen de la soledad




"No tenía donde poner los pies por temor a dar un paso atrás, por pensar en recorrer de nuevo el camino a casa desde el arcen...
Días extraños, sin duda. Sobre los rincones se amontonan libros que empiezo y empiezo o releo y descubro... El lobo Estepario, La pasión, Mi relación con la comida, El caso Tulayev, Diarios de Anais Nin, Los detectives salvajes, La nieta del señor Ninh... ¿Acabaré alguno? Eso espero.
Mucho calor, mucho delirio y mucha soledad. Los torpes ganchos de derecha sufridos para ver cómo limpia su femenina conciencia irredenta la mujer que dejó de quererme y que quizá nunca me quiso de verdad, hacen que mermen mis fuerzas, lo cual molesta sobremanera porque me cuesta mucho encontrarlas, y que te las roben de un plumazo certero cuando uno cree que ya está algo mejor no es bueno para nadie. Mi reino por un caballo, mis noches por un beso; qué más da, cada uno hace trueque con lo que tiene a mano.
En mi cabeza resonaba esta mañana una canción que me parece genial, una canción que me gusta pero que hace siglos que no oía, de hecho no sé por qué la he recordado, los domingos deben ser así y yo no lo entiendo del todo, pero me dejo llevar... y releo y escribo torpezas y se me clavan los minutos como ballonetas en la espalda, estocadas de un ejército que me persigue, que no soporto y que, lo peor, no logro entender su razón de ser.
Te mandan al rincón, a galeras, a la mierda, como quien decide lo que va a comer abriendo el frigorífico y mirando dentro con desgana después de quejarse de lo poco que hay para elegir...
La noche que bailé con el amor de mi vida, llovía demasiado para prender la mecha y yo tenía dinamita en la saliva, eso cantamos Alfredo y yo. Y pulso el play de nuevo. Cantar sobre mojado es como bañarse en el mar mientras llueve, es una gilipollez que sólo reconforta a quien lo hace.
No sé cuántos morirán este domingo pero yo hoy no llevo boleto. Me jugaré con cualquiera la poca autoestima que me queda a los dados, parapetado tras el escudo de los mensajes de auxilio del móvil, o conmigo mismo si es preciso, mirando el reflejo del sol en una laguna desde un lugar alejado que he conocido donde huele a parrilla y una camarera preciosa arroba el aire con un familiar y esperanzador perfume caro y exquisito que te abofetea como la caricia de un oso que acaba de hacerse la manicura, sobre todo cuando se da la vuelta con una sonrisa pícara y dulce que rompe la serenidad del aire y te devuelve de golpe a la esquina del ring con la cara magullada, sin prisa y con sarcasmo pero irremediablemente a la espera de la campana que de paso al próximo round...
Porque todo empieza de nuevo y no quiero estar muerto, porque me conformo con estar dolorido... brindo por la Virgen de la soledad, para que deje de ser virgen y de estar tan sola... brindo por los días en los que levantarse parece una broma, por las noches en las que no estás tu y casi todo me sobra..."
Bruno Gómez, "La cena de las lagartijas", Ed. Trígono, Venezuela, 2009.


http://www.youtube.com/watch?v=7I2fdtB-ZdM
He descubierto que este texto hace referencia a esta canción, pero no deja incrustarla, por eso pongo el link... y la de abajo es otra canción del mismo grupo que me gusta mucho... Ved a Lepunk en directo siempre que podais...

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...